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Author of 9 Stories |
N/A: Estoy segura de que ya lo sabréis porque Stephenie Meyer ha actualizado su web para que los fans puedan echar un vistazo al primer capítulo de Midnight Sun –la auténtica versión de este fic. Si no lo has leído, te sugiero que lo hagas, ¡es increíblemente intenso! Ahora, ya podéis entender lo que quería decir cuando dije que mi trabajo es bastante inadecuado y no le llega ni a la suela de los zapatos. No temáis, voy a seguir el fic a pesar de eso.
Ha pasado bastante desde que escribo algo que no sea del libro y salga de mi propia cabeza, me refiero a los diálogos, así que tengo que agradecérselo a mis lectores beta. Pel me ayudó con el argumento, tanto con las partes que no sabía cómo rellenarlas como con el principio, así las secuencias tienen sentido; y Red Devil se encargó de problemas con la transición de los hechos. Así que, ¡bien hecho!, ¡a los dos!
Por favor, no esperéis otra actualización para final de mes. Podría ser que posteara el capítulo antes, pero no quiero daros esperanzas para nada. Ya veis, me voy de casa el próximo miércoles y estaré fuera una semana visitando a Pel, además de ir a almorzar con Stephenie Meyer. No volveré a casa hasta el lunes, así que es bastante imposible que sea capaz de inventarme algo coherente mientras tanto, en mi tiempo libre. ¡Estoy emocionada!
Deseo que este capítulo sea lo suficientemente largo y lleno de diversión vampírica para satisfaceros hasta la próxima actualización. No necesito poner advertencias, pero este capítulo se excede un poco del rating, así que tened cuidado con palabras malsonantes y situaciones adultas.
CAPÍTULO DIECISIETE
No me sorprendió encontrarme a Rosalie en casa, esperándome, y totalmente encolerizada. Había estado escuchando mentalmente sus pensamientos desde el coche y su imparable rabieta, así que sabía lo que me aguardaba. Mi listón con ella había sido demasiado alto pero, aún así, su furia no era algo a lo que deseara enfrentarme en estos momentos. Para nada. De todos los miembros de mi familia, incluso teniendo en cuenta a Emmett y su poderosa fuerza o a Jasper y su facilidad para perder los nervios, Rosalie era la que peor carácter tenía. Por eso estaba preocupado… por la discusión que sabía que vendría. Ni siquiera había puesto un pie en la casa cuando las acusaciones y los insultos verbales empezaron a surgir.
"Tú, ¡hijo de puta! ¡Eres un total y completo hijo de puta!"
"También me alegro de verte, Rose," suspiré. Hice un repaso mental de la casa para localizar al resto de mi familia. Carlisle y Esme escuchaban desde la cocina, manteniendo las distancias pero lo suficientemente cerca como para hacer acto de presencia si esto se nos escapaba de las manos. Emmett y Jasper estaban en sus respectivas habitaciones. Habían decidido sabiamente no entrometerse en el camino de Rosalie. Alice era la única mente a la que no pude localizar.
Los ojos de Rosalie eran fieros y peligrosos. Me fulminó con la mirada. "Ni intentes ser dulce conmigo, no con este tema. ¡No tenías ningún derecho a contárselo todo! ¿Es que no respetas a nadie de tu familia?"
"En realidad, sí. Os respeto a todos de corazón, pero te equivocas en presuponer que se lo he contado todo."
Se río fríamente y con sorna. "Eres un mentiroso. Escuché la conversación que tuviste con ella durante el almuerzo. Lo sabe. Sabe qué somos, lo que hacemos, dónde cazamos…"
"Nunca le dije dónde cazamos," la corregí.
Sus ojos relucían como si fuera fuego. "¡Pero lo sabe! Eso es lo que importa, Edward. ¡Lo sabe! ¡Se lo has dicho!"
"No," repetí. "Como te he dicho antes, no se lo he contado. Lo ha adivinado ella."
"Sólo lo ha adivinado porque, prácticamente, lo insinuaste delante de sus narices. Tendría que haber sido una imbécil para no darse cuenta, más tarde o más temprano."
"Honestamente, si quieres echar la culpa a alguien por darle pistas para que lo adivinara, culpa a Jacob Black."
"¿Quién?" Se desconcertó durante unos momentos.
"Jacob Black. Es un Quileute. Es quien dijo a Bella la verdad."
Mi padre salió de la cocina donde estaba escuchando con mi madre, justo detrás de él. "¿Uno de la tribu de los Quileute le habló de nosotros?, ¿a una humana?" No es que Carlisle estuviera metiéndose donde no le llamaran, pero sus pensamientos me contaban que se sentía en la necesidad de estar aquí. Rosalie me llamó y me contó lo que habías hecho.
Eso lo explicaba. "Técnicamente, no lo hice yo, Carlisle. Este chico, Jacob Black, le contó sobre nosotros y nuestra historia."
"Entonces, ¿rompió el tratado?" Preguntó Carlisle con tranquilidad. "Es bastante difícil de creer. ¿Por qué haría una cosa así? ¿Qué gana con ello?"
"Puede que sea difícil de creer pero es lo que ha pasado. Aún así, no conozco todos los detalles."
"A la mierda con el tratado," interrumpió Rosalie. "¡El verdadero problema aquí es que ahora nos tenemos que preocupar de que una tonta humana no salga corriendo para decir a todo el mundo que hay vampiros en este pueblo, viviendo en las afueras!"
"Rosalie…" Empecé, pero no tenía nada inteligente que decir.
"¡La observa mientras duerme! Se queda en las sombras de su habitación como si fuera un voyeur vicioso." Anunció Rosalie. "Me lo ha dicho Alice."
"¿Tú qué?" Dijo Carlisle boquiabierto, a mi lado.
Retrocedí en mi interior pero me mantuve estático. No le había dicho a nadie de mi familia lo que hacía todas las noches. Supusieron que, simplemente, iba a ver la casa de Bella, no que, de hecho, entrara –una suposición que, hasta ahora, no tenía ninguna intención de desmentir.
"¿Edward?" La voz de Carlisle me tanteó. Estaba decepcionado. Claramente, hablaríamos más tarde, pero a mí me preocupaba el ahora.
Lo mejor era dar una media explicación. "No sabe que estoy allí. No hay rastro alguno de mi presencia, no hago ruido. De verdad, no lo sabe."
"Pero lo sabrá," presionó Rosalie. "Ahora que conoce tu secreto, se dará cuenta de ti… de nosotros. Y hablará, ahora o después."
"Bella nunca diría nada," insistí.
"¿Y cómo lo sabes?" Me retó ella.
"Porque la conozco. No me haría daño. Ni a mí, ni a vosotros."
"Oh, sí, la conoces. Tú la amas." Se mofó. "No sabes ni una mierda sobre ella, ¡Edward! Te has obsesionado con una humana, la observas mientras duerme, ¿eso te ayuda para saber sus pensamientos, lo que divaga por su mente? ¡Ni siquiera puedes escuchar sus pensamientos!"
"Confío en ella. No dirá nada."
"Bueno, ¡perdóname si no comparto esa confianza!"
"¿A qué tienes miedo, Rosalie? Explícamelo. Sé sincera." Salté.
"¡Hablará!"
"¡Si lo hace, nadie la creerá!"
"¡Va en contra de las reglas! No dejar pistas. No contárselo a nadie. Has roto la más antigua de nuestras reglas, Edward, y yo no voy a ser la que lo pague."
Por mucho que odiara admitir esto, tenía algo de razón. "De nuevo, técnicamente, no he roto ninguna de esas reglas, y nadie espera que seas tú la que lo pagues."
"Pero esperas que la dejemos en paz, que dejemos que sepa sobre nosotros y que no hagamos una puñetera cosa al respecto."
"Pues sí," afirmé.
"Esa boca, Rose," dijo Esme suavemente.
"Hablo cómo me da la gana, Esme. Edward espera que no hagamos nada, lo que, en esencia, se traduce como ayudarle," soltó. "Si no hacemos nada con el hecho de que una humana sepa nuestros secretos, entonces eso nos hace cómplices. Yo, por una vez, no quiero que se me envíe al Infierno por su incapacidad de pensar con propiedad."
Fruncí el ceño. "¿Qué quieres decir?"
Se burló entrecerrando los ojos. Eres tan ingenuo a veces.
"¿Ingenuo sobre qué?"
"Oh, por favor. Eres como cualquier hombre, mortal o vampiro. Cuando os enamoráis, olvidáis pensar con vuestro cerebro y dejáis que otras áreas de vuestro cuerpo hagan las decisiones."
Mi enfado se incrementó y adelanté unos pasos, amenazante, hacia la hermosa rubia que me sonreía. Con malicia.
"Edward," me avisó Carlisle. No lo hagas.
Tomé una bocanada de aire, intentando calmar las emociones que pugnaban por salir ante su obscena sugerencia cuando, de repente, un pensamiento cruzó por mi mente. "Sabes, Rosalie, no me sorprende que tú me regañes por tener problemas en pesar correctamente cuando se trata de la persona amada. Después de todo, tú sabes las consecuencias de tomar decisiones imprudentes."
Sus ojos se cerraron hasta ser dos rendijas. "¿De qué hablas?"
"¿Por qué no traemos a Emmett aquí y se lo preguntamos?"
Obviamente, había hurgado en la llaga, porque Rosalie bramó esta vez. "¡Le salvé!"
"¡Tú le querías, así que lo tomaste!" La corregí.
"¡Se estaba muriendo!"
"Sabes, Rose, estoy muy cansado de escuchar que me digas continuamente que me mantengamos alejado de los humanos. Si hubieras puesto en práctica lo que predicas, Emmett no sería parte de esta familia. ¡Así que ni se te ocurra decirme que me aparte de Bella!"
"No tendría ningún problema si la convirtieras. ¡Tengo un problema con tu deseo de que sea humana!"
"Así que, me estás diciendo que si hubieras tenido oportunidad de dejar a Emmett como humano en vez de convertirle, ¿no lo hubieras hecho? Le hubieras cambiado, ¿a pesar de la situación?"
Tuvo que pensárselo. Era diferente. "Hubiera muerto."
"Si lo hubieras encontrado sano, normal. Vivo y en perfectas condiciones. ¿Le hubieras dejado en paz?"
La confusión era evidente tanto en su cara como en su mente. ¿Cómo puede preguntarme esto?
La estaba pillando. "Sólo responde, Rose. Ponte en mi lugar. Imagina por un momento que ves a Emmett, humano, cuando estaba vivo e intacto. ¿Te hubieras alejado de él, entonces? ¿Dejar que viva su vida sin tener ningún tipo de contacto contigo?"
"Sí," dijo con dificultad, pero pude escuchar la duda en su mente. Supongo que hubiera sido lo suficiente fuerte como para dejarle vivir.
"Vayamos un poco más lejos. Imagina que te ve. Ve lo hermosa que eres."
No quiero escuchar esto.
Finalmente, estaba llegando a alguna parte. "Te ve y no puede dejarte sola. Quiere hablar contigo, escuchar tu voz, tocar tu piel."
No. Para.
Su resistencia sólo me provocó para presionarla más. "¿Puedes, honestamente, mirarme a los ojos y decirme que te hubieras marchado, alejarte de él, y nunca regresado?"
¡PARA!
"No, no lo haré porque necesito que sepas lo que es Bella para mí. La aparté de mí, y a pesar de eso, viene a mí. Por mucho que lo intente, no soy tan fuerte como para resistirme a ella por más tiempo."
La cara de Rosalie se suavizó un poco. No puedo creerlo. ¿Tanto la quiere, de verdad?
Casi me reí. "La quiero más que a nada de este planeta."
"Entonces transfórmala."
Suspiré, incrédulo.
"Me has preguntado. Aquí tienes mi respuesta. Si hubiera encontrado a Emmett vivo e ileso, y él hubiera querido estar conmigo, hubiera tomado la misma decisión. Le hubiera convertido."
"¿Cómo puedes estar segura de eso?" Dije, escéptico.
"Porque no es natural estar con alguien que no es tu igual. Hubiera querido que formara parte de mi vida, sin importar lo nefasto que eso fuera."
"¿Incluso si eso significa arrebatar su humanidad?"
"Si le hubiera dado esa elección y él hubiera querido esto, pues sí."
Sacudí la cabeza, contrariado.
"Y yo lo hubiera hecho, también. " Dijo Emmett entrando en la habitación y poniéndose al lado de Rosalie. "Nunca hubiera querido vivir sin ella. ¿Qué tipo de vida hubiera sido ésa?"
Sus miradas se encontraron y los pensamientos que cruzaban por sus mentes eran personales e intensos. Me giré, furioso por cómo había terminado la conversación, y me dirigí a mi habitación. La voz de Rosalie me detuvo a mitad de las escaleras.
"Edward."
"¿Qué?" Dije sin molestarme en darme la vuelta para encararla.
"Todavía estoy enfadada contigo."
Eso no me sorprendió. "Doy por hecho que nuestra pequeña visita a Port Angeles se ha suspendido."
"En realidad, no. Ahora me he preparado más psicológicamente para ello." La miré por encima del hombro mientras continuaba. "Tengo que desahogarme con alguien."
Asentí y retorné en mi tarea de subir las escaleras. Al final del todo estaba Jasper, casualmente apoyado contra el marco de la puerta de su habitación y de Alice.
¿Le has dado la opción?
Resoplé, frustrado. "Mira, apenas ha pasado un día desde que se enteró. Ni siquiera he admitido delante de ella que la quiero, lo profundamente enamorado que estoy de ella. Creo que es un poco pronto ofrecerle una maldición eterna, ¿no te parece?"
Se encogió de hombros. "Pues, Edward, cuando le digas lo mucho que la quieres, pienso que merece tener el derecho de elegir por sí misma."
Esto no era lo que quería escuchar. "¿Hubieras escogido esta vida? Sé sincero. Dado todo lo que sabes, todo por lo que has pasado, ¿hubieras escogido esta vida?"
Matar humanos… No. No hubiera querido eso.
"Aquí tienes la prueba" dije, sintiéndome triunfante.
"Pero Bella no tiene por qué matar humanos."
Mis hombros cayeron como signo de derrota.
"Escucha, es diferente lo de Bella que lo mío. Me dieron una vida a la que miro con deshonra. Me enseñaron a matar sin sentir remordimiento por mis acciones. Mi educación, por falta de una palabra mejor, me ha torturado mentalmente por más de un siglo. Hasta ahora, tras estar muchos años con Alice y con todos vosotros, todavía me resulta difícil distinguir a los humanos como algo que no sea comida."
Me tambaleé un poco, agitando la cabeza, de acuerdo con él.
Antes de que pudiera expresar la auténtica razón por la que no quería cambiar a Bella, Jasper avanzó un paso hacia mí; sus ojos, intensos y sinceros.
"Pero Edward, si Carlisle se hubiera acercado a mí y me hubiera dicho que había una manera de existir sin arrebatar vidas humanas, cazando animales, que podía tener mi inmortalidad, fuerza, conocimiento de varios siglos, consejos… sin derramar sangre humana y, para acabar de rematar, teniendo la eternidad ante mis ojos con Alice, no me lo habría pensado ni dos veces."
"¿Hubieras renunciado a tu humanidad?"
"¿Por Alice?" Sonrió. "Hubiera renunciado a cualquier cosa por Alice. Mírame. Renuncié a la sangre humana por ella."
Miré al suelo, perdido en mis pensamientos y desesperado por encontrar una respuesta convincente a sus palabras, pero no fue así. "¿Dónde está Alice, de todas formas?"
"Se enfadó consigo misma por decirle a Rosalie lo que haces cada noche y no quería estar aquí mientras durase la discusión. Sentía que te había traicionado."
"No me ha traicionado. Era algo que se iba a descubrir, igualmente," suspiré. "¿No pudo ver que la iba a perdonar?"
"No lo sé. Tendrás que hablar con ella."
"Genial. La única persona que está de mi parte considerando el tema y ahora, huye de mí."
"Yo estoy de tu parte."
Eso me descolocó. "¿Lo estás?"
"Puede que no me sienta muy cómodo con humanos que conocen nuestra forma de vida, pero confío en ti, Edward. Si dices que Bella Swan no dirá nada, te creo."
El cambió de tema me dejó sin palabras. Sentí su mano encima de mi hombro a la par que una onda de confort me inundó.
"Jasper," empecé.
"No es que diga esto muy a menudo, pero Rosalie tiene razón. Necesitas pensar esto mejor."
"Por favor, no intentes convencerme a hacer algo que vaya en contra de mi juicio ahora."
"No te estoy convenciendo para que hagas algo así. Sólo pensé que querrías tranquilizarte un poco antes de ir a Port Angeles y darle a esa bazofia humana una lección."
Hice un atisbo de sonrisa al darme cuenta de lo que me hablaba. "Gracias, pero creo que es Rosalie la que necesita tu ayuda en este momento."
Se rió. "No te preocupes. Entra en mis planes ir a por ella ahora después."
Hasta el crepúsculo, no vi a nadie más de mi familia. Me senté solo en mi habitación, escuchando música en un intento de olvidarme de los pensamientos de mi familia, ansiosos, sobre la trifulca que había tenido con Rosalie y mi decisión de estar con Bella a pesar de ser humana. Me concentré en lo que me había dicho Jasper: en admitir cómo me sentía. No tenía argumentos en contra de lo que me había dicho, pero me negaba en rotundo. Nadie querría esta vida de oscuridad y sangre voluntariamente; especialmente Bella. Era demasiado pura, demasiado angelical para verse rodeada de las tinieblas. Maldita. Y sabía que yo nunca sería capaz de amarla totalmente, como un hombre ama a una mujer, a menos que fuera una vampiresa. Eran pensamientos complejos y desconcertantes, pero el sol empezaba a ponerse, y sabía que mi reflexión tenía que acabar.
Dejé mi cuarto y me acerqué al de Rosalie. La encontré de pie, delante de su espejo de imagen entera, admirando su reflejo. No me hubiera sorprendido si la hubiera visto con ropa de diseño, pero ahora no se daba el caso. Estaba ataviada, de pies a cabeza, en uno de los trajes más horrendos que había visto nunca. Ceñido a su cuerpo, una diminuta camiseta escotada que dejaba poco a la imaginación y una mini falda de cuero, roja, que era más mini que falda. También llevaba botas altas, de cuero, con tacones de aguja.
"Pero ¿qué llevas?" Dije, pasmado.
Me dedicó una sonrisa deslumbrante. "Te dije que quería darles una lección."
"Ya, pero pareces…"
"¿Una puta? Ésa es la idea, Edward."
Junté el entrecejo. "¿Quieres enseñarle a esos hombres que no deberían flirtear con una meretriz?"
"No," me reprendió. "Quiero mostrarles que, sólo por que una mujer parezca que lo quiere, no significa que en realidad sea así." Puso su cara más inocente mientras decía, "Las prostitutas también tienen sentimientos, Edward."
"Te lo aseguro, no lo sabía."
"¿Qué pasa? ¿No quieres ser visto con una puta? ¿Estás preocupado de que mancille esa virginal reputación que tienes?"
Esta me la guardaba.
Me sonrió con cierto toque seductor, "A Emmett le encanta."
"No lo niego," murmuré, soltando un bufido.
"Pienso que tendría que ir hacia ellos, atraerlos, y entonces…"
"¿Y entonces?"
"Bueno, depende de lo agresivos que se pongan conmigo."
"¿Y yo qué? ¿Se supone que tengo que mantenerme al margen y observar?"
"No. Eres libre de aparecer cuando quieras. Después de todo, es tu pelea la que voy a terminar."
Sacudí la cabeza, atónito. "¿Tu coche o el mío?"
Soltó una risotada. "¿Crees que una furcia conduciría un Volvo?"
Arqueé una ceja. "¿Qué tienes en contra de mi coche?"
"No es… femenino."
"Luego, el descapotable."
Descapotable, sí… El mío, no.
"¿Rose?"
"Lo pensé anoche mientras maquinaba el plan. No hay muchos hombres que sean ricos en esta zona para que puedan pagar a una ramera suficiente dinero como para permitirse un coche tan precioso como el mío."
"¿Y qué es lo que tienes en mente, pues?"
"Bueno," sus ojos relucían con emoción. "Salí anoche y encontré este pequeño descapotable Volkswagen Beatle, de época, que es perfecto para esta insignificante farsa… Es bastante común para que pertenezca a la clase baja pero lo suficiente mono para una chica de trabajo. Está en el concesionario de las afueras. Puedo hacer que arranque sin necesidad de llave cruzando los cables sin complicaciones, tomarlo prestado por la tarde y devolverlo en el mismo sitio sin que nadie sospeche nada."
Incongruente era, modelo y mecánica; a Rosalie le volvían loca los coches. Por ahora, al menos, teníamos algo en común.
Haciendo honor a su palabra, a Rosalie le costó sólo tres minutos hacerse con el coche. El motor rugió y salió a la carretera. Puesto que era yo quien sabía el lugar por donde solían frecuentar esos hombres, me encargaba de ser el guía. Llegamos justo después de que se hiciera de noche, y tomé nota mental de que la última vez que conduje hacia aquí, fue casi una hora lo que costó. El viejo Beatle era más rápido que el coche de Jessica Stanley.
Bajé hacia la familiar calle donde Bella había paseado una vez, saliendo de la librería que quería visitar, y adentrándose en la zona menos poblada de la ciudad. Donde aparqué mi coche.
Rosalie había parado en una calle más lejana; para que pudiéramos estar a una buena distancia pero no tan lejos como para que no pudiera escuchar sus pensamientos.
Pita si me oyes.
Toqué la bocina y sonó como si hubieran pegado al parachoques.
Me quedaré por aquí cerca del coche. Lo entenderán.
Miré a mi alrededor, buscando cualquier tipo de señal que me indicara que se aproximaban, pero todo me recordaba a la otra noche cuando había estado aquí con Bella. Todo excepto los molestos, impacientes e inconexos pensamientos de la mente de Rosalie.
¿Dónde están?
¿Es que esperaba que le contestara?
Unas voces lejanas me advirtieron. Desvié mi atención mientras veía a cuatro hombres surgiendo de las sombras, cambiando su trayectoria deliberadamente y yendo hacia la de Rosalie.
No te encuentras a muchas como ésa aquí.
Es una zorra buenísima.
Apuesto a que está como un tren.
Por todas las mujeres. Mira esas curvas.
Sus mentes eran tan vulgares y repugnantes como recordaba.
Eh. ¿Son ellos?
Rosalie los había visto también, obviamente.
¿Franela? ¿No podrían haber atacado a tu princesita humana otros hombres? ¡Menudo gusto!
Típico. Dejar que Rosalie infravalore el encuentro como si se tratara de una reunión de moda y hablar de la apariencia física.
"Hey, nena, ¿estás ocupada?"
Habían picado el anzuelo.
"Quizá. ¿Buscáis pasar un buen rato?"
"Oh, preciosidad, contigo estoy seguro de que lo haré."
"Entonces, que venga uno de vosotros aquí y hablaremos de negocios."
¡El único negocio que tengo en mente es metértela por esa falda! Se lo voy a hacer tan fuerte que no podrá caminar mañana.
Rosalie los tenía distraídos a conciencia con su flagrante actuación, así que me aventuré sigilosamente a descender por la calle, donde pudiera presenciarlo todo más cerca, en la oscuridad del callejón. La habían rodeado. Les escuchaba. Sus mentes, creyendo que le habían bloqueado cualquier vía de escape. También podía escuchar en la mente de Rosalie que su plan era deshacerse de ellos.
El tipo con el pelo rojo parece que sea el cabecilla. Me ocuparé de ése primero. Será fácil, pero necesito hacer esto rápido. Ya ha puesto las manos en mí… Que por cierto, qué sucias están. Me debes un nuevo atuendo porque ni de coña me voy a poner esta cosa otra vez. No después de que esta bazofia haya respirado en ella.
Típico de Rosalie.
"Así que… ¿Qué es lo que tenéis en mente para esta noche?" La escuché decir en la voz más suave y aterciopelada de la que fue capaz.
El hombre pelirrojo recorrió su costado con la mano, memorizando sus curvas. "Estoy pensando que me gustaría verte desnuda." Los otros tres le animaron.
"Um… seguro," dijo con una sexy sonrisa. Pervertido.
"Y me gustaría verlo jodidamente pronto antes de que explote." Agarró la tela de su camiseta y la rasgó, rompiéndola; alardeando de su fuerza. Necesita saber que trata con un hombre de verdad.
"Wow," dijo Rosalie con claro sarcasmo. "Te gastarás una pasta si es así cómo te quitas la ropa."
"La única ropa que me voy a quitar son mis pantalones, nena. Es tu cuerpo el que quiero ver." Predecible, sus secuaces se mostraron de acuerdo con comentarios groseros y gruñidos. Me hastiaba, porque me recordaba a cómo se habían comportado con Bella.
Rosalie se arrimó hacia él. "Bueno, es un alivio. Me preocupaba tener que ver tu cuerpo desnudo y fingir que me gustaba."
Sus ojos destellaron. "¿Qué has dicho?"
"He dicho que no disfrutaría si te viera desnudo. Eres pequeño… y hueles raro. Así que, como ya no tengo que fingir que estoy pasándolo bien…"
"¡Tú, zorra!" El hombre fue a darle un puñetazo, pero fue recibido por la dura piel de su cara. Tan dura como la piedra. Gritó de dolor y sujetó su mano herida.
Rosalie seguía impertérrita. "¿Debería decir ay? ¿Eso te haría sentir mejor?"
El que había intentado golpearle la miró con asombro y dolor. "¿Quién hostias eres?"
"La última mujer que pensaréis en hacer daño." Y le pegó un puñetazo.
Un sonoro crujido se escuchó, y no estaba seguro de si fue cuando le atizó en la cara o porque su mandíbula se había roto. El hombre tropezó hacia atrás y se dio de bruces contra el suelo, gritando en agonía. Otro de su grupo se movió hacia su camarada herido.
"Déjale," exigió Rosalie.
"¡Vas a pagar por esto, puta!" dijo el otro, temporalmente ignorándola y agachándose para ayudar a su amigo.
Error. A Rosalie no le gustaba que le replicaran, lo sabía por experiencia propia. En un chasquido, la afilada punta de su bota se incrustó en su tórax. No hubo huesos rotos, pero se cayó, resollando como pudo, intentando respirar.
Como era de esperar, los demás salieron corriendo. No tenían intención de caer ante Rosalie, que iba alternando a la hora de pegarles patadas a los dos restantes.
¿Es algún tipo de Amazona?
Y una mierda me quedo para ver cómo termina esto.
Tenemos que salir pitando de aquí. No me puedo creer que me dejé la pistola en el coche.
Estaban demasiado ocupados mirando hacia atrás para darse cuenta de que iban a chocar conmigo. Como quien no quiere la cosa, extendí mis brazos y esperé que llegaran. Tras el impacto, ambos se deslizaron en un ruido sordo, golpeándose las cabezas contra el pavimento tan fuerte que sus cráneos rebotaron.
"¿Ya os vais?, ¿tan pronto?" Dije, de pie frente a ellos.
"¿Pero qué…?" Joder, ¿quién este tío?
Mierda, otra vez él. Pero ¿con cuántas chavalas va este tipo?
Rosalie cruzó la calle, negando con la cabeza. "¿Eso es lo mejor que puedes hacer? Yo los hubiera cogido y hubiera hecho chocar sus cabezas."
"Oye, se dieron contra el pavimento con la cabeza. Dos por el precio de uno, ¿eso no te parece lo suficientemente bueno?"
Entornó los ojos y se puso de cuclillas para tener unas palabras con ellos quienes, desesperadamente, intentaban ponerse en pie. "¿Qué pasa, chicos? ¿Por qué no huís? No me digáis que tenéis miedo de alguien tan inofensivo como yo."
Vete a la mierda, zorra.
Incapaz de aguantarse, intentó hacerle la zancadilla a Rosalie, pero ella ni se inmutó. Le cogió del brazo, cerciorándose de que lo agarraba sin suavidad, y se lo retorció, tirando de su cabeza hacia su estómago y dejándole cicatriz en el proceso. "Obviamente, mi querido hermano no se ha ocupado de vosotros tan bien como pensaba," dijo, mirándome de soslayo. "Se ha enternecido un poco, ya veis, pero no yo."
Y con eso, le estrelló la cara contra el pétreo asfalto. Le rompió la nariz.
Desde la otra parte de la calle, el hombre con el pelo rojo profirió un muy violento grito, "¡Puta!"
"Yo me encargo," dije, empezando a caminar hacia él.
Rosalie se irguió para detenerme. "Oh, no, permíteme. Necesita aprender esto de una mujer."
Cruzó la calle inopinadamente y se colocó delante del enfurecido hombre. "Puede que sea una zorra, pero al menos, no soy una violadora."
Cometió el error de escupir en su rostro.
Con un sutil y rápido movimiento, Rosalie le dio un rodillazo en sus partes nobles. Hacía cientos de años que yo no podía sentir realmente ese dolor, pero podía recordarlo. Para él, la dura rodilla de Rosalie sería equiparable a ser golpeado por una bola de demolición. Se dobló con la cara contorsionada. Se quedó congelado por el dolor mientras caía contra el suelo.
Queriendo hacer que esa estúpida cabeza suya entrara en razón, Rosalie puso el pie encima de su garganta y dijo, "Nunca, pero NUNCA, vuelvas a hacer daño a una mujer otra vez. ¿Me oyes?" Se concentró en otro de los que había atacado antes. "¿Me oyes?" Asintió con la cabeza, alejándose de ella y cubriéndose sus partes con las manos, sus ojos abiertos de terror.
Volvió a mirar al hombre que estaba en el suelo. "Sólo para asegurarme de que no puedes hacer daño a otra mujer nunca más… " Como traca final, golpeó sus partes privadas, haciendo que chillara de auténtico dolor.
Sacudiéndose su largo y dorado cabello, Rosalie me llamó por encima del hombro a la par que se contoneaba hacia el coche. "Ahora me siento mejor. Te veré en casa, Edward. Me he divertido bastante hoy, ¿tú no?"
N/Sango: Rosalie for president.
No digo más en esta actualización. Salvo que muchísimas gracias a todos y que espero que sigáis disfrutando este fic. Me hace gracia comparar la forma de hablar de Rosalie con la de Edward. Este chico es educado para todo.
Os adoro,
Sango.