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Celen Marinaiden C.M.
Author of 40 Stories

Rated: K+ - Spanish - General/Romance - Kai H. & Ray/Rei K. - Reviews: 179 - Updated: 07-23-09 - Published: 07-16-07 - id:3661561

¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸, CoRaZóN de RoCa ¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸,

Capítulo III

Rei suspiró hondamente, pensando en que realmente debió de haber tomado aquellas clases de yoga cuando pudo, al menos así podría relajarse aun en los peores momentos ¿O no?

Mientras viajaba en aquella limusina, no dejaba de preguntarse por qué siempre las cosas más inconvenientes le ocurrían a él. Sentado frente a él, Kai daba la impresión de estar más tenso que una cuerda de violín, aunque había que concederle que lo disimulaba con una precisión envidiable.

- Soh, Kai -masculló, obteniendo su atención- No es que sea muy importante pero... ¿Debo preocuparme por el asunto de tu padre?

El ruso pareció sobresaltarse ligeramente a escuchar su voz, como si hubiese estado demasiado hundido en sus pensamientos como para no recordar que iba acompañado.

- No... -respondió con vaguedad- Él es peculiar... pero no es insoportable y estúpido como mi abuelo.

- Entonces supongo que no es necesario que yo me porte como un idiota irrespetuoso.

- No -sonrió con cierta burla- No es necesario -reafirmó- Con mi padre puedes estar tranquilo.

- Tengo que darle una buena impresión ¿Eh? O sí no, seguramente te prohibirá que te acerques a un tipo de tan mala calaña como la mía.

Kai soltó una breve risa burlesca, antes de encogerse de hombros.

- No soy una jovencita inocente, Rei -respondió entonces- En todo caso, mi padre es el que querría que yo me alejase de ti a riesgo de que yo sea una mala influencia.

- Hmn, creo que eso únicamente lo pensaría sí yo me comportara como una persona normal.

- Por eso lo digo, eres muy buen actor, tanto que eres capaz de hacerle creer a la gente que no te conoce, que eres bueno y normal.

- Sí, es un don perfeccionado con los años -sonrió, orgulloso de si mismo- Aunque si te digo la verdad, puede que entre en pánico.

- No lo creo -aseguró- Tú ¿Entrando en pánico? Nunca lo esperaría de ti.

- En eso tienes razón -asintió vagamente- No creo que sea problema que conserve la calma, ¿Dónde quedaría la reputación de Corazón de Roca sino lo hiciera?

Y, justo después de decir esas palabras, Rei abrió bien los ojos, dándose cuenta de lo que acababa de escapar de sus labios. Una reacción similar apareció en Kai, quien se enderezó más en su asiento, sin ser capaz de despegar sus ojos escarlata del oriental.

- ¿Corazón de Roca? -masculló incluso con cierta docilidad- ¿A que te refieres con eso?

Kai sabía perfectamente a qué se refería Rei, pero no dejaba de asombrarse, ya que aquella era la primera vez que escuchaba que el pelinegro sacaba aquel seudónimo a la luz. Kon entrecerró los ojos y su mirada se desvió completamente hacia la ventana, dejando que en su rostro apareciera una mueca carente de cualquier emoción. El dorado de su mirada se apagó considerablemente, acercándolo con gran velocidad a tener aquella apariencia de estatua sin emociones que Kai creyó que no le vería nunca más.

Rei reconocía que esta era la segunda vez que se llamaba a si mismo de esa forma, desde que había dejado el Colegio Nobel. La primera había sido frente a Brooklyn, aunque por alguna razón, el darse aquel apelativo a si mismo, no le provocó la terrible sensación que tenía en ese momento ¿Por qué ahora venían a atacarlo sombras del pasado? ¡Estaba enfermo del pasado!, y aun así, no podía dejar de recordarlo con una insistencia asquerosamente malsana.

- A nada -respondió con su voz completamente neutra- Manías mías.

Kai hubiese deseado agregar algo, lo que fuese, pero no fue capaz de hacerlo. No podía simplemente hablar como si ya conociera el tema sin delatarse a si mismo, así que no le quedaba más remedio que callar y observar la forma en la cual Rei parecía haberse perdido del mundo, como si su mente hubiese viajado muy lejos de donde se encontraban.

Y de esa forma, transcurrió el viaje en medio de un silencio que ninguno de los dos se dispuso a romper. Para cuando cayeron en cuenta de lo demás, acababan de llegar a la Mansión Hiwatari, y el innegable destino los llamaba para que hicieran su aparición.

El bicolor bajó del automóvil, siendo atacado por el pensamiento de que aquello definitivamente era una mala idea ¿En qué estaba pensando cuando decidió seguirle los delirios a su padre?, ¡Bien pudo haberle dicho que no!, sin embargo, a buena hora parecía que su uso del raciocinio comenzaba a ponerse en marcha. Por su parte, Rei seguía mostrando esa apariencia de indiferencia general hacia el mundo, y seguramente su expresión sería incapaz de cambiar así cayese un rayo frente a sus ojos. Sí, definitivamente ¡Ése era el viejo y e insensible Rei Kon!

- ‘Genial, ya no sé que es peor. Al menos con Rei jugando a no tener sentimientos, mi padre no será capaz de incomodarlo‘ -fue el sagaz pensamiento del ruso-.

Mas seguidamente Kai se arrepintió de las cosas que pensaba, porque ciertamente, él prefería que su padre pudiese ver la persona que a él le gustaba, y no simplemente un chico que escondía sus emociones como si estas fueran algo de lo cual avergonzarse. En medio de sus dilemas, había caminado inconscientemente hasta adentrarse al lugar en el cual vivía, siendo seguido por el pelinegro que ni siquiera se dignaba a repasar la decoración de la sala de recibimiento.

- Joven Kai -llamó el honorable mayordomo al que más confianza le tenía- Su padre espera por usted en el salón comedor.

- ¿Dónde esta mi abuelo? -fue la rápida pregunta que escapó de sus labios-.

- Pierda cuidado, joven Kai -dijo conciliadoramente- El amo Voltaire no los acompañara a comer.

Algo había que destacar y era que Gadiel lo conocía muy bien a él y a todas las cosas que ocurrían en la mansión. El experimentado mayordomo estaba al tanto desde los chismes de las mucamas, hasta algunos de los más intrínsecos pensamientos de Kai.

Así pues, con un asentimiento el ojicarmín se dispuso a continuar, echándole un fugaz vistazo a Rei, quien daba la apariencia de encontrar bastante interesante la alfombra que recubría el piso, por lo tanto, sería incapaz de darse cuenta que Kai sentía como si una manada de dragones -o incluso aves fénix ¿Por qué no?- se hubiesen anidado en su estomago, y estuviesen haciendo un horrible estrago dentro. Aquella molesta sensación se acrecentó hasta límites increíbles cuando finalmente llegaron hacia el comedor, que nunca antes le pareció a Kai un lugar tan indeseable como aquel día.

- ¡Hijo! -tronó una voz- Ya estas aquí ¡Y realmente lo has traído!

El ojirojo cerró los ojos y rogó que todo eso no resultara ser una pésima idea.

Rei enderezó su vista, buscando con rapidez al dueño de aquella voz que sonaba tan entusiasmada, pero no necesitó hacer una gran inspección, pues pronto sus ojos se encontraron con la persona que sin lugar a dudas, era el padre de Kai.

Frente a ellos, y aproximándose a paso firme y confiado, se acercaba la imagen que seguramente adoptaría su novio en unos años. Dimitri Hiwatari era un hombre sumamente atractivo, y por la edad que se le veía, parecía imposible que tuviese un hijo de la edad de Kai; su constitución física y la forma en la que se encontraba vestido, seguramente le acreditarían el primer lugar entre los solteros millonarios más deseados. Su piel era increíblemente blanca, lo cual enmarcaba al par de ojos verdes refulgentes que poseía, y que sin embargo, creaban un gran contraste con su cabello de un tono azulado claro.

El hombre finalmente llegó hasta a ellos, y seguidamente, extendió una mano hacia Rei, quien no pudo hacer otra cosa más que arquear ligeramente la ceja izquierda.

- Mucho gusto -pareció cantar- Me llamo Dimitri Anton Hiwatari, soy el padre de Kai y asumo que tú eres su pareja.

El chino estaba francamente impresionado, pero no por la apariencia -absolutamente nada despreciable- del padre de Kai, sino por la actitud que presentaba. Es decir, hasta parecía contento de verlo, cuando usualmente teniendo en cuenta el país en el que se encontraban, lo más normal sería que el sujeto quisiera matarlo o algo así, por haber llevado a su hijo a la perversa senda de la oscura homosexualidad o alguna estupidez como esa, y sin embargo, contrariamente a eso, el hombre le estaba ofreciendo la mano, cosa que finalmente Rei tuvo que aceptar luego de que fue capaz de salir de sus breves cavilaciones.

- Rei Kon -respondió con digna formalidad- Y... el gusto es mió -aunque ciertamente, su voz pareció un tanto dubitativa después-.

Dimitri sonrió con gentileza y bonachonería.

- Lamento que hayas tenido que venir tan rápido -dijo el mayor- Desgraciadamente, no suelo contar con mucho tiempo por mi trabajo. Pero definitivamente no podía marcharme de Japón sin conocer al estupendo novio de mi hijo.

Kai comenzaba a pensar seriamente en que a su padre algo debió de aflojársele en la cabeza, lo cual no sería de extrañar con tanto viaje que hacía.

- Pero vamos, hay que tomar asiento.

El oriental no pudo hacer otra cosa más que asentir, mientras que un aparentemente gustoso Dimitri se dirigía a la larga mesa, que tenía un exquisito acabado que rememoraba seguramente a las cortes imperiales. El mayor tomó asiento a la cabeza, mientras que Kai se desplazaba a un lado, sentándose también de forma silenciosa y meticulosa. El ojidorado no encontró mejor lugar para tomar, que quedando frente al bicolor, aunque ciertamente, se sentó de una forma menos ostentosa que el otro.

- Rei -le llamó Dimitri, con un tono afable- Creerás que soy muy indiscreto, pero me gustaría saber cosas de ti.

Durante tres segundos, Rei tuvo una mirada de autentico escepticismo, aunque después, sonrió imitando a la perfección la mueca que el padre de Kai le dedicaba.

- No soy tan interesante -contestó-.

- Apuesto a que sí -respondió con tenacidad el ojiverde- Con el carácter tan peculiar que Kai posee, siempre supe que la persona que escogería como su primera relación romántica tenía que ser igualmente peculiar como él.

Los ojos rojizos de Kai se abrieron bastante bien, reflejando la sorpresa que las propias palabras de su progenitor le causaron... ¿Cómo es que se atrevía a decir esas tonterías?, no podía ser posible que realmente pretendiese dejarlo en ridículo frente a Rei, especialmente diciéndole que él era su primera relación “romántica”... ¡El chino no tenía porque saber esas cosas!

- Supongo que... hasta cierto punto, soy peculiar -aceptó, con una sonrisa- Pero no fascinante.

- Pues yo pienso lo contrario.

Y casi unos momentos después de esta frase, entró un cortejo de sirvientes trayendo un montón de bandejas que brillaban llamando la atención, especialmente porque eran de un color dorado imposible de ignorar.

La comida fue servida en silencio, y aunque el pelinegro no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba colocado en su plato, igualmente decidió comer -aunque el sabor tampoco le agradó-, omitiendo también el hecho de que tenía un montón de cuchillos, cucharas y tenedores, y que por ende, no sabía para qué infierno se utilizaba cada uno.

Al diablo con las normas de etiqueta.

Durante algunos instantes, todo se mantuvo en la más formal de las comidas, hasta que, con tenedor en mano, el Hiwatari mayor volvió a dejar escuchar su voz, y como venía siendo desde que se conocieron, nuevamente se dirigió únicamente hacia el moreno.

- Y dime, Rei -le llamó cándidamente- ¿Te gustan los animales?

Rei agradeció tener que responder, para así ganarse unos segundos más antes de que tuviese que llevarse a la boca otro trozo de aquella comida, que de verdad no estaba disfrutando ni un poco.

- Sí -asintió brevemente-.

Dimitri sonrió, bajando un poco su tenedor.

- Bien, y dime ¿Cuáles son tus tres animales favoritos?

El pelinegro frunció levemente el ceño, tomándose unos momentos para pensar la respuesta.

- Serían... el dragón, el lobo y el halcón -respondió con un leve asentimiento-.

Un brillo ingenioso apareció fugazmente en los ojos color jade de Dimitri, mientras que su cerebro rápidamente procesaba la sencilla respuesta. El dragón simbolizaba principalmente fantasía, el lobo hablaba sobre unidad familiar y trabajo en equipo, mientras que el halcón daba un mensaje de libertad y plenitud. Además, de cierta forma, los tres eran depredadores, lo que desembocaba en una persona que tenía seguridad en su misma, o en su defecto, un carácter hasta cierto punto firme.

- Son buenos animales -respondió el mayor- Y sí fueran colores ¿Cuáles serían tus tres preferidos?

Rei empezaba a pensar que aquello iba tomando la forma de un cuestionario de revista.

- El negro, el blanco y el gris -respondió con agilidad pese a todo-.

Oh, aquello era interesante también, porque los primeros dos colores marcan un estándar. Eran dos extremos totalmente opuestos, pero pese a eso, el gris creaba entre ambos un punto intermedio.

- Yo prefiero el verde, combina con mis ojos -respondió jocosamente Dimitri- Por eso le he dicho toda la vida a Kai que él debería quedarse con el rojo, ¿Tú qué piensas, Rei?

Kai sin embargo, entrecerró la mirada ¡Aquello era una mentira!, su padre jamás le había dicho semejante cosa.

- Sí -dijo el chino- Concuerdo con eso.

Dimitri pareció encantado con la respuesta, mientras que su hijo no sabía sí comenzar a molestarse o sentirse aliviado porque aparentemente, las cosas estaban saliendo bien.

Con algo de casualidad, la vista del mayor recayó repentinamente en el collar que adornaba el cuello de Rei.

- Es un colgante interesante -comentó Dimitri, con un tono un tanto divagante- El Yin y el Yang.

El pelinegro bajó la vista hacia su pecho de forma inconsciente, observando el objeto mencionado.

- Representa el bien y el mal ¿Cierto?

- Sí -asintió brevemente Kon- Aunque yo prefiero decir que representa el equilibrio, el bien no existe sin el mal, y viceversa.

Con esas simples palabras, que ciertamente ya muchas veces fueron dichas entorno a aquel símbolo, únicamente ayudaron a que la conclusión del ojiverde se acrecentara, acerca de que el moreno podría tener una cierta tendencia hacia los puntos “medios”.

- La cadena es de oro -observó sin mucha pretensión-.

- De hecho, todo es de oro blanco -corrigió Rei, encogiéndose de hombros- Pero la verdad no me gusta el oro, me agrada más la plata, o el titanio, porque es más resistente a la corrosión que el acero.

Dimitri rió jovialmente y se inclinó un poco más hacia el lado de su interlocutor.

- Entonces ¿Por qué lo traes puesto? -dijo con cierta perspicacia-.

- Me lo regalaron -el chino sonrió suavemente- Y fue un regalo de una persona importante para mí.

Kai sintió un inevitable cosquilleó naciendo en su estomago, y que ciertamente en muchas ocasiones anteriores ya había hecho acto de presencia. Era verdad que entre Rei y él existía “algo”, y que era un algo que se reafirmaba en las sonrisas que sin motivos solían dedicarse, en los besos furtivos que en ocasiones se daban y en la tendencia que ambos tenían de estar en compañía del otro, sin embargo, palabras que pusieran en claro sus pensamientos, no habían dicho dichas aun. El menor de los Hiwatari podría aceptar el hecho de que seguramente estaba enamorado o algo bastante parecido, pero él no podía saber si Rei también compartía esos mismos sentimientos tan confusos, e igualmente, no había querido hacer presión para hacer que el ojiámbar le hablase sobre sus emociones ni nada semejante, por lo tanto, que Rei hubiese dicho con sencillez que aquel colgante había sido un regalado de una persona a la cual consideraba importante, era una un logro o una agradable batalla ganada. Y sí, de la misma forma en la cual Kai se sentía victorioso por algo como eso, también se sentía abochornado de la forma en la cual pensaba... y es que nunca iba a poder aceptar esos sentimientos “cursis” sin renegar, es decir ¡Se suponía que tenía el título de Príncipe de Hielo!, era lo menos que podía hacer si quería seguir defendiendo su título aunque fuese un poco.

Completamente ajeno a los pensamientos de su hijo, Dimitri seguía en su mundo de análisis, donde acababa de llegar a la conclusión de que Rei no era como el ridículo común de la gente, que adoraba el metal del oro como si poseerlo aunque fuese en pequeñas cantidades pudiese hacerlos felices. En cambio, el novio de su primogénito parecía juzgar las cosas por su utilidad y no por el valor que se les impuso, lo que decía que Rei era una persona de principios prácticos, aunque también daba la impresión -por sus últimas palabras- que le daba un especial valor a las cosas por su carácter sentimental.

- Esta muy bien apreciar los regalos -dijo finalmente- Y ahora que lo pienso ¿Ya tienes alguna carrera en mente? ¿Qué te gustaría ejercer?

El oriental inclinó ligeramente la cabeza, pensando apenas unos instantes en la respuesta.

- Lo que más deseo es poder ser un escritor -aunque las palabras parecían haber sido dichas para si mismo- Quiero tener la oportunidad de crear historias que puedan capturar a las personas, porque a mí me agrada leer y ser capaz de perderme en lo que leo.

- ¿De verdad? -Dimitri pareció admirado, aunque desde el punto de vista de Kai, pareció sospechosamente admirado- Es algo curioso para un chico de tu edad.

- Uh, sí, supongo... -titubeó un poco- Aunque la verdad es que he leído tanto que seguramente he vivido muchas vidas diferentes por eso.

- Entonces supongo que también deberías morir muchas veces también.

El tono del mayor fue ciertamente cargado de cierta índole enigmática, que causó que Kai sintiera que un tic se apoderaba de su ojo derecho -¿Es que acaso su padre estaba insinuándole algo a Rei?-, y que en el chino provocó que una sonrisa satisfecha se posara en sus labios.

- Sí, es cierto, porque aquel que vive más de una vida, merece morir más de una vez -respondió calmadamente Rei, tragándose un bocado de comida seguidamente-.

El bicolor pensó que comenzaba a perderse un poco, primero su padre le insinuaba a Rei que debía morirse -¡y en varias veces!- y encima, el ojidorado le daba la razón... por lo cual Kai comenzaba a temer que realmente su padre se estuviese entiendo con la rarezas de Rei, lo cual difícilmente podría juzgar como algo muy bueno o quizás, demasiado malo.

- Es oficial -dijo entonces Dimitri con un tono alegre- Cada vez que venga a Japón ¡Quiero conversar contigo!, eres mucho más entretenido que todas esas personas aburridas de negocios que tengo que soportar todos los días... siempre están hablando de dinero, de contratos y de la bolsa, más de una vez he estado a un paso de quedarme dormido.

Rei sonrió apenas, pensando en que si un hombre de negocios -que por mínimo debería de estar en los treinta- podía entenderse con él, y encontrarlo interesante, eso quería decir que el mismo Rei definitivamente ya se había jodido la vida, y que necesitaba urgentemente comenzar a encontrar pasatiempos de adolescentes normales, o sino, a los veinte ya hablaría como un hombre de cincuenta años y se pondría a filosofar aun más acerca de los temas más inhóspitos posibles.

- Así que... escritor -dijo después el ojiverde- Me parece una buena elección, aunque vas a tener que esforzarte mucho si quieres triunfar en la fama.

- No es como si realmente deseara ser famoso, pero sí que mis trabajos fuesen reconocidos de alguna forma. En todo caso, creo que a lo que me dedicare a futuro es al negocio que me heredaron mis padres.

- Ah, con toda seguridad tus padres se deben de encontrar muy orgullosos de ti.

- En realidad -y un titubeo apareció en su voz el cual intentó ocultar con la esperanza de que no hubiese sido demasiado obvio- Mis padres se encuentran muertos, pero tenían madera de empresarios, fueron socios fundadores de un pequeño internado. De momento mi tío se encuentra administrando lo que a mí me corresponde hasta que yo cumpla veintiún años.

- Ya veo... así que eso quiere decir ya tienes tu futuro asegurado.

- Supongo que sí, pero de todas formas estoy seguro de que encontrare tiempo para poder llevar acabo ese deseo que tengo acerca de la escritura, sería muy triste para mí el morir y no cumplir al menos con eso.

- Me parece una buena perspectiva, y te animo a seguirla -concedió el hombre, con un suave asentimiento de cabeza- Por otra parte... ¿Vives con algún pariente?

- Vivo solo, todos mis familiares se encuentran en China, aunque si pudiera, compraría un gato.

- Un gato -repitió- ¿Y por qué no un perro?

- Porque los gatos son más sencillos de tener, si quitamos el hecho de que sueltan pelo constantemente, por lo demás son independientes, eso me gusta.

- Ya veo -y dibujó en sus labios una sonrisa a medias- Y... ¿Qué tan serías son tus intenciones con mi hijo?

Kai casi escupió lo que tenía en la boca, al mismo tiempo en que Rei abría bien sus ojos y una mueca de estupefacción adornaba su rostro. Dimitri entonces rió alegremente, como si fuese un chiquillo.

- No es que me preocupe su virtud, sí todavía la tiene, pero no si no hago este tipo de preguntas, entonces me vería como un padre despreocupado.

Las expresiones de ambos adolescentes bien valían que aquello fuese a provocar que su hijo quisiera matarlo, pero es que sencillamente ¡Estaban perfectos para una fotografía!

Sin más el hombre se echó a reír un poco, recuperando la compostura después pero manteniendo una sonrisa en sus labios.

- Bromeo, bromeo -dijo finalmente- La verdad es que no me pude resistir ¡Siempre quise preguntar una cosa así!

La mirada de asesino serial en Kai le bastó a Dimitri para saber que su broma no le había caído en gracia a ninguno de los dos menores.

Afortunadamente el resto de la comida -que no fue demasiado- los temas rondaron en cosas simples, nada incomodas o comprometedoras. A la hora de despedirse, el joven hombre lo hizo con una sonrisa y la buena disposición con las cuales saludó a Rei, tomándose la libertad de revolver los cabellos de su hijo para su estupefacción, pero no lo culpaba, pues Dimitri no acostumbraba hacer ese tipo de cosas.

Cuando su padre, Voltaire, le había hablado de la situación, la había dibujado de una forma terriblemente horrenda. Habló acerca de Kai, describiendo el estúpido encaprichamiento que tenía con un chico -¡Con un chico!-, que no era más que un muchacho cualquiera bastante idiota y “salvaje”, todo un oportunista que pensaba pegársele como sanguijuela a Kai. En realidad, Voltaire había dicho cosas peores, pero no era necesario entrar en detalles con ellas. Naturalmente Dimitri se sintió alarmado ¿Cómo no hacerlo? Kai era su vida entera, no podía permitir simplemente que cualquier persona se acercara a él con la intención de lastimarle, fuese de la forma que fuese, mucho menos una que llegara a ser tan importante dentro del ámbito amoroso, ése que había parecido casi extinto en su hijo.

La idea original de todo eso había sido la de conocer al maldito oportunista que seguramente borraría del mapa, simplemente quería ver cara a cara al estúpido que quería pasarse de listo con la familia Hiwatari. Todo el plan era presentarse y comportarse de forma adorable, aunque por dentro ya estuviese planeando como alejar a ese novio indeseado en cuestión.

Sin embargo, para su enorme sorpresa personal, Dimitri se dio cuenta de que estaba completamente equivocado. Las preguntas que le había realizado a Rei escondían todas ellas, un truco psicológico que siempre daba resultados.

Dimitri sentía ahora luego de aquella cena, que no existían motivos en realidad para estar preocupados. Rei no era una amenaza, solamente un chico peculiar. No perseguía riquezas como se esperaría, sencillamente era un chico al que parecía preocuparle más cumplir un sueño ingenuo, que todo el oro del mundo. Así eran los soñadores, algunos de ellos con sueños tan admirables que era toda una pena que no pudiesen ser cumplidos. Aunque Rei era un soñador realista, que parecía haber anclado sus alas lo suficiente como para no poder de vista el suelo. Solitario, sí, eso se notaba, independiente también y hasta indiferente hacia algunos aspectos. Un obvio perseguidor del equilibrio y se notaba sutilmente que intentaba crear también ese equilibrio en si mismo. Demasiado centrado para su edad, pero aun así siendo un chiquillo irremediablemente. Kai necesitaba a alguien así, porque su hijo era demasiado adusto, carente de las cosas más sencillas como aquellas que nos permitían reír por la cosa más insignificante; alguien como Rei quizás únicamente le recordaría la importancia de no vivir tan pesadamente. Y si se “adiestraba” hacia el rumbo correcto y Kai aun continuaba “encaprichado” con él, entonces podría convertirse en algo tan serio como para pensar en incluirlo en el futuro de la familia.

Pero mejor no decirle eso a Voltaire, pues seguramente su padre sufriría un infarto de saberlo. Era obvio que no le agradaba Rei ni una pizca y que seguramente le había mentido o exagerado con la situación, pintando al chico Kon como una maldita sabandija que debía de ser exterminada.

Por su parte, Dimitri no podía hacer nada más que darle el visto bueno, si Kai era feliz, entonces Dimitri también lo era... porque él había prometido frente a su moribunda esposa, que haría cualquier cosa por su hijo, todo con tal de verlo rodeado de bienestar.

Y sí tenía que consentirle la idea de un novio, entonces que así fuera.

КạĭxĩэЯ КạĭxĩэЯ КạĭxĩэЯ КạĭxĩэЯ КạĭxĩэЯ КạĭxĩэЯ КạĭxĩэЯ КạĭxĩэЯ КạĭxĩэЯ

A diferencia del viaje en limusina anterior, que estuvo cargado de estrés e incertidumbre, el viaje de regreso era completamente diferente, con la tranquilidad flotando alrededor.

Kai no dejaba de analizar lo vivido recientemente, sin dejar de estar sorprendido por las acciones de su padre ¿Cómo era posible que Dimitri Hiwatari se hubiese comportado tan despreocupadamente? Kai sabía que su padre no era un ogro maldito como su abuelo, pero aun así el hecho de que hubiese llevado todo de una forma tan relajada no dejaba de sorprenderlo. Por alguna razón sentía que allí había algo que no encajaba, aunque su parte menos racional le decía que no importaba, que en lugar de estarse cuestionando ese tipo de cosas, lo mejor que podía hacer era alegrarse por los resultados. ¡Su padre parecía encantado! No que hubiese temido a sus posibles reacciones, pero obtener un visto bueno era un hecho que podía considerarse como tranquilizador, ahora su abuelo no podía siquiera hacer la más mínima amenaza pues sabía que no serviría de nada. Voltaire nunca había podido contra su hijo y su nieto juntos.

Ahora casi de forma oficial no tenía ningún obstáculo en su relación con Rei, más allá de las aburridas normas del país en el que estaban.

- Ahora lo recuerdo -dijo repentinamente Rei, captando completamente su atención- Creo que ya sé cómo es que podemos presentar nuestro libro.

El bicolor entrecerró los ojos apenas, es decir Rei acababa de conocer a su padre y lo único en lo que pensaba era en el proyecto de Literatura ¿De qué manera funcionaba su mente?

- ¿Cómo? -no pudo evitar preguntar, tragándose cualquier tipo de replica-.

- Hay que hacer una canción.

Los ojos escarlata del ruso se entrecerraron aun más, jurando que había escuchado mal.

- ¿Qué?

El moreno sonrió con diversión, encogiéndose de hombros.

- Hay una novela llamada: Cumbres Borrascosas... y una cantante hizo una canción con ella, casualmente, esa canción le funcionó muy bien. Quizás si lo intentamos, a nosotros también nos funcione.

La propuesta era simplemente descabellada ¡Ridícula!

- De acuerdo -respondió Kai pese a todo-.

- De la letra me puedo encargar yo -comentó con aire pensativo- Pero no voy a cantar, mi voz es pésima y francamente, puedo leer notas musicales pero no creo ser capaz de escribirlas.

- Detalles insignificantes -se encogió de hombros- Me puedo hacer cargo de ellos.

- ¿En serio, Kai? -la sorpresa brilló en sus ojos dorados- ¿Tú cantas?

- Por supuesto que no -respondió completamente contrariado, frunciendo el ceño- La profesora dijo que quería una exposición, algo creativo e ingenioso ¿Cierto? Necesariamente no tenemos que ser nosotros quienes cantemos o hagamos la música, para eso podemos pagarle a alguien más.

- ¡Kai! -pareció protestar, pero una sonrisa adornaba sus labios- Me encanta tu política a la Ford.

- ¿A la Ford?

- Henry Ford, el creador de esa marca de automóviles... el sujeto no era un genio y los reporteros siempre estaban acosándolo con eso, tratando de dejarlo en vergüenza por su ignorancia, así que convocó una rueda de prensa en la que les dijo que respondería todas las preguntas que quisieran hacerle. A la primera pregunta, tomó un teléfono y marcó un número y pidió la respuesta... la explicación de Ford es que había cosas que no sabía ni podía hacer, pero que le dieran cinco minutos y conseguiría a quien sí pudiera.

- ... Rei ¿Por qué tú sabes cosas como esas?

- He vivido mucho tiempo.

- Has vivido menos que yo.

- Sí, bueno, en ese caso tal vez soy más ocioso que tú... no puedo resistirme a interesarme por cosas que a la gente normal ni se le pasan por la cabeza.

- Me doy cuenta -hizo un pausa, para después chasquear la lengua- Usemos la filosofía de Ford entonces, buscaremos alguien que se ocupe de la música y esas tonterías.

- Me parece perfecto.

Kai quiso sacar el tema de su padre pero prefirió callárselo, si Rei aun no lo mencionaba probablemente es porque no deseaba hablar de ello. La lógica común obviamente decía que la comida había resultado de forma exitosa y que su padre y Rei se habían entendido bastante bien, pero a pesar de eso, pudiera ser que a la forma de pensar del pelinegro -que a veces era muy intrínseca-, la situación no le apeteciera para hablar de ella; las ideas y pensamientos de Kon eran impredecibles en demasiadas ocasiones.

Ya trataría de hablar de ello cuando se diera la ocasión.

- Neh, Kai ¿Sabías que hicieron un par de remodelaciones en el parque Sakura?

- No.

- ¿Y no te gustaría ir a verlas?

- No -se encogió de hombros-.

- Pues a mí me da curiosidad, y ya que vamos a pasar frente a él...

- Esa es una forma muy poco original de pedir algo ¿Lo sabes?

- Sí, lo sé, pero de todas formas funciona ¿O no?

Ambos sonrieron, de esa manera cómplice que mostraban solamente al otro. Era una especie de acuerdo tácito entre ellos, como si fuese un lujo que solamente entre ellos pudiese darse.

Al llegar al parque muy cerca del ocaso, Rei pareció inusualmente más entusiasmado de la cuenta, observando los agregados que se le habían dado al lugar para embellecerlo. Eso bastaba para que Kai se sintiese satisfecho ni reclamase por el absurdo hecho de tener que hacer una escala en tal lugar. Además le tenía al parque Sakura -que más que un simple parque era un pequeño bosque- un cierto “aprecio”, pues era aquel mismo sitio en el cual ambos quedaron en encontrarse para la primera salida que hicieron juntos.

Totalmente sentimental, cursi y extremadamente patético, pero era uno de los tantos secretos que Kai pensaba llevarse a la tumba. Estar algo así como enamorado de Rei le provocaba muchas cosas contraproducentes, pero pese a ello el ruso no quería cambiar nada de eso, no cuando aquel sentimiento lo sentía tan pleno y le llenaba de una emoción tan vivida que se negaba a renunciar a ella.

- Tu padre es alguien agradable -soltó sin motivo- Me lo imaginaba muy diferente.

Pese a sus pensamientos anteriores, era obvio que el bicolor no tuvo que esperar demasiado para que aquel tema saliese a la luz.

- Te pareces mucho a él, sólo que no sonríes tanto.

- Me dolerían las mejillas si lo hiciera.

Rei negó con la cabeza negando hacia el cielo, regalándole una mirada entretenida a Kai antes de emprender una marcha más rápida.

Sí, no hubo que esperar para escuchar acerca de su padre, pero aun así, fueron solamente esas pocas palabras dichas entorno a él.

Su aparente viaje -sin mucho sentido desde el punto de vista de Kai- los llevó al “nuevo” y mejorado lago artificial, al cual en honor a la verdad había que aceptar que ahora se veía más cuidado y majestuoso, hasta las aguas parecían más brillantes y transparentes.

Luego de algunos minutos de contemplación y en los cuales Rei parecía nuevamente sumido en aquel mundo inaccesible para Kai, que era su mente, los dos fueron finalmente a sentarse a la banca más cercana por disposición del ojiambár, que por alguna razón le daba la impresión al ruso de que se encontraba comportándose inusualmente. Lo que se comprobaba bastante bien por la forma en la cual observaba el horizonte, como si fuese una cosa sumamente fascinante.

Era en ocasiones como esas, en las cuales Rei parecía tan alejado, que Kai deseaba pagar por uno solo de sus pensamientos. Y justo cuando una sonrisa despejada y sincera adornó sus labios, el bicolor realmente terminó por ceder a la intriga.

- Comienzo a pensar que la comida te hizo mal ¿Estás bien?

Kon frunció el ceño por unos instantes, girando su rostro y clavando los orbes doradas que eran sus ojos en el otro.

- La verdad es que no fui feliz de comerla, pero estoy bien -suspiró hondamente- Y estas interrumpiendo mi proceso creativo, Kai -y el tono realmente era el de un reproche-.

- ¿Tu proceso creativo? -pareció contrariado-.

- Sí, por eso quise venir aquí lo más pronto posible.

El ruso cerró los ojos un momento, pasándose apenas los dedos de la mano por la frente.

- ¿Te importaría explicarme?

Rei sonrió como cualquier niño que ha hecho una travesura.

- No me he podido quitar eso de la canción desde que lo hablamos, tengo muchas ideas rondándome y necesito ponerlas en orden... siempre pienso mejor cuando me encuentro en un lugar con naturaleza, y éste nos quedaba muy cerca.

- ¿Por qué no lo dijiste antes? -cuestionó Kai-.

- Porque entonces me ibas a mirar de ésa forma -levantó un dedo, señalándolo- Además, se bueno y déjame trabajar como a los genios locos.

- No sé sí seas la primera cosa, pero estoy muy seguro de que la segunda sí lo eres.

- Ja, ja -dijo apenas- Gracioso como siempre, Kai.

- Eres... tan... raro -pareció deletrear las palabras- Comienzo a preocuparme por mi sanidad mental si continuo en tu compañía.

- Eso casi podría ofenderme.

- Pero no lo hace, así que no hay cuidado.

El moreno no dijo nada, pero volvió a sonreírle. No podía dejar de pasarse por alto el sencillo hecho de que Rei parecía haber sonreído tanto y con tanta espontaneidad que eran una de esas raras suertes que acontecían con el chino. Verlo tan relajado -aun si era solamente por su extraño “proceso creativo”- era algo siempre bueno.

Probablemente Kai tendría las cosas más fáciles si se hubiese fijado en alguien más del común. Rei no era de esas personas que podías presentar a la gent ordinaria y esperar que no lo viesen de forma extraña luego de diez minutos de plática con él; tal vez era su sinceridad ambigua, sus peculiares ideas o su manera de comportarse... o simplemente todo eso en conjunto, pero el chino probablemente nunca podría ser juzgado como una persona normal a menos de que él fingiera serlo. Pero vamos ¿A quien intentaba engañar Kai? Si precisamente era por esas particularidades por la cuales comenzó a interesarse por él.

Probablemente el menor de los Hiwatari también estaba un poco loco por estar con una persona como Rei.

- Ahora reuniremos todos los requisitos -masculló el ojirojo-.

- ¿De qué requisitos hablas?

- Esos que dicen que de músico, poeta y loco, todos tenemos un poco.

Rei parecía gratamente sorprendido por la expresión usada del otro, que le sonaba tremendamente familiar. Abrió la boca con una media sonrisa en sus labios, sin embargo antes de que pudiese decir una palabra, fue interrumpido.

- ¡Kai! ¡¡Kai!!

Tanto el aludido como el chino giraron la vista, hallándose con la inesperada figura de Yuriy Ivannov, quien llegó corriendo hasta donde se encontraban, provocando que ambos se pusieran de pie casi al mismo tiempo, sin poder ocultar el asombro un tanto mezclado con desconcierto que adornaba sus facciones.

- ¿Yuriy? -preguntó el bicolor, frunciendo el ceño- ¿Qué haces aquí?

El pelirrojo -que se detuvo justo frente ellos- se tomó unos segundos para inspirar aire con profundidad, intentado recuperar el aliento que aparentemente había perdido con la carrera.

- ¿Cómo qué que hago aquí? -su voz sonó completamente ofendida- ¡Te he estado llamando como tonto a tu celular! ¿Por qué no me contestas?

- No lo traigo -fue la simple respuesta-.

- Tuve que llamar a tu casa y después a tu chofer para saber dónde estabas -su vista se desvió ligeramente a un lado- Ah, hola Rei -dijo para después regresar su atención al otro- ¿Para qué quieres un celular si no lo vas a llevar contigo?

Mas, Yuriy paró con sus reclamos durante unos segundos, analizando lo recientemente pasado y entonces giró nuevamente a un lado.

- ¿Rei? -dijo con incredulidad- ¿Qué haces aquí?

- Oh -masculló apenas, dejando pasar algunos instantes- Me encontré con Kai, vine a dar un paseo.

El bicolor estaba un tanto admirado de la percepción del oriental, ya que es como si hubiese sabido que la relación que llevaban no era algo que quería divulgar al menos al único amigo que le conocía.

- ¿Y tú qué haces aquí, Kai? -pero antes de que Hiwatari pudiese comenzar a armar su defensa, Yuriy negó con la cabeza- No importa, tengo prisa. Tienes que hacerme un favor.

- ¿Favor? -arqueó una ceja-.

- No voy a dormir en casa, pero ya sabes cómo es mi madre -bufó- Le dije que voy a quedarme en tu casa, así que va a llamarte y tú le vas a decir que allí estoy.

- ¿A dónde se supone que vas a ir?

- Tú sabes... a lugares -sonrió con cierta malicia-.

- Oh, claro.

- Entonces ¿Vas a hacerme ese favor?

- Dame una buena razón.

- ¡Kai! -replicó con molestia-.

Justo en ese momento, una melodía se dejó escuchar, entonces el ojiazul rápidamente se llevó una mano hacia el bolsillo del pantalón, y sacó como era de esperarse un teléfono celular. Contestó la obvia llamada e intercambió un par de palabras antes de de dirigirse nuevamente a Kai.

- Mi novio dice que eres un cretino y que aceptes -dijo Yuriy-.

- Dile a tu novio que es un estúpido y que no me moleste -respondió Kai, con la mirada entrecerrada-.

- Díselo tú.

Yuriy entonces presionó un botón y elevó el aparato dejándolo suspendido entre ellos.

- Kai dice que eres un idiota.

- Dile a Kai que se vaya al infierno -sonó clara y audible la voz por medio del teléfono-.

- Ve tú primero -escupió el bicolor-.

- ¿Kai? Deja de hacer el idiota y simplemente di que lo harás.

- Si eso me evita la pena de escucharte, con mucho gusto -siseó el bicolor-.

- ¡Muérete, Kai!

- Ya lo dije, primero tú.

- Ya basta los dos -Yuriy cortó con el altavoz y miró a Kai con paciencia- Simplemente cúbreme, que nada te cuesta.

- Me debes ya muchas.

- Sí, sí, lo que digas -comenzó a darse media vuelta- Gracias por el favor ¡Nos veremos, Rei!

Tan de improviso como se presentó el pelirrojo así terminó yéndose.

Kai no podía hacer otra cosa más que resignarse en ese tipo de situaciones. La madre de Yuriy podría ser muy liberal, como para aceptar el hecho de que su hijo anduviese con otro chico, pero desde luego, tenía sus costumbres hechas a la antigua y una de ellas era la de cuidar a su dulce hijito, prohibiéndole cosas como irse a fiestas a mitad de la madrugada en lugares dudosos, y ni que decir de la idea de pasar la noche en sitios poco confiables. Así que no habría más remedio que usar el viejo truco de: “Me voy a quedar en casa de”. Era asombroso que siguiera funcionando.

El bicolor giró entonces a su compañero, con la intención de decir algo que murió en su boca al ver la expresión tan consternada que adornaba las facciones de Rei. La aflicción en sus ojos era tan nítida que sencillamente no se podía ignorar.

- Rei ¿Estás bien? -no pudo evitar hacer esa pregunta dadas las circunstancias-.

La pregunta sacó un poco de su ensimismamiento al pelinegro, quien asintió apenas.

- Estoy bien -musitó- Solamente... me acorde de algunas cosas, me confundí, nada más.

- ¿De qué hablas?

- De nada, ignórame, me ha dado otro de esos lapsus insignificantes, no importa.

Pera era tan claro como el agua que las cosas no se hallaban bien. Todo el entusiasmo que había demostrado el moreno se había esfumado como por arte de magia, dejándole esa apariencia que rayaba en la enfermedad.

- ¿Vamos a tu casa? -fue lo mejor que pudo acudir a la mente del ruso-.

- Sí, bien -fue la corta respuesta del ojiambár-.

Mientras caminaban hacia el lugar donde se había quedado su transporte, un pesado silencio se extendió entre los dos.

Rei se sentía ridículo, completamente estúpido pero aun así era inevitable que le diesen ganas de gritar o simplemente de dejarse caer al suelo y quedarse allí, hasta que todos aquellos recuerdos que se habían agolpado de improviso en su mente cesaran, traídos directamente por una coincidencia, una maldita y ridícula coincidencia.

Estaba enfermo del pasado. Estaba enfermo del recuerdo de él.

Continuara...

¿Me quieren matar, colgar, picar con un trincho? Bueno, no culpo a nadie por eso... pero ya les dije que técnicamente estoy ya escribiendo por obligación x.X porque sé que hay muchas personas (por razones que desconozco) que les gusta esta historia, ejem. Francamente la mitad del capítulo no me gustó como quedó, menos los últimos párrafos, pero bueno, que más bien debería de estar agradecida porque pude terminarlo que por otra cosa.

Si juzgan de pésimo el capítulo ¡No duden de echármelo en cara! Me harán un beneficio, en serio.

En fin, muchas gracias a todas aquellas que lean esto ¡Espero no tardar otros mil años en actualizar! x.X

.:¤°—— .ČeĻeŋ Marΐŋaİđεŋ. “Los sueños son sólo sueños...” ——°¤:.



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