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Author of 6 Stories |
SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS SPOILERS
¿Queda claro?
Pues bien, vais a pensar que estoy loca, os vais a reir, seguro, pero esto para mí es serio. Esta otra pequeña historia no tiene los mismos orígenes que la anterior, pues la muerte de Hedwig fue para mi el más duro golpe y su "epílogo" nació del sentimiento y de la profunda tristeza que me causó su pérdida.Sin embargo, la siguiente con la que peor lo pasé fue la de Dobby, aunque parezca extraño, pues muchas personas mueren, y sin embargo, fueron los pequeños personajes los que más dolor me causaron al irse para siempre. Por eso debe ser que me vino a la cabeza esta idea extraña, tal vez un poco incongruente, pero que me ha venido tal cual, sin que necesitase pensar mucho en ella (tal vez por eso sea tan rara y es posible que no tenga sentido :P) pero decidí escribirla según la imaginé. Así que aquí está, no hay miedo xD
Gracias a todos por los comentarios sobre la historia de Hedwig, espero que no os parezca ridículo esto que hago con Dobby.
-EDITED- Para cambiar cosas, créditos y explicaciones al final. Gracias Caprisse
Al fiel traidor, al desobediente revolucionario que cambió la historia, porque los pequeños a veces están destinados a cosas grandes. Para que no se olvide tu mérito y tu valor.
Las sábanas no podían estar más estiradas sobre la cama recién hecha. No quedaba una mota de polvo en los muebles de la habitación, ni una pelusa había sobrevivido a la limpieza inquisitorial a la que había sometido al suelo. Las paredes relucían como bañadas en plata, el espejo parecía capaz de reflejar el alma, las túnicas bien pudieran haber sido de cera, tan perfectamente colgaban en su armario.
Sin embargo aun no estaba satisfecha. O no quería estarlo. No quería abandonar la habitación. Ya no, ahora tenía motivos para quedarse.
Había superado el miedo, había superado la desesperación y el dolor, lacerante como el aceite hirviendo que había sido siempre su castigo preferido. Agachó la cabeza, avergonzada; ya no habría más castigos. Sólo gracias a él.
Miró por la ventana, hacia la causa de su dedicación limpiando aquella habitación ya inmaculada.
Por un momento recordó los antiguos sentimientos. El antiguo deseo de echar a correr, de desaparecer del mundo, de olvidar, de abandonar aquel cuerpo, aquel corazón y aquella mente que no dejaban de recordar, de recordarle a él.
Miró sin parpadear, casi sin ver, pues se le había grabado en la memoria, aquella tumba en la que tantas veces había deseado enterrarse. Junto a él para siempre.
Pero ahora todo lo que quedaba era el amor infinito que él con tanto mimo había plantado en ella. Aquel amor del que habían germinado sus esperanzas.
Gemelos. Sonrió, entornando los ojos tiernamente, y volvió la cabeza hacia las pequeñas cunas. Nunca en su familia había habido gemelos, símbolos de eficacia para los de su clase, el más alto servicio que podía darle a su familia. Todo aquello había perdido el sentido ahora, de hecho parecía casi absurdo, aunque hubo un tiempo en que hubiera creído absurdo que ella pudiera mecer a sus hijos en otra cosa que no fueran cajas de zapatos.
¡Crack!
Dio un brinco sobresaltada, y se giró para ver a Kreacher observándola a dos centímetros.
─Winky no debería estar llorando.
─P-perdón.
─¿Qué está haciendo Winky aquí sola?
─Winky tenía que limpiar la habitación ─sonrió débilmente─. Winky estaba terminando de limpiar la ventana.
─ Esa ventana está perfecta. Winky ya no tiene nada que hacer aquí y debería bajar a la cocina. Kreacher es un elfo eficiente y trabaja duro, pero Winky debería cumplir con sus obligaciones que es para lo que la pagan. ¡Winky siempre pierde el tiempo con tonterías!
Winky ni siquiera consideró la posibilidad de contestarle, y de todas formas él había terminado la regañina con un ¡Crack! sin dejarle otra opción que obedecer. Pero ella sabía bien, pues había aprendido a conocerle, que Kreacher había ido a ver como estaba, que le preocupaba, y que si la trataba de manera brusca era solo por aquella mala costumbre de enmascarar la bondad que durante tanto tiempo le habían obligado a reprimir y a esconder como algo vergonzoso.
Echó un último vistazo al jardín, se acerco a los pequeños Dobby y Tork, que descansaban plácidamente arrullados por el murmullo de las olas y bajó andando las escaleras, pues ahora prefería siempre los caminos más largos, aun sumida en sus recuerdos.
Era feliz, debía admitirlo. Todo lo feliz que podía ser sin él, pero tenía que agradecérselo todo a su sacrificio, y hubiese sido un insulto no disfrutar de todo lo que él había conseguido para ella, para sus pequeños; no podía despreciarlo así.
Pensó en aquel horrible año en el que había estado sorda a sus consejos, considerándolos poco menos que blasfemos. “Mal elfo” le había llamado y sin embargo él había seguido estando a su lado, sin cejar en su empeño de lograr que dejara de llorar.
Algo había cambiado, sin embargo, durante el año siguiente, en la actitud del elfo, en sus ojos, y en sus palabras. Había dejado de hablar de libertad, para hablar de lucha. Había empezado a desaparecer de las cocinas y a descuidar sus labores, y cuando le había preguntado, vencida por la curiosidad, él sólo había respondido “Dobby tiene que asegurarse de que está bien, tiene vigilarle, se lo debe.”
Después de aquello debían haber ocurrido cosas terribles, el mundo fuera del castillo parecía estar sumiéndose en el caos, había tantas intrigas, dentro del colegio y fuera, que ella ya no podía seguir centrada en su desgracia, había empezado a escuchar a Dobby y él había notado que se había vuelto más receptiva a sus mensajes.
También los demás elfos y elfinas de Hogwarts habían empezado a darse cuenta de que tal vez las cosas no podían seguir siendo como hasta ahora, y la llegada de Kreacher a las cocinas había hecho que muchos empezaran a plantearse otros puntos de vista.
Kreacher había sido como la mecha que prende la llama, y tal vez también a él, incluso cuando su actitud había causado repulsión a todos los demás en aquel tiempo, deberían agradecerle su pequeño granito de arena.
Kreacher los despreciaba a todos, los llamaba “amigos de los sangre-sucia, traidores e indignos que no merecían volver a servir a una familia de sangre noble. Los había insultado, llamando a Dumbledore traidor de la sangre y se había negado a colaborar en absoluto, limitándose a ir por ahí murmurando y maldiciendo, con la mirada llena de odio y rencor. ¿Era aquella la verdadera imagen, tal vez exagerada pero apenas distorsionada, de lo que podía llegara a ser un elfo maltratado?
Y por fin había sucedido, el desastre que se iba a encadenar después de aquello ninguno se había atrevido a imaginarlo. La muerte de Dumbledore, un severo golpe para la comunidad mágica, pero más aun para ellos, un presagio de tiempos muy oscuros para los elfos domésticos, que podían muy bien recordar cómo habían sido sus vidas antes de la derrota del Señor Tenebroso. Todos ellos habían sido sirvientes de las víctimas o de los asesinos y conocían de cerca la crueldad y el espanto que habían marcado el reinado de la oscuridad durante aquellos años.
Fue sin duda recordar al amo Barty y su sufrimiento, al señorito, ahora entendía lo malvado que había sido, a la señora, cuyo amor y sacrificio no habían bastado para ablandar ni el corazón del padre ni el del hijo. Fue aquello lo que terminó de acercarla a Dobby, y entonces no supo cómo podía haber estado tanto tiempo sin él.
Y en medio del terror, en medio del caos, en medio de la guerra que por fin se había desencadenado, nació un amor como no pensaba que pudiera existir entre los de su especie, y vivió los momentos más felices de su vida, cómo si cada uno fuera el último.
No dejaron Hogwarts, aunque nunca reconocieron a aquel usurpador asesino como su amo. Ahora sabía la verdad, pero no hubiese cambiado mucho. Dobby trabajó sin descanso arriesgándose cuando a los demás les vencía el miedo, sin decaer, sin abandonar nunca la esperanza. Si tan solo hubiera podido ver la recompensa de su esfuerzo.
Lo pensó como tantas veces lo había pensado, hasta que al fin se había transformado en su consuelo: no podía haber tenido un final mejor.
Aunque no fue eso lo que pensó el día que, llamado por aquel hombre extraño, había dejado Hogwarts con una misión muy peligrosa y de vital importancia. Ella lo había sentido. Había notado una inquietud en su corazón y había esperado angustiada su regreso, pero casi sabiendo…
Y él no volvió. Winky esperó y esperó, y cuando no pudo esperar más fue a ver al hombre pero aquel no pudo decirle nada. Sin embargo ella ya lo sabía, lo sentía dentro, ahogándola. No podía estar quieta, no podía estar sola, no quería quedarse sola con sus incertidumbres y sus certezas. Así que empezó a moverse como lo había hecho Dobby. Casi había estado preparada para lo que venía, y cuando supo que Harry Potter estaba en el castillo y que Dobby no había vuelto, ella tuvo muy claro lo que debía hacer.
Y cuando llegó el momento, no fueron sus palabras, si no las de Dobby, las que comandaron por su boca a todos los demás elfos, para que a la hora de la verdad ellos también marcaran la diferencia.
La batalla, la furia, el miedo, la sangre, todo aquello para lo que Dobby la había preparado era lo que debía haber ahogado su dolor. Y nada, absolutamente nada de todo aquello consiguió borrar la pena, a pesar de la victoria y el futuro que se abría por fin libre de nubes de tormenta.
Durante un tiempo no supo dónde ir, pero sabía que no podía quedarse en Hogwarts. Pensó en Harry Potter y en su amiga de sonrisa cálida y mirada comprensiva y le pidió que la sacara de allí.
La enviaron con la familia del amigo de Harry Potter, al que Dobby también había tenido en alta estima. Y ellos confiaron en ella para ayudarles a cuidar al hijo de un matrimonio que había sucumbido y al suyo propio que estaba por llegar. Y si no era suficiente con aquellas nuevas responsabilidades para distraerla de su propia desgracia, un rayo de felicidad y de consuelo se encarnó en forma de los hijos de Dobby, los hijos del héroe que luchó por la libertad, los frutos de su amor.
Nacieron al mismo tiempo que la pequeña Victoire Weasley. Entonces ya eran cuatro pequeños, junto con el travieso Teddy Lupin que pasó con ellos sus primeros meses y sus propios hijos, a los que el amo Bill y el ama Fleur consideraban, como a ella, de la familia. Así que les mandaron a Kreacher, recuperado, después de una larga estancia en San Mungo, de las torturas a las que había sido sometido por los mortífagos cuando la casa de su amo fue descubierta y tomada por sorpresa. Sólo había sobrevivido fingiendo volver a ser un traidor y escapando en un momento de descuido.
Winky levantó un momento la vista del calcetín que empezaba a tomar forma entre sus manos.
Dobby, un elfo libre. Harry Potter no podía haber elegido mejor epitafio. Winky parpadeó y gruesas lágrimas rodaron desde sus enormes ojos, pero en seguida se calmó. Miró por la ventana y vio el mar, sonrió y ladeó la cabeza, para apoyarla en el sillón. Ahora ella también era libre, era feliz, el mundo estaba en paz, y sus hijos crecerían felices y en libertad.
Por cierto: Los personajitos no son míos, me he inventado un nombre de elfo doméstico, como si fuese el del abuelo de Winky, Tork, porque suena patriarcal y me parecía bien que se lo pusiera a su retoño.
-EDITED-
Gracias otra vez, Caprisse, por la corrección, he eliminado esa parte para sustituir al niño por la niña, y es que supongo que por varias razones suprimí de mi memoria el epílogo del libro xD Extraño que lo último que leí fuera lo primero que se me olvidó, aunque puede que fuera porque no me dejó mucha huella. Y lo de George si que tiene explicación lógica, si es que tiene alguna lógica lo que yo hago jejeje xD
Me confundí al ponerle al niño su nombre porque en mi idea original el niño se llamaba Fred, pero mientras escribía, el que más pena me daba era George que había muerto en vida al perder a su gemelo, y al final en quien pensé fue en él al hablar del niño. No lo he vuelto a añadir para no forzar la historia, y porque de todas formas hay alguna que otra idea rondándome para hablar de Fred.
Lo del chavalín de los Lupin, eso sí lo hice a propósito mandandolo a Fleur y Bill justamente porque, aunque luego se lo mandaran a su tía, como ellos son el matrimonio más libre en ese momento creo que sería posible que en un principio dejaran que lo cuidaran ellos durante un tiempo y, cuando su familia creció, se lo llevaron a casa de su tía. Lo hice por aquello de que luego se lía con Victoire (que raro que no pensara en que ella es la primera niña de Bill) por eso los puse juntos de chiquitines u
De todas formas me halaga que os toméis tan en serio lo que escribo, me he emocionado leyendo reviews que no esperaba. Muchas gracias a todos.