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o-o-Nekoi-o-o
Author of 14 Stories

Rated: K+ - Spanish - Romance - Neji H. & Hinata H. - Reviews: 17 - Published: 03-17-07 - Complete - id:3445347

Disclaimer: Nada me pertenece, por desgracia. Si así fuera, .¿os creéis que Neji-kun llevaría tanta ropa puesta? XD

Este es un one-shot que escribí para un reto de Foros DZ, en que nos pedían un encuentro romántico de Neji y Hinata en Navidad. Ya sé que se pasa la época, pero no lo había querido subir hasta entonces, y aprovecho que publico mi séptimo capítulo de Desire para subirlo.


Nuestro regalo de Navidad

Aún no sé cómo llegué aquí, pero solo sé que me encuentro en mi habitación, dentro de un extraño estado de frenesí. El corazón me late muy rápido, mi cuerpo desnudo está empapado de sudor y mantengo los ojos entrecerrados; todo está extrañamente borroso a mi alrededor, como si de un mal sueño esto se tratara. Alguien está junto a mí, siento su contacto y me esfuerzo en abrir bien los ojos para averiguar quién me tiene en semejante fase de exacerbación.

Mi prima se encuentra justo en mi cadera. Sus antes inocentes orbes brillan ahora de furiosa energía, y también su pequeño y níveo cuerpo está desprovisto de toda prenda. Tiene apoyados sus gráciles dedos en mi pecho; a la par que su húmeda boca hace surgir una tímida sonrisa dejando escapar quejido tras otro. Su movimiento bamboleante encima de mi cuerpo me hace perder la cordura, y me tienta a seguir su ritmo, conduciéndonos juntos a la más onírica y extasiada locura. Dios, nunca creí que existieras, pero solo debe ser obra tuya que esté disfrutando de este placer que se me está prohibido, por nuestras ramas, nuestra condición... pero, a la vez, nuestra unión tan cercana como la que estamos disfrutando ahora.

Invierto los papeles para quedar yo encima de ella. No puedo permitir que siga regocijándose en ese control que tiene sobre mí. Solo sonríe de nuevo, musita unas palabras de afecto y me pide mi entrega total, mi marca de posesión. No dudo por un segundo en retomar nuestro viaje al placer. Hinata tiene los ojos llenos de lágrimas, suspira sin cesar, marca mi espalda con sus romas uñas, se agita por entero nublándome más y más la vista. Solo tengo como última visión la dulce expresión de su rostro llegando al esperado final, para consecuentemente yo acabar junto a ella en una plácida explosión de sensaciones...

---

Neji despertó en la cama de su modesto cuarto. Respiraba agitadamente, llevándose una mano al pecho, tratando de volver al mundo real y poder salir de esa irrealidad a la que se había visto transbordado en otro de sus múltiples e indecorosos sueños nocturnos junto a su prima.

Si bien todos sus compañeros podían afirmar rotundamente que Neji era un joven que no se dejaba llevar por las emociones más mundanas, esta era la excepción más notoria. Su gran obsesión por Hinata, a la que supuestamente odiaba por su rango, era su punto más débil, además del más secreto. Su aparentemente férreo corazón se sentía vencer por su inocente expresión, sus palabras amables y su buena disposición, que le debatían sentimientos contradictorios de odio y amor irracional, confundiéndolo enteramente.

Sacudió la cabeza. Ya se estaba acostumbrando a aquellas demostraciones nocturnas acerca de lo mucho que deseaba tener a la pequeña heredera junto a él, y no lo trastornaban tanto como en sus orígenes. Formaban parte de su mundo interior y ahí debía quedarse: donde empezaba el sueño, terminaba la realidad.

Ya más calmado, contempló el calendario en la pared contigua a su lecho. 24 de Diciembre; marcaba éste.

“¿Día de Nochebuena?”, se preguntó, sorprendido. “No es posible, juraría que el día anterior estaba convencido de que aún quedaba al menos un mes para la Navidad... Ugh. Creo que esto confirma que no sé ni en qué día vivo... Y menos, teniendo a Hinata en mi cabeza todo el día, impidiendo mi concentración...”

Con un suspiro de fastidio, se levantó para empezar otro día en su rutina. Por ser víspera de fiestas, todos los entrenamientos se habían suspendido, empero, Neji Hyuuga se había propuesto entrenar; lloviera, nevara, les asaltara un tifón o fuera el día de Nochebuena, en este caso. Al menos, se dijo, podía ser una buena forma de distraerse para alejar a cierta chiquilla de sus más prohibidos pensamientos.

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Al mismo tiempo, una apacible joven de cabellos púrpura se debatía entre la vida y la muerte con la elaboración de un pastel para la cena navideña en familia de aquella noche, en compañía de su hermana pequeña. Hanabi, que sabía cocinar muy bien, se había autoimpuesto el papel de cabecilla y daba órdenes sin miramientos a Hinata, quien se limitaba a obedecer torpemente sus instrucciones.

-¡Hermana!. ¿Qué haces perdida en tu mundo?. ¿No te dije acaso que mezclaras la masa del pastel con la levadura?. ¡Mira! –Hanabi señaló la pasta plana sobre la encimera-. Ahora habrá que elaborarlo todo otra vez, solo porque no sigues mis indicaciones.

-Lo siento mucho, Hanabi; pero... si sabías que solo sé elaborar yokan, deberías haber pedido a papá que te ayudase... –formuló tímidamente Hinata, en un intento de contrarrestar la querella de la pequeña.

Hanabi puso los ojos en blanco.

-Papá no quiere oír hablar de cocina, así que dudo que hubiese entrado aquí sin que le hubiese atado antes. Así que me ha tocado tenerte a ti, pero, dada la ayuda que recibo, creo que hubiese estado mejor haciendo esto sola.

Hinata bajó los ojos, sin decir nada. La pequeña interrumpió su discurso al fijar sus ojos en los de su oneesan y frunció el ceño. Hinata no se comportaba como normalmente hacía, la mayoría del tiempo estaba ausente y solo se disculpaba cuando alguien le llamaba la atención... pero en lugar de concentrarse más, volvía a navegar en su mundo, y ello preocupaba a Hanabi en gran medida. Al fin y al cabo, se trataba de su hermana mayor y la apreciaba.

-Mira, Neji-onisan está entrenando en el patio –le informó en un tono más amable, asomándose por la ventanilla, tratando de evitar más disputas entre ambas-. Debe estar loco como para querer salir a la calle con el frío que hace –musitó a media voz. Volvió la cabeza y se encontró a una sonrojada Hinata, mirando en la misma dirección que ella-. Hermana, .¿tienes fiebre?

-¡Eh! –Hinata desvió la vista de Neji para fijarla en el pícaro rostro de Hanabi-. ¡No, no! Es solo... que hace mucho... calor en esta habitación...

-Hermana, estabas sonrojada mientras mirabas hacia Neji-onisan –murmuró la joven mordiéndose los labios-. Eso significa...

-Hanabi...

-... ¿qué te está pasando a ti con Neji-onisan?. ¿Es por él por lo que estás tan descentrada últimamente?

Hinata se sonrojó más si cabía, escondiendo su rostro detrás de sus ahora largos cabellos. Se preguntó nerviosa por qué Hanabi sería tan perspicaz y era tan clara a la hora de adivinar todos sus pensamientos a través de sus más desapercibidas reacciones.

-Es por el regalo de Navidad, .¿no?

-¿Eh?

-Digo, estás así porque no sabes qué regalarle –Hanabi sumó a sus palabras un gesto con la mano-. Te comprendo, a los hombres es muy difícil saber qué comprarles y entonces, tú estás indecisa en qué ofrecerle esta noche, cuando entreguemos los presentes.

Hinata casi suspiró aliviada. Bueno, era cierto que había estado muchos días preparando con esmero el regalo para Neji y no sabía si sería de su agrado, no obstante, una cuestión más preocupante la tenía en vela últimamente, y agradecía que Hanabi fuese aún pequeña como para intuir su desamor.

-No es eso... Ya tengo su regalo –se apresuró a desengañar a la pequeña-. Es que no sé si le gustará lo que le he comprado... Creo que lo rechazará solo por el hecho de que venga de mí.

-Hinata, Neji-onisan ya no se porta mal contigo como hacía unos años. Es absurdo que sigas pensando que te va a menospreciar cuando hace tanto que te trata con una amabilidad que sorprende a todos.

Sin querer, Hinata estaba comunicando sus más fervientes temores acerca de Neji a su hermana, pero se sentía bien al compartirlos. Quería, no, deseaba realmente poder llegar a caerle bien, o incluso, aunque pareciera imposible, que le atrajera tanto como a ella le atraía él. No sabía exactamente cuándo había empezado a fijarse más en su primo, a espiarle en sus entrenamientos, y a cuidar cada detalle de su apariencia en un intento de que él la halagara con algún comentario cariñoso, pero eran hechos indiscutibles. Y sin embargo, Neji no pasaba de hablarle con cierta gentileza, y a evitar demasiado contacto con ella, lo que la hacía verdaderamente preguntarse si acaso él solo estaba siendo considerado, y en el fondo, su relación no había mejorado.

-Tú lo has dicho, solo quiere ser amable... Pero en el fondo, sigue pensando que no soy digna de haber nacido –se lamentó Hinata.

-¡Tonterías! Neji-onisan solo se porta bien con la gente que de verdad le agrada. Y tú le gustas mucho, yo se lo veo, lo que pasa es que está tan obcecado con su condición –como a él le gusta llamarlo-, que se niega a simpatizar más contigo. Te prometo que esta noche le agradará notablemente lo que sea que le regales.

Hinata sonrió, más calmada por la expresión de excepcional seguridad que lucía Hanabi.

-Ahora que todo está aclarado, volvamos al pastel.

El momento de alivio de Hinata se evaporó como el humo y, suspirando sin ganas, volvió a su quehacer, esperando la medianoche.

---

La mansión de los Hyuuga nunca había estado tan abarrotada como aquella noche. Después de la convencional cena, se habían dispersado todos los miembros de la familia por distintas partes de la casa, conversando unos con otros distendidamente.

Hinata se encontraba entre sus tíos maternos, que intentaban hacerla reír con sus conversaciones. La joven daba muestras de tímido interés, pero su cabeza estaba arriba en las habitaciones, muy lejos del ambiente festivo del salón.

Neji se había ido a su cuarto apenas había terminado la cena, alegando malestar estomacal. Hiashi le había dejado ir a condición de que bajara al término de la celebración para ayudarle a limpiar. Sin embargo, desde hacía una hora, al joven Hyuuga no se le había vuelto a ver, y Hinata estaba algo preocupada por él. Sabía que era terriblemente egotista pensar que se había marchado por su culpa, pero entonces, .¿qué deseos podría tener Neji de permanecer alejado de incluso sus familiares más directos?

Sin poder aguantar, se disculpó con sus tíos y, evitando encontrarse con su padre, subió rauda las escaleras en dirección a la habitación de su amado. Deseaba saber si de verdad se encontraba mal, quizá volver a intentar pasar tiempo con él... y darle su regalo, el cual llevaba escondido en su bolsito, entre sus manos.

Hinata, nerviosa, tocó delicadamente la puerta de su primo, cerrada, como suponía, a cal y canto.

-Neji-onisan... –balbuceó, ruborizada por entero-. Etto... Soy Hinata... ¿Podría... pasar un momento, por favor?

Esperó la respuesta de su primo con los ojos fuertemente cerrados. No se creía que de verdad estuviese siendo tan impulsiva. Nunca antes se había acercado a la habitación de Neji y mucho menos, le había pedido pasar como ahora. Se preguntaba cuál sería la reacción del chico.

No oyó respuesta alguna al principio, y entonces oyó a Neji hablar pausadamente.

-¿Quieres algo?

-Hummmm... Quería...-Hinata se sintió ridícula de pronto. ¿Qué iba a decirle ahora?. ¿Qué estaba preocupada por su fingido dolor de vientre?. ¿Qué solo quería darle su regalo, aunque aún no fuese la hora indicada? Solo le estaba importunando, así que habló atropelladamente-. ¡Solo quería conversar contigo un momento, pero si estás ocupado o no quieres verme, lo entenderé! Estaré... ¡Estaré abajo si acaso después necesitas ayuda para limpiar!

Se dio la vuelta, avergonzada de sí misma, para volver a bajar, pero la voz de Neji la interrumpió.

-Espera, Hinata-sama...

Se volvió de nuevo, entonces, y quedó maravillada. Un chico de cabellos largos y castaños quedó a su vista con el torso totalmente desnudo y unos pantalones de mezclilla. Neji había estado cambiándose de atuendo, por ello había tardado tanto en contestar a la joven, y, en vista a que Hinata había cambiado de opinión tan pronto, no le había quedado más remedio que abandonar momentáneamente su intento de cubrirse con otras prendas.

Hinata iba a dar un pequeño alarido de la impresión, pero Neji logró acallarla a tiempo, posando una mano en su boca, y meterla rápidamente en su cuarto, cerrando la puerta. Un grito podría alertar ahora a sus familiares y no sería bueno que ahora les encontraran en aquella situación comprometida.

Apoyó a su prima, en el tabique, apegando su cuerpo al de ella, y manteniendo su boca apresada con su mano. Sin ser consciente del rubor que cubría furiosamente las mejillas de Hinata, agudizó el oído. Bien, las charlas se sucedían sin denotar ningún cambio en el piso inferior, por tanto, estaban de momento a salvo.

Volvió sus ojos opalinos a la chica y se dio cuenta de pronto de la posición en que se encontraban: ambos adheridos a la pared contigua a la puerta, rozándose lascivamente por doquier y tan cerca uno de otro. Lentamente, Neji alejó su mano de Hinata para que volviese a recuperar el habla... sin embargo, no quiso apartarse, al menos de momento. Quién sabía si se le iba a conceder en un futuro otra oportunidad de tenerla tan cerca.

Hinata inspiró hondo y, casi desfallecida por la falta de aire, se dejó caer sobre los brazos de Neji, quien la atrajo hacia sí inconscientemente. Ella sintió la suavidad y tersura de su piel morena entre sus dedos y la frescura de sus largos cabellos castaños en su cuello. Casi sin querer, se apretó más contra él, ansiosa por más contacto prohibido y sus ojos se encontraron. El deseo en su interior volvió a brotar como cada vez que se veían, se notaban, olían sus perfumes en la misma estancia y, de nuevo, sus silenciosos intentos de acallarlo, al creerse no correspondidos.

Neji, finalmente, volvió a la realidad, tosiendo para llamar la atención de Hinata y alejándola con suavidad. La kunoichi enseguida dio un pequeño suspiro y fijó la mirada en el suelo, totalmente ruborizada. Sin querer se le había caído el bolsito que portaba y lo recogió apresuradamente.

-Hummm... ¿Para qué querías verme, Hinata-sama? –le preguntó, tratando de controlar sus nervios y sentándose en la cama. Tomó la camiseta que estaba al lado y se la puso con rapidez.

-Neji-onisan... Yo... –Hinata se acercó hasta quedar recostada en el suelo, a los pies de su primo, sosteniendo todavía el bolso entre sus temblorosos dedos-. Solo... solo quería... darte mi... más sincero... detalle por esta Navidad.

-La hora de los regalos es más tarde, Hinata-sama –afirmó el joven-. ¿No te dijo Hiashi-sama que sería a las doce en punto?

Hinata sacó un paquetito, sin mirar a su primo a los ojos. Se infundó valor a sí misma y abrió de nuevo la boca, tratando de tartamudear lo mínimo.

-¡Lo sé! Pero... para mí... era... era importante, poder dártelo a... a solas... porque... quería que fuese una ocasión más especial... –bien, no iba por mal camino; Hanabi estaría orgullosa de su temple. Solo le faltaba rezar para que Neji no la evitara como solía hacer, dejando en ridículo su ofrecimiento. Cruzó los dedos, esperando su respuesta, a la par que dejaba el paquetito en la esquina de la cama, a la espera de ser tomado.

Neji quedó sorprendido por las palabras de su prima. No quería pensar qué significaba para la pequeña heredera una ocasión especial para ambos y a solas. Dudaba que pudieran acercarse al mismo concepto, Hinata no le había buscado para compartir una velada romántica juntos, solo quería hacerle sentir cómodo siendo amable con un detalle. El hecho le enterneció, pero enseguida fijó sus facciones para evitar que se mostrara su afección. Tomó el regalo de Hinata y pasó sus dedos por el envoltorio plateado.

-Hinata-sama... Si te soy sincero... No deberías haberte molestado en comprarme nada.

-¿Por qué? –se lamentó la muchacha-. A mí me hace... muy feliz poder regalarte algo... Y solo podré serlo más si me hicieses el honor de aceptarlo.

-Pero... Lo siento, Hinata-sama, yo... No puedo aceptar un regalo que me has hecho por compromiso.

Los orbes de Hinata se oscurecieron terriblemente y sus ojos se llenaron de lágrimas de decepción. Neji maldijo su estúpido orgullo. Por supuesto que quería ese regalo, estaba deseando poder abrirlo, saber qué era, darle las gracias y tenerla de nuevo abrazada contra él, pero... No, no debía hacerse ilusiones, sus sentimientos eran solo suyos y debía mantener a Hinata excluida de ellos, debía protegerla de sí mismo negándole cualquier acercamiento.

Sin embargo... si Hinata continuaba mirándole así, sería capaz de destruir todos aquellos avances en su relación amistosa con ella dejándose llevar por sus instintos, y eso es lo que no se podía permitir, aunque le doliese. Por ello, rechazaría cortésmente su regalo, volverían abajo con los otros y de nuevo se condenaría a una vida de eterno sufrimiento por amarla y no poder tenerla a su lado.

Pero Neji supo, por mucho que lo pensara, que todo aquello que se había propuesto no iba a resultar. Así que ignoró a la razón y simplemente, se dejó llevar.

Acallando sus voces internas, atrajo a la llorosa Hinata contra sí, devorando su boca en un gesto rudo y poderoso, ocasionando un pequeño gemido de asombro por parte de la chica, y una satisfacción por su parte, al verse cumplido su deseo.

Neji colocó una mano en el cuello de Hinata, atrayéndola más contra sí, y con un giro brusco, la echó sobre su mullido lecho, quedando él encima y encajando sus caderas. Todo ello evitaba que Hinata pudiera alejarse, teniendo en cuenta la musculatura de su primo, y que quedara bajo él, sintiéndola por fin como suya.

Hinata había mantenido los ojos abiertos ante aquel rudo e inesperado beso, empero, pronto los cerró y el rubor cubrió furiosamente sus mejillas, sin embargo, lejos de avergonzarse y quedarse quieta, abrazó a Neji por la altura del cuello, enredando sus finos dedos entre las largas hebras castañas. Dejó escapar un gemido ahogado al sentir la lengua de él empujar contra sus labios a la espera de profanar su cavidad, y al entreabrir la boca en busca de un poco de aire, concedió a Neji la oportunidad perfecta de adentrarse. Calambrazos de placer recorrieron sus espinas dorsales, se arrejuntaron más, el beso se volvió más húmedo y fogoso y compartían el mismo calor furioso de sus mejillas. Echados como estaban en la cama, con Hinata bajo Neji, éste último podía alternar el peso apoyando sus manos en el colchón para no aplastarla y, al mismo tiempo, empezar a recorrer ese deseoso cuerpo con sus ansiosas manos, provocando que Hinata rompiera a cada momento el contacto de sus labios para gemir delicadamente, y posteriormente, volver a besar a su primo sin importarle el aire faltante, e incluso, ya se atrevía a acariciar su espalda por debajo de la camiseta de él sin reparo.

El deseo los dominaba, empezaban a descontrolarse terriblemente y sabían que si no paraban, después se arrepentirían, pero no querían dejar de sentir al contrario. Neji se separó temporalmente de Hinata para quitarse la camiseta que se había puesto a su llegada y que ella recorriese su cuerpo con mayor libertad. La heredera se maravilló de poder tocar por fin el cuerpo deseado de su primo, tan perfecto y proporcionado y le dio pie también a que la pudiera tocar a ella, desabrochándose ella misma la chaquetita que portaba. Neji dejó entonces su boca para empezar a tomar posesión de su cuello y sus manos empezaban a reconocer ahora el pecho de la chica.

En la habitación solo podían oírse los gemidos de ambos, los movimientos pausados en la cama de Neji, el ruido de las ropas al desabrocharse, el calor que los hacía sudar y embriagarse en el otro. La atmósfera mágica que se había formado iba a ser muy difícil de romper, ahora que ambos se entregaban al otro sin reparo alguno...

-¡Neji!

O tal vez no. El golpe en la puerta de la habitación los hizo separarse con ímpetu, hasta el punto en que Neji cayó de la cama, y, por el impulso, Hinata cayó con él. En el suelo, se mantuvieron en silencio, a la espera de otro sonido. ¿Quién había sido el que había llamado?

-¿Neji?. ¿Estás ahí?. ¿Por qué has cerrado con llave?

Hinata se llevó una mano a la boca. ¡Su padre!. ¡Pero si nunca antes había llamado a la puerta de la habitación de Neji! Sí, para él era como un lugar de la casa que no existía, o bien llamaba a Hinata o a Hanabi para que fuese a por él cuando le necesitaba o desistía de sus servicios. ¿Cómo es que hoy estaba ahí entonces, tan campante?

-Hiashi-sama... –respondió Neji desde el suelo, haciendo gestos a Hinata para que no abriese la boca-. Lo siento, sí, estoy aquí, solo... es que me estaba cambiando, por eso he cerrado con llave, y no le había oído.

-Apresúrate a bajar, dentro de poco empezarán a irse y quisiera tener todo arreglado antes de tiempo. Y si ves a mi hija mayor, dile que te eche una mano, hace rato que se fue y no sé dónde pudiera estar -Hinata se mordió los labios, avergonzada. Neji la tranquilizó acariciándole el cabello.

-Sí, Hiashi-sama, así lo haré –le respondió.

Para alivio de ambos, oyeron los pasos de Hiashi desaparecer por la escalera y suspiraron aliviados. Neji agradeció haber cerrado con llave cuando había metido a Hinata dentro de su habitación y la liberó del abrazo asfixiante en que la tenía por los nervios de casi haber sido descubiertos.

Hinata se tambaleó un poco, sentada como estaba en el suelo, con la manta de la cama a sus pies. No se atrevía a mirar a Neji a los ojos, los cuales se mantenían firmemente fijos en el rostro cabizbajo de ella, por la vergüenza que sentía ante la pasión de minutos antes.

-Neji-onisan... –habló tartamudeando y arrugando un extremo de la manta con sus deditos-. Yo... yo... esto... perdóname...

-¿Qué?

-Yo no quisiera que... sintieses pena por mí y por ello... me hicieses algo como esto... Mi intención era tan solo expresarte mi... mi... amor más sincero con el regalo, pero no porque no sientas lo mismo, tienes que obligarte a complacerme besándome... así... yo...

Neji, horrorizado, se apresuró a volver a acallar a Hinata, de nuevo con sus labios, ahora en una simple caricia. ¿Cómo podía pensar eso de él?. ¿No entendía que sencillamente la había besado porque no sabía cómo expresarle el intenso deseo y amor que por ella se desvivía? Hinata se negaba a creer que Neji pudiese amarla y no podía consentir que siguiera con esa falsa idea. Se retiró de sus labios y le acarició los cabellos, más calmado después de la explosión de adrenalina anterior.

-Hinata-sama, .¿crees que de verdad que yo besaría a alguien por el simple compromiso y agradecimiento por un regalo? Entonces creo que no tienes un buen concepto de mí.

-Eh... –Hinata, que tenía los ojos llenos de lágrimas, abrió delicadamente la boca al oír a su primo-. Entonces... yo, tú...

-Verás... Sentía tanta... rabia de no ser capaz de acercarme a ti como quisiera que simplemente me he dejado llevar sin darte explicación alguna. Vivimos en la misma casa, en habitaciones contiguas, te veo cada mañana a la hora del desayuno y cuando nos vamos a dormir. Tener delante a la persona que amas a cada momento y saber que por su condición no puedas alcanzarla... es realmente duro. Por eso, acallé mis sentimientos... y he podido controlarlos hasta ahora, que no he podido contenerme cuanto te he visto llorar por mis estúpidas palabras.

-¿Entonces...? –Hinata empezaba a desbordarse de la alegría, las lágrimas recorrían sus pálidas mejillas-. Tú... ¿Tú me...?

-No se me da muy bien expresarme como es debido, además que estaba seguro de que amabas a otro chico... –explicó Neji, cabizbajo-. Soy yo quien debe disculparse por haberte forzado a algo que no quieres, y te pido que, si te ha desagradado, sencillamente lo olvidemos... Volveremos a la vida normal que siempre hemos llevado, si así eres feliz.

Ahora fue el turno de Hinata de besar a su primo para acallar sus tonterías. Neji abrió los ojos, algo sorprendido, pero no apartó a Hinata. Le había besado por su propia voluntad, lo cual significaba...

-Yo también te amo, Neji-onisan... Estaba realmente afectada por pensar que en realidad seguías odiándome por lo de nuestra familia, y me sentía culpable de tener otra clase de sentimientos hacia ti que me sentía en el deber de contener... Pero yo también te quiero y es algo que no puedo seguir callando, y menos ahora, que sé que correspondes a mis sentimientos.

-Hinata... Digo... Hinata-sa...

-Solo Hinata, por favor –concedió la chica, llorando de la alegría-. Tú para mí... serás solo Neji.

Ambos, ya sincerados con el otro, se miraron ahora directamente y unieron sus labios en un cálido beso. Habían encontrado a las personas que realmente querían y eso los hacía estar completos y llenos de vida. Abrazados se sonrieron y se levantaron en pos de satisfacer las peticiones de Hiashi-sama, ya no molestos con la interrupción, sino siendo felices con que por fin, un poco de felicidad llenara ahora sus vidas y a la espera de nuevos acontecimientos el día de mañana.

¿Y en cuanto al regalo? Ni a Neji ni a Hinata les interesó nunca qué les había comprado el uno y el otro, sino su simple presencia ya era considerada como un regalo divino.

FIN


N/A: One-shot realmente sencillo, muy azucarado, y con una trama bastante predictiva. No puedo evitar adorar el NejiHina, por tanto, me decidí finalmente por subir esta historia. Se agradecen reviews y críticas costructivas. Besitos y hasta la próxima ;)


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