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Por fin!!! Jajaja, ya se quieren matarme, creo que esto se volverá toda una costumbre… Se que deben estar bastante furioso/as por la tardanza, pero antes de comenzar quiero decir algunas cosas:
1 Las tradicionales disculpas por haberme retrasado en la publicación de este capitulo.
2 Estoy con muchos proyectos y por ello me demoro.
3 Estoy escribiendo el cap de mi profesor num. 12 de mi profesor (la historia esta casi terminada).
4 Ya tengo también el cap. Num. 2 y 3 del fantasma de Hogwarts y cuando pueda los publicare.
5 Quiero agradecer a todas las personas que leen mis fics y a las que dejan criticas. Y por favor no olviden hacerlo, por que es lo que me incentiva a escribir.
6 Espero no olvidarme de nada.
7 A leer!!
CAP 11: POR PROPIA VOLUNTAD.
Sin siquiera notarlo a Lara se le esfumaron las siguientes dos semanas. Había estado tan angustiada y preocupada, que ya no tenía noción del tiempo: Las comidas, las clases, los recreos, todo se desvanecía como humo en el aire. Pasaba el día entero pensando en Snape, sin prestar la mínima atención a nada. Se pasaba las noches sentada el sillón de su sala común y se quedaba observando las llamas crepitar de las llamas hasta entrada la madrugada. Y en las charlas con sus compañeros y amigos, los escuchaba hablar, pero no tenía la mísera idea de que rayos decían, y muchas veces se ganaba reprimidas departe de ellos, al igual que en clases.
Sabía que no podía seguir así, por lo que después de unas largas noches de lucha con su conciencia decidió que no tenía otro remedio que hablar con Snape, con esto podría lograr dos cosas: 1 hacer que todo esto se aclare de una buena vez o 2 si él le gritaba y la rechazaba… bueno eso le ayudaría a olvidarlo, sabiendo así, que no habría más que hacer al respecto. Pero muy en el fondo, sabía que había algo extraño en la manera de actuar de su maestro, ese sentimiento le daba coraje para enfrentarlo; pero por otro lado le conocía lo suficiente para saber que si la rechazaba, su vida se convertiría en todo un infierno. Pero tenía que saber, tenía que arriesgarse…
Tenía una terrible jaqueca, sus ojos le pesaban y aun tenia resaca. Pero debía dar clases, eso no estaba mal, lo ayudaría a distraerse y tal vez le mejoraría un poco el día, si no fuera que hoy tendría clases con séptimo año de Gryffindor y Slytherin. Y ello significaba verla otra vez.
En las semanas pasadas trató de ignorarla por completo, pero por infortunio su mirada se desviaba y se clavaba en ella y debía hacer un buen esfuerzo por apartarla.
Y aun que no le gustara la idea de asistir a clase, no tenía otra opción, tenía un deber y lo cumpliría, además tarde o temprano debería superarlo.
A su pesar abrió la puerta para que los alumnos entraran. Una masa de estos se adentro y poco a poco y se acomodaron en sus respectivos lugares. Dio la clase lo más calmado posible y trato de distraerse con cualquier cosa, pero los minutos se le hacían horas, no veía las horas de que aquella tortura se terminara de una maldita vez y como si se tratase de la salvación del mismísimo infierno sonó la campana anunciando el fin de la clase.
Se sentó tras su escritorio a descansar y dejo escapar un suspiro, hasta que sintió unos pasos cerca de el, que le crispó los nervios, subió la vista, y allí estaba su pesadilla.
Se sentía tan nerviosa que tenía algo de nauseas, sus piernas le temblaban, estaba a punto de hacer algo de lo que nunca se hubiese creído capas.
- Profesor.- Llamó.
- ¿Qué quiere Rickman?.-
Su tono definitivamente no la hizo sentirse mejor.
- Bueno yo… quería hablar con usted, es por eso que quería saber si tiene un tiempo libr…- Pero Lara no pudo terminar de hablar.
- No, no tengo tiempo libre que desperdiciar con usted, señorita, así que lárguese de mi vista.- Le dijo lo más acido que pudo, hasta que logro lo que quería.
Su primer intento había fracasado olímpicamente, por no decir que su plan se había ido al demonio. De todas formas él no la había rechazado, por lo que decidió que lo intentaría nuevamente en otro momento. Pensó que tal vez Snape no se sentía a “gusto” en aquel lugar a pesar de que la clase ya había acabado, así que volvería a intentarlo con más “privacidad”.
Salió de las mazmorras y se dirigió a la biblioteca a sacar libros necesarios para hacer su tarea e transformaciones y DCAO. Después subió a su sala común a dejar esos libros y a guardar otros en su mochila y por ultimo bajo al gran comedor para reunirse con sus amigos.
Al llegar comprobó que el comedor estaba repleto de gente, diviso a su grupo que estaba sentado en una punta de la larga mesa de los leones, y mientras se acercaba no pudo obviar un detalle, Harry abrazaba a Ginny por el hombro. Una vez ubicada saludo a todos con un gesto y se sirvió un poco de carne y ensalada.
- Pensamos que no vendrías.- Dijo Ron después de beber un sorbo de jugo de calabaza.
- Es que tuve que buscar algunas cosas.-
- ¿Pero por que fuiste a hablar con Snape?.-
Pregunto el pelirrojo.
Esto la trajo de nuevo a la realidad. – Porque tenía que sacarme algunas dudas que me quedaron de la poción.-
- ¡Valla, Hermione!, te esta usurpando tu lugar.- Contesto Ron con una ancha sonrisa en sus labios, dejando ver un trozo de lechuga que colgaba de sus dientes.
- ¡Deja de fastidiarme, Ron!, que ya tengo suficiente con los exámenes. ¡Y sácate esa lechuga de los dientes!.- Dijo la morena entre enojada y divertida.
El pelirrojo perdió la sonrisa al instante y se llevo un dedo a la boca para tratar de sacarse la verdura.
- Déjalo, te combina con tu remera.- Dijo Harry uniéndose a la conversación. Todos rieron, menos Ron, que estaba de mismo color que su cabello.
Después de treinta y cinco minutos sonó la campana, Lara y Hermione se pudieron de pie.
- Bueno muchachos, vamos a clases de runas, cuando vuelva les ayudare con lo de transformaciones.- Dijo la castaña y ambas desaparecieron por las puertas de roble.
Por suerte tenia la tarde libre hasta las cinco. Decidió, así, dar un pequeño paseo por los jardines del castillo en compañía de un buen libro.
Gracias a Merlín casi no había alumnos, así que se tomo la libertad de caminar un poco por los alrededores y luego poder seleccionar un lugar para sentarse, pero al cabo de unos cuantos pasos más, se encontró con algo mucho mejor…
Bajo la sombra protectora de un árbol antiguo se hallaban el muchacho que le provocaba pesadillas y una muchacha que tal vez, sería su salvación. Ambos estaban abrazados y se besaban sin parar.
La tarde se había esfumado, y con las clases concluidas, ya era hora de bajar a las mazmorras para hablar con su maestro. Por lo que no se detuvo hasta llegar. Las mazmorras estaban frías y algo oscuras, empezó a temblar. Pero entonces pensó, si ese temblor se daba al frio o a sus nervios. Le hecho la culpa al primero.
Se planto ante la puerta y tímida llamó, espero un poco pero no hubo respuesta así que volvió a intentarlo, pero esta vez golpeo más fuerte y al cabo de unos segundos la puerta se abrió dejando ver a un hombre de cabello grasiento hasta los hombros, con mirada tan fría como el hielo y una gran nariz ganchuda.
- Buenas tardes profesor.-
- ¿Qué quiere Rickman?.-
Lara comenzó a estrujarse las manos disimuladamente.
- Yo quería hablar con usted de algo que…-
Snape puso los ojos en blanco y le contesto agrio. – Ya le dije, señorita , no tengo tiempo para desperdiciar, ¿algo más?.- Preguntó cruzándose de brazos, impaciente.
- Pero profesor yo… quería decirle…- Otra vez no pudo terminar.
- ¡No me interesa!, ¡y ahora largo!, tengo cosas mas importantes en las que perder mi tiempo.- Dijo serrándole la puerta en la cara.
Aun no la había rechazado.
“Pero si me hecho… otra vez”. Dejo escapar un suspiro mientras se encaminaba al gran comedor. “Bueno si no quiere escucharme por las buenas, lo hará por las malas”.
Espero hasta el viernes, cuando volvería a tener pociones.
Como veces antes todos los alumnos entraron al aula, el profesor hizo un movimiento de varita y aparecieron instrucciones en la pizarra, realizo una pequeña reseña oral y dio la orden de trabajar. Ese día deberían crear amortenia, una poción de amor que se destacaba por su difícil elaboración. Perfecto. Los ingredientes eran diversos, por lo que seria sencillo equivocarse…
Ya transcurridos treinta minutos Lara decidió que era el momento apropiado y disimuladamente tomo de un frasco tres colmillos de cobra y los vertió despacio en el caldero, la sustancia se volvió de un naranja fluorescente. Lara se asusto un poco, pero luego recordó algo del libro, donde aseguraba que los colmillos de cobra junto a pelos de lobo gris crearían una explosión, excusa perfecta para un castigo…
Así que antes que Snape se le acercase y la detuviera, tiró un puñado de pelos. La poción comenzó a hervir y se volvió marrón espeso, el liquido comenzó a elevarse y termino explotando, esparciendo la sustancia con grumos por todos lados.
Snape se acerco rápidamente sacudiendo de su manga y capa los restos malolientes de la poción.
La miro con odio unos segundos, pero pronto su expresión cambio, y solo dijo: - Veinte puntos menos para Gryffindor.-
Algo definitivamente no andaba bien… la escena sobria y rápida no se ajustaba a la personalidad de Snape. Su poción había manchado a medio alumnado y él solo le había quitado puntos.
Con un movimiento de varita limpio todo y luego se marcho, eso si era extraño, ni siquiera le había gritado. Todos lo miraron con recelo pero con un grito de su parte, volvieron a sus tareas; media hora más tarde la clase finalizo y con ella sus nuevos y casi perfectos planes.
Se deprimió mucho, pues no se le ocurría otra forma de hablar con el: personalmente la había echado, en clase no la castigo. Y si le mandaba una carta los mas probable es que él no le contestara y si lo hacían serán puros insultos.
Su mente quería trabajar y encontrar una forma de taparle la boca y hacerle escuchar… por unos segundos se imagino a Snape atado a una silla y con una manzana en la boca. “Así me escucharía”… pensó divertida. Pero esos atractivos pensamientos fueron interrumpidos por un sonoro ruido y ligero estremecimiento de su estomago.
Seria mejor ir a cenar, habría tiempo para pensar más tarde.
Hasta la mañana siguiente a Lara no se le había ocurrido otra cosa más que intentar ser castigada otra vez. Pero ahora se aseguraría de que eso pase. Ese sábado le daría una pequeña visita a los gemelos Weasley…
Se calzó una polera azul petróleo y unos jeans negros desgastados, y busco en su baúl la billetera, si quería que funcione, debería lucirse con su desastre.
El grupo de alumnos que iría a Hosmeade estaba reunido en las puertas del castillo, y un poco más allá estaba ella, en un rincón hablando con Granger. Potter aun no aparecía.
Dejó escapar un suspiro , mientras culpaba a Dumbledore por mandarlo a cuidar de los mocosos: debía acompañarlos y vigilarlos, y como si fuera poco, al subir a el carruaje comprobó que debía viajar con ella, Granger y Weasley. “Genial”. El carruaje emprendió su marcha y en el transcurso de este, trato de mostrarse lo más frío posible, pero en un momento, al que llamo “debilidad”, se volteo a mirarla, ella no se percato de su movimiento, al parecer estaba enterrada en sus pensamientos, observo sus manos apretadas y quietas, su rostro inexpresivos y sus labios serrados… su mirada se detuvo en los labios… y una vez más se preguntó a que sabrían.
Visitaron Zonko y Honey Dukes y por ultimo se dirigieron a la tienda de los gemelos, donde Lara hizo una pequeña compra aconsejada por los dueños. Al salir se fueron a Las Tres Escobas, tanto el pueblo como la taberna estaban casi vacíos, así que encontraron mesa fácilmente.
Ron, Neville, Hermione, Luna y Lara se sentaron juntos algo apretujados.
- No veo las horas de probar estos “bombones pestilentes”… creo que escogeré a Malfoy como mi conejillo de indias.- Dijo Ron mirando maliciosamente la bolsa roja que estaba a sus pies.
- Voy a divertirme.- Fue el inesperado comentario de la rubia Rawenclaw.
- ¿Y tu que compraste, Lara?.-
- Unas baratijas, nada más… nada fuera de lo común- Contestó sin prestarle importancia al asunto. Pero para ser realistas, nada bueno provenía de los gemelos Weasley.
Solo tendría una oportunidad. Así que no debería existir ningún factor de riesgo, todo debía ser predemitado y estar listo.
Había veces, que pensaba si no se pasaba de la raya con sus travesuras, tal vez podía llegar a ser expulsada, pero tenia que hablar con Snape y si esa era la única forma, lo intentaría. Si todo funcionaba, Lara se convertiría, sin duda alguna, en la mesías de Gryffindor: le daría una pequeña lección a los de Slytherin.
La campana sonó anunciando que era hora de poner en acción su plan. Todos los alumnos entraron y se sentaron como de costumbre en sus asientos y esperaron por la explicación del profesor.
Minutos más tarde, después de que este la haya dado, todos se pudieron manos a la obra, y así transcurrió una hora completa de una tranquila y vulgar clase. Hasta que Lara valiéndose de un gran esfuerzo por no hacerse notar, saco disimuladamente de su bolsillo una bolsita, la abrió y dejo caer el fino polvo azul marino dentro del caldero hirviendo. La poción que debía tener un color vainilla, tenía ahora un tinte uva penetrante. Dejó escapar un suspiro y tensa espero la reacción, pasaron unos segundos cuando el brebaje comenzó a burbujear amenazante y de pronto una cortina de humo espesa y peligrosa comenzó a esparcirse por el suelo de la mazmorra, extendiéndose rápidamente por toda el aula. Muchos chicos se asustaron y se subieron a las sillas, empezaron a toser y otros a vomitar, y el humo nauseabundo, al parecer comenzó a afectar a las otras pociones, que comenzaron a tener el mismo efecto, en un abrir y serrar de ojos todos los calderos estallaron, creando un verdadero desastre. Todos comenzaron a gritar y algunos a correr, pero la situación empeoro cuando los frascos de ingredientes y animales conservados de Snape, comenzaron a estallar en miles de pedazos, regando de sustancias extrañas las cabezas de los estudiantes.
Al acabar el “efecto” de su plan, la situación era realmente crítica. Todo estaba empapado con verdadero coctel de sustancias viscosas, rancias y pútridas. Algunos estudiantes aun gritaban y otros, presentaban anomalías físicas, bastante notorias (manos y pies agigantados, papadas colgantes y cabezas pequeñas o exageradamente grandes) Realmente si se había cruzado la línea.
- ¡Rickman!.- Alcanzó a gritar Snape, estaba rojo de ira.
Lara se estremeció y con un escalofrío que recorrió su espalda, pensó que seria de su vida en unos minutos. Se imagino a su maestro estrangulándola.
- ¡Quédese aquí!, ¡todos los que tengan síntomas raros acompáñenme a la enfermería, de inmediato!.- Dicho esto encaró la marcha de estudiantes. Madame Pomfrey tendría mucho trabajo que hacer. – El resto lárguese.-
Todos salieron del aula maloliente, a excepción de Lara que se quedo en su asiento, pensando como querría Snape que limpiase ese chiquero.
Su maestro regresó y se plantó delante de ella.
- ¿Se da cuenta… de lo que hizo?.- Dijo Snape pronunciando las palabras con sumo cuidado, controlándose de no estallar y comérsela viva.
Volvió a abrir la boca para decir algo, pero se contuvo una vez más. Su rostro se volvió pálido y su expresión cambió.
- ¿Profesor, se encuentra bien?.-
Juro que, por un momento, la cara de su educador tubo un ápice de tristeza, pero no estuvo muy segura.
- La veré mañana, después de la cena, ahora alargo.- Dijo dando por terminada la situación y serrándole la puerta en la cara. “Si estoy vivo”.
Algo andaba mal, otra vez.
Con lo que había hecho, era realmente, para matarla. De pronto a Snape se le había acabado el amor por Lara, para dar paso a unas terribles ganas de matarla… Volvió al aula, con todas las intenciones del mundo de hacerlo, pero un agudo puntazo en su antebrazo izquierdo lo detuvo y le congelo la sangre, siempre lo hacia. La corrió, después habría tiempo de desquitarse, ahora debía concentrarse y mantener su mente en blanco, pues el Lord lo llamaba.
No se hizo de esperar, llego a la vieja casa lo más rápido que pudo, y al poco tiempo se encontró en una habitación casi en penumbras, llena de mortífagos, llena de pirañas...
- Severus…- Le nombro el Lord con su acostumbrada voz siseante.
- Mi señor.- Le contesto con una reverencia.
- Siéntate a mi lado, hay mucho de que hablar.- Le hizo caso, y sintiendo todas las miradas clavadas en él, tomo asiento a la derecha de su señor.
- ¿Estas seguro de eso?.-
- Si…- Contestó mordiéndose la lengua para no gritarle. Se lo había dicho por tercera vez, ¿a caso hablaba en chino?, “con un demonio”.
Un anciano de larga barba plateada se paseaba por la habitación por séptima vez ese día. Meditaba y tenía la vista clavada en un punto fijo, con el ceño fruncido.
- Bien, en ese caso, nosotros también tendremos que tomar medidas.-
- ¿Cómo que?, ¿entrenar al Kraken para manipular muchas varitas a la vez?.- Sugirió un hombre de cabello negro hasta los hombros que se encontraba sentado frente al escritorio.
- No, Severus. Hablo de buscar ayuda, magos y si, criaturas también. Los lazos que hemos forjado en estos años nos servirán, estoy seguro.-
El silencio se apodero de la habitación unos instantes, solo estaba presente el suave y dulce sonido que emitía Fawkes.
- ¿Qué… tengo que hacer ahora?.-
- Solo relajarte, si el fin se acerca, Severus… tendremos antes, una ultima cena.-
Pasó todo el día ¿Cómo se diría?... cortando clavos con los dientes. El tiempo parecía jugar con ella, pues las horas no pasaban, y deseaba con muchas ansias volver a verlo.
El mal humor y los nervios la acompañaron a todos lados, hasta que al fin, sumados unos cuantos enojos de parte de sus amigos, fue hora de bajar a las mazmorras y mientras lo hacia, por las escaleras del vestíbulo pensó en el por que de la ausencia de su maestro en la cena.
Cuando llego ante la puerta de madera oscura y gastada, sintió como le temblaban las piernas. Llamo y esperó.
- Pase.-
- Buenas noches, profesor.- Lara se adentró y serró la puerta tras de si.
- Tome asiento.- Le ordeno su educador sin levantar la vista de un pergamino, su mesa estaba regada de exámenes y libros.
Ella obedeció y espero las replicas y sermones causados por su desastre. Pero en lugar de eso, Snape guardaba silencio y tenia literalmente la nariz pegada al pergamino que corregía. Al cabo de unos segundos, levantó la mirada y clavó los ojos más inquisitivos que Lara, jamás halla visto.
- ¿Por qué lo hizo?, ¿Por qué quiso ser castigada?.- Todo lo que planeo decirle, todo el discurso, se fue al tacho con esas simples preguntas. Lara abrió la boca para contestarle, pero nada salio de ella, guardo silencio un momento, sin saber que decir.
- Profesor yo… solo quería hablar con usted… solo eso.-
- ¿Hablar conmigo?.- Preguntó Snape en un tono peligroso. - ¿Y de que se supone que quiere hablar?.-
Lara volvió a quedar muda.
- ¿De Potter?.- Esperó unos segundos. - ¡Respóndame maldita sea!.- Gritó Snape golpeando con el puño el escritorio, lo que provocó que la joven diera un brinco en su silla.
- yo…- La muchacha cada vez más sorprendida se quedaba a su vez sin palabras.
- Mire, no tengo tiempo que perder, así que si usted no abre la boca…-
- ¡Actúe de la forma actúe!… lo hice por que quería llamar su atención, no es que este justificándome, pero necesitaba hacerlo…- Snape se quedó callado, mirándola directamente a los ojos, con un atisbo transparente he inexpresivo. Era la excusa más entupida que había escuchado en su vida… y la mejor también.
Sin poder aguantar más la presión que la situación conllevaba, comenzó a derramar lagrimas que trataba inútilmente de contener. Snape comenzó a descomponerse.
Transcurrieron un par de segundos, que para ambos, parecieron eternos, fue entonces, cuando Lara, en un arrebato de coraje (o estupidez) se levantó repentinamente de la silla, provocando que esta cayera al suelo con un ruido seco.
- ¡¿Quiero saber por que me ignora?!. ¿Por qué no quiere verme, ni hablarme?. ¡No… no puede negar que… el tiempo que estuvo en casa de mis padres algo había cambiado… entre nosotros!…-
Su profesor se volvió más pálido de lo habitual, frunció el ceño, se levanto de su silla y sosteniéndole la mirada más fría e hiriente que existe, le dijo:
- Si no quería que esto pasara, entonces… no se hubiera revolcado con Potter…-
No podía creer lo que acababa de escuchar, Lara sintió su cuerpo desvanecerse, temió desmayarse, pero desgraciadamente eso no sucedió. Las lágrimas que ya inundaban sus ojos, comenzaron a brotar a montones y resbalar por su rostro rápidamente.
Su profesor le quito la vista, apartándola y clavándola en el suelo, en carácter de repudio. Ya no podía aguantar más, debía marcharse o morir de la rabia y tristeza.
Como pudo, se acercó a la puerta, salió de la habitación y la serró de un portazo.
Estaba laro lo que cada uno pensaba, o eso creían ellos…