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Disclaimer: Aún no soy Meyer, so, sus personajes no son míos, tralará xD
Viñeta 3: Cuestión de principios.
Una leve pieza de jazz de los años cincuenta sonaba a un volumen medio alto, mientras la voz de Billie Holiday inundaba la estancia con su timbre suave y portentoso. Emmett entró en la habitación con confianza, caminando normal y haciendo eco con sus fuertes pisadas, y se tiró en el sofá en el que cierto vampiro de pelo castaño cobrizo y ojos dorados -en ese momento, cerrados- estaba sentado siguiendo la música con un pie mientras tenía entre sus manos un grueso libro de tapas rojas.
-Hola Emmett.
-¡Ey, Edward! -saludó el moreno-. Se hecha de menos tu música.
-Hola Jasper, Alice, Rose, Carlisle y mamá -saludó el muchacho abriendo los ojos por fin-. ¿Me equivoco al pensar que esto no es una visita turística?
-Bueno, Edward. No creo que el polvo haya criado estalactitas y estalagmitas en tu habitación -bromeó Alice, sentándose en el suelo con los movimientos gráciles que la caracterizaban-. Muy buena música.
-Billie no me tiene muy contento hoy -comentó Edward mientras recorría con la mirada a su familia. Le asaltaron los pensamientos banales de todos ellos y arqueó las cejas ante su clara censura mental. -Son imprevistos de la música de los cincuenta.
-Hablemos entonces de otro tipo de imprevistos -cortó Rose, cruzándose de brazos y mirando a su hermano con arrogancia. -El tipo de improvistos que hacen que casi nos delates delante de todos los niños del instituto.
-Rose…-comenzó Carlisle.
-¡No! -exclamó la rubia-. ¿En qué demonios estabas pensando, Edward?
-En demonios, precisamente -contestó él tensando los labios y mirando a su hermana inexpresivamente.
"¡Será estúpido! ¡Casi hace que todo el pueblo se nos encima! Y todo por la maldita humana nueva. Maldita sea la hora en la que decidió cuidar de su papi en Forks"
"Mierda, Rose. Siempre te tienes que enfadar por todo. Cuando gruñes te pones fea, nena"
"Edward. Piensa antes de hablar"-el pensamiento de Alice lo hizo sonreír secamente.
"Tranquilo. Son tus hermanos y se preocupan por ti. No vamos a dejar que nada le pase a Bella, Edward"-y Carlisle, siempre pendiente de él. Su padre.
"Mi pobre niño, entre la espada y la pared. ¡Oh, que demonios! Aunque fuera tuerta y de dedos palmeados me gustaría para él. Sólo quiero verlo feliz"
El pensamiento de Esme lo perturbó. ¿Era él feliz? La imagen de Bella totalmente ruborizada y mirando al suelo mientras le contaba los motivos que la habían llevado a Forks le hizo sentirse cómodo, sentirse bien.
Cuando la furgoneta de aquel Crowney casi la atropella…
-Cállate ya, Rose -espetó Edward, levantándose de golpe y dejando el libro encima del sofá de cuero, junto a un Emmett que miraba a su hermano temiéndose un arranque de lenguas hirientes y mordaces. -¿Puedes…? ¿Puedes dejar de pensar en ti por una sola vez?
-Ella piensa en nuestro bien, Edward-apeló Jasper, mirando a su hermano desde un discreto segundo plano.
-¡Nuestro bien! -exclamó Edward. -¡¿Nuestro bien? ¿Y qué se supone que habríamos hecho cuando la sangre de Bella se hubiera derramado por el asfalto? Nos habríamos contenido, ¿no? Claro, somos tan fuertes…tan resistentes… Sobre todo tú, Jasper, que no hacen ni tres semanas desde que te empeñaste en poner a prueba tu resistencia a la sed y casi matas a Withney. O Emmett, que sigue haciendo el loco jugando a derribar los árboles que están en los límites de los terrenos de los quileutes…
-¡Eh, tranquilo! -Cortó Emmett, levantándose también mientras Carlisle miraba alarmado a su hijo adoptivo. -¿Ves lo que has conseguido ya? ¡Ahora me voy a llevar una bronca por tu culpa! -señaló a su hermano y este gruñó por lo bajo. -Nadie te está diciendo que está mal lo que has hecho hoy, Ed. Lo que está mal es que esa humana te afecte tanto.
-Se llama Bella -matizó Edward, enseñando los dientes.
-Edward, ya -la voz aterciopelada de Esme lanzó unas notas musicales imaginarias mientras la mujer tomaba los puños en los que se habían convertido las manos de su hijo y los deshacía. -Pórtate bien y no le gruñas a tus hermanos. Tranquilo, sólo estamos hablando…
-¡Acaba con esto ya, Edward! -pidió Rose. -Por favor…
-Es humana, Edward -aportó Jasper, bajando la guardia-. Ella no puede ser para ti.
-…creo que tienen razón, hermano-susurró Emmett.
-¡¿Pero de qué estáis hablando? -saltó Alice, levantándose del suelo también. -¿oigo bien? ¡Cómo podéis pensar en que Edward la mate cuando yo he visto que ella sería uno de nosotros!
-Sé seria, por favor -gruñó Edward, mirando a sus otros tres hermanos totalmente furioso.
-Estoy hablando en serio. Bella va a ser una de nosotros, lo he visto. Así que se acabaron los planes de que Edward se la desayune. Cuestión de principios: no podemos comernos a uno de nosotros.
-Ella no es nada nuestro -gruñó Rosalie, totalmente furiosa.
-Pero lo será, Rose -contradijo Alice.
-¡Nunca! -estalló Edward, apretando con fuerza los puños. -¡No pienses eso, te exijo que no digas eso, te ordeno que NO veas eso, Alice! Ella no va a ser un monstruo. Ella no va a conocernos. ¡Ella va a seguir viva y será una excelente humana con una vida humana normal!
-Chicos, os habéis precipitado. Bella no va a morir -la voz suave de Carlisle sonó como una promesa.
-¡Claro que no! -negó Edward con vehemencia. -¡A Isabella Swan vais a borrarla de vuestras mentes, YA! -le pegó un puñetazo a la pared de detrás del sofá y dejó un boquete del tamaño de tres veces su puño.
-Edward, hijo… -Esme se mordió el labio mientras todos se giraban hacia ella. -Cálmate, por favor. Yo te quiero, y quiero lo mejor para ti porque eres mi hijo. Pero no quiero que te vayas de nuevo a Alaska o a algún otro lado… Haz lo necesario para quedarte y para que ella siga viva.
Rosalie hizo rechinar los dientes, furiosa, obstinada e incrédula, y salió de la habitación a una velocidad vertiginosa. Jasper no tardó en seguirla para calmarla. Carlisle inspiró hondo, simplemente por pura inercia y tomó a Esme de la mano.
-Edward… Yo confío en ti y sé que harás lo mejor para todos. Pero…quizás no debas privarte de…descubrir nuevas etapas.
Esme apoyó la cabeza en el hombro de su pareja y ambos salieron de la habitación, en silencio. Emmett sonrió ampliamente.
-Así que… seremos ocho en la familia -comentó, totalmente despreocupado. -Mira tú que bien, ya me hacía falta una nueva hermanita. Se nota que la cosa va por parejas.
-Sí, cierto. Nos hacía falta alguien más para jugar a la pelota en equipos de cuatro -opinó Alice, agarrándose del brazo de su hermano. -Chicas contra chicos.
-No. ¡No! NO -gritó Edward, y se lanzó por la ventana totalmente descontrolado.
Minutos después comenzaron a oír como algunos árboles que rodeaban su casa cedían ante los golpes furiosos de cierto hermano suyo que se negaba a ser feliz.
-…de todas formas. Yo seré capitana de uno.
- Me parece que gracias a Edward jugar a la pelota será mucho más divertido.
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