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Nota de la autora: Siento el tiempo de silencio, pero la musa va y viene como le da la gana. Prueba de ello es esta historia que empezó como un one-shot que escribí justo después de ver "X-Men 3: la decisión final" y que aún está sin terminar. No me había atrevido a ir subiéndola hasta ahora porque no sabía qué hacer con ella. Aún no lo tengo claro, pero tengo unos cuantos capítulos de margen de maniobra. Por una vez, no se trata de un universo alternativo, sino más bien de una duda razonable¿seguro que Scott está muerto? Tirando de ese hilo he ido escribiendo el relato, espero que os guste. Como siempre, las críticas constructivas son bienvenidas y, una vez más, os recuerdo que soy española, lo cual hace que pisar, coger y otras palabras no sean obscenas para mí.
“Ha sido breve, pero no ha estado mal”.
“¿Qué has hecho?”
“Pobre. Me ha sabido a poco. Pero sus sentimientos eran tan ricos, tan llenos de matices. Amor, esperanza, felicidad… Todo en un instante. Ha valido la pena”.
“¡¿Qué has hecho?!”
“¿Qué he hecho? Más bien di qué has hecho tú”.
“¡No¡No puede ser!”
El Fénix y Jean discutían mientras su cuerpo yacía inerte. Scott estaba muerto, o algo así. Jean no era capaz de saberlo. Recordaba sus labios, sus ojos. Eran azules, por fin lo descubría. Tantos años ansiándolo y no había disfrutado de ellos hasta el último momento.
Y ahora él no estaba.
“¡Deshaz lo que has hecho!”
“¿No sería al revés, ‘haz lo que has deshecho’?”
“¡Soluciónalo!”
“¿O qué?”
“¡Soluciónalo!”
“¿O qué?”
“¡Está bien, yo lo haré!”
Iba a reconstruir su cuerpo, o eso pensaba. Reconstruirlo, crear al antiguo Scott desde cero. Sin embargo, su mente se lo pensó dos veces. No había nada que reconstruir. Scott estaba vivo, podría decirse. En el último momento había logrado apartarle. Sí, ahora lo recordaba. Lo había mandado bien lejos, a kilómetros de allí. Su cuerpo flotaba perdido en mitad del bosque como un fantasma. Lo intentó, pero no pudo contactar con su mente. La notaba viva, pero aislada, como en coma. Pero estaba vivo.
El Fénix rió. Su otro yo le parecía de lo más divertido. Toda una perdedora, una estúpida mediocre que se había conformado con una vida de mierda. Pensaba arreglarlo. La aplastaría como a una cucaracha si hacía falta, pero no volvería. ¿Para qué¿Más de lo mismo, ser la estúpida mojigata de siempre que prefería guardar las apariencias a disfrutar de la vida? No, no había nacido para vivir en formol como una piececita de museo. El mundo estaba ahí fuera pidiendo que le sacase todo el jugo.
Antes de que el Fénix pudiera impedírselo, Jean mandó el cuerpo más lejos, fuera de su alcance. Aterrizó en una cuneta como un saco de patatas. Por suerte, solo se había producido unas cuantas contusiones. El Fénix ni siquiera se molestó. Allá ella si quería seguir con ese juego estúpido. Eso sí, le dejaría su marca de la casa.
“Qué bonito, Jean. Solo una cosa¿no sabes que le partiste el corazón? Pues te lo voy a demostrar.”
Jean pudo verlo. El corazón de Scott, bum, bum, bum… Y ya no había corazón, solo una masa amorfa en su pecho. Estaba muerto. Aulló su dolor y el Fénix volvió a reírse. Al menos esa estúpida le dejaría en paz de una vez con sus ñoñerías. Hora de divertirse.
“Fénix uno, boy scout cero”.
“¡Te odio!”
“Me da igual. No te necesito”.
Al mismo tiempo, mientras Jean se encerraba en sí misma para lamentarse, un coche percibió aquel cuerpo en la cuneta. El conductor estacionó en el arcén y los dos ocupantes descendieron con cautela. Era un chico joven con algunas magulladuras. El conductor se agachó con cuidado. Estaba en una posición extraña, como si le hubieran tirado de un vehículo en marcha o algo así. Llevó sus dedos al cuello del joven y buscó el pulso.
—¡Llama a una ambulancia, está vivo!