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Author of 3 Stories |
11/08/2007
- La situación es grave, ese capitán parece saber todo lo que sucede. – comentó Michiyo mientras observaba un mapa de la división desplegado sobre la capa de cojines que cubría el suelo.
- ¿Es posible que tenga algún espía entre nosotros? – todos se quedaron mirando a Ryu que rápidamente corrigió.- perdón… es una pregunta estúpida… aun así, estamos en desventaja.
- Además del ultimátum… no sabemos donde está Kara y la información que consiguieron… - Hiroe no pudo terminar la frase. Fue como si una sombra cayese sobre el oscuro refugio.
- De todas formas, ahora mismo estamos contra las cuerdas. – se sobrepuso Kage mientras comenzaba a deshacerse del cabestrillo que le inmovilizaba el brazo.
- No deberías quitártelo Kage, aun estás herido. – le recomendó Hiroe.
- Bah, no podré partirle la cara a ese cabrón con un brazo inmovilizado. Un poco de esos analgésicos de la 4 y listo.
- Pues me temo que te tendrás que conformar con las aspirinas del botiquín… - informó Miaka entrando en el bunker. No parecía para nada contenta.
- ¿Que ha pasado ahí fuera? – preguntó Apollo
- De todo… para empezar nos han aislado la división. No se puede entrar ni salir. Y bastante con que he conseguido colarme. Estaba paseando cerca de la 8 cuando me llegó la noticia.
- ¿Se sabe quien lo ha ordenado¿El capitán? Ese cabrón está intentando presionarnos seguro para evitar que pidamos ayuda al exterior. – Kage se volvió hacia el mapa y comenzó a observarlo.
- Nosotros 6 en campo abierto somos blanco fácil. En realidad… daría igual… con nuestra fuerza actual dentro del cerco no tendríamos fuerza ni para empezar… veamos…táctica… táctica… - Los demás shinigamis se le quedaron mirando.
- ¡Partirle la cara a ese cabrón hasta que ni su madre lo reconozca! – explotó Kage.
- Eh… vale, pero para eso tenemos que trazar algun plan… dudo que deje que hundamos el puño una y otra vez en mitad de la cara. – protestó Apollo.
- Antes que nada necesitamos más gente. Avisaré a xevg y Alamez, para que vuelvan de la patrulla, si abren el Senkaimon cerca de la puerta de la 13 quizás puedan superar el bloqueo. Michiyo, avisa tú a Benji y Momo. – comenzó a organizar Hiroe.
- Ese es el siguiente problema… ya les avisé a todos, pero por lo visto han sido atacados por los Menos grande. Estaban bien antes de que se bloqueasen nuestras comunicaciones con el mundo humano.
- ¿En sitios tan tranquilos como los que tenían, y de la nada salen varios Menos para atacarles¿Pero que cojones está pasando aquí? – exclamó Ryu mientras se llevaba las manos a la cabeza.
- Entonces. – comenzó a decir Kage - Ya no queda mas remedio, hay que avisar a Gatou para que traiga a Manta, Me-chan y Aiolos. La discreción ya no nos servirá de nada. Saldremos de aquí y empezaremos a avisar a todo el que nos encontremos. El mensaje será “Ela y Mizu no están muertas, el capitán intenta mantenerlo en secreto.” Si con esto no conseguimos el apoyo de los chicos dudo que se pueda hacer algo.
Los shinigamis partieron de inmediato y solo se quedaron en el bunker Kage y Apollo observando el mapa.
- ¿crees que es buena idea? Si Ela y Mizu al final si han muerto, entonces estamos condenados. – murmuró Apollo.
- Ela es una capitana. La mejor capitana que podríamos desear. Mi-chan es más que la teniente, es nuestra amiga ¿Si no creemos en ellas, quien va a recordarlas? Podría estar viendo su cadáver que me negaría a creer que han caído, y aunque lo hubiesen hecho… ¿tú te quedarías tranquilo mientras mancillan su memoria?
- Cht… al final vas a resultar un buen jefe.
En ese momento la puerta se abrió de golpe. Los dos shinigamis se sobresaltaron y llevaron rápidamente las manos a sus respectivas zampakutohs. Una figura cubierta con una capa blanca se encontraba en la puerta. Y por un segundo creyeron que finalmente la oposición seria cortada de raíz.
La figura aun envuelta en sombras avanzó un par de pasos y cayó sin fuerzas sobre el piso.
- Pero que… ¡Ka-chan! – exclamó Kage mientras se acercaba corriendo a su compañera. Estaba llena de moratones, un hilillo de sangre caía de la comisura de sus labios. Llevaba el kimono blanco de los detenidos pero había manchas de sangre por todos lados. Y no paraba de llorar.
- Ka-chan ¿que ha pasado? Estás fatal. Vamos tranquila, intenta calmarte y cuéntanos que ha pasado… ¡Apollo¡Trae vendas, hielo… lo que encuentres!
La chica se movió con dificultad pero no podía comunicarse. Las manos las tenia llenas de cortes y varios moratones parecían indicar que también podía tener fracturados los brazos.
- Ka-chan… ¿que sucede¿Porque no dices nada¡Maldición si ese cerdo te ha hecho algo esparciré sus tripas por todo el seiterei!
- No puede decir nada porque es MUDA… y si no fuera por su telepatía se habría librado de la peor parte de todo… por eso es tan gratificante verla ahora así…
Nuevamente una capa blanca ondeaba en el umbral, pero esta vez no había duda de su dueño. Unmei Ushinata entró en el refugio y mirando a su alrededor con desprecio escupió al suelo.
- Parece que no aprendéis… os di la oportunidad de renunciar. Una segunda oportunidad que no os merecíais. Y esto es lo que me encuentro. Una inútil resistencia que solamente servirá para causar más y más dolor. Lo hago por vuestro bien… por el bien de la división… rendíos ahora y quizás sea benevolente con vosotros.
- No parece que Kara esté muy contenta con tus condiciones.
- Oh… pero no te das cuenta aun… es por ella que estoy aquí. Todo el miedo que pasó… la trajo hasta vosotros y a mí con ella. Yo si puedo oírla… “Kage… es un monstruo… tenemos que salir de aquí ya…” – Kage miró a los ojos de Kara y en efecto estaba temblando. No sabía que es lo que podría haber pasado para que Kara se encontrase en ese estado.
- Y bien Sexto oficial Kage. ¿Rendiréis las armas y cesareis en esta inútil lucha?
Kage desenvainó avanzó hasta ponerse delante de Kara y apoyó el filo de su espada en el suelo.
- Capitán Unmei Ushinata. Hay una última cosa que debe saber…
- ¿Y es?
- ¡¡¡¡Shounetsuboshi!!!! – gritó Kage cargando contra el capitán.
- ¡¡¡¡Asesina, Karasu!!!! – le siguió Apollo liberando su zampakutoh
Ambos filos se clavaron en el cuerpo del capitán que no se movió un ápice para esquivarlo.
- Débil… demasiado débil… estoy decepcionado – dijo mientras los trozos de metal de ambas espadas terminaban de caer al suelo sin ni siquiera haber rasgado el uniforme del capitán.
- ¡Sandias¡Deliciosas, dulces y jugosas sandias! – anunciaba la chica felizmente.