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Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Yo simplemente los emparejo y les escribo historias que nunca sucederían en el manga
Capítulo 2: Bebe el té
Durante unos minutos no se atrevió a preguntarle a Hinata en qué consistiría la segunda prueba, pero cuando por fin lo hizo, deseó haberse mantenido callada.
Supongo que no van a decirme cómo va a ser esta prueba...
El tono de Tenten era desesperanzado; a estas alturas ya se daba cuenta de que el objetivo de las famosas pruebas era tomar a su sujeto por sorpresa y estudiarlo como una muestra de laboratorio. Pero, aún así, la idea de entrar al compendio Hyuuga luciendo como cualquier cosa excepto ella misma, no le resultaba muy agradable.
Es una… ceremonia de té.
Aunque había cierta diversión en el tono de Hinata, la expresión de sus ojos era suave y gentil, como si se estuviese disculpando por las molestias que le estaba ocasionando su familia.
Tenten se hundió en la miseria. Hasta prefería volver a enfrentarse a Hanabi antes que hacer... eso.
¡T-Tenten-san, eso no se pone a-así!
Era la quinta o sexta vez que Hinata le decía esas palabras, y Tenten seguía sin entender cuál era la forma correcta de ponerse el condenado kimono. La explicación de Hinata le había parecido lo bastante simple, como si con sólo unas vueltas de muñeca y unos tironcitos aquí y allá fueran a obrar maravillas y a dejarla perfectamente envuelta por el kimono. No tardó en descubrir cuán equivocada estaba.
Ahora, de pie ante el espejo de su dormitorio y con Hinata a sus espaldas, Tenten comenzaba a darse cuenta de la magnitud de su error. Su reflejo mostraba a una mujer despeinada con dos grandes bolsas púrpuras bajo los ojos castaños, ataviada en lo que parecían ser varias capas de tela agrupadas desordenadamente: la banda koshimaki que le envolvía las caderas estaba torcida y se inclinaba demasiado hacia la izquierda, y debajo de ellas, el corpiño suelto se le abultaba en el área del vientre debido a las enaguas fruncidas, y, para mantenerlo todo en su sitio, Tenten había anudado la cinta de la enagua encima de todas las vestimentas, lo que le daba el aspecto de un enorme pastel blanco con lazos y cintas por doquier.
Debes ponerte primero el koshimaki y luego el corpiño –explicó entonces una voz que la hizo saltar en su sitio-. Sólo entonces puedes colocarte la enagua.
Tenten se tornó roja, pese a que tras el tono frío se escondía una sombra de diversión. El espejo le confirmó lo que ya sabía al reflejar la figura de Neji apoyada contra el marco de la puerta, sonriendo con picardía. Junto a él estaba Hanabi, señal inequívoca de que ya había recibido el mensaje de que Tenten había aprobado la primera prueba.
¡N-Neji-nii-san! –exclamó Hinata, girándose para mirar a su primo-. ¿Q-Qué haces?
Neji se limitó a sonreírle levemente y, para el horror de Tenten, avanzó.
Vete, Hinata-sama –indicó, y no tuvo que decir nada más, pues Hinata se ruborizó, como si se estuviera imaginando lo que harían si los dejaba solos, y salió del cuarto apresuradamente. Hanabi alzó las cejas, divertida, pero siguió a su hermana.
Sólo entonces Tenten fue capaz de salir de su shock momentáneo.
¡¿Pero qué haces?! –chilló, cubriéndose todo lo que podía con las manos-. ¡Me estoy vistiendo!
Intentó detener el avance de Neji con una mirada significativa, pero él no pareció captar el mensaje, porque lo único que hizo fue acortar los cinco pasos de distancia que los separaban. Su proximidad hizo arder las mejillas de Tenten, y sentirse más y más consciente de su escasa ropa, pero no fue suficiente para impedir que le lanzara una mirada de desafío, como retándolo a ir más lejos. Él no se dio por aludido, y para el alivio de Tenten, la miraba a la cara en todo momento. Al menos aún era un caballero en ese sentido.
¿Desde cuándo sabes tanto de kimonos?
Desde que me di cuenta de que tú no podrías arreglártelas sola –contestó él, burlón.
Tenten entornó los ojos, pero se olvidó de lo que iba a decirle en cuanto sintió los dedos de Neji desatando la cinta que le rodeaba la cintura, y se encontró a sí misma deseando que se detuviese y al mismo tiempo, que continuase.
Él seguía mirándola a los ojos, impasible, pero Tenten se dio cuenta de que requería todo su poder de autocontrol el mantenerse tan tranquilo. Entonces, con una mezcla de horror y de fascinación, Tenten sintió que el nudo de la cinta cedía y que ésta caía a sus pies.
En ese momento, Neji se volvió, los brazos cruzados en torno al pecho y los ojos cerrados.
Ponte el koshimaki primero, y una vez que te lo ataste bien en las caderas, te pones el corpiño, que debes anudarte bien en la cintura. Una vez que terminaste con esto, te pones la enagua –ordenó en una voz que a Tenten le pareció demasiado calmada y contenida para no resultar sospechosa. Posiblemente, él estaba tan nervioso por estar a solas con una chica semidesnuda como ella lo estaba por ser esa chica.
Con manos temblorosas, Tenten siguió sus instrucciones al pie de la letra. Cuando acabó, no le quedaba un solo trozo de piel al descubierto, pues la bella enagua de color rosa pálido la cubría de pies a cabeza.
Lista –anunció Tenten, complacida. Al menos ahora tenía algo más encima.
Neji la miró lo más brevemente posible, y tras asentir, le alcanzó el kimono de seda.
Imagino que sabes ponértelo sola, ¿verdad?
El comentario le ganó una mirada asesina de Tenten, quien le arrebató el kimono de las manos con un tirón.
Le pediré a Hinata-sama que te ate el obi –dijo Neji, saliendo de la habitación abruptamente.
Exhaló Tenten un aliento que ni siquiera se había dado cuenta de que estaba conteniendo, aliviada de que Neji no se hubiese atrevido a intentar nada extraño precisamente en este momento en que se encontraba tan vulnerable, y al mismo tiempo decepcionada de que no lo hubiese hecho.
No era que no hubiesen hecho nada, porque por muy conservador que fuera Neji y por muy feminista que fuera Tenten, eso no los hacía de piedra. Eran seres de carne, un hombre y una mujer, y...
¿En qué estás pensando?
La voz de Hanabi, surgida de la nada, fue suficiente para hacer retroceder a Tenten de un salto. El espejo le devolvió el reflejo de su rostro de mejillas ardientes y la divertida expresión en los pálidos ojos de Hanabi. Hinata estaba detrás de Hanabi, luciendo aturdida pero avergonzada.
Imagino que tú y Neji se portaron bien en nuestra ausencia –dijo Hanabi con un tono cargado de insinuación, y Tenten tuvo que recurrir a todo su poder de auto control para ignorarla.
Hinata, ¿podrías ayudarme con el obi, por favor? –pidió, consciente de que seguía roja como un tomate pero ansiando cambiar de tema-. Es demasiado complicado de anudar yo sola...
La heredera Hyuuga pareció confundida al principio, como si no la hubiese oído, pero al cabo de unos segundos asintió. Hanabi la observó anudar el obi de Tenten desde el marco de la puerta, aparentemente entretenida con la escena: las hábiles pero temblorosas manos de su hermana jalando de la tela del obi, combinadas con el rubor de las mejillas de Tenten, parecían divertirla a sobremanera.
Entonces, con un último tirón que le cortó la respiración a Tenten, Hinata había terminado. Las dos observaron el resultado en el espejo, y tuvieron que reconocer que habían hecho un buen trabajo pues Tenten, quien usualmente parecía un chico femenino más que una chica masculina, ahora lucía como lo que era: una mujer. Y una muy atractiva, de hecho. El cabello castaño le caía con sus ondas naturales en los hombros y en la espalda, como una cascada en la seda rosa pálida del kimono.
¡Te ves f-fantástica, Tenten-san! –la felicitó Hinata alegremente.
Incluso Hanabi reemplazó su mirada socarrona por una de desconcierto, y se enderezó un poco para ver mejor a Tenten. Ésta no pudo evitar sentirse como un animal exhibido en un zoológico o como un cuadro en exposición, analizándose, siendo analizada... Y si se sentía así ahora, con sólo dos pares de ojos sobre ella, no quería ni imaginarse cómo se sentiría cuando tuviera que soportar ser juzgada y criticada por todos los ojos de la familia Hyuuga.
¿A qué hora tengo que estar allí? –por “allí” se refería al compendio Hyuuga, y Hinata y Hanabi lo entendieron.
Ahora –contestó Hanabi de una vez y sin anestesia, dejando a Tenten anonadada.
¿Ya?
Bueno, no ya –Hanabi puso los ojos en blanco-, pero sí en media hora.
Tenten suspiró, aliviada. Aún tenía media hora para prepararse psicológicamente...
...Y la media hora pasó volando, porque Hinata dedicó todo ese tiempo a arreglarle un poco el cabello y a maquillarla tanto que acabó luciendo como una geisha más artificial que elegante. No sabía si era el efecto de la base blanca que le daba aspecto de anémica, o el rojo sangre de los labios, o las pestañas postizas, o el rubor de colegiala, o qué, pero a Tenten su imagen se le antojaba la de una muñeca más que de una dama.
¿Cómo se supone que voy a comer y beber con esto puesto? –inquirió, intentando disimular su pánico. Maldición, apenas si podía mover los músculos de la cara con esa pasta espesa encima-. Y caminar con este kimono tan ajustado tampoco es muy sencillo que digamos...
Hinata parpadeó, confundida, como si Tenten se estuviese quejando de lo incómodos que son los pijamas de seda. Hanabi, que se había acercado para alcanzar los materiales a su hermana, le susurró con una sonrisilla:
Te las arreglarás.
Parecía estar disfrutando mucho de la experiencia de torturar a Tenten en nombre del honor familiar, por lo que la joven kunoichi optó por desistir. No quería darle más armas que usar contra ella, o que les fuera a los Ancianos Hyuuga con el cuento de que la prometida de Neji era una niñita quejumbrosa...
Ya está, Tenten-san –sonrió Hinata, retirando su mano junto con el pincel negro para los ojos, y contemplando su labor con satisfacción-. Te v-ves muy b-bien.
Lo dudo, Hinata, pero gracias.
Ya ni se atrevía a verse en el espejo: tenía miedo de que fuera a romperse.
Fue con esta misma inseguridad que se adentró en el compendio Hyuuga, escoltada por Hinata y Hanabi como si fuera una princesa y ellas sus guardias, aunque Tenten se sentía cualquier cosa menos una princesa. El compendio se le antojó mucho más intimidante de noche que de día, porque al menos, durante las veces que ella lo había visitado, los rayos del sol iluminaban las tejas del techo y entibiaban el suelo, dándole al lugar un aire casi cálido por momentos. Sin embargo, la oscuridad de la noche y el brillo de la luna no hacían sino aumentar la sensación de que, una vez que atravesabas aquellas puertas, debías abandonar todo sentimiento.
Te irá bien –dijo alguien, Tenten ya no sabía quién.
No distinguía nada en ese abismo negro que parecía tragárselo todo, y avanzaba con pasos cortos e incómodos, con la vista fija en el edificio que tenía delante y el corazón latiendo con violencia en su pecho.
Se detuvieron frente a aquella construcción imponente y sombría, y Hinata corrió las puertas con demasiada rapidez para el gusto de Tenten. Quería que el tiempo se detuviese en ese momento, y que no tuviera que entrar nunca en aquella casa ni tomar las pruebas, pero el tiempo es caprichoso y, en lugar de detenerse, avanzó aún más rápido.
En cuanto quiso acordar, la luz de una amplia sala tradicional en la que los suelos de madera brillaban como si nadie los hubiese pisado nunca, cegó momentáneamente a la joven kunoichi. Sólo cuando se recuperó pudo notar los rostros, todos pálidos y similares, fijos en ella; aquellos ojos que podían verlo todo, observando cada paso que daba en dirección a la mesa en torno a la cual estaban todos reunidos, analizándola mientras se acercaba, estudiando la forma en que tomaba asiento; criticaban, inquisitivos.
Alguien dijo su nombre, pero su voz sonaba muy distante para los oídos de Tenten. Probablemente la estaban presentando, y procuró ajustar sus facciones para sonreír un poco, pero sólo lo suficiente para no incomodar a los Hyuuga. Se sentía desfallecer, apenas podía concentrarse en la taza de té que tenía delante, y que cada vez se tornaba más difusa...
Creía que se desmayaría, pero había alguien que no iba a permitirlo. Sintió unos dedos rozando los suyos bajo la mesa, y la mano de Neji sostuvo firmemente la suya, devolviéndola a la realidad.
La realidad no era muy agradable: tenía veinte pares de ojos pálidos posados sobre ella, algunos jóvenes y curiosos, pero la mayoría viejos y prejuiciosos. Todos los congregados eran parientes más o menos cercanos de Neji, y, dedujo Tenten, importantes a la hora de tomar decisiones concernientes al futuro de la familia. Reconoció los rostros de Hiashi, el tío de Neji, entre la multitud; y, por supuesto, los de Hinata y Hanabi.
Así que esta es ella –pronunció una voz en tono desagradable. Su dueña era una anciana que tenía arrugas especialmente marcadas en torno a la frente y el ceño, que precisamente en esos momentos tenía fruncido como si Tenten fuera un bicho asqueroso que no era digno de estar sentada en la misma mesa que ella-. Imagino que Neji estaba pensando con algo que no era precisamente su cabeza.
Hablaba despectivamente, pero con autoridad; no era difícil adivinar que estaba acostumbrada a mandar y ser obedecida. Sus palabras impusieron un silencio increíblemente incómodo, durante el cual Tenten, roja de vergüenza y de rabia, no se atrevió a levantar la vista.
¿Cómo se atrevía a mortificarla así? ¿O a insinuar siquiera que Neji la había elegido simplemente porque se sentía atraído hacia ella?
La escena de esa tarde, cuando él la había ayudado a ponerse su kimono, acudió a su mente con tanta claridad como si estuviese sucediendo frente a sus ojos en este preciso momento.
¿Y si la vieja tenía razón? Después de todo, Neji jamás había expresado su amor (o lo que fuera que fuese) en palabras, y sus gestos eran casi igual de escasos. Esta vez era lo mismo: sus manos seguían estrechadas, pero él no decía nada. Permitía que la insultaran, impasible, mientras ella se moría de vergüenza...
¿No bebes té, querida? –preguntó la despreciable vieja, y en sus labios ese “querida” sonó como el peor de los insultos.
Mordiéndose la lengua, Tenten deslizó sus manos de las largas mangas de su kimono con la torpeza propia de una persona que jamás ha usado uno en su vida. Tuvo que soltar la mano de Neji para hacerlo, cosa que no le agradó, pero no tenía otra opción. Ahora estaba sola.
Fingiendo calma, como si su futuro matrimonio no dependiese de ello, Tenten sujetó su pequeña taza de porcelana con ambas manos. Estaba caliente, pero era un calor que transmitía amenaza, en lugar de seguridad como la mano de Neji. De todos modos, se la llevó a los labios con toda la gracia de la que fue capaz: es decir, muy poca. Estaba segura de que parecía que estaba sosteniendo uno de sus kunais, más que una delicada taza de té.
El líquido le quemó la lengua y le dejó un sabor amargo en la boca, y durante unos segundos no pudo identificar qué era exactamente. Bajó la taza con la misma torpeza con la que la había subido y, observando atentamente su contenido, la depositó en la mesa.
A simple vista, todo parecía normal. Las hojas de té danzaban en el fondo como plantas acuáticas, pero, si te fijabas bien, distinguías algo que se asomaba entre ellas. Algo que se parecía sospechosamente a una diminuta píldora blanca.
Vamos, bebe un poco más –la instó la vieja.
Tenten mantuvo la vista fija en la taza, sin poder creer lo que veía. Pasaron los segundos, y ella siguió sin moverse.
Bebe –susurró Neji.
Ella tragó saliva.
¿Qué se suponía que tenía que hacer?
N/A: La escena del kimono fue complicada; tuve que buscar mucha información y repasar mi copia de Memorias de una Geisha para asegurarme de hacerlo correctamente... –sigh-
Sé que tardé siglos en actualizar, y lo siento mucho. Para los que les interesa, tengo un nuevo fic de SasuSaku; pueden leerlo en mi profile nn
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