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Dedicado a Dulce Galletita con muchísimo cariño, aunque este no es el verdadero SasuIno que le prometí, sino un tentempié temporal para mantenerla contenta n.n
Mente abierta, por favor. Advertencias de un intento de humor y algo de azúcar. Pre-traición de Sasuke. Ligero, ligerísimo ShikaIno.
Espero que si Umino Megumi y Liv Sluijter leen este fic entiendan el final (Que no tiene nada de complicado ni especial, pero frecuentemente este par de adorables tontitas suele no comprenderlos u.u)
Agridulce Confusión
No podía negar que ella misma se había buscado el problema.
Sabía que Sasuke-kun era callado, poco comunicativo y un tanto sombrío –cada uno de estos aspectos contribuía a hacerlo aún más esquivo y deseable ante sus celestes y anhelantes ojos- pero jamás se había imaginado que podía llegar a ser aburrido. Llevaban más de diez minutos caminando juntos y a pesar de los infructuosos intentos iniciales de Ino de entablar algún tipo de conversación con el Uchiha, éste se tornaba reacio a responder con algo más que monosílabos y movimientos de cabeza. El único sonido invadiendo el silencio cálido de la noche estival era el ruido seco y pesado de sus pasos sobre el cemento de la acera.
Sonrió con ensueño y observó de reojo el perfectamente esculpido perfil del Uchiha contra la oscuridad de la noche. Había deseado una oportunidad como aquella desde que tenía siete años, pero realmente jamás había pensado en lo que haría cuando esta llegara. Probablemente porque nunca pensó que realmente lo conseguiría. Sasuke-kun le parecía tan lejano como las estrellas que cargaban la bóveda celeste.
Transcurrieron con lentitud un par de minutos y la rubia suspiró molesta consigo misma y con el moreno que caminaba a su lado con ambas manos en los bolsillos y los ojos fijos en un punto indefinido del espacio. Sencillamente no comprendía cómo la gran ocasión de conocer más a Sasuke se había transformado en una situación tan tensa e incómoda. Era absurdo. Pero estaba sucediendo.
Incluso un paseo con Shikamaru era más ameno. Mucho más ameno.
Se negaba a aceptar que se arrepentía de estar siendo escoltada por el Uchiha, pero si solamente hubiera cerrado la boca y hubiera seguido caminando con Shikamaru nada de esto habría pasado. Al encontrarse a Sasuke-kun saliendo de un puesto de dulces no había podido contenerse y sus labios se habían movido solos, pidiéndole –por inercia- que la acompañara a su casa, a pesar de estar siendo acompañada ya por el Nara.
“Sasuke-kun! Creo que vamos en la misma dirección... y ya se hace tarde. ¿Porqué no me acompañas a mi casa?”
“Qué problemática… ¿No eres una kunoichi? Podrías ir tu sola y no te pasaría na…”
“Le estaba preguntando a Sasuke-kun de todas formas! No a ti!”
“Pero yo ya te...”
“Está bien”
La sorpresa los había golpeado a los dos y ambos se habían girado pasmados. Ino había abierto su boca totalmente incrédula, preguntándose si había oído bien. Y al observar cómo el dominador de las sombras se daba la vuelta –con las cejas juntas y la frente arrugada- y se marchaba murmurando cosas inteligibles, había comprendido que no había sido su imaginación. Inmediatamente había sonreído y había tomado del brazo al Uchiha, tratando de tranquilizar el frenético galope de su corazón.
Otro par de minutos pasaron y tras una esquina el familiar letrero de la florería Yamanaka apareció frente a sus ojos unos metros más adelante. Ino suspiró relajada, evitando darle nombre a la decepción que comenzaba a embargarla. Entonces notó cómo a su lado, Sasuke sacaba las manos de los bolsillos y sus pasos se volvían ligeramente más lentos. Y la rubia entró en pánico.
Demasiados pensamientos se paseaban por su cabeza y no alcanzaba a entender ninguno antes de que se sumergieran en el pozo sin fondo que comenzaba a arremolinarse en su cerebro mientras llegaban frente a la puerta misma de la tienda de flores de su familia. El peso de la mirada azabache la alcanzó y sintió cómo si se hundiera la tierra bajo sus pies, llevándosela al centro de la tierra. Levantó el rostro con los nervios crispándole las manos a los costados, e instantáneamente los turbios ojos negros atraparon los celestes y brillantes de ella. Los labios del Uchiha se curvaban en una tenue especie de sonrisa fantasmal, al borde de la desaparición. Antes de darse cuenta, una áspera pero gentil mano masculina había tomado posesión de su mejilla y con un movimiento hipnótico el rostro de Sasuke se acercó al suyo, obligándola a cerrar los ojos.
Casi podía sentir su pecho a punto de explotar y su cabeza aún daba vueltas cuando abrió los ojos de golpe y una carcajada nerviosa escapó a borbotones de su boca.
“JA! Creíste que me habías engañado ¿cierto??!”
Tomado con la guardia baja, el moreno no hizo más que retroceder con la boca entreabierta y los ojos muy abiertos, sin palabras. Ino reía eufóricamente. Sasuke arqueó una ceja y el pálido color de sus mejillas se oscureció sutilmente. La rubia entonces dejó de reír y sonrió socarronamente, poniendo una mano en su cadera y ladeando la cabeza con suficiencia.
“¡No te hagas la tonta, Frentona¿Cómo pudiste pensar que yo caería en un truco como ese?!”
“¿Qué?”
La sorpresa se sobrepuso a la molestia del timbre de su voz. Frunció las cejas entre la confusión y el disgusto, y se puso a la defensiva inconscientemente. La sonrisa de la Yamanaka se agrandó aún más y golpeó suavemente al Uchiha en el hombro.
“Ni por un momento creí que TÚ fueras Sasuke-kun!”
Ante la mirada de incredulidad pura de Sasuke, la rubia continuó, aún temblorosa.
“¡Sé que a él no le gustan los dulces, y aunque me cueste reconocerlo, dudo que aceptara acompañarme! Mejor suerte a la próxima, Frentuda”
Y con eso, se dio media vuelta y metió la llave en la cerradura de la puerta, con las manos sudando y el corazón regulando apenas el acelerado ritmo que había tomado. Por un momento había llegado a pensar que el verdadero Uchiha Sasuke-kun se encontraba en el umbral de su casa e intentaba besarla. Esbozó una sonrisa triste y se perdió en las tinieblas de la florería de luces apagadas.
El verdadero Uchiha Sasuke permaneció perplejo un par de segundos, aún de pie frente a la puerta de la rubia, y luego se encaminó a la residencia del clan, sin comprender claramente lo que había sucedido, seguro de no volver a aceptar una invitación de Naruto y Sakura a comer dangos.
Kashou No Tsuki