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El Entrenamiento
—Te digo lo mismo que les he dicho previamente a Sora y los demás –insistió Mickey–. Quiero que todos entrenéis para estar listos por si surgiera algún problema. También quiero que ella te acompañe, pues puede ser de gran ayuda.
—Entendido, ahora se lo comunicaré –respondió Riku–. Siento tener que establecer sólo comunicación por audio pero… –se movió por el baño aparatosamente–, estoy un poco ocupado.
—Cuídate –se despidió el rey.
Riku dejó el intercomunicador a un lado, lejos de la humedad y las toallas manchadas de color marrón desperdigadas por el suelo. Su típica ropa también estaba tirada y en su lugar llevaba puesto otras prendas terrestres que Carmen había ido a comprar después de unas detalladas descripciones de los gustos que Riku le había indicado. En ese momento, Carmen llamó a la puerta del baño para poder entrar.
—Casi pareces otro –indicó ella al contemplarle de arriba abajo–. Ahora te paso un cepillo y secador.
Riku se contempló en el espejo de la ducha observando su nuevo aspecto de arriba abajo. Sus deportivas y muñequeras las seguía conservando, pero el resto de la ropa era oscura: chándal negro y una camisa de tirantes roja a juego. Pero el cambio más radical no estaba en ninguna de sus prendas.
Además de comprar ropa y comida, Carmen hizo una parada en una droguería en busca de un tinte temporal para el cabello. Antes de que Riku se duchara, le ayudó a ponerse el tinte tanto en el pelo como en las cejas, pues su cabello albino no pasaría muy desapercibido en la Tierra. El procedimiento resultó ser un poco aparatoso, entre guantes para no tintarse las manos y toallas para no mancharse el cuerpo. Ahora lucía un cabello castaño.
—Carmen, he hablado con el rey –alzó Riku la voz para hacerse oír por encima del secador–. Me ha dicho que agradece tu ayuda y tu colaboración, y desearía que me acompañaras y te entrenaras conmigo en la misión.
—Pero… –dudó ella–, no tengo ni idea de luchar y las armas están prohibidas.
—No te preocupes, te enseñaré a que al menos sepas defenderte con tus puños y patadas, hasta que te consigamos algo mejor –propuso él mientras ayudaba a recoger el baño–. Por cierto, ¿habrá algún problema quedándome aquí en tu casa?
—Ninguno, es un piso de alquiler que me consiguieron mis padres. En realidad ellos viven en otra ciudad pero yo me mudé aquí por los estudios. No tienes nada de qué preocuparte.
—Entendido –confirmó él–. También me gustaría, ahora que ya parezco un poco más de este mundo, salir a la ciudad y hacer un barrido por la zona, para controlar cualquier lugar en el que pueda abrirse la puerta y alguna zona tranquila para entrenar, lejos de miradas indiscretas.
—Claro –contestó Carmen–. Hoy ya es un poco tarde, pero conozco un buen lugar para entrenar, el mismo en donde te encontré. Después podríamos pasarnos por el centro.
…
—¡Piro! –gritó Donald mientras apuntaba con el pico de su vara a una verde hoja en el suelo. Ésta dejó escapar un humillo con olor a chamuscado pero nada más, al menos había avanzado un poco, de sólo producir sensación de calor a ya casi quemar.
—¿Vosotras lo lleváis todavía bien? –preguntó a las Yuripa, que andaban practicando su magia camuflando pequeños objetos como piedras, semillas y hojas, otorgándoles una nueva forma.
—Hemos conseguido transformar una china en mosca –informó Yuna–, pero el conjuro sólo perdura unos minutos, hemos gastado mucha magia dando forma a la nueva espada y sellándola para que no pudiera revertirse del conjuro.
Por otro lado, en un pequeño claro entre tantos pinos, Sora, Goofy y Ana se entrenaban para el combate. Para la suerte de Sora, era capaz de materializar y mantener con él su llave-espada todo el tiempo que él deseara, y realizaba diferentes estocadas y ataques contra el aire moviéndose de acá para allá ágilmente. Goofy lo llevaba realmente bien, como si hubiera nacido con su escudo bajo el brazo, así que aprovechaba más tiempo enseñando a Ana diferentes golpes para asestar con la nueva espada que las hadas le habían fabricado con su magia previamente, y que tanto poder habían necesitado emplear.
Aunque era una espada muy sencilla, de filo mediano y empuñadura simple, gracias a la esencia mágica con la que había sido creado, era muy eficaz, incluso para una novata como Ana. Además, la espada había sido otorgada con el elemento aire, pues las hadas la fabricaron a partir del propio aire de su alrededor, concentrándolo como si de una argamasa se tratara en un punto en el vacío y dándole la forma del arma final.
Ana nunca antes había empuñado una y le costaba mantenerla firme entre sus manos, hasta tal punto que estuvo a punto de sacarle un ojo a Goofy en una ocasión, intentando realizar un ataque frontal, y la espada volando directo a su cabeza como resultado, así que se esforzó mucho en trabajar la fuerza y el control. De vez en cuando practicaba asestando estocadas sobre la llave-espada de Sora, imitando sus movimientos y sus fintas.
El día había comenzado bastante bien, el sol brillaba, el cielo estaba despejado y gracias a las montañas y los pinares se podía estar fresco y relajado. Sin embargo, en plena urbe el calor llegaba a ser sofocante. Incluso en el interior del pequeño bosque, a las afueras del ruido y el agobio, donde Riku peleaba cuerpo a cuerpo contra Carmen.
—No te desanimes, mujer –apremió Riku a Carmen tras la primera sesión. Notó que la muchacha se desesperaba–. Poco a poco iremos progresando.
—No soy buena peleando –se quejó ella–. Nunca he practicado ningún arte marcial, y además, que soy chica.
—¿Que eres chica? ¡Eso no es una excusa! –le regañó él–. Créeme, conozco chicas tan fuertes que me dan miedo a mí mismo.
Carmen sonrió y se animó a continuar. Tras otro breve rato, Riku decidió que era hora de un merecido descanso. Se sentaron en la hierba fresca, dando unos buenos sorbos de agua helada de las botellas que trajeron consigo.
—¿Tú no luchas con la llave-espada? –preguntó Carmen señalando a “Camino del Alba” que yacía a los pies de su propietario.
—No me corre tanta prisa –explicó él. No pudo evitar tirarse parte del agua por la cabeza para refrescarse el cogote–. Antes de llegar aquí ya tuve que emplearla junto al rey mientras intentábamos llegar a la puerta que me trajo aquí, estaba vigilada por numerosos sincorazones, incluso algunos incorpóreos.
Se hizo un breve silencio interrumpido por el piar de los pájaros en la copa de los árboles. Carmen se levantó y se sacudió la ropa.
—¿Te apetece visitar el centro ahora? –sugirió ella–. Podríamos comer por allí y después te llevaré a alguna tienda que pueda interesarte y por las zonas donde tú necesites. Hay una parada de metro aquí cerca.
—¿Parada de qué? –vaciló Riku.
Riku siguió a Carmen por la calle hasta llegar a una escalera que se introducía bajo la tierra. Afuera vio un cartel en el que estaba escrita la palabra “Metro”. Una vez dentro, imitó a Carmen introduciendo un trocito de papel rectangular en una máquina. Carmen disfrutó con la cara de sorpresa y confusión del muchacho cuando el tren frenó en la estación subterránea y abrió las puertas del vagón frente a ellos. Una vez en el interior, Riku se quedaba absorto con la oscuridad del exterior y la sensación de movimiento, por otra parte se sentía reconfortado al ver que no llamaba la atención a los otros pasajeros. El camino fue largo, lo suficiente como para que el muchacho pudiera estudiar cada parte del vagón en el que se encontraban, los planos en las paredes, las puertas que se abrían al llegar a una estación nueva, la gente que salía y entraba…
Pero la cara de mayor sorpresa de Riku estaba por ver, cuando por fin llegaron a su destino y salieron a la superficie, en una plaza del centro de la ciudad, abarrotada de gente yendo de acá para allá pese al calor, personas que formaban corros contemplando espectáculos callejeros, tiendas de ropa y otros artículos y jóvenes paseando con sus compras, edificios altos por todos lados, el tráfico…
—Bueno, pues cuando quieras podemos empezar con lo que más te apetezca, investigar, hacer turismo… –dijo Carmen–. La gente está en sus pensamientos y sus vidas, así que no te preocupes, no repararán en ti.
Observó burlonamente la expresión de asombro de Riku, quien no hacía más que rotar sobre su eje, girando la cabeza para contemplar los carteles, los transeúntes, los coches y todo aquello que se moviera lo más mínimo. Todo era nuevo para él. Y eso a ella le encantaba, ver a uno de los personajes de su historia favorita experimentando en su propio mundo una nueva aventura.
Carmen sonrió para sí y se aventuró a tirar del antebrazo del chico, señalando la ruta por la que le iba a llevar a visitar la ciudad.
…
…
He preferido cortarlo en este momento para no alargarlo demasiado, la lectura a través de un monitor es cansado y malo para la vista.
Se han dado a conocer dos nuevos personajes, dos OC concretamente. Os prometo que no las convertiré en Mary Sue -risas-
También he añadido en mis Notas de Autor una novedad: las citas. Así que en cada nota de autor podréis leer, aparte de mis comentarios, una breve cita del capítulo, la que más me ha gustado.
Muchas gracias por todas vuestras lecturas. Agradezco también cualquier opinión y crítica que me pueda ayudar a mejorar mi calidad.
“Créeme, conozco chicas tan fuertes que me dan miedo a mí mismo.”