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Notas de de la autora: Esta historia fue reescrita y editada. Anteriormente se llamaba “Cuando no me ves”. El fic fue beteado por Lord Khalis Frostwhisper, muchísimas gracias.
Días de lluvia
Otro día lluvioso, ya es de tarde y la poca iluminación que hay en el cielo se vuelve difusa. Ella mira por la ventana, no distingue el paraje. Tiene un libro abierto sobre el regazo, pero no ha leído ni una línea. Pestañea, y una solitaria lágrima desemboca en su mejilla marcando un sendero hasta mojar el libro. Luego otra, y otra, hasta que sus hermosos y enormes ojos marrones se nublan al igual que el cristal de la ventana. La muchacha cavila y centra su mirada en un punto de la pared. El día le recuerda a un pasado no muy lejano.
Se ve a ella misma caminando por los oscuros pasillos del colegio y bajando escaleras tranquilamente. Va agarrando sus pergaminos y libros como si fueran la reliquia más valiosa. Llega a la biblioteca de manera automática. Saluda a Madame Pince como siempre y se sienta en la misma mesa de todos los días. La última, cerca del área menos visitada por los estudiantes. No es que la biblioteca sea un lugar muy concurrido, pero a ella no le gusta que la interrumpan.
Está muy centrada en su tarea, tanto, que no percibe que hay una persona parada justo detrás de ella, observando y leyendo lo que escribe. De repente brinca en su asiento del susto, al escuchar una voz. El azoramiento sólo le dura unos milisegundos, pues conoce perfectamente al dueño de esta. Nadie más ni nadie menos que Draco Malfoy. La última persona que se esperaba.
—Vaya, vaya¿qué tenemos aquí? La sangre sucia ratón de biblioteca. — dice la voz, con claro desprecio.
Hermione lo mira por encima del hombro con el ceño fruncido y el claro reflejo de disgusto en los ojos. Su boca se tuerce en una mueca de desagrado mientras abre los labios para contestarle.
—No es asunto tuyo lo que yo haga o deje de hacer, Malfoy. — escupe ella, queriendo volver a su tarea.
Draco se sienta en la silla frente a ella, para la sorpresa de ella, a la vez que ignora la mirada de incredulidad dirigida a su persona. Una cosa es que él le regale uno de sus comentarios despectivos y otra que se siente en la misma mesa.
—En eso tienes toda la razón, sangre sucia, pero ahí tienes un libro que yo deseo usar. —dice arrastrando las palabras y estirando la mano para tomarlo.
La chica agarra el libro antes de que él lo toque y resopla visiblemente molesta— Pues vas a tener que esperar a que yo termine, Malfoy. — replica.
Los labios de Draco se tuercen en una mueca desagradable y sus ojos se entrecierran. Él está acostumbrado a obtener lo que quiere y ninguna persona, mucho menos una sangre sucia, se lo va a impedir.
—Yo no tengo por qué esperar por sangres sucias como tú. Además, no sé por qué te esfuerzas tanto. Ningún mago sangre pura emplearía a alguien de tu estatus, por más alto que sea su promedio en el colegio. — replica él, destilando veneno en cada palabra.
La morena rueda los ojos y lo ignora, volviendo a entintar su pluma y a escribir arduamente sobre el pergamino. No está como para perder el tiempo con las impertinencias de Malfoy. Trata de concentrarse en lo que escribe, pero no puede. El rubio sigue sentado allí, buscando una oportunidad para quitarle el libro.
—Tú vienes aquí todos los días a la misma hora. — escucha decir a Draco con tono casual.
No lo ignora más, no puede. Abre la boca para decir algo, pero no sale sonido alguno. Primero que nada, el Slytherin le dirige la palabra. Segundo, se sienta cerca de ella y luego, hace observaciones sobre su rutina diaria. Eso es algo poco usual y se merece su atención.
— Sales de tu sala común con tus libros y tomas un camino diferente todos los días. Siempre terminas aquí, en esta misma mesa, sola. — añade el rubio sin siquiera mirarla.
Ella lo mira sorprendida. ¿Cómo diablos él sabe esas cosas? No es que sea paranoica, pero para que Draco sepa detalles como ese tuvo que haberla observado en estas últimas semanas.
— ¿Me has estado siguiendo Malfoy? — establece incrédula.
Le cuesta creerlo, pero dado los hechos no hay otra explicación lógica. A no ser que él se haya apoderado del mapa de los Merodeadores. Y eso es algo imposible. La única persona que tiene ese pergamino es su amigo, Harry Potter.
Los ojos grises de él se clavan en los de ella — No sólo te sigo, también te observo. — le dice con una cruda franqueza que la perturba.
— No lo entiendo, no te entiendo. — replica confundida.
— Creí que eras más inteligente, Granger. Aunque debo admitir que para ser una sangre sucia…—ella no lo deja terminar la frase.
—Malfoy, si esa es tu idea de un cumplido, mejor ahórratelo. No sé por qué te importa, si soy una hija de muggles…
— Lo sé y te odio, pero eso no impide que reconozca que eres inteligente e intrigante. Claro, para ser una sangre sucia, vuelvo y repito. — le dice él, escupiendo lo último con toda la intención de herirla.
— No pienso seguir escuchando tus estupideces, Malfoy. Tengo mucho trabajo que hacer, así que si me lo permites… — replica. Luego se levanta y sale de la biblioteca sin mirar atrás, dejando el libro de la discordia en la mesa.
Una sonrisa amarga se dibuja en sus labios al recordar las discusiones sin sentido entre Draco y ella ese año. Una nostalgia se alberga en su ser. Las lágrimas vuelven a correr por su rostro. Sus ojos comienzan a vagar nuevamente por la habitación y se sumerge en el mundo de los recuerdos por segunda vez.
Hermione camina por los pasillos y no puede evitar sentir que la observan. La paranoia se ha apoderado de ella. Mira para los lados y para atrás constantemente, sosteniendo los libros apretadamente contra su pecho. Por fin llega a su lugar preferido, pero para su total disgusto, allí está él sentado. Desea darse la vuelta e irse, pero su orgullo es mucho más poderoso. Así que se acerca hasta Malfoy y le exige, — Este es mi lugar, búscate otro.
— No me voy a ir, sangre sucia. Búscate otro lugar tú. — responde Draco entrecerrando los ojos, un brillo peligroso refulgiendo en ellos.
Ella se sienta frente a él testarudamente. No va a permitir que le roben su lugar favorito para estudiar. Sabe perfectamente que él no es de los que frecuenta la biblioteca y que seguramente lo hace para fastidiarla.
— Yo de aquí no me muevo. Encontré este lugar mucho antes que tú. — replica, colocando todos los materiales en la mesa.
—Como quieras, después no digas que no te lo advertí. — dice Malfoy, disfrutando la expresión de furia en los ojos de la chica.
— ¿Advertirme qué, que te vas a quedar aquí haciendo de mi estadía un infierno? — le contesta ella sarcásticamente.
— Granger, Granger, ese es mi nuevo pasatiempo. Tardaste mucho en descifrarlo. Me encanta hacerte la vida imposible. — le dice, adoptando una posición más cómoda en su silla.
Ella respira profundo varias veces, y abre su cuaderno. La tarea de ignorarlo no es tan fácil como creía. Es imposible ignorar a Malfoy cuando este resopla y te mira como si fueras un experimento de laboratorio.
Draco comienza a hacer ruido con su anillo en la mesa. Se deleita al ver cómo se le frunce el ceño cada vez que tiene que volver a leer una línea y cada vez que Hermione respira y vuelve a corregir un error que cometió por falta de concentración.
— ¿Podrías dejar de hacer eso? — replica ella con mucho fastidio en la voz.
Él finge inocencia.— ¿Dejar de hacer qué?—pregunta.
—Es suficiente, me largo de aquí. Eres insufrible. —responde bufando, recogiendo todas sus cosas de manera torpe. Quiere salir de la presencia del rubio cuanto antes.
— Gracias, Granger, ese es mi trabajo. — musita Malfoy, más para el viento que para nadie, pues Hermione ya no se encontraba allí.
Otra lágrima recorre su mejilla. Todos esos recuerdos se le agolpan en la mente y la abruman. No puede dejar de pensar en Draco y en cómo se dieron las cosas entre ellos. Al principio, él visitaba todos los lugares que ella frecuentaba con la excusa de fastidiarla. Pero con el tiempo, se le fueron acabando los motivos y tuvo que aceptar que había algo más allí.
Cuándo fue precisamente el momento en que las cosas cambiaron, ninguno de los dos sabría decir. Su relación no era normal, era una mezcla entre el amor y el odio. Hermione nunca se imaginó que podría terminar en algo así, pero la vida se encargó de dar sus giros inesperados.
Todo marchaba relativamente bien, hasta que se estaba finalizando el año. Hasta ese día gris y lluvioso en el que ella lo encaró en uno de los pasillos del colegio.
— Draco, me has estado evitando por semanas¿qué te pasa? — pregunta una muy preocupada Hermione, mientras acerca su mano para acariciar la mejilla del chico.
Este entrecierra los ojos y se la aparta bruscamente. Luego le dice con desprecio, — No me vuelvas a tocar, sangre sucia. ¿Qué no te das cuenta de que fuiste un juego para mí? No te quiero volver a ver en mi vida.
El rubio levanta la manga de su túnica y le muestra una recién hecha marca tenebrosa. Una grotesca calavera con una serpiente saliendo de su boca.
Hermione siente que las piernas no van a soportar su peso y que su estómago se vuelve un nudo apretado. No despega los ojos de la marca. Sabe muy bien lo que eso significa y no quiere aceptarlo, pero debe, por el bien del mundo mágico. Tiene ganas de llorar, pero no lo hace. Se da vuelta y se aleja del lugar lo más rápido que sus piernas la pueden llevar. El dolor es demasiado como para seguir encarándolo. Draco por su parte, sólo se queda allí, viendo cómo ella se alejaba de su vida, siempre observándola.
Más tarde, esa misma noche lluviosa, la marca tenebrosa fue divisada en el cielo anunciando una guerra venidera.
Claro que eso fue entonces, hoy es otro día gris y ella está sentada frente a la ventana de su apartamento, tratando de leer un libro. Sus mejillas están manchadas de lágrimas. Siempre le ocurre cuando llueve, la lluvia le hace recordarlo. Ya pasó casi un año, y aún no se recupera de esa sensación de sentirse observada en todo momento. Como ya es tarde y tiene los ojos irritados, el sueño la vence, y se queda dormida en la butaca. Todo esto, sin notar al hombre de cabellos platinados y ojos grises que la observa dormir desde su escoba a través del cristal de la ventana.