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El dolor había cesado por fin. Por un momento creió que había fallado. Por un momento pensó que había fracasado en el objetivo más importante de su vida. Pero por suerte, en sus últimos instantes de vida, había logrado hacerlo, había logrado darle una oportunidad al hijo de Lily. Se dio cuenta de que no sabía donde estaba y de que no llevaba ropa. Abrió lentamente los ojos, esperando para ver donde se encontraba. Curiosamente, después de morir no estaba flotando en ninguna nube, ni tampoco entre llamas abarasadoras. No, estaba en un parque. En el parque. Sintió ganas de estar vestido, no se sentía a gusto desnudo en ese lugar. Una túnica sencilla apareció a su lado y no dudó en vestirse. Se acercó a un columpio y se sentó en él, observando el lugar, recordando los momentos que pasó allí, con ella. En un instante, el columpio de su lado se meció suavemente. Allí estaba ella, Lily, Lily Evans en su mente, columpiándose suavemente mirando al frente.
-Lily...
Su voz sonaba distorsionada, menos grave de lo que recordaba, suave, como siempre que decía su nombre. Ella detuvo el columpio con los pies y lo miró directamente. Una sonrisa tranquila y cálida se dibujaba en sus labios, igual que tantas otras veces.
-Sev...
No pudo hacer nada, las lágrimas empezaron a caer, sin poder evitarlo, sin ganas de evitarlo. Había soñado ese instante tantas veces. Ella se levantó y sencillamente cogió su mano, llevándole a aquel lugar donde tantas veces se habían sentado y hablado. Severus seguía llorando y agarrando con fuerza la mano de Lily.
-No llores Sev, ahora todo estará bien.
Snape la miró y vio sus ojos, verdes y brillantes.
-Lily... lo siento tanto, hay tantas cosas que hice mal. Por mi culpa tu...
-Yo elegí morir, yo elegí defender a Harry, como tú elegiste hacerlo después de que mi muerte.
Severus dejó de llorar poco a poco, mientras ella seguía sonriéndole.
-Sé todo lo que has hecho por proteger a mi hijo, por esto Severus, te estaré eternamente agradecida.
-Lily, yo...-no encontraba las palabras.
Ni siquiera después de morir podía confesarle a Lily Evans que había estado enamorado de ella desde que era un crío. Pero Severus Snape era un hombre de actos, más que de palabras, se había encargado de demostrarlo en vida y lo haría también al morir.
La besó. Sencillamente la besó. Un beso suave, frágil, y tierno. Un corto beso en los labios, poco más que un roce. Ella rompió delicadamente el contacto, y él abrió los ojos que no recordaba haber cerrado.
-Lily, yo siempre te he querido.
Sólo seis palabras, seis palabras que nunca le había podido decir. Ella le sonrió con tristeza y puso una de su pequeñas manos encima de la que ya le había tomado.
-Lo sé, Severus, lo sé..
Un pequeño sendero se hizo visible a sus ojos y Lily miró a un confundido Snape.
-Has de seguir ese camino.-dijo mientras se levantaba
- ¿Dónde me llevará?
-Oh, si te lo contara ya no tendría gracia, Sev.
Y rió suavemente. Igual que reía estando en vida.
-¿Me acompañas?- preguntó él, temeroso de que ella desapareciese de nuevo.
-No puedo ahora, pero nos vermos allí. Tú sólo debes seguir el camino.
Severus la miró directamente a los ojos, a sus dulces ojos verdes.
-¿Por qué no me acompañas?
Lily sonrió.
-Harry me necesita, debo ir.
Tras un breve silencio, él hizo una nueva pregunta.
-¿Nos volveremos a ver, Lily?
-Claro Severus, tenemos toda la eternidad para vernos.
Y tras dedicarle una nueva sonrisa, desapareció ante sus ojos.
Severus Snape miró un instante el camino que había aparecido frente a él y tras un momento de duda, empezó a andar por él. Estar muerto, definitivamente, no era tan malo como se esperaba. Pero eso no lo podría decir hasta que James Potter viniera buscando pelea. Después de todo, había besado a su esposa, aunque para él, siempre sería Lily Evans.