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Viñeta sobre la infancia de los gemelos.
18.
Traición.
Hikaru y Kaoru contemplaban sin pestañear, con ojos incrédulos, el escenario ante sus ojos como si quisieran aprendérselo de memoria.
La caja fuerte donde mantenían ocultos sus juguetes de gran valor había sido profanada aquella noche.
La policía y sus padres, desquiciados, se movían de un lado a otro como leones enjaulados, sin tener una mínima idea de cómo había logrado esa bruja apoderarse del tesoro de los pequeños gemelos, en tanto, que telefoneaban furiosos números y más números de teléfono, expectantes a alguna solución proporcionada por su seguro.
Era verdad. Les costaba aceptarlo, pero debían hacerlo.
La criada que los llevaba cuidando tanto tiempo y su afecto incondicional se había ganado, no había dudado un instante en quebrantar la promesa y huir sin ruido acompañada de su valioso botín, con la esperanza de jamás volver. Haciendo realidad ante sus ojos su más famosa frase, que no debían confiar en nadie, ni siquiera en ella, que tan profundamente los había acompañado y agasajado con hermosas e intrigantes historias que tanto habían cautivado a los pequeños.
Kaoru apretó la mano de su hermano, inexpresivo, y éste se la devolvió, en respuesta. Se entendieron solo con ese gesto.
Había sido el punto inicial, el momento clave, la espina clavada que los forzaría a actuar para siempre como extraños al mundo que los rodeaba, a crear su burbuja de animadversión con el exterior, a ser inaccesibles, pendencieros, a encerrarse en su propio mundo de artimañas realizadas por ellos y dirigidas hacia el mundo que no los comprendía ni quería comprender.
Porque en esta vida hay dos clases de personas.
Unas son aquellas que te decepcionan a la mínima oportunidad, y te hacen ver de primera mano que no volverás a confiarle ni el más nimio secreto.
La segunda clase de personas son aquellas en las que puedes confiar en sus inicios y esperan a clavarte la dolorosa hacha de la traición en cuanto te has hecho a la idea de que has encontrado un verdadero amigo. Y éstas son las que dejan una verdadera huella indisoluble que soportarás el resto de tu vida.
Y enseguida los gemelos supieron a qué tipo de persona se habían enfrentado en su niñez, y las consecuencias que ello soportarían en años venideros, desarrollando su carácter retorcido y despreocupado.
Solo por un pequeño desliz en su más tierna infancia con las personas sin escrúpulos a la hora de hablar de traición.
FIN