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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Books » Harry Potter » ¿Qué es el amor?

Liuny
Author of 24 Stories

Rated: T - Spanish - Romance - Draco M. & Harry P. - Reviews: 346 - Updated: 11-18-09 - Published: 08-26-07 - id:3748689

Capítulo dieciocho: Prefacio, la casi fiesta (otra vez).

Advertencia: Oh, oh... ¡Draco! ¿Draco? ¿A dónde te fuiste? * Liuny mira al Draco de este capítulo * ¡Draquito! ¡Necesito que vuelvas para escribir esta mierda bien! Un... ligerlo OOC...

Al mal tiempo, había que enfrentársele con buena cara, o esa era una de las ridículas excusas que justificaban a Dumbledore y su baile de San Valentín. Con Voldemort al acecho, nadie sabía cuando podría volver a disfrutarse de momentos como aquellos. Toda la población estudiantil y Sirius Black lo secundaban con demasiada empatía. Mcgonagall aún seguía intentando negociar con el testarudo director de Hogwarts, diciendo que no era apropiado una fiesta de semejante calibre, con tan poco tiempo de planificación. Inclusive Snape, resignado y de mal humor, le había dicho que desistiera.

Así que, pisando febrero, todas las mujeres se preparaban para pedirle a sus posibles candidatos, ser acompañadas al baile de San Valentin. Harry tenía pensado morder y contagiar de rabia a la primera mujer que quisiera ir con él al baile... él no bailaba, él no tenía pensado poner un pie en el Gran Comedor, ese día. Así como tampoco tenía pensado disfrazarse, es que si lo obligaban, se disfrazaría del mismísimo Lord Voldemort y les jodería la fiesta, por su madre y su padre que se transfiguraría en el cara de serpiente asustando a todo el mundo.

— Ron... —El pelirrojo dejó de súbito el consumo masivo de su alimentos con cara de terror, ante la llamada inesperada de Hermione a su lado.

— Te juro por nuestro amor que no he hecho nada... —Se disculpó antes que Hermione pudiera decir cualquier cosa.

— Aw, no seas tontito, Ron.

— ¿Lo... siento? —Harry se rió con clara burla en ella. La prefecta le fulminó con la mirada.

— Ya que en este baile, es la mujer quién invita al hombre. Voy a ello. Ronald Weasley, ¿Irías conmigo al baile de San Valentín? —La cara de Ron, incitaba a burlarse. Harry miró macabro a Seamus y Seamus le guiñó un ojo cómplice. El pelirrojo, tenía la cuchara sostenida en el aire y la boca abierta, embotado, asintió. En ese momento se escucharon las ovaciones de Gryffindor, llamando la atención, como siempre, de las demás casa. Harry había sido la pauta, silbando fuertemente y Seamus habían aportado la ovación y los aplausos. No pasó ni veinte segundos cuando, ya toda la casa estaba enterada y los aplaudía. Así se inauguraba de manera oficial y definitiva el Baile de San Valentín. Hermione había fulminado a su mejor amigo y Harry se había disculpado, poniendo de excusa su sangre de Merodeador.

— No importa, Ronnie. Ellos sólo están celosos —Había dicho la prefecta, abrazándole y besándole en la mejilla. La piel del ojiazul, competía fácilmente con su cabello. Eso sólo aumentó las burlas.

1

— Necesito hablar contigo —Ese había sido Harry, deteniendo sorpresivamente a Draco en medio de un pasillo. El príncipe Slytherin, miró a Blaise, quien reviró los ojos...

— Yo le diré a Theodore que no irás... diviértete con tu ojos verdes, Draco.

— Trataré de hacer esta burla lo más comedidamente posible. ¿Me vienes a invitar al baile de San Valentín? —La mirada de Harry, le hizo revirar los ojos de la misma manera que lo había hecho Blaise hacía unos segundos.

— No es algo tan placentero. Es acerca del Sruth, y de preferencia, busquemos algún lugar donde no llegará algún familiar, amigo, metiche o interrupción de último minuto —Draco no dijo nada, simplemente, asintió y se encaminaron a encontrar dicho lugar.

— ¿Tienes algo en mente?

— No, El salón del requerimiento ya lo conoce mucha gente, al igual que las cúpulas del parque... estoy seguro que estas últimas ya están ocupadas...

— No lo dudo —Secundó Draco—. Espero que consigamos lo que buscas, contando con que es viernes en la tarde...

— Tranquilo, ya había cachado algunas opciones..., pero, parece que ninguna me sirve hasta ahora —Luego de unos minutos caminando—. Estoy seguro que estaba por aquí... umm... —El moreno se detuvo, bajo la ya acostumbrada atenta mirada del rubio—. ¡Ah! ¡Aquí está! —Murmuró, complacido, abriendo una puerta—. Ven... —Llamó a Draco, entrando.

Aquel cuarto había sido el más genial de todos los que habían encontrado hasta ahora. Las paredes eran de color blanco, en el medio, había una cama king de hierro pulido negro, cubierto con sábanas blancas, las mesitas de noche, eran del mismo material que la cama con vidrio en los soportes. Había un bonito escritorio de madera caoba, una puerta doble del material que el escritorio, junto a un pequeño closet. Una chimenea discreta, estaba a los pies de la cama, junto con una alfombra de colores neutros.

Harry se sentó en la alfombra y encendió la chimenea con unas llamas danzantes que salieron obediente de sus manos. Luego de tener eso listo, hizo un gesto a Draco para que se sentara con él, palpando el puesto a su lado.

— ¿Quieres té o algo?

— Tranquilo, no hace falta crear ambiente conmigo para hablar de temas desagradable.

— Vale.

— ¿Qué quieres del Sruth?

— Hasta ahora... destruirlo.

— Me alegra que tengamos una meta en común —Le dijo con una sonrisa torcida. Estiró las piernas y se apoyó en sus manos.

— ¿Te has leído el librito? ¿Ese el que te explica casi todo?

— No, ni tengo intenciones de hacerlo. ¿Por qué la pregunta?

— Porque yo ya lo leí —Eso había agarrado fuera de base a Draco—. Snape me obligó a leerlo, alegando que las únicas personas que podríamos hacer algo contra el Sruth, éramos tú y yo. Tú dominándolo, yo sometiéndole. Ahora, tengo una serie de malas noticias que ojalá no tuviera que decirte, y un montón de temas incómodos que ojalá tuviera que no preguntarte.

— Será mejor comenzar pronto —Le concedió, serio.

— Bien, el primer tema, es una pregunta. Ya que no estás enterado de lo que dice el libro, explicaré brevemente a lo que me refiero. El Sruth, usualmente, no siente nada por el elegido del Veela —Draco asintió, sin interrumpirle—. Sin embargo, hay determinados casos en los que el Sruth, misteriosamente, gusta al igual que el veela, del elegido. No me preguntes por qué o cómo, no tengo ni la menor idea. Sé que posiblemente no te acuerdes de esto pero —Harry se sonrojó, mirando al piso. Allí iba a la primera pregunta comprometedora de la tarde, pensó inmediatamente el rubio al ver a su acompañante sonrojarse—. Cuando, estábamos en... el cuarto, haciendo... ya sabes... ummm, ¿Qué sentiste?

— Que jamás me ibas a perdonar lo que estaba haciéndote —Harry bajó más la vista. Esa conversación iba a ser imposible para él de llevarla.

— No... esto... —Murmuró removiéndose incómodo—. Y, ya no me importa, eso ya pasó... —Siguió en un tono débil—. Que sentiste con respecto a la unión, mágicamente hablando.

— ¿Qué exactamente quieres saber? —Trató de precisar, comenzando a sentirse incómodo también. Él había decido bloquear ese día.

— Necesito saber si yo soy una de esas excepciones en las que el Sruth gusta —Le explicó en una mueca—. Del elegido —Draco jadeó—. Vamos, esto no cambiará nada entre nosotros. Necesito toda la información que pueda si alguna vez te quieres deshacer del coso.

— ¿Qué te hace pensar que es así?

— Mi parte oscura... —Le respondió sinceramente—. Las veelas son esencialmente oscuras. Estoy seguro que yo soy como un festín inagotable para el Sruth, el libro asegura que el coso no posee consciencia como los humanos la conocemos. Es como un capricho animal... No me mires así, por favor —Le pidió, volviendo a retirarle la mirada.

— Si te soy sincero, aquel día fue uno de los días más terribles que he tenido. Usualmente mi mente bloquea esos recuerdos.

— Trata, ya yo lo olvidé y lo perdoné, aunque no me creas. No me interesa, eso nos salvó la vida.

— Uniéndonos eternamente.

— ¿Te arrepientes de eso?

— ¿Estás loco? Soy un maldito veela, Potter. Inclusive antes de mí mismo estás tú. Lo siento —Se disculpó, sintiendo que la había cagado terriblemente. Esa era la mirada dolida de Harry. La de verdad...— No es por ti.

— Ya.

— Es en serio... me gustas, y mucho, estoy seguro que de no haber sido un veela me hubieses gustado, aunque no hubiésemos sido nada... no me mires más así, prefiero mil veces tu odio a saber que soy yo quién está destrozándote el corazón.

— Antes de que nos ahoguemos en azúcar. Si yo le gusto al Sruth y de alguna manera se siente ofendido, me reclamará.

— ¿Cómo?

— El libro dice que jamás ha sucedido, pero, el Sruth, es capaz de reclamarme. Explica que, me volvería como una especie de títere a merced de ustedes, en el mejor de los casos...

— Espera, ¿En el mejor de los casos? —Harry asintió—. ¿Y cuál por Merlín y su corte es el peor de los casos?

— Hacer que lo acepte de alguna manera. Snape tiene la firme creencia, la teoría la apoyan la señora Narcisa y Remus, que, nuestra debilidad soy yo..., herido.

— Eso es ridículo...

— No lo es. El Sruth la tomaría conmigo hasta que de alguna manera algo cambie en mi mente.

— Es decir, ¿la maldita estatua de mierda trataría de torturarte?

— Supongo. No sé que daño propinaría...

— Dime que alguna buena noticia en esta tarde.

— No, ni una. Aquella vez en la biblioteca, estaba tratando de buscar completar mi intento de someter el Sruth por medio de Malevich —Draco torció una mueca al recordar esos días—. Sólo sé que lo hace, me explico, sé como someter el Gen. No sé nada más, ni cuanto dura ni si es permanente ni si es capaz de soltarse causándonos más problemas, ni... el más importante de todo... como reaccionaria al ser yo quien... hiciera... umm... —Harry volvió a sonrojarse, cada vez el tono era más bajo. Al entenderle, Draco sintió que sus mejillas, también se coloreaban tenuemente—. Sabes...

— ¿Si tú llevaras a cabo la contención, directamente? —Preguntó carraspeando ligeramente. Harry asintió, abochornado.

— Contando con que las reglas normales existieran, debería ser aún más poderosa. Claro —Masculló con ironía mal contenida—. Porque si todo fuera como debería, no tendríamos que tener esta conversación si no que seríamos las personas más felices de este universo.

— No sé si debería prometerte esto, pero, Potter, algún día lo seremos, eso te lo aseguro. Además, tenemos la eternidad por delante... nosotros seremos felices así tengamos que llevarnos cualquier cosa por delante.

— Gracias, eso en mi nivel de estupidez, hace que mi esperanza crezca. Aunque no sé que tanto nos ayudará eso... —Draco gateó hasta donde estaba enfurruñado Harry y lo abrazó, acunándolo en su pecho.

— No puedo contestarte si le gustas o no, al Sruth, pero, te aseguro que serás la primera persona en saberlo si yo me entero de ello. Ya estoy celoso de la cosa esa, sobre mi cadáver, la única persona con derecho a molestarte soy yo —El ojiverde sonrió suavemente, colocando con delicadeza su mano en el brazo de Draco. Se sentía tan bien estar allí, seguro que aquello debía ser similar a cuando su madre lo sostenía y lo consolaba—. ¿Algún otro tema incómodo a tratar, señor Potter?

— Graciosito.

Tout la vie...

— Sí, supongo que es parte de tu encanto —Se incorporó aún en los brazos del rubio—. Tú mami dice que no estamos unidos, ya va, déjame terminar. Neutralizamos el Sruth, sí, para el veela, en realidad para el puto Sruth y para el mundo que anda jodiéndonos constantemente, estamos unidos. Sin embargo, tú y yo, y lo que realmente representaría, realmente una unión de este tipo, no se ha... ¿llevado a cabo?

— A mí me va bien así... somos como una pareja cualquiera..., bueno todo lo cualquiera que puede ser algo en lo que está inmiscuido Harry Potter.

— Pues, Monsieur Malfoy, j'me excuse pour être, celui qui je suis...

— Estás perdonado, Potter. Tengo que decirlo, me pone escucharte hablar francés —Harry se rió con ganas de lo último. No sabía por qué, pero, estaba seguro que Draco no iba a ponerle una mano encima a menos que él le dejara—. Y no me parece justo —Le susurró cerca del oído, enviándole un escalofrío al moreno.

— Draco, si me prometes que no me pegarás un susto, puedes besarme..., sí, con lengua y todo —Accedió, completamente abochornado.

— Creo que no sé, si pueda prometerte eso. Puedo mantenerme coherente abrazándote, no tengo ni la menor idea de que puedo hacer si te beso.

— ¿Y si... umm... te beso yo?

— No lo sé, y no quiero que te lleves un susto, no tan bien como vamos —Harry sintió una extraña sensación de frustración crecerle en el pecho. Su mente se dedicaba criticarle al rubio su aparente santidad. ¿Qué coño le estaba pasando?

2

— ¿Vamos a dormir aquí? —Le preguntó Harry, con un extraño tono de reproche, aún sin entender la frustración que cargaba encima, una vez que consiguieron terminar la conversación del Sruth, la cual había sido particularmente infructuosa...

— Emm —¿Eso que había escuchado había sido reproche? Peor aún, ¿Harry le estaba pidiendo pasar la noche juntos?— ¿No lo sé? —Potter había decido el peor momento para caer en el mutismo y mirarlo con una ceja alzada y nada en particular transmitiendo en sus grandes y brillantes obres glaucas—. ¿Qué quieres por respuesta? —Preguntó, yéndose por el camino seguro. Aunque, no tenía muy seguro que hubiese un camino seguro con su pareja. Porque, salía con cada cosa...

— Estoy preguntando...

— Am, pues, si quieres pasar la noche aquí... pues...

— Vale, me iré a Gryffindor, antes que los sentidos de la gata de Flich se afilen aún más y tenga que hacer milagros para llegar —Terminó, tratando con todo su ser, de restarle hierro al asunto. No era el fin del mundo, no había motivos para quedarse allí, durmiendo..., ni siquiera él sabía de dónde había salido la propuesta, sí, sí sabía, lo que no sabía era por qué la frustración que había dado pie a todo aquello, de repente se sentía vacío...

Como decía... no había camino seguro y afianzado con Harry Potter. Lo agarró del brazo y lo jaló hasta la cama, acostándose con él. Claro que aún era ridículamente temprano para dormir, el reloj en su pulsera decía que eran las ocho y media de la noche.

— Si quieres algo en concreto, pídelo... no te leo la mente...

— “Entonces ¿Me besarías?”—Ese pensamiento había sido tan fugaz que no le había dado tiempo de bloquearlo. Se quedó mirando a Draco, críptico.

— Potter... ¿aló? —Llamó, dándole unos golpecitos en la cabeza para devolverlo al mundo de los vivos.

— Malfoy...

— ¿Qué quieres? —Preguntó a la defensiva.

— Bésame...

— ¿Qué?

— Que me beses...

— Potter...

— Bésame, tienes dos segundo para hacerlo antes de que yo lo haga —Draco hizo lo demandado. Rosó ligeramente los labios del otro—. ¿Tú llamas a eso un beso? —Le recriminó.

— Potter, duérmete...

— Malfoy...

— No, duérmete... sabrá que te habrá poseído. Duérmete y hablamos mañana.

Harry frustrado salió a la vista de los mortales. Draco suspiró, llevándose una mano en la cabeza, al verlo. ¿Qué hacía? ¿Lo besaba? Dos minutos después, el moreno seguía esperando el puto beso. ¿Tenía algún comodín? ¿Podía llamar a un amigo? Tenía un “Potter, deja de joder y duérmete...” atorado en la mitad de la garganta.

— No me siento preparado para besarte y solamente besarte. Estate tranquilo y si me vas a hacer quedarme aquí, prefiero estar en el canal seguro. Acuéstate y duérmete...

Harry se bajó de la cama y se acostó peligrosamente cerca de la chimenea. ¿Qué acaba de suceder? Su cabeza era un torbellino confuso de sensaciones, palabras e imágenes. Apretó los labios con fuerza, concentrándose sólo en el fuego, la única cosa que existía en el maldito mundo que jamás le lastimaría ni le confundiría. Fuego, fuego, fuego, fuego...

— ¡Potter! ¡Basta! ¡Me vas a volver loco! ¡Y si sigues! ¡Estoy seguro que quemarás Hogwarts entero! —Gritó alterado Draco, desordenándose los cabellos, más allá de toda frustración, despertándole de su ensimismamiento, asustándole—. Vuelve aquí, te doy tu maldito beso y te duermes de una puta vez, bájale al fuego y también a lo que sea que hayas prendido...

Hizo lo que Malfoy le ordenó histérico, completamente confundido. O salía de el estado de estupefacción en el que había entrado o sería él quien se volvería loco... se recostó habiendo perdido el habla y cerró los ojos tratando de quedarse dormido. Estaba en blanco o en negro... por más que trataba de sacar algo de todo aquello, no había nada...

Aún escuchaba a Draco tratando de calmarse. Había llevado sus nervios al máximo, casi sin darse cuenta... ¡qué demonios había pasado! ¡Argh! Estaba a dos pasos de comenzar a llorar de frustración. Apretó sus ojos con más fuerza, tratando de entender, aquella situación era demasiado extraña para él. Ni siquiera podía explicar el por qué de su conducta de unos minutos atrás, ni él mismo tenía esa respuesta.

Llevaban aproximadamente, tres horas tratando de dormir... Harry estaba como petrificado en la cama. Draco se removía constantemente, tratando de encontrar una manera de dormirse. La presencia del ojiverde, era inversamente proporcional a la de una araña estampada en la pared... es más, hasta comenzaba a preguntarse si seguía vivo. El cuarto había pasado de estar demasiado caliente, a estar demasiado frío a estar demasiado caliente otra vez... se levantó esperando que la inmovilidad de Harry, fuese a que ya se había quedado dormido, y pegó la frente contra el vidrio, eso fue, un gran alivio, estaba helado, pero, en su cabeza caliente no había nada mejor.

Aquello de dar un paso hacia delante y tres hacia atrás no era, natural, rotó el cuello para fijar la vista en su acompañante. Harry se había liberado de la petrificación y se había sentado pegado de la cabecera de la cama. Decidió tomar asiento un rato en el alféizar y analizar la situación como buen Malfoy que era...

3

No sabía a que hora habían logrado conciliar el sueño, pero, cuando fue el momento de regresar del mundo de Morfeo. Estaban los dos en la cama y Harry usaba su estómago de almohada cruzado en casi una diagonal en la cama. Mientras que él dormía como una persona normal, lo haría. Exhaló mentalmente cansado. Agarró la cabeza del pelinegro y la rodó, hasta colocarla en la almohada real, que debía haber utilizado toda la noche en vez de conseguirse una tortícolis con su abdomen.

Abrió la puerta que debía dar al baño porque no había de otra, y abrió el grifo, echándose agua en la cara, se miró en el espejo..., esa noche había sido tan forzada que unas horribles ojeras comenzaban a marcarse en sus párpados. Volvió a suspirar sosteniéndose de los laterales del lavamanos, mientras cerraba los ojos y ponía un poco de aparente orden en su mundo. Cuando se dispuso a salir, se encontró a un despeinado Harry con los lentes de cintillo, los brazos cruzados, recostado en el marco de la puerta. A buena hora decidía madrugar... no que fuese muy temprano, en realidad no tenía ni idea de la hora. Se levantó la manga.

Eran las diez de la mañana. Hora razonable para haberse quedado dormidos a una hora desconocida para su mente.

— Desayunemos y olvidémonos que anoche fue una noche en nuestras vidas —Propuso Draco, rompiendo el silencio. Lo único que recibió fue la mirada. Esa ridícula mirada que no decía nada... una placa de algún cristal verde, sin profundidad ni espacio—. Di algo...

— ¿Quieres café? —El rubio reviró los ojos, sintiendo como un peso se desalojaba de sus hombros. Empujó levemente a Harry, para quitarle de la puerta y se fue a recuperar las prendas que se había quitado para mayor comodidad. Escuchó la regadera y trató de olvidarse de que Potter estaría allí sin ninguna clase de ropa.

— ¿Has visto mi corbata? —Preguntó el rubio, mirándole. Harry arrugó el ceño, amarrándose los zapatos. Otra vez el universo surrealista en donde las prendas de Draco, aparecían en un lugar diferente al que eran dejados.

— No. Ni siquiera me había dado cuenta que te la habías quitado —Observó al rubio, ver debajo de la cama. Salió recostándose del colchón.

— Encontré la tuya...

— Gracias —Expresó metiéndola en el bolsillo de la túnica —Luego de algunos minutos de búsqueda inconclusa. Harry sacó su varita y con movimientos famélicos.

Accio Corbata de Draco, esa que está aquí perdida en algún lugar de este cuarto... —Draco se detuvo a verlo.

— ¿Estás tonto...? —Comenzó el típico regaño de la mala utilización de los hechizos de invocación de objetos inanimados pero, tuvo que callarse. Harry tenía su desaparecida corbata en las manos—. Gracias...

— De nada.

4

— ¿Dónde estabas? —Hermione y Ron al mismo tiempo, cuando llegó al gran comedor.

— Me escondía... —Ni bajo veritaserum aceptaría que estaba con Draco.

— ¿De quién?

— Del coco...

— ¿Perdón?

— Ya oyeron, me escondía del coco...

— Nosotros preocupados toda la noche por ti, mientras tú te escondías de un ser ficticio —Hermione estaba molesta.

— Estaba buscando una manera de destruir el Sruth sin matarme en el proceso. Eso hago todos los viernes porta tarde... —Ron se la tragó, Hermione no, sin embargo, al ver que el mal humor de Harry había regresado, decidieron no presionar demasiado... sabían lo que venía después de presionar al niño-que-vivió de esa manera. La mitad de las ventanas de Hogwarts estalladas...

5

— Hola... Harry —Saludó extrañado que el moreno se encontrara allí, en esos precisos momentos.

— Hola, ¿Qué pasó?

— Busco a mi tío. ¿Está?

— No, anda persiguiendo a Moony...

— ¿Eh?

— Sirius trató de hacerle de nuevo una broma al profesor Snape. No lo logró por supuesto, Remus se enteró, y ahora, Sirius tiene que arrastrarse y pedirle perdón.

— Ya veo... ¿Y tú que haces aquí?

— Me escondo.

— ¿De qué podrías esconderte tú, Potter?

— De cualquier fan, lo suficientemente desquiciada como para invitarme al maldito baile de San Valentín. En realidad, no estoy disponible para nada ni nadie más que mis clases...

— Okey, lamento haber perturbado tu ecosistema..., me voy a buscar a mi tío.

— Adiós, Draco —Se despidió, volviendo a su libro.

— Adiós, Harry... —Eso había sido tres veces más extraño que cualquier otro día. Se detuvo y se volvió de nuevo hacia el moreno.

— ¿Se te olvidó algo?

— ¿Alguna razón en particular por la que estés echando pestes del baile?

— Adiós, Draco... —Masculló otra vez dirigiendo su atención al libro.

— No seas, gafe. ¿Por qué no quieres ir?

— Porque no sé bailar —Masculló en un susurro desfigurado.

— ¿Ah? ¿Dijiste algo?

— No...

— Harry...

— ¿Si te digo me dejas en paz?

— Supongo...

— Porque no sé bailar, no me gusta bailar, no me gusta estar en fiestas, me rehúso a disfrazarme y no tengo ganas de fiesta en estos precisos momentos de mi vida.

— No quieres ir a baile porque no sabes bailar.

— ¿Algún problema con ello? —Ladró a la defensiva.

— Potter, tu capacidad para ahogarte en un vaso de agua, es sorprendente.

— ¿No ibas a buscar a Sirius?

— El pulgoso puede esperar...

— Vale, si me permites, seguiré leyendo.

— Harry.

— Que —Gimió el moreno, constipado.

— Levanta.

— ¿Para qué? —Sintió como Draco lo jalaba y lo levantaba—. ¿Qué haces?

— Como aprender a bailar en una lección o menos —Le reveló, apuntando la puerta con la varita. Dicha se cerró a cal y a canto.

— No voy a bailar.

— Claro que vas a hacerlo.

—No voy a ir al puto baile.

— Genial, eso no importa. Eres un Malfoy aunque no te guste, no hay Malfoy que no sepa bailar. Así que como Malfoy que soy debo enseñarte a Bailar... —Harry estaba de fotografía.

— No voy a bailar, y esa es mi última palabra.

— No seas mojigato.

— Dime eso cuando te pise.

— Ya solventaremos ese pequeño detalle. Pon tu mano, aquí —Ordenó, señalándose el hombro derecho. Harry lo miró con recelo—. ¡Vamos Potter! No seas cobarde. Al mal tiempo apurarle el paso. Pon la mano, ¡rápido! —En en santiamén, Draco lo tenía sostenido por la cintura y agarraba su mano—. Primero que todo. Decidir quien lleva, actualmente, en esta posición, yo llevo, tu sigues. Si tú tuvieras el brazo en mi cintura tu llevaras. ¿Claro eso?

— Eso ya lo sabía, no soy idiota.

— Lo pareces —Harry lo pisó.

— Que infantil eres —Le hizo saber sin inmutarse—. Número dos, cada ritmo tiene una serie de pasos típicos y repetitivos que cambian cuando, uno sabe bailar. Para bailar el vals, que es lo más normal, son dos pasos a la derecha, dos pasos al a izquierda mientras se rota, y luego de terminar un circuito que son cuatro pasos, un giro y volver a repetir lo mismo.

— ¿Ah?

— Tú sólo sigue mis pies... uno, dos, adelante y derecha, uno, dos, atrás e izquierda, no, no... así no. Despégate del piso, Potter. Pareces una momia con clavos quirúrgicos en las piernas. Otra vez. Da un paso a la derecha y otro a la derecha, el paso que vas a dar a la izquierda tienes que irte hacia atrás, para ir formando un círculo —Potter era el afortunado poseedor de dos pies izquierdos.

— ¿Has terminado ya de humillarme? —Preguntó desde el piso, en dónde había terminado cuando sus pies se habían enredado.

— No, de aquí no me voy hasta que puedas lograr el maldito paso, porque me llamo Draco Malfoy. ¡Levanta! No es difícil, sólo tienes que dejarte llevar y despegarte del suelo, no te dejaré caer en la medida de lo posible que tu no estés invocando el piso.

— Es fácil para ti, decirlo.

Media hora después...

— Potter, era la persona más SORDA que he conocido.

— Pues, siento el no saber bailar —Se disculpó molesto, en medio de la improvisada pista de baile.

— ¿Algún tipo de música que te gusta seguir? Ya sé, Trance, todo el mundo puede bailar esas cosas. Sabes, esa música muggle electrónica...

— Malfoy, estás hablando con alguien que se crió con muggles, sé que es el trance, a mí me sorprenda que tú sepas lo que sea.

— Bueno, como sea...

— Eso no se baila, y menos si no hay música de por medio.

— Eso se soluciona —Draco volvió a mover la varita y un beat, beat, beat, beat, se comenzó a escuchar.

— No me gusta bailar.

— Entonces, salta.

— No me vas a ver haciendo el ridículo.

— No es cuestión de hacer el ridículo, es cuestión de despegarse del piso y mover las caderas —Le dijo moviéndose al mismo ritmo de la música—. Ves. El secreto está en las caderas, si no tienes movimiento de caderas entonces no te despegarás nunca del piso. Vamos, salta al ritmo del beat... —Harry saltó tieso, sintiéndose estúpido—. Con ese salto eres capaz de romperte una pierna en el proceso...

— Me da corte. ¿Qué parte de no me gusta bailar no me estoy explicando?

— Bailar es la misma cosa que hacer magia, si no se disfruta no sale.

— Bien, yo no lo disfruto.

— Ni siquiera lo has intentado. Lo único que has hecho es aferrarte tercamente al piso. Mueve las caderas, Potter —Pidió, picándole las caderas de lejos. El tipo de baile que requería la música que sonaba era demasiado íntimo para su situación, actual—. Vamos, derecha izquierda. Este es el baile más fácil que existe, tienes un beat que te da el ritmo exactamente. —Harry escucho una voz de mujer pronunciar 'Till I come... el que Malfoy estuviera allí presente, era el primer problema de por qué no se movía. Se asustó cuando el cuarto quedó a oscuras—. Yo me escondo tu tratas de figurar el ritmo.

Draco encendió las luces, en un jadeo, colocó la más potente barrera que conocía, mirando a la pared. Eso había sido hasta doloroso...

— ¿Estás bien? —Preguntó Harry, preocupado.

— No me hables y lárgate hasta que yo te diga que puedes volver a estar cerca de mí.

— ¿Qué sucedió?

— Largo Potter —Si el estúpido se hubiese detenido a avisarle que se movía de esa manera, no se lo hubiese permitido. Draco sintió el poder de Harry, suponía que había conjurado una barrera él también.

— ¿Qué te pasó?

— ¿Quién coño te dijo que no sabías bailar? Potter, necesito liberar mis poderes. Puedes ir a correr a Hogsmeade... ¡Y no vuelvas a moverte así al menos que yo te de permiso! ¡¿Me oíste!?

Harry no entendió el por qué de repente el veela había reaccionado. ¿Quién lo entendía? Si bailaba era porque bailaba, sino, era porque no.

— ¡Hola Harry! —Le saludó su padrino, alcanzándole, de bueno humor.

— Que hay, Sirius...

— Pensé que hoy no saldrías de la habitación.

— Ummm, en realidad resultó ser ineficiente esconderse en una habitación donde reside un profesor. Ahora, si me disculpas, me voy a buscar un lugar más... apto, para repeler gente... —Realmente no entendía. Eso había sido casi igual que él y sus ganas de ser besado.

TBC



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