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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Dragon Ball Z » Ángel de la guarda

Rochi Saiyajin
Author of 5 Stories

Rated: T - Spanish - Drama/Angst - M. Trunks & Vegeta - Reviews: 90 - Updated: 07-30-08 - Published: 08-22-07 - Complete - id:3740129

Epílogo

Aviso: De nuevo es un capítulo muy largo, así que echadle paciencia.

Disclaimer: Dado que es el último capi, voy a poner una. No, no poseo por desgracia Dragon Ball Z ni ninguno de los personajes de esta historia (excepto Andrómeda, su hermano, Adrien y los neptunianos, ellos sí son míos, YAY).

Epílogo

Vegeta no podía creer que hubiera pasado tanto tiempo desde ese día. Durante aquellos largos siete meses en los que los días pasaban rápido y las noches duraban años bajo su recuerdo, había intentado evitar aquel lugar como quien huye de la más mortífera de las pestes. No había querido imaginar siquiera como podría haber sido su funeral, si Bulma habría elegido para él una fosa o un nicho, si había tenido un sepulcro o una tumba, de qué color era su lápida, qué habrían grabado en la piedra como único testimonio de que él alguna vez estuvo en este mundo o si había recibido los apropiados ritos humanos o los Saiyans que había enseñado a su familia años atrás como recompensa a su bravura; todo eso le había dado igual durante todo ese tiempo pues, para él, su muerte siempre había significado un estado temporal. Él le iba a salvar. Pero ahora, de pie delante de aquella tumba de piedra ubicada en el centro de aquel acantilado donde casi cada noche Mirai había huido intentando alcanzar a Andrómeda, seguido de cerca por él mismo, hasta que se quedaba dormido en brazos de su padre, presa aciaga de sus propios pensamientos, no podía evitar que le inundasen los recuerdos. No había vuelto a la Tierra desde que ese mismo día se marchara, negándose a pensar, a sentir y sobre todo, a aceptar que su hijo ya no era más que carne, convenciéndose a sí mismo de que encontraría una solución para traerlo de nuevo a su lado y nunca volver a dejarlo marchar. Le echaba de menos, pero no se había permitido en ningún momento llorar por él; en momentos de desesperación y sufrimiento había gritado, blasfemado, amenazado y exigido a todos los dioses que habitaran en ese maldito universo que se lo devolvieran, pero desde aquella noche no se había permitido llorar por su hijo. Llorar por él hubiera significado rendirse ante la evidencia de su muerte, homenajear a su hijo fallecido sabiendo que no iba a volver y no se iba a resignar, no iba a volver a fallarle; su muerte aún no era definitiva y él iba a seguir luchando por su hijo hasta el último día de su vida. Pero, en aquel momento, viendo su nombre grabado en el mármol de la congelada lápida sabiendo que él estaba ahí, bajo sus pies, frío, inerte, solo, cediendo a la desaparición orgánica a la que todos estaban destinados y que, sin embargo, dolería mucho menos que fuese su cuerpo el que estuviera en su lugar, provocó que unas cuantas lágrimas aparecieran en los ojos del otrora inconmovible príncipe Vegeta mientras sus ojos anegados paseaban por las letras doradas de su epitafio una vez más:

MIRAI TRUNKS VEGETA BRIEFS

NUESTRO ÁNGEL DE LA GUARDA

SIEMPRE VIVO EN NUESTRA MEMORIA

“Ángel de la guarda”, pensó Vegeta. Bulma no lo había olvidado. Él tampoco, pues eso había sido, siempre llegando en el momento justo para salvarles sin dejarse nunca ser salvado. Vegeta sabía que, sin su ayuda, Bra hubiera muerto en aquel primer ataque, Trunks en la emboscada de la noche siguiente y Bulma aquel amanecer en el Cielo. Todos habrían muerto ante sus ojos y el último ataque en el que Mirai salvó a su propio padre jamás se habría producido; sus enemigos habrían vencido. Los había salvado a todos, pero el precio había sido demasiado alto y Vegeta no dejaba de preguntarse, hora tras hora desde entonces, por qué no pudo salvarle él aquel día; por qué en aquella tumba no estaba él. ¡Qué fácil hubiera sido seguirle al otro mundo, hacer que cualquiera le volara el corazón en algún rincón abyecto de aquel maldito universo, ahora que él no estaba para detener su mano! Pero su orgullo no se lo permitiría jamás; no le traicionaría de ese modo, abandonándole a su muerte y despreciando totalmente su ulterior sacrificio. Pero Dios sabía lo atrayente que le resultaba aquella idea desde el día de su muerte; no sabía cómo Mirai había podido soportar la vida tanto tiempo después de lo que le había pasado a su familia. Ningún padre debería pasar por la agonía de sobrevivir a su hijo, mucho menos un padre guerrero que se había preparado toda una vida para morir en el campo de batalla defendiendo su honor y a aquel que ahora estaba bajo tierra, habiendo muerto con el honor de un auténtico guerrero que al final no le consolaba. Nada hubiera cambiado si hubiera muerto gritando lamentando su suerte, seguiría bajo tierra y él haría frente a la misma pérdida devastadora. El orgullo ya no servía de nada, su honor había desaparecido y ni siquiera sentía vergüenza por un comportamiento que algunos meses atrás hubiera juzgado como débil; solo sentía dolor. Un dolor que segundo a segundo jamás le abandonaba.

Mirai ocupaba día a día su pensamiento. Como un demonio que, pese a todo, ansiaba ver como respirar, el fantasma de aquella última sonrisa sincera, de sus ojos amantes brillando agradecidos cuando llegó a salvarle, del peso muerto de su cuerpo en sus brazos mientras le susurraba con su último suspiro palabras de consuelo, aquel último “te quiero” desgarrador que le había arrancado a las mismas fauces de la muerte le perseguían sin cesar dentro de sus propios recuerdos. Sin embargo, no había olvidado que seguía teniendo familia, una mujer y otros dos hijos a los que no había vuelto a ver después de ese día, pues, ¿cómo podría enfrentarlos, cuando les había fallado, tanto a ellos como a Mirai? Él, de quien era responsabilidad proteger a la familia, les había fallado dejando que matan a aquel que era tan importante para él como lo era para ellos y prometió no volver hasta que le trajese consigo. Habitualmente, desde la lejanía del espacio comprobaba sus auras y las del todo el planeta Tierra asegurándose de que estaba bien y que nadie les amenazaba, pero, desde tan lejos no podía intentar consolar a su familia mientras lloraban sobre el cadáver de Mirai ni evitar que Bulma sumara la pérdida de su esposa a la de su hijo. Bulma podría imaginar perfectamente qué era lo que pretendía aquel día cuando se fue con su nave rumbo al universo, pero no podía saber dónde estaba y ni siquiera si estaba vivo. Se había marchado sin decirle nada más que una sola frase.

Recordaba muy bien aquel día; ¿cómo olvidarlo? Después de que el corazón de Mirai dejara definitivamente de latir, Vegeta dejó escapar todo su dolor y frustración llorando sobre su cuerpo y clamando una venganza vacía al cielo con una fuerza tal que Trunks, Bra y Gohan no se habían atrevido siquiera a acercarse, llorando desde una distancia prudencial el destino de su hermano. Mientras lamentaba la muerte de su hijo sabía que ellos le hablaban, que le decían algo, pero él no sentía nada más que el peso muerto de Mirai en sus brazos. Pasó así una eternidad hasta que ya no le quedaron más lágrimas que derramar y se convenció de que debía poner en práctica su plan inmediatamente para que Mirai estuviera lejos de su lado el menor tiempo posible. Se recordaba a sí mismo alzando la cara del pelo morado de Mirai por primera vez en varias horas y recuperar sus sentidos de guerrero durante un momento para escanear aquella habitación en busca de algún superviviente de la matanza que pudiera representar un peligro y para, inútil es negarlo, descargar sobre él su dolor durante un instante dándole una muerte mucho peor que la que Mirai había recibido, pero no había habido supervivientes. Entonces, colgándose a la espalda la espada de Mirai que ahora era suya, cogió el cuerpo de Mirai con delicadeza y le acodó junto a su pecho con un deseo de protegerlo del exterior que ahora reconocía como casi demente pero que entonces le pareció natural, porque su pequeño guerrero ya no podía defenderse a sí mismo. Con él firmemente sujeto, lanzó una enorme bola de fuego al tejado aún en pie de aquella estructura que había sido la tumba de sus constructores y salió volando hacia la Cápsule Corp. dejando a Trunks, Bra y Gohan atrás. Su mente seguía totalmente en blanco cuando llegó a su hogar, en cuya puerta ya esperaban todos en busca de noticias. Ignoró las miradas ansiosas de aquellos que podían detectar perfectamente que el aura de Mirai había desaparecido y las palabras nerviosas de Bulma que no lograban traspasar la barrera de su cerebro. Sin hacer caso de sus demandas, Vegeta pasó de largo y subió las escaleras hacia la habitación de Mirai, cerrando con llave la puerta a su espalda. Se recordaba dejando a Mirai en la cama con un sentimiento de amargura, recordando las veces que había hecho lo mismo cuando le encontraba exhausto en su acantilado y quiso mentirse a sí mismo diciéndose que, como en las ocasiones anteriores, tan sólo dormía, pero aquella ficción creada por su mente herida no funcionó. Mirai estaba muerto por salvarle, por su propia ineptitud para proteger a los que amaba y juró sobre todo lo que conocía que de algún modo u otro le haría volver pero, mientras lo conseguía, Mirai Trunks, príncipe de todos los Saiyans, debía tener un funeral acorde a su rango y el guerrero más fuerte de su raza que había existido y había visto aquel mísero planeta merecía con creces que se le honrara en el momento de su muerte siendo amortajado y velado por su príncipe y su padre sin permitir que cualquier otro ser mancillara con su bajeza su cuerpo difunto. En aquellos momentos, delante de su tumba, Vegeta recordaba, casi a cámara lenta, cómo había arrancado de su cuerpo los pocos restos de aquel pijama blanco que llevaba en el momento de su secuestro, había limpiado con solicitud cualquier resto de sangre de su cuerpo y le había amortajado con el traje y la armadura de guerrero del espacio que su madre había fabricado para él, para finalizar peinando levemente sus mechones lilas y cruzando sus manos inertes sobre su pecho. Por último, acercó una silla a la cabecera de la cama donde yacía quien fuera una vez su hijo y veló su sueño eterno durante horas. Vegeta podía oír los golpes de Bulma en la puerta demandando saber lo que ocurría con su hijo, pero Vegeta no quería que nadie, ni siquiera su mujer, turbara aquel último instante de complicidad y homenaje hacia su hijo, pero sabía perfectamente que no podía seguir allí lo que le quedase de vida por lo que, una vez realizado el homenaje que le debía y susurrándole al oído que le traería de vuelta, le besó por última vez en la frente y salió de la habitación. En cuanto abrió la puerta, todos sus compañeros le rodearon preguntando sobre Mirai y lo que había ocurrido. Vegeta vio a Trunks, Bra y Gohan alejados del grupo y supo al instante que, esperando su aprobación, nada habían dicho sobre la muerte de Mirai. Vegeta ignoró sus preguntas y fijó su mirada en Bulma que, con los ojos llorosos, le devolvió la mirada exigiendo respuestas sin despegar los labios. Vegeta se acercó a ella y le susurró al oído la última frase que le había dicho a su esposa:

“Tengo que intentarlo”.

Y, después de eso, apretando contra sí la espada de Mirai, se dirigió hacia su cámara de gravedad sin volver ni un momento la vista atrás. Bulma le siguió durante un trecho, rogándole que esperase y se explicara, pero su marido no hizo caso de sus súplicas; sabía que Bulma intentaría, no sin razón, retenerle y hacerle desistir de un empeño que creía loco ante el temor de sumar a la pérdida de su hijo que, sin duda, ya sospechaba pero no quería siquiera contemplar, la de su compañero, y no quería tener que ver sufrir a Bulma al no comprender que en ese momento Mirai estaba por encima de todos los demás y que resucitarlo era su máxima prioridad, no solo para recuperar a su hijo, sino también para pagar la deuda de honor y fidelidad que había contraído doblemente con él, primero cuando le juró que le salvaría y, segundo, cuando había salvado a su familia en su lugar. Bulma, humana como era, jamás podría comprender la fidelidad que un guerrero guardaba por su compañero, por su hijo difunto y, francamente, tampoco quería explicárselo. Solo quería partir hacia el especio para resucitarlo lo más pronto posible y liberarse de la absoluta agonía que su muerte había representado para él, para tenerlo de nuevo en sus brazos mientras le abroncaba por su total e insensata irresponsabilidad y prometer que nunca más se apartaría de su vista con todo lo que aquello conllevaba. Cuando llegó a su cámara de gravedad, Bulma ya no lo seguía, seguramente incapaz de seguir su ritmo, y notó su energía vital dirigiéndose hacia la habitación de Mirai mientras ponía rápidamente en marcha la nave, pero no pudo evitar que, antes de marchar hacia el espacio, el grito desgarrador de una madre descubriendo el cadáver de su hijo alcanzara sus oídos.

Todo era tan diferente entonces...De día, parecía que había pasado una eternidad desde la muerte de Mirai; por las noches, cuando se tendía en la cama intentando descansar, parecía que solo había pasado un minuto. Aquel día, mientras aún resonaban los gritos de Bulma en sus oídos, se dirigió hacia el primer lugar que se le ocurrió: Nuevo Namek, pero cuando esos diablos verdes le dijeron que después de lo ocurrido con las bolas de dragón e la Tierra se habían deshecho de las suyas, tuvo que hacer acopio de toda su voluntad para no exterminar a los pocos individuos que quedaban de su raza. Desde entonces, había vagado por el universo investigando leyendas, historias, rumores que hablaban de objetos mágicos o extraños rituales capaces de otorgar cualquier deseo, incluso de resucitar a los muertos, pues las bolas de dragón también habían sido al principio nada más que un mito. Pero todas las esperanzas que siguió habían sido vanas y ahora se encontraba de nuevo en la Tierra, en el lugar donde empezó, sin esperanzas ni planes pero con la firme voluntad de seguir adelante con sus pesquisas. Necesitaba combustible y alimentos, por eso había vuelto; pensaba repostar en un momento, de noche, sin que su familia se diera cuenta y seguir su camino pero, por un sentimiento que no podía explicar, sus pasos le habían conducido hasta aquel lugar, como si su mente deseara convencerse de que lo que había ocurrido no había sido nada más que una pesadilla de la que no tardaría en despertar, pero ahora, ante la prueba material, evidente y fehaciente de su muerte y su fracaso, se sentía hundido.

De repente, el sonido de una canción en la lejanía le sacó de sus pensamientos. Vegeta dejó escapar un gruñido colérico.

-¡Malditos humanos! –escupió entre dientes. ¿Cómo podía el mundo seguir girando como si nada hubiera pasado, como si todo fuese igual que unos meses atrás después de la muerte de su hijo? ¡Mirai estaba muerto, por todos los diablos, si él no hubiera arriesgado día tras día su vida por ellos ahora estarían todos muertos, deberían mostrar algo de respeto! ¡Si él no iba a volver a ser feliz, si él nunca más iba a volver a sonreír, nadie tenía derecho a volver a hacerlo nunca más! Vegeta cerró un momento lo ojos y trató en vano de calmarse; no merecía la pena perder un tiempo precioso en el que podía seguir buscando la forma de resucitar a Mirai matando a unos ineptos y luego enfrentándose al resto de súper guerreros que, sin dura, llegarían atraídos por el alboroto e intentar explicarles que les había matado porque eran felices mientras su hijo estaba dos metros bajo tierra.

Tan concentrado estaba en sus propios pensamientos que no notó aquella enorme fuerza acercándose a toda velocidad en su dirección ni la nueva presencia a su espalda; ni siquiera escuchó el ruido que hicieron las botas del recién llegado al tocar el suelo tras su persona. No fue hasta que su voz clara y ronca rompió la tranquilidad de aquel espacio que Vegeta se dio cuenta de su presencia.

-¿Papá? –preguntó el recién llegado. Vegeta se quedó petrificado. Aquella voz era igual que la de... su mente rápidamente desechó cualquier explicación lógica mientras su corazón brillaba, esperanzado. ¿Sería posible? Vegeta se volvió lentamente para descubrir, no sin poca decepción, que no era Mirai sino Trunks quien le miraba con la sorpresa pintada en sus ojos.

-Trunks... –murmuró Vegeta sin saber muy bien qué decir. Pero su hijo no le dejó tiempo para pensarlo antes de lanzarse hacia él y abrazarlo con fuerza. Vegeta dejó escapar una leve sonrisa antes de corresponderle levemente.

-¡Papá! ¡Te hemos echado tanto de menos! ¡Pensábamos que no ibas a volver nunca!

-¡Deja de lloriquear, mocoso, estoy seguro de que podías notar mi energía, sabías que no estaba muerto! ¿Pensabas que os iba a abandonar?

-No, pero sí sabemos quién es tu prioridad en este momento y puedes tardar mucho tiempo en conseguir tu objetivo –susurró Trunks. Ambos se separaron y se observaron cuidadosamente por primera vez en meses pero, tras unos pocos segundos, Vegeta tuvo que apartar la mirada: su parecido con Mirai era demasiado grande como para poder mirarlo sin sentir agravarse en su pecho la ya familiar sensación de su corazón partiéndose en dos. Pero, sin embargo, pudo notar que su hijo había cambiado mucho: ya no llevaba el pelo cortado a tazón como acostumbraba, sino mucho más corto y, para su sorpresa, teñido de un color negro intenso, así como una rala barba, también negra, que aparecía tímidamente en su barbilla. Su fuerza también había aumentado mucho, algo que dejaba traslucir sin dificultad la ligera camisa que llevaba puesta. Pero sus ojos, aquellos malditos ojos azules como los de Mirai, seguían siendo los mismos, endurecidos, oscurecidos por el sufrimiento y las preocupaciones, pero que aún conservaban la chispa de inocencia y de vida que siempre le habían caracterizado.

-¿Cómo se te ha ocurrido hacerte eso en el pelo? Estás horrible –bufó Vegeta.

-No es verdad, debe ser esta la primera vez que, sin ser súper guerrero, te parezco un verdadero Saiyajin –rió Trunks. Vegeta murmuró una negativa -. Era la única forma que se me ocurrió para dejar de parecer un fantasma. Tras la muerte de Mirai, solo mirarme dolía, nuestro parecido era demasiado grande para que no fuera así, y acentuaba su ausencia y su recuerdo. Todos me evitaban, no podían siquiera estar un minuto conmigo sin romper a llorar. Hasta para Andrómeda, que apenas le conoció, era imposible al principio mirarme a los ojos...Incluso yo no quería mirarme a los espejos para no recordar la ausencia de mi hermano, así que pensé que un cambio radical de imagen sería una buena idea, al menos hasta que pasara un tiempo prudencial.

-¿Y funcionó?

-Un poco, aunque no mucho, sobre todo con mamá, que me dice que ahora, aparte de recordarle al hijo que murió, soy el maldito clon del marido que se fue.

-Es inútil intentar ocultar bajo potingues tu verdadera persona. Te gusto o no, tú siempre serás una parte de él, tus ojos te delatan y todos nosotros tendremos que aprender a lidiar con ello.

-Ya lo sé, pero no está de más intentar hacer las cosas un poco más llevaderas. Están siendo tiempos muy duros –le contestó Trunks.

-Lo supongo. ¿Cómo está tu madre?

-Mamá es incapaz de seguir adelante. Intenta hacerse la fuerte, pero sus ojos siempre la delatan. No puede dejar de culparse por lo ocurrido; piensa que si aquella noche Mirai no se hubiera cambiado por ella aún estaría vivo, que si ella hubiese sido más fuerte o más precavida y no se hubiera dejado atrapar, él seguiría con nosotros. Esa frase, “y si...”, condiciona su vida, cree que un padre jamás debe seguir respirando si su hijo ha muerto. Pero se obliga a seguir, por nosotros y por la esperanza de que tú vuelvas a su lado algún día, pues sabe que tú necesitarás su consuelo y fortaleza para superar la pérdida de Mirai. Ella tirará de los dos si es necesario por ti.

-¿No piensa que voy a conseguir hacerle volver? –preguntó Vegeta, ligeramente dolido.

-Nunca se permitirá albergar tal esperanza; sería demasiado doloroso si no lo consiguieras. Para poder seguir adelante de una manera u otra mamá necesita aceptar el hecho de que no volverá a verle nunca en este mundo; aferrarse a una esperanza que podría no cumplirse sería destructivo para ella y lo será para ti si no dejas de pensar que Mirai murió por tu culpa.

-¡Es que murió por mi culpa, tú estabas allí igual que yo, sabes perfectamente que si él no se hubiera interpuesto entre esa bola de fuego y yo sería mi cuerpo el que estaría ocupando su lugar en esa tumba! –le gritó Vegeta, herido.

-Eso no es verdad, Mirai sabía a lo que se arriesgaba haciendo lo que hizo y tomó su propia decisión, tú nunca le ordenaste que te salvara ni le suplicaste por tu vida; él hizo lo que creyó que era lo mejor como lo hubiera hecho yo si él no me hubiera detenido –dijo Trunks. Vegeta le miró sin comprender.

-¿Qué dices? Explícate.

-Los tres sabíamos lo que ese guardián iba a intentar hacerte; desde nuestra posición teníamos una visión privilegiada y sabíamos que tú, mientras luchabas con un tercero en discordia ni te darías cuenta del ataque que te amenazaba hasta que te fuera imposible huir. Cada uno por nuestro lado sopesamos nuestras posibilidades: sabíamos que si te alertábamos de la maniobra gritando podía suceder que el resto de nuestros enemigos se unieran a tu atacante mientras los demás nos bloqueaban el paso y entonces si que no tendrías escapatoria posible; si lanzábamos un ataque directo a tu atacante corríamos el riesgo de fallar y que fuera demasiado tarde para salvarte o utilizar nuestra rapidez para llegar hasta ti o apartarte del camino del ataque antes de que te alcanzara aceptando el riesgo de que pudiésemos ser heridos en tu lugar. Ambos nos decidimos por la última opción, que era la más segura para ti y echamos a volar al mismo tiempo hasta tu posición para llevarlo a cabo, pero Mirai, que había adivinado en seguida en mi movimiento un reflejo de los suyos, me detuvo, me dijo que lo haría él y, ante mi negativa, me lanzó hacia el otro lado de la habitación y siguió su camino. Él, como yo, aceptó los riesgos que corría, como guerrero analizó sus posibilidades y, pudiendo haber escogido cualquier otra, eligió la más segura para ti, se arriesgó y consiguió su objetivo de salvarte aunque tuvo que pagar un alto precio por ello. Él te quería, papá, tú eras lo más importante en su vida e hizo lo que era su deseo en ese momento, como lo habría hecho yo si Mirai nunca hubiese vuelto del futuro para detenerme y sería ahora mi cadáver el que estaría en esa tumba. Sabía a lo que se arriesgaba, aceptó ese riesgo y perdió su parte de la apuesta. Lo ocurrido solo es responsabilidad de mi hermano.

-¡No es vuestra la responsabilidad de morir por mí, diablos, yo soy vuestro padre, es la mía hacerlo por vosotros!

-El amor no es un estatus, papá, a ese respecto que tú seas el padre y nosotros los hijos no cambia nada. Mirai quería salvarnos y lo hizo para que viviéramos, no para que nos pasáramos llorando su muerte el resto de nuestra existencia, como lo hubiera deseado yo.

-Necesito salvar a mi hijo y mientras haya una sola posibilidad de hacerlo no le abandonaré. Si has venido aquí esperando que renuncie y me quede en este planetucho sin hacer nada has perdido tu tiempo.

-No he venido aquí a verte, papá; estás ocultando tu energía, yo no sabía que estabas aquí. Había venido a verle a él; a decirle que lo hemos conseguido.

-¿Qué es lo que habéis conseguido? –preguntó Vegeta. Por toda respuesta, Trunks le mostró una botellita de cristal rellana de un líquido rojizo.

-Cumplir su último deseo; la razón por la que vino al pasado: para salvar a mamá. Encontramos un posible remedio hace unos días para la enfermedad de la que murió la madre de Mirai. Aún no podemos curarla, pero sí impide su avance. Mamá ya no morirá y muy pronto podremos curar la enfermedad del todo –dijo Trunks, inclinándose sobre la tumba-. Nos has salvado de nuevo, querido hermano. Realmente, eres nuestro ángel de la guarda.

-Sí, lo es...digo, lo fue –dijo Vegeta, mientras veía como Trunks enterraba la botellita junto a la lápida de Mirai.

-Aún lo es –le aseguró Trunks, tras un minuto de silencio-. Me alegro que estés de acuerdo con el epitafio que elegimos para él, papá. Bra y yo pensamos que era el mejor epíteto que el podíamos poner y mamá aceptó al instante.

-Pensé que lo había elegido tu madre...

-Mamá se quedó en shock al descubrir el cadáver de Mirai tras tu partida; no reaccionó hasta dos días después en el entierro para ponerse a llorar sin parar, pensamos que había perdido totalmente la cabeza. Bra y yo no sabíamos qué hacer.

-Siento no haber estado ahí, Trunks, pero él era mi hijo, tengo que intentarlo, habría hecho lo mismo por cualquiera de vosotros dos si hubiera sido necesario como lo he hecho por él.

-Nadie está juzgando tu actitud, papá; te comprendo y estoy seguro de que yo hubiera hecho lo mismo en tu lugar, pero no pienses que eres el único que lo ha pasado mal ni que ha buscado una solución para Mirai, porque nosotros también le quisimos –le refutó Trunks, sin apenas despegar la mirada de su padre-, pero hay veces que la realidad nos vence y que debemos abandonar. Papá, esa es una de ellas: hagamos lo que hagamos y aunque te pases toda la vida intentándolo, él no va a volver.

-¡Eso tú no lo sabes!

-¡Sí que lo sé, el Decano me lo dijo!

-¿Qué? ¿Has ido a ver a ese viejo verde?

-¡Por supuesto que sí, yo también quería volver a ver a mi hermano! Pero me aconsejó que dejara de buscar –dijo Trunks. Vegeta le miró atentamente demando en el acto que le contara la historia completa-. Está bien, papá, te contaré la versión larga. Tras el entierro de Mirai, su ausencia y la tuya pesó como una losa sobre el ánimo de la familia. Pensé que nunca podríamos salir adelante después de esto, de librarnos del sentimiento de pena, de incomprensión y de culpabilidad que sentíamos al haber dejado que él nos salvara tantas veces para no poder salvarlo a él cundo lo necesito. Mi presencia no ayudaba mucho a mejorar su ánimo: yo era el fantasma viviente del objeto de su pena, verme les hacía daño y he reconocer hasta mirarme al espejo se hizo complicado en momentos particularmente difíciles. Incluso Gohan, cuya relación con Mirai no sé por qué parecía muy cercana, evitaba mi presencia como la de un molesto remordimiento. Además, sentía que quedarme quieto en la Tierra sin ni siquiera intentar hacerle volver sería una traición hacia él y hacia ti, por lo que decidí marcharme. Le pedí a Gohan que se trasladase a la Capsule Corp. para cuidar a mamá y a Bra y para que las protegiese en caso de que quedaran vivos más “amigos” de Adrien que pudieran atacar por la retaguardia, cogí una nave y partí hacia el espacio. No sabía a dónde podía ir; cuando estuvimos viajando en busca de las bolas de dragón negras no hicimos apenas caso a cualquier otra cosa y estaba seguro de que todas las bolas de dragón del universo habrían desaparecido, aunque solo fueran por precaución, por lo que fui en busca de ayuda al planeta de los dioses. Una vez allí, Kibishin y el Decano de los dioses me recibieron con los brazos abiertos, pero enseguida me dijeron que nuestra búsqueda sería vana, pues la muerte debe ser lo único irreversible para mantener el equilibrio del universo.

-¡Eso es una idiotez, nosotros hemos burlado a la muerte más veces de las que puedo recordar! ¡Además, Mirai fue asesinado, eso siempre supone una violación del destino asignado para una persona!

-Eso mismo le contesté yo y me dijo que a nosotros se nos permitió volver porque no era nuestra hora, porque aún nos quedaban muchas cosas por realizar y porque existía un método libre por cuyo uso tuvimos que pagar con creces, ejemplo vivo de que la muerte no debe violarse. El caso de Mirai es distinto; ese método blanco que jugaba a nuestro favor ha desaparecido y, al parecer, él ya cumplió su destino y, por eso, al igual que Goku, no puede regresar. Las bolas de dragón de las que tanto habíamos abusado eran un regalo único de los dioses que la humanidad, nosotros lo hemos derrochado y no se ha vuelto a repetir. Sin ellas, no hay otro método seguro de hacer regresar a los muertos. Si seguimos buscando podemos encontrar algún medio de reclamar su vida, pero seguramente lo que se nos devolviera sería una versión adulterada de Mirai, algo que no sería mi hermano, y su alma podría correr el riesgo de perderse para siempre en la oscuridad sólo por nuestro deseo de volver a verlo, tenía que dejarle ir. El Decano aplaudió mi decisión y me dijo que me llevaría hasta ti si así lo deseaba, pero me negué; tú necesitabas tiempo y darte cuenta por ti mismo de que Mirai ya no va a regresar.

-¡No tengo por qué hacer caso a ese dios pervertido cuya máxima aspiración para la eternidad es conseguir la mayor cantidad posible de revistas porno!

-¡Pero sabes que ese riesgo existe! Además, el riesgo en el caso de Mirai es doble porque no pertenecía nuestro tiempo. Mirai alteró el espacio-tiempo varias veces, cambió el futuro y ahora debe pagar el precio estipulado. Además, la tesis del asesinato no es válida en este caso; él sabía a loo que se arriesgaba y lo aceptó, por lo que a efectos prácticos ha sido como un suicidio...o más bien un sacrificio.

-Tengo que encontrar una solución, la que sea...no puedo permitir que permanezca bajo tierra para siempre.

-¿No has pensado que quizá sea lo mejor para él? Ahora está con su familia... y con Andrómeda.

-¡No te atrevas siquiera a mencionarlo, Trunks, la muerte nunca ha sido una solución para nada! Él quería vivir, le había convencido por fin de que merecía la pena vivir... espera un momento...¿has dicho Andrómeda? ¿Sabes su historia?

-Sí, de principio a fin.

-¿Tu chica no ha sabido callarse?

-Ella no me lo dijo, yo ya lo sabía cuando tuvo su encontronazo con Mirai –Vegeta le miró sin comprender -. ¿De verdad pensabas que pese a lo mucho que gritasteis ambos aquella primera noche que pasó aquí, no había oído su historia? ¡Vamos, papá! ¡Hasta Gohan al otro lado de la ciudad se tendría que haber enterado!

-¿Por qué no me habías dicho nada hasta ahora?

-¿Para qué? Mirai hubiese pensado que habría perjudicado mi futuro y que debía irse antes de seguir haciéndolo o, como mínimo, se sentiría violento en mi presencia y no quería eso. Y en cuanto a ti, ya tenías demasiadas preocupaciones con él como para añadirte más de mi propia cosecha. Además, en ese momento yo ya conocía a Andrómeda y sabía que era alguien muy especial para mí, por lo que no hubo mayores consecuencias, aunque la imagen de Andrómeda y de mi hijo nonato siendo asesinados a sangre fría puebla a menudo mis pesadillas –dijo Trunks, sin poder evitar que un escalofrío atravesara su cuerpo-. Por eso, cuando por fin nos convertimos en novios formales, quise hablar contigo al momento. No quería que sufriera y sabía que juntos podríamos encontrar una solución, pero él nos escuchó y lógicamente quiso marcharse. Fue el día que le atacaron junto a Bra en el centro comercial. ¿Recuerdas esa conversación?

-Por supuesto, pero, después de todo lo que pasó, no volví a pensar en ello, ni en por qué querías proteger a Mirai de tu novia si tú no sabías nada al respecto.

-Ya no tiene importancia, papá. Eso no cambia nada. Mirai ahora está con ella, como había deseado durante años.

-No sabemos si está con ella., No sabemos dónde está. Él murió en un tiempo que no era el suyo, quizá está perdido entre dos dimensiones o que esté en el Cielo de este tiempo solo, pues el imbécil de Kakarotto está sabe Dios dónde tras desaparecer con el dragón y las bolas. Él tampoco sabía cuál sería su destino, mientras se moría...estaba asustado, no quería estar solo. No me rendiré hasta que le haga volver o vea con mis propios ojos que dondequiera que esté es feliz. No le dejaré solo, en esta vida o en la otra y no tengo nada más que decir al respecto.

-No puedes sacrificar la vida que él salvó para conseguir un empeño que puede ser imposible de lograr.

-¡Haré lo que me plazca, Trunks!

-Entonces estás siendo tan egoísta como aquella humanidad ingrata del futuro que tanto te complacías en maldecir cuando él estaba vivo y que ahora no para de lamentar su ausencia.

-Qué sabrás tú, mocoso, de lo que ocurre en el futuro.

-Sé bastante, porque fui –dijo Trunks, sonriendo complacido ante la mirada atónita de Vegeta -. No me fue difícil descubrir donde habías escondido su máquina del tiempo; estoy seguro de que Mirai también la hubiese encontrado si verdaderamente hubiese deseado marcharse.

-¿Qué diablos se te había perdido a ti en el futuro?

-Quería arreglar sus asuntos aprovechando que, al fin y al cabo, somos la misma persona. Mirai no iba a volver al futuro, pues, aunque le resucitaras, se iba a quedar con nosotros en el presente y si permanecía muerto, me aterraba la idea de que su casa fuese tomada al asalto, su obra y la de mamá destruidas y sus recuerdos vendidos en cualquier mercadillo de baja estofa como si no tuvieran valor alguno, así que cogí la máquina y llegué hasta su tiempo. Fue una experiencia...interesante.

-¡Eres un irresponsable! ¡Si te hubiera pasado algo en el futuro, ninguno nos habríamos enterado ni hubiésemos podido acudir en tu ayuda, podrías haber acabado haciéndole compañía a Mirai dos metros bajo tierra! ¿Es que no tienes conciencia? –le gritó Vegeta, completamente aterrado al pensar que podría haber perdido también a Trunks.

-Calma, papá, Mirai había dejado el futuro en paz, no me pasó nada; aunque he de reconocer que enfrentarme a vuestros sepulcros y al de Andy no fue fácil –dijo Trunks-. No hubiera sido necesaria mi presencia, de todas formas; Mirai sabía que en cualquier momento podía morir, por lo que siempre tenía sus asuntos en orden. Solo tuve que notificar a su albacea que esta vez no iba a volver y recoger los efectos personales que quise traerme conmigo.

-¿Quién se quedó con todo? -preguntó Vegeta, horrorizándole de alguna manera que el sitio al que llamaba hogar fuese destruido y vendido por partes a cualquier individuo que no supieran lo que significó para él aquel lugar,

-A Lolo.

-¿A quién?

-A Lolo. El hermano pequeño de Andrómeda. Mirai le dejó todo a él; era, de hecho, la única familia que le quedaba y, aunque no es un Saiyajin, es una buena persona, muy inteligente y sé que apreciaba sinceramente a Mirai. Sintió enormemente su pérdida y me prometió que nunca permitiría que se olvidara la obra de Mirai y de Bulma mientras le quedara un hálito de vida. Sé que la Capsule Corp. y su legado estarán seguros en sus manos. Me convenció, además, para que fingiera un ataque de algún enemigo para anunciar que Mirai había muerto salvando a su planeta una vez más y prepararle unos funerales acordes con su rango de héroe. Vi desfilar por delante de mi ataúd a la mitad del planeta lamentándose por la muerte de Mirai, aunque sé perfectamente que muy pocas de aquellas lágrimas fueron sinceras. No me importó, de todas maneras; nosotros lo conocíamos y eso es suficiente, él no necesita el duelo hipócrita de esos incautos. Más difícil fue empaquetar sus cosas; su recuerdo estaba demasiado vivo –dijo Trunks, llevándose la mano al bolsillo y sacando una foto ajada que pasó a Vegeta. Él miró con aprensión como los ojos azules de Mirai le sonreían desde la fotografía de su boda con Andrómeda, que reía en sus brazos -. También encontré algunas notas que dejó de sus viajes por el universo en busca de algún método para resucitar a su familia. Algo encontró, pero entrañaba demasiados riesgos para sus almas, por lo que no pudo ser egoísta y tuvo que dejarlos ir. Si él no encontró mejor solución, no creo que nosotros podamos conseguirlo. Tienes que dejarle ir, papá; no podemos ponerle en peligro. Se ha ido.

“Se ha ido”. Aquellas palabras resonaron como un eco en su mente después de que su hijo las pronunciara. Parecía que en aquel momento la realidad había abierto sus ojos y todo su peso cayó sobre su corazón. No podía ponerle en más riesgos, no podía ponerle en peligro pero, ahora se daba cuenta, eso significaba renunciar a él, a verle de nuevo y a esperar, sin saber nunca, que estuviera en un lugar mejor porque nunca tendría la certeza de ello. Si no quería arriesgar su alma, debía dejar que permaneciese muerto. ¿Podría hacerlo? ¿Podría aceptarlo? Estaba seguro de que podía hacerlo si de verdad se convencía de que era lo mejor para él pero, aceptarlo, jamás; nunca se resignaría a perder a su hijo.

-No estaba preparado para morir, Trunks; él no merecía morir –balbuceó Vegeta, intentando encontrar una salida que le diera esperanzas ante las aseveraciones de su hijo.

-No, papá; hacía años que él estaba preparado; eres tú el que no lo estaba, éramos nosotros los que no estábamos preparados para perderle. Uno puede resignarse a su propio final, pero nunca a perder a aquellos a los que ama. Por eso él no pudo dejarte morir a ti; por eso tú no puedes dejarle ir –le dijo Trunks. Vegeta le miró, dejando que sus palabras calaran en su interior.

-No lo merecía; nunca mereció este destino, no era su culpa ni su responsabilidad. Esto no puede acabar así, hay tanto que no ha podido vivir, que no hemos podido saber de él...por Dios, ni siquiera sé de donde viene esa maldita espada a la que tanto cariño tiene, él dijo que no conoció a Tapión...

-Yo sé de dónde viene, yo también tenía curiosidad y se lo pregunté. ¿Quieres saberlo? –preguntó Trunks. Vegeta asintió-. Dame la espada.

Vegeta, que llevaba siete meses con aquella espada colgada a la espalda, dudó durante un momento, casi por instinto, de desprenderse de ella, pero ante la mirada penetrante de su hijo claudicó, sabiendo que Trunks no iba a arrebatársela. Se la entregó con reticencias y Trunks la sacó de su funda, señalando una pequeña inscripción, casi invisible, que había junto a la empuñadura en idioma Sayajin.

-“De Vegeta para Trunks” –leyó Vegeta, interrogando a su hijo con la mirada. Trunks sonrió mientras volvía a meter la espada en su funda y se la devolvía a su padre.

-Esa espada fue un regalo del Vegeta futuro para Mirai. Vegeta sabía que el día que se enfrentó por última vez a los androides pelearía hasta la muerte y que no volvería a ver a su hijo. Sabía que no podría vencerles, pero su orgullo le obligaba a intentarlo y también era consciente de que, si él moría, solo dejaba a Gohan y a Mirai como opositores de esos dos monstruos. Pero eso no le importaba. Quería que su hijo tuviera algo de él, algo que fuera solo suyo para poder otorgárselo. El Vegeta del futuro no tenía nada suyo, todo se lo había otorgado su esposa, no tenía más que darle que una armadura agujereada y un título que no llevaba consigo más tierra ni servidumbre que la esclavitud del orgullo. Entonces le pidió a mamá...a la Bulma del futuro, que fundiera el metal prácticamente irrompible de aquella primera armadura que trajo de Namek para que le hiciera una espada y se la dejó en su cuna la misma mañana en la que se fue a combatir para nunca volver. Supongo que fue su manera de estar siempre con él, de protegerle desde la distancia sabiendo el peso que dejaba sobre sus hombros. Por eso jamás se alejaba de ella; era lo único que tenía de su otro padre. Y fue porque era lo único verdaderamente importante que tuvo él nunca por lo que quiso que lo tuvieras tú. Al fin y al cabo, tú eras la persona más importante en su vida; para ti debía ser el símbolo que él más apreció en la suya.

-Trunks, déjame solo, por favor –consiguió susurrar Vegeta, mientras la realización de lo que debía hacer se extendía por su alma con la misma rapidez que la desesperación. Trunks asintió.

-¿Te quedarás con nosotros? –se atrevió a preguntar.

-No lo sé. No puedo abandonarle, Trunks; compréndelo, por favor.

-Lo comprendemos pero, al menos, si te vuelves a ir, por favor, ven a despedirte. Bra y mamá también te echan mucho de menos y querrán verte. ¿Lo harás? –le preguntó Trunks.

-Sí –dijo Vegeta con un hilillo de voz. Trunks, que conocía perfectamente la personalidad impulsiva de su padre, no supo si creerle o no. Antes de marcharse, miró por última vez a su padre que tenía sus ojos negros perdidos en la inmensidad y le dio un rápido abrazo que apenas fue correspondido por si no volvía a verlo en mucho tiempo. Después, echó una última mirada a la tumba de Mirai y echó a volar rumbo a su casa.

-¿Tengo que dejarte ir? –preguntó inseguro Vegeta a la nada. No quería dejar morir a su hijo pero si, verdaderamente era lo mejor para él, lo haría. Si estaba con Andrómeda, si estaba con su yo futuro para que le cuidara, renunciaría su hijo por su propio bien, aunque su ausencia resultara devastadora para él pero si no, ¿cómo podría abandonarlo? Pero, ¿podría llegar a saber si estaba bien? Estaba en el otro mundo, muy lejos de su alcance, jamás podría saber dónde estaba. Pero tenía que confiar en él; el Decano tenía razón y no era la primera vez que ese pensamiento había cruzado por su mente. Podía perder su alma en su intento por recuperarlo en el viaje desde el inframundo a la tierra a un cuerpo que sin duda alguna ya no podía ser usado y quizá los sufrimientos que la muerte le había evitado se los infringiría el egoísmo de su padre. No confiaba en el Decano, pero sabía que si había una sola posibilidad de que su alma se perdiera no podía seguir arriesgándose. Esta vez debía resignarse. Una vez más, había fracasado.

-Trunks, lo siento...Perdóname, por favor –murmuró Vegeta, mientras sentía cómo las lágrimas comenzaban a correr por sus mejillas. Cayó de rodillas al suelo y lamentó a voz en grito la muerte de su hijo con su cara en la lápida que tenía grabado su nombre. Ahora podía llorar; en ese momento se dio cuenta de que había perdido a su hijo para siempre.


Era ya de madrugada cuando Bulma se despertó al notar la ausencia de su marido en la cama que compartían. Rezando para que no hubiese vuelto a irse por Dios sabía cuanto tiempo, abrió al puerta para ir en su busca cuando vio a Vegeta de pie, delante de la habitación de enfrente. En la que aún era, y para siempre pertenecería, a Mirai.

Desde que había vuelto aquella mañana, Vegeta había tratado por todos los medios de evitar aquella habitación. Incluso cuando había tenido que pasar por delante para llegar a la que compartía con Bulma, había bajado la mirada, fingiendo que no existía. Pero ahora, atraído por una fuerza que no podía comprender hacia la habitación de su difunto hijo, donde habían pasado tantos tiempo juntos, sintió que el peso de su ausencia le golpeaba tan fuerte que pensó que iba a morir.

La habitación apenas había sido tocada desde que Vegeta le cogiera aquella noche para llevarle al Cielo con el resto de la familia que entonces allí les esperaba. Solo la cama, que había sido hecha, y algunas cosas que habían puesto sobre ella suponían un cambio en su estructura. Allí estaba la ventana desde la que Mirai tanto había mirado la constelación de Andrómeda deseando poder volar hasta ella y la silla desde la cual su padre había velado su sueño durante noches enteras, tanto cuando estuvo herido como cuando sentía su corazón romperse en pedazos. Sobre la cama, el carnet de identidad falso con el nombre que su padre le había regalado descansaba sobre los papeles a medio rellenar de la universidad a la que ya nunca iría; sobre la silla de su escritorio estaba colgada su eterna chaqueta de la Capsule Corp. y, en el armario, toda la ropa que Bra y Bulma le habían comprado aquel día en el que, ante la perspectiva de su madre y su hermana obligándole a probarse ropa interior delante de ellas, se había escondido detrás de él de un salto, amedrentado. Las conversaciones, las historias, los entrenamientos...todos los recuerdos compartidos eran como una puñalada en el ya maltrecho corazón de Vegeta mientras cogía su chaqueta y la abrazaba como si fuera su hijo. Aún olía a él, pensó Vegeta, mientras su cerebro le gritaba la horrible realidad: que él, su hijo, no iba a volver.

-Veggie... –le llamó suavemente Bulma. El tiempo de la negación, de la esperanza, había pasado y la súbita realización de una verdad que había tratado por todos los medios de cambiar le había dejado sin aliento. Tras unos minutos de silencio, Vegeta fue capaz de dejar escapar un hilo de voz ahogada dirigida a su esposa.

-¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Cómo vamos a superar esto? –preguntó Vegeta.

-¿Qué? –preguntó Bulma, sin entenderlo.

-¿Cómo se supera la muerte de un hijo? ¿Cómo vamos a seguir adelante como si él nunca hubiera existido? ¿Sin poder verle, sin oírle, sin hablarle? ¿Sin volverle a ver nunca más? ¿Sabiendo que él está muerto por salvarnos? ¿Sabiendo que si él no se hubiera intercambiado por ti, que si él no me hubiera apartado de la trayectoria de esa bola de fuego que le mató, él seguiría vivo? ¿Cómo vamos a seguir viviendo día tras día sabiendo que siempre seremos un poco más infelices porque nuestro hijo, que fue capaz de darlo todo por nosotros, está ahora dos metros bajo la maldita tierra? –le dijo Vegeta, mientras las lágrimas corrían ya libres por sus mejillas como si de un niño se tratara. Sintió cómo sus fuerzas de súper guerrero le abandonaba y caía de rodillas al suelo abrazando esa chaqueta como si fuera el último hilo de su cordura. Bulma corrió hacia él y lo abrazó-. Lo mejor sería que me volara ahora mismo en pedazos y me fuera con él.

-No digas eso, Veggie. Él es...él era todo un guerrero, estoy segura de que esa fue la muerte...que siempre deseó tener.

-¡No! ¡Esa fue la única muerte que siempre creyó que tendría porque no iba a tener otra opción, la muerte que aprendió a amar porque su destino como protector de esta maldita humanidad no le iba a dejar tener otra! –le gritó Vegeta-. Ni siquiera sé si está bien...él pertenecía a otra dimensión, quizá haya vuelto a su propio tiempo y esté allí con Andrómeda o que haya ido al otro mundo del presente y esté solo o quizá su alma esté perdida entre ambas dimensiones y esté sufriendo y me necesite...¡No sé nada!

-Veggie, no hay nada más que tú puedas hacer.

-¡No puedo abandonarle de nuevo! ¡Nosotros hemos desafiado más de mil veces a la muerte, yo he sido resucitado en dos ocasiones sin merecerlo! ¿Por qué él, que se ha ganado a base de dolor su recompensa, no puede volver? ¡¿POR QUÉ?! –lloró Vegeta-. Bulma, necesito verle, aunque solo sea una vez más, necesito volver a verle...

-El problema, querido, es que cuando le veas seguirás siempre pidiendo verle una vez más.

-Desde el día en el que supe que estaba enamorado de ti y tú me abriste los brazos, temí la llegada de este momento –Bulma le miró, sin comprender -; temí al precio que tarde o temprano, tendría que pagar por mis pecados y cada noche, mientras dormías, supliqué a los dioses en los que no creía que fuera cual fuera ese castigo a mí reservado que no os alcanzara a vosotros, a mi familia cuya única culpa había sido quererme sin atender a mi pasado; les pedía que hicieran lo que quisieran conmigo, pero que no os usaran contra mí. Sé que Kakarott, poseedor de esos poderes míticos que él nunca pidió y yo siempre deseé, fue el justo castigo a mi orgullo y a mi ambición; pero yo tenía aún la deuda pendiente de los miles de inocentes que murieron a mis manos. Ha pasado tanto tiempo que llegué a pensar que la deuda había expirado...pero no. ¡Se llevaron a mi hijo como descargo, para saldar con su sangre mis deudas! ¡De manera vil y cobarde se llevaron a mi niño, que por el que más ha sufrido y el que más tiempo había estado fuera de mi protección era mi hijo más querido, para provocarme un dolor tan grande como nunca pude imaginar! ¡Mirai ha purgado con su vida mis culpas y a mí me han dejado con vida para que siente cada momento el dolor de su ausencia, sabiendo que era él de todo inocente! ¡Mi hijo está muerto por mi culpa y yo estoy aquí cuando debería ser yo el que estuviera bajo tierra!

-¡No es tu culpa, Vegeta! ¡No lo digas, no lo sugieras, ni siquiera lo pienses! –le gritó Bulma.

-¡Si pensar que el padre de tus hijos, que tu marido, no es el responsable de la muerte del mayor de ellos te hace dormir mejor por las noches, piénsalo, pero eso no cambiará la realidad! ¡Atacaron a su familia porque buscaban una venganza contra mí, le secuestraron, torturaron y mataron para hacerme daño!¡No lo hicieron porque él fuese una amenaza, no porque él fuese el mejor guerrero del universo, no porque él no fuese una buena persona, nada de eso les importó, lo único que vieron en Mirai fue al príncipe heredero de Vegetasei, al hijo de un asesino! ¡Quién fuera él, lo que pensaba, lo que deseaba o lo que soñaba no importaba para ellos, él solo era una herramienta, un elemento más para hacerme daño, como yo usé mis poderes en el pasado para eliminar a su raza que constituía una posible amenaza para mi señor! ¡Cómo a mí no me importó quiénes eran aquellos que asesiné en Neptus hace tantos años, no puedo culparles por algo que también aún hoy haría yo con los asesinos de mi hijo si tuviera la oportunidad! ¡Él único culpable de todo lo que ha ocurrido soy yo! ¡Yo he matado a mi propio hijo!

-¡Vegeta! ¡Deja de decir estupideces, hiciste todo lo que pudiste para salvarle!

-¡Pero todo eso no fue suficiente para evitar su muerte, no fui suficiente para él! ¡No pude aplacar sus miedos mientras vivía, no pude calmar sus sufrimientos mientras estuvo conmigo y desde luego no pude salvarle de la muerte mientras llamaba a su familia agonizando en mis brazos! ¿Por qué se le llevaron a él? ¡Yo soy el asesino, yo soy el malvado, yo soy el que merecía morir, no él! ¡Mi niño era un buen hijo, un buen guerrero y, sobre todo, una buena persona! ¡Él era fuerte, valiente, orgulloso, bueno, un héroe, lo mejor que había puesto nunca los pies en este miserable planeta, no merecía este destino! ¡MIRAI NO HIZO NADA PARA MERECER UNA MUERTE COMO LA QUE TUVO! ¡Yo soy el asesino, el malvado, el monstruo! ¿Por qué el Destino no se me llevó a mí en su lugar? ¡Él era inocente! ¡Él siempre fue inocente de todo, y la vida que le tocó como maldición jamás dejó que él fuese feliz, que él decidiera su propio camino porque desde que tenía solo seis meses su destino fue el de estar obligado a ser un héroe o morir en el intento sabiendo que si él desaparecía todo el universo lo hacía con él! ¡Y pese a eso fue capaz de superarse, de conseguir ser el héroe que todos esperaban de él, de no dejarse vencer por la adversidad que una vez y otra y otra caía sobre él para ahora que por fin encontraba su lugar en el mundo, cuando por fin podía ser protegido, querido y tratado como él se merecía por sus virtudes, la vida vuelve a traicionarle y me le arrebata! ¡MI HIJO NO MERECÍA ESTE DESTINO!

-¡Vegeta, escúchame! ¡Tú no tienes la culpa, si tú no hubieras aparecido en primer lugar él nunca hubiese existido y, en segundo, Mirai jamás hubiese pasado sus últimas semanas de vida en la paz y el consuelo que tú le diste, así que la próxima vez que te oiga decir una idiotez de tal calibre juro que te quedarás sin cámara de gravedad por lo que te resta de vida!

-Eso ya no importa...ya no importa nada...

-Vegeta, en este momento está comenzando a preocuparme seriamente –dijo Bulma, pero su intento de bromear pasó inadvertido para el guerrero-. Veggie, escúchame. Has hecho lo imposible por salvarle y luego para hacerle volver...todos sabemos que si alguien podía salvarlo era su padre, el gran súper guerrero Vegeta. Si tú no lo conseguiste, entonces nadie hubiera podido...quizá, era su momento. Morir, nos guste o no, es algo natural...quizá fuera ese el momento en el que nuestro hijo debía hacerlo.

-¡NO! ¡Nadie merece morir así, mucho menos él! ¡No es natural morir asesinado, no es natural para un padre ver morir a su hijo en sus brazos! ¡No era su momento y mientras no lo sea tiene que haber un medio para hacerle volver! ¡Es mi hijo, no puedo, no quiero fallarle de nuevo! ¡Tengo que hacer algo!

-Has hablado con Trunks, ¿verdad? ¿Te contó lo que le dijeron? –le preguntó Bulma. Vegeta asintió-. Entonces, no tengo más que decir. Tú también sabes que lo has intentado, nadie puede decir que te rendiste sin luchar, pero no puedes poner su alma en peligro. Vegeta, tienes que resignarte. Sabes cómo van las cosas en el otro mundo, creo que casi todos los miembros de esta familia hemos estado muertos alguna vez y sabes que él, de una manera u otra, estará bien. Su destino es el cielo. Es el infierno lo que nos espera a nosotros aquí abajo.

-¡No puedo resignarme! ¡Incluso si pudiera darle por perdido, algo que nunca podré hacer mientras viva, no sé si está bien! Si lo supiera, si tuviera la absoluta seguridad de que mi hijo está bien, que está feliz en algún sitio, podría llegar a plantearme una vida sin él y por su propio bien dejaría de buscar un medio egoísta de hacerle regresar, por mucho que esa decisión me doliera, pero es que no lo sé. ¡No sé si mi hijo está bien! ¿Qué ocurre si su alma está perdida? Murió en otra línea temporal en la que él como tal, como Mirai, nunca existió, quizá no ha encontrado el camino de regreso y esté perdido, solo, quizá asustado, sufriendo y necesitándome, porque nadie sino yo irá a salvarle. Sin mí, si yo dejo de intentarlo, puede estar condenado y no permitiré que eso pase. Hasta que no sepa que esté bien, no me resignaré a perder a mi hijo.

-No puedes saber si está bien. Nunca podrás tener esa certeza, pero, si consiguió encontrar el camino cuando Célula lo mató en este tiempo, tanto para irse como para volver con nosotros, ¿qué te hace pensar que esta vez no lo encontrará? ¿Por qué no?

-¿Por qué sí? ¡Soy su padre, no podré dejar de preocuparme por él hasta que sepa por todos los medios posibles que está bien! ¡Y no puedo saberlo, pero hasta que no lo sepa para poder salvarle en caso de que esté en peligro, jamás me resignaré a haberlo perdido y me pasaré todos los segundos que me restan de la vida que tengo por su sacrificio buscando el medio para salvarle!

-¿Renunciarás a la vida que te ha otorgado sacrificándose? ¿Harás así inútil su muerte?

-¡Si él se sacrificó para darme la oportunidad de vivir, entonces puedo usar mi vida para lo que de la gana y si quiero malgastarla buscándole hasta el fin de mis días, tengo el derecho a hacerlo!

-¡Tienes otros dos hijos, permíteme que te lo recuerde! ¿Vas a abandonarlos?

-¡Por Dios, Bulma, mis otros dos hijos ya están criados y son adultos! Yo siempre les ayudaré y si tienen algún problema tanto Trunks como Bra sabrán como encontrarme, pero es ahora mismo Mirai el que quizá esté en peligro y no antepondré el bienestar de mis dos hijos presentes a la seguridad del primero.

-¿Y a mí? ¿También me abandonarás a mí? –preguntó Bulma. Vegeta la miró, por primera vez a los ojos desde el comienzo de su conversación.

-Bulma, no me hagas elegir, porque mi respuesta ya la sabes y sé también que estarías muy decepcionada si pensara de otra manera. No intentes chantajearme para hacer algo que no puedo hacer.

-Lo sé y tienes razón, me sentiría muy decepcionada si no eligieras a tu hijo sobre tu esposa, pero olvidas que yo también he perdido un hijo. Un hijo muy querido del que me sentía infinitamente orgullosa, tanto por su fuerza de voluntad como por su corazón de guerrero, por su alma pura en el que veía lo mejor que había conseguido hacer en mi vida, aunque no fuera realmente su madre. Y, a diferencia de ti, no he podido ni siquiera intentar salvarle, no he podido luchar por él, no he podido acunarle en sus brazos mientras se moría y apenas si pude llorar todo lo que quise sobre su cuerpo mientras perdía a mi marido que se iba en busca de un ideal que le iba a llevar a la autodestrucción. ¡Yo tampoco quiero dejarle ir, a mí también me gustaría creer que hay alguna forma mágica de hacerle volver, aunque solo sea una vez más para poderle decir lo orgullosa que me siento de él, lo muchísimo que lo quiero y que siento mucho más de lo que puede él llegar a imaginar el no haber sido nunca lo suficientemente fuerte para defenderle, pero tengo que hacerlo! He tenido que convencerme a mí misma que cada vez que suena la puerta no es él, que día tras día después de soñar con él toda la noche no voy a verte aparecer con él a tu espalda por la puerta de la cocina una vez más renegando de todos los diablos del Infierno por hacerle sufrir...por Dios, ni siquiera aún hoy puedo mirar a Trunks a los ojos sin ponerme a llorar, no soy capaz de estar más de cinco minutos en la misma habitación que mi propio hijo sin pensar en lo que le pasó a su yo futuro y querer morirme. ¿Crees que yo no sufro? ¿Crees que yo no quiero traerle de vuelta? ¡Por supuesto que quiero! ¡Con todos los medios a mi alcance intenté conseguir información, datos, ayuda, cualquier cosa que me diera una esperanza de que puedo recuperar a mi hijo, de que no lo he perdido para siempre, pero al final tuve que resignarme ante la evidencia de que la muerte, a la que tanto tiempo hemos burlado con éxito, se nos ha vuelto invencible, como siempre debió ser! No creas que eres el único que lo está pasando mal con esto, Vegeta, no creas que eres el único que se ha sentido culpable o que ha pensado que cualquier pequeño movimiento que hubiera podido hacer ese día hubiese evitado su muerte, pero no podemos volver atrás en el tiempo y tenemos que seguir adelante, aunque duela en el alma cada minuto que vivamos sin él –le dijo Bulma. Vegeta la miró con la mirada de un niño perdido que espera del mundo que le ha dañado una razón por los actos cometidos que no alcanza a comprender.

-¿Por qué? ¿Por qué tenemos que vivir sin él? ¿Por qué tenemos que resignarnos?–preguntó Vegeta. Bulma sonrió amargamente y dejó que Vegeta apoyara su cabeza en su regazo mientras le acariciaba el pelo.

-Mirai te preguntó tantas veces eso mismo mientras estaba vivo recordando a su familia...recuerda las palabras que le decías a él.

-Se las decía para hacerle sentir mejor, porque no quería que sufriera, no porque las creyera.

-Aún así, no tenías menos razón. Mirai vino aquí para salvarnos a ambos, para darnos una nueva oportunidad; desperdiciando nuestras vidas hacemos vano todo aquello en lo que creyó y por lo que luchó hasta sus últimas consecuencias. Todavía tenemos una misión en este mundo, Vegeta; si no ya hubiéramos desaparecido después de todas las buenas oportunidades que hemos tenido para ello...o al menos eso me gusta pensar, porque hay días que si no me sujeto a esa creencia el dolor parece insoportable y tengo que ser fuerte...aún tenemos otros dos hijos que también han sufrido mucho con lo que ha ocurrido...sobre todo Trunks, durante mucho tiempo ni Bra, ni Gohan, ni yo pudimos soportar siquiera su presencia, lo ha pasado muy mal, estaba muy unido... a su hermano mayor...

-Trunks lo comprende...

-Pero eso no hace que duela menos –le dijo Bulma. Viendo las primeras luces del amanecer darles la bienvenida desde la ventana con sus ojos aún arrasados en lágrimas, ambos padres lloraron la memoria de su hijo en silencio hasta que, cuando el sol ya estuvo muy alto en el cielo, ya no le quedaron, por el momento, más lágrimas que derramar.

-No me resignaré a perderle.

-¿Se le puede pedir eso a un padre, acaso?

-No puedo resignarme. Nunca podré hacerlo. Siempre le buscaré, esté aquí o en lo más profundo del espacio, su recuerdo siempre estará conmigo hasta el día que me reúna con él y seguiré la más mínima esperanza que pueda traerle de vuelta conmigo, sea ahora, mañana o dentro de cincuenta años, me da igual, porque siempre será mi hijo.

-Ya lo sé. Yo tampoco podré resignarme nunca pero rezaré cada día, por nuestro hijo perdido y por ti, para que algún día encuentres la paz. Es lo único que puedo hacer, porque ambos sabemos que no puedes encontrar las respuestas que necesitas, que siempre las buscarás y que yo solo puedo pedir a todos los dioses que conozco que protejan tu alma y tu corazón de la autodestrucción a la que su recuerdo te acabará llevando si no dejas de luchar. Eres todo un guerrero, amor, como lo fue él; pero esta batalla no la puedes ganar y solo espero que, algún día, aprendas a vivir con su recuerdo, porque el dolor de su pérdida nunca se irá de tu corazón...ni del mío.

-Yo no creo en los dioses. Si existen, ellos me abandonaron hace mucho tiempo...al igual que abandonaron a mi hijo al sufrimiento y a la muerte. Aquellos que conocimos en el otro mundo o en otros planetas no son más que encarnaciones de lo que los humanos les gustaría que fueran, pero no tienen poder; rogarles es inútil, Bulma. Pierdes tu tiempo.

-Quizás, pero es lo único que puedo hacer ya por nuestro hijo...y por ti, amor. Rezar por ti, para que esto no termine de destruirte y pierda tu alma, imbuida en la locura y el sufrimiento, al igual que perdí a mi hijo.


-¿Cuánto tiempo ha pasado desde entonces? –preguntó Gohan, dando un sorbo a su taza de café, después de que Bulma terminara de contarle lo que sucedió entre ella y Vegeta la noche en que volvió de su viaje a través del universo. Bulma suspiró.

-Seis meses. Al día siguiente, como siempre que le ocurre algo que él considera emocional o una debilidad, actuó como si nada hubiera ocurrido, pero ya no es el que era. Ha pasado incluso la fecha del aniversario de su muerte y todo sigue igual. Gohan, ya sé...que es algo demasiado personal y no debería estarte contando esto, pero...estoy desesperada. Vegeta se ha convertido en un autómata desde ese momento: solo come, duerme y se asea por instinto, apenas entrena, habla o sale de casa, para él es como si el mundo se hubiera parado desde el mismo momento en el que se dio cuenta de que no podía salvar a Mirai. Lo único que hace aparte de pasear de arriba abajo en la habitación de Mirai es jugar a ser el guardián de Trunks y de Bra veinticuatro horas al día, siete días a la semana. Dondequiera que vayan, hagan lo que hagan, siempre tienen a su padre como una sombra pegada a ellos, sin permitir que se aparten un solo momento de su vista. Por Dios, si hasta Trunks tuvo que dejarle inconsciente una vez para poder tener un momento...íntimo con Andrómeda...

-Es normal. Secuestraron a su hijo mayor cuando se apartó unas horas de su vista para dormir y a consecuencia de eso le mataron, no volverá a cometer ese mismo error con los dos que le quedan –le dijo Gohan.

-Pero todo esto se nos está yendo de las manos. No para de pensar en Mirai día y noche; si no duerme en su cama, en su habitación, donde aún puede sentir su presencia después de tantos meses no puede conciliar el sueño; lleva esa maldita espada que le dio a todas partes, no se separa de ella para nada e incluso se pone su ropa para sentir que está con él mientras se pasa las horas muertas frente a su maldita tumba...Gohan, se está volviendo loco. Necesita ayuda.

-Ha perdido a su hijo, con el que además le unía un vínculo muy especial, no puedes pretender que vuelva a ser el mismo de antes porque eso es imposible.

-Ya lo sé y no es eso lo que quiero, pero día tras día está perdiendo un poco más la poca cordura que le queda tras la muerte de Mirai. No puedo quedarme quieta mientras mi marido se vuelve loco...He intentado hacer lo posible por ayudarle, Dios sabe que lo he intentado todo, pero a mí no me escucha...Tú eres mi última esperanza.

-Lidiar con la pérdida de un hijo...sobre todo de uno como lo fue Mirai, con todas las circunstancias que rodearon tanto su vida como su muerte...es casi imposible. Si algo así le sucediese a Pan, creo que yo no podría seguir viviendo, Vegeta es para mí un héroe tan solo por mantenerse vivo después de lo que ocurrió...Bulma, si le hubieras visto ese día, cuando le vio morir en sus brazos... casi pude oír a su corazón romperse en pedazos cuando se dio cuenta de que estaba muerto. Tenéis que buscar ayuda profesional, no podéis superarlo solos –le dijo Gohan. Bulma dejó escapar una risa escéptica.

-Si, ya...Voy a un psiquiatra y le explico que mi marido, el príncipe súper guerrero extraterrestre de un planeta extinto se está volviendo loco porque su hijo, pero no el que tiene aquí sino uno que vino del futuro en una máquina del tiempo, murió por salvarle de una horda de asesinos venidos del espacio exterior para vengarse de él por exterminar a toda su población hace más de cincuenta años...¡Vamos, Gohan! Sabes que nadie nos creerá. Si pido ayuda profesional, no solo él, sino todos nosotros, acabaremos en el manicomio de por vida.

-Tienes razón. Lo siento, Bulma. Realmente quiero ayudaros, pero no sé cómo...Si tú no puedes inculcarle un poco de cordura, no creo que nadie pueda. Sabes perfectamente como es Vegeta, nunca dejará que nadie se entrometa en sus asuntos. Si intento sacar el tema, seguramente me mandará a volar de un puñetazo con la advertencia de que la próxima vez que intente meterme en su vida me arrancará la cabeza como debió haber hecho desde el primer día en el que se dio cuenta de que yo era el pequeño engendro de Kakarot. Vegeta no confía en nadie y siempre me verá como un niño. A los únicos que respetaba lo suficiente como para que se dejara aconsejar por ellos eran Picolo, papá y Mirai...y ninguno de ellos está ya. Aunque lo intente, no me escuchará.

-Te equivocas. De los que quedan, quizá sea a ti el que más respete aparte de a Trunks, pero jamás dejará que su propio hijo le aconseje sobre cómo debe comportarse. Él confía en ti y la mayor prueba la tienes en que mientras Mirai estuvo herido o enfermo fue capaz de dejarlo a tu cargo con total seguridad, sabiendo que tú le protegerías tanto a él como a sus secretos, algo que nunca hizo con ninguno de los demás. Además, él aprecia lo mucho que te quería Mirai y lo que hiciste por protegerle y entrenarle mientras tu yo futuro estuvo vivo...solo por ese vínculo que os unía, aunque no existieran ninguna otra de tus virtudes, Vegeta estará dispuesto a respetar todo lo que digas respecto a Mirai siempre y cuando lo hagas con cautela. Que te haga caso, me temo, es otra cuestión muy distinta.

-Bulma, yo apreciaba mucho a Mirai, tú lo sabes. Aquellos meses que pasamos juntos en la sala del Alma y el Tiempo fueron muy reveladores para ambos y me contó muchas cosas sobre nuestra relación que yo ni siquiera hubiera podido imaginar, pero que ayudaron mucho a fortalecer nuestra amistad. Le quise como a un hermano y solo un día después de salir de allí me fue arrebatado. No puedo decirle a Vegeta que se resigne a no volverlo a ver hasta el día de su muerte cuando yo no he podido hacerlo todavía.

-Como si no fuera lo suficientemente devastador... perder a un hijo... –comenzó a decir Bulma, mientras sentía cómo sus ojos se llenaban de lágrimas. Gohan se inclinó sobre la mesa que compartían en la Capsule Corp. y la cogió de la mano, recibiendo por parte de la que consideraba su tía una débil sonrisa de agradecimiento-... Vegeta se siente tres veces culpable por ella: en primer lugar porque piensa que le falló en el futuro cuando murió en manos de los androides dejándoos a Mirai y a ti como únicos protectores de la Tierra y de vuestras familias sabiendo lo que eso supondría para vosotros, y porque, del mismo modo, cuando estuvo en peligro en el presente con Célula no pudo salvarlo y su hijo pagó su ineptitud con su vida; en segundo lugar, sabe que si él no hubiera cometido tantos errores en el pasado, esos monstruos nunca hubieran atacado a su hijo y ni su nuera ni su nieto hubieran sido asesinados delante de Mirai haciéndole sufrir tanto y, en tercer lugar, él tiene la convicción de que su alma, después de su muerte en un plano que no le corresponde, puede estar perdida y le aterra la idea de que esté solo, sufriendo y esperando desesperadamente que su padre acuda en su ayuda y que él no pueda escuchar su llamada, de que no pueda ayudarle. Eso es lo que verdaderamente le está destrozando. Si tuviera la seguridad de que Mirai está bien, de que está con sus seres queridos, su ausencia no le dolería menos pero sería capaz de seguir adelante, al menos por Trunks y por Bra. He intentado hacerle ver que si la última vez que murió en nuestro tiempo durante el Torneo de Célula encontró el camino al otro mundo y para ser resucitado, no tiene por qué haber ahora ningún problema, pero él siempre contesta que eso no lo sabemos y que si hubiera habido algún problema la vez anterior, Mirai nunca nos los hubiera dicho para no preocuparnos mientras pensaba cómo podía arreglar las cosas por sí mismo, como hacía siempre, por lo que no podía tener la seguridad de que su hijo está bien y he de reconocer que en esa última réplica tiene razón. Pensando que está en peligro, él se convierte en su máxima prioridad y su alma no tendrá paz hasta que sepa que su hijo está bien o muera intentando averiguarlo.

-Si ese es su mayor temor, no puedo hacer nada por evitarlo, porque yo no puedo darle las pruebas que su corazón necesita para saber que Mirai está bien. Nadie que conozcamos puede dárselas y Trunks me dijo que el Decano de los Dioses y Kibishin ya se habían negado a otorgársela.

-Sí, Trunks también está muy preocupado por su cordura y fue al Decano de los Dioses para pedirle que dejara que Vegeta viera a Mirai una última vez, que le diera al menos la información necesaria para que supiera que estaba bien, pero todo resultó en balde. El Decano dijo que el mundo de los vivos y de los muertos no debía mezclarse nunca y que nosotros, ya que no teníamos ningún medio para resucitarlo, debíamos aprender a convivir con su muerte como el resto de los mortales. Sé que el Decano estaba deseando ayudarnos, pero por alguna razón que se me escapa, parece que no puede.

-Hemos burlado demasiadas veces las leyes de la naturaleza para esperar nuevas mercedes. Ahora me arrepiento de haber hecho tantas tonterías con esas bolas...quizá, si no las hubiéramos hecho, ahora tendríamos un deseo más para hacerle regresar... –murmuró Gohan.

-Ya le resucitamos una vez con las bolas de dragón de la Tierra, no hubiera funcionado.

-Pero nos habrían dado respuestas...y quizá paz de mente para Vegeta –suspiró Gohan-. Bulma, hablaré con Vegeta si es lo que quieres, pero desde el principio tengo que decirte que no creo que vaya a servir de nada. Vegeta necesita saber que su hijo está bien y nada de lo que nosotros podamos decirle le dará esa prueba que tanto necesita. Pensando que su hijo está en peligro apenas si puede respirar sin pensar un segundo en que él quizá esté sufriendo y hasta que no se le quite esa idea de la cabeza no podrá seguir adelante. La vida seguirá para él como lo hacen las cosas que no tienen sentido, se levantará cada mañana porque tiene que hacerlo, comerá porque no tendrá otra opción y pensará en él todos los días hasta que sepa que está seguro. No creo que nadie pueda hacer algo por él; solo el mismo Vegeta puede ayudarse y no lo hará.

-Hará lo que piensa que debe hacer, Gohan. Y lo que cree es que debe actuar como un guerrero que se venga de aquellos que le dañan pero que protege a quienes le son fieles hasta el final de sus días. Sobre todo a su hijo y heredero, a su amigo, aquel que murió por salvarle y que, por eso mismo, se merece todos los sacrificios que pueda hacer por él. En su alma de guerrero no tiene cabida la idea de abandonarle y...por eso...está preparando otro viaje.

-¿Se va al universo?

-No se lo ha dicho a nadie...Él piensa que como prepara la nave y busca provisiones de comida y combustible por la noche, cuando me cree dormida, no me he dado cuenta de su maniobra, pero yo le conozco mejor que nadie y sé que quiere irse a seguir buscando en el universo alguna respuesta, algún medio de hacerle volver a sus brazos, pero que no le ponga en peligro. No lo conseguirá, todos lo sabemos, pero él no puede dejar de intentarlo y, esta vez...no estoy muy segura de que vaya a volver sin la seguridad que busca. Puede, entonces, que no vuelva nunca.

-Eso no lo sabes...Vegeta siempre vuelve a ti.

-No intentes jugar conmigo, Gohan, esta vez no volverá. Tú eres padre también, lo sabes, su hijo está por encima de todo, de mi, del mundo, de sus ambiciones, de su orgullo, de todo. Solo aparecerá si piensa que sus otros dos hijos están en peligro cierto, pero si no es así, volverá con Mirai o no volverá nunca. Y nosotros sabemos que Mirai no va a volver.

-La esperanza es lo último que se pierde, Bulma. Vegeta no la perderá.

-Pues la vida se la arrebatará, junto con su cordura...y la mía si le pierdo a él también. No creo que pudiera superar su muerte, Gohan...no después de perder a Mirai. Por eso tengo que hacer todo lo posible por retenerle, junto a mí, junto a sus otros dos hijos que también le adoran y han sufrido lo indecible tras la muerte de su hermano...no puedo perderle, no quiero perderle más de lo que lo está ya...

-Ya te he dicho que hablaré con él pero, por muy dura que sea su ausencia para vosotros tres...esta es una batalla que tiene que luchar solo. Y vencer o perecer si es preciso.


Vegeta suspiró mientras, una mañana más, se colgaba la espada de su hijo al hombro y salía de su habitación rumbo a la cámara de gravedad. Una noche más había pasado prácticamente en blanco para él, como lo eran todas en las que el rostro de su hijo volvía para embrujar sus pesadillas. Miró por la ventana y pudo ver a sus vecinos reir a tenor de una broma que para él no tenía sentido, disfrutando de la felicidad, de la risa, del sueño que para él era negado. No, no le importaba que él no disfrutara de esas cosas. Le molestaba que Mirai no pudiera hacerlo y que aquellos seres inferiores, al igual que al resto de la humanidad, no les importase lo más mínimo que así fuera. Mirai se había sacrificado una vez y otra, sin tener en cuenta ni su felicidad ni su salud, para que gente como aquella pudiera sobrevivir un día más, sí él no hubiera ido nunca al pasado sin duda alguna estarían casi todos muertos, pero ahora que era su hijo el difunto, su memoria no había arrancado ninguna lágrima sincera entre aquellos que se lo debían todo. Ellos ni siquiera recordaban el nombre de su salvador. Sacrificó su futuro para cambiar su pasado y ellos ni siquiera recordaban su nombre. Su mera existencia había pasado desapercibida para todos ajenos a la pequeña familia de guerreros que habían construido en medio de aquella ignorante humanidad, como un remanso de fuerza en medio del caos. Muchas veces, sentía la necesidad de gritar a los cuatro vientos para todos aquellos que vivían sin ningún remordimiento sus insulsas vidas que seguían sintiendo gracias al sacrificio de su olvidado hijo, que sin él no serían más que polvo olvidado en cualquier fosa, pero solo le tomarían por un loco y su memoria se vería más empañada por sus burlas que por su olvido. Vegeta suspiró. Aquel era un pensamiento recurrente en él cada vez que veía como todo el mundo parecía seguir adelante tan fácilmente después de que su hijo muriera, como si nunca hubiese existido. Sin embargo, aunque lo pareciera, aquel no era un día corriente.

Casi todo estaba listo para su viaje; Bulma lo sabía aunque no le hubiera dicho una palabra, se conocían demasiado bien como para que esperara que Bulma no se diera cuenta de su maniobra y de las motivaciones de la misma. Se iría al día siguiente, de madrugada; así les evitaría a los tres una nueva despedida que no iba a ser para siempre. Volvería con él o, al menos, con la certeza de que estaba bien en el otro mundo, o solo volvería a la Tierra de vez en cuando para asegurarse de que el resto de su familia estaba bien. Pero no podía prometerles más. No podía traicionar a Mirai por ellos mientras estuvieran bien. Ya había esperado demasiado, tratando de alcanzar esa resignación que todos le recomendaban que tuviera, pero esta no llegaba y él estaba harto de ser un guerrero en tiempos de paz cuando era el alma de su cachorro la que estaba en juego. Pensando en Mirai, deseó poder salir hacia el espacio en aquel mismo momento, pero no podía hacerlo, al menos hasta el día siguiente. Ese día, debía estar con ellos. Era un momento duro para ellos también; no podía dejarles solos para celebrarlo recordándole como había hecho el año anterior. Celebraría junto a ellos el cumpleaños de Trunks y, por tanto, el de Mirai, sabiendo que, como siempre, tendría una tarta con su nombre y una torre de regalos por parte de su esposa y sus hijos también ese día.

Cuando llegó a la cocina, Vegeta tuvo la confirmación de que no se había equivocado. Allí reposaban tres tartas, una con el nombre de Trunks, otra con el de Mirai y la última con su propio apelativo, Vegeta. Él aún no comprendía por qué demonios Bulma le daba tanta importancia a los cumpleaños, hasta el punto de que había buscado una fecha para el suyo cuando le dijo que él nunca había sabido el día en el que nació. Era cierto; en Vegetasei lo único que importaba era la generación, el año en el que habías nacido para poder ser entrenado y educado junto a aquellos que habían llegado al mundo el mismo que tú para llegar a ser parte del hasta entonces imbatible ejército del planeta Vegeta cuando fueran adultos, sin conocer más familia que aquellos compañeros que le habían tocado en suerte o en desgracia. Así se lo había explicado a Bulma aquel día que, estando ella embarazada de Trunks y de demasiado mal humor para aceptar una respuesta evasiva de su compañero, le había preguntado por el día de su natalicio. Bulma se negó a aceptar que su marido no tuviera un día en el que poder celebrar que seguía vivo, pero sabía perfectamente que él evitaría durante todos los días del resto de su vida conyugal cualquier día que eligiese, excepto uno...el día en el que volvió a nacer en la Tierra. El día que su alma, que su conciencia, que el amor nació en él. El día del nacimiento de su primer hijo, Trunks.

-¡Maldita manipuladora! –pensó Vegeta, al recordar ese día. Ella sabía que no iba a faltar a aquella celebración humana que parecía tan importante para Bulma y para Trunks y utilizó eso en su contra para obligarle a celebrar su propia vida el único día en el que por el bien de su hijo no podía huir ni protestar. Y así, año tras año desde hacía más de veinticinco, había soplado las velas y abierto los regalos que le ofrecían junto a su hijo como si fuera verdaderamente su cumpleaños solo para hacer feliz a su familia. El año anterior, mientras estaba de viaje por el universo buscando la forma de recuperar a Mirai, había sido el primero desde hacía mucho tiempo en que había faltado a aquella cita, dejando a su familia no solo con su ausencia, sino también con la del otro homenajeado aquel día: Mirai. Vegeta no pudo evitar recorrer con un dedo ausente las letras que dibujaban el nombre de su hijo sobre la tarta de chocolate que Bulma insistía, como ocurría con él, en preparar personalmente para su cumpleaños, rogando una vez más a quien quisiera oírle que estuviera bien, al menos, hasta que él llegara en su busca.

-Si esas tartas saben tan bien como aparentan, significa que mamá ha mejorado mucho su forma de cocinar. Mis tartas de cumpleaños siempre han sido difíciles de comer y mucho más complicadas de esconder –dijo una voz, a su espalda. La sangre de Vegeta se congeló en sus venas. Él conocía esa voz, pero no podía ser. Su hijo estaba en el trabajo, Andrómeda, Bulma y Bra habían ido a buscarle por su cumpleaños y era imposible que hubieran llegado ya, además, habría notado su energía. No, no era su hijo. Y no podía ser el otro. No podía creerlo.

-¿Papá? –volvió a decir aquel desconocido. Vegeta se volvió muy lentamente hasta que, por fin, sus ojos se encontraron con los del propietario de aquella voz. Parecía que sus ojos azules podían atravesar su alma, dejando al una vez todopoderoso príncipe Vegeta congelado en su posición, pensando en que debía haber perdido la poca cordura que le quedaba.

-¿Mirai? ¿Eres tú? –consiguió preguntar Vegeta con un hilo de voz tras un largo rato. Con una gran sonrisa, el desconocido asintió.

-Papá, no te estás volviendo loco, soy yo. De verdad soy yo –le dijo Mirai. Vegeta negó con la cabeza, sin poder creer que, después de tanto tiempo, era verdad que su hijo perdido estaba ante sus ojos. Mirai no se movió del marco de la puerta donde estaba apoyado, deseando darle el tiempo suficiente para salir de su estupor y tan solo le sonrió mientras señalaba a su cabeza con su dedo índice para que Vegeta se fijara en el nimbo dorado que indicaba su condición de difunto. Su padre simplemente le miró de arriba abajo, completamente estupefacto: aquel hombre que era igual a su difunto hijo llevaba puesto el mismo pijama blanco con el que Mirai había muerto más de un año antes, tenía los mismos mechones de pelo lila que había acariciado tantas noches hasta que se había quedado dormido en sus brazos, pero, sobre todo, estaban sus ojos...aquellos ojos azul cielo esperanzado que tan bien conocía que le sonreían de una manera mucho más profunda que su boca. Sí, era él. Sus ojos azules como los de su Bulma no podían mentir, no podían engañarlo. Era su hijo. De verdad era él. Y mientras sentía que sus ojos se llenaban de lágrimas se lanzó a los brazos abiertos de su hijo, sin pararse a pensar un solo segundo por qué estaba allí o como era posible que aquello pudiera suceder.

-¡Trunks, hijo mío! –le gritó, abrazándole. Mirai le abrazó a su vez mientras ambos caían al suelo-. ¡Dime que esto no es una ilusión, por favor, dime que no es un sueño y yo te creeré! ¡Dímelo, por favor!

-No es un sueño, no soy una ilusión y no te estás volviendo loco. Soy real. Mírame, papá –le dijo, sujetándole la cara y obligándole a mirarlo con sus ojos negros arrasados en lágrimas-, soy real. Créeme. He llegado aquí porque...

-¡ME IMPORTA UN CARAJO COMO HAS LLEGADO AQUÍ, NI POR QUÉ LO HAS HECHO! –le interrumpió Vegeta, acariciando su pelo como si todavía no pudiera dejar de pensar que era un producto de su imaginación-. ¿ESTÁS BIEN? Porque si no lo estás moveré cielo y tierra para ayudarte, sabes que lo haré, solo dime una palabra y te ayudaré...

-Papá, papá, escúchame. Estoy bien. Todo este tiempo he estado bien. Bueno, tan bien como lo puede estar un muerto –le dijo Mirai, mirándole a los ojos. Vegeta dejó escapar un suspiro aliviado y volvió a abrazarle, temiendo que en el momento en el que le dejara ir desapareciera de sus brazos-. Encontré mi camino al mundo de los muertos...sea de la dimensión que sea, el Cielo y el Infierno son siempre los mismos. No había pérdida posible solo porque yo hubiera muerto una dimensión que no me correspondía; el otro mundo sigue siendo el mismo para todos. Estoy bien y no estoy solo; tu otro yo está cuidando de mí, al igual que mamá, Goku, Picolo, Gohan y Andy, están todos conmigo, ya no estoy solo. No tienes que preocuparte por mí. Todo está bien.

-¡NO, NADA ESTÁ BIEN, TÚ NO ESTÁS CONMIGO, NO ESTÁS DONDE PUEDA PROTEGERTE! ¿Dónde estás? ¡Iré a buscarte! –le dijo Vegeta. Una vez más, Mirai le obligó a mirarle a los ojos y negó con la cabeza.

-Tú no tienes que ir a ningún sitio, papá. Yo estoy muerto y tú vivo. Mi alma encontró la paz, encontró su camino y, por deferencia a lo que hice, a lo que todos hicimos por el universo me permitieron conservar mi cuerpo intacto, a mí y a toda mi familia, porque, sin ser guerreros, mamá y Andy también lo conservaron, al igual que nuestros recuerdos. Seguimos siendo los mismos y eso es una bendición mucho mayor de la que podíamos esperar.

-¿Dónde estás ahora? –volvió a preguntar Vegeta.

-Cuando morí, me enviaron directamente al Cielo, con los Goku y Gohan de mi futuro y Andrómeda, pero realmente me parecía muy aburrido, así que se puede decir que existo a medio camino entre el Cielo y el Infierno, donde estáis mamá, tú y una gran cantidad de enemigos a los que puedo patear el culo por toda la eternidad. Eso siempre es un divertimento agradable.

-¿Bulma está en el Infierno? No puedo creerlo.

-Estaba destinada al Cielo, pero ella hizo exactamente lo que yo te dije que haría y se puso a gritar en medio de la cola celestial para que la llevaran a donde estaba su marido. Y tú sabes que cuando mamá se pone a gritar, cualquiera haría lo que fuera para que se callara. Y Emma Daioh no ha sido una excepción, así que la envió al Infierno donde ella quería ir, con papá. Él protege su alma, como siempre lo ha hecho, y ella está junto con el hombre que añoró cada día durante los años que le sobrevivió, así que ambos están felices, aunque estén en el Infierno. Dicen que no importa donde estés siempre que te encuentres con la persona a la que amas. En su caso, eso es totalmente cierto.

-Él...quiero decir, yo...mi yo futuro...¿te trata bien? ¿Se comporta contigo...como mereces o sigue siendo el bastardo que yo era la primera vez que te vi? –preguntó Vegeta. Mirai dejó escapar una risa entrecortada.

-Pasar tanto tiempo en el Infierno no cambió nada de su personalidad. Vivir allí era tan parecido a lo que tenía que soportar cuando estaba vivo en manos de Freezer que se encontraba prácticamente en su ambiente natural. Solo siguió siendo lo que fue antes de conocer a mamá, pero no nos olvidó. Pese a lo mucho que quiso, nunca pudo hacerlo. Y cada vez que Gohan y yo matábamos a algún enemigo que no eran los androides, ellos iban directos al infierno donde contaban a mi padre el aspecto que tenían aquellos dos guerreros, que no eran más que dos críos, que les habían arrancado del mundo de los vivos y, poco a poco, mi padre comenzó a conocerme a través de las historias que les contaban aquellos desgraciados sobre un guerrero de cabellos lilas y mirada de fuego azul que protegía el universo con su vida. Esos desgraciados exageraron siempre mis virtudes, sobre todo al principio; a nadie le gusta ser enviado al Infierno por un mocoso que apenas levanta dos palmos del suelo. Pero así, mi padre aprendió a admirarme y a sentirse orgulloso de mí, aunque no me había visto desde que era una bola de carne. Luego, cuando Gohan murió y fue a verle al infierno, le contó muchas cosas más, al igual que mamá y aprendió a quererme, a su modo, desde la distancia, sintiéndose orgulloso de mí con cada nuevo monstruo que enviaba a sus manos, cada uno más fuerte que el anterior. Cuando me encontré cara a cara con él, yo era ya un gran guerrero en su mente y, para el Vegeta que nunca llegó a cambiar, eso era quizá lo más importante que podía llegar a desear para su hijo y nos llevamos bien, pero él...no eres tú. Él es mi padre, pero tú siempre serás mi papá...ese título te lo reservo solo a ti y él siempre dice que cuando te encuentre en el Infierno te pedirá cuentas porque le debes un hijo. Te echo mucho de menos, papá –le dijo Mirai, abrazando a Vegeta.

-No te preocupes, hijo, voy encontrar el modo de resucitarte y volveremos a estar juntos, ya lo veras, yo... –comenzó a decir Vegeta, pero la voz autoritaria de Mirai le interrumpió.

-¡No! Yo ya estoy muerto, tú no tienes que hacer nada. Cumplí mi misión en este mundo, era mi momento, nunca podrás resucitarme, por mucho que lo intentes, porque tenía que desaparecer en ese momento de mi existencia. Era mi destino morir cuando lo hice y como lo hice, mientras que el tuyo es seguir vivo.

-¡Me niego a hacerlo! Trunks, déjame salvarte, por favor...

-Pero, papá, ¿no entiendes que tú ya me has salvado? Me salvaste cuando estaba vivo, me sacaste de las garras de la locura y me guiaste mientras estuve cegado por la oscuridad de mi sufrimiento hasta que pude volver a vivir de nuevo. Tú me amaste cuando nadie me quedaba y me diste paz. Me hiciste feliz cuando durante años nunca pensé que nadie pudiera hacerlo de nuevo y por todos los santos, sé perfectamente que hiciste lo posible y lo imposible para mantenerme con vida, pero no pudiste, nadie podía porque era mi momento. A veces, y tú lo sabes, no importa lo poderosos que seamos que no somos capaces de arreglarlo todo. Tú ya me has salvado, papá; deja de intentar conseguir algo que no puedes lograr.

-¡No puedo resignarme a dejar morir a mi propio hijo! Por favor, Trunks, no te resignes tú tampoco, la muerte no es la solución a los problemas que tenías mientras vivías. Por favor, no te dejes vencer.

-Papá, escúchame: la muerte no es la solución, pero tampoco es una condena. No pienses que te estoy diciendo esto porque sufría mucho en la Tierra, no es así. Los últimos días que pasamos juntos terminaste de convencerme de que valía la pena vivir, estaba dispuesto a quedarme a vuestro lado, te lo dije, y comenzar una nueva vida, pero a veces las cosas no salen como nosotros las queremos; muy a menudo, suceden justo al revés. Tú lo sabes, las cosas son muy diferentes allí arriba: no se siente, no se comprende, no se existe igual...pero yo sabía muy bien a lo que me arriesgaba cuando te salvé y te aseguro que no me arrepiento de nada de lo que hice. Tú hiciste lo que pudiste, mucho más de lo que una gran cantidad de personas hubieran hecho en tu lugar, si hubiera habido alguna forma de salvarme lo habrías conseguido, pero no la hubo porque era mi momento. El mío, no el tuyo. Tú tienes que seguir adelante, tienes que vivir por los dos. Si no quieres vivir por ti, vive por mí. Pero ha llegado la hora de que me dejes ir.

-No puedo, Trunks...no puedo, no quiero perderte...

-Pero tú no me perderás porque, en primer lugar, nunca me has perdido. Por eso estoy aquí hoy, por ti. Nos hemos llegado a conocer muy bien el uno al otro durante estos meses, papá; sabía que te culparías de mi muerte, que te abandonarías al dolor y a la locura pensando que yo estaba perdido y necesitaba hacerte saber que estaba bien. Es lo que he estado intentando hacer desde que me morí...Kaito intentó comunicarse contigo, pero cada vez que oías mi voz en tu cabeza pensabas que te estabas volviendo loco y no me hacías caso, tenia que buscar una manera de venir aquí. Pedí permiso para pasar un día con vosotros, como hizo Goku, pero no me lo concedieron...ellos decían que había pasado muy poco tiempo, que mi familia debía aprender a vivir con mi ausencia mucho antes de que yo obtuviera un permiso especial para volver...qué diablos sabrán ellos –blasfemó Trunks. Vegeta no pudo evitar dejar escapar una sonrisa orgullosa; le encantaba que sus hijos se parecieran a él-. Así que tuvimos que buscar un medio alternativo.

-¿Cuál?

-Una fuga. Me acabo de fugar del mundo de los muertos para verte, papá, deberías sentirte orgulloso. Aún conservo mi cuerpo, así que técnicamente es posible. Solo he tenido que convencer a mi padre, a Gohan y a Goku para que hicieran un poco de escándalo en el Inframundo...liberar a Freezer de su prisión infernal fue más que suficiente para sembrar el caos y, mientras todos los operarios estaban intentando contenerle de nuevo y evitar que nosotros cuatro hiciésemos un estropicio aún mayor, dejé inconsciente a Emma Daioh y me fugué lo más rápido que pude hasta la entrada del laberinto del dragón.

-¿Es tan fácil?

-Suena fácil. No sabía si iba a funcionar, pero tenía que intentarlo. Y si me atrapaban, ¿qué es lo peor que podían hacerme, si ya estoy muerto? Y tú eres muy respetado en el Infierno; nadie se atreverá a ponerle una mano encima al hijo del gran Vegeta por muchos problemas que cause. Además, ¿qué no pueden llegar a hacer cuatro súper guerreros en busca de acción? Hacía más de treinta años que el Goku de mi tiempo no se divertía tanto como hoy. Él no quería ayudarnos, decía que no podíamos hacer eso, aunque mi padre intentó convencerle a golpes, para variar...pero yo tenía un método más efectivo para conseguir que nos ayudara...

-¿Cuál?

-Simple. La información es poder, papá, y me aproveché de todas las historias que mi madre me había contado cuando era pequeño para susurrarle al oído a mi padre que le dijera a Goku que si no nos ayudaba, conseguiría reunir el mayor número de inyecciones que había conocido el Inframundo y las usaría en su contra, y sabía que él, Vegeta, cuando se trataba de dañar a Kakarott, no conocía la palabra piedad. ¡Si hubieras visto su cara, papá! ¡El gran y todopoderoso Kakarott se convirtió en tu más fiel esclavo siempre y cuando le prometieras que mantendrías esas agujas alejadas de él! Lo siento por Goku, le di a mi padre la clave para mantenerle asustado por el resto de la eternidad, pero estaba desesperado por llegar hasta ti –rió Mirai-. Lo que quiero decir, papá, es que tú nunca me perderás, yo siempre estaré contigo para cuando realmente me necesites. Tú eres fuerte, y ahora que sabes que yo estoy bien, estoy seguro que podrás seguir adelante y proteger a mamá y a mis hermanos de todas las amenazas que siempre acaban viniendo sobre nuestra familia. Y cuando tu tiempo llegue, te estaré esperando y pasaremos el resto de la eternidad juntos, con el resto de nuestra familia. Pero, hasta entonces, tienes que seguir adelante. Olvida todos esos locos proyectos que sé que tienes en mente para hacerme volver porque no funcionarán. Tu sitio está aquí, con tu familia, viviendo la vida que deseaste para mí un día. Yo te estaré cuidando desde ahí arriba y si necesitas que me vuelva a fugar, por todos los diablos del Infierno que tú diriges que lo haré. Yo soy tu ángel de la guarda, ¿recuerdas?

-Por supuesto, pero, ¿eres feliz? –le preguntó Vegeta. Mirai apartó los ojos de los de su padre, avergonzado.

-¿Puede ser alguien completamente feliz? Yo creo que no. Reencontrarme con Andrómeda, con mi verdadera esposa, me ha hecho más feliz de lo que nunca pude llegar a imaginar, al igual que volver a ver a mi madre y a mi Gohan, pero...mi hijo murió antes de existir, por lo que no tiene cabida en el otro mundo...realmente, tenía la esperanza de que, aunque fuera en forma de bebé perpetuo, él siguiera existiendo, pero no es así...y, además, ni tú, ni mis hermanos ni el presente Gohan estáis y os echo más de menos de lo que podáis imaginar pero...te aseguro que estoy contento y que estoy bien. No tienes que preocuparte más por mí, papá.

-Soy tu padre, siempre me preocuparé por ti...y lloraré tu ausencia todos los días que me quedan de vida. Tú también perdiste un hijo; no digas que siga adelante como si tú nunca hubieras existido porque no puedo.

-Puede, pero al menos tendrás una vida que continuar viviendo. No te voy a pedir que me olvides...sería estúpido que te lo dijera, porque además no quiero que me olvides. Pero como quiero que me recuerdes es con una sonrisa de vez en cuando. Esto no es un adiós para siempre, papá; ya te he dicho que me fugaré cuando más me necesites y, además, yo vivo en tus recuerdos y en los de toda la familia. Yo no he desaparecido, no pienses eso; solo estoy más lejos, pero te aseguro que mi corazón siempre estará contigo, con vosotros. No te sientas culpable por vivir, papá.

-¿Por qué lo hiciste, Trunks? Esa bola estaba destinada a mí, no a ti y tú, sabiendo que ibas a morir, te interpusiste en su camino. ¿Por qué no me dejaste morir por ti? Soy tu padre, es así como debe de ser, no al contrario. ¿Es que yo no fui suficiente para ti? –preguntó Vegeta.

-Papá...lo hice porque te quiero, porque no quería que te hicieran daño y porque quería para ti lo que siempre desee para todos vosotros: que tuvierais un futuro feliz, y eso solo podía conseguirlo para ti, para mis hermanos y para mi madre si tú vivías. Lo hice por instinto, como el tuyo fue siempre intentar protegerme. No fue tu culpa, nada de lo que ocurrió lo fue. Yo tomé la decisión, yo soy el único que tiene alguna responsabilidad al respecto. Somos guerreros, es nuestro destino morir luchando y protegiendo a aquellos a los que amamos, era cuestión de tiempo que algo así me pasara y prefiero haber muerto en la batalla, protegiendo a aquel al que quiero que de viejo sabiendo que te abandoné por mi propio egoísmo a las garras de la muerte. Por favor, papá, no te culpes por lo que pasó; tú habrías hecho lo mismo por mí de haber tenido la oportunidad y, cuando el corazón entra en juego, los papeles de padre e hijo no importan mucho porque ambos se intentarán proteger el uno al otro siempre. Y tú siempre fuiste más que suficiente para mí, papá; por eso decidí quedarme en este tiempo, por ti y por nadie más, pese a saber lo doloroso que sería ver a Andy y a Trunks juntos día tras días recordándome lo mucho que perdí. Tú siempre fuiste más que suficiente. Nunca pienses otra cosa, ¿de acuerdo? –le dijo Trunks. Vegeta asintió, aún no muy convencido-. Ey, yo soy el muerto. Tienes que hacerme caso. Si yo no te culpo de nada, ni siquiera tú mismo tienes derecho a hacerlo. ¿Te quedarás con tu familia y dejarás de intentar buscarme?

-¿Es eso lo que quieres?

-Sí, es eso lo que quiero. Ni tú ni ellos podréis ser felices si no superáis mi muerte y eso es lo que quiero que seáis. Tú has pagado por tus pecados más de lo que eso estúpidos bastardos pudieron llegar a imaginar, te lo mereces. Y yo me he asegurado de que llegaras a serlo. Te lo has ganado, papá, toda la familia se lo ha ganado.

-Y tú también.

-Yo conseguí mi recompensa. La paz. Estoy en paz. Primero vivo en mis últimos días y luego muerto he conseguido la paz. No sabes durante cuanto tiempo la desee. Por fin la conseguí. Paz de espíritu, de alma y de corazón. Y es lo que deseo para ti. Date tiempo, papá; el tiempo atempera los recuerdos y el sufrimiento. Recuerda: yo siempre estaré contigo.

-Maldita sea, eso suena a despedida.

-De hecho, no sé cuanto tiempo podré quedarme. Solo hasta que Emma Daioh se dé cuenta de que me he fugado y me desvanezca de vuelta al mundo de los muertos para recibir el castigo pactado.

-¡No se atreverá a maltratarte! –gruñó Vegeta.

-Por supuesto que no, ya te he dicho que no puede hacerme daño. ¿Qué es lo peor que puede hacerme, matarme? Ya estoy muerto. Además, por el amor de Dios, papá, que tú conoces a Emma Daioh y sabes perfectamente lo que yo puedo llegar a hacer en medio de una lucha, dame un poco de crédito. No es rival para mí. Y tampoco creo que quiera vérselas con mi padre, Goku, Gohan y Piccolo, así que será cauto. No tienes que preocuparte.

-Aún así...

-Deja de ser tan sobreprotector, no va a pasar nada. Emma Daioh es un buen dios, no dañaría a una mosca aunque solo fuera para no tener más trabajo y...

-¡¡MIRAI TRUNKS VEGETA BRIEFS, JURO POR TODA LA MALDITA HUMANIDAD QUE AÚN ME QUEDA POR RECIBIR EN EL INFRAMUNDO QUE CUANDO TE PONGA LAS MANOS ENCIMA DESEARÁS NO HABER NACIDO!!-gritó la voz de Emma Daioh desde el Cielo. Instintivamente, Vegeta se puso delante de Mirai, que miraba al cielo entre arrepentido y divertido.

-Emma Daioh, eres la reina de los dramas–gritó Mirai, irónico.

-¡NO TE ATREVAS A HABLARLE ASÍ A MI HIJO O TE ARRANCARÉ LOS CUERNOS DE CUAJO, MALDITO DEMONIO! –resonó la voz del Vegeta del futuro desde los cielos.

-Creo que tengo que volver. La cosa se está descontrolando ahí arriba. Emma Daioh está muy enfadado y mi padre le intentará cortar la cabeza si vuelve a hablarme así y te aseguro que, aunque todos estemos muertos, eso no es bueno. Vegeta estaría encantado de comenzar una guerra entre el Cielo y el Infierno solo por divertirse un rato y más sabiendo que ninguno le podemos decir nada porque no se puede morir nadie, así que debo regresar –dijo Mirai, levantándose.

-¡No! Quédate un poco más. Estoy seguro de que Bulma y tus hermanos estarán más que encantados de verte y... –intentó retenerle Vegeta.

-No he venido a verlos a ellos, he venido a verte a ti. El mundo de los vivos y de los muertos no deben mezclarse más de lo imprescindible, papá, y ellos no pueden continuar su vida si están esperando que mi fantasma aparezca en cualquier momento para aplacar su dolor. Al igual que no lo puedo hacer contigo. Papá, tienes que aprender a vivir sin mí. Como te he prometido volveré si ocurre algo grave, siempre estaré velando por ti, Kaito, el Decano y los paneles que tenemos en el Otro Mundo me darán cumplida cuenta de lo que ocurre con vosotros, pero si no pasa nada no volveré. Y si me doy cuenta de que estás fingiendo algún ataque para que yo acuda en tu ayuda te aseguro que no me verás de nuevo nunca más. Las cosas deben seguir su curso: tú en tu mundo y yo en el mío, así es como debe ser. Papá, vive y sé feliz; eso es lo que quiero para ti, no que te embarques en algún tipo de misión suicida para que me hagas regresar. Y la nueva oportunidad en la vida que te di, que a veces es un regalo y otras puede llegar a ser una maldición, disfrútala cada día, porque, en nuestro caso, siempre puede ser el último. Yo te estaré esperando. Hasta entonces, sé feliz, papá. ¿Prometes que lo intentarás? –le preguntó Mirai. Vegeta asintió. Mirai sonrió pero, antes de que pudiera añadir algo más, una voz a su espalda les interrumpió.

-Siento interrumpir este momento tan emotivo pero, cariño, tenemos que irnos –Mirai y Vegeta se dieron la vuelta a la vez para ver a la Andrómeda del futuro apoyada en el quicio de la misma puerta en la que apareció su marido. Vegeta la observó durante un largo rato: tenía casi el mismo aspecto que la Andrómeda presente; quizá sus formas, algo más rotundas que las que tenía la aún niña que existía en su tiempo y sus rasgos, más maduros pero todavía jóvenes, constituían alguna diferencia entre ella y la muchacha que en aquellos momentos debía estar con su hijo presente. Pero, cuando miró a sus ojos, aquellos mismos ojos verdes que la primera vez que los vio le pareció capaces de parar ejércitos, vio algo distinto: como los ojos azules de Mirai, iguales a los de Trunks pero mucho más profundos, los de Andrómeda llevaban escritos sobre ellos la sabiduría de los siglos que siempre tiene alguien que ha visto y sufrido demasiado cuando era demasiado joven siquiera para entender lo que era en toda su dimensión la palabra dolor.

-¿Qué estás haciendo aquí? –le preguntó Mirai a su esposa, sacando a Vegeta de sus pensamientos.

-¿Cómo que qué hago aquí? He venido a buscarte. Emma Daioh está muy enfadado y el Decano no será capaz de retenerle mucho más tiempo antes de que él mismo baje aquí en tu busca y organice un caos mayor del que se ha visto en mucho tiempo. Y esta vez, tu familia no tiene las bolas de dragón para conseguir que la gente olvide lo que pueda llegar a ver o a oír de parte de sus huestes –dijo Andrómeda. Mirai asintió.

-Lo sé, ya me estaba despidiendo. Pero, ¿cómo has llegado hasta aquí? Sé que, pese a todo el escándalo que hemos montado, Emma Daioh ha dejado vigilantes para evitar fugas. Ellos no son rival para un súper guerrero pero, ¿cómo lo has conseguido tú?

-Fácil. Le prometí al Decano de los dioses que le regalaría unas fotos mías desnuda si me franqueaba la salida y ese viejo pervertido no dudó ni un instante en acceder a mis deseos. Los guardias de Emma Daioh no pueden negarse a cumplir una orden suya –dijo Andrómeda, con una sonrisa malévola.

-¿QUÉ TÚ HICISTE QUÉ COSA? –gritó Mirai, enrabietado. Andrómeda rió ante el arranque de celos de su marido.

-No te preocupes, querido, ni siquiera existen esas fotos. Cuando me las pidió, le pegué una bofetada llamándole pervertido y corrí hasta aquí. Pero es un conocimiento muy útil; aunque Bulma o yo le chantajeemos mil veces con darle esas fotos para que haga algo por nosotros y nunca lleguemos a dárselas, él seguirá accediendo a nuestros deseos solo por tener la oportunidad de vernos algún día desnudas. Es un conocimiento valioso, empero –dijo Andrómeda. Mirai puso los ojos en blanco-. No te enfades, Trunks. Es solo una pequeña travesura...y siendo completamente inocente no se puede sobrevivir en tu familia, eso ya lo sabes y estuvimos casado durante dos décadas.

-Y toda la eternidad –concedió Mirai, sonriéndola. Mirai se acercó a ella y le dio un largo beso en los labios mientras su padre le seguía, a prudente distancia.

-Entonces...¿este es el Vegeta al que no has dejado de loar durante todo este tiempo? –preguntó Andrómeda unos segundos después, aún en los brazos de Mirai, mirando a Vegeta. Mirai asintió-. Gracias por cuidar de él durante todo este tiempo.

-Niña, no me humilles dándome las gracias por eso. Ahora, supongo...que vuelve a ser tu turno de hacerlo. Hazle feliz –susurró Vegeta. Andrómeda asintió.

-Juro que haré todo lo que esté en mi mano –le prometió Andrómeda.

-Entonces sé que será más que suficiente –le dijo Vegeta. Andrómeda le devolvió una sonrisa encantadora y se apartó ligeramente de la escena, dejando a su marido y a su suegro un último momento de intimidad -. Supongo que esto es un adiós.

-No es un adiós, es, simplemente, un hasta luego. Lo malo de la vida es que siempre es un estado temporal, papá. Tarde o temprano, todos nos volveremos a ver en el otro mundo. Pero solo puedo desear para vosotros que sea lo más tarde posible.

-Te echaré mucho de menos. Ni un solo día dejaré de acordarme de ti –le dijo Vegeta, abrazándole de nuevo, pensando que sería la última vez que lo hiciera-. Te quiero mucho, hijo, y estoy muy orgulloso de ti. Nunca olvides eso.

-Por todos los demonios, papá, jamás pensé que te oiría decir esas palabras, aunque lo hubieras demostrado lo suficiente.

-Ya es tiempo, maldita sea, para que lo diga.

-Todos sabemos que nos quieres, papá. Muchas veces, las palabras sobran.

-Pero otras veces, no están de más. Cuídate.

-Tú también. Para mí, has sido el mejor. Gracias por todo. Sé feliz, papá...tienes tanto por lo que vivir...yo te estaré cuidando, desde mi cielo –dijo Mirai, rompiendo su abrazo. Vegeta le sujetó del brazo, deseando arañar aquellos últimos momentos con él que, milagrosamente el destino le otorgaba. Quería decirle tantas cosas, compartir tantos momentos con él pero, en ese momento, las palabras simplemente no salían de su boca sabiendo que, pese a sus promesas tácitas de estar siempre con él, esta sería probablemente la última vez que viera a su hijo hasta el día de su muerte. Todo lo que quería que supiera no podía decirlo con palabras, por lo que, simplemente, se acercó a él y le dio un beso en la mejilla, al igual que había hecho Mirai aquella noche como despedida, antes de dejarle ir. Mirai le envió una mirada de agradecimiento que se escondía detrás de la sorpresa que teñía sus ojos azules antes de andar de nuevo hacia la puerta donde le esperaba su esposa, sin apartar los ojos de su padre. Entonces, levantó su mano derecha juntando los dedos índice y anular, despidiéndose de su padre como había hecho aquel día que, tras haber derrotado a Célula, se fue camino al futuro pensando que nunca iba a volver. Su padre le devolvió el saludo con una sonrisa teñida de amargura y Mirai le dedicó una última larga mirada antes de volverse a Andrómeda.

-¿Nos vamos, amor?

-Cuando quieras.

-¿A dónde quieres ir? ¿Al Cielo o al Infierno?

-¿Contigo? Hasta el fin del mundo. Ahora que he vuelto a encontrarte jamás te dejaré ir –dijo Andrómeda. Mirai dejó escapar una pequeña risa y mientras los miraba, Vegeta sintió como su corazón volvía a latir de felicidad por primera vez en mucho tiempo. Él era feliz. Ahora lo sabía. No había creído sus palabras; conocía demasiado bien a Mirai como para no saber que él le mentiría si tuviera que hacerlo para dejarle vivir tranquilo los días que le quedaban aunque él estuviera perdido en lo más profundo del Averno, pero sus ojos, aquellos ojos azules como los de su Bulma, no conocían lo que era la palabra mentira. Los cielos azules de Mirai nunca habían podido engañarle y el amor, la devoción y si, la felicidad, con los que miraban a Andrómeda no podían ser nunca fingidos. Tenía razón. Él estaba en paz. Esta vez, ahora sí, podía dejarle ir.

-Adiós, papá –susurró Mirai, dedicándole una última sonrisa antes de besar de nuevo a Andrómeda apasionadamente en los labios mientras ambos desaparecían de la vista de los vivos.

-Adiós, mi querido ángel de la guarda –murmuró Vegeta, mirando a la puerta en la que su hijo acababa de desaparecer, aún sabiendo que él no podía ya escucharle. Incapaz de moverse, se quedó observando aquella puerta lo que pareció una eternidad, hasta que la voz de Bulma acercándose desde la puerta principal le sacó de sus pensamientos.

-¡Vegeta! ¡Ya hemos vuelto y estamos todos de una pieza! ¡Espero que no hayas tocado ninguna de mis maravillosas tartas porque si no, tendrás que volver a hacerlas tú mismo y me gustaría ver cómo te las apañas! ¿Vegeta? –decía Bulma, mientras se acercaba a la cocina. Vio a su marido totalmente perdido en su propio mundo mirando el hueco vacío de una puerta. Temiendo que hubiera perdido los remansos que le quedaban de su cordura, corrió hacia él y le abrazó-. ¡Vegeta! ¿Qué ha pasado? ¿Por qué estás así? ¡Diablos, Vegeta, contesta!

-Él...estuvo aquí, Bulma. Vino a verme y está bien. Ha estado bien todo este tiempo... –susurró Vegeta.

-¿Quién? ¿Quién ha venido a verte? –preguntó Bulma.

-Mirai. Él ha venido a verme, con Andrómeda. Me ha dicho que se ha fugado del mundo de los muertos para decirme que no tenía que preocuparme por nada, que estaba feliz y bien y que él siempre estaría conmigo aunque no le viera. Bulma, él esta bien, encontró su camino.

-Veggie –suspiró Bulma-, lo que me estás diciendo es imposible, nuestro hijo está muerto, no puede volver para tener una sencilla charla de padre a hijo como si nada hubiera pasado...

-Bulma, no me digas lo que puede pasar o lo que no porque tú no eres la más indicada para señalar imposibles. ¿O tengo que recordarte quién es aquí la que, habiéndose criado en un planeta que piensa que todas las naves extraterrestres que hay en el cielo son simples satélites o juegos de luces, se casó con un alien, viajó por medio universo hasta Namek y vio a su hijo venir del futuro en una máquina inventada por ella misma? Por todos los diablos, Bulma, tú eres la menos indicada para decirme lo que es posible o lo que no. Para nosotros no existen los imposibles y yo sé que he visto a mi hijo, que he hablado con él y que lo he tenido en mis brazos otra vez, lo creas o no.

-Bueno, sea verdad o no lo que dices al menos se ve un poco del viejo espíritu luchador del gran Vegeta por aquí –sonrió Bulma-. ¿Qué te ha dicho Mirai?

-Que está bien y que no tengo que preocuparme por nada, que su alma está en paz con su familia y que debo seguir adelante –le dijo Vegeta, mientras su boca se torcía en un gesto lo más parecido a una sonrisa que Bulma había visto desde la muerte de Mirai-. ¿No lo entiendes, Bulma? Él está bien, está en paz.

-Lo entiendo perfectamente, querido. Siempre tuve la esperanza de que él estuviese bien de una vez por todas. Ahora que tú también lo sabes, ¿ya no te irás? –preguntó Bulma, esperanzada.

-No, ya no me iré. Lo que necesitaba saber ya me lo ha dicho él. Además, él quería que viviera, que me quedara con vosotros. Y lo haré. Ahora sí, tengo que dejarle ir –murmuró Vegeta, que no logró disimular para los oídos entrenados de Bulma una nota de amarga resignación en su tono de voz. Bulma le abrazó, pero Vegeta no le correspondió hasta que sintió como su esposa le colocaba una cadenita de oro en el cuello.

-Feliz cumpleaños, Vegeta –le susurró al oído Bulma, mientras Vegeta miraba el colgante que pendía de la cadena. Era la figura de un ángel de la guarda, fabricada en oro y con dos brillantes zafiros azules como ojos que acentuaban aún más el parecido con Mirai que Bulma había mandado hacer a los fabricantes. Vegeta la miró, extasiado-. Así siempre estará contigo.

Vegeta abrió la boca para replicar pero no pudo hacerlo antes de que una muy excitada Bra, con los brazos aún llenos de bolsas de sus muy innecesarias compras se lanzara a su cuello.

-¡¡Feliz cumpleaños, papi!! ¡Vamos, tienes que soplar las velas! ¡Trunks y la “oh-no puedo quitarle las manos de encima” de su novia ya están aquí! –dijo Bra, cogiendo a su padre de la mano y prácticamente arrastrando a su padre hasta el salón, donde Andrómeda y Trunks ya habían colocado las tres tartas y habían encendido las velas respectivas. Trunks sonrió a su padre al verle llegar y se acercó a abrazarle.

-Feliz cumpleaños, papá –le dijo él.

-Feliz cumpleaños, hijo –dijo Vegeta, acariciando el pelo de su hijo, que aún seguía siendo negro, como lo había llevado siempre desde la muerte de Mirai-. Creo que ya puedes dejar que tu pelo vuelva a ser de su color natural, Trunks.

-¿Estás seguro? –preguntó Trunks, dubitativo. Vegeta asintió-. ¿Qué ha pasado?

-Luego te lo cuento, cuando terminemos con esta payasada del cumpleaños –susurró Vegeta, mientras se colocaba frente a su tarta y de un soplo apagaba todas sus velas sin previo aviso. Trunks hizo lo mismo y, cuando Vegeta se acercó a soplar la velas de la tarta de su difunto hijo, religiosamente colocadas como si aún estuviera vivo, una ráfaga de viento desde la puerta acompañado por una presencia conocida lo hizo por él. Vegeta, Trunks y Bra miraron a la puerta y no vieron a nadie, pero su instinto de guerreros no podía fallar.

-Bueno...parece que nuestro hermano mayor tampoco ha querido perderse su cumpleaños –susurró Trunks. Bra asintió ante las palabras de su hermano.

-No os preocupéis, niños; él está bien...supongo que solo querría...veros una última vez, aunque vosotros no podáis verlo a él –les dijo Vegeta.

-¿Él ahora está en el Cielo, papá? –preguntó Bra.

-Naah...el Cielo es demasiado aburrido. Estará en el Infierno, pateando por toda la eternidad los culos de Célula, de los androides, de Freezer... –enumeró Trunks antes de que una colleja por parte de su madre le hiciera callar-. ¡Ey! ¿A qué ha venido eso?

-¡Eso por ser tan malhablado! ¡Puede que seas un adulto y un súper guerrero, pero yo sigo siendo tu madre y la próxima vez que vuelvas a hablar así en mi presencia te mantendré castigado hasta el día del Juicio Final! ¿Ha quedado claro? –gritó Bulma, mientras todos los presentes, incluido el poderoso príncipe de todos los súper guerreros, daban un paso atrás, presos del pánico.

-Sí, mamá... –susurró Trunks.

-Perfecto. Ahora todos a comer mis preciosas y riquísimas tartas...¡no quiero que quede nada! –dijo Bulma, cogiendo el cuchillo para comenzar a partir las tartas mientras el resto de la familia dejaba escapar un gruñido molesto. Bulma les envió a todos una mirada envenenada mientras alzaba amenazadoramente el cuchillo-. ¡¿ESTÁIS INSINUANDO CON ESO QUE NO OS GUSTA COMO COCINO!?

-¡POR SUPUESTO QUE NO! –se apresuraron a asegurar todos, sentándose a la mesa bajo su mirada amenazadora, mientras Bulma comenzaba a servirles sus respectivas porciones bajo su mirada resignada. Vegeta no pudo evitar dejar escapar una pequeña risa ante los intentos que hacían sus dos hijos por volatilizar su parte de tarta a espaldas de su madre y su mirada volvió a posarse, involuntariamente, en la puerta mientras susurraba las últimas palabras de despedida a su hijo mayor.

-No tienes que preocuparte de nada, mi pequeño ángel de la guarda. Siempre notaré tu ausencia, pero estaré bien. A partir de ahora, todos estaremos bien.


7 años después...

-¡GOHAN! ¡SUÉLTAME! ¡QUIERO ESTAR CON MI ESPOSA! ¿POR QUÉ DIABLOS NO ME DEJAN ESTAR CON ANDRÓMEDA? –gritaba Trunks, intentando liberarse sin mucho éxito del agarre de Gohan que le arrastraba, junto a su madre, su hermana y Goten, a la sala de espera del hospital.

-¡TÚ NO PUEDES ESTAR EN EL QUIRÓFANO MIENTRAS LE HACEN UNA CESÁREA A ANDRÓMEDA, TE LO HE DICHO MILLONES DE VECES! ¡SÓLO LOS MÉDICOS Y LAS ENFERMERAS PUEDEN ESTAR CON ELLA! ¿ES QUE NO LO ENTIENDES? –le gritaba Gohan, intentando retenerle.

-¡TÚ ERES MÉDICO! ¿POR QUÉ NO ESTÁS TÚ AL MENOS CON ELLA, EN VEZ DE ESA PANDA DE DESCONOCIDOS A LOS QUE DARÁ UN PASMO CUANDO VEAN QUE MI HIJO NACE CON UNA COLA DE SAIYAJIN? –le volvió a gritar Trunks.

-¡MALDITA SEA, TRUNKS, PORQUE SOY MÉDICO PERO NO SOY OBSTETRA, NI GINECÓLOGO, NI CIRUJANO! ¿POR QUÉ DIABLOS PENSÁIS TODOS QUE CUANDO UNO ES MÉDICO YA DOMINA TODAS LAS ÁREAS? Además, ellos han seguido el embarazo de Andrómeda, han visto la cola en las ecografías y no se van a sorprender, así que deja de revolverte, tranquilízate y espera aquí hasta que ellos vengan a informarte –le dijo Gohan.

-¡¿CÓMO DIABLOS QUIERES QUE ME TRANQUILICE?! ¡SON MI ESPOSA Y MI HIJO LOS QUE ESTÁN EN UN MALDITO QUIRÓFANO CON TODO EL RIESGO QUE ELLO SUPONE! –le gritó Trunks.

-¡Trunks! ¡Cállate ahora mismo y deja que los matasanos hagan su trabajo o te dejaré inconsciente hasta que tu hijo cumpla los diez años! ¿Me has entendido? Compórtate como un adulto si no quieres que yo empiece a tratarte como un niño –dijo la voz de Vegeta desde el corredor. Bulma se acercó a él al verle llegar y le dio la bienvenida con un beso en la mejilla.

-Pero, papá... –comenzó a protestar Trunks, pero Vegeta le cortó.

-No me repliques, Trunks; no creo que quieras ir tú a ese quirófano a hacerle a Andrómeda la cesárea tú mismo porque entonces seguro que les matarás a ambos, así que intenta tranquilizarte y esperar, porque en este momento es lo único que todos podemos hacer. Sé que estás nervioso, pero en el fondo sabes que llevo razón, así que siéntate e intenta guardar un poco la compostura, esto puede tardar aún mucho tiempo en terminar. Recuerda que Andrómeda no es la primera humana que da a luz a mestizos; Chichi, Videl y tu madre han estado en la misma situación y todo ha salido bien, lo que significa que Gohan y yo también hemos estado en la tuya, esperando en una sala intentando rogar que todo saliera bien así que haz caso a los que tienen más experiencia que tú –le dijo Vegeta con autoridad. Trunks suspiró, derrotado y se sentó junto a su hermana, enterrando la cabeza entre sus manos-. Gohan, ya sé que no puedes estar junto a Andrómeda, pero tú trabajas aquí y eso te da ciertos privilegios, así que intenta averiguar algo, lo que sea, para que Trunks se quede más tranquilo e intenta conseguir que nos traigan el bebé directamente aquí antes de llevarlo al nido para que podamos verle.

-Claro, Vegeta, haré lo que pueda –dijo Gohan, antes de desaparecer por el pasillo contiguo. Vegeta envió una mirada de aviso a Bra y a Goten para que se quedaran junto a Trunks mientras él se llevaba a Bulma aparte, fuera del oído y la vista de los muchachos.

-No puedo creer que te hayan dejado entrar al hospital con esa cosa –dijo Bulma, apuntando a la espada de Mirai que su marido aún llevaba consigo a todas partes ocho años después de su muerte.

-No me dejaron entrar con ella, pero nadie tuvo las narices suficientes como para quitármela –dijo Vegeta, mientras su esposa ponía los ojos en blanco-. ¿Cómo están las cosas?

-Complicadas. El parto está siendo muy duro para Andrómeda, estaba sangrando mucho y han decidido hacerle una cesárea de urgencia –le dijo Bulma. Vegeta dejó escapar un suspiro.

-Era algo que cabía esperar. Al fin y al cabo, el niño tiene sangre Saiyajin y daña más a la madre en el momento del parto porque es más fuerte, lo mismo os pasó a Chichi, a Videl y a ti, pero no es algo que podamos explicarle a los médicos –dijo Vegeta, volviendo su vista hacia Trunks-. ¿Cómo está él?

-Bastante histérico, según has podido ver. La idea de perderlos le aterroriza. Le hemos dicho que si todo va bien no debería haber ningún problema, pero él sabe perfectamente que mientras estén en un quirófano hay un riesgo...más aún con el daño añadido que sabe que el bebé provoca a Andrómeda.

-Debería haberme quedado con él... –murmuró Vegeta. Bulma negó con la cabeza.

-Estuviste ayer todo el día y toda la noche con ellos aquí, necesitabas un respiro. Nos conocemos, Vegeta, y sé que tú también estás demasiado preocupado como para dormir, pero al menos necesitabas comer algo y darte una ducha. ¡Además, solo has estado fuera dos horas, por el amor de Dios, nada va a pasarle a Trunks porque esté ciento veinte malditos minutos fuera de tu vista! –gruñó Bulma.

-Muchas cosas malas han pasado en menos tiempo, Bulma, tú lo sabes bien –dijo Vegeta, mirando la espada de Mirai mientras se perdía en sus pensamientos.

-Aún le echas de menos tanto como hace ocho años, ¿verdad? –le dijo Bulma, mirándole con afecto.

-Cada maldito día. Pero hoy más. Me gustaría que hubiera podido estar aquí para ver nacer a su hijo, para que viera lo feliz que ha hecho a su familia, lo mucho que ha cambiado para bien el futuro gracias a lo que hizo...Sufrió tanto para hacernos felices, Bulma, para cambiar nuestro futuro y nunca tuvo la oportunidad de ver las maravillas de su obra, para ver cómo, gracias a él, el hijo que se le murió puede llegar a nacer...pero él nunca lo sabrá ahora –suspiró Vegeta.

-Él lo sabe...tú mismo dices que él prometió aquel día que siempre estaría pendiente de nosotros, que nos estaría observando desde el otro mundo, así que estoy segura de que verá a su bebé nacer...Además, ¿tú crees que, si estuviera vivo, podría soportar ver cómo su otro yo es el padre del bebé que él siempre deseó, del que murió, del que debería ser suyo y darse cuenta un día y otro más como la felicidad que a él le fue negada la disfruta su hermano como verdadero padre de su hijo? Los recuerdos y el sufrimiento habrían acabado destruyéndole.

-Eso no es verdad, Bulma, porque él antes que cualquier otra cosa hubiera sido padre, como todos los demás; ver a su hijo vivo y sano le hubiera compensado de muchas cosas, aunque supiera que su hermano es su verdadero padre y que tendría que verle crecer desde una prudente distancia. Tenerle una sola vez en brazos hubiera significado un mundo para él –dijo Vegeta-. Pero es inútil pensar en eso. Volvamos con Trunks y tratemos de tranquilizarle; es lo único que podemos hacer. Llévate a Goten y a Bra, por favor; cuanto menos gente tenga Trunks a su alrededor, mucho mejor. Yo hablaré con él.

Bulma asintió y ambos volvieron a la sala de espera. Con un gesto, Bulma indicó a Bra y a Goten que la acompañaran a tomar un café para dejar a su marido y a su hijo tan a solas como podían estar en un hospital. Vegeta se sentó junto a Trunks y le obligó a quitarse las manos de la cara.

-Papá, están en peligro...y yo no puedo hacer nada, esto no es una batalla –le dijo Trunks, con un susurro-. No puedo protegerles...¿qué clase de hombre soy que no puedo ni siquiera proteger a mi familia?

-Trunks, escúchame –le dijo Vegeta, obligándole a mirarle a los ojos-, tú eres un gran guerrero y eres capaz de proteger perfectamente a tu familia, nosotros somos un buen ejemplo de ello, si ti no estaríamos vivos.

-Eso fue obra de Mirai, no mía –dijo Trunks.

-¡Y tuya, maldita sea! ¡Cuando nos atacaron a ti también te vi luchar y te vi arriesgar todo para salvarnos! ¡Y en muchas otras ocasiones! ¿Olvidas la búsqueda de las bolas de dragón negras, nuestras luchas contra los dragones negros? ¡Incluso peleaste contra Boo cuando tenías poco más de siete años, tú eres un guerrero tan grande como lo fue tu hermano! Y doy gracias al dios que exista porque tú no hayas tenido que demostrarlo ni en la mitad de las ocasiones que tuvo que hacerlo él.

-Pero esas gestas de las que hablas no les ayudarán ahora.

-Esto es natural, nada de lo que tú hagas podría ayudarla ahora...no puedes pretender controlarlo todo, Trunks, no eres un dios. Pero no tienes que preocuparte porque todo va a salir bien. A tu madre le pasó lo mismo cuando te dio a luz y aún sigue viva y tuvo además otro hijo, ya verás como los dos van a estar bien.

-¿Y qué hacías tú mientras yo nacía? –le preguntó Trunks.

-¿Yo? Maldita sea...Te mataré si le cuentas algo de esto a alguien, pero dado tu estado te lo contaré...recuerdo haber venido al hospital a intentar averiguar qué pasaba con tu madre...sin que nadie se enterara, claro, por entonces tenía una reputación que mantener que vosotros os habéis encargado de destruir a lo largo de los años...Bueno, les oí decir lo que pasaba y que tanto tu vida como la de tu madre estaban en serio peligro y entonces me fui al único lugar en el que estaba en paz...mi cámara de gravedad, por supuesto, pero no antes de arrasar el mini bar de tu abuelo para conseguir olvidar aquellos sentimientos de sufrimiento y angustia que yo entonces no podía entender. Creo recordar que fue tu abuelo el que me dijo tras encontrarme totalmente fuera de juego a la mañana siguiente que habías sido un niño y que todo había salido bien antes de meterme la cabeza debajo de la ducha y hacerme vomitar todo el alcohol que me quedaba en el estómago –le contó Vegeta. Trunks rió.

-Nunca hubiera imaginado que bebieras...

-Y después de la resaca que tuve al día siguiente no he vuelto a probar una sola gota de alcohol. ¡Dios, pensé que me iba a explotar la cabeza, no podía ni siquiera volar recto! Y cuando vine a verte, tú no parabas de llorar, lo cual no ayudaba mucho –sonrió Vegeta-. Lo que quiero decir es que tienes que tener un poco de fe. Ponerte histérico no va a ayudarles, pero verte tranquilo y haciéndote cargo de todo cuando todo esto pase sí lo hará. ¿De acuerdo?

-Dime que todo va a salir bien. Si tú me lo dices yo te creeré, tú siempre dices la verdad. Por favor, dímelo –le suplicó Trunks, con sus ojos azules arrasados en lágrimas. Vegeta dejó escapar un suspiro y le abrazó.

-Todo va a salir bien. Te lo prometo –le dijo Vegeta deseando que fuera verdad. Sintió a su hijo relajarse sensiblemente en sus brazos al oír sus palabras y se preguntó de nuevo cómo era posible que su hijo confiara tan ciegamente en él, mucho más después de lo que le había sucedido a Mirai. Y él sabía perfectamente que Trunks no era una persona confiada; de hecho, seguramente era justamente lo opuesto, pero la devoción con la que había mirado a Vegeta desde su más tierna niñez no había disminuido un ápice con el paso de los años, para gran sorpresa de su padre.

-Ahora mismo necesito tener fe. Y yo nunca he creído en nada que no fueran nuestras propias posibilidades o en ti. Por favor, préstame la tuya –le susurró Trunks.

-Toda tuya. Todo va a salir bien, hijo. Ya lo verás –le dijo Vegeta. Trunks asintió débilmente y se separó de su padre, sentándose en el alféizar de una ventana cercana y mirando hacia el cielo mientras Bulma, Bra y Goten volvían a la sala de espera.

-Cuando todo esto acabe, te juro que voy a coger una nave y me voy a cargar esa maldita constelación –le susurró Vegeta a Bulma, señalando a Trunks, que miraba con atención la constelación de Andrómeda a través de la ventana, como años antes había hecho su yo futuro. Bulma sonrió y le pasó un vaso de café.

-¿Café? –le dijo Bulma, ignorando sus palabras.

-¿Qué si quiero esa horrible masa de barro asqueroso que esa máquina del final del pasillo llama café? Si, por qué no. Va a ser una noche muy larga... –murmuró Vegeta, bebiéndose el contenido del vaso de plástico que le ofrecía su esposa. Después, se sentó junto a Trunks y, envolviéndole en sus brazos sin decir una sola palabra más, le sostuvo en su regazo para hacer lo único que podían en su situación: esperar.

-¡Si esos malditos médicos no vienen a decirnos algo en los próximos dos segundos voy a traerlos aquí por el cuello! –maldijo Vegeta dos horas después de su llegada.

-Nunca pensé que te fuera a decir esto pero, por favor, papá, cállate –susurró Trunks, despegando los labios por primera vez desde la conversación que tuvo con su padre. El orgullo de Vegeta, atemperado con los años pero nunca totalmente olvidado, tomó rápidamente control y ya iba a gritar a su hijo que le tratara con más respeto cuando Bulma, conociendo a su marido tan bien como a sí misma, le cortó.

-Te aconsejo que pienses cuidadosamente lo que vas a decir en este momento porque, dado el estado en el que se encuentra Trunks, puede tener graves consecuencias –le susurró Bulma. Vegeta suspiró y asintió, comprendiendo todo por lo que su hijo estaba pasando en aquel momento.

-Está bien, no diré nada –protestó Vegeta. Bulma le devolvió una sonrisa y su marido puso los ojos en blanco antes de comenzar a protestar, pero la voz de Trunks le cortó.

-¿Sentís eso? –preguntó Trunks, zafándose de los brazos de su padre y corriendo hacia la puerta. Vegeta cerró los ojos y se concentró. La fuerza vital de Gohan se acercaba, pero no era eso lo que Trunks quería decir. Se refería a la gran aura que le acompañaba, anónima para ellos pero que, por alguna razón, les resultaba conocida. Vegeta y Trunks se miraron a los ojos durante un momento antes de echar a correr hacia el aura de Gohan.

-¡Ey, chicos! Iba en vuestra busca. Trunks, creo que aquí hay una personita que está como loca por conocerte –les sonrió Gohan cuando llegaron a su altura y puso en brazos de Trunks el pequeño bebé envuelto en una manta azul que había llevado hasta entonces-. Es un niño, aunque tú ya sabías eso. Está perfectamente bien y es bastante fuerte, como ya habéis podido comprobar.

-Hola ahí abajo –susurró Trunks, sin poder apartar la mirada de su hijo recién nacido. Había tenido tanto miedo de que ese momento nunca fuera a llegar, de que le hubiera perdido antes siquiera de llegar a tenerle que no podría explicar con palabras la emoción y el alivio que sentía en aquel momento, teniéndole en brazos por primera vez y oyendo su corazón latir junto al suyo...Era increíble...sencillamente increíble -. Bienvenido, hijo mío.

-¡Ey, por fin uno de mis malditos descendientes tiene el pelo negro! –sonrió Vegeta, mirando a su primer nieto y señalando la mata de pelo negro que sobresalía de su pequeña cabeza-. ¡Él será un verdadero guerrero, todo un Saiyajin!

-Él será lo que quiera ser... –murmuró Trunks, sin poder apartar la mirada de su hijo. De repente, sintió la urgencia de comprobar con sus propios ojos que su hijo estaba bien, de contar incluso todos sus dedos a ver si tenía los veinte que debía tener, de escuchar su respiración cada segundo para saber que seguía a su lado-. ¿Está bien?

-Ya sabía yo que no me estabas escuchando –sonrió Gohan-. Sí, está completamente sano, desde el pelo hasta la punta de su colita, está perfectamente. Está perfecto.

-Es perfecto, de hecho... –susurró Trunks, mientras sentía cómo una lágrima escapaba de sus ojos al darle el primer beso en la frente a su hijo.

-Siento interrumpir este momento, pero... –dijo una voz extraña a su espalda-, necesito saber el nombre del niño, aunque si usted y su esposa no lo han decidido todavía...

-Está decidido desde hace mucho. Su nombre será Mirai Vegeta Vegeta-Briefs. Se llamará como los dos guerreros más fuertes y valientes que este mundo ha conocido y, también, las mejores personas que yo he tenido la oportunidad de querer. Siempre que tú estés de acuerdo, papá –murmuró Trunks.

-Por supuesto. Ambos nos sentiremos muy honrados de que tu hijo lleve nuestro nombre –murmuró Vegeta, conteniendo a duras penas su emoción.

-Para que tuviera los nombres de los guerreros más fuertes del universo debería llevar el de Goku por algún lado –rezongó Goten.

-¡No! Goku solo era un tipo con suerte... –murmuró Bra.

-¡De eso nada! Él era... –comenzó a decir Goten cuando Gohan le tapó la boca con la mano para que dejara de hablar.

-Cállate, Goten, no lo estropees. Mira sus caras... –le dijo Gohan, señalando a Trunks.

-Que así sea, pues. Su nombra será Mirai Vegeta –le dijo Trunks a la enfermera que le había preguntado en primer lugar.

-¿Está usted seguro? Quizá quiera usted discutirlo con su esposa más profundamente... –dijo la enfermera, con cara de disgusto. Trunks se volvió a mirarla con los ojos inyectados en sangre.

-¿Tiene algún problema con el nombre de mi hijo, señora? –preguntó Trunks, con aquella voz heredada de su padre que helaba la sangre en las venas que también había oído utilizar a su yo futuro. Asustada, la enfermera dio un paso atrás y se apresuró a apuntar el nombre que Trunks le había murmurado en sus formularios.

-¡No! ¡Por supuesto que no hay ningún problema! –dijo ella.

-Bien. Ahora, esfúmese –le dijo Trunks. Ella no se lo pensó dos veces antes de desaparecer por el pasillo todo lo rápido que sus rollizas piernas le permitieron-. ¿Cómo está Andrómeda?

-Un poco delicada. Ha perdido mucha sangre y el parto ha sido largo, lento y duro, pero salvo graves complicaciones se recuperará con normalidad, aunque tendrá que pasar algunos días más aquí. Pronto despertará de la anestesia –dijo Gohan.

-¿Puedo verla? –preguntó Trunks.

-Por supuesto, pero tenemos que llevar al niño al nido, apenas tiene un par de minutos de vida –dijo Gohan.

-Necesito ir a ver a Andrómeda. Se pondrá muy nerviosa si no ve una cara conocida al despertar y no creo que eso sea conveniente para ella –dijo Trunks, mirando al bebé que dormía en sus brazos. No quería dejarle ir. Temía que en el momento en el que le apartara de su vista desapareciera como lo hace un bonito sueño al despertar, pero necesitaba asegurarse de que Andrómeda estaba bien-. Papá, ¿puedes quedarte con él, por favor?

-Claro; dáselo a tu madre, está deseando cogerle y yo lo vigilaré –le dijo Vegeta. Trunks negó con la cabeza.

-No; quiero que lo tengas tú. Solo confío en ti para protegerle –dijo Trunks, mirándole a los ojos. Vegeta dejó escapar un suspiro; sabía lo difícil que era para Trunks dejar ir a su hijo recién nacido aunque solo fuera unos instantes; a él también le había pasado cuando tuvo a los suyos. Trunks sabía que protegería a ese niño con su vida si fuese necesario, pero no quería cogerlo; sus enormes manos manchadas de sangre, demasiado grandes para sujetar algo tan pequeño, demasiado pecadoras para acoger en ellas a alguien tan inocente, no debían manchar a su nieto.

-No quiero cogerlo, Trunks. Es demasiado pequeño y no quiero hacerle daño por nada del mundo ... –susurró Vegeta.

-Deja de decir tonterías. No le vas a hacer daño; puede que sea un bebé, pero es un Saiyajin como tú y como yo y no es tan frágil como un niño humano, así que no te preocupes –dijo Trunks. Vegeta puso los ojos en blanco y dejó escapar un suspiro resignado mientras extendía los brazos para que le pasara al niño-. Vamos, mi pequeño, vamos con tu abu.

-No me llames eso –gruñó Vegeta, mientras acunaba a su nieto en sus brazos. Trunks rió.

-Bueno, es lo que eres.

-No soy abu, para él soy su señor abuelo –bufó Vegeta.

-Ya, como siempre intentaste que Bra y yo te llamásemos padre en vez de papá...no creo que vayas a tener mucho más éxito con él que el que tuviste con nosotros –sonrió Trunks. Le dio un último beso en la frente a su hijo y se dirigió hacia Gohan-. ¿Puedes llevarme con Andy, por favor?

-Por supuesto. Sígueme –dijo Gohan, mientras ambos desaparecían por el pasillo.

-Es igual a Trunks, lo que es lo mismo que decir que es igual a ti. Y su pelito negro no hace más que acentuar vuestro parecido. Parece que nos ha llegado un pequeño clon de Vegeta –dijo Bulma, mirando al bebé por encima del hombro de Vegeta. Su marido no la escuchó; parecía fascinado mirando al bebé, su nieto...quién se lo hubiera dicho a él treinta años antes que se vería en aquel momento mirando completamente embobado a un bebé que no era otro que su nieto, el hijo, por partida doble, de Trunks pues, si bien este último le había engendrado, si Mirai no hubiera aparecido jamás hubiese llegado siquiera a nacer. Era hijo de ambos, de sus dos primogénitos y él se aseguraría de que nunca lo olvidara.

-Ey, mocoso. Yo soy tu abuelo, el príncipe de todos los Saiyajin y muy pronto vas a aprender que por tu propio bien no debes meterte conmigo –le dijo Vegeta, acunándole. En ese momento, el niño, que había estado durmiendo hasta entonces en brazos de aquellos que lo sostenían, sin darse cuenta de que el mundo giraba a su alrededor, abrió los ojos y miró directamente a su abuelo con sus enormes ojos azules. Azules mar, azules cielo, como los de Trunks. No, no como los de Trunks, como los de Mirai. Vegeta suspiró -. ¡No, azules no! ¿Por qué tenías que tener esos ojos? ¡Ahora sabrás que nunca podré negarte nada!

-Aunque no los tuviera, no podrías haberle negado nada de todas formas, abuelo –dijo Bulma. Vegeta gruñó, pero no dijo nada, mientras se perdía en los ojos azules de su nieto y sabía que, de algún modo, Mirai le sonreía desde ellos. En su hijo, en su nieto, él siempre viviría.


-Mocoso escandaloso –rezongó Vegeta, levantándose de la cama que compartía con Bulma y saliendo al pasillo. Bufó una maldición al ver que el reloj de la pared marcaba las tres y media de la mañana; ese niño tenía la maldita costumbre de llorar siempre de madrugada y despertarle cuando estaba en lo mejor de su sueño. Sabía perfectamente que no tenía que preocuparse; unos segundos después Trunks ya estaría acunándole para hacerle callar; de hecho, antes de salir al pasillo, ya se había callado, pero no podía evitarlo; tenía que asegurarse de que tanto Trunks como su nieto estaban bien antes de volver a dormir.

Desde la muerte de Mirai y su regreso, se había convertido en un hábito para Vegeta el despertarse varias veces por las noches solo para ir de habitación en habitación comprobando que sus hijos estaban bien. No podía olvidar que se llevaron a Bulma de noche, mientras todos dormían y que fue aquello lo que llevó a Mirai a la muerte; no dejaría que pasara una segunda vez. Cuando Trunks y Andrómeda se casaron, ambos decidieron quedarse a vivir en la Cápsule Corp. junto a ellos; la casa era lo suficientemente grande para mantener su intimidad como pareja (de hecho, Bulma había reservado el segundo piso solo para uso y disfrute del nuevo matrimonio) y ambos estaban de acuerdo en que era lo mejor: Trunks no quería alejarse de su padre, que a todas luces estaba aún muy lejos de superar la muerte de su hermano y que tenía la necesidad de comprobar cada poco tiempo que el hijo que le quedaba estaba bien y Andrómeda, que sabía la historia de Mirai y le había visto muerto años antes, sabía que su marido, los hijos que tuvieran y ella misma estarían más protegidos si se mantenían cerca de Vegeta y de Bra, también súper guerreros, que si vivían por su cuenta, por lo que aún entonces seguían viviendo con Vegeta y Bulma. Vegeta solía comprobar cada poco tiempo que estaban bien, aunque con el cuidado conveniente que debía tener para no interrumpir ningún momento íntimo, pero la vigilancia que llevaba a cabo sobre la pareja había aumentado ostensiblemente desde la llegada, dos meses antes, del pequeño Veggie; cada vez que lloraba su abuelo corría hasta la puerta para comprobar que sus lágrimas no eran resultado de nada grave. La mayoría de las veces, solía quedarse en la puerta de su habitación viendo como Trunks, que había acudido diligentemente a su lado, quizá atenazado por un temor similar al de su padre, le consolaba; pero cuando Trunks no estaba en casa y eran Bulma o Andrómeda las que estaban a su cargo, mucho más lentas que él, solía calmarlo él personalmente. A él mismo le parecía extraño que las palabras que tanto le costaba murmurar al resto de su familia le saliesen tan naturalmente cuando tenía en sus brazos a su nieto, al que pondría el mundo a sus pies con tal de que esos ojos azules que tenía, iguales a los de su difunto Mirai, dejaran de estar arrasados en lágrimas.

Aquella noche no era distinta y Vegeta acudía a su llamada, con más tranquilidad de la acostumbrada al sentir que Trunks ya estaba con él. Acercándose al quicio de la puerta de la habitación de su hijo, vio con una sonrisa como Trunks, sentado en la mecedora, le daba el biberón con una pizca de adoración en sus ojos negros de guerrero curtido.

-Eso es, Veggie, todo. Vaya, esta noche tienes el apetito de un auténtico súper guerrero...despacio...eso es –le decía Trunks al niño hasta que se dio cuenta de la presencia de Vegeta-. Hola, papá. ¿Te ha despertado?

-¿Cómo no va a hacerlo? Ha heredado la voz de su abuela –le dijo Vegeta. Trunks rió mientras dejaba el biberón vacío en la mesilla y se levantaba con el bebé al hombro. Los ojos risueños de Veggie sonrieron a su abuelo y él no pudo menos que alborotar delicadamente su pelo negro.

-Lo siento –se disculpó Trunks.

-No lo sientas. Es lo mejor, en serio –le dijo Vegeta, mientras Trunks acunaba a Veggie de vuelta a dormir-. Además, si tú llevas dos meses sin dormir por las noches, lo lógico es que alguien te haga compañía, ¿no?

-No importa. Me pasaré años enteros si es necesario. Andrómeda aún no se ha recuperado del todo y...además, prefiero hacerlo yo. Cada vez me cuesta más separarme de él, siento como si cada vez que le quito la vista de encima corriera el riesgo de que le ocurriera algo, no puedo soportarlo...Y es lo más seguro. Aquí nuestro amigo de dos meses tiene mucha fuerza; esta mañana ha tirado su primera bola de energía...muy pequeñita a su bañera porque no quería que su madre le bañara...si vuelve a hacerlo y esta vez la dirige a la cabeza de alguien, lo mejor será que yo esté a su lado para detenerle –dijo Trunks. Vegeta dejó escapar una risotada.

-¿Una bola de energía? ¿Tan pronto? ¡Tienes que estar tomándome el pelo!

-No, es verdad. Tengo los restos de su bañera para probarlo.

-Es muy poderoso, realmente muy poderoso. Muy bien, pequeña bola de carne...digno descendiente de tu estirpe, según veo –le dijo Vegeta al niño, acariciándole la cabeza mientras el niño reía.

-Papá, no es gracioso, podría haber hecho daño a alguien –rezongó Trunks.

-¿Y qué le vamos a hacer? Él no sabía lo que hacía, no pretenderás que encima le regañe –bufó Vegeta. Trunks suspiró.

-No, pero...hay que enseñarle a controlar sus poderes lo más pronto posible, cuanto antes mejor. Y a entrenarle, al menos para que pueda protegerse a sí mismo si algo ocurre –suspiró Trunks.

-Tienes que esperar, al menos hasta que sepa andar. Es lo que yo hice contigo y no me has salido tan mal –murmuró Vegeta. Trunks sonrió.

-Ya sé que es demasiado pronto, pero no está de más ir pensando en estas cosas. De hecho yo lo he pensado mucho y...me gustaría que tú entrenaras a Veggie cuando llegue el momento –le dijo Trunks. Vegeta le miró, sorprendido.

-Pensé que querrías entrenarlo tú mismo... –susurró Vegeta.

-Quiero lo mejor para él. Y tú eres el mejor. Has sido un gran maestro para mí, sé que en algunos momentos he llegado a pensar que eras demasiado duro conmigo, pero la disciplina es necesaria si quiero que mi hijo salga vivo de un combate y...he de reconocer que después de lo que pasó con Mirai me siento totalmente incapaz de ser duro con él –suspiró Trunks-. Desde que supe su historia, lo que pasó con su mujer y su hijo, he pasado muchas noches en blanco pensando en que quizá, pese a todo lo que hizo, el destino se podría volver a repetir y que yo podría perderlos así como le pasó a él, así como... le perdí yo a él. Durante años temí que quizá mi hijo nunca llegara a existir y ahora, que lo tengo en mis brazos, temo aún más que el destino pueda arrebatármelo tan rápidamente como me lo otorgó. Con la vida que tenemos, pensarlo no es descabellado y me siento incapaz de ser duro con él, de ser tan estricto como la instrucción guerrera demanda. Sé que soy su padre y que debo imponerme, pero he de reconocer que ahora mismo me siento incapaz. Tú puedes hacerlo mucho mejor de lo que yo nunca podría –dijo Trunks. Vegeta apartó la vista ante la mención del recuerdo de su hijo-. Perdona, papá. No quería entristecerte.

-No, no te preocupes. Comprendo tu postura, Trunks y es normal, pero...

-¿Lo harás, cuando llegue el momento?

-Trunks, lo haré si es lo que quieres, pero entrenar a tu hijo estrecha vínculos muy importantes, tú lo sabes. No deberías renunciar a esa experiencia.

-Lo mejor para él es que lo entrenes tú. Lo hiciste bien con Bra y conmigo, con él no será muy diferente.

-Pero yo no soy su padre, ahí está la gran diferencia. Yo soy su abuelo y estoy aquí para consentirlo y mimarlo, para educarlo estáis Andrómeda y tú. Es normal que te sientas inseguro, como todos los padres, pero todo va a salir bien.

-Papá, puedes decirme eso cuando no sabía ni cómo cambiarle los pañales a mi propio hijo, pero de que reciba un buen entrenamiento puede depender su vida; no voy a arriesgarme a que por el error que yo pueda cometer instruyéndole puedan matarle –le dijo Trunks. Vegeta suspiró, comprendiendo muy bien sus razones.

-Mira, hagamos una cosa. Cuando el momento llegue, le entrenaremos juntos. Al principio, seguirás mis directrices en lo que al niño respecta y, cuando te sientas más seguro, yo me retiraré y tú te quedarás como el único entrenador de Veggie, ¿de acuerdo?

-No sé, papá...

-Es a lo máximo que voy a comprometerme. Es eso o dejarte solo frente a tu mocoso para que le aprendas a entrenar desde cero como hemos hecho todos en tu posición –dijo Vegeta. Trunks sonrió y asintió.

-Está bien, papá. Se hará como tú quieres –dijo Trunks, mientras seguía intentando dormir a Veggie. Vegeta suspiró mirando al niño.

-Trunks, necesito pedirte un favor –le dijo Vegeta.

-Lo que quieras –dijo Trunks.

-Necesito llevarme al niño un par de horas –murmuró Vegeta. Cerró los ojos y esperó el lógico grito airado que daría el sobreprotector padre de su nieto exigiendo saber por qué se le quería llevar, qué quería hacer con él en medio de la noche y exactamente cuánto tiempo tardaría en devolverlo a sus brazos. Pero ese grito nunca llegó.

-De acuerdo –dijo Trunks, simplemente.

-¿De acuerdo? ¿No vas a ponerte histérico y negarte en redondo a darme al niño hasta que te diga el número exacto de pasos que voy a dar mientras le llevo en brazos? –preguntó Vegeta, sorprendido.

-Por supuesto que no.

-¿Por qué no? Lo haces con el resto de la gente, incluso con tu esposa.

-Pero los demás no son tú. Te he confiado durante años todo, incluso mi vida, papá; ahora, te confiaría algún aún más importante: la suya. Solo déjame que le ponga algo más caliente que el pijama; la noche es fría. Además, tengo una ligera idea de a dónde vais y por nada del mundo te lo voy a negar –dijo Trunks, buscando una manta en el armario de su hijo.

-Y según tú, ¿a dónde voy? –preguntó Vegeta, escéptico.

-A presentárselo a Mirai. De hecho, me sorprende que hayas esperado tanto tiempo para llevárselo –le dijo Trunks, mientras arropaba a su hijo.

-¿Soy tan predecible? He perdido mis viejas habilidades, parece ser –murmuró Vegeta.

-No digas tonterías, papá, ni tú ni yo hemos sido nunca predecibles, pero nos conocemos bien. Entonces, no me equivoco, ¿verdad? –le dijo Trunks.

-No, hijo, no te equivocas –le dijo Vegeta, mientras Trunks le ponía a Veggie en los brazos.

-Solo te pido que tengas cuidado. Te llevas mi vida –le dijo Trunks.

-No te preocupes, no pasará nada –le aseguró Vegeta, mientras acomodaba a Veggie en sus brazos y echaba a volar por la ventana de la habitación de su nieto bajo la atenta mirada de Trunks.


El viento brillaba por su ausencia en aquella noche fría mientras Vegeta volaba a través del cielo estrellado con su nieto en los brazos. Le ponía nervioso su propia lentitud, pero no quería asustar al niño que dormía pacíficamente arrullado por el calor que emanaba del aura de su abuelo para mantenerle caliente, ajeno al frío que reinaba fuera de su pequeño mundo. Veggie nunca había volado más que unos pocos metros en brazos de su padre en el jardín de la Cápsule Corp., nunca a grandes distancias, por lo que a Vegeta le sorprendía la tranquilidad que mostraba el bebé, que no se había movido apenas desde que salieran de su casa. Quizá, pensó Vegeta con una sonrisa, Trunks le habría transmitido junto con sus genes Saiyajin aquella imbatible confianza hacia su persona que había sobrevivido incluso a la muerte de su hermano. Pero Vegeta alejó tales pensamientos de su mente cuando la tumba de Mirai apareció en el horizonte.

Todos los días, sin faltar uno, había Vegeta encaminado sus pasos hacia ese lugar desde que decidiera quedarse en la Tierra tras la muerte de su hijo. Y no había habido uno de esos días en los que no deseara que aquella tumba erigida en honor de Mirai hubiese desaparecido, indicándole que aún seguía vivo en algún sitio y que todos aquellos años transcurrido no habían sido más que una broma macabra de algún enemigo al que podía dar presta muerte para que su hijo volviese a sus brazos. Pensamiento desesperado, sin duda, pero inevitable cuando la visión de aquella lápida con su nombre grabado le devolvía a la desgarradora realidad. Todos los días, sin excepción, había ido a limpiar su tumba, a susurrar al frío mármol palabras de recuerdo y homenaje y a dejar las tres flores que todas las jornadas su mano le renovaba: el nomeolvides de su inmortal recuerdo, la violeta de su lealtad y la rosa del amor que mantenía imperturbable por su hijo desaparecido, formaban la inicial de su nombre sobre la tierra indigna que había acogido el cuerpo de su hijo más de ocho años antes.

Vegeta aterrizó delicadamente frente a la tumba del mayor de sus hijos con el suspiro resignado que siempre le acompañaba cuando llegaba a ese lugar. Su derrota, su fracaso y su pérdida parecían flotar en el ambiente de aquel acantilado oscuro y frío que olía a la soledad a la que en vida siempre estuvo su hijo acostumbrado. Pero aquella noche era distinta, se dijo asimismo Vegeta, mientras la risa inocente de su nieto le devolvía a la realidad. Esa noche era de alegría y de reencuentro; era madrugada de presentación y homenaje. Presentación de un hijo anhelado a su padre; homenaje al héroe que lo había hecho posible. Con cuidado, dejó a nieto ya despierto sobre la tierra, junto a la lápida de mármol y observó durante un momento como reía, divertido, sin saber ni comprender las lágrimas, los sueños incumplidos y el sufrimiento reprimido que ocultaba ese lugar. Vegeta deseó para sí su inocencia. No, se mentía; para Mirai la hubiera deseado más que para sí, aunque hubiese tenido que tomar el lugar que le había correspondido a su hijo.

-Hola, Mirai –dijo Vegeta, sin saber muy bien cómo comenzar ni qué decir-, espero que estés donde estés puedas oírme. Prometiste estar siempre con nosotros, ¿recuerdas? Yo sí lo recuerdo; todos los días, para convencerme que de algún modo sigues conmigo. Habrás visto entonces cómo me has convertido en un viejo sensiblón, maldito mocoso, tú me has hecho blando. Y me has hecho feliz…lo único que me falta eres tú. Pero nunca se puede ser del todo feliz, tú lo sabes bien. Siempre admiraré tu fuerza, pero no la física, como siempre pensé en mi ignorancia que haría la primera vez que te vi partiendo en dos a Freezer con tu espada; sino tu fuerza de voluntad para seguir adelante pese a todo. Nada fue más fuerte que tu corazón ni que tus ansias por seguir salvando a los que no tenían los medios, tu voluntad de crear una vida mejor para los que venían detrás de ti…para nosotros y también para él. Tu gran sueño incumplido es ahora una realidad, mi niño. Ahora tienes un bebé, tu hijo. Aquel que nunca habría nacido si tú no hubieras aparecido en nuestra vida. Se parece tanto a ti...aunque tiene el pelo negro, por fin, uno de mis descendientes parece un verdadero Saiyajin sin el maldito color aguamarina de tu madre extendido por todos sus rasgos, aunque Andrómeda también es morena, pero prefiero pensar que lo ha heredado de sus antepasados guerreros...pero sus ojos, Mirai...sus ojos son como los tuyos, como los de su padre...Cada vez que los miro creo que te veo a ti...y creo que tengo razón, porque tú vives en él...como sigues vivo en todos aquellos que te conocieron, te admiraron, y aún te adoran. Solo ruego que puedas verlo, que puedas saber así que todo lo que hiciste no fue en vano, que todo lo que sufriste no fue inútil, que lo salvaste, que nos salvaste...El hijo que tanto deseabas ha nacido, yo te lo he traído y espero que esta sea la primera vez de muchas...Solo ruego que puedas verlo, aunque solo sea una vez. Por favor, si me estás viendo a mí como prometiste que harías, fúgate de nuevo y ven a verlo...haz caso al que aún se considera tu padre aunque tengas al de tu propio tiempo contigo, sé que no te arrepentirás...solo verlo te compensará de tantas cosas...Espero que donde quiera que estés ahora, Cielo, Infierno o Tierra, sepas que tienes un hijo que sabrá de ti, de tus hazañas y de tu sufrimiento y al que protegeré, por encima de todo y de todos, por los días que me restan de vida. Me aseguraré de que tu hijo no sufra tu destino y que, con él, se cumplan todas las esperanzas que tú un día no pudiste cumplir. Él será tu destino, Mirai; él será tu futuro por cumplir.

Las palabras de Vegeta fueron súbitamente interrumpidas cuando un viento vespertino comenzó a soplar desde ninguna parte. Una presencia bien conocida para el viejo súper guerrero atrapado para siempre en el cuerpo de un treintañero se hizo palpable junto a él. Pero, como siempre, su instinto guerrero le pidió la confirmación necesaria de que todo aquello no era un producto de sus deseos, por lo que fijó su vista en los árboles que daban comienzo a un bosque apartado al otro lado del acantilado. Su total quietud indicó a Vegeta que aquel viento estaba solo reservado a aquel privilegiado lugar. Vegeta sonrió. Le notaba. Su presencia le envolvía como un refugio, como un abrazo consolador de la soledad que no podía evitar sentir desde su muerte. Él estaba allí; notaba su presencia cambiando el solitario paraje mortuorio en la esperanza que nunca dejó de tener, su olor impregnando cada esquina de aquel desolado paraje y su, para Vegeta divina, esencia apareció de repente ante él. No podía verlo, pero aquello no importaba mientras él estuviera allí, recordándole una vez más que, pese a todo lo que había pasado y del tiempo transcurrido, él estaba bien en el otro mundo y seguía respondiendo a una llamada de la que nunca había abusado por temor a perderle, demostrándole que nunca le había olvidado. Vegeta cerró los ojos y arrinconó por un momento el hecho de que estaba muerto en lo más profundo de su mente, sintiendo el aura de su hijo perdido alrededor y queriendo imaginar, una vez más, que todo había sido un mal sueño. Sintiendo su energía y la de su familia en la lejanía de la Cápsule Corp, por primera vez en muchos años se sintió, de nuevo, completo.

-Aún te echo de menos, hijo mío. Te sigo queriendo –murmuró Vegeta, sabiendo que su destinatario le iba a escuchar. Entonces, notó sus poderosos brazos rodeándole en un cálido e invisible abrazo; daba igual que no pudiera ver las manos que formaban una curva en su ropa bajo una presión invisible, Vegeta reconocería aquellos miembros como los de Mirai por instinto. Podía notar sus brazos, su pecho contra su espalda, su barbilla en su hombro, sus dedos sobre su ropa...incluso podía identificar la pequeña cicatriz que cruzaba su dedo corazón desde que se cortara con su propia espada en un descuido luchando contra Freezer y su padre la primera vez que apareció en el pasado. Sí, era él; no había error posible. Vegeta alzó su mano intentando acariciar la cabeza de aquel que le abrazaba, pero su mano corpórea solo se encontró con le viento.

-Yo también –susurró alguien en su oído, pero tan quedo que Vegeta nunca sabría si había sido el murmullo del viento, su hijo o su propia imaginación que tanto deseaba oírlo los que habían producido esas palabras. La presión del abrazo extraño desapareció poco a poco y observó como el ruido de unas pisadas conocidas se dirigían hacia el niño de ojos azules que veía con todo el asombro de su inocencia como el súbito viento movía las briznas de hierba que le rodeaban. Vegeta vio al niño reír con deleite cuando aquella mano intangible acarició sus mechones morenos y aquellos brazos invisibles le alzaron en vilo y comenzaron a acunarle en el silencio de la noche. Vegeta vio a Veggie relajarse por primera vez en brazos de un extraño; el niño parecía desconfiado por naturaleza y habitualmente no dejaba que nadie que no fuera sus padres, sus abuelos o sus tíos Bra, Gohan y Lolo le cogieran en brazos sin ponerse a llorar con una fuerza que hacía temblar los cimientos de todo el edificio de la Capsule Corp. Trunks aún se preguntaba por qué su hijo no quería que Goten u Oob, dos de sus mejores amigos, estuvieran cerca; Vegeta no le había dicho que probablemente fuera porque su nieto podía sentir el permanente disgusto que le producía el hecho de que esos dos discípulos de Kakarotto estuvieran cerca de su familia. Aún entonces, más de ocho años después, no les había perdonado que aquella fatídica noche fallaran en su cometido de hacer guardia que le había costado la vida de su hijo. Vegeta sabía muy bien que si esos seres no hubieran conseguido llegar hasta Bulma de una sola pieza, posiblemente Mirai seguiría con vida y no podía perdonarles su error; pero jamás se lo había dicho a Trunks. Lo que le había ocurrido a Mirai, su otro yo, aún seguía embrujando su sueños y ya se sentía bastante inclinado a pensar que, como su hermano pensaba que había hecho, iba a fallar a su hijo como para que además Vegeta le hiciera pensar que su nieto le hacía más caso a él que a su propio padre. Pero estaba seguro de que los instintos guerreros que desde su concepción albergaba su nieto habían sabido identificar mucho antes que su conciencia que si algún miembro de la familia recelaba de las personas que estaban a su alrededor, él no debía asimismo confiar en ellas. Pero aquella noche Veggie no lloraba, sino que, al contrario, parecía disfrutar de aquel momento de paz sobre esos brazos extraños que le acunaban al ritmo del viento. Le reconocía como a su padre, sin ser exactamente él, pero se sentía protegido, querido y amado en sus brazos. Vegeta sonrió pensando que aquel niño nunca sabría lo mucho que aquel individuo que reconocía en esencia como a su padre le había deseado a lo largo de su vida.

Las primeras luces del amanecer habían aparecido en el horizonte cuando el niño por fin se durmió arrullado por un ángel. Vegeta no pudo evitar ver como una gota furtiva que no procedía del cielo molestaba el sueño del pequeño por un instante al caer en su redondeada mejilla. ¿Podían llorar los fantasmas?, se preguntó, pero se rectificó a sí mismo con celeridad. ¿Podían llorar los ángeles? En la tierra se decía que la pena no tiene cabida en el reino de los cielos, pero dejando tanto atrás como a Mirai le había pasado, era inevitable que allí reinara la melancolía tanto como en el mundo de los vivos. La respuesta era, pues, afirmativa: si el alma llora, como hacía la de Mirai, lo menos importante es que el cuerpo que le habían dejado retener como merced pudiera expulsar lágrimas fehacientes. Aquel ser invisible se acercó lentamente a Vegeta y dejó en sus brazos expectantes al infante mientras de nuevo, una voz equívoca, quizá el viento, quizá su imaginación, quizá su añorado hijo, murmuró una nueva frase de despedida:

-Por favor, papá, cuida de él.

Y Vegeta, contestándole con una sonrisa por si efectivamente lo había dicho su hijo, murmuró una última promesa:

-Siempre cuidaré de él, te lo juro.

Entonces, el viento se detuvo y Vegeta supo que, a su pesar, había llegado el momento de marcharse. Había deseado hasta aquel último minuto que Mirai tomara forma y se le apareciera para poder verle una vez más, pero en su corazón sabía que no lo haría. Conocía muy bien a su hijo futuro y este pensaba que verlo le haría más daño que, simplemente, saber que estaba ahí pues volvería a tener que dejarle ir una vez más. Vegeta comprendía que lo había hecho porque pensaba que le había ahorrado sufrimiento, pero mientras caminaba lejos de la tumba con su nieto entre los brazos, no pudo evitar sentir una punzada de decepción. Pero cuando, ya lejos en el horizonte teñido de la luz anaranjada del amanecer se volvió para lanzar un último vistazo, hasta el día siguiente, a la tumba de su hijo, se sorprendió al ver dos figuras bien conocidas sentadas juntas sobre el frío mármol de la tumba que acababa de dejar atrás. Pudo reconocer a Mirai Trunks, con el aspecto de inalterada juventud que da la inmortalidad, como siempre, con las ropas que llevaba al morir y, en sus brazos, su esposa Andrómeda, mirándole ambos con ojos felices pero melancólicos al verle alejarse con el niño que pudieron tener pero que, pese a todo, en realidad, pertenecía a otros. Vegeta no dejó de alejarse con la mayor lentitud de la que era capaz mirando disimuladamente hacia atrás, sabiendo que en el momento en el que Mirai o Andrómeda se dieran cuenta de que les había visto desparecerían una vez más y quería deleitarse, aunque fuera furtivamente, con la imagen del hijo que ocho años atrás había tenido que dejar ir.

-¿Volveremos a verle? –preguntó Andrómeda con voz queda, pero no lo suficiente para que los oídos súper desarrollados de Vegeta no captaran la tristeza de sus palabras.

-Nosotros siempre estaremos cuidando de él, Andy, pero es él quién no debe vernos a nosotros. Por mucho que nos duela, él no es nuestro hijo realmente; es a otros a quienes pertenece, nosotros no somos sus padres y no debemos hacernos la ilusión de que es así –dijo Mirai, también con su tono de voz cubierto de tristeza. Vegeta combatió con todas sus fuerzas sus deseos de volverse para consolar el alma de su hijo, de abrazarle y decirle que aquel niño también era suyo, pero sabía que no debía.

-Tu padre tiene razón, en cierto sentido él también es tuyo; sin ti no habría llegado a existir. Yo no puedo decir lo mismo –suspiró Andrómeda.

-No digas eso, Andy; si aceptas que papá tiene razón, él será de los cuatro, porque yo no soy nada sin ti, ni ahora ni antes. Él crecerá feliz, mimado y protegido en un mundo en paz y, cuando muera, dentro de mucho, mucho tiempo, le estaremos esperando en el otro mundo, donde cuidaremos de él como lo hubiésemos hecho si hubiéramos estado en la Tierra. Mi hermano y tu yo pasada no nos lo negarán y, aunque ellos sean sus verdaderos padres, él sabrá de nosotros. Hasta entonces, tendremos que conformarnos con verle crecer desde lejos –suspiró Mirai.

-Es perfecto...se parece mucho a tu padre.

-Entonces, será perfecto –aseguró Mirai-. Sé que papá le protegerá siempre y confío ciegamente en las habilidades de mi yo pasado para cuidarle. Lo conseguimos, Andy; él vive en un mundo feliz y en paz, rodeado de gente que le querrá y le mimará hasta la extenuación, lejos de las privaciones, el miedo y la soledad que nosotros vivimos cuando éramos niños. Nuestro hijo será feliz y eso es más de lo que en nuestro mundo podíamos pedir. Aunque no lo tengamos con nosotros hasta dentro de muchos años, prefiero que tenga una buena vida a tener que vivir una sufriendo a mi lado. Es lo mejor para él, Andy; los dos lo sabemos.

-Si, lo sé...pero, desearía que las cosas fueran de otra manera...que él fuera verdaderamente nuestro y no de otros...-suspiró Andrómeda. Mirai la abrazó.

-En muchos sentidos, él también es nuestro, ya te lo he dicho, pero hasta que podamos estar con él, el Cielo nos espera –le susurró Mirai en el oído. Andrómeda sonrió y Vegeta les vio desaparecer una vez más, besándose, bajo la luz sonrosada del amanecer, tras lanzar una última mirada melancólica al que querían creer su hijo, volviendo al Paraíso que se habían ganado a pulso en vida. Vegeta dejó escapar un suspiro herido viendo como su hijo desaparecía de su lado una vez más aunque su cálida sonrisa y la paz reflejada en sus ojos azules que había logrado atisbar desde la lejanía de su posición habían tranquilizado el corazón de un padre que aún pensaba en algunos días especialmente difíciles que su hijo podía estar sufriendo lejos de su cuidado. Vegeta se volvió de nuevo hacia su nieto, que se había despertado de nuevo y le miraba con sus preciosos ojos azul cielo llenos de curiosidad.

-Malditos sean esos ojos que tienes, enano –maldijo Vegeta, sabiendo que el niño no entendería nada de lo que había dicho, mientras se quitaba la cadena de la que pendía el ángel de oro que otrora Bulma le regalara y se lo ponía en el cuello a su nieto, viendo con deleite como la pequeña mano de Veggie se cerraba sobre el pequeño amuleto de ojos de zafiro-. Es hora de que este colgante pase a ti, para que siempre recuerdes quién es también tu padre. Yo no lo necesito para recordar al que nunca olvidaré ni por un solo momento, pero quizá tú, que no has llegado a conocerle, necesites algo para recordarlo. Puede que ahora no lo entiendas, mocoso, pero tú tienes dos padres: uno, el que está aquí contigo y otro el que está en el cielo y siempre estará protegiéndote. Nunca olvides al segundo de ellos, pues él es tan responsable de que tú estés vivo como el primero. Él ha sido siempre el héroe de nuestra familia, aquel que lo arriesgó todo para conseguir un futuro mejor para el mundo y para los que amaba y finalmente lo consiguió, aunque pagó con su vida tal atrevimiento. Pero nadie ajeno a nuestra familia sabe de su existencia y pronto será hora de que tú también sepas de sus hazañas para que, algún día, igual que te cuento yo lo que fue su vida, tú se la cuentes a tus nietos y ellos a su vez a los suyos, para que la memoria de mi hijo viva eternamente en su descendencia como debe ocurrir con la de todos los héroes. Yo me encargaré de que ni ignores su historia y cuanto antes la sepas mucho mejor. ¿Te parecería bien que empecemos ahora mismo? Bueno, realmente no me importa si te parece bien o no, mocoso, simplemente te la voy a contar. Es la historia de un héroe que fue el azote de los monstruos más poderosos del universo y que fue capaz de desafiar las mismas leyes del espacio y del tiempo para cambiar el futuro y salvar a aquellos a los que amaba de un destino que él no creía que merecieran...ese héroe, mi pequeño Veggie, se llamaba Mirai Trunks Vegeta Briefs y era tu padre...y mi ángel de la guarda...

FIN

No me puedo creer que lo haya terminado, pero...¡me encanta este último capi! De todo el fanfic, este es mi preferido sin duda. Voy a echar mucho de menos escribir esta historia, pero creo que ha terminado como debería...solo el apunte: Emma Daioh es el nombre del Diablo/dios que se sienta en el centro de admisión del Otro Mundo para decidir quién va al Cielo y quien al Infierno y por eso también creo que es su responsabilidad vigilar que nadie (como hace Mirai) se escape. Lo digo más bien porque muchas veces en las traducciones de los distintos países cambian los nombres, pero seguro que su imagen sentado sellando papeles y, con ellos, el destino de las diferentes almas es inconfundible. Otro detalle: tanto Andy como Mirai aparecen en el marco de la puerta por una razón. Los antiguos romanos creían que los espejos y las puertas eran portales que podían mostrar lo que ocurría en otros mundos, generalmente el mundo de los muertos, siempre contenían una conexión. De hecho Jano, el dios romano que presidía el mes de enero, el primer mes del año, era representado como un dios con dos caras, una que miraba hacia el año que entraba y la otra hacia el que se iba atravesando una puerta abierta que significaba el tránsito. Por ese significado, ambos dos, fantasmas al fin y al cabo si se quiere, aparecen en una puerta abierta, en un portal y desaparecen en él del mismo modo. Sé que no importa mucho para el desarrollo de la historia, pero no puedo evitarlo, me viene de fábrica.

Muchas gracias a todos por vuestras review y por la paciencia que habéis tenido con esta historia. Espero que os haya gustado. Os agradezco de antemano las review que podáis (y os pido por favor) dejar, sobre todo a aquellos que, siendo anónimas, no podré contestar. Gracias por seguir a Mirai y a Vegeta en su largo camino y espero veros pronto en nuevas historias, sean las mías o las vuestras. Un beso a todos que seáis muy felices. Con todo mi cariño:

Rochi Saiyajin.



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