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Holas!:
Je, bueno esta vez no me demoré (tanto) en actualizar. Y es que este es el capítulo que siempre quise escribir. O sea, juntarlo todo, porque lo tenía escrito en varias partes. Mi escritura no es muy metódica: en diferentes reversos de cuadernos, y no siempre concuerdan, pues cambio de parecer. Pero yo me entiendo.
Aun así, me causó algunos problemas –creo yo- el hecho de haber querido llegar a este capítulo, porque escribí algo muy distinto y no estoy del todo segura de cómo quedó. Faltan cosas, muchas son nuevas. Así que esta es la primera parte (de la canción y en parte de la historia. Ya entenderán.)
En realidad me llamó la atención que en el capítulo anterior no tenía idea de cómo se iba a desarrollar el rescate de Maedhros, y lo que puse sólo salió sin darle muchas vueltas. Me sentía mal por lo que me tardé en ponerme a escribirlo, así que buena parte del capítulo anterior fue mera improvisación, o improvisación a medias (porque sabía lo que tenía que pasar, pero no cómo...). Es curioso que salió mucho más simple de lo que tenía en mente y en algunos borradores que tenía por ahí. El final fue muy distinto. Me faltaron cosas, de hecho xD. Pero bueno, sólo quería subirlo de una vez para cumplir con mis obligaciones . De todas formas puede que eso me de material para otro capítulo xD.
No me maten! Pero la verdad, quería alargarlo hasta 7 capítulos... aunque en el fondo espero que eso no les enoje . Tampoco estoy segura de si se me ocurrirán suficientes cosas como para llenar 7 capítulos... Ahí veré.
Vagando en la Wikipedia acabo de leer que Maedhros se pasó nada más y nada menos que 5 años colgado en Thangorodrim (o sea, fue rescatado en el Año del Sol nº 5) . En momentos así odio a Tolkien ¬¬. O más bien a su hijo, por dejar tantos vacíos en "El Silmarillion". ¡Ah, si pudiera poner mis dedos sobre un libro de La Historia de la Tierra-Media y Los Cuentos Inconclusos sería tan feliz¿Por qué hay que ponerse a investigar en otros libros para saber estas cosas; los nombres, su significado, las fechas
¿Debería dejar de hacer songfict y nada más darle el título de una canción? No sé. :S. Es que me parece que así se nota más la concordancia con el contenido del capítulo (y eso me encantaba en el Cap. 2 )
¡Cualquier aporte o dato sobre años y nombres originales será bienvenido!
¡Lean!.¡Dejen RR! Y los Nombres están al final, Derechos de Tolkien y Blind Guardian, ®, etc., etc.
Próximo capítulo (lo tengo como primera prioridad, antes que mis luchas con el tercero): "I Know" canción de Placebo ® (y si no sabían, entonces no han leído todas las estupideces que escribo siempre antes de un capítulo... y no los culpo). No digan que no les advertí.
Idril.
The Maiden & the Minstrel Knight (Primera Parte)
(La Doncella y el Caballero-Juglar)
Fingon abandonó el salón. Avanzó por los pasillos de Eithel Sirion como en sueños, sin saber a dónde lo guiaban los pies, manteniendo la vista en el suelo hasta llegar frente a una ventana. La luz de la luna llena lo deslumbró y alzó los ojos hacia la última flor de Telperion.
-Oscuros son mis pensamientos –murmuró. Luego sonrió con amargura. – Sólo quisiera saber cuán oscuros serán los tuyos ahora.
Bajó los ojos otra vez. No, no era verdad. No quería una venganza como tampoco la había querido hacia tantos años, ni tampoco tenía razones para reclamar venganza. O quizás sí.
Ni él mismo conocía la respuesta.
Fingon oyó pasos. Quizá no se acercaban a él, pero en ese momento no deseaba ver a nadie. Continuó caminando y siguió sus pies hasta la salida de la fortaleza. El viento frío de mediados de otoño le revolvió el oscuro cabello. Se encaminó en silencio hasta lo alto de los Muros, arrebujado en si capa y deseando no ser perturbado. Los guardias, tras echarle una mirada lo dejaron en paz.
Fingon trepó de un salto al muro y contempló una vez más la luna. Luego desvió los ojos al oeste, hacia Himring.
-Sólo quisiera ver la expresión de tu rostro cuando lo sepas –susurró. -. Y quisiera creer que harás algo al respecto.
Rió, únicamente para retener el llanto y la cordura que se le escapaba.
-Curioso –murmuró, haciendo una mueca de desprecio. -. Duele. Después de tanto tiempo.
--
Fingon seguía sonriendo, caminando en la dirección que le había indicado Galadriel. Tras unos arbustos halló un caballo castaño y Fingon lo saludó y acarició su lomo.
-¿Dónde está el testarudo de tu amo?. –le preguntó con cariño. Amaba los caballos. - ¿Por qué aceptaste traerlo, herido como está?.
El caballo alzó el morro y lo miró casi con reproche. Fingon rió.
-Sé que no es tu responsabilidad. –y siguió acariciando sus flancos hasta que Maedhros apareció entre los árboles.
Fingon dejó al corcel y se plantó frente a Maedhros, mirándolo con dureza.
- ¿Qué haces aquí?.
Maedhros parpadeó, sorprendido. Luego repuso, con frialdad:
- ¿A qué debo tan... cariñosa bienvenida?.
Fingon se acercó a él amenazándolo con un dedo.
-A que deberías estar descansando.
Maedhros sonrió, y se tranquilizó.
-Ah, es eso.
- ¿Cómo que “eso”?. ¿Cómo piensas recuperarte, si te agitas tanto?.
Maedhros no pudo evitar irritarse. Todos parecían pensar que él ya no podía hacer ni el más mínimo esfuerzo sin fatigarse,. ¿cuánto tiempo más debía permanecer postrado e inútil?.
-Puedo tolerar una pequeña cabalgata, Findekáno –replicó en tono ofuscado.-. No soy tan débil como todos parecen creer.
Maedhros se acercó a su caballo y lo acarició, deseando así poder olvidar su frustración. Fingon siguió sus pasos y habló con gravedad:
-Si alguna vez creí que lo fueras, Maitimo, la falsedad de tal idea me fue aclarada el mes pasado –Maedhros se estremeció e hizo el ademán de volverse a mirarlo, pero se contuvo. -. No sé cuánto tiempo fue el que soportaste aquello, cuántos... años... No, no creo que seas débil, primo.
-Te pedí la muerte. –murmuró Maedhros.
De pronto, el viento y el sol de verano se habían vuelto fríos.
- ¿Crees que yo no habría rogado por ella?. –la voz de Fingon lo hizo estremecer. Maedhros de pronto recordó la canción de cuna, resonando entre acantilados inhóspitos y colándose en su pesadilla. Volvió a sentir la fiebre, pues el recuerdo era poderoso. - ¿Crees que yo habría soportado tanto, tanto tiempo de haber estado en tu lugar, Maitimo?.
Éste se volvió al fin. Vio la gravedad de sus ojos claros y su piedad. Y su admiración. Maedhros apartó la vista, deseando que aquella admiración no lo enfureciera ni aquella piedad lo llevara al borde del llanto. ¿Por qué había creído que estaba listo para enfrentar a Fingon?. Aún habían demasiadas tormentas en su interior, demasiada culpa y demasiados sentimientos encontrados como para lograr encararlo y admitir sus errores y pedir su perdón. Ni siquiera le había agradecido haberlo rescatado.
-Lo siento. -dijo entonces Fingon.
Maedhros lo miró sorprendido.
- ¿Por qué?. –inquirió. – Soy yo el que debería...
-Lo siento por no llegar antes. Lo siento porque te odié –Maedhros sintió un nuevo escalofrío. -, te odié... y mucho. Lo siento por...
-Basta –lo cortó el hijo de Fëanor. -. Tú no tienes motivos para disculparte. Después de todo fui yo, quién... –Maedhros apretó los puños, pues aquella palabra le pesaba incluso más que el sentimiento de culpa. – te abandonó. Si no lo hubiera hecho, no me habrían capturado y... Y si no hubieras llegado no habría resistido mucho más antes de... Gracias a ti estoy vivo y a salvo, y aún no te he agradecido por ello.
Fingon se conmovió y se sorprendió al ver como Maedhros permanecía con la vista baja. Era un gesto que en altivo hijo de Fëanor sólo habían visto alguna vez sus padres, su abuelo Finwë, Fingolfin y él.
-No hay necesidad de que me agradezcas por ello. Sé que habías hecho lo mismo por mí.
Maedhros no respondió ni alzó la mirada. “¿Lo habría hecho?.” se preguntó. Se sentía tan asqueado de sí mismo, que no estaba seguro de ello. Entonces unas manos suaves pero fuertes se posaron en sus hombros y Maedhros, al alzar los ojos, se encontró con el rostro alegre y luminoso del hijo de Fingolfin.
-¿Por qué veo tantas sombras sobre ti, Maitimo?. –le preguntó.
-Oscuros son mis pensamientos, en verdad –respondió éste con voz ronca. -. Ni éste nuevo sol parece querer iluminar. Me parece estar aún en la pesadilla de Angband, y todas mis faltas me encadenan a aquel muro. Creo que no habrá absolución para mí, Findekáno, no puede haber perdón para algo así. No me parece que mi vida este ocurriendo en verdad, no puede ser que este sol brille tan hermoso y tan cálido sobre mí después de todo lo que he hecho; no pude ser que toda esta realidad tan... intrascendente esté ocurriendo después de Alqualondë, y de Araman y los barcos, y...
Fingon lo abrazó con fuerza, estrechándolo lo más que podía contra sí.
-Yo soy real –le dijo para tranquilizarlo. -. Yo soy real y estoy junto a ti, y te perdono por todo. No puedo verte así y no hacerlo, Maitimo. Me parte el alma.
Maedhros no respondió, pues sólo podía intentar contener las lágrimas. Cuando falló en ello, sólo pudo intentar llorar en silencio.
--
Un mensajero fue anunciado y Maedhros indicó que lo dejaran entrar. Éste era un hombre de la casa de Hador de Dor-Lómin y un servidor de la casa de Fingolfin. Traía las enseñas de su señor, de color azul y plata; pero a pesar del temple audaz de su gente, no pudo evitar un escalofrío al sentir sobre él la mirada helada del señor sobre él.
- ¡Salve, Nelyafinwë hijo de Fëanáro!. –exclamó el hombre haciendo una reverencia. - Traigo un mensaje del Rey Nolofinwë, hijo de Finwë.
- ¿Cuál mensaje?. –preguntó Maedhros y su voz resonó en las paredes de piedra.
-El Rey os comunica de la boda que celebrará su hijo Findekáno el día del equinoccio de primavera junto a los Estanques de Ivrin y solicita vuestra presencia ese día. –anunció el mensajero.
Un largo silencio se estableció en el salón. El mensajero, que había mantenido los ojos fijos en los pies del elfo los alzó con cautela. El rostro arrogante de Maedhros había palidecido y tenía los ojos fijos en un punto por sobre el hombre. Su expresión era temible, por lo que el mensajero decidió esperar a que le dieran licencia de retirarse. Esperó otros varios minutos que se le hicieron interminables, hasta que escuchó la voz del señor.
- ¿Con quién?.
El mensajero se sorprendió tanto que le tomó varios segundos entender la pregunta.
-Con una dama Sindarin... Parienta del rey Thingol, al parecer. –respondió con voz insegura. Creyó que su falta de certeza desataría la ira del elfo contre él, pero Maedhros ni siquiera pareció escuchar la respuesta.
-Retírate. –ordenó.
-En seguida. Pero señor... ¿qué respuesta debo entregarle al rey?. –se atrevió a preguntar el hombre, pues sabía que al fin y al cabo era su tarea.
Este vez fue Maedhros el que tuvo que esforzarse por comprender.
-Dile que iré.
Haciendo otra reverencia, el hombre se retiró. En cuanto se cerró la puerta, Maedhros se puso de pie y salió por una puerta lateral que daba a una pequeña terraza con vista a su ciudad sobre la colina de Himring. Se apoyó sobre el grueso muro y miró al este. De pronto el día se había oscurecido.
The faithful crowd is gathered here;
Soon they'll appear.
The high and mighty show up, the king
Is in doubts.
(La multitud fiel está reunida aquí;
pronto aparecerán.
El alto y poderoso aparece, el rey
está dudando)
Fingon de pie frente a su tienda, miraba impaciente hacia el oeste. Ya habían llegado todos sus parientes, incluso Turgon, su hija Idril Celebrindal y Maeglin. Pero de Gondolin sólo se presentaron ellos y nadie más, y nada dijeron sobre de donde venían. Trescientos años habían transcurrido desde la conclusión de la ciudad escondida y sólo a Fingolfin y Fingon les fue revelada su posición.
De los hijos de Fëanor sólo se habían presentado Amrod y Amras, a pesar de que todos habían recibido la noticia y habían prometido acudir.
Fingon paseaba inquieto. “¿Acaso no se presentará?.” se preguntaba “Ha tenido meses para hacer algo. ¿Se dará por vencido?.”. Era el medio día del día previo a la ceremonia y Fingon esperaba con el rostro sombrío.
De pronto un movimiento al noroeste llamó su atención, y vio pequeños en la distancia a una pequeña comitiva que se encaminaba a los Estanques de Ivrin. Pero Fingon no sonrió ni se alegró, y la sombra de su rostro se acentuó mientras pensaba: “Ya es muy tarde”.
Sin embargo fue a recibir a sus invitados. Cuando finalmente llegaron, Fingon vio al frente de la cabalgata a Maedhros, aun antes de los libreas que traían el estandarte de la Casa de Fëanor, detrás del cual venían Maglor y Celegorm, Caranthir y Curufin, y más elfos de la frontera. Los hijos de Fëanor se apearon y Fingon los saludó con algo de reserva.
-Siento la demora, Findekáno –dijo entonces Maedhros. -, mas nuestra intención es dejar desprotegida la frontera el menos tiempo posible.
Fingon lo miró, incrédulo al oír semejante mentira siendo dicha con tanta ligereza: la Larga Paz había durado ya más de ciento cincuenta años, con sólo unas pequeñas escaramuzas esporádicas. ¿Descuidar la frontera?. ¡Sólo habían traído un puñado de guardias con ellos!.
Pero los ojos fríos de Maedhros no se apartaron de los suyos y su rostro permaneció impasible.
-Entonces, si es perentorio que no abandonen por mucho tiempo la frontera, podrían instalarse a este lado de Ivrin –sugirió Fingon, con las peores intenciones y sin dejar de mirar a su primo a los ojos. -. Para no tener problemas a la hora de marchar, claro.
Y sin decir más, Fingon se retiró otra vez a su tienda. Maedhros lo siguió con mirada atenta.
--
Maedhros finalmente soltó a Fingon y se alejó un poco, intentando serenarse. El hijo de Fingolfin lo miró sin comprender: Maedhros era el único elfo, además de Fëanor, al que había visto avergonzarse de llorar frente a otros, así fuera por una causa justa y sólo una lágrima. Pero estaba preocupado por lo que había dicho, le parecía que habían demasiada oscuridad en la mente de Maedhros.
-¿Por qué haces eso?. –le preguntó con paciencia. – No deberías retener todo eso en tu interior, Maitimo. Sólo te envenenará el alma.
Maedhros negó con la cabeza y esperó hasta poder hablar.
-Si comienzo no podré detener el llanto, hermano.
Fingon se acercó hasta él y lo obligó a sentarse en el suelo del bosque. Luego se sentó a su lado e hizo que Maedhros apoyara la cabeza en su regazo, mientras tarareaba una canción y pasaba los dedos por entre su cabello. Maedhros no se resistió, pero se sintió humillado; mas cerró los ojos e intentó olvidar aquel sentimiento y olvidar todo lo demás. Nunca habían estado así, recordó, pues él nunca había llorado frente a Fingon.
Pero intentó olvidar eso también, olvidar su orgullo y robarle un poco de paz y de esa alegría que no se explicaba. Después de momentos tan oscuros, el rostro de Fingon estaba iluminado.
"Apart from this beggar here
There's no one like you, my dear
Tasting my lips
No one but you and him"
(“Además de este mendigo
No hay nadie como tú, cariño.
Han probado mis labios
Nadie más que tú y él.”)
-¿Cómo puedes haberme perdonado tan pronto?. –preguntó de improviso Maedhros.
Fingon, que aún cantaba aquella vieja canción de la creación de las estrellas, calló; mas no respondió.
-Me atormentan rostros y palabras; me atormenta el recuerdo de Alqualondë.
-Si recuerdas bien, primo, verás que no eres el único que es culpable por lo sucedido en el Puerto de los Cisnes. –dijo Fingon con voz lejana.
Maedhros lo miró y vio que la luz de su rostro se había apagado al recordar. Y se reprochó extinguir la alegría en él, aunque sospechaba que de alguna forma se lo había propuesto al hablar del tema.
Recordó el puerto gris y las lámparas, y la voz de su padre ordenando apoderarse de las naves a cualquier costo. Maedhros, con autoridad había ordenado a los Teleri abandonar las naves. Y de pronto, escuchó varios ruidos sordos y se volvió rápidamente: Maglor, Caranthir y otros de los Noldor estaban ahora en el agua, sorprendidos y enojados, intentando nadar hacia la orilla a pesar del peso de sus armas, sus cotas de malla y sus ropas.
Entonces, había retrocedido, seguro de que lo empujarían también fuera del muelle. En el silencio que había sobre las aguas, escuchó espadas desenvainarse y Maedhros hizo lo mismo. Luego, todo fue confusión, golpes y sangre y la certeza de que aquello no podía ser real, no podía ser su voz la que gritaba y daba órdenes de seguir atacando, seguir matando... Tres veces fueron rechazados y vio caer a muchos de cada bando, hasta que como una esperanza en medio de su locura escuchó las llamadas de los primeros de la hueste de Fingolfin que se unían al combate. Y vio a Fingon adelantarse y vio la determinación en sus ojos y el brillo de su espada mientras lo llamaba y lo buscaba entre los combatientes. Pero Maedhros quiso alejarse de él pues aún lo avergonzaba el recuerdo de lo que Fingon había dicho, lo que había hecho, por lo que volvió a la lucha en el muelle. Verlo había reavivado su fiereza; no quería pensar ni recordar nada de lo ocurrido esa interminable noche.
Uno de los Teleri lo había golpeado por la espalda y Maedhros cayó. Se puso de pie y se volvió, pero no fue lo suficientemente veloz. Al girarse y alzar la espada en un gesto que sabía era inútil, Maedhros no comprendió lo que veía. Sangre y un rayo plateado en el pecho del Teleri, mientras una mueca terrible le desfiguraba el rostro pálido... entonces el rostro de Fingon apareció sobre el hombro del elfo, que había caído sobre él.
Se miraron en silencio.
Y de pronto habían habido nuevos gritos, y Maedhros se había puesto de pie y se alejado lo más rápido posible.
-Me protegiste, eso es lo que recuerdo –murmuró Maedhros. Fingon suspiró. -. Pero no comprendo por qué.
Fingon rió, pero era una risa dura y fingida.
-Si retrocedes en tu memoria a unas horas antes de Alqualondë, sabrás por qué. –respondió, pero su tono era tenso, casi irónico. Cerró los ojos, sin poder creer que lo hubiera olvidado o no le hubiera dado importancia.
Y para dolor de Fingon, el dulce peso de su cabeza en su regazo se alejó. Pero no podía ser de otra forma. Tras un largo silencio Fingon abrió los ojos otra vez y vio que Maedhros se había alejado y le daba la espalda.
-Aunque me cueste tu amistad, Maitimo –dijo entonces. -, mantengo lo que dije en ese momento.
- ¿Cómo?. –habló al fin el hijo de Fëanor, volviéndose a mirarlo. - ¿Cómo puedes decir algo así?. ¿Cómo puedes sentir algo así, si soy varón, Findekáno, y tu primo por lo demás?.
Fingon rehuyó sus fríos ojos azules, avergonzado. Pero aquella agitación en su interior había renacido con más fuerza, y con ella las mismas dudas, la misma seguridad y la certeza de que era algo torcido. No respondió.
-Entiendo –continuó Maedhros, acercándose y con voz comprensiva. – que te hayas confundido. Fue mi culpa, Findekáno, mi culpa por haberme marchado, por haber roto todo contacto contigo. Lo sé, y lo lamento.
Fingon lo miró con incredulidad y se puso de pie de un salto. Las dudas se esfumaron y ya no se avergonzó.
- ¡¿Tú culpa?.!. –exclamó indignado y mirándolo con fiereza. - ¿De qué estás hablando, Maitimo?. Por una vez deja de lado tu arrogancia y acepta que esto no está dentro de tu control y no es por tu causa. Lo que siento existe hace muchos años, primo, no puedes achacarlo a sólo un episodio. ¡No tiene sentido lo que dices!. ¿Acaso crees que tras toda separación de amigos surge un sentimiento similar?. Lo lamento si no puedes comprenderlo, pues sin duda el que más sufrirá seré yo, pero no permitiré que lo menosprecies tomándolo por un capricho o una mera confusión.
-Es que, no puedo entender... –Maedhros no sabía si enojarse y entristecerse. – no puedo entender cómo sabes... ¿Cómo puedes saber que no es algo... pasajero?. ¿Cómo puedes saber que es de verdad...?. –Maedhros se negaba a pronunciar aquella funesta palabra. Pero Fingon entendió.
- ¿Amor?. –completó. Fingon entrecerró los ojos al ver que su primo apartaba el rostro como si la palabra fuera el peor insulto. – Esa es la pregunta más estúpida que alguna vez se ha hecho, Nelyafinwë.
Maedhros se sobresaltó y lo miró, sintiéndose herido.
Era extraño que lo llamara así. Sólo tres personas lo llamaban usualmente por su nombre materno: Nerdanel, su madre; Maglor, su hermano; y Fingon, su primo. El resto de su familia y amigos cercanos lo llamaban “Russandol”, y para los sirvientes, subordinados y extranjeros era “Nelyafinwë”. Y de alguna forma había estructurado toda su vida y forma de ser de acuerdo a los nombres que tenía, les había otorgado el poder de definir los grados de cercanía y lazos de afecto que lo unían a la gente que conocía. Le molestaba que sus hermanos, además de Maglor, lo llamaran “Maitimo”; lo mismo con sus tíos o los hijos de Finarfin. Tampoco le habría gustado que lo llamaran “Nelyafinwë”, eso sólo lo hacían cuando estaban molestos. Y ahora, Fingon, sólo por llamarlo así, dejaba en claro que se alejaba de él, y que estaba furioso y que dejaba de ser una de las tres personas más importantes de su vida, las únicas que lo conocían realmente.
No podría haber encontrado forma peor para herirle: sólo eso dejaba tan claro el desprecio que sentía hacia Maedhros y lo alejaba tanto de él. Y Fingon se alejó de él, dándole la espalda.
-Eres mi hermano. –fue lo único que pudo decir.
- ¡No soy tu hermano –gritó Fingon. –, ni nunca lo he sido!. No me basta que me consideres tu hermano. Ya no. No me importa perderte, porque quizá así sea mejor; pero no creas, Nelyafinwë, nunca, que voy a renunciar a lo que siento ni a ti, aunque me aleje.
Aquello era una contradicción, o quizá no. No le importaba, sólo sabía que en su mente oía las palabras de Galadriel: “El día que renuncies a Russandol...” y Fingon no quería darle la satisfacción de haber vencido tan pronto.
-No me llames así.
Fingon miró sus ojos, más por la sorpresa de lo que había dicho que a causa del tono cortante de Maedhros.
-No vuelvas a llamarme así, Findekáno.
Pero la amenaza en su voz se vio disminuida por el temblor de la misma.
--
Dúlin Dínedhel, hija de Helluin de los Sindar. Así se llamaba.
Maedhros logró averiguar al fin su nombre y ver a la futura esposa de Fingon; y le pareció un ser extraño, pues ella no parecía pertenecer del todo al mundo real. Sus ojos claros siempre estaban fijos en la lejanía, como viendo más allá de la gente a su alrededor cosas extrañas y tranquilas. Silenciosa, de cabello rubio; un viento muy fuerte podría arrastrarla lejos, a ojos de Maedhros. Mas pronto reconoció en ella una sutil majestad, un sosiego y una fortaleza propias de una reina. Resultaba conmovedor e inquietante.
Y Maedhros se preguntó con amargura si en verdad Fingon la habría escogido o Fingolfin se había impuesto.
Pero esa noche mandó a llamar a Mardil. Cuando éste se presentó, Maedhros le dijo que citara a su señor a su tienda, la cual estaba alejada de las demás.
Mardil, sirviente de Fingon, era quizá el único que conocía su secreto. Era uno de los Noldor que habían llegado desde Cuviénen y conocía a los príncipes desde su infancia. Tenía en su frente una extraña cicatriz provocada durante el trayecto de Helcaraxë y que portaba con orgullo.
Cuando Fingon llegó unas horas más tarde, su expresión era fría y su voz dura al preguntar:
- ¿Por qué me llamaste?.
Maedhros se acercó a él, cerrando al fin aquella distancia de meses y sólo preguntó a su vez:
- ¿Por qué te casas?.
Fingon lo miró con fijeza y respondió con voz fría:
-Tarde vienes a pedir explicaciones, Maitimo, y tarde para disuadirme de cometer un error.
-Nunca te disuadiría de nada, Findekáno. –replicó Maedhros sin asomo de ternura.
- ¿Entonces por qué me has llamado?. Si no vas a intentar que renuncie a mi propósito, al menos déjame continuar con ésta farsa en paz. –Fingon quiso retirarse, pero Maedhros lo retuvo tomando su brazo.
-No la amas. –afirmó Maedhros.
-No.
- ¿Entonces por qué has aceptado atarte a ella?.
Fingon enfrentó su mirada con determinación.
-Porque he renunciado a esperar de ti algo que nunca obtendré. Hace años te propuse una idea,. ¡hace más de trescientos años te propuse un escape y tú no lo aceptaste!. Todos estos años he esperado de ti un arreglo a esta situación y tú no lo has querido,. ¡ahora enfrenta las consecuencias de tu cobardía, Maitimo!.
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-Eres mi hermano –repitió Maedhros. -. Eres mi amigo, mi primo y mi hermano. Y si puedo evitarlo, no dejaré que te alejes de mí.
- ¿Qué harás, entonces?.
Maedhros intentó aclarar su mente sin demasiado éxito.
-No aceptaré tu compañía ni tu amor por lástima, Russandol. –agregó Fingon. Era una mejora.
-No es lástima la que siento –explicó Maedhros. -. Sólo sé que éste mundo me parece más luminoso contigo a mi lado. Y sabes que jamás te ofrecería nada por lástima, como sé que tú no lo harías conmigo.
- ¿Entonces por miedo a la soledad o a la oscuridad?.
Maedhros rió, y era una risa cruel.
-Quizá. No lo sé.
- ¿Y cuándo lo sabrás?. –inquirió Fingon, exasperado. - ¿Cuándo podrás saber lo que sientes?. ¿No sabes acaso lo que es el amor, Russandol?. No me parece difícil reconocer en uno mismo un sentimiento así. Y no sabes lo difícil que es que me llames tu hermano, pues ése título me limita y ata mis manos, y renunciaré a él si así puedo tenerte como deseo.
“¿Sabes cómo limita el amor, sabes cómo exige?. Limita más que cualquier cadena forjada por Aulë o cualquier condena dictada por Mandos; y exige un igual, una correspondencia sincera, total y eterna. Sólo podrás retenerme con un voto, Russandol; pues si debo dudar de tus intenciones y no puedo esperar la respuesta que necesito, entonces prefiero no volver a oír de ti nunca más, así mis días parezcan vacíos y mi corazón se rompa para siempre.
Maedhros bajó los ojos.
- ¿Qué respuesta necesitas?. –preguntó al fin.
-Si no lo sabes, entonces no me amas y no hay más de que hablar.
Maedhros dudó, preguntándose una vez más si la confusión reinante en él era producto del Tormento de Angband, de la gratitud; o del miedo a perderlo. No quería prometer nada falso, no a Fingon, ni quería ceder ante él sólo por el riesgo de no volver a contar con su amistad. ¿Pero acaso había sentido esa misma agitación, ese mismo miedo, esa misma vibración en la punta de los dedos antes de se capturado? ¿No se habría roto eso también en él, como tantas otras cosas, luego de los años colgado de aquel muro?, su voluntad, su fortaleza. Quizá ahora necesitaba a Fingon tanto como cuando estaba encadenado y por eso creía corresponder.
A pesar suyo, había meditado mucho sobre ello durante su convalecencia, mas toda certeza entonces forjada se desvanecía en el aire en ese momento.
-Lamento haberte golpeado –dijo al fin. -. Es sólo uno de todas las cosas de las que me arrepiento, lo sé, pero... Pero siempre has sido mi hermano menor, y no me es fácil olvidarlo. Aun así, si quieres que deje de llamarte mi hermano dame un título más apropiado, Findekáno.
Fingon lo miró, inseguro de lo que quería decir.
-Te pido... que me perdones, y que me ayudes a encontrarle un nombre a esto, pues la verdad es que... no sé qué siento. Sé que siempre has sido mi hermano y te he amado como tal, mas ahora no sé que eres ni hasta que extremo llega ese amor. No sé, realmente que pensar. ¿No entiendes, amigo?. Jamás me acercaría a ti con malas intenciones ni te prometería nada falso, y por eso sólo quiero...
- ¿Qué cosa?.
-Tiempo. –completó Maedhros.
--
Maedhros lo soltó.
- ¿Así me haces pagar?. ¿Inmolándote por la voluntad de tu padre?. ¡No podíamos huir, Findekáno, ni podemos ahora!.
-Tú me amarraste a esta responsabilidad: tú le diste la corona a mi padre y tú no quisiste estar junto a mí. –replicó Fingon con furia.
-Amarga la hora en que me propusiste la huida –murmuró Maedhros. -. ¿Qué quieres de mí?. No puedo quitarte la responsabilidad que te ha impuesto tu padre. Y aunque hubiera retenido la corona para mí, la obligación de casarme habría sido mía, aunque no habría cedido a ella. Nadie parece poder alcanzar la felicidad a mi lado.
- ¿Me lo reprochas, acaso?. ¿Intentas decir que yo debería ser cómo tú habrías sido en otras circunstancias?.
-No –los ojos de Maedhros fijos en los de Fingon. -. Sólo me pregunto que pudo torcer tu brazo y obligar al más testarudo de los Noldor a mentir de forma pública.
-Tú.
Maedhros escrutó sus ojos por un largo rato. Finalmente lo estrechó con fuerza, deseando no tener que soltarlo nunca más, como siempre deseaba.
-Mientes –murmuró. -. E intentas lastimarme. ¿Por qué?. Nada puedo yo decir que pase sobre las decisiones de tu padre. Sabes que no hay escape para nosotros, amado primo, no en este mundo; el Hado nos perseguiría, y los recuerdos y la vergüenza. ¿No recuerdas que te lo dije?.
-De poco consuelo me parecieron esas palabras –respondió Fingon con voz lejana. Luego reclamó con un dolor que no podía dominar. -. ¿Por qué no viniste antes?. ¿Por qué no intentaste detener este absurdo?.
-Porque no podía. Y llegué lo más tarde que pude para saber que no olvidaría mi propia negativa y te llevaría conmigo lo más lejos posible –lo soltó y lo miró a la cara. -. Sabíamos que era inevitable, sabíamos que pasaría. ¿Para qué negarse a aceptar lo que el destino nos depara?. Sólo obtendríamos sufrimiento.
-Si eso te parece sufrimiento, no sabes lo que vendrá –afirmó Fingon. -. Sólo dolor surgirá de esta unión.
-Y sin embargo, puede que un futuro rey nazca; una estrella que guíe a su pueblo, un vástago de los reyes de los Noldor.
Fingon se alejó un poco, sintiendo que caía en un pozo de oscuridad. También de poco consuelo le parecieron estas nuevas palabras de Maedhros.
-Ojala no hubieras venido –dijo, sin mirar a Maedhros. -. Ojala no hubieras venido, porque contigo me será imposible mentir con convicción, porque si no estuvieras no esperaría a cada minuto que me invitaras a huir, Maitimo. Sabes que dejaría todo si me lo pidieras,. ¿verdad?.
Maedhros cerró los ojos y no respondió. Claro que lo sabía, y debía controlarse a cada segundo para no decirlo, para no cometer un error enorme y que les costaría caro. ¿Pero era acaso peor que el que cometería Fingon al día siguiente?. No lo sabía ni quería pensar al respecto, pues terminaría cediendo.
-A veces creo que no tienes sentimientos. –soltó Fingon, que lo estaba mirando.
Maedhros abrió los ojos, profundamente herido. Torbellinos de calor y frío se agitaban en su interior, remordimientos y dudas, dolor de no poder nunca estar junto a él más que unas pocas horas de unos pocos días de unas pocas semanas, un par de veces cada año. Pero había aprendido desde la infancia a ocultar sus sentimientos, y no sabía bien por qué. Le parecían débiles y egoístas los que se dejaban llevar sólo por sus emociones e impulsos, quizá por eso había comenzado todo.
Y en ese momento, a pesar del dolor, la ira, la frustración... su rostro seguía impertérrito.
“Si he de ser sincero,” quiso decirle por un momento “si he de ser sincero, te diré que cuando recibí la noticia mi pequeño mundo se vino abajo; y que cuando decidí no intervenir, debí aunar todo mi control para no romper la promesa que me hice a mí mismo. Te diré que mi alma se inquieta sólo de ver la silueta de tus manos o tu sombra o tu porte en la distancia; y que si ahora me tocaras no me detendría, y que si me pidieras que nos vayamos lo haría, olvidando toda cordura, familia y amigos, juramentos y alianzas. Te diré que mi mundo se enfría cada vez más en tu ausencia, y me parece perder cada vez más la capacidad de amar; y me vuelvo frío y destructivo y cruel, pero no puedo evitarlo. Me falta tu alegría, tu calor.
Te diré que la odio, que la envidio, que deseo con mi alma que muera en este mismo instante, así me odiaras tú. Te diré que tu desprecio me lastima, que saber que no voy a hacer nada me mata por dentro, que intentar convencerte de que te cases me vuelve loco. Te diré que las sombras crecen y yo me retuerzo, y me odio por ser frío contigo. Te diré que te amo, y que te odio porque me amas, pues si no lo hicieras esto no habría pasado y seríamos sólo primos, sólo hermanos, y ahora no estaría todo tan confuso, y no la odiaría ni pensaría en huir, ni padecería así. Te diré que este amor se ha malogrado, se ha descompuesto en algún lugar y se ha vuelto oscuro. Ya no me parece incorrecto porque seamos varones, ni porque seamos parientes, no; sino porque... porque...”
Maedhros negó con la cabeza y se obligó a no seguir pensando en ello. No se lo diría, por supuesto; si lo hacía sólo empeoraría todo y sería más difícil hacer lo que debían hacer. En lugar de eso se acercó a Fingon y lo abrazó con fuerza. Se apoderó de sus labios, pensando que la noche siguiente sería a ella a quien besara, a la Reina Silenciosa. Quiso –como siempre- tener el derecho de reclamarlo suyo, pero sabía que nunca lo tendría. No en este mundo.
Round the fire everyone should sing
and praise the gracious queen.
Round the fire everyone should dance
and we praise the handsome knight.
(Alrededor del fuego todos deben cantar
y aclamar a la graciosa reina.
Alrededor del fuego todos deben bailar
y aclamar al apuesto caballero.)
Maedhros no apareció al día siguiente sino hasta la misma hora de la ceremonia. Había salido al amanecer a cabalgar. Al llegar, desmontó y se acercó aún con ropas de montar al lugar dónde Fingon estaba terminando de pronunciar sus votos, y éste lo vio cuando hubo acabado.
Ambos pares de ojos eran claros: los de Fingon grises y los de Maedhros azules; unos –contra todo pronóstico- generalmente cálidos y los otros fríos como hielo. Por unos momentos se enfrentaron con la misma imperturbabilidad.
Maedhros se preguntó qué gran mal había podido enfriarle la mirada a Fingon.
Luego se separaron, como siempre, como era su destino, en distintas direcciones. El hijo de Fingolfin se volvió a su esposa y el hijo de Fëanor miró a sus parientes. Vio a Turgon, grave y ensimismado; probablemente pensando en Elenwë, perdida tantos años atrás. Vio a Idril, su hija, en la misma actitud, y vio la oscura mirada que le dirigía de tanto en tanto el joven Maeglin. Maedhros sonrió a medias, pues reconocía aquel gesto y le recordaba cosas inoportunas. Enamorado de su prima.
Sus hermanos estaban todos al fondo, lo más lejos posible del resto de sus parientes y con aspecto aburrido. Galadriel -que se había casado hacia un par de años- su esposo, Finrod Felagund (vaya apodo más extraño, Maedhros prefería “el Fiel”), Orodreth, Angrod y Aegnor estaban más cerca. Los últimos dos siempre habían sido amigos de Fingon –el carácter dependiente y gentil de los hijos de Finarfin los hacía caer inevitablemente bajo su liderazgo-; pero los demás nunca habían sido especialmente cercanos al primogénito de Fingolfin, y Maedhros sabía que era por él, por la amistad y lealtad feroz (y más cosas, pero eran secretas) entre Fingon y Maedhros. Maitimo se sabía poco popular entre sus parientes; nunca lo había sido pues no era del tipo cariñoso, atento y cálido. Más bien todo lo contrario. Pero nunca le había importado demasiado, no le gustaba ser centro de atención ni que se recurriera a él para solucionar cada pequeño desacuerdo o problema que surgiera entre su familia; le gustaba tener su propio espacio, con gente de su agrado, gente fuerte e independiente. No le importaba más que ganarse el amor de los pocos que él amaba.
Y ahora había perdido a uno.
O quizá no perdido, pero Fingon había renunciado a la esperanza de algo mejor; y era casi lo mismo.
Forever and ever we both will be one
-the maiden, the fair and the young-
fell in love.
(Por siempre y para siempre ambos seremos uno
-la doncella, el justo y el joven-
enamorados).
La fiesta de celebración debía durar muchos días, pero Maedhros quiso marcharse a la mañana siguiente, alegando que no quería dejar descuidada la frontera por mucho tiempo. Se disculpó así ante Fingolfin. Fingon no dijo nada.
Maglor quiso acompañar a Maedhros aunque sabía que defender la frontera era sólo una excusa, pues quería regresar a su ciudad. Hacia tiempo que no pasaba tiempo con su hermano mayor y, tras el abandono de los parientes en Araman y la quema de los barcos Maglor no se sentía a gusto entre el pueblo de Fingolfin. Los otros hijos de Fëanor partieron también, pero pronto se desviaron hacia el sur para rodear el reino de Escondido de Doriath.
Maedhros y Maglor, en tanto se desviaron al norte y cabalgaron hasta bien entrada la noche por las dulces praderas de Ard-Galen. Maedhros había dado a su escolta licencia para quedarse en la fiesta, pero la mayoría había querido regresar a casa con su señor. Maglor, como le era usual, se encontraba ensimismado mirando el paisaje y las estrellas, componiendo canciones en silencio. Maedhros se sentía solitario a causa de esto y pensó que eso no sucedería si Maglor no estuviera a su lado. Su hermano era una presencia vacía, una compañía que no acompañaba cuando se volvía hacia él mismo como en ese momento.
Se detuvieron cerca de media noche. No tenían prisa y la gran planicie de Ard-Galen era hermosa. Levantaron su campamento a los pies de las colinas al norte de Dorthonion y liberaron a los caballos para que pastaran.
Maglor estaba apartado de los demás, de pie observando el cielo nocturno. Tarareaba en voz baja, recordando la luz de las estrellas sobre la colina de Túna y la luz de los Árboles. Había compuesto a numerosas canciones al respecto, bellas y dolorosas, mas el tema aún lo inspiraba pues sentía nostalgia de Aman. Estaba en medio de un trozo especialmente emotivo, cuando vio una figura alejarse del campamento. Maglor, intrigado pero contra la voz de su propia prudencia, lo siguió.
Maedhros se acercó a paso vivo a las colinas, al oeste de Ladros, la tierra de los hombres de la Casa de Bëor. Subió por las escarpadas laderas. Maglor pensó en detenerlo, pero no lo hizo y lo siguió a prudente distancia. Maedhros continúo ascendiendo hasta llegar a la cima. Maglor se apresuró tras él para no ser descubierto.
El lugar era ventoso y frío, pero Maedhros se irguió observando Ard-Galen bajo la luz de la luna. O al menos eso creyó Maglor al comienzo, pues el viento helado del norte llevó a sus oídos un sonido que lo asustó más que cualquier cosa que alguna vez imaginó: Maedhros lloraba.
Maglor consideró si dejarlo solo, pero no lo hizo. Esperó unos minutos y luego se acercó lentamente a su hermano que dejaba una larga sobra en el áspero suelo. Maedhros volvió el rostro un momento y Maglor se quedó muy quieto. Su miedo aumentó y sintió frío. Nunca, ni aun después del tormento de Angband había visto en su hermano mayor algún signo de debilidad o emoción (1). Nunca, nunca lo había visto llorar; y siempre le había parecido que Maedhros era inquebrantable, resistente a cualquier golpe.
Pero Maedhros se sentó en el suelo y ocultó el rostro en su única mano. Maglor, aterrado, se agachó a su lado y lo abrazó con timidez. Pensó que Maedhros se enojaría por ello, pero éste no dijo nada. Maglor, sin saber que más hacer, comenzó a cantar en voz baja una canción triste y hermosa sobre Aman; y cuando hubo comenzado pensó que no era lo mejor y solo aumentaría el dolor de su hermano, pero desconocía el motivo de su llanto y sólo continuó cantando.
Will you still wait for me?.
Will you still cry for me?.
Come and take my hand.
(¿Aún me esperarás?.
¿Aún llorarás por mí?.
Ven y toma mi mano).
Pasó un rato antes de que los sollozos de Maedhros remitieran y Maglor calló.
-Sabía que me seguías –afirmó entonces el mayor intentado sonreír sin éxito. -. Tu talento es la música, hermano, no el silencio.
Tenía la cabeza baja, pero se resistía a apoyarse en el otro, quién lo soltó y se sentó a su lado.
-Lo tendré en cuenta –dijo Maglor, sorprendido por la entereza de Maedhros. Éste volvió a intentar sonreír, pero fracasó. Entonces Maglor pensó que, más que entereza, era orgullo.
- ¿Qué ocurre?. – preguntó entonces. – Has lucido preocupado y triste mientras la tierra está en primavera.
-Ya no hay más primaveras para mí. El mundo se oscurece a mi alrededor. –murmuró Maedhros.
Maglor se preocupó.
- ¿Por qué?. ¿Por qué tu mundo se ha oscurecido?. Sabes que no soy un sabio ni un guerrero ni un consejero, pero puedo escuchar las penas de un hermano.
Maedhros no respondió de inmediato. Por tanto tiempo había guardado con celo aquel secreto –aunque no creía haber engañado a todas las personas a su alrededor- que le era difícil decidirse a revelarlo, aun cuando estuviera más que seguro de que Maglor no lo traicionaría. Había estado muchas veces a un paso confiarle aquello a su hermano, uno de los pocos que tenía su confianza y conocía sus pensamientos.
-Porque amor, pero mi amor nunca será posible.
-¿Por qué no?. ¿Acaso no eres correspondido, Maitimo?.
Oír aquel nombre en boca de Maglor le provocó una punzada de dolor. Mas se volvió y lo miró a los ojos.
Ojos grises ¿Por qué grises?.
-No es eso. Mas si he de explicarte, necesito tu palabra de que sabrás guardar mi secreto, Makalaurë.
Maglor dio su palabra, asombrado por la seriedad en su rostro. Su alto hermano se alejó un poco de él y clavó los ojos azules en el horizonte antes de hablar.
-Pues... es otra la razón por la que mi amor es imposible. Para empezar amo a la persona incorrecta, aun cuando soy correspondido. En segundo lugar –Maedhros dudó.- el día de ayer asistimos ambos su matrimonio.
Maglor frunció el ceño.
-Pero creía que no habías visto antes a Dínedhel.
Maedhros lo miró con gravedad.
-No es de ella de quién hablo.
Los ojos de Maglor se abrieron mucho mientras comprendía lo que le había sido dicho.
-Es decir... –dijo, pero no agregó nada más. Volvió la cabeza y dirigió la mirada hacia en oeste, hacia Barad Eithel y los Estanques de Ivrin.
Maedhros volvió a fijar sus ojos en el norte.
-Es por eso que digo que es imposible –dijo luego de un rato.-, es un varón, mi primo y el heredero de la Corona de los Noldor. ¿Alguien entre los Valar o Maiar, entre elfos u hombres podría aceptar tal error?. Tiene sus deberes y yo los míos –fingió sonreír. -, mas no puedo evitar sentir que me han arrancado el corazón.
La expresión de Maglor cambió desde la absoluta perplejidad hasta la compasión, pues aunque le era difícil aceptar lo que su hermano le había confesado, era su hermano, lo amaba y sentía piedad por su destino.
-Bueno... –murmuró. – Debo decir que no me sorprende del todo, pues al fin y al cabo siempre... Pero han sabido ocultarlo bien.
Maedhros no dijo nada. Le enfurecía tener que siempre ocultarse y mentir. Pero si no lo hiciera no podría estar junto a él las pocas veces que se veían.
-Y ahora... ahora, por culpa de mis dudas, de mi falta de valor se ha dado por vencido. Él siempre fue valiente y siempre lo será; fui yo quien no logró vencer sus miedos, quien nunca ha luchado por lo que quiere. Ha renunciado a mí.
(1): Odio ese tipo de frases de "los hombres no lloran", pero teníaque ponerlo. Es Maglor, no yo.
Bueno, sé que prometí más romanticismo, pero a medida que escribía este capítulo el romanticismo se me fue escapando. Quiero escribir cuando Maedhros se rinde, decide que lo quiere, pero esa escena se ha convertido en fugitiva y no quiere aparecer en este capítulo.
Simplemente no. Sería mucho flash-back already.
Y bueno, eso.
Dejen RR!!
Se agradecen muuuuuuuuuuuuucho y me hacen feliz :D. (Y me hacen actualizar pronto!)
Nombres en Quenya:
Fëanor: Curufinwë Fëanáro
-Maedhros: Nelyafinwë Maitimo (Russandol)
-Maglor: Kanafinwë Makalaurë
-Celegorm: Turkafinwë Tyelkormo
-Caranthir: Morifinwë Carnistir
-Curufin: Curufinwë Atarinkë
-Amrod: Telufinwë Ambarussa
-Amras: Pityafinwë Ambarussa
Fingolfin: Nolofinwë Arakáno
-Fingon: Findekáno
-Turgon: Turukáno
-Aredhel Ar-Feiniel: Irisse
Finarfin: Aranfinwë
-Finrod: Findarato Ingoldo
-Orodreth??
-Angrod: Angarato
-Aegnor: Aikanáro
-Galadriel: Al(a)tariel Artanis
Dejen RR!.
Idril Isil Gilgalad.
Miembro de la Orden Siriusana,
Miembro de la Orden Lupina,
Miembro de la Orden Severusiana,
Participante de Story-Weavers.