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Author of 4 Stories |
Wenowenoweno, probando. Aquí la Charecuita molestando de nuevo. Mil gracias a todas por sus reviews en mi anterior fanfic Diez Años Después, creo que no me fué tan mal para ser mi primer fanfiction de Ouran, coff coff ¡En fin! Tengo mil ideas en la cabeza que quisiera llevar a cabo en lápiz y papel, especialmente de temática MoriHaru, ya saben, dibujar hasta que los dedos me sangren y todo eso, pero después de leer mucho al Papá y la Mamá del club juntos pues qué diablos, me dije que tenía que intentar un poco de shonen ai con estos dos. Es la primera vez que juego con éste género y la verdad creo que me quedé un poco corta, pero espero que a ustedes les guste más que a mí, jejeje.
PD.- Por cierto, si alguno (a) de ustedes es fanático de Vampire Hunter D por favor lean La Soif Infinie, hasta ahora no le han dado reviews y estoy segura que es una historia que puede dar más de sí, pero si no la leen creo que no tiene caso continuarla. (Se aclara la garganta) Creo que ya es hora de que me calle. Sin más preámbulos dejo que procedan a la lectura.
. : T o d o - e n t r e - A m i g o s : .
Tamaki & Kyouya © Bisco Hatori
Story © Cuauhtli Charecua
Rating: PG-17
Una tarde en el cine - y con Tamaki - era lo menos que Kyouya esperaba. Ringu resultó ser una película interesante para él, pero sólo hasta allí, en cambio Tamaki no paró de asustarse y taparse los ojos a lo largo de toda la proyección. ¿Qué cadena de eventos fueron los que lo empujaron hasta la presente situación?
- ¿Ir al cine hoy? - preguntó Haruhi varias horas antes cuando el Host King le preguntó delante de todos.
- ¡Por supuesto! - exclamó el rubio; estrellas blancas titilando a su alrededor. - He comprado dos boletos, no necesitas agradecerme querida mía. ¡Ésta es la oportunidad perfecta para fortalecer nuestros lazos de padre e hija y también para adentrarnos más en el entretenimiento de los plebeyos, ya que hoy la función está al dos por uno!
- Sempai... la clase media puede costearse el cine incluso una vez a la semana. No te hubieras molestado. - enunció Haruhi en su inconfundible tono monótono e irritado.
- Además... - corearon los gemelos. - Haruhi ya tiene un compromiso hoy. Iremos a su casa ésta tarde para hacer un trabajo en equipo.
- ¡Gaaaaaaahh¡Inaudito! - chilló Tamaki. - ¡No¡Mi hija...¿Sola con los doppelgangers?!
- ¿Qué puedes decir a tu favor, Tono? - cantaron Hikaru y Kaoru, desafiantes y elevándose hasta el techo delante de Tamaki. - ¿Negarás acaso que tu verdadero plan es llevar a Haruhi a ver ésa película de terror para aprovecharte de ella en la oscuridad¡¡Eres el Tono más pervertido de todos!!
Suoh palideció y fué a refugiarse a su esquina depresiva.
- De cualquier forma tienes dos opciones. Puedes vender esos boletos o bien, ir acompañado por alguien más. - declaró cuatroojos, siempre práctico.
- ¡Soo ka, soo ka! - saltó el Rey, como impulsado por un resorte y recuperándose increíblemente rápido. Tamaki se dirigió entonces al pequeño host rubio, que jugueteaba con su inseparable usa-chan. - ¿Qué díces, Hunny sempai¿Te gustaría venir al cine conmigo?
- ¿Sabes qué¡Tengo que comer muchos, muchos pasteles! - contestó el pequeño loli-shota y Tamaki interpretó eso cono un rotundo no.
- ¿Qué dices tú, Mori sempai¿Te gustan las películas de...?
- No. - interrumpió el estoico Morinozuka. - Me quedaré a las prácticas de kendo hoy por la tarde.
Tamaki comenzó a llorar a chorros, como si se hubieran abierto un par de grifos para bomberos en sus ojos.
- No hay remedio. Parece que tendré que ir contigo. - suspiró Kyouya, poniendo una mano sobre su hombro.
La película había terminado ¡gracias al Cielo! Ya eran cerca de las once de la noche cuando salieron del cine y ambos caminaban por la calle desierta. El silencio era roto por ocasionales autos que pasaban. Tamaki se arrebujó en su abrigo y Kyouya caminaba un par de pasos detrás de él.
- Fué una buena película al final ¿no?
- Imbécil. - siseó el chico de anteojos. - Se me harán moretones en el brazo por ése montón de pellizcos que me diste.
- Ya, lo siento, jeje... - rió mientras levantaba las manos para pedir paz, luego se quedó un poco pensativo. - ¡Qué bueno que no vino Haruhi... de otra forma la habría lastimado! - se rascó la cabeza, cloqueando un poco.
Hubo un nuevo silencio entre ambos mientras seguían caminando, pero al fin Kyouya se aclaró la garganta, decidiéndose a hablar:
- A tí te gusta mucho Haruhi... no, la verdad es que te trae loco de amor ¿o me equivoco?
- ¿Oh¿Mami está celosa?
- No fastidies ¿por qué te empeñas en negarlo?
Tamaki se detuvo ésta vez y lo miró sobre el hombro, luego metió las manos en los bolsillos del pantalón.
- La verdad... la verdad es que no sé lo que siento. - replicó, mirándolo directamente a los ojos.
- Si tus ideas no están claras entonces deberías estudiar las razones por las que te gusta tanto. - con eso sacó una libretita del bolsillo trasero de sus jeans y presionó con un clic el extremo superior de su pluma, disponiéndose a escribir. Tamaki parecía pensar cuidadosamente sus respuestas, pero al fin dijo:
- ¡Es tan kawaii!
- Eso ya lo sabemos, estúpido. Piensa en otra cosa que no sea su físico, ni sus grandes ojos, ni su cabello, ni lo delicada que es su boca...
- ¡KYOUYA! - ladró Tamaki, echando fuego por la boca.
- Sólo estaba dándote ejemplos, Dios ¡qué genio! - se acomodó los lentes, sonriendo de forma diabólica.
- Mmh... tiene una voluntad muy fuerte, eso me agrada porque no es del tipo de chica que se amedrenta fácilmente... - pensó Tamaki en voz alta, poniendo una mano sobre su barbilla mientras se encaminaba de nuevo a la esquina, Kyouya caminaba detrás escribiendo sus notas. - Creo que en muchas ocasiones no se da cuenta lo graciosa que puede ser, como la vez que Mori dijo “Otooro” para hacerla pensar dos veces si acaso llegara a abandonar el club, su reacción la hizo ver muy linda ésa vez ¿te acuerdas? - Kyouya asintió, esbozando una leve sonrisa. - Su honestidad y determinación es sorprendente, incluso me gusta lo filoso de su franqueza... pero ante todo lo que más me encanta de ella es su rectitud y justicia. - Tamaki soltó una risilla aguda y se llevó ambas manos a las mejillas. - ¡Jojoo, me recuerda taaanto a mí!
- Mmh, qué te parece, entonces sí estás enamorado de ella. - dijo Kyouya, cerrando la libretita para meterla de vuelta a su pantalón. Tamaki se detuvo de golpe y así lo hizo también Ootori detrás de él. El joven rubio permaneció de espaldas y en silencio un leve rato que a Kyouya le pareció eterno. ¿Acaso había dicho algo impropio? El chico de los lentes se cruzó de brazos esperando Dios sabía qué. Hacía frío esa noche, tanto que pequeñas nubes de vaho salían volando con cada aliento. Maldición, le hubiera hecho caso a mi hermana y hubiera traído una chaqueta, se dijo Ootori Kyouya.
- Sé que Haruhi me gusta lo suficiente como para escalar el monte Everest si ella me lo pidiera. Sé que me gusta tanto que preferiría enfermar yo a que se enfermara ella. - respondió con firmeza el hijo de Suoh. Entonces se volvió: - Pero también sé que a tí te gusta en secreto... te gusta tanto que incluso tramarías una venganza inmisericorde si acaso alguien llegara a tocarle un sólo cabello para hacerle daño. - Tamaki regresó sobre sus pasos y su amigo mantuvo su inquebrantable estoicidad, aunque no pudo evitar tragar saliva ante la denuncia de los sentimientos que según él había mantenido resguardados en la bóveda de máxima seguridad que era su corazón. Maldito alienígena... ¿cómo lo hacía? Tamaki avanzó hacia él con una extraña expresión que jamás le había visto antes. ¿Ahora qué¿Va a golpearme? pensó el joven pálido y de cabellos negros. Quiso retroceder pero no lo hizo, nada en el mundo iba a intimidarlo y mucho menos su mejor amigo.
- ¿Qué estás haciendo? - inquirió, lanzándole su peor mirada cuando se detuvo a un palmo de distancia. Tamaki lo miraba fijamente a los ojos pero no sintió agresión... era algo diferente... un sentimiento que no podía nombrar. El corazón de Kyouya saltó en su pecho cuando las vacilantes manos de su amigo lo tomaron por los hombros.
- Kyouya... antes necesito saber algo acerca de mí mismo.
Oh no, ésto no pensó el chico Ootori sintiendo el aliento cálido de Tamaki en su rostro. Se paralizó, quedándose con ojos desorbitados cuando el joven mestizo unió su boca a la suya. ¡Tamaki me está besando¡Y el maldito lo hace con los ojos cerrados! gritó Kyouya en su mente, sintiéndose violado. El beso no duró ni tres segundos y Tamaki abrió los ojos, separándose de él. Notó que Kyouya estaba tieso, tenía el ceño tenso y se llevó una mano a la boca, no dijo nada pero su expresión le gritaba: ¡Eres gay¿Es éso lo que querías saber¡Maldición¡Mi mejor amigo es GAY!
- O-oye Kyouya... - balbuceó el chico rubio con nerviosismo. - No quiero que pienses que soy un afeminado o algo así...
- Ya eres afeminado, idiota, no es necesario sospecharlo. - espetó él, entornando los ojos detrás de los lentes.
- Perdóname ¿sí? No tenía derecho a hacer eso. Cuéntale a los demás si quieres, a mí no me importa. - respondió molesto, dándose la vuelta y caminando a grandes zancadas para llegar a la esquina. Miró el reloj en su muñeca, eran las 11:15 pm. ¿Cuánto tiempo más se tardaría en llegar ése chofer?
Kyouya se quedó atrás analizando el incidente una vez más. Tamaki quería y se preocupaba por Haruhi en gran manera, no sólo eso, estaba bien consciente de sus propios sentimientos hacia ella... tal vez era por eso que actualmente no deseaba tomar la iniciativa, no quería que la relación entre todos cambiara y sobretodo no quería lastimarlo a él, Kyouya, su mejor amigo... ¿pero era sólo éso? Necesito saber algo acerca de mí mismo, necesito saber algo acerca de mí mismo. La frase se repitió varias veces en su cabeza como un mantra. Kyouya levantó la vista, Tamaki ya se hallaba en la esquina. Estaba recargado contra un poste y hablando por el celular. De seguro pidió que el chofer viniera a buscarlo de inmediato. Ootori sabía que a su amigo le encantaban las chicas, sabía que a menudo fantaseaba con Haruhi y no dudó por ningún segundo que ella fuera el objeto de muchos de sus sueños húmedos durante las noches. La idea lo hizo sonreír... pero entonces la sonrisa se le congeló en el rostro. Necesito saber algo acerca de mí mismo. ¡Oh no¿Sería posible que Tamaki inconscientemente fantaseara con él mismo? Kyouya enrojeció, no sabía si reír, llorar o sentirse halagado. ¡Eso debía ser! Estás caminando sobre un borde muy angosto, Tamaki, se dijo el chico de cabellos negros. Ahora que lo pensaba, el hijo de Suoh era un poco ambiguo sexualmente hablando. Le gustaban las chicas, pero no se sentía cohibido de reconocer o hasta admirar la belleza en otro hombre. Bisexual ¿eh? No fué sorpresa por qué tenía un carácter tan parecido al de Ranka san. ¿Qué harías tú Kyouya? Pónte en su lugar un momento, pensó el joven, ¿qué harías si te gustara Haruhi a morir y al mismo tiempo fantasearas con Tamaki por las noches inconscientemente? Kyouya se quedó pensando un momento antes de responderse: Estarías muy confundido... confundido y avergonzado de tener esos pensamientos con tu mejor amigo.
Eso era... de eso se trataba... Tamaki tenía que estar bien seguro de cuál era su orientación. Necesitaba experimentarlo en carne propia y con su mejor amigo para saberlo. ¿Tendría yo las agallas para besar a Tamaki si me sucediera lo mismo? Kyouya se respondió de inmediato, muy seguro de sí mismo que jamás haría tal cosa. Lo enterraría en lo más profundo de su ser aunque eso lo estuviera carcomiendo por dentro. En cambio Tamaki, a pesar de estar avergonzado y confundido decidió jugársela. Eso debía requerir de un gran valor... y después lo había lastimado con su reacción. Shimatta.
Kyouya recapituló el beso en su mente. Tamaki lo había sujetado con suavidad, ahora que lo pensaba mejor el contacto no le desgradó del todo dejando a un lado el susto y la sorpresa... pero todo había sucedido tan rápido que era imposible emitir un juicio objetivo. Kyouya se había sentido muy molesto. No porque lo besara Tamaki, sino porque ése de hecho había sido su primer beso. Pero... Tamaki lo hizo con ternura, sus labios estaban fríos pero eran suaves y amables. Kyouya alcanzó al chico rubio a pasos lentos pero seguros. Llegó a la esquina y sopló una ventisca que lo hizo tiritar. Suoh permaneció de espaldas, no se atrevía a mirarlo.
- Tamaki. - empezó Kyouya. - Siento haberte lastimado... pero la verdad me asustaste un poco.
- Debes pensar cosas horribles de mí... - contestó sin encararlo.
- En absoluto, en serio... de hecho quiero disculparme por no entender lo que tratabas de decirme. - Kyouya se subió más los lentes con un dedo y caminó hasta ponerse al lado de Tamaki, junto al poste. - ¿Quieres intentarlo de nuevo?
- No gracias. Se me han quitado las ganas... además ¿por qué querrías tú repetirlo?
Kyouya rió un poco y a continuación se sacó las gafas y las metió en la bolsa delantera de su camisa.
- Ya que estamos aquí también me gustaría saber en qué termina tu pequeño experimento. - y entonces, tan rápido como una serpiente estampó un besito en su mejilla.
- ¡Tu nariz está muy fría! - Tamaki abrió los ojos, llevándose una mano a la cara. Allí estaban de nuevo, frente a frente. Kyouya daba su consentimiento ésta vez, así que estaba bien, sin embargo Tamaki pudo notar que se puso tieso de nuevo. Sabía que ésto no le agradaba pero agradeció que estuviera dispuesto a ofrecerse de conejillo de indias. - Kyouya, se supone que deberías cerrar los ojos.
- Ciérralos tú. - Luego me cuentas qué sucedió. - contestó, metiendo las manos hasta el fondo de los bolsillos de su pantalón.
Kyouya vió que Tamaki se estaba poniendo colorado y parecía que no terminaba por decidirse en acercarse más. Y bueno¿va a hacerlo o no? pensó Ootori. El rostro de Tamaki avanzó titubeante hacia él. Kyouya pudo darse cuenta por fin que el color de sus ojos no eran completamente azules. A esa distancia notó con sorpresa que su iris tenía ocasionales ribetes de color lila. Tamaki cerró los ojos y Kyouya a su vez fijó la vista hacia un lado cuando su amigo plantó de nuevo la boca sobre la suya. Menos mal que no hubiera nadie en la calle, de otra forma se habría negado rotundamente.
Los ojos de Kyouya se fijaron de nuevo en los párpados de su amigo y en ése momento pareció enviar una orden de trabajo exhaustivo a todos los nervios de su boca, queriendo sentir con lujo de detalles la extraña caricia que su amigo le estaba dando. Kyouya parpadeó varias veces y miró de un lado a otro. Bueno, no está tan mal, hasta podría decir que es un beso casto. Los labios de Tamaki estaban helados pero el contacto era muy dulce, mucho más tierno de lo que esperaba. Pero entonces, el corazón de Kyouya comenzó a latir con fuerza cuando sintió que Tamaki se puso a delinear sus labios con la punta de la lengua. Kyouya estuvo a punto de separarse de él, pero no lo hizo. Alto allí, muchacho, espera un poco más, puede que hasta disfrutes ésto. Después de todo tal vez sea el único beso que le des a otro hombre por el resto de tu vida. El corazón le bombeaba con fuerza y una urgencia extraña e inexplicable se apoderó de él. Antes de que se diera cuenta, Kyouya ya tenía los ojos cerrados y las manos fuera de sus bolsillos, pero las tenía suspendidas en el aire, sin saber qué hacer. Ésta vez Tamaki comenzó a mordisquear su labio inferior, siempre había querido hacer eso... y a continuación pasó algo que lo obligó a abrir los ojos un momento. Las manos heladas de Kyouya subieron por su cuello y nuca metiéndose en su cabello rubio y Tamaki sintió una gigantesca descarga de 10,000 voltios recorriendo todo su cuerpo. Vió que Kyouya tenía los ojos bien cerrados y así volvió a hacerlo él también. El chico de cabellos negros tomó la iniciativa ésta vez, ambos entreabrieron la boca y Kyouya lo exploró con su lengua de una forma tan lenta e intensa que hizo enloquecer a Tamaki. Chocolate... es cierto, el tonto acababa de comerse una barra de Hershey's, pensó Kyouya, pero no le importó. Descubrió que estaba disfrutando de ésto demasiado y curiosamente ya no tenía ni una pizca de frío. Se abandonó por completo al contacto. Tamaki succionó su lengua suavemente y por largo tiempo, la respiración de Kyouya se hizo más pesada cuando Tamaki le plantó varios besos a los lados de sus comisuras, en la barbilla y luego descendió, lamiéndole el cuello. O la la. Kyouya apretó los dientes y jadeó, lo estaba enloqueciendo. Sentía que su miembro se elevaba poco a poco hasta quedarse enhiesto, pero entonces...
- ¡Míren a éstos dos jugando a la casita! - gritó un grupo de jóvenes que pasaban en un convertible rojo. Kyouya y Tamaki se congelaron. - ¡Malditos gaijines, sólo vienen a Japón para salir del clóset! - antes de que el auto pasara de largo, uno de los vándalos arrojó una lata de cerveza vacía que fué a estamparse directo a la cabeza de Tamaki.
- ¡Oigan! - protestó el hijo de Suoh.
- ¡Váyanse a un motel, indecentes! - se alcanzó a escuchar entre risotadas y un estéreo a todo volumen mientras el auto se perdía en la distancia. Tamaki se sobó la nuca y tenía ganas de llorar. Ése había sido el momento más embarazoso de toda su corta vida.
- ¿Estás bien? - preguntó su amigo. Cuando Tamaki se volvió, notó que Kyouya ya tenía los lentes puestos de nuevo y acababa de meter la libretita en el bolsillo trasero de sus jeans, sin duda había apuntado el número de matrícula de ése auto.
- Estoy bien, pero me siento muy avergonzado.
- No lo estés... yo no me arrepiento de nada. Además, lo que nos vamos a reír de ésto cuando seamos viejos. - Kyouya torció una sonrisa que lo tranquilizó por fin, y agregó para terminar de aligerar la tensión: - Sabes a chocolate.
- ¡Y tú a palomitas! - ambos se miraron sonriendo, pero después de un momento Tamaki bajó la vista, colorado hasta las orejas. - ¿Dónde... quién... te enseñó a besar así?
- En la secundaria... tuve una maestra de francés. - contestó Kyouya seriamente y con un rostro en verdad nostálgico. Tamaki abrió los ojos asombrado, pero después de un momento el chico Ootori soltó a reír como no lo había hecho en días. - ¡Deberías ver tu cara!
- Eres malvada, mamá. Por un momento pensé que hablabas en serio. - rió Tamaki.
-Tú tampoco lo haces mal. - declaró el joven de los lentes. Justo en ése momento un auto propiedad de la familia Ootori apareció dando la vuelta en una esquina. - Tachibana ha llegado por mí... ¡Dios mío, Tamaki, cúbrete ésa erección! - ladró Kyouya al ver lo abultado en su entrepierna. Pero no habían pasado ni tres segundos cuando un segundo auto de lujo dió la vuelta en la esquina, posicionándose detrás del auto negro de los Ootori. - Parece que se han puesto de acuerdo... y bueno... ¿te ha servido de algo el experimento?
- De hecho sí... pero ahora estoy asustado al saber el resultado.
- Tamaki. Tú siempre vas a ser mi mejor amigo... que no te quepa duda. - enunció Kyouya. Ambos se miraron con entendimiento y en silencio. Tamaki saltó entonces sobre él para darle un abrazo apretado y musitó un gracias apenas audible. Kyouya se puso obscenamente rojo y correspondió al abrazo de forma tiesa. Humm, franceses, rió Tachibana dándole una chupada a su cigarro al ver la escena. Tamaki se quitó su afelpado abrigo y lo puso en manos de Kyouya. - ¿Y ésto?
- ¡Okaasan no baka! Eres tan orgulloso que no admitirías que tienes frío aunque te estés congelando hasta los huesos. ¡Anda póntelo! - ordenó, exhalando nubes de vaho. Kyouya parpadeó pero después de un momento metió un brazo en la manga y luego el otro de igual forma. Estaba seguro que Tamaki no se iría hasta vérselo puesto. Le sentaba perfecto y se sentía aún mejor.
- Gracias... está calientito. - dijo, estrechando su mano para despedirse.
- Fué divertido ¿no? - Tamaki caminó hacia su limusina blanca y le abrieron la puerta. - ¡Te veo en la escuela mañana! - subió el cristal de la ventanilla y después el chofer encendió el motor. Kyouya se quedó de pie en la esquina y comenzó a quitarse la chaqueta una vez que el auto de Suoh se perdió de vista.
- No haga eso, señor. - lo interrumpió la voz de Tachibana, el hombre estaba recargado en el auto. - Hace frío y Tamaki bocchan odiaría que usted enfermara, por eso le ha dado su propio abrigo. - el chofer abrió la puerta y Kyouya entró, acomodándose la chaqueta sobre los hombros de nuevo. Tachibana caminó hacia el lado del conductor y después de cerrar la puerta tras de sí le dirigió a Kyouya una mirada por el retrovisor. - Me sorprende que el señor Tamaki no sienta ninguna pena en demostrar el afecto que siente por sus amigos de forma tan liberal, pero bueno, después de todo sus costumbres son diferentes a las nuestras¿no lo cree, Kyouya kun?
Si supieras, Tachibana... si supieras.
- Es cierto... pero aún no me acostumbro. C' est la vie. - contestó el chico de los lentes. No le vió el rostro, pero por el espejo notó que los ojos de Tachibana sonreían, asintiendo. El hombre encendió el motor y el auto entró en movimiento por la calle. Kyouya levantó la solapa del abrigo un poco para acercársela a la nariz. Olía al perfume de Tamaki. Kyouya rió un poco, negando con la cabeza. - Ese tonto...
- E P Í L O G O -
Una semana después...
Kikuchiyo Genji: Estudiante de primer semestre de la carrera de Leyes es molido a golpes en el baño por los miembros del Club de Lucha Grecoromana y tarda en recuperarse ocho días. Su crimen: Conducir un porsche rojo convertible y tener música de mal gusto tocada a todo volumen en su estéreo.
Ayumi Matsuo: Estudiante de primer semestre de la carrera de Leyes con crisis económica, ya que sus padres le cancelaron sus tarjetas de crédito, además un conocido grupo yakuza lo amenazó con secuestrar a sus hermanas. Su crimen: Ser homofóbico y tener una risa espantosa... hasta las carcajadas de una hiena derrochan más dulzura.
Saruwatari Masato: Estudiante de primer semestre de la carrera de Periodismo. La policía lo llama contínuamente a su casa por ser sospechoso de tráfico de drogas, después del hostigamiento fué atropellado por un repartidor de pizza y por si eso fuera poco, su prometida lo dejó... por otra chica. Su crimen: Arrojar latas de cerveza a transeúntes puros e inocentes.
F I N I T O