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Plastic Man.
No se lo habíamos preguntado a nadie, pero, en serio, lo decían sin darse cuanta siquiera. Ahora vivían junto a aquel sujeto y nadie le era indiferente.
-o.o.o.o.o-
-Hao es…es…Hao.- Horo rascó la parte trasera de su cabeza en señal de confusión. –En serio, es guapo pero no es mi tipo.-
-¿No es tu tipo?- Su hermana parecía indignada. -¡Por favor, es el tipo de todas…y todos!-
-No es cierto, es demasiado malicioso para mí.-
-Eso es sexy, Tamao.-
-No, Pilika, me asusta.- Tamao miró hacia el techo. –A mayoría de las chicas les gustan los chicos malos, pero no a mí.-
-Necesitas una noche de farra para quitarte lo sor.-
- ¬.¬ -
-Bueno, mejor que se quede así.-
-¡Nuuu! Me gusta hablar de Hao…-
-Ay, Pilika.-
-o.o.o.o.o-
-Oye, Anna, ¿puedo hacerte una pregunta?-
-Ya la hiciste.-
-Bueno, otra.- La rubia asintió sin dejar de observar las hojas últimas de su revista diaria.- ¿Crees en Hao como en alguien heterosexual?- Pilika parpadeó un par de veces, entusiasmada, esperando por la respuesta de la sabia itako.
Y Anna saltó la carcajada más larga y real en toda su vida.
-Ay, por favor, Pilika, ¡claro que no!- La aludida arrugó las cejas ante lo escuchado.
-¡Pero…!- Anna incentivó su mirada sobre ella. –¿Toda su vida no fue así? Digo, se ve TAN bien.-
Annita trató de no decir nada ante el incontenible hilo de baba que intentaba colarse entre la comisura derecha de sus labios. Siguió con su revista sin darle la mayor importancia.
Aún no entendía la manía de todas las féminas de su alrededor por andar babeando por ese bueno para nada de Hao. ¿Cómo podía ser? Quizá ella no lo veía mucho desde su habitación, ¡pero no era para tanto! Quiero decir…
-Oh, por Dios, se va a quitar la camiseta…!-
Y Anna saltó cual saltamontes en el campo para observar, junto a Pilika Usui, en primera fila, desde el pasillo de lado, como era que la remera del chico malo se deslizaba por sus brazos bronceados y caía cerca de otro montón de ropa.
Genial, estaba jugando futbolito de prendas. Y al parecer Lyserg le iba ganando desde el inicio al pobre gemelo.
-Como amo este juego.- Anna volteó a ver la cara de idiota realizada de Pilika. Rodó los ojos y regresó a su anterior labor. –Y todavía no entiendo porqué dices que no es heterosexual.- Suspiró desilusionada.
-Bueno, quizá sea porque ningún heterosexual es su sano juicio haría ESO que está haciendo Hao.- Pilika parpadeó otra vez. Y Anna había sido poco sarcástica. –Oye, niña, ¿qué no ves como disfruta metiéndole la lengua hasta el esófago al inglés?-
Anna se veía un poco alterada ante la poca comprensión de la pequeña hermana de Horokeu. La vio girar el rostro para observar, nuevamente, al objeto de su cuestionamiento.
Una pequeña pataleta se presentó.
-¡Es tan sexy, Anna! ¡Es hermoso! ¿Cómo no puede ser heterosexual?- Entusiasmada, y con una gran sonrisa en el rostro, tomó a la rubia chica de los hombros y la hizo voltear a ver.
Y ella comprendió.
-Pilika, ¿qué significa para ti heterosexual?-
-Pues un tío que se preocupa bastante por su imagen, ropa y eso.-
-Lo suponía.- Suspiró en pos de resignación, una pequeña sonrisita escapó de sus labios. -¡Eso es un METROsexual! ¡Metrosexual, tonta!- Y le pegó un muy ligero lapo en la frente, sólo como broma.
-Ah u.ù.-
-Mi respuesta sigue siendo no, el nació así de…de…-
-¿Bello?-
-Lo que sea.-
-o.o.o.o.o-
-¿Qué haces ahí?-
Tamao se sobre saltó de inmediato y, como siempre que le sucedía, sus manos comenzaron a temblar inexplicablemente. La rubia la había encontrado en una situación un tanto ‘extraña’ viendo cosas que, ciertamente, no se suponía debería estar viendo.
-Oh, Anna, estabas aquí.- Balbuceó ante la presencia de la otra chica. Esta sonrió un poco.
-¿Qué hacías?-
-¡Nada!-
-¿Nada?-
-Aja, si, nada.-
Tragó saliva, dándole la espalda a la que, prácticamente, le hacía de fiscal. Su rostro se empezaba a poner rojo, muy rojo, y sus piernas se mostraban como ajenas. No se movían, la mantenían parada frente a la ventana.
Demonios, debió cerrar la puerta con cerrojo.
-¿Es bueno?-
-¡Oh, es incre…! ¡NO!- Y el rojo, en su rostro, ahora se mostraba por todo su cuerpo. La pequeña faldita que llevaba no ayudaba a ocultar el temblor de sus piernas. Y Anna ya la había cachado ahí, viendo cosas malas.
-¿Qué estás viendo, eh?- Preguntó sin dejar de verla, empezando a acercarse hacia donde estaba parada: la ventana abierta, detrás de las cortinas blancas. Se colocó a su lado y lo vio. –Oh, es…eso.-
-Si.-
-Por Dios.-
-Lo sé, llevo aquí media hora; creo que se quedó dormido.-
-Ah.- La rubia no decía más, sus ojos negros no se podían mover tampoco. -¿Cómo supiste que estaba allí?-
-Regresé de comprar y lo vi desde el patio de la cocina.-
-¿En serio?-
-Si, pero es muy obvio, por eso estoy aquí.-
-En la habitación de Ren.-
-Si, espero que no regrese hasta más tarde.-
Entonces, sucedió.
-¿Qué hacen, niñas?-
Ambas se sobresaltaron de inmediato al sentir una presencia parlante detrás de ellas. La primera en voltear fue la pequeña Tamao, que al parecer estaba más despierta de lo que la itako rubia podría estar. La mujer estaba completamente sumida en aquella silla de playa.
-¡Nada! ¿Qué haces aquí, Horo?-
-Es la habitación de Ren, mi novio, y duermo aquí.- Dijo un poco extrañado ante la tonta pregunta de la chica pelirosa. La vio algo insegura, hasta que se giró hacia la ventana y no le hizo más caso. -¿Qué hay afuera?- Preguntó intrigado. Se acercó y se situó entre las chicas.
-Eso.-
-¿Eso?- Repitió en pregunta viendo tal espécimen tomando sol. No le hacía el menor efecto.
-Si.- Anna parecía bastante seria para el momento. Horo no hizo mayor comentario.
-¿No te importa que…?-
-¡Oh, no! Sigan observando a Hao medio desnudo desde mi ventana, no hay problema.-
-Gracias.-
-o.o.o.o.o-
-Mi casa ya parece un cochino exhibidor.-
-Yo no tengo la culpa de ser bonito.-
-¿Bonito? Por Dios, eres tan gay.-
-Jódete, chino envidioso.-
- ¬.¬ -
-…-
-…-
-Oye, ¿de verdad tanto así?-
-o.o.o.o.o-
Era la hora del almuerzo y todos estaban reunidos. Horo y Ren peleaban como de costumbre por el último pescado mientras Yoh conversaba amenamente con todos y todos conversaban amenamente con él. Hasta que todos quedaron en silencio sin razón aparente.
-Creo que me cortaré el cabello.-
-¡NO!-
Silencio. Miradas intrigadas, asustadas, indignadas, molestas. Y la mirada de Lyserg: no entendía la reacción de la comunidad En.
-Pero sólo es…-
-Juro que, si acercas algunas tijeras a tu cabeza, te hecho de mi casa.- Comentó Anna antes de seguir engullendo su arroz con verduras. La mayoría asintió.
-Pero…-
-He dicho que no y punto, Hao Asakura.-
-Sólo es un pequeño corte, Anna. Además, no se lo dejará como Yoh.- Todos vieron al inglés mientras hablaba, aunque nadie había dejado de comer. Una de sus manos ahora tocaba algunas mechas que caían detrás de la oreja del castaño.
-Mi corte es lindo.-
-Para ti, Yoh, para ti.-
-El cabello largo es sexy, en serio.- Pilika se convirtió en el blanco de todas las miradas. Esta sólo levantó los hombros y se defendió. -¡Digo la verdad! ¿A poco y yo no soy sexy?-
-…-
-De acuerdo, ¡pero solo cortarás las puntas, eh!- Y Anna ya había terminado de comer.
-o.o.o.o.o-
-En serio, ¿qué le ven tanto, eh?-
-Yo creo que…-
-Tú no creas nada, Ren.- Comentó Horo antes de que el chico dijera algo. –Para eso está Lyserg.-
-¡Yo puedo creer lo que se me venga en gana! ¡Y creo que Hao es sensual y me agrada!-
-¡¿Perdón?!-
-Aunque yo también lo soy.-
-Sólo que no nos agradas.- ¿Anna estaba haciendo bromas?
-No eres graciosa, rubia.-
-Lo sé, sólo digo la verdad.-
-o.o.o.o.o-
-Eres un cobarde.-
-¡Claro que no, idiota!-
-Oh, claro que si.-
-Que no.-
-Que si.-
-Que…-
-Escucha.- Fue entonces que Lyserg guardó silencio mientras Hao cambiaba la modalidad de la pelea. –Puedes hacerlo.-
-NO lo haré.- Se negó rotundamente antes de que su actual y nuevo novio lo empujara del trasero para que lo hiciera. Chocó contra el marco de la puerta. –Perdiste la apuesta, ¡sé hombre!-
-Eso no me ayuda en NADA. Hao, en serio, cambiemos de castigo.-
-¡Oye, mi castigo hubiera sido peor!- Lyserg se indignó. –Busqué algo lo suficientemente bueno para que se iguale a mí limpiando tu parte de la casa.-
Lyserg estaba entre aceptar o no. No sabía si hacer lo que Hao le pedía era lo correcto, lo único que sabía era que lo dejaría en el completo ridículo. Tenía miedo.
Soltó un bufido de molestia.
-No volveré a jugar esas estupideces contigo.- Le recriminó mirándolo de reojo, recordando como era que había perdido en ese estúpido juego sexista llamado “Bésame o Respira”. ¿Es que era imbesil? Él solo ganaba en juegos de cartas, no en juegos carnales.
Bien, y Hao es Hao.
-Tu aceptaste, estabas caliente, amor.-
-¡Al demonio! Lo haré de una vez, quítate.- Le apestó enfadado, abriéndose paso entre Hao y la pared del corredor.
Y, luego de echarle una mirada de odio al pelilargo, sucedió. Entró en la cocina estruendosamente y sucedió, lo dijo tendido y corrido aunque la cara le fuera a explotar.
-Escuchen, bulto de zorras.- Miradas directas de las tres afectadas. –Quiero que dejen de rondar a MI hombre, ¿entendido? ¡No es un Ken con el que pueden regocijarse mentalmente! ¡Trío de…gatas locas!- A este punto, más de un rostro estaba rojo y sólo un puño temblaba y pedía por ser utilizado. –Espero haya quedado claro.- Entonces, giró a ver a Pilika, quien parecía morir del susto. –En especial tú, pequeña pendenciera.-
Y salió corriendo del lugar, tropezándose con todo. Hao moría de risa junto a la pared viendo como el pequeño Lyserg se encaminaba con velocidad hacia las escaleras. Lo siguió sin pensarlo, pero este ya se había encerrado en el baño.
-¡Ly, ábreme!-
-¡No, jamás, nunca! ¡ARG! ¡Te quiero asesinar, te odio!-
-No lo harás.-
-No, ¡primero me lavaré la boca!-
-Fue divertido.-
-¡Para ti, retrasado!- Entonces, la puerta se abrió de repente, dejando ver a un jovencito frustrado y con el cepillo de dientes en la boca. –Ve y pide disculpas.-
-¡¿Qué?!-
-¡Hazlo!-
-¡No!-
Rabieta emocional. Lyserg le arrojó el cepillo de dientes a la cara.
-¡Les dije bulto de zorras, Hao!- Este empezó a reír.
-También les dijiste que era TU hombre.- El aludido se sonrojo. –¿Quieres que también me disculpe por eso?- Preguntó de lo más pancho antes de sonreír seductoramente. Le había agradado que dijera eso, pero a Lyserg no le agradó que dijera eso último.
-¡ARG! ¡Eres tan plástico, artificial, creído...!- Portazo en la cara. -¡Me enfermas!-
-¡Bueno, pero al menos te gusto!-
-o.o.o.o.o-
-Nos dijo ‘bulto de zorras’.- Pilika no parecía demasiado afectada, pero si.
-Si, pero tenía razón.- Tamao fue fulminada por la audiencia. –En la parte del acoso, no de eso.-
-Hao es un maldito bocón, ¡como lo odio!- Gruñido. –Deberían meterlo en una caja y sellarlo de por vida.-
-Lo sé, como a un Ken.-
-El surfista.-
-No, me gusta más el príncipe.-
Entonces, la voz de la razón intervino.
-¡No! ¡Como a un maldito prototipo de…de…!-
-¿De qué, Anna?-
¡Joder!
-¡Bien!- Se había exasperado. -¡Como el prototipo de Ken tamaño real, ¿contentas?!-
-Yo lo compraría.- Pilika pensó un segundo. –Bueno, mi hermano es el del dinero, así que le diría él que le dijera a Ren que me regalara uno.-
-Al demonio, Pilika, TODAS lo compraríamos.-
-Aún así- Dijo Tamao, tímida. –Pediría el tipo príncipe.-
Fin.