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Kea Langrey
Author of 54 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Humor - Kai H. & Ray K. - Reviews: 56 - Updated: 05-02-08 - Published: 07-06-07 - Complete - id:3639262

Título: Coffee.

Autor: Kea Langrey.

Serie: Beyblade.

Género/Clasificación: Romance, Humor, UA, PG-13.

Resumen: Kai en el papel de un acosador desesperado. Rei como el torpe dependiente de un café. Una situación un tanto (aunque no muy) graciosa. Tomar café nunca volverá a ser igual, al menos no para Kai.

Capítulo Uno: Un viaje en el subterráneo.

El primer día le había echado el café encima. Tuvo que ir a la oficina con una gran mancha café en su blanca camisa.

El siguiente día que lo vio, un pastelito de crema batida quedó embarrado en su chaqueta oscura.

La tercera ocasión su lengua estuvo escaldada toda la mañana, todo por beber descuidadamente del café caliente que le sirvió (aunque eso en realidad no fuese su culpa, era más sencillo achacarle al otro un fallo más).

La cuarta vez lo escuchó gemir desesperado, pidiendo cambio de turno a uno de sus compañeros, alegando que “aquel cliente” tenía cierto gusto enfermizo por hacerle sufrir. El compañero se había reído histéricamente y lo había llamado paranoico, pero había cedido a su petición y terminó preparando capuchinos en la barra.

El quinto día llegó un poco más tarde. No compró el periódico acostumbrado, igual no tendría tiempo de leerlo en aquella pequeña cafetería, y se formó, como tantos otros, en la fila de servicio rápido.

Había sido empujado por un chiquillo revoltoso que, queriéndose sentir importante, había ordenado un expreso doble, ante la mirada reprobadora de la dependienta que ofreció un vaso de chocolate caliente, pero el pequeño negó enérgicamente el ofrecimiento, así como el azúcar que la joven había ofrecido agregarle. Sonrió con placer (algo retorcido), al ver las muecas de desagrado del niño.

También cedió su lugar en la fila a una joven de grandes ojos oscuros y, evidentemente pintado cabello rosa pastel. Soportó sus coquetos (y excesivos) pestañeos al interpretar erróneamente su conducta, se limitó a arquear una ceja y mirarla con desagrado.

Pero al final, todo había valido la pena. Mirar su rostro convertido en un poema, había sido un justo pago. Sus ojos habían parpadeado varias veces, sus labios boquearon incesantemente, y su voz se convirtió en un chillido rasposo al preguntarle nerviosamente su orden.

Le sonrió en respuesta. Sus ojos brillaron al notar el sonrojo en sus mejillas y pidió un capuchino.

cafécafécafé

Kai tenía un chofer. Un hombre mayor y de blancos cabellos que era muy simpático, aunque Kai nunca se lo había dicho, era bastante agradable la amena charla que el hombre le hacía cuando lo llevaba al trabajo. ¡Pero Mazaki-san había tenido el atrevimiento de dejarlo abandonado! Bueno, en realidad había enfermado, pero igualmente lo había botado en un día muy importante.

Se había resignado a pedir un taxi, cuando Akane-san había dicho que no era tan difícil tomar el subterráneo. Kai creyó entonces que si la mujer podía abordar aquellos vagones (de los que el había escuchado montones de cosas horribles) él también podría. Había sido un estúpido.

La mujer tenía ya cierta experiencia en aquel menester. Y él, nunca en la vida había abordado siquiera un taxi, y pudo haber conducido, pero nunca había tenido necesidad de aprender, así que no lo había hecho. Y fue así, como Kai terminó en el subterráneo, siendo empujado, pisoteado y golpeado. Su cabello quedó más alborotado de lo normal y su traje se arrugó un poco.

Prácticamente fue tragado por la ola de gente que ansiosa y desesperada por abordar los vagones, lo habían introducido sin que él siquiera caminara y quedó aplastado en un rincón, con la cara casi estrellada contra el cristal, y de la misma forma en que fue embutido al carro, de igual forma fue expulsado una parada antes, obligándole a recorrer la distancia faltante a pie.

Ya lo escucharía Akane-san. ¡Dejaría de ser un Hiwatari si volvía a seguir algún consejo de la mujer!

—Perdone. —fue la queda disculpa musitada por aquel que había pasado a un lado suyo, casi empujándolo. Estuvo a punto de sujetar su brazo y desquitar toda su frustración con aquel jovencito de larga cabellera azabache, pero al mirar sus brillantes ojos, casi como dos pedacitos de sol y su hermosa y arrebatadora sonrisa, todas sus palabras se esfumaron.

Por primera vez en la vida, Kai Hiwatari se había quedado sin saber que decir.

—No importa. —fue su torpe balbuceo. Y cuando el jovencito de larga cabellera oscura se perdió entre el mar de gente, se pateó mentalmente por ser tan torpe… y por no pedirle su número telefónico.

Así que, comenzó a caminar por donde aquel descuidado muchachito se había ido, esperando encontrarlo nuevamente. Y lo hizo. Se había detenido en un quiosco de periódicos, había intercambiado unas cuantas palabras con el vendedor y después le sonrió. Una sonrisa que le arrancó el aliento a Kai.

Un par de calles más adelante, el chico entró en un café y Kai lo siguió ahí mismo. Dentro, había un mostrador de un lado del local, tazas de diferentes tamaños y colores estaba acomodadas en varios anaqueles, maquinas para preparar capuchinos dejaban escapar un poco de vapor ocasionalmente y diversas botellas multicolores estaban perfectamente alineadas a un lado de los contenedores de los granos aromáticos de café proveniente de todas partes del mundo.

En una esquina de la barra había un bonito letrero que anunciaba “Express” que Kai dedujo se trataba del servicio rápido del lugar. Más adelante, varios chicos se encargaban de preparar presurosos las bebidas que leían en los ticket que luego rompían en dos. Un enorme mostrador se extendía frente a ellos, mostrando una gran variedad de pasteles y galletas, algunos en platos giratorios que dejaban ver los pastelitos cubiertos de crema.

Frente al enorme mostrador, se encontraban unas bonitas mesas y banquitos altos, de diseños limpios y colores claros. Lámparas largas colgaban del techo y un enorme ventanal dejaba entrar un montón de luz. Más hacia el fondo del lugar, un barandal de madera oscura separaba el resto del lugar con un cuarto iluminado con luces tenues. Kai apenas y se asomó ahí, algunos sillones amplios y taburetes, un pequeño, casi minúsculo escenario y… nada que le llamara especialmente la atención.

Se encaminó a una de las mesas libres del local y se sentó, mientras sacudía su abrigo, tratando de quitar pelusas inexistentes. Y fue cuando lo vio salir por el mostrador, girando su rostro para sonreírle a una joven que le dijo algo sobre las mesas que le tocaba atender. Kai sonrió al saber que su sexto sentido no le había fallado y se había sentado en el lugar correcto.

El chico se paró casi enfrente de él y le sonrió.

—Buenos días, ¿puedo tomar su orden? —si, su voz era tan bonita como recordaba. Lo recorrió con la mirada desde los mocasines negros, pasando por las largas piernas enfundadas en un pantalón oscuro. Kai se permitió divagar en pensamientos no muy puros por unos instantes y continuó su recorrido.

Llegó hasta su camisa, en donde una plaquita dorada ponía letras negras con el nombre del chico. Kai sonrió y saboreó las palabras antes de que brotaran de sus labios.

—Hola, Rei. —dijo con voz seductora y sonrisa coqueta. Rei parpadeó un par de veces. Nunca antes había escuchado que ese tono de voz le fuese dirigido, al menos no de otro hombre. Chicas si, ¡montones! Pero un hombre tan atractivo… ¿había dicho un hombre atractivo? Sintió su cara enrojecer un poco más y casi se atragantó cuando pasó saliva.

—Eh… hola… —musitó nervioso. El lápiz que sostenía en su mano casi cobró vida y sale volando. Pero Reí lo sujetó con mayor fuerza. Kai volvió a sonreír.

—Americano… por favor. —se obligó a completar, no podía hablarle a Rei como le hacía con sus subordinados. No, Rei, tenía el presentimiento, era especial.

—En seguida. —pareció recobrar su seguridad, mientras giraba sobre sus talones y se apresuraba a por la bebida… pero cuando regresaba, con la tacita de porcelana blanca entre sus manos, volvió a notar la mirada penetrante de aquel hombre perturbador y sin ser consiente de cómo había pasado realmente, tropezó con la pata de uno de los bancos y… le echó el café encima a Kai.

Continua…

Y aquí, ustedes me dicen si quieren que describa todos los días :P



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