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Author of 6 Stories |
Hola a todas las personas que leen mis locuras…Bueno este es un experimento que se me ocurrió. Ya que estoy un poquitín enganchada con el manga y animé Naruto, pues decidí hacer una pequeño fic. Me imagino que la idea no será la más original y que habrá cientos de historias parecidas, pero…aunque así sea, se que no todos la desarrollamos de la misma forma. Nada, pues de ustedes depende si la continuo o no. Si van a comentar, por favor, no intenten hacer que escriba la historia como ustedes quieren, yo soy la autora y YO decido cómo se va a desarrollar. Sí acepto criticas constructivas en cuanto a gramática, estilo y otros detalles técnicos. Bueno, ya dije lo que tenía que decir. Si aún así deseas seguir leyendo, que la disfrutes:D.
Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Este capítulo fue beteado por Samiko, muchas gracias.
Cualquier signo que no aparezca culpen a la página de que se los come.
De vuelta
Mira hacia allá, a tu derecha; a lo lejos hay una luz difusa. Si te acercas un poco podrás apreciar la silueta de una joven recostada en su balconcillo. Tiene la cabeza gacha y se abraza a sí misma con sus delgados y firmes brazos; parece un ovillo. Su cabello rosado le sirve de antifaz, cubriéndole la mayor parte del rostro. Es una máscara para que nadie reconozca su lado vulnerable. Ya hace algún tiempo que no deja ver esa cara. Lo que ella muestra a la gente de Konoha es una joven curiosa y alegre que disfruta ayudando a los demás. Sólo si te das un paseo por ésta calle, a ésta misma hora y te subes a los tejados, podrás presenciar su otro yo: ese que sufre y se refugia en la oscuridad de la noche. Trata de enfocar la vista¿ves lo que te digo? Entre los mechones de cabello rosa podrás apreciar el brillo de las lágrimas que resbalan por sus manchadas mejillas hasta acumularse en el objeto rectangular que sostiene en sus manos, cerca del rostro.
Se levanta parsimoniosamente, con pesadez, y da unos pasos hasta que entra en su habitación, dejando allí, en el suelo del balcón, un marco de madera. Es una fotografía: al extremo izquierdo hay un apuesto chico moreno con rostro de autosuficiencia; a su lado hay una versión más joven y alegre de la chica de cabellos rosados; a la derecha, un muchacho rubio mirando con rabia al primero; y finalmente, detrás de todos, un hombre de cabello plateado con gran parte del rostro enmascarado.
Espera unos minutos más… umm… ahora sí, observa bien: un joven alto y bien formado presencia la escena oculto entre las sombras. No te esfuerces mucho, no hay suficiente luz como para distinguir algo más que su silueta, pero fíjate en lo que va a hacer: el joven recoge la fotografía del suelo y la observa por unos breves segundos.
- Hn… -le escuchas claramente gruñir. Se queda allí parado unos instantes, ponderando. Luego le ves entrar en la habitación silenciosamente y acercase a la mesita de noche. Ya allí, estira su mano calmadamente, sin prisa ni ansiedad por salir de la estancia, y apaga la lámpara. Después le hecha un ultimo vistazo a la foto y la coloca donde sabe que siempre ha estado.
Justo cuando comienza a dar unos pasos hacia fuera de la habitación, es detenido en seco por la voz suplicante de la muchacha que yace en la cama. Sus labios se hacen una fina línea. Al parecer, no quería ser descubierto. Sin embargo no se le ve nervioso, todo lo contrario: la calma que emana es sorprendente. Demasiada, diría, para alguien que ha irrumpido en el dormitorio de una muchacha y ha sido descubierto en el acto.
- Sasuke-kun, no te vayas… -se le escucha susurrar.
Él se voltea concienzudamente. Su rostro no expresa emoción alguna, es como una escultura de piedra. Se acerca a ella sin decir palabra y descubre que lo ha llamado dormida. Se inclina un poco para poder observarla mejor: ésta tiene el rostro contraído en un gesto de angustia. Sus labios entreabiertos susurran frases que le traen recuerdos de aquella noche en la que él decidió lo que sería del resto de su vida.
- Sasuke-kun, te amo con todo mi corazón… no te vayas. Voy a hacer lo que sea para que seas feliz. Seremos felices…
Una sonrisa de satisfacción se le dibuja en el rostro. A continuación, se voltea, camina y se sube a la baranda del balcón, desde donde dice sus últimas palabras al viento antes de marcharse.
- Hn… espero que cumplas tu promesa, Sakura – murmura monótonamente y sale de allí a una velocidad inhumana.
Ya han pasado varios minutos. La kunoichi se levanta sobresaltada, como todas las noches hace varios meses. Tiene el cabello pegado a la frente y se agarra el lado izquierdo del pecho, con la respiración agitada. Hubiese jurado que alguien la observaba mientras dormía. Se extraña de encontrar la luz apagada, no recuerda haberla apagado. Mira la mesita y ve la foto en su lugar.
- ¿Qué…? Pero si yo… Ah, estabas tan cansada que no recuerdas nada. Vuelve a dormir, mañana será un largo día. – descarta la idea, volviendo a colocar su cabeza en la cómoda almohada. Cierra los ojos, pero rápidamente los vuelve a abrir. Su mente repite las escenas una y otra vez y no consigue conciliar el sueño. Aquella pesadilla fue tan vívida que su pecho se llenó de una aprensión insoportable. No puede ser que, después de tanto tiempo, aún siga soñando con Sasuke.
En el bosque, una sombra viaja a una velocidad increíble, tanto que solo se ven las ramas moviéndose cuando la persona brinca sobre ellas. Al fin se detiene a unas cantas leguas de la villa, en un llano. Si tratas un poco, verás que es el mismo joven que irrumpió en la habitación de la muchacha. La diferencia es que ahora puedes distinguir mejor su cabello negro y sus masculinos rasgos. Tiene los ojos rojos y escanea el área en busca de enemigos u animales salvajes. Ya estando satisfecho, se recuesta debajo de un árbol con los brazos detrás de la cabeza, en posición de descanso. Tiene una katana en su mano derecha, nunca sabe cuando va a necesitarla. Si hay una persona cauta en este mundo, ese es Uchiha Sasuke.
- Pronto será el día, Sakura. Tú solo espera…- le dice al viento mientras se acomoda mejor y cierra sus ojos negros al mundo.
Es otro día más en la aldea oculta de la hoja. Estamos en el famoso punto de encuentro del equipo siete: el puente de Konoha. Allí está la chica de cabello rosa, con el rostro demacrado por la falta de sueño. No había podido despegar los ojos del techo de su dormitorio desde que despertó de aquel sueño. Ahora fíjate en la calle: a lo lejos hay un chico rubio que sacude su brazo con entusiasmo.
- Sakura-chan, te ves horrible.- le escuchas decir con mofa mientras la mira de pies a cabeza. Su rostro tiene un gesto de desaprobación. Ella se frota los ojos y los abre para enfocar la vista. Luego se tapa la boca con la mano y bosteza.
- No dormí en toda la noche. -explica con voz somnolienta, recostándose en la baranda del puente.
Él la mira un tanto preocupado. Sabe que entrenar con Tsunade-baachan es muy extenuante, pero de ahí a no dormir en toda la noche…
-Sakura-chan, espero que no te estés sobrecargando de trabajo.
-Naruto…- la kunoichi no logra terminar lo que iba a decir.
Se escucha un “puff”. De una nube blanca aparece un hombre enmascarado de cabellos plateados leyendo un libro azul. Éste le tapa la mayor parte del rostro.
- Ah… llegué tarde porqué…- no termina la frase.
- ¡Mentiroso! – gritan sus alumnos a la vez.
- Kakashi-sensei ¿Cuál es nuestra misión para hoy? – pregunta Sakura, terriblemente cansada. Lo que desea es irse a la cama.
- Hoy tienen el día libre. – el rostro de la kunoichi se ilumina y Naruto pone cara de fastidio; él siempre quiere entrenar.
– Yo mientras tanto voy a… a atender unos asuntos con Tsunade-sama- dice desapareciéndose en la misma nube de polvo con un “puff”.
El rubio y la muchacha sudan y ruedan los ojos.
- Para mí que va a leer ese libro de nuevo…
- Umm…Sakura-chan… este… ¿Quieres ir a comer ramen conmigo?
- Naruto, tú sólo piensas en comer ramen. No; mejor me voy a mi casa, estoy agotada. – replica mientras camina en dirección opuesta a la de él y le dice adiós con el brazo.
- Bueno, será otro día. – muermura él en voz alta – ¿Por qué será que Sakura-chan nunca quiere salir conmigo?
Ya es tarde y la gente de Konoha, o está regresando a sus casas del trabajo, o saliendo a despejarse por las calles. Todos excepto Sakura: la chica de cabello rosado se encuentra recostada en su cama; ha estado intentando dormir sin tener éxito.
- ¿Por qué tengo la rara sensación de que alguien me observa? Se vuelve a acostar en la cama y mira su mesita de noche. Son las 6:00 de la tarde. Su mirada se cruza con la foto del equipo 7 y su rostro se entristece.
- Sasuke-kun ¿Cómo podré olvidarme de ti? – susurra tristemente con la mirada llena de melancolía.
Si miras bien, verás fuera de su balcón un joven de cabellos negros escuchando todo que ella dice.
- Nunca dejaré que te olvides de mí, Sakura. – se dice para sí, a la vez que da un brinco hasta el techo de la casa.
Meses después...
Otro día más, ya está entrada la noche, y aquí estamos otra vez, en la casa de la chica de cabellos rosados. Sakura se levanta sobresaltada, al igual que la noche anterior. Las pesadillas no la dejan dormir. Da vueltas y vueltas tratando de volver a conciliar el sueño.
- Es inútil. – dice – No voy a poder dormir nuevamente. Sasuke me está atormentando en mis sueños. Ni siquiera sé porqué he estado soñando tanto con él. Pensé que ya había superado aquel amor platónico de mi infancia. Llevo meses con este vacío en mi interior. Desde que nos lo encontramos en la guarida de Orochimaru... ya no aguanto más. Él nos traicionó a todos e intentó matarnos a Naruto y a mí. Si él cortó los lazos con nosotros, yo los cortaré con él de una vez por todas. Camina hasta su baño y se lava el rostro con agua fría. Mira su reflejo en el espejo y nota que se ve demacrada y cansada.
– No voy a dejar que me destruyas Uchiha Sasuke. Ya me rompiste el corazón cuando te fuiste y despreciaste mi amor. Ahora voy a seguir mi vida sin ti. Al menos, eso era lo que ella creía...
Sale del baño y se dirige a la mesita de noche. Ha tomado el marco con la foto del equipo siete. Saca el ya avejentado retrato, y justo cuando se dispone a rasgar la figura de Sasuke, siente un chakra muy fuerte detrás de ella. Un kunai presiona amenazadoramente su cuello. La chica deja caer el portarretratos al suelo en un acto reflejo. Se escucha el cristal haciéndose añicos y la respiración agitada de ella. Unos labios se acercan a su delicada y sensible oreja.
– No grites, o si no…-le susurra con voz grave, mientras aprieta el kunai más a su cuello.
La muchacha da un respingo por el dolor y sus ojos se abren como platos ante la realización.
– Sas-Sasuke-kun… – susurra atemorizada.
– Hn. – es la parca respuesta, si se le puede llamar así a ese gruñido.
El moreno la voltea hacia él y ella aprovecha para separarse hacia un rincón, en posición de lucha.
– No voy a dejar que me mates tan fácilmente. Tendrás que luchar conmigo. – replica mirándolo retadoramente.
Por fin puede descargar toda esa frustración acumulada, causada por él, desde hace tanto tiempo. Si Sasuke se esperaba que ella se le guindara del cuello y llorara de alegría por su acto de presencia, podía sentarse a esperar mil años, porqué eso no iba a suceder. No después de tanto tiempo de sufrimiento y espera, no después de que él los traicionara e intentara darles muerte a ella y a Naruto.
Aparentemente, el comentario le hizo gracia al Uchiha. Una pequeña sonrisa se le plasma en el rostro y un brillo divertido resalta en sus ojos. Sakura, que no está para jueguitos, sube su guardia aún más y lo mira seriamente. Jamás lo había mirado con esos ojos.
– Hn… no vine a matarte. Tengo otros planes para ti. – musita él, cínicamente.
La kunoichi se relaja un poco, pero no demasiado.
–¿Qué quieres, entonces¿Has venido a atacar Konoha¿Sigues siendo el arma de Orochimaru?
El moreno se le acerca lentamente, con mirada intensa. Sus ojos cambian al rojo del sharingan. Ella retrocede al ver el cambio y desvía la mirada. Sabe que no debe mirarlos.
– Dime¿Qué es lo que quieres¿Por qué has vuelto, Sasuke? – demanda, tratando de destilar una seguridad que no posee, pues su voz sale confusa. No sabe si el Uchiha viene con buenas intenciones. Verlo usar su sharingan en su contra no le da una buena impresión.
Sasuke sólo sigue acorralando a su presa, ignorándola, como siempre. Se puede sentir la tensión entre los dos en el aire. La kunichi lo mira asustada. Nunca él la había escrutado de esa manera tan amenazadora, ni siquiera el día de su último encuentro. En el fondo había algo más, pero no podía identificar qué era.
– Contéstame o voy a gritar. Todos se enterarán de que estás aquí. – dice atreviéndose a levantar la voz.
– Hn… ya he escuchado eso antes. – replica él, con sorna. La situación le parece divertida, por lo que veo.
De repente, el moreno se aparece a centímetros de la muchacha. La agarra violentamente por la nuca y la besa con tanta brusquedad que ella gime de dolor. Sakura trata de separarse, pero no puede; él la tiene bien agarrada. Sasuke hala los cabellos de la chica hacia atrás, exponiendo su blanco y sedoso cuello, y procede a mordisquearlo a sus anchas.
– Sasuke-kun ¿Qué haces¡Suéltame! Estás demente… – se sacude, pero no logra zafarse de ese agarre de hierro. La besa progresivamente, logrando que la piel se le erice. Una sonrisa de satisfacción se le dibuja en el rostro.
– ¡Sasuke-kun, suéltame¿Qué es lo que quieres?
Él le muerde la oreja y luego besa la herida, ignorando las protestas de la muchacha.
– Hn…pensé que había dejado claras mis intenciones, Sakura. – le susurra, estimulando los nervios sensoriales del área.
– No entiendo…umm…deja de hacer eso. – le ordena ella en vano.
– No.
– ¿Cómo que no? Sasuke¿cómo te atreves?: me dejas en una banca en medio de la noche y te vas con el enemigo a buscar poder. Luego intentas matarme y ahora esto... No tienes escrúpulos. No sé cómo estuve todo ese tiempo enamorada de ti, no sé que vi en ti… ¡Exijo que me sueltes en este…!
El muchacho ataca sus labios sin misericordia. Los lame, muerde y besa con destreza.
La kunoichi gime suavemente; pero aún lucha por separarse de él, no se ha rendido. Al fin lo logra. Está sin aliento y lo mira incrédula, llevándose los dedos a sus abusados labios.
– Hn… hablas demasiado. – su característica sonrisa de satisfacción parecía el único gesto, además de la rabia, que el Uchiha era capaz de expresar.
-¡NOOO…!. ¡TÚ, TÚ…¡Tú no tienes derecho a venir aquí, mucho menos a atacarme de esa manera! Eres un desgraciado, Uchiha Sasuke – lo señala con un dedo tembloroso; no se sabe si por la rabia, las hormonas o el temor. Quizás todas las anteriores.
El moreno la vuelve a ceñir a su cuerpo con su brazo, tratando de someterla a sus deseos. Ella lo empuja y le golpea el pecho sacudiéndose.
-¡URGGG…¡Suéltame! -patalea. No le gusta para nada que la agarren de esa manera tan brusca, y menos él, que tanto daño le ha hecho.
– Hn… Entiendo: quieres provocarme para que te vuelva a besar. No tienes que esforzarte tanto. – dice con voz grave y… ¿seductora¿Uchiha Sasuke es capaz eso?
La muchacha cierra su boca y lo mira con rabia. Un concurso, a ver quien desvía la mirada más rápido. Um… creo que el sharingan va a ganar.
– No te atrevas a usar el sharingan, Sasuke.
– Entonces no me provoques, mí Sakura – replica él, divertido ante la incredulidad de ella. Le gusta que no sea la de antes, que pelee con uñas y dientes, y se le imponga. Quizás por eso la besó tan repentinamente: no pudo resistir el reto de domar a la fierecilla en la que ésta se había convertido. Es un juego para él. Quiere derrumbarle las defensas, hacerla caer en sus brazos nuevamente. Además, la necesita, aunque le cueste admitirlo. Ella es la pieza clave en sus nuevos planes.
– No soy tu Sakura, Uchiha.
– ¿Ah, sí? – dice con tono de burla y encarnando una ceja – Tú misma prometiste que me harías feliz, que me darías todo para que me quedara en la villa…
– Eso fue hace más de tres años; y tú despreciaste mi amor, así que no tienes nada que reclamar.
– Entonces mentiste: no me amabas como decías. Dijiste que siempre me amarías.
– N-no… no es cierto. – tartamudea ante el reclamo –Tenía doce años. No puedes esperar que cumpla con algo que dije en un arranque de desesperación.
– Una promesa es una promesa. – le recuerda Sasuke arrogantemente.
– ¿Tú punto? – exige la chica. Quiere una explicación, y es ya.
– Bueno… Ya completé una de mis metas, pero aún me falta una. – replica como quien no quiere la cosa.
Flashback
– Yo tengo un sueño que no pienso dejar en sólo eso. Es una ambición: revivir mí clan y matar a cierta persona…
End of Flashback
Sakura abre los ojos de par en par. No puede creer lo que acaba de escuchar.
– No puede ser…Tú mataste a…
– Sí, maté a Orochimaru y a mi bastardo hermano. Y ahora…– pero no pudo terminar la oración.
– ¡NO! No voy a ser tu máquina de pequeños Uchihas, búscate otra. Tú no sientes nada por mí, sólo me buscaste para tus propósitos egoístas. Esta vez no voy a dejarme arrastrar; ya he sufrido bastante.
–Tú te lo buscaste. – la empuja contra la pared más cercana y la vuelve a besar apasionadamente hasta que ésta se queda luchando por recobrar el aliento. Le besa el cuello y la presiona aún más contra la pared con su firme cuerpo. Ella se siente mareada, le falta el aire. Su piel está sonrosada y sus labios hinchados por el abuso.
–Sasuke, por favor, suéltame ¿Sí? No quiero…así no, así no…– gime, desesperada.
–Tú lo deseas igual que yo. Lo veo en tus ojos. – ella se sonroja –Tu cuerpo responde al mío.
–Es demasiado para mí… entiende: te apareces de la nada y, de repente, quieres que sea la procreadora de tu clan. Es demasiado…-trata de hacerlo razonar.
Sasuke la suelta y la mira con sus sharingan dando vueltas.
–Serás mía, Sakura. De eso puedes estar segura. – dice, desapareciendo ante los ojos de la chica, en la fría noche.
La kunoichi rompe a llorar inconsolablemente.
–¿Por qué ahora¿Por qué a mí? Yo no quería que fuera así... Tengo que informar a Tsunade-sama de lo ocurrido: Uchiha Sasuke ha vuelto. Mañana será un día terrible, y sé que no podré pegar un ojo nuevamente.
Sakura siente un escozor en su cuello y camina hacia su baño para ver la causa. Se imagina que debe ser la herida que el bastardo le hizo con el kunai, pero…
– ¡UCHIHA SASUKE, ESTA ME LA PAGAS!-grita, furiosa.
–Hn… Creo que ya lo vio. – murmura para sí mismo. Aún anda por los alrededores.
La chica tiene una marca de amor enorme en su cuello. Ni siquiera un jutsu médico es capaz de hacerla desaparecer por completo.
–¿Para que me entreno como una ninja médico, si me es inútil en casos como este? Espero que Tsunade-sama no se de cuenta…