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warrior.joker.moony
Author of 5 Stories

Rated: M - Spanish - Romance/Humor - Hiei & Kurama M. - Reviews: 19 - Updated: 08-26-07 - Published: 08-04-07 - id:3701752

Capítulo XII: Promesa.

Calculé que el kitsune no debía tener más de cinco horas de sueño, ya que cuando entré a su cuarto por la fuerza, casi rompiendo la ventana, siquiera se dio cuenta que no solo había tirado al carajo todo lo que tenía arriba del escritorio, sino que también había golpeado el basurero pequeño que tenía y los lapiceros llenos de marcadores, lápices, biromes, etc.
Tan pronto como pude junté todo. No quería empezar mal desde temprano. Precisamente había decido volver para, por más absurdo y poco creíble que suene, pedirle perdón.
Los libros no los dejé justo como estaban antes porque yo no sabía cómo agruparlos, pero al menos aparentaba el lío que había hecho. Me puse de pie, y tras echar una mirada alrededor, me di cuenta que ya casi era la mañana y los pocos reflejos de luz que entraban por la ventana me dejaban ver con un poco más de claridad el panorama.
El zorro estaba profundamente dormido sobre su cama, vestido. Tenía la cabeza apoyada sobre su almohada y junto a ella sus manos. Una pierna más arrodillada que la otra y un poco de cabello sobre el rostro.
Me arrodillé a su lado, y con cuidado le quité el pelo. Sentí pequeñas cascaritas en las mejillas, dándome la pauta que el muy estúpido había estado llorando bastante. Sin embargo, su piel seguía sintiéndose tan suave como siempre y desprendía el mismo aroma a rosas que siempre. Con cuidado me acerqué y justo cuando intenté besarle la mejilla, empezó a abrir sus ojos verdes rasgados, y frunció el ceño.

- ¿Hiei?- murmuró con la voz muy calmada, aún mezclada entre su sueño y la realidad de verme. Hasta a mi me parecía extraño encontrarme en tal situación. Jamás en la vida hubiera vuelto a algún lugar para pedir perdón.

- No, la vaca Aurora.

Rió, se incorporó rápidamente y antes de que pudiera darme cuenta de algo estaba flotando, tomado de las axilas y sentándome en sus faldas. Besó dónde terminan mis labios y me abrazó con una intensidad que aún siento alrededor de todo mi torso, acariciándome la espalda y la nuca. Era ese abrazo tan cálido y sumado a la temperatura, mi cuerpo no tardó en reaccionar con escalofríos luego de estar toda una noche vagando con temperaturas bajo cero. Y lo que sentía, lo que sentía contaba aún más que la temperatura. Esa emoción de sentirme entre sus brazos otra vez, de saber que nada me podía llegar a pasar, que no tenía que decir ni una palabra para que comprendiera que quería disculparme con él.
Sin embargo me lo había prometido, y quería que lo supiera, que lo escuchara salir de mis propios labios.
Ya no iba a tolerar verlo mal por malentendidos, por silencios que no llenaban sus dudas, miradas que lo hacían dudar más.

- Ki-kitsune…

Creo que él estaba llorando en ese momento, ya que no solo lo sentí moquear sino que su ritmo cardíaco había aumentado el doble, y la intensidad del abrazo, sin ser sofocante, se hacía cada vez más fuerte.
Pensé que lo mejor era calmarlo un poco, y como pude extendí mis brazos hasta su cuello y antes de abrazarlo, lo tomé de las patillas. Miré sus ojos vidriosos, sus labios mordidos sellando los llantos, sus cejas inclinadas y hasta sus pestañas rociadas. Cada detalle me empujaba más a hablar. Pero primero iba a besarlo. Yo iba a besarlo. Por más que esto costara rebajar mi orgullo a lo más llano, que millones de demonios me envidiaran y quisieran cortarme la cabeza, que Mukuro se ofendiera¡que Kuwabara se riera! No me importaba. Si había vuelto era porque había elegido estar con él. Así que armado de valor, tiré un poco de sus patillas y hundiendo mis labios en los suyos, cerré mis ojos. Lo abracé por cuello muy fuerte, y apasionadamente lo volqué sobre el colchón otra vez.
No sabía besar, y tampoco me importaba. Sabía que Kurama tenía mucha más experiencia que yo, y que hasta podía haber estallado en carcajadas si quería, pero no me importaba. Tanto, que si lo hacía, tampoco iba a querer matarlo. Así que tomé mi katana al tiempo que lo besaba y la arrojé lejos. Esa vez no quise arrepentimientos.
Por un momento pensé que el arrepentido era el kitsune, ya que el llanto se escapó de sus labios y tapándose el rostro con ambas manos ahogó algunas palabras. Hasta que finalmente le entendí algo de “Mukuro” y terminó de despertar la valentía en mi.
Lo tomé de una de las muñecas y sacándole la mano del rostro, arrugué el ceño y con mucha furia, pero tratando (tratando) de no ser muy brusco, clavé mis ojos en los suyos.

- No mires para abajo- le advertí- mírame a los ojos, estúpido.

Levantó la mirada con un poco de dificultad y posando uno de sus dedos debajo de su nariz, exhaló algo de aire. Sin dudas mi nerviosismo era contagioso. Le temblaba todo, y a mí también.

- No quiero volver a escucharte hablar de Mukuro- rompió en lágrimas otra vez, y eso me puso más loco, así que lo retomé de la muñeca con más fuerza y agregué- Yo no tengo nada con ella, zorro idiota, y tampoco me interesa. No es mi novia, ni mi amante, ni mi dueña, y tampoco me interesa serlo. Solo peleamos como cualquiera pelea con la persona con la cual convive. No te persigas, porque no voy a volver al Makai, no me voy a ir. Y no, no la quiero a ella más que a ti. Y no necesitas comprarte con ella todo el tiempo, kitsune descerebrado.

Mordió sus labios y volvió a bajar la mirada, que la hice subir de un pequeño golpe en la mejilla.

- Jamás va a serlo. Lamento mucho haberte hecho llorar- y fui yo el que sentí la necesidad de bajar la mirada para no llorar también, sin embargo la mantuve clavada en pupilas-, fui un idiota. No te tendría que haber dicho algo así. Pero… a veces me pone mal que me hables de ella¿sabes?, me siento un hijo de puta. Me siento tan patético. Es como si… todos mis esfuerzos fueran en vano. Como si lograr darte un abrazo, escucharte, be-… besarte no fuera suficiente… ¡y no es justo!- lo zamarreé de su camisa casi de manera inconsciente y viendo como las primeras gemas caían, empecé a sentir más impotencia que nunca- ¡sé que no soy demostrativo, que quizás no soy suficiente para ti, pero te juro que yo puedo cambiarlo, jur-…!

- Hiei…

- Se que tampoco soy tan cariñoso como la vaca esa podr-

- ¡Hiei!- y esa vez fue él el que me tomó de los hombros e incorporándose en la cama, encerró sus manos tomando mi cara- Para, Hiei, para un poco…- volvió a respirar, respiré yo, y chocando los ojos, escuché que agregó- No tienes porqué sentir celos de Kuronue…

- ¡No la nombres a la vaca, zebra, que-se-yo qué es, esa fea, roñosa!- cómo lo odiaba, y cómo odiaba que Kurama hablara de él.

- Tranquilo…- y logrando que soltara una risita entre los espasmos, me besó la punta del nariz- prometo no volver a nombrarlo… de todas formas, yo tampoco quiero hacerlo. Créeme, Hiei, no tienes porqué sentir celos de él.

- Y tú tampoco de Mukuro.

- ¡No la nombres tu tampoco, que ella también logra sacarme canas verdes!- protestó, con una sonrisa debajo de esa expresión de dolor.

- Es un trato- propuse.

- Perfecto.

- Tú no hablas de la vaca…

- Y tú tampoco del androide ese, asalta cunas.

- Hecho.

- Y el que rompe la promesa, debe pagarlo con un beso.

Torcí la cabeza. ¿Pagarlo con un beso?

- Pero… en ese caso… yo…- mis nervios volvían a traicionarme y las mejillas no tardaron en teñirse de colorado- bueno… si se trata de, emph…

- ¿Qué?, dime- esa sonrisita entre la dulzura y la ironía. Y las caricias. Más el perfume. Y mejor no hablar el tono de su voz. Todo me volvía loco.

- ¡Que…¡que yo en ese caso…!

- …

- ¡QUE YO EN ESE CASO LO HARÍA APROPÓSITO!- aullé, cerrando los ojos y a gritos pelados. Me hervía la piel de vergüenza y bochorno.

Tapó mi boca y riendo trató de ahogar no solo sus risas, sino también mis gritos. En el momento no me había dado cuenta que su madre posiblemente estaba durmiendo. Tratando de ser un poco más prudente, en voz baja, grité con todo lo que mi aliento podía.

- ¡¿De qué te ríes, kitsune bobo?!

- De lindo que eres- respondió también en voz baja, logrando que la piel se me pusiera de gallina y los pelos de la nuca se erizaran más que nunca- Entonces vamos a cambiar el precio de la promesa¿sabes?, en verdad ya no quiero escuchar su nombre.

- Que no tenga precio- murmuré.

- ¿Y aquél que la rompe?

- ¿Tú la vas a romper?- respondí con una pregunta.

- No…

- Yo tampoco, porque no me interesa.

El segundo que duró aquel trato a través de los ojos se hizo eterno para mí. Fijé mis ojos en sus pupilas, en cada detalle dentro de sus ojos verdes, tratando de descifrar qué podía llegar a estar pensando en ese momento el kitsune. Pero no se me venía nada a la mente. Solo pensaba y recalcaba que lo había logrado, que se lo había dicho, que yo sí… era capaz de amar. Que todo no era como había dicho la vieja esa hija de puta antes que dieran la orden de expulsarme del Reino de las Koorime. Yo no era solo una máquina de asesinar por placer, yo no solo era un niño prohibido lleno de rencor, yo no solo era un pobre huérfano que lo único que le queda es su hermana, no. Yo también podía querer, yo también podía aferrarme a la vida de otro para poder compartir las miserias de la mía, yo también podía tener sueños lindos, podía besar (mal, pero al fin y al cabo besar), podía llorar no solo con sed de venganza. Y había sido Kurama el que había despertado todo eso en mí. Eso que yo no sabía que tenía, y que me lo autoprohibía, dejándome llevar por los murmullos que se decían de mi.
Kurama tenía medicinas para todo tipo de lastimaduras. Tenía una planta para quemaduras, otra para cortes profundos, otra para infecciones, otra para fiebres muy altas, qué se yo cuántas más. Pero había una que conocía más que ninguna otra. Para tormentos internos: sus rosas.

- Nh.

- De nada- respondió el zorro ante mi agradecimiento, besando mi sien.

- Hey, kitsune…

- ¿Sí?- sonrisita.

- Por más que yo no lo haya nombrado…

- ¿Qué?- si me había quedado callado era para que terminada de comprender. Pero Kurama era de esas personas que por lo visto disfrutan, a amplia sonrisa, de la vergüenza de otros.

- Eso.

- ¿Eso qué?

- Tú sabes qué- balbuceé, cerrando con fuerza mis puños, aplastando los pelos de sus patillas.

- Mh…, la verdad es que no. No soy adivino, Hiei.

- Cuando quieres no eres adivino, kitsune tarado…

- Vamos, no me gusta quedarme con la intriga- creo que si quería sonreír más ampliamente no podía el muy idiota- ¿qué pasa por más de que tú no lo hayas nombrado?

- Eso…

Miré para abajo, comprendiendo lo que significaba estar en ese preciso momento sentado en la falda de él, y también me encontré con su camisa aún con los botones rotos. Me acordé que en ese momento yo no había sentido vergüenza alguna. Que durante esos pocos minutos había sido yo, sin restricciones algunas. Qué tan difícil podía llegar a ser volver a sentirme en tanta confianza otra vez.
Subí la mirada y ahí estaba él. Sonriendo ampliamente, con ojos profundos, sin rastros de lágrimas. Él era el único. Único. ¿Por qué detenerme¿por qué sentir vergüenza?, si lo que yo tanto quería estaba al alcance de mi mano. Y tenía tres ojos para verlo.

- ¿No me darías el beso igual?- las palabras salieron atropelladas, una encima de la otra, pegadas de miedo, de vergüenza.

- ¿Eso era?- preguntó con dulzura, corriendo el pelo que yo tenía en el rostro a causa de mirar tan alto, sus ojos. No era mi culpa que el kitsune me sacara como dos cabezas.

- ¡Y sí¿qué te pensaste?- exclamé nervioso, volviendo a apretar con ganas sus patillas que tenía en mis puños- ¿Qué te iba a pedir un… un…?

- ¿Un?

- Bah, nada… kitsune estúpido, bobo, tarado, mogo, imbécil.

Rió con ganas y encerrando en sus manos mi rostro, besó mi entrecejo fruncido desfrunciéndolo, la punta de mi nariz, ambos costados mis labios, el mentón, el cuello y finalmente mis labios, antes de que de ellos escaparan algunas onomatopeyas de lo que parecía una novela de amor.

· · ·

No más actualizaciones hasta dentro de una semana. Varios exámenes y unas cuantas cosas pendientes. ¡¡Espero que lo disfruten!!

Glutamato de Sodio¡Hola, niña:), muchísimas gracias por el review. La verdad es que me pone contentísima que se note un avance en mi manera de narrar. Si bien no sé que no estoy dando lo mejor de mí, porque escribo apurada y sobre la hora, trato de hacerlo lo mejor que puedo. Te dejo un beso grande, y espero que hayas disfrutado muchísimo esta actualización. ¡Saludos! D.

Prongsie-pooh: maww¿dónde anda mi princesa?, espero saber prontito acerca de vos, amor. Te amo :3.


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