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Aprovechamos para recordar que este fic está escrito conjuntamente por Dark-Tsubasa y Tifa-Lock. Y Tifa-Lock aprovecha para apuntar que la que escribe p0rngrafadas es Dark-Tsubasa (obviamente).
Y de nuevo, ¡disclaimer! Yoruichi y Soi Fong no nos pertenecen. De ser así, recordamos, ya estarían casadas y con hijos.
Tú, que eres el Sol…
Capítulo 6
Soi Fong abandonó la casa con el sigilo que la caracterizaba. No por nada era la líder del Segundo Escuadrón y de los Ejecutores. Además, teniendo en cuenta que cada noche dejaban la ventana de la habitación abierta para que entrara un poco de fresco de la calle, no había encontrado ningún obstáculo que le dificultara salir de allí.
Yoruichi se incorporó en el futón en cuanto estuvo segura de encontrarse totalmente a solas. Le costó unos segundos hacerse a la idea, pero no cabía duda: la morena había intentado asesinarla. Se pasó la mano por la nuca enérgicamente, tratando de ordenar sus pensamientos.
-Joder…
A esas alturas se hacía evidente que Soi Fong estaba allí para acabar con su vida y con la de Kisuke. El clarísimo intento de matar al rubio aquella tarde quizá sólo había sido un indicio, puesto que conocía lo que la morena sentía por él a causa de la cercana relación que siempre había tenido con Yoruichi. Y aunque sus sospechas comenzaron a raíz de la pelea, tan violenta situación pudo haber pasado perfectamente por un ataque de celos.
De no ser por esto.
Se llevó una mano al pecho inconscientemente y pudo sentir la peligrosa proximidad con Suzumebachi de minutos atrás. Sabía que, de haber querido, habría podido esquivar el ataque, pero algo le había empujado a permanecer inmóvil, fingiendo que dormía. La curiosidad, quizá, por saber si la shinigami sería capaz de llevar a cabo la acción que había comenzado.
Dicen que la curiosidad mató al gato. Y a ella le había ido de poco.
La mujer se puso en pie de inmediato, diciéndose a sí misma que no había tiempo para metáforas. Se dirigió a paso ligero pero firme a la habitación de Kisuke a través del oscuro pasillo, sin molestarse siquiera en encender la luz. Era una pérdida de tiempo.
Sin embargo, sí pulsó el interruptor de la luz en el cuarto de su amigo.
-¡Eh! Vamos, ¡arriba! Tienes que salir de aquí con Tessai y los niños. YA.
El rubio, recién despierto, no entendió una sola palabra. Mucho menos sus exigencias. Se incorporó en el futón lentamente mientras se restregaba los ojos con las manos y trató de hablar en un bostezo, sin mucho éxito.
-¿Ah…? ¿Qué…? Yor… ¿Hora?
-Hora de irse –se apoyó de lado en el marco de la puerta, frunció el ceño y se cruzó de brazos antes de continuar-. Soi Fong ha intentado matarme hace unos minutos.
El bostezo de Urahara quedó interrumpido al escuchar las palabras de su amiga. Su semblante se tornó serio repentinamente y buscó su característico gorro para llevarlo a su cabeza. Clavó sus ojos azules en la mujer antes de hablar.
-No he oído nada –confesó-. ¿Estás herida?
Yoruichi desvió la mirada.
-Ni siquiera me ha tocado. Pero cree que estaba dormida, y no dudo que volverá como si no hubiera ocurrido nada –miró de nuevo al rubio-. A rematar la faena, supongo.
Urahara comenzó a vestirse de inmediato. Buscó con la mirada a Benihime, que seguía donde él la había dejado, apoyada contra una pared. Preparada por si tenía que ser blandida para la acción.
-Así que Soi Fong ha intentado matarte y quieres que me vaya con Tessai y los niños, ¿no? –ironizó mientras se ataba el cinturón- Estás loca si crees que te voy a dejar sola.
-Tú estás loco si crees que te permitiré ponerle una mano encima a Soi Fong –su voz sonaba calmada, casi sensual, pero el rubio sabía perfectamente que ese tono conllevaba una clara amenaza-. Esto es asunto mío.
-Tan tuyo como mío –corrigió él-. Te recuerdo que a mí también ha intentado matarme.
Yoruichi clavó sus ojos dorados en el hombre y los entornó levemente.
-Si Soi Fong ha intentado matarnos es porque las órdenes deben de venir de arriba –señaló con el dedo hacia el techo para hacerlo más gráfico-. Y no dudarán en enviar a alguien más con tal de llevar a cabo su cometido. No sabemos siquiera si nos vigilan ahora mismo con una mariposa infernal. Así que si envían a un grupo para que venga a por nosotros –caminó hasta quedar justo delante de su amigo-, estaremos metiendo en esto también a Tessai, Jinta y Ururu. Alguien tiene que protegerlos. No me jodas y lárgate.
-Yoruichi, sabes que si quisieran enviar a todo un grupo a por nosotros, ya lo habrían hecho –Urahara utilizó un tono de voz conciliador, tratando de hacer entrar en razón a la tozuda mujer, aunque sabía que era algo realmente difícil. Casi imposible.
Sin el casi.
-En un principio, sí. Pero enviaron a Soi Fong. Era mucho más fácil así, puesto que sabían que le abriríamos las puertas de casa sin pensarlo. No obstante, desconfiamos desde un primer momento. Y con razón –sonrió amargamente-. Pero ahora que los hemos descubierto, harán cualquier cosa por terminar con esto antes de darnos tiempo a huir de nuevo. Lo sabes tan bien como yo.
-Y tú sabes que, si nos espían en este momento, sabrán de qué va esta conversación.
Yoruichi emitió una carcajada altiva, desafiante, y puso los brazos en jarras antes de contestar.
-Aquí los espero.
Discutieron algo más antes de que la mujer lograra convencer a su amigo de que no valía la pena poner en peligro vidas inocentes por su culpa, y que era necesario que saliera de esa casa con los demás.
-Además, ayer Soi Fong intentaba matarte de veras. A mí no se atrevió a tocarme. Al contrario que tú, puedo aprovecharme de la situación.
Urahara bufó, incrédulo. Aunque el plan de Yoruichi tenía más sentido que quedarse ambos allí para esperar a Soi Fong mientras los demás permanecían en peligro, sabía perfectamente que su amiga ya no tenía nada de qué aprovecharse. Si la morena había intentado matar a ambos en, al menos, una ocasión, volvería a hacerlo. De hecho, con Yoruichi ya era la segunda vez. Razón de más para mantenerse en guardia.
A regañadientes, aceptó seguir la decisión de la mujer.
Yoruichi esperaba la llegada de la morena sentada en el suelo de su habitación, con los brazos cruzados sobre el pecho. Llevaba en esa posición desde que el resto de habitantes habían salido de la casa. Ni siquiera se había molestado en cambiarse de ropa o en peinarse. Su largo cabello violáceo caía sin control sobre sus hombros y acariciaba el suelo con las puntas. Tenía los ojos cerrados de forma que cualquiera que la viera en esa posición creería que estaba durmiendo o meditando. En realidad lo único que hacía era esperar pacientemente el momento de pelear. Tenía todos sus sentidos agudizados, especialmente el oído, para escuchar la llegada de Soi Fong.
Sonrió al reconocer a la morena cuando se deslizó en un silencio casi absoluto a través de la ventana abierta, junto a los primeros rayos de luz, y se sintió mínimamente satisfecha cuando ésta dio un respingo al oír su voz.
-Vaya, vaya, Soi Fong. Hace una buena mañana para pasear, ¿eh? –inquirió con tono acusador a la vez que abría un solo ojo para mirarla.
La más joven se quedó quieta donde estaba, con una pierna todavía flexionada sobre el marco de la ventana y los ojos más abiertos de lo habitual. Probablemente temiendo haber sido descubierta.
-¿Cuánto llevas despierta?
-Lo suficiente para saber que eres una maldita traidora –contestó Yoruichi tranquilamente, poniéndose en pie. Sabía lo que venía a continuación; no había más remedio que pelear. Estaba en juego su propia vida y la de Kisuke. Y no podía dejar que nadie se las arrebatara. Ni siquiera Soi Fong, por quien la habría dado gustosa bajo otras circunstancias.
La joven ninja frunció el ceño y su expresión volvió a ser la habitual.
-Quién fue a hablar.
Una sonrisa de suficiencia adornó los labios de Yoruichi. Su pecho ardía con fuerza, mas sabía disimular sus emociones.
-Sal del gigai.
La morena obedeció sin apartar la mirada de quien había sido su mentora. Después irguió la cabeza, desafiando, rebosante de seguridad en sí misma.
Yoruichi comprobó orgullosa que todavía era capaz de anteponerse a sus movimientos. Reconoció ese gesto como un aviso y, tal y como esperaba, Soi Fong fue la primera en atacar. Se acercó a ella como un relámpago, con un gruñido de rabia. Yoruichi esquivó el filo de la hoja de Suzumebachi a duras penas, pero logró detener a su dueña con una patada en el estómago. Aprovechó el momento en que la morena se recomponía para saltar tras ella e inmovilizarla aprisionando un brazo y el cuello.
-¿No te trae recuerdos esta postura? –inquirió Yoruichi, susurrando en su oído- Aunque creo que la última vez estábamos cambiadas.
-Sí –contestó la morena sin titubear-. Jinteki Shakusetsu, ¡Suzumebachi!
Yoruichi se apartó de ella como si una descarga eléctrica hubiera atravesado su cuerpo. Por poco no había tenido tiempo de esquivar el ataque, y ahora lucía un enorme homonka en la cara, con sangre adornando su contorno.
Le dedicó una mirada de indiferencia a Soi Fong, de pie a apenas unos metros de ella. No se iba a permitir mostrar emociones, porque en ese caso no podría ocultar lo furiosa que estaba. Precisamente a eso achacaba su reciente error: se sentía tan traicionada que no lograba pensar con frialdad.
Se preguntó entonces si cabía la posibilidad de estar comprendiendo lo que sintió Soi Fong cuando ella huyó al mundo humano y la dejó atrás.
Tal vez no la conocía tan bien como siempre había pensado
La morena arremetió como un rayo, con Suzumebachi en alto. Yoruichi creyó estar muy cerca para reaccionar a tiempo y huyó. Esquiva como un gato, se escabulló pasando junto a la actual capitana del Segundo Escuadrón, mientras ésta clavaba su zampakutou en la pared. Soi Fong dejó escapar un gruñido de frustración y siguió a su escurridizo objetivo a través del largo pasillo, hasta la cocina. Allí unos ojos dorados se clavaron sobre ella, expectantes.
Su segunda pelea a muerte estaba siendo completamente distinta de la anterior. En aquella, las palabras habían sido la base. Soi Fong hacía ataques verbales, además de físicos, para dar a conocer a Yoruichi todo el rencor que le guardaba por haberla abandonado. Esta vez, en cambio, ninguna de las dos emitía una sola palabra. El torrente de emociones que las hacía buscarse y encontrarse en un remolino de golpes hablaba por ellas.
Pero la característica que más diferenciaba este encuentro del anterior era que en esta ocasión ambas tenían un motivo para acabar con la vida de la otra. La primera vez que se encontraron en bandos opuestos, Yoruichi no había querido hacerle daño, en parte porque la seguía viendo como su vulnerable discípula. Eso casi le había costado caro. Y ahora sentía que sus emociones la estaban poniendo en peligro, mientras que Soi Fong parecía estar liberándose con cada arremetida.
Quizá nunca la había conocido lo suficiente
El siguiente ataque fue de Yoruichi. Intentó confundir a la morena utilizando el shunpo para aparecer y desaparecer a su alrededor hasta que logró encajar su codo con fuerza en el centro de la espalda de la otra, quien se precipitó hasta la pica. Soi Fong alargó un brazo justo a tiempo para mantenerse a una distancia prudente de la misma y evitar el golpe, que posiblemente la habría aturdido unos instantes. Levantó una pierna en un movimiento fugaz y circular hacia Yoruichi, pero ésta juntó su espalda a la pared y consiguió esquivarlo. Lo siguiente que hizo fue abalanzarse sobre Soi Fong y agarrar la muñeca de la mano que portaba a Suzumebachi. Lo más importante en ese momento era mantener alejado el aguijón de su cuerpo, y especialmente de su cara. Ambas intercambiaron una rápida serie de golpes que unos ojos humanos no habrían sido capaces de ver. Homonkas de diferente tamaño aparecían por toda la sala como consecuencia de los ataques frustrados de Soi Fong. Ambas mujeres chocaban contra los muebles de la cocina sin remedio, a causa de las pequeñas dimensiones de la estancia, pero ninguna titubeaba en el momento de atacar. Se separaban sólo para encontrarse de nuevo, sin importar cuán lejos estuviera la una de la otra. Como si estuvieran en un círculo vicioso, en el eterno retorno que las había llevado a encontrarse de nuevo continuamente, desde el día en que cruzaron la primera mirada.
Yoruichi aprovechó un momento en que Soi Fong se lanzó sobre ella para abrir la nevera repentinamente y golpearle con la puerta para aturdirla. Inmediatamente después la envió al otro lado de la estancia de una patada en el pecho. Tendida en el suelo, la morena hizo ademán de incorporarse, pero una punzada de dolor la obligó a retrasarse unas décimas de segundo que resultaron decisivas: la que una vez fue su maestra se encontraba ahora prácticamente sobre ella, con los dedos de una mano apretando su cuello, mientras la otra la mantenía cerrada en un puño, sobre su cabeza.
-¿Por qué, Soi? –su voz sonó cargada de rabia a la par que desalentada. El puño que mantenía en lo alto, así como el resto de su cuerpo, comenzó a irradiar un aura blanquecina de la cual se desprendían chispas.
Todo había terminado.
Soi Fong cerró los ojos. De haber estado acostumbrada a ello, habría sonreído al escuchar la forma en que Yoruichi la había llamado por última vez. Después recordó el momento en que ella misma había formulado esa pregunta antes de romper a llorar a los pies de su maestra. En esta ocasión tampoco había respuesta válida. No tenía sentido acallar la furia de Yoruichi con cualquier argumento que pudiera ofrecerle, por real que fuera. Y si tenía que morir, de seguro esa era una de las mejores formas de hacerlo.
Esperó con paciencia lo inevitable. Yoruichi dejó la pregunta en el aire, eternamente huérfana de respuesta, mientras se preparaba para el último golpe. Nunca se había sentido tan furiosa. Tan fuera de sí. Tan perdida, a pesar de estar a punto de acabar con el problema de raíz. Con Soi Fong muerta, Kisuke y ella volverían a estar a salvo, al menos temporalmente. ¿Por qué las dudas, entonces? ¿Por qué estaba alargando ese momento?
Quizá ese vacío no desaparecería junto al último suspiro de Soi Fong
No se permitió seguir dudando. Nunca lo había hecho. Efectuó la técnica todavía incompleta, de nombre shunkô, para acabar con la vida de su rival, la única persona que le había dedicado una mirada de afecto, al menos una vez, hacía más de un siglo. De noche, en un bosque, mientras Yoruichi descansaba la cabeza sobre sus piernas. Mientras quedaba sellada una promesa, representante de un vínculo inexpresable, que jamás se cumpliría.
Ahora la odiaba. La odiaba intensamente mientras se producía la explosión.
Era el fin.
Yoruichi se puso en pie a duras penas, jadeando y con el pelo enmarañado cayendo sobre la cara y el pecho. Levantó la cabeza y observó sin mucho interés el deplorable estado del techo y las paredes de la casa. Sin duda, Kisuke se llevaría las manos a la cabeza.
Retrocedió unos pasos y cerró los ojos mientras se tapaba la cara con una mano. Sonrió ampliamente, sintiéndose absurda. Mantuvo esa sonrisa mientras dirigía su mirada al suelo y la clavaba sobre la mirada atónita de su rival.
La explosión se había producido, y la casa había pagado las consecuencias. Soi Fong se sentía más dolorida que nunca, pero estaba viva. Y se preguntaba por qué.
-Ponte en pie –ordenó Yoruichi. Al no ver sus exigencias satisfechas, hizo que su voz sonara más imperante-. ¿No me has oído? ¡¡ARRIBA!!
La morena obedeció, sin entender nada. Con el corazón a punto de salirse del pecho y sintiendo varias punzadas de dolor por todo el cuerpo, hizo acopio de las fuerzas que le quedaban para erguirse y mantenerse digna. Sólo entonces Yoruichi se acercó a ella, tambaleante, con las manos una a cada lado de las caderas, sus ojos dorados centelleando de rabia, y la empujó con brusquedad contra la pared. Soi Fong intentó emitir un quejido de dolor, pero no tuvo tiempo antes de sentir la boca de Yoruichi sobre la suya. No los labios, la boca. Abrió mucho los ojos mientras notaba la saliva caliente de la mujer en su cavidad bucal, los dientes mordiendo sin descanso sus labios y el contorno de éstos. Unas manos explorando bajo su ropa.
Yoruichi se sintió satisfecha con la reacción de la morena, que no era capaz de responder. Quizá no había sido capaz de matar a Soi Fong, incluso admitía que desde el principio había sido una batalla perdida. Pero conocía un método infalible para acabar con ella, aunque eso significara tener que destruirse a sí misma en el proceso.
Soi Fong mantenía los ojos fuertemente abiertos, completamente sorprendida por la acción de su maestra. Se esperaba un grito, un puñetazo, se esperaba el golpe final, cualquier cosa excepto... eso. Parpadeó y se fijó en el rostro de Yoruichi. Tenía los ojos cerrados y el ceño fruncido, como si explorar su boca fuera una tarea sumamente difícil e importante... su boca... La chica tembló de manera incontrolable al advertir que estaba siendo besada por Yoruichi, y no un beso cualquiera, no uno pequeño sin importancia, ese beso era violento, caliente. Un beso pasional y sexy pero a la vez frenético y agresivo que la había dejado completamente atontada.
Notaba sus labios, notaba su lengua, sus dientes, notaba su boca pegada a la suya propia mientras la saliva de ambas se mezclaba. Y sus manos... las manos de Yoruichi recorriéndola con fervor. Soi Fong no entendía nada, su mente estaba bloqueada por completo por Yoruichi, por el calor de Yoruichi, por el cuerpo, las manos y los labios de Yoruichi...
Al fin pudo reaccionar y su lengua buscó la de su maestra con anhelo, la encontró y se enzarzaron en una batalla furiosa. Un nuevo temblor. Su cuerpo se estremecía bajo sus dedos, notó un arañazo, notó un mordisco y aguantó un quejido cuando le tocó en uno de los golpes. La mujer no estaba siendo cuidadosa y no pensaba serlo.
Soi Fong escuchó una risilla. Abrió los ojos y se encontró con la mirada dorada fija en ella, brillando.
La apartó con brusquedad y Yoruichi dio unos pasos hacia atrás, llevándose una mano a la boca para limpiar la saliva resultante de aquel frenético beso, sonriendo con suficiencia y cierto aire burlón. Ella la miró con el ceño fruncido y notó cómo la rabia volvía a hacer acto de presencia, recorriendo todo su cuerpo hasta volverse un grito ahogado y lleno de ira.
- ¿¡Qué pretendes!?
- ¿No has querido siempre besarme?
Sonrió burlonamente, mirándola con altivez y haciendo que la rabia de la chica aumentara. Sí, sabía cómo acabar con ella, sabía su punto débil. Aunque... Yoruichi cruzó los brazos sobre su pecho, disimulando así el subir y bajar de su respiración entrecortada. Quizá se había excedido demasiado al besarla pero parecía que había funcionado, Soi Fong estaba turbada y eso era un punto a su favor. Le haría arrepentirse de haber probado acabar con su vida y lo haría de tal forma que la dejaría destrozada tanto física como mentalmente.
- ¿Por qué te burlas de mi de este modo? –Gruñó la menor, aguantando a duras penas el temblor de su cuerpo, que ya no sabía si era por rabia o por otra cosa.- ¿Por qué siempre te tienes que burlar de mí?
- Porque es divertido.
Un nuevo grito de furia. Soi Fong se abalanzó contra ella con Suzumebachi en alto, sin embargo Yoruichi estaba alerta y logró parar e incluso inmovilizar aquella arma letal que iba directa a su marca. Empezaron a forcejear, pero la mujer mantenía fuertemente su agarre mientras ella gruñía de frustración. La odiaba, odiaba que jugara con ella como siempre había hecho. Debería haberla matado cuando tuvo oportunidad, y sin embargo...
Inclinó su cuerpo y sus bocas chocaron con violencia de nuevo. Yoruichi sonrió sintiéndose ganadora y Soi Fong no pudo más que ahogar su frustración en los labios de esa mujer, empezando un nuevo beso tan furioso o incluso más que el anterior.
Escuchó el sonido metálico del arma al caer pesadamente a sus pies. No importaba, no la necesitaba ya, ahora le importaba más lo que estaba haciendo, los labios de Yoruichi, su boca, esa sensación era infinitamente más importante que cualquier otra cosa. ¿Qué se suponía que estaba haciendo? Eso tampoco importaba. Después de cientos de años deseándola, finalmente podía probarla y tenía que reconocer que ahora que la había probado no podía parar.
Ambas se miraron y, como movidas por un resorte, de nuevo empezaron a pelear. Tras un golpe sus labios se encontraron de nuevo y luego lo hicieron sus puños y piernas en una danza en la que se alternaban el placer de los besos de Yoruichi con el dolor de sus puñetazos. Esquivó un golpe después de otro aturdidor y sofocante beso y antes de poder contraatacar ya volvían a besarse, o quizá su contraataque había sido ese beso furioso, aquel enredo de lenguas que las abrasaba a las dos.
Las manos de Yoruichi se deliraron por su espalda y las temblorosas manos de Soi Fong se dirigieron al pecho de su maestra. Ambas soltaron un jadeo cuando las manos se cerraron sobre su objetivo. Yoruichi volvió al ataque y ella lo esquivó por los pelos, una mano la cogió de la camiseta y tiró de ella para acercarla de nuevo, la lengua de su maestra se deslizó por su cuello y Soi Fong sintió un escalofrió que se vio bruscamente interrumpido por un mordisco en su oreja. La morena se zafó de su agarre y volvieron a pelear.
Los golpes no tardaron en mezclarse de nuevo con besos y caricias. Ambas estaban fuera de control.
Esta vez fue Soi Fong quien empujó a su maestra, que chocó contra la mesa con violencia, provocando incluso que se moviera de sitio. Ahora era ella quien la tenía acorralada y eso no parecía gustar a la mujer quien no dudaba en oponer resistencia. Ambas se besaban mientras sus cuerpos luchaban también, pero cuanto más tiempo pasaba menos se acordaban del verdadero motivo de la disputa. ¿Estaban peleando a muerte o simplemente no podían contener el deseo que tenían?
Las manos empezaron a perder el control también y pronto se unieron a los labios, apartando la ropa con furia, sin cuidado, intentando palpar todo lo que podían a veces con demasiada agresividad, quizá. Pero no podían parar. Soi Fong jadeó contra la boca de Yoruichi que, con aquel beso profundo, húmedo e intenso la estaba volviendo loca. Pero sin duda lo peor era sentir su mano subir una y otra vez por su muslo describiendo un tortuoso camino. Mordisqueó el labio inferior de la mujer, jadeó al sentir cómo su mano subía esta vez por su espalda y se fundieron en un nuevo beso ahogando así los gemidos mientras cada vez sentían más y más calor...
Estaba jugando con ella, lo sabía, la sonrisa que podía ver entre beso y beso en los labios de Yoruichi no hacía más que confirmárselo: le encantaba hacerla sufrir de ese modo.
Soi Fong no sabía exactamente cuando había desaparecido la camiseta de su maestra, no que le importase en ese momento. Una mano se apoderó del pecho de Yoruichi acariciándolo con sus dedos, jugueteando con el pezón, arrancando una especie de ronroneo de la garganta de la mujer, que acercó su mano de forma peligrosa a la entrepierna de Soi Fong, pero poco antes de llegar se desvió hacia la espalda de la chica. La capitana soltó un quejido que se perdió en la sonrisa de Yoruichi, quien cogió la mano que estaba enredándose entre sus cabellos y la obligó a bajar por el pequeño espacio que quedaba entre sus cuerpos. Ambas soltaron un jadeo cuando las manos acabaron en su bajo vientre. Soi Fong movió las caderas de forma inconsciente para sentir mejor la mano de la mujer, que amplió su sonrisa y la empujó con brusquedad. Aprovechando que la tenía sujeta, Yoruichi le dio la vuelta y quedó a sus espaldas, sujetándole el brazo con firmeza.
Se había cansado de estar acorralada, al fin y al cabo este era el castigo de Soi Fong, no el suyo. La menor soltó un quejido cuando chocó con una silla al verse llevada bruscamente contra la puerta de la nevera. Se sobresaltó inmediatamente ante el frío de la superficie, que contrastaba con el calor de su piel. Yoruichi tiró de una de las trenzas de la muchacha, quien soltó un quejido mientras sus labios se acercaban a su oído.
- Debería matarte. -Su voz fue un susurro que a la morena se le antojó casi un ronroneo.- Pero prefiero castigarte primero... Aunque no sé qué hacer contigo. Dime, Soi Fong, ¿cómo te castigo?
Mientras decía eso su mano subía, bajaba y volvía a subir por su muslo. A veces le arañaba y a veces se desviaba y acariciaba la cadera con sus dedos, con suavidad, justo antes de volver a bajar de nuevo lenta, muy lentamente... o quizá se dirigía a la espalda y clavaba sus uña sin piedad, haciéndole soltar un quejido que se perdía en forma de pequeño jadeo. Los labios de Yoruichi se deslizaron por su cuello haciendo que la chica girara su cabeza intentando alcanzarlos. Ella perfiló su mandíbula con la lengua hasta atender a la petición de la morena, uniendo sus labios que ya empezaban a estar hinchados.
Un mordisco de Soi Fong, un gruñido de Yoruichi y su cuerpo pegándose más al de su discípula de manera brusca. Dejaron de besarse y se miraron unos segundos. Soltó la mano que tenía apresándole el brazo y le sujetó la cabeza contra la puerta de la nevera mientras su boca se centraba en mordisquearle la oreja. Se pegó más a su cuerpo, haciéndose notar claramente contra la espalda de la chica, casi restregando sus pechos contra ella. Tenía que admitir que no esperaba perder el control de esa forma, pero Soi Fong parecía tener algo adictivo sobre su piel, algo que le hacía sucumbir al deseo de probarla.
El cuerpo bajo ella se revolvió violentamente, sorprendiéndola y provocando que la soltara. Forcejearon, rodaron y finalmente fue Yoruichi quien se encontró acorralada, esta vez contra el mármol. Se inclinó hacia delante tirando varias cosas al suelo, tenía a Soi Fong prácticamente encima y no le dio tiempo a reaccionar antes de que cogiera uno de los cuchillos que había sobre el poyo. La mujer lo vio pasearse por delante de su cara justo antes de notar su fría hoja contra su cuello, afilada, letal.
Chasqueó la lengua, no debería haber bajado la guardia de ese modo.
Notaba las piernas temblorosas de Soi Fong, respiraba con dificultad y su pecho subía y bajaba completamente pegado a su espalda desnuda. Sentía la respiración de la morena contra su oído, entrecortada, jadeante, caliente. Respiró hondo e intentó moverse pero sólo consiguió notar cómo el cuchillo hacía un poco más de presión.
- ¿Qué vas a hacer? –Incluso Yoruichi se sorprendió de lo ronca que sonó su voz.- ¿Vas a matarme?
La hoja afilada se hundió aun más en su carne, provocando que sangrara ligeramente. Debía hacerlo, Soi Fong lo sabía. La habían mandado al mundo humano a cumplir una misión y esa misión incluía matar a Shihouin Yoruichi, la mujer que tenía ahora acorralada contra su cuerpo, indefensa, con un cuchillo en su cuello, jadeante, sudorosa, semidesnuda, completamente a su merced... Y debía matarla.
Deslizó una pierna entre las de ella, obligándola a separar las suyas. Yoruichi cogió aire ante eso, al notar el muslo de Soi Fong en su entrepierna cerró los ojos, obligándose a no pensar en la hormigueante sensación de su bajo vientre que le incitaba a moverse para notar más claramente a su discípula. Aunque no le hizo falta moverse. La pierna de Soi Fong se dobló ligeramente mientras la mano que antes sujetaba uno de sus brazos se deslizaba lentamente hacía su estómago, atrayéndola hacia si, provocando que tragara saliva intentando por todos los medios no gemir. Ese no era su castigo, ella no debería estar en esas circunstancias, debería ser ella quien torturara a Soi Fong, quien le hiciera creer que enloquecería si seguía moviendo su pierna de ese modo...
- Debería matarte.- Yoruichi abrió los ojos al escuchar ese susurró tan cerca de su oído.- Debería matarte.- Repitió mientras hundía la cara en se cuello, respirando su aroma.- Debería matarte...- Se mordió el labio y, no pudiendo contenerse más, lamió la piel que tenía delante suyo.- Debería...
Yoruichi cerró los ojos de nuevo, suspirando. Alzó su mano y agarró la de Soi Fong, apartando el cuchillo de su cuello. Para su sorpresa la chica no opuso resistencia y dejó que sus dedos se entrelazaran alrededor del arma.
- Dime... -Susurró la excapitana, con la voz ronca por la excitación.- ¿Por qué...?
La pregunta de Yoruichi se entremezcló con un gemido de Soi Fong cuando movió su cuerpo hacia atrás, presionándole el pecho. ¿Qué por qué? No podía decirlo, no podía explicárselo. Soi Fong había fallado en su misión, a pesar de que siempre lo supo, ahora lo sabía con certeza: nunca podría arrebatarle la vida a Yoruichi y es que siempre había estado dispuesta a dar la suya propia para protegerla. Y esa ocasión no era una excepción.
Abrió los ojos, conteniendo un escalofrío al encontrar tan cerca esas pupilas doradas que la miraban con seriedad y un brillo de excitación que su maestra no podía ocultar... Al igual que las mejillas algo sonrojadas y la respiración entrecortada... Soi Fong sabía que ella misma debía de estar mucho peor, pero no pudo evitar sonreír con satisfacción al saber que Yoruichi se encontraba así de alterada por ella.
- ¿Por qué...? -Volvió a preguntar su maestra antes de jadear contra sus labios al notar como la mano en su bajo vientre se movía hacia abajo.
Soi Fong evitó contestar y en cambio deslizó su mano bajo la pequeña ropa interior de Yoruichi, quien cogió aire ante el contacto, cerrando los ojos e inclinándose ligeramente contra el mármol. Se encontró con una humedad considerable que primero le sorprendió y luego le hizo sonreír con regocijo. Su maestra estaba más excitada de lo que a simple vista podría parecer. Movió sus dedos por la zona, provocando que la mujer abriera la boca, sorprendida, intentando recuperar el aliento que acababa de arrebatarle, sin embargo Soi Fong no se lo permitió y capturó su boca con ferocidad. Los dedos resbalaban con facilidad. La mano que ambas mantenían entrelazadas se movió hasta que el cuchillo cayó sobre el mármol, con un sonido sordo al que ninguna de las dos dio importancia. Yoruichi guió la mano libre hasta su pecho y Soi Fong no tardó demasiado en complacerla, empezando a masajearlo mientras sus labios dejaban pequeños besos por todo su cuello y hombros.
Yoruichi soltó un gemido inclinándose aun más contra el mármol. La mano que Soi Fong mantenía en su intimidad le estaba empezando a volver completamente loca. Respiró entrecortadamente y se mordió el labio mientras sentía cómo la lengua de la chica subía por su cuello antes de clavar sus dientes. ¿Desde cuando Soi Fong podía hacerle gemir de esa forma? Se aferró fuertemente al mármol, frunció el ceño y con el poco orgullo que le quedaba llevó la mano hacia su espalda, tanteando la zona, buscando el muslo de Soi Fong para luego empezar a subir. No estaba en la mejor posición pero desde luego no pensaba dejarse vencer por su discípula. Agradeció mentalmente el hecho de que, en algún momento, la chica había perdido los pantalones y se centró en apartar la tela que prácticamente estaba empapada antes de sonreír por el gemido ahogado que provocó.
Su mano no la palpó con suavidad y cuidado, como había hecho Soi Fong, sino que prácticamente se adentró en ella sin ningún miramiento. Sentía los jadeos roncos de la chica contra su oreja, notaba cómo el cuerpo de la capitana se tensaba y cómo sus caderas empezaban a moverse involuntariamente, provocando con ello que el roce de su muslo en su entrepierna fuera mayor, consiguiendo que Yoruichi también empezara a jadear.
Soi Fong enterró la cabeza en el cuello de la mujer, respirando entrecortadamente, embriagándose con su olor. Yoruichi no estaba siendo cuidadosa pero la estaba volviendo loca, así que ella dejó de ser amable también. Arañó el vientre de la mujer con ferocidad arrancándole un gruñido, se dirigió a sus pechos y los masajeó antes de subir y obligarle a abrir la boca con sus dedos. La saliva de Yoruichi estaba caliente y se escurría entre sus dedos, al igual que pasaba con la mano que tenía más abajo. Un dedo, otro... Yoruichi gimió de placer y empezó a mover más rápidamente la mano que exploraba a la chica.
Las piernas de Soi Fong temblaban descontroladamente, de hecho todo su cuerpo lo hacía, su respiración era tan entrecortada que apenas podía coger aire y el calor... el calor estaba empezando a asfixiarla. Aun con todo estaba segura de que su maestra estaba igual, no podía verle la expresión pero se lo decía la mano en la que apoyaba todo su peso sobre el mármol, como si temiera desplomarse en cualquier momento, pero sobre todo se lo decían sus gemidos. Un calambre recorrió todo su cuerpo y se estremeció hasta caer derrumbada sobre Yoruichi, haciendo que también se dejara caer sobre el mármol. El contraste entre la fría piedra y el sofocante calor del cuerpo de Soi Fong le provocaron un escalofrío.
Respiraron hondo intentando recuperarse, intentando también calmar sus cuerpos de todas las sensaciones que acababan de experimentar. La mente de Soi Fong era un verdadero caos, no era capaz de tener ningún pensamiento coherente, pero es que nada tenía sentido. Se suponía que debía matarla y de hecho hacía unas horas era lo que había intentado... y hacía apenas unos minutos Yoruichi había estado a punto de matarla a ella. Definitivamente eso era absurdo. ¿Cómo habían acabado así? Sudorosas, jadeantes, apenas pudiéndose mantener en pie... y no precisamente por la pelea...
Un poco más calmada, se incorporó y miró el cuerpo desnudo de su maestra frente a ella, aun respirando con dificultad y mirándola fijamente con sus ojos dorados. Se llevó una mano a la frente y se secó el sudor, apartándose el flequillo mientras respiraba hondo y soltaba un suspiro. ¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora? ¿Le contaba la verdad o la mataba? ¿Qué haría Yoruichi en su lugar? Cerró los ojos y soltó una risilla amarga, la mataría, por supuesto...
Para cuando Soi Fong se dio cuenta ya era demasiado tarde, Yoruichi parecía haber pensado en lo mismo pues le sonreía con regocijo mientras estiraba su brazo para coger el cuchillo que había sido olvidado. La morena se lanzó para intentarlo coger pero la mujer ya se había hecho con él, forcejearon y de un empujón brusco, sin cuidado y ningún tipo de miramiento, Yoruichi la envió contra la mesa.
- ¿Y bien? –Jugueteó con el cuchillo en su mano y miró con altivez a la mujer frente si.- ¿Dónde te lo clavo primero?
Soi fong la miró con el ceño fruncido y buscó a Suzumebachi de reojo, estaba demasiado lejos pero posiblemente podría alcanzarla antes de que Yoruichi le clavara el cuchillo... o no. Se sorprendió al ver a la mujer a sólo unos centímetros de ella. ¿Cuándo se había movido? Estaba tan cerca que podía notar el calor que emanaba su piel, Yoruichi parecía haberse vuelto más rápida... Tragó saliva. No, era ella quien se había vuelto más lenta. Porque desde que Yoruichi había regresado a su vida se había convertido en una pésima guerrera que mezclaba los sentimientos en la lucha. Y eso sólo podía significar la derrota.
Yoruichi la vio tragar saliva, la miraba con el ceño fruncido pero en sus ojos podía ver el sentimiento de sentirse derrotada, al parecer no podía hacer nada contra ella y eso sólo logró que la mujer sonriera con satisfacción, sintiéndose vencedora. Paseó el cuchillo por el vientre de su presa, deslizando la punta por su piel, marcando un camino imaginario, rodeó uno de sus pechos, luego el otro... Soi Fong se estremeció ante el roce pero no se detuvo, lo dirigió a su cuello y luego a su mejilla donde se estuvo unos segundos antes de hacerle un corte. La morena cerró los ojos ante la repentina herida pero no se movió, simplemente se quedó mirando a Yoruichi.
Las dos se miraron fijamente y la mano de Yoruichi se movió hacia atrás, cogiendo impulso para clavar el cuchillo.
Soi Fong miró con sorpresa el cuchillo que su maestra acababa de clavar con violencia en la madera de la mesa. Dirigió de nuevo sus ojos a ella, preguntándole con la mirada por qué no había acabado con ella de una vez por todas, sin embargo Yoruichi sólo sonrió.
- No he acabado contigo...
No, y Soi Fong tampoco había acabado con ella a pesar de ser su deber.
De repente la menor se vio alzada por la cintura y sentada sin miramientos sobre la mesa, Soltó un quejido de sorpresa al notar los labios de Yorucihi sobre su cuello mientras una mano subía la camiseta y la apartaba de su camino y otra pasaba por encima de la madera, barriendo cualquier cosa que pudiera estorbar, exceptuando el cuchillo que se mantuvo profundamente clavado. La muchacha no sabía qué hacer, hacía unos segundos estaba convencida de que iba a morir y ahora...
- Esto es absurdo... –Murmuró, tapándose la cara con una mano.
Rió amargamente. Yoruichi le apartó la mano y la miró un instante antes de ahogar su risa con sus labios. Se apartaron y volvieron a mirarse, miles de sentimientos se agolparon en sus ojos segundos antes de volver a unir sus bocas. Los labios de Yoruichi se deslizaron por su cuello y hombros antes de dirigirse a sus pechos. Soi Fong tuvo que apoyar ambas manos en la mesa ante esa sensación, inclinó el cuerpo hacia atrás y soltó un gemido que hizo reír ligeramente a la mujer.
Yoruichi deslizó la lengua por su cuerpo y se centró en el ombligo un momento antes de volver a subir. Volvió a capturar sus labios con ferocidad mientras la empujaba suavemente con las manos, recostándola sobre la mesa. Soi Fong se dejó hacer sin oponer resistencia y pronto estuvo a merced de su maestra, quien se relamió los labios ante su presa. Volvió a inclinarse y empezó un nuevo camino con su lengua, intercalando besos y mordiscos mientras sus manos se deshacían hábilmente de la ropa interior de la chica, la cual estaba aun más mojada que antes. Si eso era humanamente posible.
Se incorporó para mirarla unos segundos. Estaba con los ojos cerrados, mordiéndose un dedo, intentando aguantar sus gemidos y respirando con dificultad. Sin duda estaba indefensa, algo casi sorprendente en una persona tan prudente como ella, que siempre estaba a la defensiva, pero los labios de Yoruichi deslizándose por su cuerpo la estaban enloqueciendo y la mayor sabía eso. Miró el cuchillo clavado sobre la mesa, si tan sólo alargase la mano y lo cogiese podría acabar con ella de una vez, sin tan siquiera darle tiempo a reaccionar.
Dio un beso en su muslo, luego otro más un poco más arriba y un tercero sobre su objetivo. Estaba húmedo y no pudo evitar lamerse los labios y tragar saliva ante semejante festín. Luego la mataría, luego acabaría con ella... primero podía disfrutar un poco de su presa. Sólo un poco.
-Echa un cubo de agua fría a los lectores y lectoras- (con amor, eso sí XD)
¡Eeeeeh, volver a la realidad! ¡Estamos aquí! ¡Dejad de fantaseaaaar! TT· (si queréis más pr0n, sólo tenéis que decírselo a Dark-Tsubasa... XDDD)
En primer lugar, pedir perdón por tardar tanto en actualizar úu· . Ha sido como... ¿medio año? Puf, si estaba hasta por hacer un resumen en plan "en el capítulo anterior de Tú, que eres el Sol..." (leer muy exagerado a lo culebrón XD) Sigh, lo sentimos mucho TT· . Primero fui yo quien tuvo un bloqueo más el estrés de las clases y sólo escribía viñetas (SiriusRemus, por si a alguien le interesa xDD). Además, que me daba un miedo horrible la batalla, que al final creo que me ha quedado fatal pero bueno UxD .
Después fue Dark-Tsubasa la que tardó, que hacía unas escenas tan subidísimas de tono que había que censurarla un poco y tal, o la barra de rating de iba a estallar ùu· . Si es que esta chica... -le echa un cubo de agua fría a ella también-
Y como estamos en un país democrático, vamos a dejar hablar a una... cof... A Dark-Tsubasa oo· .
Palabritas de Dark-Tsubasa: juro solemnemente que la culpa de que el rating haya subido NO ha sido mia x3
(Sí, claro... No juzquemos a las personas por sus palabras, sino por sus actos, y podéis juzgar por la segunda mitad del capítulo XD!)
En fin, que esto se alarga demasiado Muchísimas gracias por las reviews, animan a seguir escribiendo y a intentar que los capítulos sean mejores que los anteriores para satisfaceros x3 . Sois poquitos lectores, pero muy fieles, y se agradece TT· (De todos modos, sabemos que hay gente que nos lee y no se anima a dejar review... ¡Muy mal me parece! XD)
Junio es mes de exámenes, así que imagino que no actualizaremos de nuevo este mes TT· .
¡Nos leemos lo más pronto posible!
-trepidante música de cierre-
(Publicidad no subliminal pero sí muy descarada: En el profile de Dark-Tsubasa tenéis link a nuestras viñetitas YoruSoi, jujuju)