|
|
| Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search | Login Register Extras |
Reto de Yakumo-NeeSan y Umino Megumi: Morino Ibiki x Mitarashi Anko
Todo empezó con una sonrisa seductora y ebria de parte de la sensual mujer que se restregaba a su costado. Era impresionante la facilidad, o más bien habilidad, que tenía la Jounin de lograr embriagarse en menos de quince minutos de empezado el festejo, sin perder completamente el juicio. Debía haber roto algún récord o impuesto algún tipo de marca. Pero probablemente era característico de su raza; Tsunade-sama no tardaría en romper el récord si Shizune no llegaba pronto a detenerla, cosa poco probable, ya que acababa de divisarla en una esquina, acorralada y presumiblemente también algo influenciada por el alcohol, por Shiranui Genma. Lanzó una mirada seria hacia la Hokage, que empinaba la cuarta o quinta botella de sake, y luego miró hacia abajo, sintiendo el cuerpo de la examinadora friccionarse contra el suyo de una manera... no molesta.
Mujeres voluptuosas, baja resistencia al alcohol.
“Oh, vamos, Ibiki, quédate un poco más. Las torturas pueden esperar hasta mañana. ¿O acaso tienes a alguien esperándote de manos y pies esposados a la cama?”
Las carcajadas de Anko fueron tragadas por la música y el ruido ambiental, perdiéndose antes de llegar a los oídos del Comandante del Escuadrón de Interrogación y Tortura de Konoha. Y a pesar de su reputación de infalible, peligroso y duro como una roca, sus mejillas se tiñeron de un adorable color carmesí, no únicamente por la burla de la mujer, sino por los movimientos inapropiados de su cadera, demasiado cerca. Giró su impávido y estoico rostro hacia un lado y ella lo tomó como un no.
Volvió a reír sonoramente.
“Entonces te quedas”
Luego fue ella la que se perdió -sin esperar más respuesta, porque de todas formas Ibiki no es un gran conversador- entre la orgía de cuerpos frotándose unos contra otros, seres parcialmente inconscientes repartidos por el suelo y mesas, paredes y esquinas atestadas de parejas en época de apareamiento. Aún odiando a todo el mundo y observando con desagrado el nivel de degradación humana al que podían llegar los shinobis de la Aldea de la Hoja, Ibiki tomó asiento en el taburete más alejado de la barra y del universo en general.
Cuando Anko volvió a aparecer, su turbulenta y despampanante figura surgiendo entre la multitud ebria y ruidosa, abriéndose paso entre miradas deseosas y casi tan cargadas de alcohol como lujuria, moviéndose en su dirección como si fuera parte del gentío que la rodeaba, el ambiente ya había empeorado de penoso a caótico.
“Ibiki-kuuuun”
Y por lo visto, también lo había hecho Anko.
Traía una cerveza en cada mano y sus ojos destellaban de embriaguez, con una sonrisa feliz bailando perezosamente en sus labios. Se acercó tambaleándose, pero manteniendo el equilibrio de una kunoichi con experiencia, y ahogada en risitas ebrias se arrojó sobre el torso del Jounin de Elite.
Él soltó un Hmph de molestia poco creíble al sentir la voluptuosa delantera de Anko restregarse contra su pecho y apenas cambió la expresión en su pétreo rostro cuando ella se paró en la punta de sus pies para envolver su cuello con ambos brazos. Ocultó con destreza el escalofrío que recorrió su espalda al sentir el aliento caliente y alcoholizado de la mujer cerca de su oído y chocando con su cuello. Pero fue incapaz de ocultar el estremecimiento cuando su lengua traviesa y áspera se abrió paso desde el lóbulo de su oreja hasta la comisura de su boca.
“Ibiki-kuuuun... Nunca me había dado cuenta... de lo sexy que eres”
Rompió nuevamente en carcajadas suaves, canturreando con voz acalorada e hipando de vez en cuando mientras alejaba un brazo del cuello del Jounin y paseaba sus dedos largos y ardientes sobre su abdomen y pecho. Y siguió ronroneando estupideces junto a su boca mientras el color rojo en las mejillas de Ibiki continuaba subiendo de tonalidad. Explotó en risitas juguetonas y llenas de alcohol reiteradamente antes de pegarse más a su cuerpo y sonreír con malicia.
“...Que sexy, Ibiki-kun”
Rió un par de veces más, hipó un poco y después cerró los ojos, para luego desplomarse en toda su humanidad sobre el suelo sucio del local sin que el impasible hombre llegara a sujetarla.
Avanzó por el recibidor y sin siquiera abandonar los zapatos se adentró hasta la habitación de Anko. Fue cuando la iba a dejar sobre la cama que ella entreabrió los ojos con pereza y se aferró al cuello de Ibiki con movimientos aturdidos y sensuales a la vez, tirando con su peso y sus brazos mientras que comenzaba a reír traviesa.
“¿Me trajiste a la cama, Ibiki-kuuun?”
El susodicho sintió su rostro hervir y la sangre comenzó a agolparse en sus mejillas... y en otras partes del cuerpo, gracias a los movimientos que realizaba la pelimorada y sus gemidos juguetones. Intentó agacharse un poco más para acercarla a la cama y sólo soltarla para terminar con todo, pero al hacer esto su rostro quedó al alcance de la mujer. En un impulso Anko acortó los centímetros que los separaban y colisionó sus labios húmedos y endulzados por el alcohol contra los secos de Ibiki. Fue corto, mojado y alcoholizado.
Se separó casi instantáneamente y estalló en risitas maliciosas otra vez, antes de soltarse de su cuello y dejarse caer en la blanda cama bajo su espalda con los ojos cerrados y roncando sonoramente. Ibiki se mantuvo estático un par de segundos, y luego abandonó la habitación, no sin antes echar un vistazo sobre el ínfimo par de shorts y la reveladora polera sobre los pies de la cama. Hubiera preferido que ella dijera “Me voy a poner pijama” antes de caer inconsciente.
Desde la cama escuchó un murmullo incoherente y se giró un poco, y entonces escapó de la boca caliente de la mujer...
“...Te amo, Ibiki-kuuun”
“Buenos dí... ¿Ibiki-sensei?”
El Jounin alzó la mano a modo de saludo y carraspeó tras un par de segundos del firme e incrédulo escrutinio de la rubia. Cuando las mejillas del Comandante comenzaron a teñirse ligeramente de rojo –últimamente le pasaba eso a menudo, debía ser alguna clase de enfermedad- Ino sonrió avergonzada y comenzó a reír nerviosamente. Llevaba un par de meses bajo la tutoría de Morino Ibiki para explotar sus aptitudes natas y en aquel tiempo le había tomado confianza, pero encontrarse con su estricto y socialmente inactivo profesor en su florería le parecía un hecho extraño y anormal, como fuera de la realidad.
“¿Qué lo trae por aquí, sensei?”
Esperó con creciente curiosidad la respuesta del Jounin, ahora un poco más interesada por el motivo de su visita, más que por su visita en sí. Su sensei tardó un poco en responder, como si estuviera sopesando sus palabras.
“Flores”
“Clarooo¿Pero son para alguna ocasión especial¿Para alguien especial, quizás?”
Ibiki dejó escapar una pequeñísima, casi inexistente sonrisa. Su alumna le había agradado desde el principio.
“No te servirá conmigo, Yamanaka”
Ella sonrió y comenzó a elegir algunas flores frescas entre los jarrones, sin abandonar la pelea tan rápido.
“Pero usted sabe que me es más fácil ayudarlo a elegir si me dice para quién son las flores”
Ensanchó su sonrisa de satisfacción al ver la expresión acomplejada que cruzó fugazmente el rostro de su sensei. Luego, como si no hubiera pasado nada, él retomó su expresión dura una vez más. Éxito“Está bien. Pero no dirás nada, y yo no diré nada sobre la relación que mantienes con...”
El rostro entero de Ino se encendió de un color rojo tan intenso que hizo palidecer los tulipanes y las rosas de la tienda, quitándole el aire como un golpe en el estómago. Nadie lo sabía, y ella jamás se lo había dicho a otra persona, era imposible que supiera. Quizás estaba usando uno de sus métodos de...
“... el Kazekage”
O lo había descubierto por sí mismo.
“Está bien. Trato hecho”
“¿Eh?”
Entrecerró un ojo y dejó caer un poco la mandíbula inferior. Morino Ibiki tenía flores en una mano y una cerradura nueva en la otra. Cerró los ojos enrojecidos, sacudió la cabeza y luego volvió a abrirlos. Pero no, no era un espejismo. Entonces la asaltó un recuerdo de la noche anterior, confuso, nebuloso y con lagunas tan grandes como los agujeros en la cabeza del hombre que tenía delante. Y comprendió.
“Ah... fuiste tu, Ibiki. Por un momento pensé que había sido Gai como la última vez”
Se detuvo un momento con la mirada clavada en algún recuerdo horrible y aterrador. Y luego devolvió sus ojos índigo hasta el Jounin.
“Llegó con más flores, pero no tan lindas, y globos de helio. No pude dormir en una semana por su enorme...”
“No quiero detalles”
“Tuve pesadillas durante un tiempo, no planeaba darte detalles de todas formas. Aunque no me molestaría mostrarte lo que sucedió de una manera más... gráfica”
Y el color rosado volvió al rostro del examinador al ver la sonrisa pícara que comenzó a dibujarse en los labios de Anko.
“¿Quieres pasar?”
Hay cosas que ni siquiera el Comandante del Escuadrón de Interrogación y Tortura puede resistir.
¿Reto Superado?
Kashou No Tsuki