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Kashou No Tsuki
Author of 44 Stories

Rated: K+ - Spanish - Angst/Romance - Itachi U. & Hana I. - Reviews: 10 - Published: 06-07-07 - Complete - id:3580646

Epílogo

El bosque se cierra sobre su cabeza tornándolo todo oscuro y verde, pero es temprano aún, puede saberlo por los rayos de luz mortecina que se filtran entre el ramaje y crean claros tenuemente iluminados. La brisa tibia, casi empalagosa en su calidez primaveral, está a su favor y trae consigo el aroma peligroso y embriagante de su objetivo.

Acelera el paso, inclinándose hacia delante y flectando las piernas, e indica a los tres canes parduscos que deben dispersarse. Apenas la señal muda e invisible es captada, los perros desaparecen en tres sombras grisáceas, perdiéndose en la espesura apagada del terreno, al igual que lo hizo el resto del equipo de rastreo sólo un par de minutos antes.

Separarse no es la mejor opción, pero si la más efectiva. Las instrucciones de la Hokage fueron claras: Encontrar su rastro, detenerlos antes de llegar a la frontera y apresarlos si es posible. Sólo si es posible. No enfrentarlos en solitario fue su única advertencia.

Cierra los ojos un instante y concentra el chakra en su aparato sensitivo a pesar de que no es necesario. Aún sin efectuar su técnica puede sentir como el rastro se intensifica con cada paso que da y no tiene problema alguno para seguirlo. Cerrar sus ojos no es más que una excusa para relajar su cuerpo agarrotado por la tensión, normalizar los latidos dentro de su pecho y despejar el torbellino de emociones que comienza a nublarle el juicio.

Inhala con fuerza una vez más, sabiendo con lo que va a encontrarse. Apesta a Uchiha Itachi.

Registra furtivamente sus alrededores buscando indicios que comprueben que se encamina en la dirección correcta, alguna huella o ramas quebradas por obra humana, pero el bosque parece ser una boca de lobo y oculta cualquier posible señal del paso de los dos ninjas renegados, clavando en ella la preocupación de haber caído en alguna trampa, no puede olvidar que está lidiando con criminales clase S.

Intenta tranquilizarse, sabe que está tras la pista correcta, no puede equivocarse.

Nada los delata a excepción del rastro que sólo ella y sus perros conocen y pueden seguir, un rastro inconfundible e intransferible, atado a él desde mucho antes de que le fuera necesario huir y a ella perseguirlo. Siempre fue así de todas formas.

o.o.o.o

¿Porqué me sigues?”

La voz templada y ronca del chico la toma completamente por sorpresa, haciéndola perder el equilibrio y caer de bruces entre los arbustos que empleaba como escondite. Suelta una risita ocultando su nerviosismo y frustración mientras se pone de pie rápidamente, fingiendo que nada ha pasado y que el trasero no le duele, y sale al alcance de la mirada penetrante y turbadora del Uchiha. Sabía que la descubriría en algún momento, pero no pensaba que tardaría tan poco en hacerlo.

Una sonrisa lobuna se desliza entre sus labios, marcada con una mezcla entre disculpa y malicia.

Estaba practicando. Me han dicho que soy buena ocultando mi presencia, pero quería comprobarlo con un genio”

No es mentira, pero tampoco es toda la verdad. No planea decirle que se siente atraída por el misticismo y encierro del Clan Uchiha, de él en particular. Menos aún va a confesarle que le gusta desde la primera vez que lo vio entrar al aula un par de semanas atrás.

Él sostiene la mirada afilada y oscura de la Inuzuka un momento, haciendo del aire una mordaza invisible, deteniendo el flujo constante del tiempo, apartándola un segundo de la realidad. Un silencio asfixiante se apodera de los alrededores y la sensación de claustrofobia comienza a sofocarla. Los silencios le han sido incómodos desde que tiene memoria.

No está mal”

Las palabras del moreno parecen llenar el espacio que el silencio había dejado, acaparando los sentidos de la chica. Sin mirar atrás prosigue su camino interrumpido y es tragado lentamente por las sombras de los árboles al borde del camino. No miente, pero tampoco dice toda la verdad. No necesita decir que estaba al tanto de que lo estaban siguiendo desde el momento en que salieron de la Academia, y que sabe que es ella desde el principio. Tampoco le parece necesario -ni adecuado, ni importante- hacerle saber que no quiso detenerla. Lo estaba haciendo bastante bien.

o.o.o.o

Un bramido desgarrador retruena por todo el bosque en penumbras, quebrando la pesada atmósfera de silencio mortal que reina en los alrededores. Hana se detiene como si sus pies hubieran sido clavados a la rama en la que acaba de posarse y sus manos comienzan a crisparse sobre la madera del tronco al que se sujeta. Poco después, antes de darle tiempo de reaccionar, los latidos de su corazón se precipitan enloquecidamente reconociendo el olor intenso y pegajoso de la sangre caliente, recién brotando a borbotones del cuerpo que la envolvía, adherido al viento que choca contra su cuerpo estático, rozando sus mejillas tatuadas, empapando su nariz y sus pulmones del hedor humano.

No puede explicarse cómo es que la hostigan las arcadas casi incontenibles si es que ha estado en miles de misiones donde la sangre es componente principal, donde ha herido y ha sido herida. La combinación funesta, de olor de Uchiha y la sangre, es lo que gatilla las náuseas y el terror extremo que siente como si fuera la primera vez.

Minutos después, habiendo controlado a fuerza de voluntad el malestar que la agobiaba, se lanza con un impulso reiterado a la persecución, la desesperación alimentando el instinto interior que la llama una vez más a encontrarlo y a cambiar el desenlace de las cosas. A terminar la historia inconclusa que comenzó hace más de cinco años. No es una cobarde.

o.o.o.o

Ya lejos del centro ajetreado y vibrante de Konoha, de los puestos de comida, las fiestas, los bares, de la gente alegre hasta donde se puede serlo en una Aldea de ninjas, de las luces y las voces llenas de vida, frente a frente a las puertas que separan al pequeño y cerrado mundo Uchiha del resto del universo, el moreno detiene sus pasos con un aire de seguridad absoluta.

Ya sé que estás ahí. ¿Por qué sigues haciéndolo?”

Ella tarda unos segundos en responder, mientras sale de su escondite, buscando las palabras para responder a algo que ni siquiera ella misma se ha preguntado realmente. Luego se encoge de hombros y sonríe una vez más de aquella forma heredada de su familia, con los labios torcidos en una sonrisa afilada y los ojos chispeando un fulgor azabache.

Queda... camino a mi casa...”

Él asiente levemente y sigue caminando, adentrándose en los dominios de su clan sin una sola mirada de despedida. Ella aprieta los puños y se muerde el labio inferior casi con desesperación.

Y... porque me gustas”

No planeaba gritarlo, pero el volumen de su voz se había escapado al raciocinio al que sus palabras habían sido sometidas, cosa que rara vez sucedía; generalmente no racionalizaba en absoluto antes de hablar.

No obtiene una respuesta, pero tampoco la espera en primera instancia, no conoce en vano la personalidad de Itachi y la desilusión es casi inexistente para alguien como ella. Está contenta con haberlo dicho y con la satisfacción de haberse confesado, nunca ha sido muy buena ocultando cosas. Suspira, de alguna manera aliviada, y se marcha hacia su casa, que no queda lejos de allí.

No llega a notar la suave pausa en los pasos del Uchiha, ni la mirada serena que lanza sobre su hombro antes de que ella desaparezca de su vista.

o.o.o.o

Muerde su labio inferior cuando sus ojos encuentran la imagen al otro lado de los matorrales, apretando los puños con rabia en un prófugo intento de no rendirse ante las sacudidas convulsas que la asedian.

El ancho río de sangre aún no detiene su cauce cuando ella llega hasta el cuerpo del Chunnin con el que hace tan sólo un par de horas mantenía una conversación animada y alegre. Puede percibir el calor emanar de su piel, y notar que en sus pupilas desorbitadas aún se mueve el brillo triste de los vivos, como si en cualquier momento fueran a brotar nuevamente palabras de su quijada entreabierta, como si el camino carmesí que recorre su cuello y barbilla y que cae al suelo empapando la tierra no significara nada. Se sorprende a sí misma al esperar con horror que se levante una vez más sin que la grotesca herida que amenaza con partir su cuerpo en dos le impida seguir acompañándola en la persecución, tal y cómo lo hacía antes de que le fuera arrebatada la vida.

Mientras intenta apartar la naturaleza humana de su colega de su tarea como shinobi cae en cuenta de que el rastro que está siguiendo desaparece metros antes del pozo de líquido espeso y en coagulación que baña el cadáver, retomando fuerza en otra dirección. Entonces, él no es el que ha herido a su compañero.

Sosteniéndose con flaqueza junto al Chunnin busca concentrarse en su misión y en nada más, apartando de su mente el alivio injustificado que se toma su pecho por sorpresa, de alguna forma cargando sus hombros con una culpabilidad infundada.

No puede permitirse olvidar. Puede que no haya matado a uno, a éste, pero ha matado a miles, a su propia familia. No tiene derecho a hacerla sentir culpable. Y aún así, lo hace.

o.o.o.o

El kunai pasa de largo y cae con un golpe sordo, amortiguado por la cuna de hierba húmeda que lo acoge en el suelo del campo de entrenamiento. El siguiente se clava con rudeza y hasta la mitad del filo de metal, pero lejos aún del centro de los círculos concéntricos blancos y rojos. Los demás acompañan al primero, sin siquiera haber llegado a rozar la superficie de madera que hace de blanco. Está cansada y la presencia tras ella consigue robarle la poca concentración que se esfuerza por conservar. No sabe hace cuánto está ahí atrás, sentado en el pasto verde y brillante de rocío, con los ojos a punto de cerrarse y los brazos cruzados sobre la pieza del traje ANBU que cubre su pecho, pero su presencia acaba por trastornar el entrenamiento matutino al que se apega. Lo hace casi todos los días.

Arrojas con demasiada fuerza”

La Inuzuka lanza una mirada enfado sobre su hombro, al borde de la razón, pegando nuevamente sus pies al suelo después del salto que la voz masculina le hizo dar mientras aprieta en su delgada mano el arma que ahora, definitivamente, se rehúsa a lanzar. Frunce las cejas con frustración y se gira hacia él, sin soltar el cuchillo en su mano.

Si uso menos fuerza no va a llegar a su objetivo, y entonces no sirve de nada”

Se da nuevamente la vuelta, dispuesta a recoger los kunais desperdigados por el pasto y desistir del entrenamiento por ahora, pero es detenida por la mano de Itachi sobre la suya, aún aferrada al metal. En menos de una fracción de segundo está sobre ella, con su pecho pegado a la espalda de Hana, su respiración en el cuello femenino.

No es la cantidad de fuerza que usas, sino cómo la usas”

El aire hace falta súbitamente en sus pulmones y su cuerpo se petrifica, sordo a los gritos desesperados de su mente. Intenta humedecer en vano sus labios resecos repentinamente, pero su boca está igual de árida. La mano del Uchiha deslizándose desde su codo hasta la mano y las recriminaciones del genio terminan por ganarle a la confianza en sí misma.

Estás temblando”

Él parece en absoluto control, apresándola con su cuerpo y abriendo a fuerza de presión la mano de Hana que sostiene el kunai. Corrige la postura, y su mano vuelve a subir hasta el antebrazo. Hace un gesto para que ella arroje y al hacerlo, presiona suavemente. Choca con un sonido hueco en el blanco, sin llegar al centro aún.

Desaparece el calor en su espalda y sabe que se aleja nuevamente hacia su sitio previo. Suelta discretamente el aire acumulado en sus pulmones y boca y el recuerdo instantáneo le hace sonreír de nerviosismo.

Gracias”

No agradezcas, no hay nada que hacer por tu pésima puntería”

Con la misma rapidez que él apareció junto a ella, las cejas de la chica se fruncen y juntan en el medio, la sonrisa convertida en una línea recta y enfadada, el orgullo es algo que pueden tocar en un Inuzuka.

¿No puedes solamente aceptar un agradecimiento?! Tienes que echarlo a perder¿cierto¿Porqué eres así?!”

El cambio súbito, no obstante previsible, de ánimo en la chica lo sobresalta, aunque su exterior se mantiene impávido. En sus ojos negros no existe una respuesta, no reflejan nada, están completamente en blanco y el hecho enfurece aún más a la castaña, que comienza a agitar sus brazos a los lados buscando otras maneras de exteriorizar físicamente el enojo que la invade.

¿Porqué tienes que ser tan frío y apático con todos?”

La respuesta no se hace esperar, y es tan dura como su emisor.

Así es como un shinobi debe ser”

¡No es cierto! No todos reprimen sus emociones todo el tiempo”

Ella está segura, existían grandes ninjas que a pesar de su frialdad y estoicismo en las misiones podían mantener una vida normal fuera de su trabajo. Su madre no ocultaba las emociones, ningún Inuzuka lo hacía, y era una talentosa ninja.

Un verdadero shinobi no debe mostrar emociones”

Camina hasta él a grandes zancadas, clavando sus ojos fieros, brillando con desesperación, en él. Por hacerlo entender. Por entenderlo.

No todos son así”

Entonces ve un esbozo de sonrisa asomar entre sus labios, el fulgor más efímero cruzar sus ojos momentáneamente, con un calor explosivo e instantáneo, tan etéreo como fugaz.

Tú no eres así”

El calor en sus mejillas crece desmedidamente y enciende su rostro entero. No puede moverse, está atrapada por la intensa mirada del Uchiha. Y luego él rompe el vínculo, quebrando el encantamiento, desviando los ojos hasta el blanco y las armas todavía esparcidas por el suelo. “Por eso no eres una buena kunoichi”

Vuelve la ira a correr con su sangre.

Un shinobi esto y aquello, ¿Porqué no hablamos de cómo eres como persona¿Porqué eres así?”

¿Porqué quieres saberlo?”

Por que me interesa” Se detiene, insegura, muerde su labio inferior, como es hábito siempre que algo la acompleja y sigue con fuerza, sin dejarse apabullar por la mirada punzante del Uchiha, ni por la vulnerabilidad que le confiere su afirmación “Porque me gustas”

Lleva sus ojos hasta los de ella, que tiemblan en la incertidumbre.

Ven aquí esta noche”

Pausa. Las ideas se arremolinan brutalmente en su cabeza, confundiendo su juicio y desvariando hacia lugares y hechos que no se acercan al caso, pero finalmente surge una sonrisa que alcanza sus ojos, iluminando su mirada.

Está bien. Aquí estaré, como una cita”

No está segura completamente, pero algo le dice que es el momento de marcharse. Teme que si se queda, algo podría alterar el curso agradable que han tomado los acontecimientos. Los nervios ya comienzan a hacerla presa, recorriendo con temblores alegres sus manos.

Él la ve marcharse y encontrándose sólo en el campo de entrenamiento le hace falta su presencia.

Si, una cita...”

o.o.o.o

Casi puede sentir el crepitar de la sangre al trotar aceleradamente por sus venas, el bombeo constante y desenfrenado de su corazón retumbar en sus sienes como el único sonido en la inmensidad del bosque y la anarquía de su mente. Sus sentidos están aguzados al límite y no se da cuenta de que aguanta la respiración hasta que siente la falta de oxígeno obligarla a contraer su abdomen. La brisa calurosa sigue a su favor, pero ella está en blanco.

Está sola. Agazapada sensatamente contra el suelo, su nariz rozando la tierra de hojas húmeda, cuyo aroma consigue borrar de momento el persistente hedor a sangre seca que la persigue. El suelo recibe los latidos precipitados de su pecho, y ella lucha consigo para convencerse de que no pueden escucharlos.

Los dos Akatsukis avanzan con pasos templados entre los sombríos árboles. La tensión es palpable a su alrededor, están alerta y existe la posibilidad de que su presencia ya haya sido descubierta. Se siente como una niña otra vez, oculta ineficazmente entre las ramas bajas de un arbusto, observando con los nervios contrayéndole las manos y deseando tanto que el moreno note su presencia como que no. Pero esto ya no es un juego. Y trata de convencerse de que la atención del Uchiha es lo que menos le importa.

Está sola y consciente de que está haciendo justamente lo que le advirtieron no hacer, pero las posibilidades de encontrar a un compañero a estas alturas son nulas, no puede gritar, no puede enviar a sus perros, no puede ni siquiera moverse. Una sensación parecida al miedo endurece sus músculos. Escapar no es una opción. Jamás lo ha sido para ella. Lo único que le queda es hacer tiempo, retenerlos un solo un poco más, mantenerlos ocupados al menos hasta que alguien note lo que está sucediendo. Evitar que salgan del País del Fuego hasta que lleguen refuerzos.

No puede permitirse dejarlo ir una vez más.

“Quieto ahí, Uchiha Itachi!”

Fuerza sus propios músculos rebeldes a estirarse para ponerse de pie, haciendo acopio de todas las energías restantes en su cuerpo. El rugido surge vigoroso de su garganta reseca, con una fuerza que ni siquiera ella sabe que tiene. Lleva su mano al porta-armas en su pierna derecha, aferrándose con determinación al frío acero de un kunai, adoptando una posición defensiva mientras las dos figuras se giran hacia ella.

Intenta convencerlos y convencerse a si misma de que no tiene miedo, de que está dispuesta a luchar, pero el recuerdo es muy reciente y el temblor en sus ojos se hace evidente al no centrar correctamente la mirada en ninguno de los dos. No puede mirar a Itachi, pero quitarle los ojos de encima puede ser su perdición, conoce por experiencia propia los efectos de su Sharingan. Aún así, lo único que quiere es verlo directamente a los ojos otra vez.

Se decide finalmente y fija su audaz mirada chispeante en el hombre más alto y más aterrador, calculando mentalmente la distancia que los separa y la velocidad de los movimientos que realiza al desenfundar su gigantesca espada, manteniendo su vista periférica atenta al Uchiha, conservando con un esfuerzo sobrenatural su mirada lejos de los peligrosos ojos carmesí.

Kisame rompe en carcajadas apagadas y gruesas, con la voz arrastrada, y levanta la imponente espada en dirección a ella, apuntando directamente a su cuello, Hana puede sentir la opresión imaginaria justo en el nacimiento de la clavícula, y gruñe.

“Konoha sigue mandando a sus pequeños ninjas tras nosotros...”

Cuando el temblor en sus rodillas se hace imposible de ignorar y la arremetida del ninja renegado parece inminente, la voz del Uchiha truena sobre el palpitar delirante de su corazón a punto de explotar, deteniéndolo todo y alterando el transcurso normal del tiempo.

“Déjamelo a mi, Kisame”

Los vellos de su nuca se erizan y un escalofrío recorre toda su columna vertebral al identificar la voz de sus recuerdos, en la boca del hombre que avanza con lentitud calculada hacia ella. Pero hay algo distinto. Una vez su voz no fue tan gélida y vacía como lo es ahora.

Arranca otro cuchillo del estuche, controlando el déficit de aire que la abruma de improviso, y se pregunta si debe avanzar hacia él o dejar que él se acerque a ella. Considerando que no puede alzar la mirada más allá de sus hombros y corre el riesgo de cometer un desliz y buscar sus ojos, comienza a formular los sellos para la técnica de imitación animal, su última opción. Está cansada de recordarse a sí misma como un gatito asustadizo.

“Sigues sin ser una buena kunoichi”

En menos de una fracción de segundo él está sobre ella, su boca ligeramente curvada en las esquinas, frente a frente a sus ojos, sin darle el tiempo para reaccionar, ni para detener el flujo de sangre que acude a su rostro tatuado. El reconocimiento de Itachi destruye sus defensas, pero no sabe si hubiera resistido el olvido. Incontrolablemente, el coraje despierta en ella y por fin el miedo se dispersa.

“Soy una excelente kunoichi”

Su rostro se ilumina con energías renovadas y desaparece de la vista del Akatsuki tan rápido como le es posible. Es una Inuzuka, y como tal, debe pelear hasta el final.

Un segundo después está a su espalda, descargando contra su cuello una feroz patada que es bloqueada con facilidad humillante por el Uchiha, quien no tiene necesidad de dar el contragolpe para identificar el clon de sombra y eliminarlo.

“Te sigues dejando llevar por tus emociones”

La simple afirmación la hacer perder el control sobre el chakra azul que rodea su cuerpo para la técnica de imitación animal, comprobando su veracidad. La transformación sigue su curso aún con menos chakra del necesario, brotando las garras afiladas de sus manos pequeñas y los colmillos relucientes asomando entre los labios carmín. El resplandor animal bailando con ferocidad en sus ojos negros, luchando por liberarse.

Se aparta del tronco contra el cual estaba apoyada, saliendo al alcance del Akatsuki con la determinación dando fuerza a sus rápidos pasos. La ausencia del moreno la hace confrontarse a su garrafal error, le ha dado una ventaja palpable al perderlo de vista. Antes de que pueda utilizar sus sentidos para encontrarlo una brisa helada roza su costado, Itachi está tras ella.

“Inuzuka Hana”

Y todo lo que puede hacer es levantar la mirada cuando su nombre es pronunciado por el Uchiha, llevada por una fuerza inconsciente y violenta que despierta la rabia acallada por los años de represión. Lo odia. Odia lo que hizo. Odia que se haya marchado. Pero no puede evitar que su corazón siga latiendo salvajemente por él, así como no puede evitar mirarlo a los ojos aunque sea por última vez. La posesión de su cuerpo comienza a desvanecerse lentamente al caer en el influjo de Itachi, las aspas del Sharingan girando con rapidez en sus propios ojos.

El frenesí de locura y sombras traga sus gritos, la noche está bañada por la luz sangrienta de la luna llena y roja.

o.o.o.o

Registra el pequeño claro lunar con rapidez antes de acercarse a un árbol caído que sirve de asiento. El sonido del tronco crujiendo bajo su peso hace eco en el impasible silencio nocturno, volviendo real la etérea noche de luna llena que se cierne sobre su cabeza. No le sorprende que Itachi aún no haya llegado. La impaciencia pudo más que ella, obligándola a esperar con ansiedad explosiva a que el último rayo de sol se difuminara tras las nubes y apenas el manto azulado comenzó a oscurecer el cielo abandonó su casa y se encaminó hacia el campo de entrenamiento.

Pasea la mirada por los alrededores, esperando no haberse adelantado demasiado, y comienza a balancearse hacia atrás y adelante con los nervios de gelatina y un cosquilleo encantador en el estómago. La temperatura desciende gradualmente y las ráfagas de viento soplan con un frescor helado que le da escalofríos.

El rastro alcanza su nariz envuelto por otros olores y ella no alcanza a diferenciarlo acertadamente hasta que se vuelve denso y próximo, penetrando hasta su garganta y apropiándose de sus sentidos completamente. El hedor a sangre impregna el ambiente, quitándole la respiración.

Lleva una mano a su boca y nariz en un intento de evitar que el olor siga inundando su aparato respiratorio, buscando detener el sabor metálico que se desliza por su lengua asediándola con náuseas y el vértigo que la acerca cada vez más al suelo. La cabeza le da vueltas y el olor parece provenir de todas direcciones, intensificándose a cada segundo.

La respiración tibia que acaricia su cuello la hace voltearse con brusquedad, el corazón dándole violentos saltos dentro del pecho. Jamás ha estado tan cerca de Itachi como en aquel momento, su mirada lúgubre y oscura no tiene brillo, está apagada, parece ver más allá de ella, a través de su propia mirada asustada.

Buscando apoyo para evitar ceder a los mareos se agarra con firmeza del brazo del Uchiha, pero no obtiene reacción alguna y no consigue sacarlo del trance hipnótico en el que se encuentra.

¿No sientes el olor a sangre? Está por todas partes”

Sólo entonces lo nota, un hecho tan obvio como evidente y que ha pasado por alto. La ropa de Itachi emana el hedor del fluido vital.

¡Itachi! Reacciona. ¿Estás herido?”

La respiración del moreno se profundiza y sus ojos se cierran con lentitud, el cansancio marcando los surcos bajo sus ojos. No está obteniendo ninguna reacción de parte del Uchiha y la sensación de impotencia la asfixia. Algo no está bien. Lo golpea con ambos puños en el pecho, descargándose al mismo tiempo que trata de reanimarlo. Es en ese momento cuando él la detiene, y ella tiembla ante la mirada vacía y pétrea que clava en sus ojos. Ahora es a ella a quién ve, pero no puede discernir su indescifrable expresión ni la irresolución que se refleja en ella. La detiene con un brazo y el otro corre con suavidad por su cuello.

Probablemente matarla es la mejor alternativa, no puede permitirse dejar cabos sueltos, es necesario cortar cualquier lazo sentimental que lo siga uniendo al mundo que abandona. Así es como debe actuar para poder probarse a sí mismo. Pero matarla significaría que le importa, que existen esos lazos, que la frágil Inuzuka entre sus brazos ha logrado penetrar en su armazón. Que es su debilidad.

No quiere aceptar que dejarla vivir significa lo mismo.

Adiós”

Hana respira con agitación contra su pecho, incapaz de controlar el aire que escapa de sus pulmones a cada segundo. El funesto presentimiento de que algo terrible sucede le roba la firmeza a sus manos y a sus palabras, imposibilitándole articular bien lo que piensa.

¿Por qué¿A dónde vas¿Qué está pasando?”

Sin más palabras la deja ir del abrazo que la inmovilizaba y retrocede con pasos suaves y silenciosos, quebrando el contacto visual y bajando la mirada por un momento.

Adiós, Inuzuka Hana”

El rubí oscuro de su mirada la retuvo en su caída.

Horas después, con las lágrimas surgiendo a borbotones de sus ojos cerrados y los recuerdos inconscientes es despertada al amanecer triste y sombrío, en los brazos de otro hombre. Shiranui Genma le sonríe para ocultar la masacre que ha acontecido.

o.o.o.o

Está viva. Itachi le ha arrebatado la muerte por segunda vez.

Al recobrar el sentido puede notar que está en movimiento y que su cuerpo es apretado con firmeza contra el pecho enfundado en la chaqueta verde musgo. Conoce bien el aroma, pero no es del que espera que la sostenga entre sus brazos. No quiere abrir los ojos. No quiere saber que perdió otra vez. Pero la luz comienza a filtrarse entre sus pestañas negras y tupidas, y la voz del hombre que la carga suena confortable en sus oídos. Genma siempre sabe como hacerla sentir mejor.

Y despierta, nuevamente mecida por los brazos de otro.

Pero sabe que no ha terminado. Habrá una próxima vez.


N/A: La página, no daré nombres u.u, destrozó mi formato e incluso borró párrafos completos xD Pero es lo que hay, supongo que igual se entenderá u.u Este es el fic más largo que he hecho y me siento orgullosa de él n.n Espero que no hayan quedado muy OOC los personajes, al menos a mi no me pareció n.n Emoción!

Kashou No Tsuki



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