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13/08/2007
Dos chicas se encontraban en el límite del Rukongai. Unos pocos pasos después y estarían dentro de la corte de los espíritus puros.
- Ela… ¿me recuerdas porqué estamos aquí? O mejor… recuérdame porqué estamos aquí en mitad de la noche.
- Mi-chan… tu también lo oías… esas voces, la de la mujer y el dragón. Nos llamaban. Creo que ahí están las respuestas a porqué no recordamos nada.
- Ya… ¿pero porqué no vamos cuando sea de día?
- Oh vamos… así es mas emocionante. – Ela avanzó para disponerse a cruzar cuando el muro que rodeaba al seiretei cayó del cielo para repeler a los invasores. – las chicas se quedaron pálidas al ver a un gigante caer junto a los muros.
- Vaaaaya… ha pasado mucho desde la última vez que tuve visitantes. Bienvenidas chicas a la puert…. – el grandísimo shinigami superó con creces la palidez de las muchachas. Se quedó tieso sin poder moverse. Al cabo de un rato consiguió articular…- Ca…capitana Ela Kuroikawa, teniente Otaka Mizu… Mil disculpas… NO… Cien mil millones de disculpas. No merezco pisar la misma tierra que vosotras. – lloró el gigantón arrodillándose frente a las chicas.
- Eh… bueno, bueno no importa… está oscuro… normal que no nos reconocieses. – explicó Ela con total naturalidad.
- ¿Pero que haces Ela? Si resulta que no somos quien dice ese gigantón nos convertirá en una plasta informe… quiero conservar mis preciosas curvas – lloró Mizu a su compañera.
- Michan, échale narices, si tenemos a alguien así llegaremos enseguida a las voces y no nos perderemos – le susurró a Mizu. - ¡EHHH! Necesitamos que nos lleves adentro.
- ¡Claro! Enseguida abro. Por favor perdonad mis modales. – se disculpó nuevamente el grandullón mientras alzaba el portón. – dejad que os acompañe a la división. Creo que necesitan vuestra ayuda.
- Mizu miró fijamente a su compañera mientras el grandullón las subía a sus hombros y comenzaba a correr hacia la luz rojiza que se veía a lo lejos.
- Pero de donde mierdas ha salido este tío. Dices que no ha estado nunca en la academia shinigami, pero esa fuerza es sobrehumana. – Le comentó Aiolos a Melange que acababan de retirarse tras un intento fallido de rodearle.
- Michiyo, ayúdame con Kage, está sangrando por todas partes. – gritaba Hiroe mientras aplicaba todos sus conocimientos de Kidoh curativo sobre el sexto oficial.
- ¡No puedo¡Apollo apenas si tiene pulso¡Necesitamos ayuda de la cuatro inmediatamente o los vamos a perder!
- "¡Fluye suavemente como el viento, azota violentamente como las olas. Unabana!" – Manta liberó su shikai y con toda su fuerza descargó cientos de fragmentos de hielo contra el capitán que sin moverse desprendió una oleada de reiatsu que repelió el ataque de Manta.
- ¡Imposible! Como ha podido detener el ataque de Manta solamente con liberar su energía. Ni siquiera se ha dignado a desenvainar… ahhhgg… como me saca de quicio ese cabrón.
- ¿Habéis terminado ya de jugar? – preguntó Unmei aun cruzado de brazos.
- "Buenos días taichou¿quiere una aspirina para la resaca?" – le preguntaba un shinigami recién levantado.
- "Sempai, te juro que no era mi intención solamente vine a devolverte los informes para que los selles." – decía otro antes de ser abatido por una zapatilla.
- "¡No¡No dejéis que Kara entre en la cocina¡quiero vivir!" – suplicaba otro shinigami de aspecto mas descuidado con una cicatriz en el ojo izquierdo.
Se detuvieron frente a una puerta que rezaba Oficina del Cap- Ushinata. Alguien se había encargado de dejar claro que no les caía bien su presencia.
Mizu abrió la puerta y acto seguido, ambas chicas entraron reencontrándose con las figuras de sus sueños.
- Recibido. – respondieron ambos shinigamis mientras comenzaban a dispersarse por el campo de batalla.
- "Repito susurrando, repito hilvanando mis palabras e inquiero el nombre de quien me visita… ¡Shippûjinrai!" – recitó Aiolos envuelto en la nube de relámpagos y chispas que producía su liberación.
- Oh… ¿estás intentando ponerte serio? Vamos. A tu compañero no le funcionó¿que te hace suponer que tu si lo conseguirás? – increpó el capitán disfrutando con su propia arrogancia.
- Hadou no 61 ¡Rukujyoukourou! - recitaron el Kidoh Melange y Manta a la vez aprisionando cada uno un brazo del capitán
- ¿Y que tal con esto? – dijo Aiolos saltando con un shumpo frente al capitán. Y hundiendo a Shippûjinrai en el torso del capitán. La cadena de relámpagos que comenzó a emitir el filo electrificado de su zampakutoh sacudió de arriba abajo al capitán que gritó de dolor.
- ¡Lo consiguió! – gritó Yorleni desde el suelo observando la escena.
- ¡Mira que bien actúo! – Unmei sorprendió a Aiolos librándose del kidoh que aprisionaba su brazo derecho y golpeándole brutalmente la boca del estomago.
- Aiolos comenzó a caer inconsciente mientras Unmei extraía la espada de su tórax como si se tratase de una pequeña espina clavada en la piel. Manta se lanzó para intentar evitar que Aiolos se abriese la cabeza contra el duro suelo. Pero el capitán se interpuso.
Algo cruzó el campo de batalla interceptando la caída de Aiolos y apartándose del capitán.
- ¡Lo tengo¡Despejado! – exclamó Kaiden cargando con el 5º oficial a cuestas.
- Hadou no 33 ¡Soukatsui! – de la nada aparecieron Xevg, Momo y Benji y rodeando al sorprendido capitán liberaron el Kidoh.
Ushinata solo tuvo tiempo de cubrirse antes que las llamas azules le envolviesen desde todas direcciones.
- Eso no ha estado mal del todo pero aun… - Unmei se quedó sin palabras cuando al abrir los ojos vio la palma extendida de una Shinigami de pelo negro. Alamez tensó todos los músculos preparándose para liberar toda la furia del Kidoh almacenado en sus manos.
- Hadou no 64 - ¡RAIKOHOU!
El impacto lanzó al capitán por los aires. Kara era consciente de todo eso. Seguía arrodillada al lado de Kage mientas Hiroe se afanaba por cerrar todas las heridas que podía sin tener demasiado éxito. Sin pensarlo dos veces Kara cogió la espada mellada de Kage y un fuerte dolor sacudió sus muñecas recordándole su estado. Inspiró y se mordió el labio intentando contenerse.
- ¿Creeis que eso es suficiente¿¡Ataques conjuntos de kidoh¿Tácticas básicas de combate¡Me estáis subestimando! – Unmei consiguió recuperar el equilibrio y por primera vez llevó su mano a la empuñadura de su zampakutoh. – Haré que os arrepintáis del día en que…
No llegó a terminar la frase. Un leve destello fue lo único que le avisó y lo hizo demasiado tarde. Shounetsuboshi se hundió en la nuca del capitán y Kara no se detuvo hasta que la hoja del sexto oficial asomó por el otro lado, provocando una lluvia de sangre.
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