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Author of 18 Stories |
Furuba no me pertenece, es una obra de Natsuki Takaya. Pero está historia sí que es mía. Creo que se nota¿verdad?
Fic situado después de que Kyo aclarara las cosas con Kagura y, obviamente, como veréis más abajo, después de que tuvieran las entrevistas los padres y los alumnos con Mayuko, la tutora; pero pasando por alto, ejem, lo que pueda sentir, románticamente hablando, Kyo por Tohru.
...Del color del atardecer...
Dorado y cobrizo
“Pero tú lo sabias bien, lo que empieza acaba, se nos escapa.
Los dos, tú y yo, aprendimos que lo que empieza acaba.
Era pronto para todo, y tarde para cambiar”
Cap. I
Serían alrededor de las cinco de la tarde de un precioso día de primavera. El sol, que había empezado a caer, pero aún estaba muy alto, acariciaba mis mejillas con sus cálidos rayos; y ese calorcito que impregnaba el ambiente hacía que los sutiles perfumes de la naturaleza brotaran con mayor facilidad.
El camino que llevaba a la casa de los Soma, donde vivía Tohru desde hacía ya bastante tiempo, estaba rodeado de árboles verdes, vibrantes de vida, y los bordes del sendero estaban regados por flores vistosas de colores alegres.
Una mariposa azul cruzó el aire delante de mi en un rítmico revoloteo, y otra le seguía graciosamente intentando alcanzarla. A pesar de estar cansada, sonreí. Extrañamente, la primavera me pone de buen humor, pero eso es algo que muy poca gente puede llegar a percibir.
He venido a visitar a Tohru. Hoy vengo sola, Hana no ha podido venir, se traía algo entre manos con su hermano. Lo cierto es que ni he querido preguntar, en ocasiones esos dos me sorprenden (y pueden llegar a asustarme, lo reconozco). Pero el caso es que vengo sola, quería darle una sorpresa, así que no la he llamado para avisar.
Ya puedo ver la casa... la verdad es que Tohru tiene suerte de poder vivir aquí. Es una casa grande y bonita, estilo clásico, con las puertas de sogi y el suelo de madera y tatami... No como mi asqueroso apartamento... y encima, mi padre ensucia más que limpia. Pero que se le va a hacer... me alegro por ella.
Esto es extraño... nadie me abre. No creo que no oigan el timbre, ya que en esta casa no se suele poner música... Son un poco raritos, porque yo lo primero que hago nada más llegar a casa es poner mi punk, no podría vivir sin él. Desde que era pequeña, cuando formaba parte de la banda, me aficioné a este tipo de música, y aún que el vicio de ir pegando a la gente sí que me lo he quitado (casi del todo), el de escuchar esta música, no.
Cansada de esperar una respuesta que no llega, doy la vuelta a la casa. A lo mejor por la puerta de atrás... y efectivamente, la puerta de atrás esta abierta. Entro en la casa, pero me quedo en el salón, que normas de educación sí que sé... y desde allí grito para ver si alguien me oye. Alguien tiene que haber, sino la puerta estaría cerrada¿no? Pero después de desgañitarme durante cinco minutos me doy cuenta de que en esta familia sobreabunda la afición al despiste, y divertida descubro que no solo es cosa de Tohru...
Después de un instante de duda, escojo espera fuera, hace un día demasiado bueno. Así que me siento en el escalón que hay en la puerta trasera. Tienen suerte de que haya venido, podré vigilarles la casa hasta que alguno de ellos vuelva. Ahora que lo pienso... podría plantearme la opción de trabajar como segurata, con la presencia y el carácter que tengo... seguro que lo haría bien.
Últimamente le doy muchas vueltas a eso, desde que la tutora hizo las entrevistas con los padres por lo de nuestro futuro laboral (o estudiantil). Lo cierto es que cuando dije que quería ser modelo... tengo que admitir que mucho no lo había meditado. Más que nada fue porque me acordé del comentario que me hizo el “cabeza de mandarina”. -Que para qué quiero ser tan alta, qué si quiero ser modelo... ñaña-ñaña-. La verdad es que burlarme de ese imbécil si no está delante... no tiene gracia, e imitarle la voz ya no es tan fácil como antes... ahora la tiene más...
¡Alguien llega! Puedo oír a dos personas hablando. Se acercan. Creo que una la reconozco... sí, es inconfundible, y la otra... no, no es Torhu.
Me asomo dando de nuevo la vuelta a la casa. Ellos vienen por el camino principal. Ha unos metros de la entrada se paran. Esa chica... no sé quien es. Se le da un aire a Tohru... pero tiene el cabello más oscuro y más corto¡y va con un bolso horrible! Es como una mochila con forma de... no sé... ¿de algún animal alienígena? Me parece que se están despidiendo.
Yo no estoy escondida, sigo aquí de pie, a un lado de la casa. Pero parece que ninguno de los dos me ve. ¿Es que de golpe me he vuelto invisible? Eo, que estoy aquí. ¿Ves como sí que es importante ser alta? Si con lo que mido ni se han dado cuenta de que estoy... imagínate si fuera aún más bajita. Jo¡yo quiero llegar a 1.80!...
¡Ah, míralo! Le está acariciando la cabeza. ¡La ha abrazado! Yo nunca le había visto darle un abrazo a nadie, ni siquiera a Tohru... No es que me moleste verle así de cariñoso con una chica... ¡que estupidez! Pero es que... que cara de tonta se le ha quedado a ella. No puede dejar de sonreír ¿o qué? Menos mal que ya se va.
Él va caminando de espaldas mientras la despide con la mano. Yo me empiezo a acercar a él. Cuando ella ya está bastante lejos grita diciendo –Kagura, dale recuerdos al sensei si lo ves hoy-. ¡Aja! A si que se llama Kagura... lo recordaré. Ya le preguntaré sobre ella a Tohru, si es la novia de este pedazo de anormal, se merece todo mi reconocimiento¡que valor!
Voy a alargar la mano para tocarle el hombro, para avisarle de que estoy aquí, pero justo en ese momento él se gira y... ¡pum! Nos chocamos y de repente ¡pluff! Una nube de extraño humo nos envuelve, me caigo al suelo de culo, con él encima. Pero de repente su peso desaparece... ¿qué raro, no? Cuando el humo se disipa y logro abrir los ojos...
No sé... no sé cómo explicarlo, pero... y-yo... tengo encima de mi estomago un gatito de color naranja. Y por encima de él, y por encima mío, están esparcidas las ropas que llevaba “el idiota” hace un momento.
Me incorporo lentamente, con un gesto de incredulidad empañando mis ojos. Me froto la frente intentando razonar con claridad. Esto es... imposible. ¿Me habrá dado una lipotimia? Pero entonces, el gato, que ahora estaba en mi regazo, intenta escabullirse, logrando que con eso me despeje. Y como por un resorte mágico, mis manos se lanzaron a pillarlo antes de que saliera corriendo.
Había algo en ese gato... mi razón no era capaz de distinguirlo, pero algo dentro de mi me decía que era importante tenerlo cerca. Sí, claro, qué lógico¿no? Miré al pobre animalito, parecía asustado. Lo acurruqué contra mi y le acaricié la cabeza, entre las orejas. En algún sitio creí haber escuchado que eso les gustaba a los gatos...
Me puse de pie recogiendo la ropa del “estúpido”, mientras con el otro brazo continuaba sujetando al gato naranja. Una vez hube acabado... me quedé quieta... una señal de emergencia se encendió en mi cabeza, dando la alarma de forma desesperada, y una extraña rigidez se apoderó de mi cuerpo. Miré la ropa que tenía en mi mano derecha, incluidos los boxers. Miré al gato que tenía cogido con mi brazo izquierdo. Mi mente se quedó en blanco por un momento... un largo y agonizante momento. Hasta que las piernas empezaron a temblarme y volví a caer al suelo. Solté el montón de ropa, y tomé al gato con las dos manos. Me lo acerqué a la cara, para verlo más de cerca, todo lo cerca que fuera posible...
Miré a los ojos a ese felino. En mi cabeza todo daba vueltas. Era un caos de luces y sombras pasando con rapidez, mezclándose entre ellas. Me estaba volviendo loca. Y en medio de ese desorden, había una idea... pero no podía distinguirla con claridad. Era... ¡uff! la presión aplastaba cada poro de mi piel. Sentí que estaba viviendo el momento más irreal, absurdo y... ¡irreal! de toda mi vida, pero a pesar de eso, de mis labios salió un susurro que ni yo misma había planeado decir. Creo que fue mi parte instintiva la que tomó el control en ese momento, porque la racional ya estaba colapsada hacía rato... Pero el caso es que me oí a mi misma decir –¿Kyo?- Buscando en la mirada de ese gato una respuesta... que estúpido por mi parte¿no?
Y en ese preciso instante fue cuando perdí todo el color de la cara, mi corazón se paró y caí lacia al suelo al escuchar de la boca del gato unos sonidos. Podía haber sido un maullido que yo hubiera malinterpretado debido a mi estado de confusión..., pero no. Lo que dijo, lo dijo claramente, sin lugar a dudas. Y no fue otra cosa que –Soy yo.
N.A.: Aquí está el tan esperado fic sobre Arisa (cómo me gusta!!) y mi querido Kyo. Los que sigáis mis otros fics… no os preocupéis que no los abandono… simplemente están en un estado de aletargamiento… juas juas. No, enserio, espero ser capaz de continuarlos pronto, cuando tenga tiempo e inspiración.
Espero que este fic, Del color del atardecer, os guste, o como mínimo os parezca interesante… jeje No tardaré mucho en subir el siguiente cap. pero espero que antes de que lo suba me hayáis dejado muchos RR!!!
Por cierto, supongo que ya lo habréis pillado… pero de todas formas os explico el significado del título. Los colores del atardecer son los tonos anaranjados¿verdad? Pues esos mismos tonos son los de Kyo¿no? Y además, el dorado es un color que fácilmente se puede encontrar en los paisajes del crepúsculo, así que ahí lo tenéis. Cobrizo por Kyo, y dorado por Arisa (obviamente por su pelo), me parecía una forma poética muy bonita de decir que juntos forman una bella (aún que algo extraña) pareja.
Un saludo, Marie.