Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search
: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Shaman King » Realmente Amor

Sad.Whisper
Author of 66 Stories

Rated: K+ - Spanish - Romance/Drama - Ren T. & Horohoro U. - Reviews: 203 - Updated: 07-21-09 - Published: 02-04-07 - id:3377553

XXI

Shigeru Usui

Alternativamente, contemplé a cada uno de los miembros de mi familia, interpretando sus reacciones en medio del sobrecogedor silencio que había seguido a mis palabras.

Es algo triste pensar que en el mundo en que habitamos, las cosas han llegado al punto en que ya no importa quién es culpable y quién no, quién merece ser castigado y quién no. Los papeles, los documentos, los verdaderos implicados en el manejo de los materiales de la constructora y los que habíamos sido culpados… ya nada de eso tenía importancia. Como uno de los encargados de un proyecto fallido, el peso de la maldad ajena había caído sobre mis hombros; a pesar de ser inocente.

El asunto era que me encontraba cesante, ya no tenía un trabajo del cual subsistir; el futuro se había vuelto algo oscuro e incierto para mí y para mi familia.

- Pero… - Pilika se interrumpió, indecisa, todavía asimilándolo todo, a pesar de que ella se había enterado hacía más tiempo que su hermano.

Sentí la mano de Inuma sobre mi brazo; estábamos sentados lado a lado porque en cierto modo, ella entendía que de no ser por su compañía, yo ya me habría derrumbado.

Horokeu observaba la alfombra como si yo acabara de recitar un problema matemático, y él hubiera sido el único encargado de resolverlo mentalmente. Al contrario de Pilika, no desvió sus ojos de la nada, probablemente intentando ocultar algo tan obvio como el impacto de tamaña noticia.

Después de todo, a pesar de nuestras diferencias, yo tenía claro que a él también le preocupaba mantener a la familia.

- Pero… - repitió mi hija menor, antes de esbozar una sonrisa poco convencida que me desmoralizó. ¿Cómo había podido fallarle? – Pero seguro el abogado… Podrá hacer algo. – sus ojos azules pasearon por cada uno de nosotros, antes de dudar y clavarse en la alfombra.- Seguramente todo saldrá bien.

- Así es. No pasa nada.

Clavé la vista en Horo-horo, viéndolo ponerse de pie con decisión. Había crecido mucho durante los dos últimos años, ya casi estaba de mi porte, y era varios centímetros más alto que su madre; realmente, mi hijo estaba madurando a pasos agigantados, no sólo físicamente.

Pero, a pesar de querer que Horo madurara, yo no sabía si debía temer o no que su crecimiento, sobre todo emocional, fuera tan acelerado.

- Hermano…

- Es un malentendido.- me observó con ojos brillantes, y creí reconocer algo que hacía meses no había visto: dolor.- Tienes que insistir, papá. No es tu culpa, busca testigos o algo que lo demuestre…

- No es tan sencillo.

Quería que entendiera, y en cierto modo, no me podía explicar a mí mismo el hecho de que lo que mi hijo de quince años me dijera me importara más que el mudo apoyo de mi esposa. Era un temor absurdo y patético, que no debía sentir un padre de familia, pero que yo no supe extinguir.

- ¡Entonces esfuérzate!

- ¡Horokeu!

- ¡No, mamá! Todos nos hemos estado esforzando, no es justo que ahora,… ¡Precisamente ahora…!

Horo se retiró sin mirar a nadie, y comprendí que lo había decepcionado; que no le importaba tanto el hecho de que no teníamos dinero, no directamente, ni que tendría que buscar un nuevo trabajo, o que nuestro apellido hubiese sido injustamente ensuciado…

Lo que a él le importaba es que, luego de haberle exigido trabajar duro durante todo aquel tiempo, yo le había fallado a él.

En aquel instante, lo único que evitó que me hundiera en la angustia fue la cabeza de Inuma apoyándose en mi hombro.

Manta Oyamada

- Son… iguales.

Los miré repetidamente, uno a la vez. Si no hubiese conocido a Yoh desde hacía meses, habría tenido grandes problemas para distinguirlo de su hermano.

Hao, que desde lejos se veía que era una persona bastante segura de sí misma, se rió por mi expresión, mientras su amigo, Lyserg, sonreía un poco.

Yoh también se rió, y finalmente no pude menos que imitarlos, aunque hacía tanto frío que los dientes me castañeaban.

- Hao es el mayor, ¿cierto? – el aludido asintió, agregando que por tres minutos.

Era agradable ir por ahí, sin hacer nada, sin preocuparme tanto por la escuela y esas cosas; siempre me habían agradado las vacaciones, pero era el primer año que tenía verdaderos amigos y era increíble que el tiempo se acortara tanto.

Por otro lado, había conocido a algunos extranjeros en mi vida, pero nunca a alguien de Inglaterra, y menos aún, de la edad de Lyserg. Por lo menos, no personalmente. Era interesante verlo haciendo lo posible por pasar desapercibido, y lo bien que hablaba nuestro idioma a pesar de su acento, que se esforzaba por disimular; era un chico tímido, mucho más que yo, por lo que resultaba divertido y algo curioso que se llevara tan bien con alguien como Hao.

- ¡Vamos donde Chocolove! – propuso Yoh de improviso, y a pesar de que refrescaba y era ilógico ir a una heladería con ese tiempo, apoyé su noción, al igual que todos.

Últimamente, por otro lado, me encontraba más ansioso de lo normal. Había hablado con Mari sobre la excursión que pensábamos llevar a cabo y, contra todos mis pronósticos, ella había aceptado ir con sus amigas y me había llamado – ¿cómo tenía mi número telefónico?- para confirmarlo.

Sería la próxima semana, y no podía evitar sentir un nervioso entusiasmo al respecto.

- Oye, Manta, -mire a Hao, que me sonreía- ¿tienes encendedor?

- ¿Q-qué?

- Jajaja.

Anna Kyouyama

Detestaba cocinar, lo detestaba con mi alma. Estaba dispuesta a comer cualquier cosa que hubiera en casa, incluso vivir de algas durante días; pero tener que cocinar mi comida, aunque fuera durante las vacaciones, era de esas cosas que me desagradaban hasta el punto de amargarme.

De todos modos, no me quedaba otra, ya que para variar mis abuelos habían viajado y habían decidido no llevarme para economizar tiempo y recursos.

Por lo que dejé remojando el arroz y me dediqué a abrir un paquete de pescado congelado, sintiendo cómo mis manos quedaban impregnadas de su olor mientras lo hacía.

Aún quedaba mucho tiempo, pero por alguna razón, me puse a pensar en el trabajo que debíamos hacer juntos, Yoh y yo. Siempre había trabajado con Ren, más por conveniencia mutua que por obligación, si bien propuestas no nos habían faltado a ninguno de los dos.

Supuse que no había problema, aunque sí tuve que empeñarme en ignorar el hecho de que, en parte, llegaba a entusiasmarme un poco la idea. No demasiado, claro; pocas cosas me entusiasmaban, pero de cualquier forma, decidí concentrarme en lo que estaba haciendo.

Cuando eres un niño, hay pocas cosas que te importan. Es como si, a medida que vas creciendo, las responsabilidades fuesen recayendo poco a poco dentro de ti, como si fueras una especie de recipiente. A veces, no podía evitar pensar en todas las cosas que había tenido que absorber de golpe, como la imagen de la sangre por todos lados, o esa sensación de estático vacío que tienes cuando comprendes que nada será como antes.

Eché a coser el arroz y comencé a freír el pescado. Siempre me venían imágenes de mis padres muertos en los momentos menos esperados; estaba tan acostumbrada a esas cosas que probablemente a cualquier otra persona le habría resultado tétrico.

El teléfono comenzó a sonar, sacándome de mis cavilaciones.

- ¿Hola?

- Hola, Annita.

Yoh Asakura

No puedo negar que durante toda la conversación, se apoderó de mí un cierto grado de nerviosismo; era la primera vez que llamaba a Annita a su casa, a fin de cuentas.

Afortunadamente, Hao había llevado a Lyserg a conocer los alrededores, así que mi hermano no aparecería de repente y me quitaría el auricular para decir alguna inoportunidad o algo por el estilo.

- Así que es el cumpleaños del tonto del Horo-horo…

- Sí, cumple dieciséis años. ¿Qué dices, Annit-

- Es Anna.

- … jijiji, Anna, ¿vienes con nosotros?

- ¿Va a haber pastel?

- Claro.

La verdad es que ninguno de nosotros – Hao, Manta, yo o mucho menos, Lyserg- habíamos previsto muy bien las cosas, yo apenas había tenido tiempo de comprar algo parecido a un obsequio y mi intención principal era lograr que Horo-horo pasara un buen rato el día de su cumpleaños, nada más. Pero no era una mala idea.

- De cualquier forma no tengo mejor nada qué hacer.

- Qué bueno.- no pude evitar sonreír, ya que a pesar de que soliera quejarse acerca de su humor, yo sabía que Horo apreciaba mucho a Annita.

- Y ¿quiénes más van a ir?

- Pues… tú, yo, Manta…

- Qué emoción.

- Jijiji, también estarán mi hermano y un amigo suyo.

- Así que tu hermano ya llegó.

- Sí, hace un par de días.

- Ya veo.

- Jijiji.

- No me has dicho dónde vamos a reunirnos.

- Pensé que pasar por casa de Horo un rato estaría bien…

- ¿Hablaste con Ren? – sabía que tarde o temprano haría la pregunta, después de todo, Annita solía ir con Ren a todos lados.

- No pude contactarme con él, estaba pensando que quizá tú…

- ¿Yo…?

- Jijiji, podrías decírselo cuando lo veas.

- Supongo que puedo hacerlo. Pero más te vale que no nos aburramos.

- Claro que no, será divertido.

- No pienso llevar ningún regalo.

- Está bien, yo llevo uno que puede ser de parte de tod-

- No necesito tu dinero. Ya veré lo que le digo al Puercoespín, después de todo, le estoy haciendo un favor.

- C-claro.

- Nos vemos, entonces.

- Sí, Annita, gracias por… - el sonido del otro lado del teléfono me hizo comprender que ella ya había colgado.- Jijiji…

Siendo como era, Annita no podía no resultar encantadora a su modo.

Horokeu Usui

El frío contra mi espalda me despertó mucho antes de que, plenamente consciente, pudiera abrir los ojos. Por la oscuridad en la que se encontraba mi habitación, deduje que no eran las seis de la mañana.

Se suponía que fuese un día especial, tal vez por eso yo no había podido dormir de maravilla; sin embargo, lo cierto es que no parecía que fuese mi cumpleaños. Acababa de recordarlo, en algún momento de mi despertar, pero no me sentía como los años anteriores.

No había ningún atisbo de entusiasmo dentro de mí.

El aire gélido que acariciaba mi dorso se acentuaba a ratos, pero aquel fin de semana no había tenido intención alguna de alojar en algún otro lugar que no fuera mi habitación, a pesar de sus únicas tres paredes y de la inminente llegada del invierno. Recordé la discusión del día anterior, con mi padre, y cerré los ojos, súbitamente agotado.

Me sentía muy mal, pero no me arrepentía.

Me levanté un considerable rato después, cuando ya llegaba luz a la estancia – y era bastante luz la que entraba por el estúpido y gran agujero por el que me había visto en la obligación de mover mi cama.

Llevaba la misma ropa del día anterior y aunque no recordaba en qué momento me había dormido, tenía el hambre suficiente como para suponer que no había comido desde hacía muchas horas.

Me arrastré hasta el baño, ignorando los ruidos familiares que provenían de la cocina. Era un día como cualquier otro, a excepción de la fecha, que, por un momento, deseé que mi familia hubiese olvidado.

Ya en el baño, tomé mi toalla colgada de una percha en la destartalada pared y abrí la llave de agua sin entrar a la ducha, descubriendo, poco después, que salía irremediablemente fría. La temperatura estaba tan baja que en cualquier otra situación, habría pasado de levantarme, pero por algún motivo, sentí la necesidad de despabilarme; era como si me encontrara en estado de zombi o algo parecido.

Luego de una rápida ducha fría y de ir a mi cuarto a secarme y cambiarme – la corriente de viento que entraba por el hoyo de la pared había golpeado cruelmente mi piel –, bajé hasta el comedor esperando que no hubiera nadie.

- ¡Hermanoooo!

Pilika apareció detrás del umbral del comedor, abalanzándose sobre mí.

- ¡Auch, me aprietas!

- ¡Feliz cumpleaños, Horo-horo!

- Feliz cumpleaños, hijo.

Mientras mi hermana me apretujaba sin ninguna compasión, contagiándome de paso algo de su energía, mi madre se acercó para besarme la mejilla, y sólo luego de mucho forcejeo por liberarme – después de todo, Pilika tenía mucha fuerza -, me percaté de la torta sobre la bandeja que llevaba sujeta con ambas manos, decorada muy cuidadosamente y visiblemente, hecha de los pasteles de hoja que sólo se compraban en mi casa para ocasiones especiales.

Eso me hizo sentirme un poco mejor.

- Muchas gracias.

- Le dije a mamá que te cantáramos, pero dijo que estabas muy grande.

Sonreí. Nunca había sido una persona muy observadora, con excepción de casos muy particulares o hasta absurdos; pero en esos momentos, no pude evitar contemplar disimuladamente a mi madre y a mi hermana, ambas sonriéndome como si yo hubiese sido el mejor hombre existente en el mundo entero, como si lo hubiese merecido todo, como a una especie de héroe que hasta entonces, siempre había intentado ser para ellas, pero obviamente, sin éxito alguno.

Fue algo breve, pero lo cierto es que ni todas las duchas frías del mundo, ni todos los agujeros en las paredes de cualquier habitación, ni el hambre, lograrían jamás que dejara de agradecer tenerlas a ellas conmigo, y que me quisieran tanto a pesar de mis errores, y de que muchas veces, no me encontrara a la altura.

- Pilika, ¿puedes poner la mesa?

- Está bien, pero sólo por hoy.

Pilika hizo un gran esfuerzo por no regañar, yo sabía que no le gustaba hacer en la casa lo mismo que le pagaban por hacer en otras.

- Hijo, Shigeru tuvo que viajar a primera hora el día de hoy, pero me dijo que intentaría volver esta noche.

No respondí nada aunque, sin mala intención, dudé mucho de aquel supuesto intento. Sin embargo, en cuanto Pilika nos llamó para que fuéramos a comer, decidí que podría pensar en eso más tarde.

Tratar de dejar todo lo malo de lado, por mi familia. Aunque fuese sólo por un rato.

Ren Tao

- Su… cumpleaños.- repetí. Sin darme cuenta, apreté el auricular más de lo normal.

- Sí. Por suerte, no hay que llevar regalos.

- … Claro.

- Más te vale que vayas, no quiero ser la única cuerda allí.

- … Sí, es posible que vaya. – conseguí articular. Era frustrante lo que me costaba pronunciar bien las palabras, como si acabara de olvidar cómo hablar correctamente.

- Bien.- afortunadamente, Anna no hizo ningún comentario al respecto, por lo que agregué:

- Pasaré por ti antes.

- Entonces nos vemos más tarde.

- Sí.

- Hasta luego.

Había pasado un día y algunas horas desde el incidente, y yo no había vuelto a saber de Horo ni de nadie en especial; de hecho, aparte de la visita efectuada a Anna el día anterior – había durado menos de lo esperado, ya que sus abuelos se preparaban para viajar y necesitaban su ayuda-, no había salido de mi casa ni ejercido ningún contacto con el mundo exterior.

Y no había imaginado, al contestar el teléfono, que la llamada de mi novia me traería un nuevo motivo por el que debería ver a Horo-horo…

Recordé el día en que nos conocimos; yo lo había visto a él, desde lejos, pero él a mí, no; por lo que había seguido con su camino y sin pretenderlo, chocado contra mí, contra mi mundo, contra todo lo que conocía. Así había sido con Horo desde el inicio, una eterna colisión que cambiaba el equilibrio de todo lo que había en mi vida, para bien o para mal, y sin que ninguno de los dos pudiera evitarlo.

Hacía pocas horas, yo lo había dado todo por perdido, sin saber qué era exactamente lo que perdía o por qué; sencillamente, el mundo se había vuelto un caos. Pero, a presente, una vez más, volvían a entrecruzarse nuestros caminos; sentí mi corazón latir con fuerza y detesté no poder controlar todo eso.

Era la primera vez en toda mi vida que no tenía el menor control sobre lo que sentía.

- Seño- Joven Ren, el almuerzo está listo.

- Ya voy.

Me senté a la mesa. Basón salió poco después, dejándome solo.

Estaba acostumbrado a comer solo la mayoría de las veces, a no tener que conversar sobre cualquier cosa que no me importaba sólo para mantener un ambiente cordial; estaba acostumbrado a estar solo, aún cuando me encontraba rodeado de personas. Incluso con personas importantes para mí.

Pensar sobre ello había dejado de herirme hacía mucho tiempo, desde que había comprendido que lo mejor que podía hacer era alejar a todos de mí, con el fin de no sufrir después, cuando se fueran de mi lado.

Pero mis meditaciones, últimamente, siempre se veían interrumpidas por la imagen de cierta persona de cabello azulado; lo cierto es que caí en la cuenta de que hacía dieciséis años desde la llegada de Horokeu Usui al mundo, dieciséis años de los que yo apenas había compartido una parte mínima y, sin embargo, allí me encontraba, sin poder evitar recordar cada detalle de su persona, sin poder hacer nada por…

Dejar de extrañarlo.

Lo extrañaba todo el tiempo. Si bien su actitud solía desesperarme, la mayor parte de las veces, sólo discutíamos por tonterías y en muchas de esas ocasiones, yo lo provocaba con el simple fin de tener toda su atención; por saber que, en esos minutos, yo era todo lo que le interesaba en el mundo entero. Porque incluso lo extrañaba estando cerca de él.

Fue entonces que comprendí que el modo en que Horo me gustaba – probablemente, luego de aquel beso, las cosas se habían aclarado un poco más dentro de mi cabeza – era mucho más posesivo y egoísta que la forma en que se podía calificar mi relación con Anna.

También comprendí que en todo ese tiempo, había estado huyendo de algo que seguramente me había atrapado desde la primera vez que lo había visto, y de lo que todos mis esfuerzos por escapar habían terminado por resultar absolutamente inútiles.

Pilika Usui

Abrí la puerta, entusiasmada. Desde que Yoh-kun me había mencionado sus planes, no aguantaba las ganas de ver la cara de mi hermano en cuanto viera a sus amigos en nuestra casa para su cumpleaños.

- ¡¡¡Hao-kun!!! – exclamé, sorprendida; no tenía idea de que se encontraba en Japón.

Tanto él como el chico que se encontraba a su lado se rieron.

- Te lo dije.- lo oí susurrar mientras todos pasaban al interior de mi vivienda, lo que me hizo fruncir el ceño.

- ¿Qué fue lo que te dij…?

Corté mi pregunta, aturdida, al ver a su acompañante. No me habían avisado que llevarían a alguien tan lindo a mi casa; sin embargo, por fortuna, nadie pareció notar mi impresión.

- Sólo le advertí que la hermana de Horo era una pequeña ruidosa, Pili-chan.- como siempre, el hermano mayor de Yoh-kun pronunció el mote con tono burlón, pero como antes de que pudiera reaccionar me dio un gran abrazo de oso, me limité a soltar un bufido.

Después de todo, me alegraba que por fin hubiera venido a visitarnos.

- Por cierto, él es Lyserg. Lyserg, Pilika.

- Mucho gusto, Pilika.

- El gusto es mío, Lyserg… ¡Manta, tú también viniste!

- Claro que sí, no pens-

- Sí, sí, sí, con permiso.

Anna se dirigió hacia la sala, por lo que sugerí a los demás que hicieran lo mismo. Fue cuando me di cuenta de que Chocolove no había asistido.

- Está trabajando.- me explicó Yoh-kun, mientras todos tomaban asiento.- Dijo que trataría de llegar más tarde.

Sonreí. Después de todo, con Chocolove, la tarde sería mucho más divertida.

Vi que Ren, que se había sentado junto a Anna y llevaba una chaqueta que lo hacía lucir muy bien, parecía estar buscando algo con la vista, por lo que le indiqué:

- Mi hermano salió hace un rato, a dar una vuelta. Volverá pronto, ya lo planeamos todo.

- … - me extrañó un poco que no me respondiera nada, sólo se limitó a asentir y luego se enfrascó en una conversación con su novia.

Supuse que simplemente estaba ansioso porque era el primer cumpleaños de Horo que pasarían juntos, y se habían vuelto tan buenos amigos.

Mamá se encontraba en su habitación, había decidido limitarse a saludar a todos en algún momento de la tarde y retirarse a hacer sus cosas; pues, según ella, no quería cohibir a “los jóvenes”, como nos llamaba a veces.

Aproveché de despejar la estancia lo mejor posible y acomodar las sillas del comedor; los demás hablaban entre ellos o admiraban las fotos repartidas por ahí. En eso se fue media hora.

- Yo voy.- exclamé, en cuanto tocaron la puerta. No podía ser mi hermano, puesto que él tenía llaves, y al abrir, sorpresivamente, me encontré con Chocolove y con…- ¡Tamao!

Como pude, abracé a mi amiga, puesto que el gran paquete que llevaba entre sus manos dificultaba un poco cualquier tipo de cercanía; me había producido una gran alegría su visita, puesto que era una de las pocas que me había hecho a lo largo de aquel año, desde lo de la escuela.

- ¡Amiguis, las quiero! – casi al instante, Choco nos abrazó a ambas, llorando falsamente, lo que me produjo un par de carcajadas que se intensificaron en cuanto vi el rostro de Tamao encenderse. Sin embargo…

- ¡¡Oye, ¿qué le estás haciendo a mi hermana?!!

El grito de mi hermano me pilló de improviso, el umbral de la puerta era tan estrecho que no me había percatado de que se encontraba a unos pocos metros de Chocolove. En cuanto lo vi abalanzarse sobre éste, me encargué de halar a Tamao hacia el interior de mi morada, lo suficientemente lejos del alboroto, para que no saliera lastimada.

- ¡En la cara no, en la cara no!

- ¡Ya cállate!

- ¡Ay, mamá…!

- ¡Pasa, con confianza! – le palmeé la espalda a mi amiga, dejando la puerta abierta para cuando Horo-horo decidiera entrar de una vez; no pude evitar reír nuevamente, pues su escándalo se escuchaba desde el living.

- ¡Tamao-chan! – exclamaron Hao-kun e Yoh-kun a la vez, lo que me pareció muy cosa de gemelos y causó unas expresiones bastante graciosas tanto en Anna como en Lyserg.

- Es curioso, creí haber escuchado al Tenedor.- se burló Ren, poniéndose de pie para luego dedicar a Tamao un sobrio hola que de todas formas consiguió que el sonrojo de la última se acentuara.

- Sí, está afuera con Chocolove.- repliqué, antes de fijarme en lo que Tamao traía.- ¿Qué es esto?

- Preparé algunas cosas… - murmuró ella, anonadándome por segunda vez en el día.

- ¡¿Trajiste bocadillos?! ¡Si con haber venido hiciste más que suficiente! – exclamé, sin poder evitarlo, causando en mi amiga una tenue risita.

Lyserg Diethel

Pilika y Tamao se retiraron hacia la cocina, y poco después, dos chicos con un aspecto bastante desordenado penetraron en la estancia.

- ¡Feliz cumpleaños, Horo-horo! – al ver a Yoh acercarse a abrazar amistosamente al de cabello celeste, me puse de pie, puesto que lo menos que podía hacer era saludar al cumpleañero. Aunque lo más sensato sería hacerlo al último, puesto que era el único que no conocía a Horo-horo en persona.

- Gracias, Yoh, pero ¿quién invitó a éste?

No pude reprimir la sonrisa al verlo dedicar una mirada despectiva al chico que había llegado con él, deduciendo que el hecho de que ambos lucieran igual de desastrosos y llevaran unas cuantas ramitas enredadas en sus ropas y cabellos se debía a que los gritos que habíamos oído hacía unos minutos habían sido emitidos por ellos.

- Jijiji, en el fondo, sé que ustedes son buenos amigos.

- Eso no es cier… ¡¡¡HAO, ¿ERES TÚ?!!!

- No, Horito, soy el trillizo perdido.

Suspiré, viendo que la cosa se alargaría hasta que fuera mi turno, y retomé mi asiento; me percaté de que la chica que me habían presentado como Anna tampoco tenía ningún apuro por saludar a Horo-horo, lo que me alivió. No quería ser descortés.

- Veo que sigues igual de idiota.

- También te extrañé, cielo.

Hao y Horo se fundieron en un abrazo, lo que me habría incomodado de no ser porque había visto al primero hacer lo mismo con su hermano el día que habíamos llegado al aeropuerto; por lo que, al menos desde mi perspectiva, resultaba evidente que el intenso cariño que emanaban sus acciones era completamente fraternal.

Analicé el lugar con la vista. No era una decoración típicamente japonesa como se veía en la casa en la que me hospedaba, lo que en cierto modo me ayudó a no sentirme fuera de lugar. Mi vista vagó un poco por todo, hasta detenerse en algo curioso: el chico que había llegado junto con Anna a nuestro punto de reunión – una plaza que aparentemente, Yoh conocía de memoria- lucía una expresión un tanto… molesta.

La primera impresión que yo había tenido de Ren – según recordaba su nombre- había sido la de un sujeto bastante reservado, incluso más que yo, o al menos, más frío; sin embargo, su ceño estaba fruncido y su vista parecía estar fija en Hao.

Claro que, conociendo a éste último, no me habría sorprendido que tuviera uno que otro adversario en su país natal; aunque yo había creído entender que se habían conocido esa misma tarde.

Muy extraño.

- … Es propio de ti llegar de último a tu propia celebración, ¿eh, Tenedor?

Justo cuando el objeto de mi observación pronunciaba estas palabras, la puerta de lo que supuse sería la cocina se abrió, y Pilika y su amiga de cabello rosado entraron a la estancia cada una con una bandeja de bocadillos.

- E-eres un… te perdono porque… porque es mi cumpleaños… ¡¡Tamao, tú también viniste!!

Tamao Tamamura

No pude evitar avergonzarme un poco en cuanto el hermano de Pilika me abrazó sin el menor reparo; sin embargo, a pesar del evidente bochorno, la sensación protectora que me invadió fue indudablemente cálida.

Por suerte, de todos modos, el gesto duró poco debido a que llevaba la bandeja con bocadillos y no era muy cómodo mantener un abrazo en aquella posición.

Hacía mucho tiempo que no iba a casa de los Usui, y agradecí silenciosamente que no me hicieran preguntas incómodas, pese a que era indudable que les había sorprendido mi llegada.

Por supuesto, seguía teniendo miedo cada vez que caminaba en las calles, aunque con el paso del tiempo, éste había disminuido considerablemente. Si bien la imagen de Nichrome seguía muy nítida en mi mente, yo sabía que distraerme iba a ayudarme a recobrar la normalidad de mi rutina, perdida hacía tantos meses.

Además, había extrañado a todos, incluso a Hao-kun, pese a que no éramos tan cercanos.

Estar rodeada de personas conocidas me hacía sentir normal.

Me dediqué a ofrecer los tentempiés que había llevado – esperando que a Horo-kun le gustaran- sin perder detalle de los divertidos saludos que cada uno dirigía al cumpleañero. Tras dejar la bandeja sobre la mesa del comedor, llegué junto a Yoh-kun, que me preguntó amablemente cómo me iba, lo que ineludiblemente me hizo bajar la mirada.

Seguía intimidándome un poco estar cerca de él.

- ¡Hasta Anna vino a verme! – escuché exclamar al hermano de mi amiga, lo que me provocó una sonrisa.

- ¿Qué se supone que significa eso?

- Muy bien, gracias.- respondí, mientras mi interlocutor desviaba la mirada hacia el centro de la habitación, lo que me impulsó a hacer lo mismo.

Una chica de expresión algo ceñuda y cabellera rubia parecía intimidar a Horo-kun con la mirada, pero pude ver una sutil sonrisa en su semblante que, por cierto, era muy hermoso. Entendí la razón por la que Yoh-kun parecía no poder despegar la vista de ella y sonreí; después de todo, él ya no me gustaba del mismo modo que antes, por lo que no era difícil alegrarme de que hubiera encontrado a alguien…

- Esto…

- …

Tu-túm.

Sentí una respiración en mi cuello y por breves instantes, temí lo peor. Mi corazón se detuvo.

Me volteé lentamente, todos los sonidos a mi alrededor enmudecieron gradualmente, y me encontré con una mirada desorbitada en un rostro moreno y demacrado.

Tu-túm.

- E-esto está ¡DELICIOSO! ¡Tienes que darme la receta, lindura! ¡O sea, hello!

- ¡¡¡Ah!!!

Ni siquiera lo pensé. Pasaron breves segundos de silencio antes de que abriera los ojos; me encontraba fuertemente aferrada a Yoh-kun – esta vez, sentí que la cara se me incendiaba-, quien sonreía por algún motivo en particular. Las miradas de todos se encontraban sobre nosotros y me percaté, mientras soltaba apresuradamente al chico junto a mí, de que un par de lágrimas se me habían asomado por el susto.

- ¡¿Cómo te atreves a asustar a Tamao?! ¡Ahora vas a ver!

- ¡¿No te cansas de molestar?!

Habiendo gritado ambas cosas a la vez, Horo-kun y el chico guapo de la chaqueta se dirigieron velozmente hacia donde instantes atrás yo había estado, punto en el que el chico de afro que había llegado al mismo tiempo que yo terminaba de comer uno de los bocadillos que yo había llevado.

Entendí que acababa de haber un malentendido y suspiré, increíblemente aliviada.

- Jijijiji.

- Hermanito, eres un aprovechado.

- ¡Horo-horo, deja en paz a Chocolove! ¡Vienes de pelear con él!

Horokeu Usui

- ¡Horo-horo, deja en paz a Chocolove! ¡Vienes de pelear con él!

- Uy, está bien.

- Eres insoportable.

Si bien esta vez no se dirigía a mí, el escuchar la voz de Ren, nuevamente, me hizo desviar la vista. Seguía sintiéndome frustrado por mi debilidad; ni siquiera había sido capaz de responder su saludo de una forma decente. Sin embargo, ¿qué se suponía que hiciera? No tenía de dónde sacar una máscara que nunca había tenido, ni fingir que nada había pasado, sólo porque sabía que para él no había cambiado nada.

Prudentemente, me alejé de ellos, dejándole la tarea de maltratar a Chocolove – se lo tenía merecido, después de todo. Es decir, ¿a qué estúpido se le ocurría asustar así a Tamao? Aunque tampoco era como si hubiera tenido malas intenciones, después de todo, no todos sabían lo sucedido. No obstante, golpearlo por nada era algo así como una costumbre nuestra.

Nuestra

- Oh, no te había visto.- me sorprendí al ver a un chico muy pálido de pie frente a mí; él me sonrió tímidamente ante mi comentario.- Soy Horo-horo, mucho gusto.

- Hola, me llamo Lyserg. – estrechó la mano que yo acababa de ofrecerle, aunque se veía algo cortado.- Eh… yo… feliz cumpleaños, Horo-horo.

- Muchas gracias.- agradecí, tratando de ser lo más jovial posible; se notaba una persona retraída.

- Oye, Puercoespín, ¿dónde puedo dejar mi abrigo?

Me volteé rápidamente, sabía que Anna no era muy de salir y agradecía su presencia; pese a ciertos detalles, aquella inesperada celebración me hacía sentir contento.

- Pásamelo, lo llevo a mi habitación.

- Puedo llevarlo sola.

- ¡No! – sudé frío en cuanto ella me miró fijo, pues por algún motivo, algo en sus ojos parecía amenazante.- Es que está desordenado. Quédate aquí, yo me encargo, de veras.

Obviamente, no quería que más personas vieran el deplorable estado en que se encontraba mi habitación.

- Voy contigo, hermano, de todos modos tengo que ir a decirle algo a mamá.- tras guiñarme un ojo, mi hermana se dedicó a recolectar las prendas de quienes restaban, por lo que decidí secundarla.- Pónganse cómodos.- agregó, mientras ambos nos encaminábamos, ya con todos los abrigos en nuestras manos, hacia mi aposento.

Ya allí, deposité las cosas de los demás, lo más cuidadosamente que pude, sobre mi cama, antes de dirigir una mirada decaída a mi destruido muro. Sentí a mi hermana hacer lo mismo, antes de abandonar mi alcoba.

- Hola, Ren. – oí la voz de Pilika, al salir.

Turbado, me di la vuelta, sintiendo como si acabaran de patearme el estómago por dentro.

Ren estaba serio, apoyado contra el umbral de mi puerta; tuve que disimular lo difícil que se me hacía mirarlo directamente a los ojos.

- …

No supe qué decir, así que sólo me quedé allí, como un idiota, de pie y completamente mudo, observándolo. Era como estar dividido por la mitad: una parte de mí saltaba de alegría, porque Ren pasaría el día de mi cumpleaños conmigo; la otra se encontraba sumergida en la más angustiante ansiedad, por todo lo que había pasado, y todas esas cosas que me hacían desistir de creer que, a estas alturas, había la más mínima posibilidad de…

- ¡Vaya, ¿qué demonios sucedió aquí?!

El contacto visual que, sin querer, me había hipnotizado, se quebró en cuanto Hao se asomó detrás de Ren, quien a todo esto, tampoco pudo evitar sobresaltarse por la repentina irrupción del hermano de Yoh.

- Pues… tengo un hoyo.-susurré.

Bien, estaba actuando de una manera ridícula, pero no podía evitarlo. Lo peor es que todavía no era capaz de decidirme por una sola reacción: ahora me debatía entre si agradecer la llegada de Hao o lamentarme por la interrupción – si bien ni Ren ni yo habíamos pronunciado palabra.

- No me digas. Oye, Ren, ¿no piensas pasar? No es un sitio muy acogedor, pero…

- Estoy bien así. Con permiso.

Lo vi retirarse, mientras una sensación de estar incompleto me amedrentaba. Sin embargo, Hao no pareció notar la tensión del ambiente.

- ¿Decidiste reajustar tu feng-shui o…?

- Problemas de humedad. No es nada.- gruñí, si bien era imposible enojarme con Hao cuando hacía ese tipo de comentarios.

- Lo que digas. ¿Dónde quedó mi anorak?

- ¿Tu qué?

- Mi abrigo, Horito, mi abrigo.

- Aquí está. – se lo indiqué en medio del revoltijo, sentándome sobre mi cama y haciendo, sin querer, una mueca ante su tono de conozco-más-palabras-que-tú.

Hao se aproximó hasta donde me encontraba y tomó su parka del montón; revisó sus bolsillos – me sorprendió que fueran más grandes de lo normal, supuse que se trataba de ropa europea-; sacó un envoltorio de su interior y me lo alcanzó.

- No es nada del otro mundo. Simplemente, me acordé de ti en cuanto lo vi.

- Gracias…

Recibí y contemplé el paquete con cierto asombro. Hao había hecho suficiente con asistir, pero de algún modo, él siempre encontraba la manera de sorprender.

- Sí que estás cambiado, ¿eh?

- ¿A qué te refieres? – fue mi reacción instantánea, que aparentemente, le causó gracia; puesto que soltó una breve carcajada.

- Antes, a estas alturas, ya habrías dado varios brincos por la habitación y abierto mi regalo. Eso, sin mencionar que desde que llegaste, no te he escuchado decir ninguna tontería de las tuyas.

- Pues lamento si lo que digo de pronto ya no te parecen tonterías.-refunfuñé, antes de dedicarme a abrir el obsequio. La verdad es que no me apetecía hablar de mi supuesto cambio.

- Qué sensible, nadie ha dicho que eso sea necesariamente malo.

- Vaya…

Ignoré su débil excusa, concentrado en analizar lo que mis manos sostenían.

- …

- …

- ¿Qué es?

- … Veo que lo lento no se te ha ido. Es un vaso de pinta, tú sabes, los ingleses y sus medidas excéntricas… lo llené de dulces porque sabía que tu ignorancia te impediría agradecerme el detalle como se debe.

- Pues gracias... ¿Qué significa? – indiqué el fino grabado que se veía sobre el cristal.

«If there is a will, there is a way»

- Significa que si de verdad quieres algo, puedes conseguirlo. Es decir, que no debes ser una nena todo el tiempo.

- ¡¿Quieres pelear?! – ofrecí abiertamente, poniéndome de pie y dejando el presente delicadamente sobre un espacio desocupado de mi cama.

Claro que era consciente de que me había acostumbrado a que sólo Ren fuera capaz de sacarme de mis casillas de ese modo.

Hao sólo se rió y me cogió por la ropa, encaminándonos ambos hacia el comedor.

- Hm… - lo miré de soslayo. Se hacía el maduro sólo porque de los dos, yo era un tanto más explosivo para reaccionar.

- Ambos sabemos que te dejaría en el suelo. Además, es tu cumpleaños, y no queremos arruinar tu hermoso rostro.- ante lo último, entrecerré los ojos.

- Ya estás poniéndote como Chocolove.

- Hablando de eso, ¿de verdad siempre deja que lo golpeen así…?

Anna Kyouyama

- ¡¡¡Ah!!!!

Evidentemente, aquel gritito me crispó los nervios, por lo que me giré con la clara intención de hacer callar al culpable con el siempre útil arte de las miradas poco amistosas.

Sin embargo, quedé a medio camino al ver a la amiga de Pilika totalmente enganchada al tonto de Yoh.

- ¡¿Cómo te atreves a asustar a Tamao?! ¡Ahora vas a ver!

- ¡¿No te cansas de molestar?!

Mientras Horo y mi maduro novio emprendían la típica lucha contra Chocolove – el causante de la desagradable escena, por cierto-, vi cómo la tal Tamao se soltaba de su héroe con la cara convertida en un tomate, antes de suspirar como toda una enamorada.

- Jijijiji. – y por supuesto, la risita de Yoh no podía faltar.

- Hermanito, eres un aprovechado.

Mientras Pilika salía en defensa del estúpido heladero pervertido, no pude evitar hacer una breve comparación de ambos hermanos. Lo cierto es que en el plano físico, las diferencias eran contadas; sin embargo, cualquiera meramente capacitado para la observación se daba cuenta de que se trataba de dos personas emocionalmente muy distintas.

A mi parecer, para dar un ejemplo, Yoh era un bobo y Hao era un fastidioso.

Decidí ir por otro bocadillo y, aprovechando el viaje, me quité el abrigo para dejarlo en algún lado donde algún miembro de la panda de tarados que me rodeaba no pudiera derramarle jugo o algo por el estilo; después de todo, era el único que tenía.

- Oye, Puercoespín- llamé su atención, Pilika estaba muy lejos y era la primera vez que me encontraba allí, así que mi duda era razonable:-, ¿dónde puedo dejar mi abrigo?

- Pásamelo, lo llevo a mi habitación. – me pareció poco práctico dejarlo hacer todo, sin mencionar que aquel revoltoso, por muy amigo mío que fuera, no me inspiraba tanta confianza como para entregarle mi ropa de buenas a primeras.

- Puedo llevarlo sola.- le indiqué, impaciente. Necesitaba llevarme algo comestible a la boca, y Horo-horo me hacía perder el tiempo con una facilidad increíble. Desvíe la mirada hacia la bandeja situada sobre la mesa del comedor, y antes de que volviera a fijar la vista en el Puercoespín, alcancé a vislumbrar a Yoh y Tamao conversando amistosamente, aunque ahora por lo menos no estaban pegados como dos calcomanías…

- ¡No!

Concentré nuevamente mi atención visual en el dueño de casa, me pareció que había entendido que no debía gritarme si apreciaba su integridad física; pero como era su cumpleaños, me limité a entregarle mi gabán y permitir que desapareciera antes de que colmara mi paciencia, antes de encaminarme hacia los panecillos, rodeando con mis pasos el nudo humano en que se habían convertido Ren y Chocolove.

No podía negarlo, se me hacía completamente irritante la actitud de mosquita muerta de aquella chica, aún más insoportable que la de Mattise.

- ¿Qué tanto me miras? – inquirí sin ninguna delicadeza, en cuanto me percaté de que los ojos de Manta estaban fijos sobre mí.

- N-nada. ¿Te sirvo jugo? – me enseñó una jarra rodeada de vasos, cercana a las bandejas con comida.

- … Bien. – suavicé mi mirada, olvidando un poco mi anterior enojo.

Después de todo, no tenía motivos concretos para andar de mal humor.

Mientras el enano ejecutaba lo ofrecido, busqué a Ren con la vista, preguntándome a qué hora pretendía retirarse de aquel lugar. Lo lógico era que nos fuésemos juntos; sin embargo, tratándose de la fiesta del Puercoespín, seguramente mi novio desearía pasar más tiempo con él que otras veces.

Aunque Ren lo ocultara, cada vez era más obvio – por lo menos para mí- que Horo-horo se había convertido en una persona importante en su vida. Una de las pruebas, era la facilidad con la que había aceptado asistir a aquel encuentro – lo que sea que fuera aquella reunión, al menos era un lugar agradable en el que estar-, siendo que una de las cualidades imperativas de su actitud era su aversión por los ambientes festivos.

Tampoco era algo sorprendente. A lo mucho, inesperado.

Después de todo, aunque yo no fuera tan obvia como Ren, Horo-horo también se había convertido en alguien valioso para mí, al igual que…

- ¡Yoh…!

- ¿Qué sucede, hermanito?

- Acompáñame un momento. – Hao y el Puercoespín volvieron de donde sea que habían ido. El primero se volvió hacia el cumpleañero, mientras Yoh los veía con curiosidad- ¿Me decías que hay un supermercado a unas cuantas cuadras?

Siguieron hablando un poco, mientras yo sólo los observaba. Vi a Ren llegar, también de algún lugar desconocido para mí – el baño, supuse- y sentí un cosquilleo en el rostro.

- ¡Qué! – gruñí, girándome hacia la derecha.

Pero, contra lo que esperaba, no era Manta quien me veía, sino Tamao.

- L-lo siento…

Desvió la mirada y tomó, con manos temblorosas, una de las bandejas que reposaba sobre la mesa, puesto que ya había sido vaciada. De algún modo, me sentí culpable por tratar así a alguien tan visiblemente débil de carácter.

- Te ayudo. –dejé mi vaso sobre el mueble y le quité sin brusquedad el recipiente que ella había tomado.- ¿Dónde demonios está la cocina?

Ella sonrió con timidez y nos encaminamos juntas hacia la puerta más cercana al comedor, por lo que me frustré, ya que evidentemente, habría podido llegar sola.

Tras entrar a la cocina, que era pequeña pero, como todo en aquella casa, acogedora, dejé la bandeja sobre el horno apagado y emprendí la retirada. Ni siquiera sabía para qué la había “ayudado”, si así podía llamarse mi acción.

- Y-yo no tengo nada con Yoh-kun, ¡por favor no te enojes con él! - ¿perdón?

- … ¿Perdón?

- M-me asusté y lo abracé sin querer, fue culpa mía – por alguna razón, a cada palabra que decía esa chica, más nerviosa me ponía. Me sentí enrojecer gradualmente conforme ella hablaba-; por favor, no te molestes con él, debe quererte mucho y no quiero estropear su-

- Espera un momento, - interrumpí, no sé cómo, pues me encontraba bastante estupefacta por tan bizarra situación- Yoh no es-

- ¡Aquí estaban!

Ambas nos sobresaltamos en cuanto Pilika entró alborotadamente a la estancia, con una sonrisa de oreja a oreja – supuse que por el éxito de la reunión- y la jarra de jugo vacía.

Ignoro por qué, pero me vi incapaz de retomar mis palabras frente a ella.

- Vayan a divertirse, chicas, yo sólo vengo por más jugo y… Mmm, Anna, ¿te gustan las galletas de arroz? No son las mejores, pero tenemos un paquete y…

- Claro, están bien.

- Bien, llevaré unas cuantas.

Pilika se puso a la carga nuevamente, desordenando bastante durante el proceso, por lo que tanto Tamao como yo nos retiramos camino a la sala de estar. Antes de atravesar el umbral de la puerta, sin embargo, me detuve, obligándola a hacer lo mismo.

- Yoh no es mi novio, lo que él haga no me importa.

- …

Como no agregó nada - aunque inexplicablemente, adoptó una expresión de sincera sorpresa-, seguí mi camino, esperando que nadie hubiera ocupado mi puesto en el sofá.

Yoh Asakura

- Anda a avisarle a Pilika, yo a preguntarle a Lyserg si se queda o va con nosotros.

- Jijiji, bien.

Me encaminé a la cocina, satisfecho por lo bien que iban las cosas, a pesar de que Horo me parecía algo raro aquel día; sin embargo, no había tenido oportunidad de hablar con él, así que no podía estar seguro.

Escuché pasos cerca de la puerta, por lo que aguardé a quien fuera que se acercaba saliera. Fue cuando la escuché…

- Yoh no es mi novio, lo que él haga no me importa.

Vi a Annita y Tamao saliendo justo después de que las palabras de la primera llegaran hasta mis oídos.

Incluso en cuanto salieron de mi campo de visión, sentí que mi vista seguía sobre el rostro de Anna, cuyos ojos, como siempre, estaban fijos lejos de mí.

Pues lo que ella acababa de decir comprobaba que yo nunca sería lo que ella querría ver.


Estimado(a) lector(a), tiene usted las siguientes reacciones posibles a su disposición:

a) putearme

b) pronunciar un indignado 'ya era hora!'

c) reconocer el esfuerzo enfrascado en estas 13 páginas de expiación

d) preguntarse en qué momento de su vida puso esta historia en Alert (ya se le había olviado su existencia xD)

e) todas las anteriores

(aunque personalmente creo que la opción (e) lleva implícitos algunos síntomas de personalidades múltiples)

Así que, qué puedo decir. Demoré mucho, mentiría si digo que no me importa. Lo siento.

Pero así es la vida, y aquí estoy, dando la cara para que me abofeteen. Debo decir ( y no, no es sólo para que no me abandonen. aunque hay cierta intención xD) que estos capítulos que se vienen traerán bastantes respuestas. Por ejemplo, pronto sabremos por qué Horo e Yoh se cambiaron de escuela, y qué monos pinta Nichrome en todo esto.

Gracias por (todavía) leer. Nos vemos pronto. Espero. Lo intentaré D:



Return to Top