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Aclaración: Naruto y compañía no me pertenecen. En cambio, la idea de esta historia sí. Las letras de canciones corresponden a sus respectivos autores (de quienes haré una lista cuando termine el fic.)
Capítulo 11
Sirviendo a un fantasma.
Me quedé quieta. Petrificada. Una estatua tenía más movilidad posible que yo, aún sabiendo lo contradictorio de este pensamiento. De hecho, cualquier cosa podía gesticular o siquiera, accionar de alguna manera mucho más de la que se me permitía en ese preciso momento.
Justo cuando él me sostenía el rostro y sentía sus suaves y largos dedos deambular a gusto por mi mejilla helada, intentaba recordar como se hablaba, y mucho más, como pronunciar aquel nombre sin que se me quebrara la voz a medio intento.
Itachi…
Me mantuve en el suelo, sin importarme lo fría que se sentía la hierba a través de la tela de mi ropa, o siquiera, los gritos en reprimenda de Madame Tsunade que se acercaba rápidamente hacia donde me encontraba. Menuda imagen le estaba ofreciendo.
Pero no podía evitarlo. No podía, o más bien, no quería.
Si me movía, si parpadeaba, o si cambiaba de posición, podía perder detalle de aquel rostro que tenía enfrente, materializado luego de que en mi mente solo fuera un recuerdo de algo que nunca más volvería a ser posible.
Posible, o cierto. O real.
Probablemente todas las anteriores, más algo con lo que no contaba. Y esto era, la sensación que estaba experimentando en el medio del pecho, como si con su mirada hubiera sido capaz de extender una daga y realizar un corte casi quirúrgico por sobre la ropa hasta dar con mi corazón, abriéndose paso por mis costillas. Porque era doloroso.
Todo en él era intenso, penetrante.
-¿Sakura, que diablos haces ahí? Ven, llegaremos tarde- indicó Madame Tsunade, levantándome con cuidado del suelo. Ladeé el rostro, casi en un acto reflejo para reaccionar a lo que me decía, obligando a mis ojos a dirigirse a cualquier punto x en lugar de los oscuros horizontes de él.
Con torpeza, enderecé mi ropa y le dije que me esperara dentro, que ya iba, pero que en ese momento me encontraba algo mareada y tomaría un poco de aire para despejarme. Y lo curioso es que esto no era una mentira solo para hacer que ella se marchara.
En parte.
Mi universo personal estaba sacudido de pies a cabeza, en una especie de cataclismo nunca experimentado. La revolución de lo dormido, usando expresiones más y más teatrales. El
corte extendiéndose virulento por mi sistema, más allá de mi corazón, más allá de mi cuerpo enfermo.
Atosigaba todos los sentidos, atropellándome en el camino.
-Estaré bien en unos minutos…-suspiré, ante la mirada escrutadora de la dueña de mi anterior hogar. Rogué con mi expresión que lo creyera, y acto seguido, ella avanzó rauda por el jardín hasta la entrada del edificio.
Seguí su camino con la vista, preguntándome que tanto quería permaneciendo allí. Debía haber ido con ella, debía haberme levantado con prontitud y emprender el mismo sendero que Madame, sin pensar un momento en mirar atrás, haciendo el tonto que nada había pasado.
Que él no estaba allí, y yo no me sentía así. Que los fantasmas del pasado no estaban tocando mi espalda, y yo no sentía escalofríos por otra cosa que no fuera el frío.
Sí, el frío y solo eso.
Únicamente eso.
Y sus manos níveas. Sus manos pálidas y venosas. Sus manos, siempre frías…como el Invierno.
Corté el hilo de aquellos pensamientos, luego de reprocharme interiormente por lo que hacía o siquiera especulaba hacer. No tenía sentido razonar conmigo cuando mi propia idiotez alzaba la voz en cuello para que yo le hiciera caso y no estaba esforzándome demasiado en llevarle la contra.
Aún así, cuando tomé coraje- o más estupidez, da igual- y volteé a verlo nuevamente, él permanecía en muda expectación, sentado y tan quieto que lo único que daba indicio de que era un ser vivo era el aliento que se escapaba por sus labios desvaídos.
Costaba creer que de aquellos labios hubieran salido palabras.
Sentí como la tentación de hablarle seguía arrejuntándose en mi garganta, pugnando para salir en una perorata sin gran lógica, por lo que cerré los ojos y comencé a maldecir mentalmente. Mis pies estaban trabados, mis piernas no se daban por aludidas cuando les ordenaba moverse y alejarme de allí- aún cuando hacía solo un momento les había ordenado acercarme lo más rápidamente a ese lugar- y yo resistiendo todas las preguntas que hacían mi pecho subir y bajar de enferma ansiedad.
No te muevas, pensé. No hagas un singular sonido, o será el comienzo de algo irrefrenable.
Y entonces sucedió.
El tacto suave de unas manos masculinas se hizo dueño de mis mejillas, evitando que pudiera bajar el rostro al suelo para disparar allí las extravagantes lágrimas que se atrevían a hacer acto de presencia.
¡Pero, maldita fuera! ¡Moría por dejarme caer allí mismo y ponerme a gritar y a llorar como una niña pequeña!
Una niña, sin culpa. Una niña sin maldad. Una niña inocente.
Apreté los ojos hasta que dolió.
¿Por qué?
La pregunta resonaba tanto y con tanta fiereza como si nunca hubiera dejado de ensordecer mi cerebro con su crueldad.
Abrí despacio los ojos y encontré su oscuridad frente a mí. Era bastante mas alto que yo, como lo recordaba y con sus manos mantenía mi rostro en seguridad, acariciando con su pulgar el recorrido de mis lágrimas. No decía nada. Solo miraba. Me miraba.
Y, diablos, que sabía bien que mucho de aquello era por él.
Sacudí mi cabeza despacio y pronto entendió que quería que me soltara. Así lo hizo, pero quedó quieto, sin moverse un centímetro, mirándome aún con sus orbes nocturnas, más aún, con aquellas ojeras que le daban la cuota extra de muerto-vivo. Y tan delgado, que deseaba preguntarle si estaba enfermo o alguna cosa por el estilo, porque se veía espantosamente mal.
Aún así…
Aún…así.
De algún lado pude esbozar una sonrisa antes de ponerme en camino.
-Me ha dado gusto volver a verte, Itachi- murmuré, y levanté una de mis manos para acomodar uno de los mechones que se dispersaban por su rostro, pero me contuve a medio camino.
Su gesto dormido se tornó brusco en uno de dolor.
-Adiós…
Salí a toda prisa de allí, creyendo- o queriendo creer- que él había dicho mi nombre. O que había abierto aquella boca suya para susurrar al viento algo, no sé, cualquier cosa, pero que estaba vivo y yo no estaba teniendo visiones que confirmaran mi estado mental tan dudoso.
¡Mierda!
Entré corriendo al recibidor de aquel lugar y odié la sensación de familiaridad. Pero algo de mí, esa parte consciente que todos tenemos, más o menos dormida, o que peor aún, nos dedicamos a adormecer, me decía que no protestara.
-Señorita Haruno, el doctor la está esperando.
Asentí y me dirigí al mismo consultorio que había visitado desde que tenía uso de razón y con el mismo doctor que tiempo atrás me había espantado, con sus ojos desorbitados bajo los anteojos que hacían que pareciera un personaje estrambótico más.
Pero con el tiempo supe que era un profesional en lo que hacía. Por más que su aspecto me hiciera pensar que a la noche se dedicaba a profanar tumbas y a crear el sucesor de Frankenstein.
Favor de omitir lo anterior.
Cuando abrí la puerta, Madame Tsunade y el doctor se encontraban en una aguda conversación, ambos serios y enfocados en lo que estaban por decir, que por un instante se me cruzó la idea de darme media vuelta y salir de allí.
Un instante que se fue como llegó, porque el doctor se dirigió hacía mí ni bien sus anteojos le avisaron que estaba allí.
-¡Ah, Sakura! Pasa por favor, no te quedes allí parada- dijo, moviendo su mano derecha, como si estuviera espantando una mosca- Tenemos que ponernos al día, porque has faltado a muchas sesiones.
-Lo sé- asentí y tuve un poco de vergüenza.
Él comenzó a escribir en su block de inmediato. Madame Tsunade suspiró y yo apreté la tela de mi ropa, para descargar de alguna manera mi frustración.
-Te felicito por tu nuevo trabajo- dijo, levantando la vista un momento, sonriendo con su dentadura postiza - Una película, ¿eh?
-Si.
-¿Cómo te sientes al respecto?
Aquí vamos.
-¿Cómo me siento?- repetí la pregunta y él movió su cabeza afirmando, mientras arremetía a tomar nota de nuevo- Bueno, pues…bien. Es decir, feliz. Bah…contenta- empezaba a dudar, para variar- Si, eso. Contenta. Y agradecida.
-¿Agradecida? Cuéntame de eso.
Tomé aire y procure callar toda la verborragia que podía hacerse de mí con una pregunta como esa.
-Ha sido todo muy difícil, ¿sabe?- dije y pensé que ese era un buen comienzo para declararme culpable- No había conseguido…una buena audición en años. Y este es un mercado muy complicado y hasta…bueno, es algo perverso.
-Oh.
Madame Tsunade se mantenía callada. Ya me había acostumbrado a tenerla allí, pues desde que me había educado en su Maison, siempre me había acompañado a mis sesiones de “charla”, porque en un comienzo me volvía algo…inestable, con las preguntas.
¿Querías a tu madre?
…
¿Te duele estar sola?
…
¿Pensaste alguna vez que hubiera pasado, si….?
Tuve que sacudir de nuevo la cabeza para acallar esa insidiosa voz de mi mente, intentando despertar antes de dormirme en plena conversación.
- Te noto algo distraída, Sakura. Quisiera que hagamos algo que hace tiempo dejamos en el olvido, ¿te parece? Se trata de asociación de elementos, de palabras. Yo voy a decir cualquier cosa y tu me dirás lo primero que pienses, sin esforzarte en que tenga sentido o conexión con lo que te plantee, ¿de acuerdo?
-Sí.
Cualquier cosa menos aquellas preguntas nada sutiles, muchas gracias.
-Comencemos: cadena.
-Eslabones- dije e hice sonar mi cuello para aliviar la contractura que sentía.
-Manos.
-Venas- y de nuevo, gracias por recordarme lo que había estado viendo hacía un momento.
-Ojos.
-Oscuros.
Como los de Sasuke-kun.
-Reloj.
-Agujas.
-Amiga.
- Hinata.
Realmente, no lo estaba pensando y no sabía si podía decir nombres. Pero el buen doctor sonrió y continuó en lo suyo.
-Hogar.
-Perdido.
-Silencio.
-Muerte.
Ni bien dije la última “e” de la palabra, llevé una mano a mi boca queriendo callarme, incluso cuando ya había hablado y bastante más de lo que hubiera pretendido en un comienzo.
Si tan solo fuera capaz de retorcer las palabras que no se debían decir, matarlas tal y como ellas me mataban a mí una vez se volvían algo más, una vez dejaban de ser simples vocablos para ser consortes…
Del Diablo.
De los recuerdos.
Del dolor que escondí en una caja. De la caja que arrojé al mismísimo Infierno.
-Lo siento.- dije y sonreí estúpidamente- Estoy algo cansada, anoche no dormí y hoy me espera un largo día en el trabajo, así que imagínese.- amplié la sonrisa, pero ninguno de las dos personas conmigo allí correspondieron. Tengo la cabeza en cualquier lado, perdón.
El doctor aflojó la expresión y concedió un gesto de comprensión.
-Sakura, ¿no hay nada más que quieras contarme el día de hoy?
Dudé un momento y negué con la cabeza. Definitivamente, no había nada más que decir, mientras Madame Tsunade intercambiaba una mirada preocupada con el médico y yo esperaba salir corriendo de allí.
En mi cabeza las oraciones se armaban y se volvían una masa casi homogénea de pensamientos sin sentido. Yo sentía miedo. Yo sentía tanto miedo de transformarlas en sonidos, de poseerme de ellas y ser una con aquella nada.
Porque esos recuerdos, eran nada. Tan muertos como ella. Tan muertos como había estado yo, disfrazada con un hábito falso de humanidad, de vida y hasta de luz.
Tan perdida estaba que no había notado cuando me había extendido una hoja con algunas indicaciones. Más medicamentos.
-….y estas de aquí son para bajar tus niveles de ansiedad. Así podrás dormir mejor y te sentirás más relajada durante el día. No lo olvides, es necesario seguir el tratamiento.
Asentí y me prometí a mi misma leer todo con cuidado para no matarme en la equivocación de tomar lo que no debía o comprar cualquier cosa. Todo era posible estando en la Luna.
-Muchas gracias- sonreí y me levanté para irme. Madame Tsunade hizo lo propio y salimos de allí. Yo caminaba delante, con algo de prisa, como si me fueran mordiendo los talones para que apretara el paso.
Quería verlo.
Confirmar que no era un fantasma.
Salí al jardín midiendo mis pasos. Y aún estaba allí. Sentado en el frío, mirando hacia delante de una manera tal que se diría, estaba pensando mil y una cosas. Estaba hablando mil y una cosas.
Y no estaba solo, pues algo en su rostro parecía delatar la presencia de alguien más.
De algo más, aunque no pudiera saber exactamente qué.
No obstante a esta altura, mi cabeza bien podía estar actuando más paranoica que lo acostumbrado por lo que intenté cortar de raíz esa cadena de pensamiento.
-¿Itachi?
Se dio vuelta tan rápido y tan inesperadamente que nunca supe cuando se había acercado a mí y mucho menos, cuando sus labios habían dado directamente con mi mejilla, sintiendo un trazo húmedo en ella.
Despacio y casi sin mover su boca, lamía el camino de mis lágrimas. El viento removía su cabello, acariciándolo con tanto cuidado que yo deseaba extender alguna de mis manos para acompasar ese ritmo con el de mis propios dedos. Pero, me quedé estática, aún más que en un comienzo, y cerré los ojos y los sentidos a lo extraño que era aquello.
No lo esperaba. Realmente no lo esperaba.
-Buena niña…-susurró pegado a mi mejilla y se dio media vuelta, a su posición original. Pronto una enfermera apareció a su lado y tomándolo de la mano, lo llevó caminando hasta el interior del edificio.
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-¡SAKURA! ¿Qué demonios estás esperando? ¡Sal del maldito auto, estamos llegando tarde!
-¿Eh?
Tuve que parpadear para saber donde estaba. El auto de Madame. Enfrente, el lugar donde ensayaríamos. Y yo, una idiota que de nuevo estaba entorpeciendo la existencia, mi existencia debo aclarar, con aquellos viajes no planeados a Mi nube personal de Idiotez.
-¡Lo siento, lo siento!-salí presurosa del auto, por lo que acabé tropezándome al primer paso, cayendo de cara al suelo- ¡Ah, duele…!
-¡Oh vamos, no es nada!- noté como ella me agarraba por los hombros, y me obligaba a caminar a su ritmo- Debes ser una profesional, y mentalizarte que no hay dolor capaz de doblegar tus ganas de actuar, ¿entiendes? Ahora tú eres una actriz y aunque llueva, truene o se acabe el Mundo, vas a estar espléndida y vas a hacer lo tuyo.
Con razón ella había sido tan grandiosa en su época. Realmente la admiraba, y quería complacerla con toda la fuerza que era capaz de tener. Devolverle la confianza que ella había depositado en mí, y que estuviera orgullosa de mí…tal como una madre podría sentir orgullo de una hija.
Una…madre.
-¡Aquí están! Las esperábamos, darliings- el asistente amanerado hizo aparición frente a nosotras y reparó de inmediato en que yo no estaba ni siquiera mínimamente presentable para hacer un ensayo-¡Ay, no! ¡Makeup, por aquí! ¡Es una emergencia, repito, emergencia!
Como ya podía acostumbrarme, me despegó de Madame y me dirigió a toda prisa a mi camerino, para arreglarme. Mientras íbamos dijo algo sobre “la buena suerte que tenía” pues estaba rodeada de según sus propias palabras, “muchachos guapísimos”, tanto que me pedía una escena para actuar como mi doble.
Según él-ella, nadie notaría la diferencia. Y aquí entra un gran “auch”, pues era verdad que aquel muchacho…femenino, era atractivo y más aún, podía imaginar lo que un poco de maquillaje- más aun del que ya traía por gusto- podía hacer con él. Definitivamente, podía llegar a ser una mujer mucho más bonita y femenina de lo que en toda la vida podía aspirar alguien como yo.
Diablos.
-My god, que cara traes. ¿Te sientes bien?- una vez dentro, comenzó a revolotear buscando mi atuendo- ¿Quieres una aspirina? ¿Quizás un te? ¡Tengo uno muy bueno que además ayuda a perder algo de peso! ¿Ves lo bien que me mantengo? ¡Todo gracias a esa maravilla!
-Oh, bueno… ¡claro, por qué no!- dije, una vez me puso en las manos lo que usaría- ¡Seguramente debe ser delicioso!
-¡Ay, no tanto como tus galanes, preciosa!- sonrió y me guiñó un ojo- ¡Quien pudiera ser tú para poder tocar esos cuerpos y besar esos labios y cog….!
-¡Yaa, entendí!- lo corté antes que pudiera dar rienda suelta a que sabe que clase de pensamientos guardados. Además, que me daba una vergüenza terrible saber que era lo que haríamos hoy.
-¡Bueno, voy volando a prepararte el té!- y no me cabía duda que iría aleteando como una mariposita.
Que mala eres, Sakura.
Dicho eso, me quedé sola. Bufando, comencé a desprenderme de mi ropa, intentando borrar de mi mente cualquier atisbo de mis anteriores cavilaciones y meterme en personaje.
Sí, yo ahora era otra Sakura. Una Sakura diferente. Una Sakura que…
- …usa una falda que muestra todo y tiene una actitud de perra que ni hablar- completé en voz alta mis pensamientos, suspirando, mientras calzaba las medias y el… ¿eso de ahí era un portaligas?
Agradecí mentalmente que la ropa interior no fuera tan reveladora, y terminé de vestirme de zorra.
Una zorra de secundaria, algo que había detestado y que ahora me tocaba interpretar. Los giros, curiosos y siniestros, de la vida. Y lo mejor del caso es que yo no podía negarme, porque era un trabajo y así debía tomarlo.
No era personal. No era yo. No estaba haciendo nada malo, ¿verdad?
-
-
Eres la chica más deseada del Instituto. Todos y todas desean hacerlo contigo. Tienes a los chicos más atractivos a tus pies y puedes hacer lo que se te antoje con ellos. Tienes a cada virgen de este colegio para que sea tu esclava. Exígeles que te laman los dedos de los pies y lo harán. Y les gustará. Ordénales que rueguen como un cachorro que los mires, y lo harán. Y les gustará. Sólo debes sonreír y el mundo estará dispuesto a girar a tu ritmo y para ti. Es agua que no escapará jamás de entre tus dedos. Es tu Paraíso.
El salón de clases estaba vacío.
Todo el Instituto estaba vacío. Los pasillos se extendían como dueños y señores dentro de aquella oscuridad, mientras sombras difusas se contoneaban como damas acaloradas.
Nadie lo sabe, ni nadie quiere saberlo. Sus ojos no están hechos para convivir con la decadencia. No están listos para el baile que ofrece la noche, para la danza que entrelaza cuerpos, volviéndolos títeres, volviéndolos bocetos de anterior existencia.
Pero, yo soy diferente a ellos.
No le tengo miedo a la negrura de los pasillos. Muevo mi cuerpo al ritmo cadencioso de las sombras, pues no hay quien apague el sonido de mis palpitaciones. De los sonidos que salen de mi boca, de los gestos realizados en el nombre del pecado. Del Delito. De las sonrisas de la autosatisfacción.
Marcas del recuerdo.
Marcas que he recolectado todo este tiempo, de las cicatrices intangibles de amantes anónimos que nada me importan. A los que nada les importé, y bien que así fuera, porque sólo quería una cosa de ellos y con ellas. Nada más.
Aquí soy nueva.
He llegado hace un par de días y ya sé quienes serán mis próximos juguetes, por lo que estoy ansiosa de empezar a deambular estos pasillos con ellos, de meterme en sus mentes y que me toquen con adoración. Con devoción. Con deseo de tenerme más y más, sabiendo que eso jamás ocurrirá.
Quiero ver esa frustración en sus rostros.
Ese anhelo destinado al fracaso, tal como todas mis esperanzas.
- ¡Corte!
Corté abruptamente mi paseo y mi monólogo y miré al director, quien me sonreía astutamente. Genial, probablemente se habían notado mis nervios y ahora me iba a decir lo mismo de siempre.
“Jovencitas pretensiosas y distraídas, no”.
- Sakura, ven aquí un momento. Quiero que conozcas al autor del guión- dijo y yo obedecí, mirando para todos lados a ver si alguien no me traía una bata o algo por el estilo.
Un sujeto completamente extravagante apareció a mi lado, poniendo una mano en mi hombro. Tenía el cabello largo y blanco, junto a un estilo de ropa extravagante y una actitud que gritaban a los cuatros vientos que ese era el pervertido que había escrito aquella película tan subida de tono.
En su cara podía imaginar un cartel que rezara: “Pervertido. Precaución. No acercarse en caso de querer conservar su virginidad.”
Intenté no reírme de eso, por lo que adopté una sonrisa puramente comercial y extendí mi brazo más disponible para saludarlo con un apretón de manos. En respuesta, me estrechó contra su cuerpo y yo empecé a perder el aire, aspirando olor a colonia de viejo verde.
-¡Estuviste perfecta! ¡Es un papel hecho para ti! ¡Estoy ansioso por ver como sigue, a pesar de que he sido yo quien ha escrito el guión, jajajajaja!
-Mm, gra- gracias- intenté decir mientras luchaba por zafarme de su abrazo- ¿Me- me-suelta?
Carraspeando me dejo ir y continuó diciendo lo bien que había salido esa pequeña introducción, más aún, cuando solo era un ensayo. Yo suspiré aliviada y pronto me enteré que aquel viejito era el autor de una serie de novelas de contenido adulto. Ah, la cara lo vendía, ya hasta parecía salirle sangre por la nariz hablando de las escenas que continuaban.
La primera acción era con el personaje de Sasuke-kun.
Aquello hacía que mis piernas se anticiparan solas y comenzaran a fallarme. Lo mismo aquel lugar, mi parte menos decente, estaba clamando algo que yo sabía que significaba. Era tan sucio, tan descaradamente sucio, pensar que estuviera ansiosa de aquella escena, sabiendo que yo…
¿Qué… era mío?
Una parte de mí reprimía mis ganas, pensando que quería conservar aquella intimidad nuestra como un tesoro lejos de la vista de nadie, y otra, una más oscura y posesiva me decía que así todo el Mundo iba a saber a quien pertenecía Sasuke Uchiha.
¿Yo estaba pensando todo eso?
Mierda, que estaba afectada por el personaje que estaba haciendo.
¿Desde cuando tenía tanta confianza en mí misma o desde cuando era tan audaz?
Dejando de lado todo lo que había pasado, me daba mucha corte pensarme dueña de un hombre así. Tan soñado, tan ideal, tan…bueno, aquel muchacho de cabello negro como el cielo nocturno y ojos tan profundos que era posible caer en ellos y no volver nunca más, era lo que para una chica como yo se dice un imposible, con todas las letras. Inalcanzable.
Pero lo tenía para mí…de alguna manera.
Aunque mejor no lo pensaba demasiado, pues seguramente era capaz de encontrarle la vigésima pata al gato. Más que capaz, estaba segura que de darle un poco más de rienda suelta a cualquier clase de hipótesis semi rebuscada, iba a terminar yéndome de la casa de Sasuke kun, en nombre de no ser merecedora de alguien como él.
Es decir, alguien como él y alguien como yo, ¡vamos! Era un desastre con todas las de la ley, sin mencionar todo lo que tenía escondido de cualquier mirada ajena, incluso, la de aquel hombre que yo había empezado a querer tanto. No podía decirle, o siquiera pensar en decirle todo lo que pensaba, todo lo que sentía, cada uno de los asquerosos miedos que me recorrían… sabiendo que… ¡sabiendo que…!
Probablemente, él sintiera algo parecido en relación a mí. Aunque nunca lo dijera. Aunque yo hiciera de cuenta que no lo sabía.
Dejando de lado todo aquello, encaminé mi rumbo hacia los camerinos, para retocar el maquillaje o algo por el estilo. En realidad, no me apetecía continuar deambulando semi desnuda frente a aquel señor y cualquier excusa para apartarme de allí era buena. Por más falsa que fuera.
A la vista de cualquiera, todo el labial, todas las sombras y todo lo que me habían puesto en la cara, estaba intacto. Pero eso lo sabía yo y unas cuantas personas más, no tenía porque enterarse quien no debía- que era cualquier persona que quisiera retenerme en el plató más tiempo sin hacer nada.
Entonces una mano estiró de mí hasta hacerme retroceder. Y entrar a una habitación de las tantas que había por todo el set de filmación. De acuerdo, no son buenas noticias.
Estaba a punto de gritar cuando noté dos mundos completamente blancos mirándome de lleno y con algo de rabia en la expresión. Aún con aquel cuarto casi en penumbras, apenas con unas cuantas velas sobre una mesita, notaba a la perfección lo rígido de su rostro, marcado con crueles líneas que endurecían su mandíbula, logrando intimidarme sin gran esfuerzo.
-Neji…kun- dije, manteniendo la distancia con él, mientras me apretaba con más fuerza el lugar por el cual me sostenía.
Empezaba a dolerme.
-Sakura- pronunció impasible y me obligó a moverme, arrastrándome hasta una silla. En ese momento quería gritar, quería empujarlo para apartarlo del paso y salir corriendo, pero en lugar de eso, esperé en quietud su próximo movimiento.
Noté como sin recato paseaba su vista por todo mi cuerpo, tal como si yo misma no estuviera ahí para cohibirlo siquiera mínimamente en su atrevimiento. Porque se mantenía en una calma tal que cansaba ver como no se movía más que para atraer hacia sus labios un cigarrillo que moría en un cenicero por ahí.
Y aquel gesto, imperceptible, encendió una clase de memoria que era puramente física.
-Te has humedecido, puedo notarlo- soltó de repente- Eres tan predecible.
-¡¿Qué mierda estás diciendo?!-reaccioné, intentando ponerme de pie, cuando él me empujó a sentarme de nuevo- Escucha, debo irme- dije, serenándome de alguna manera. No me convenía ponerme histérica en un camino que solo era de ida- Tengo que regresar, ¿entiendes?
-Dime cómo ha sido estar con él- susurró acercándose a mí, peligrosamente, apoyándose en mis rodillas con sus manos, dejando su rostro pegado al mío.
Di vuelta la cara instintivamente, pero él me tomó con fuerza por el mentón para que no pudiera evitar sus ojos perlados. Su mundo tan blanco. Su mundo siempre tan…frío.
Como todos los hombres en mi vida. Como todos los que atravesaron alguna vez para buscar algo de mí, para querer algo mío y nunca estar siempre y por siempre retorciendo un puñal en mi interior, venenosa intención latente.
Apreté los labios y cerré los ojos. Sentía su aliento pegando de lleno contra mi rostro, su aliento que olía a algo dulzón, tal como la vez que había hecho el amor con él, y había aspirado por primera vez lo que era una fragancia netamente masculina.
- Ahora eres una mujer- murmuró, mientras yo atinaba a abrir un poco mis ojos- Ahora es cuando yo debería probarte, Sakura. Ahora.
- ¿A...ahora?- repetí como la idiota que era.
-Ahora.
-¡No!- grité y de inmediato la puerta de aquella habitación se abrió de par en par, dejándonos a la vista de una muchacha de cabello y ojos castaños, quien nos miraba con gesto penoso.
Con gesto descorazonado.
-¡Ah, Neji- san! ¡Gracias por ayudarme a repasar esas líneas, hay que ponerle mucho entusiasmo!- dije de pronto, hablando con una histeria tal en la voz que sabía lo poco creíble de mi actuación- ¡Nos veremos después, hasta luego!
Salí caminando a toda prisa de allí. Sin mirar a aquella chica, ni nada. Quería encerrarme aunque fueran dos minutos para tranquilizarme y esta vez sí, retocar un poco el maquillaje que ocultara cuanto había traspirado en esos cortos minutos y como todo se había corrido y estropeado.
Entré a mi camerino y recordé lo que había guardado en el bolso, cuando había ido a ver a Madame Tsunade en el comienzo de la mañana. Algo que había olvidado en su casa y que en ese momento me hacía demasiada falta para no entrar en un ataque de pánico, o en una crisis de llanto.
No me había gustado…esa cercanía forzada, no me había gustado. Había sentido miedo, y había sido incapaz de mover un solo músculo, más aun, apenas había logrado gesticular un No cuando la situación se estaba poniendo peligrosa.
Las pastillas, pensé. Las necesitaba.
Revolví todo el contenido del bolso, hasta que di con el pequeño frasquito. Leí con desagrado el nombre: Rivotril. Debía tomar una de esas y solo una. Pero circunstancias como esas ameritaban un par, o quizás hasta más de un par. No podía poner en peligro el ensayo solo porque yo era una estúpida, débil mental y físicamente, y porque no pudiera enfrentar un episodio como ese sin hacer más escándalo del que ya estaba haciendo, aunque nadie lo supiera.
Tomé la taza de té tibio que tenía por ahí y pasé de un solo trago las pastillas. Probablemente me diera sueño o me sintiera un poco menos lúcida, pero que más daba. Siempre podía pedirle al muchacho afeminado que hiciera de mi doble.
-Maldición…- suspiré, sentándome en el suelo.
¿Era posible que fuera de esa manera?
Sólo me había sentido tranquila estando junto a Sasuke-kun, con su presencia y con sus ojos en mí, cuidándome de maneras que yo no sabía, de maneras que sólo podía sentir. En ese momento deseaba que estuviera ahí, a mi lado, pero a la vez, despreciaba la idea de que me viera en ese estado lamentable.
Y el ya estaba allí.
-Estás temblando.
Demasiado tarde.
-Ah, no es nada.
Mentira.
- Continúas temblando.
Sentía su voz a mi espalda. Sentía cada extremidad de mi cuerpo dirigirse por voluntad propia a acercarse a su presencia, tal como si fuera la fuente de calor que todo aquel día tan frío había estado necesitando. Como la fuente de vida que necesitaría mientras existiera.
-Estoy algo destemplada, es todo.
Mentira, de nuevo.
Entonces sus brazos me rodearon, haciéndome sentir pequeña y abrigada. Me apretó suavemente, pero manteniéndome tan pegada a su cuerpo, que podía sentir como entraba su tibieza por cada uno de mis poros, haciendo curiosas caricias, como diminutas manitos que se extendían con cuidado de no perder detalle de mi piel descubierta.
-Sakura…-suspiró, apoyando su mentón en mi hombro, logrando que mi mejilla entrara en contacto con su cabello negro y delicado, tanto que quería acariciarlo para compartir algo de aquel cariño que me estaba expresando.
-Estoy bien- repetí, mecánicamente, mientras el frotaba mis dos brazos con sus manos cálidas y varoniles, haciendo que parecieran dos palillos finitos que se estremecían como ramitas sacudidas por el viento ante su roce tan perfecto, tan preciso.
Sasuke- kun.
Pensé que ocurriría si le contaba, si le decía lo desequilibrada que estaba. Lo mal que me hacía contener todo el veneno que guardaba desde que tenía memoria, o desde que creía tener recuerdos que no fueran sueños febriles.
-Debemos ir…-musité, intentando sonar convincente- Es nuestra escena, Sasuke-kun…
Pero él solo hizo un sonido parecido a un gruñido y se alejó con cuidado de mí, dirigiéndose muy despacio y a la vez con mucha determinación hasta la puerta, pasando el pestillo de manera que quedamos encerrados.
- El director y todos pueden irse la mierda- dictaminó, aún de espaldas a mí, mientras se acercaba nuevamente y me estrechaba- Necesito un momento, sólo un momento.
°°°Sasuke°°°
Había cerrado la puerta en un impulso que ni siquiera yo mismo comprendía del todo. Sabía que Kakashi se molestaría muchísimo cuando lo supiera, pero eso estaba lejos de importarme. Siquiera, de estar entre la lista de mis prioridades alguna vez.
Podía vivir con eso. Pero no podía hacerlo luego de encontrarla así.
En ese momento me sentía tan jodidamente molesto de verla tan frágil y sobretodo, con tanto miedo, que atiné a lo primero que se me cruzó por la mente: alejarla de todos para que nadie pudiera hacerle daño. Caso contrario, cualquier persona en ese puto lugar sangraría como nunca había sangrado sólo para compensar el hecho de haberla hecho temblar.
Por la razón que fuera. De la manera que fuera.
No podía soportar verla tan débil y tan expuesta, Infiernos.
No si no era por mí, no si no era porque se sentía protegida en mis brazos, o porque la acunaba contra mi cuerpo y la cubría de besos para que supiera que era mía y que sólo conmigo podía mostrarse así, pues no corría ningún peligro.
Salvo…el hecho que yo la querría más.
La querría más y más y únicamente para mí. Lejos de todo y de todos. Mía.
Ella aún se estremecía bajo mis brazos, girando el rostro y ocultándolo contra mí, mientras yo continuaba frotando su cuerpo y apretándola más, intentando pasarle algo del calor que tenía guardado solo para su vida.
-Cariño, escúchame- le dije y noté como dejaba de mantenerse en pie por cuenta propia y comenzaba a ser un peso muerto en mis brazos- ¿Sakura?- repetí y la di vuelta, con temor de encontrarla desmayada o algo por el estilo. Tenía los ojos medio cerrados- ¡Diablos, Sakura!
-Perdóname, Sasuke-kun…-susurró y cerró los ojos por completo.
-¡Oye!- subí el volumen de mi voz, sin gritar a pesar que me sentía asustado como un asqueroso niño- ¡Sakura, despierta! ¡Sakura!- comencé a sacudirla despacio primero y luego con un nerviosismo que aumentaba conforme pasaban los segundos y ella no despertaba.
Ella no reaccionaba. Y yo comenzaba a ver sangre en su boca.
La abracé a mí y comencé a transitar ese camino que conocía tan bien. El pecho comenzaba a cerrárseme y mi cuerpo entero estaba temblando como una hoja llevada de acá para allá en la tormenta.
Comenzaba a querer llorar como un condenado.
Junto a mí, la hacía temblar a ella, contagiando el movimiento incontrolado de mi ser al suyo, lo que nos hacía una masa convulsionada, con sus cabellos rosados mezclados con los míos y mis brazos apretando el contorno de su estrecha cintura, justo donde sentía como la piel no estaba fría.
No había sangre.
Ella estaba viva.
Nadie la podía tocar. Nadie que viniera a robármela.
Entonces golpearon a la puerta y el sonido me alertó al punto que tuve que recordarme que estábamos encerrados allí y que probablemente nos estuvieran buscando para la próxima escena a ensayar. Diablos.
-¡Sakuraa, darliing, necesito entrar a retocar tu makeup!
Suspiré casi de alivio y ubiqué a Sakura en una silla, cuidando que no estuviera en una posición incómoda- de acuerdo, estaba desmayada o dormida, pero no quería que luego se sintiera peor. Me acerqué a la puerta y esperé, por si el asistente se había ido.
- Bonita, ¿Qué tanto haces con la puerta cerrada? ¿Hellooo?
-Sakura ahora está algo ocupada.- tuve que poner una voz ecuánime a lo que estaba diciendo, a sabiendas que se podía malpensar de ese comentario con mucha facilidad- Haz el favor de comunicar al Director que iremos en un momento, quieres.
-¡Oh! ¡Por supuesto! ¡Que alegría ser joven y tener esos cuerpos llenos de energía y vida! ¡Me voy de inmediato a avisar que esperen un rato!
Probablemente aquella fuera la única vez que ese sujeto extraño me cayera bien al nivel de tener que agradecerle su mente retorcida. Pero no dije nada, pues escuché silencio del otro lado y supe que ya se había ido.
La miré a ella, y noté que sus mejillas estaban algo más sonrosadas que hacía un momento. Me acerqué a tomar su fiebre y noté que estaba tibia, quizás mas de lo que debería por lo que nuevamente, empezaba a sentirme inquieto. Dejé mi mano ahí, acariciando su rostro y pensando cuando había sido la última vez que alguien me había preocupado de esa manera.
Mi madre.
La imagen de su cara apareció frente a mi, sonriéndome como solía hacerlo y entendí que Sakura era la primer mujer después de ella que lograba llegar a la fibra más íntima de mi corazón. Nunca antes. Y estaba jodidamente seguro que no habría otra luego de ella, porque sería imposible para mí dejarla ir.
Con alguien.
O con la Muerte.
Sólo él había hecho que yo danzara con la Parca disfrazada de Ángel de Redención. Solamente mi hermano mayor había vestido de luto mi cuerpo sin consultármelo y había sonreído con cinismo cuando yo había llorado sobre los cuerpos de nuestros padres. Solamente Itachi.
Pero no podría arrebatarme a Sakura. No podría. El mero pensamiento que conllevaba el “y si…” no tenía sentido para mí, salvo que…
Me quedaría solo.
Tal como en este momento, que ella está ausente y su presencia corpórea es todo lo que me consuela.
Nunca podrás escapar de mí
Yo, grito en tu cabeza
Desde el interior destrozo tu cráneo
Siente el dolor
Percibe mi odio
Muéstrame tus heridas
Las dejaré sangrar nuevamente
¿Pero si él fuera capaz?
Bastaría una mirada suya para sentirme desnudo, para sentirme como una criatura no nacida, despojada del vientre materno. Como…
Si sirviera a su espíritu.
Como si hablara con él, aún sin estar a su lado y sin entender su locura, sin querer comprender nada. Como si me hubiera sentado a su lado en ese desgraciado Jardín, a contemplar su gesto ausente esperando a que dijera… a que dijera...
Nada.
-Sasuke…kun…
Sakura.
-Aquí estoy- susurré, acercándome a su rostro, intentando encontrar cualquier rastro que me diera una pista de que le había sucedido- ¿Cómo te sientes?
Ella sonrió y algo de mí comenzaba a latir nuevamente a un ritmo casi normal. Aún me molestaba ese desmayo suyo o lo que hubiera sido, sin aviso y con toda la escena anterior de temblores y frío.
-¿Me he quedado dormida?- preguntó, mientras yo acariciaba su mejilla y delineaba líneas con mi pulgar, arriba y abajo. Se sentía tibia.
-Hn…sí. Algo así- respondí y me acerqué más aún, respirando justo donde su aliento se escapaba de sus labios- Déjame que te…
No terminé de decir la frase. Mi rostro avanzó hasta chocar con el suyo y nuestros labios contactaron invariablemente. El trazo suave de su lengua jugando con la mía mientras exploraba la suavidad de su interior cálido me devolvió un poco más la calma. Repasaba con cuidado sus exquisitos labios que cedían y avanzaban, justo a un ritmo que no pretendía más que decirle cuanto la deseaba siempre, y cuanto más, la quería.
Y cuanto temor sentía por ella.
La voz de mi hermano inundaba mi mente, mientras yo continuaba besándola enfermizamente.
Déjame solo
- No
Déjame en paz
- No
Te lo imploro
- No
Yo nada te he hecho
Tu me has mentido
Me has traicionado
- Si
Quieres hacer penitencia
- Si
Quieres sangrar por eso
- Si
Quiero castigarme por ello
Quiero morirme por ello
Lo quiero
Nota: Capítulo prácticamente dedicado a Sakura. Sentía que le debía eso, así que aquí está. Creo que un par de hojas más largo de lo planeado, por lo que espero no haberme ido demasiado por las ramas, como sé que es una costumbre en mí u.u Por lo pronto, me disculpo nuevamente por la demora. Sin excusas, estuve escribiendo y reescribiendo, además de pensar otros fics con esta linda parejita, pero que no empecé porque temo no saber manejar dos fics xD
En fin, quería comentar también de los reviews que dejaron al capítulo anterior, muchos manifestaron no haber entendido el final. La verdad, creo que lo escribí como si ustedes pudieran leer mi mente también, por lo que les pido disculpas. No estoy segura de editar el final, por lo que espero que este capítulo sirva para anudar algunos cabos sueltos y que empiece a aclararse un poco más lo de Sakura. Aunque el tema de su mamá es algo que me requerirá otro capítulo, y de ahí todo el tema de Itachi y Sasuke y ayy, bueno, todo el drama.
De nuevo, siempre me demoro en actualizar por lo que a los que todavía le dan una oportunidad a esta historia y a esta escritora, MUCHAS GRACIAS.
Ahora como de costumbre también, me tengo que ir a la Uni, que empiezo el segundo cuatrimestre y tengo Introducción a Las Artes Plásticas O Luego en otra entrega les cuento que tal 3
Un beso y un abrazo para todos, desde ya, gracias por los reviews y por la paciencia!
Charlotte