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Hola. Aquí de nuevo con otro de mis delirios nocturnos. He usado una idea que seguramente está gastada, pero lo que quiero practicar es mi narración, para lo que no necesito una trama innovadora. No sé ni en que género podría caer el fic. Va a tener romance, pero es más tensión sexual que nada.
Advertencias: Referencia a temas sexuales y escenas de contenido sexual en capítulos futuros. Respeten el rating. Ya deben saber lo que M significa. No me hago responsable por traumas psicológicos ni disfunciones causadas por esta historia.
Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Capítulo 1
Insomnio
Un joven de piel nívea y cabellos azabaches luchaba entre las sábanas de su cama por conciliar el sueño. Tenía en el rostro una expresión lánguida, pero cuando cerraba los párpados y los abría nuevamente su semblante cobraba vida. Su mirada vaga brillaba con la intensidad de una llamarada alimentada por sus deseos más íntimos.
-Tsk. Otra noche sin poder dormir –dijo en voz alta mientras fijaba sus ojos negros en el techo de su dormitorio y curvaba los labios en una mueca de hastío.
El calor era insoportable. El aire tenía una consistencia tan pegajosa que hacía que el sudor se le aglutinara en la piel. La puerta corrediza que daba al balcón estaba abierta, pero no entraba ni una leve brisa que apaciguara ese fuego que ardía en sus venas hasta consumirle el alma. Miró por una ventana, que tenía los estores corridos, y pudo vislumbrar las constelaciones que refulgían en el índigo manto de la noche. Se quedó largo rato mirando las estrellas, como si éstas le tuvieran hipnotizado.
Cuando por fin despegó su cansada mirada del cielo, se cerró al mundo y trató de dormir, pero fue inútil. Por más que lo intentaba no podía. Al ver esto se arrancó de un tirón las sábanas, que se le habían adherido al cuerpo como un guante de látex, y descubrió su torso cincelado. Se sentó en la cama abruptamente y suspiró a la vez que sus finas cejas se unían, expresando su exasperación. Agarró la almohada y comenzó a golpearla para darle una forma más cómoda, pero por la manera de hacerlo se podía entrever que era más un método para descargar la frustración. Luego de estar satisfecho, se echó en la cama boca arriba y giró su cabeza, haciendo que unos mechones de pelo negro le cayeran en los ojos. Se los retiró con una mano y miró el reloj que tenía en la mesita de noche junto a una lámpara; leyó las cuatro y media de la madrugada. No tenía caso, no iba a dormir. Otra vez…
La razón de su insomnio era irremisible para él. Al principio se lo había achacado al calor, pero en el fondo una vocecita le decía que no era cierto. No quería aceptar la verdad a pesar de la obvia influencia en su ciclo circadiano. En las últimas semanas había sido poseído por una fuerza irracional que sellaba su lado frío e impasible, dejándole presa de sus necesidades más primitivas. Entonces en su mente oscilaban pensamientos lujuriosos que le subían la temperatura a niveles alarmantes. El muchacho los trataba de refrenar, pero ése algo era más fuerte que su voluntad. Era como si siempre que se encontraba confinado consigo mismo, en la cárcel de su habitación, una parte desconocida de su personalidad despertara.
Al principio, imágenes inofensivas de su ex-compañera de equipo desfilaban bajo el oscuro velo de sus párpados, pero pasado algún tiempo éstas se transformaban gradualmente en una película censurada que le hacía perder el control sobre sí mismo. Y eso era algo que le mortificaba sobremanera. Uchiha Sasuke no era persona de dejarse llevar por sus emociones.
El joven cerró los párpados en un último intento por conciliar el sueño.
“Sakura”.
Gruñó enfurecido y dirigió la mirada hacia el reloj digital. Las cuatro y treinta y cinco. No lo podía creer, sólo habían pasado cinco minutos, que le habían parecido una eternidad en una dimensión desconocida donde su cuerpo se disociaba de su mente. De improviso, se sintió ahogado, como si le hubieran cerrado las vías respiratorias. Necesitaba aire fresco, cosa que la ola de calor que los azotaba le negaba de la manera más cruel. Se levantó de la cama súbitamente, con las gotas de sudor bajándole por la frente. Caminó en las penumbras de la estancia sin dificultad, guiado por sus instintos. Llegó hasta la puerta del balcón y salió a la intemperie. Ni siquiera un rocío nocturno le refrescó la piel expuesta. Se sentó en una silla y se espació mirando cómo iban desapareciendo las estrellas del firmamento.
Así pasó un buen tiempo, con su rostro pétreo inclinado hacia arriba. Muchos pensamientos rondaban los recovecos de su mente, pero uno redundaba más que los demás. Era una pregunta¿Por qué Sakura¿Por qué precisamente le daba con pensar en ella de esa manera? Pudo haberse imaginado a otra persona. ¿Por qué le tuvo que poner rostro a la protagonista de sus fantasías?
Después de más de una hora, cuando las luces del alba rasgaban el cielo, se puso en pié y entró en la habitación cerrando la puerta de cristal tras de sí. Ya había más claridad. Los primeros rayos de sol penetraban por las ventanas y puertas, bañando los muebles con su luz dorada. El cielo estaba despejado, esa era la promesa de otro día más en esa ola de calor que se negaba a dejarlos. Se estiró como un felino mientras suspiraba cansinamente. Luego buscó algunas piezas de ropa lo bastante frescas como para salir a la calle y se fue al baño a darse una ducha bien fría. El agua caía por su cuerpo, aliviándole un poco el desgaste físico y aclarándole la mente. No podía evitar sentirse “débil” por andar fantaseando con Sakura. Ella era su ex-compañera de equipo, no podía mirarla de esa forma, como a una mujer. Claro, era más fácil decirlo que cumplirlo…
Cuando salió a la calle notó que todos buscaban de una manera u otra combatir el sofoco y la deshidratación. Los puestos alrededor de la villa estaban repletos de gente sentada en banquillos abanicándose y sorbiendo bebidas refrescantes. Los niños jugaban en algunos callejones bajo la vigilancia de algún adulto que se refugiaba bajo la sombra de una sombrilla. El sol se había propuesto azotarles con toda su intensidad.
Siguió caminando por la acera sin prestar más atención de la necesaria a su entorno. No tenía misión con su equipo y no quería ver a nadie. Estaba de muy mal humor por la falta de sueño. Podría entrenar todo el día, pero su cuerpo no gozaba de la energía suficiente. Si no se quedó encerrado en su casa, como los días anteriores, fue porque eso no le ayudaba en lo absoluto. Tenía que despejarse y salir, sabía que si no lo hacía seguiría pensando en ella.
Hoy no era su día de suerte, pues cuando dobló un recodo se encontró de frente con la protagonista de sus fantasías ocultas. Rápido adoptó un semblante frío e impasible y fingió no haberla visto. Pero la muchacha detectó su presencia como si le tuviera un radar puesto. Su rostro se le iluminó de inmediato al verlo. El moreno observó con pesar cómo Sakura se le acercaba con una brillante sonrisa en los labios.
Llevaba días evadiéndola… ¿Por qué tenía que encontrársela cuando más débil física y mentalmente se sentía? No sabía si iba a soportar tenerla tan cerca, alimentando más ese fuego que se lo consumía día a día. Alguien allá arriba debía de odiarle.
Maldijo para sus adentros con todas las palabras coloridas que se le ocurrieron mientras seguía manteniendo su fachada de estatua de mármol, fría e imperturbable. No quería que ella se diera cuenta de cuánto le afectaba.
La muchacha caminó hasta estar a unos pasos de distancia. Se la veía algo titubeante, con un adorable sonrojo en sus blancas mejillas. Jugaba con un mechón de cabello y le miraba inocentemente con un dedo sobre los labios. Sasuke se metió las manos dentro de los bolsillos de sus pantalones y apretó los puños para recordarse a sí mismo su resolución.
–Sasuke-kun, hace tiempo que no te veía. ¿Cómo has estado? –lo saludó con mucho entusiasmo en la voz, a la vez que se acomodaba una hebra de pelo rebelde detrás de su oreja. El calor se lo alborotaba, dándole un aspecto desordenado que el moreno encontraba demasiado sensual para su gusto.
–Bien.
“Sí, claro, perfectamente. Así estaría si lograra sacarte de mi mente. Tsk…Es que hasta en mis sueños eres una molestia”.
Sakura le examinó con ojo clínico y después le dedicó una mirada incrédula. Se veía muy cansado, exánime. Caminaba como si estuviera encadenado a una gran y pesada roca. Las horrendas ojeras que tenía debajo de los ojos daban mucho que desear. Y la palidez en su rostro le daba un aspecto casi fantasmal. No, Sasuke no estaba bien. No en vano era médico ninja. Podía ver el desgaste físico haciendo mella en su ex-compañero.
–¿Estás seguro? Te vez exhausto. Si quieres te puedo dar algo para el insomnio –le preguntó ella, escudriñándole con la mirada.
El muchacho cambió el peso de su cuerpo a su otra pierna y se tensó. Sentir aquellos ojos verdes sobre él, aunque fuera para examinarle, le hacía hervir la sangre. Y no precisamente de coraje.
–Estoy bien –replicó secamente, tratando de dar por terminada la conversación. Tenía que largarse de allí antes de que cometiera una estupidez.
El rostro de Sakura pareció perder su brillo al escuchar el tono tan cortante con el que le habían respondido, pero rápido lo ocultó con una sonrisa.
–¿ Cómo te ha ido en las misiones. ¿Has hablado con Naruto? –inquirió la chica, cambiando el tema.
Uchiha notó la intensión de la muchacha de seguir hablando y gruñó para sus adentros.
–Bien. No, no he hablado con él – sus repuestas eran lacónicas y frías, para no motivarla a seguir preguntando. Pero la kunoichi no se daba por vencida y seguía intentando hacerle plática.
Llegó el momento en que Sasuke ya no la escuchaba, sólo la veía. El calor en su cuerpo se intensificaba cada vez más. Sus ojos la recorrían con disimulo de pies a cabeza. Sakura llevaba unos pantalones negros muy cortos debajo de su “falda”. Sus piernas estaban expuestas y esas botas altas de tacón les daban una forma torneada en la que no había reparado antes. Cuando se fijó en su escote las pupilas se le dilataron y el sharingan se le encendió. La cremallera de su camisa roja estaba abierta hasta el comienzo de sus pechos. Posiblemente lo había hecho por el calor, sin darse cuenta de las consecuencias.
La muchacha seguía hablando y gesticulando, ajena al barullo de emociones que abrumaban a Sasuke. Éste sentía las gotas de sudor bajándole por la espalda. Un sinfín de imágenes indecentes le inundó la mente. Mientras Sakura hablaba, él seguía con su mirada carmín cada movimiento que ésta hacía con sus labios al articular las palabras.
–Sasuke¿me estás escuchando?
La voz de su compañera le trajo al plano real. La miró entre agradecido e irritado por la interrupción. Si hubiera seguido con aquel tren de pensamiento sabrá Dios lo que habría hecho.
Sakura notó un destello rojizo y frunció el ceño, confundida. Volvió su rostro para ver si había alguien a sus espaldas, pero no vio a nadie. El muchacho respiró profundo y sus ojos volvieron a convertirse en aquellos pozos negros e inexpresivos de siempre.
–Sasuke-kun¿por qué tenías el sharingan activado? –inquirió la kunoichi.
–Creí ver a alguien –contestó él, mirando un punto detrás de ella con mucha atención para sustentar su excusa.
Al parecer la kunonichi se lo creyó, pues siguió parloteando y haciendo preguntas generales. Sasuke asentía y gruñía, fingiendo que le prestaba atención. De repente, notó que una gota de sudor surcaba como un riachuelo por la blanca piel de su cuello hasta desembocar en el nacimiento de sus pechos. No pudo evitarlo, se mojó los labios con la punta de la lengua inconcientemente. Se le secó la garganta y su pulso se le aceleró un poco como reacción a aquella imagen tan sugestiva que le disparó las hormonas. Era una tortura. No soportaba tenerla tan cerca. La miró severamente, entornando los ojos y adoptando una postura fría y desinteresada. La muchacha dejó de hablar y le dedicó una mirada perpleja. En una fracción de segundo, el ambiente se tornó pesado e incómodo. Se quedaron parados sin articular palabra hasta que ella rompió el silencio.
–Sasuke-kun¿Te pasa algo?
“¿Que si me pasa algo? La causa de todos mis pesares me pregunta eso…tsk… Que irritante”.
–No –le respondió, cortante.
Después, sin pensarlo dos veces, dio un paso hacia su derecha e hizo el intento de seguir de largo. Pero era mucho esperar que su molesta compañera le dejara solo. La muchacha se giró con ímpetu y le haló por el brazo, haciendo que éste se detuviera de súbito. El contacto con la sedosa piel de las manos de Sakura le causó un espectro de sensaciones placenteras. Ya no podía con la tentación, quería tenerla, tocarla, embriagarse en toda ella y descubrir su esencia. Era una necesidad. Tenía que salir de allí cuanto antes.
–Sakura, tengo cosas más importantes que hacer. No puedo perder el tiempo hablando contigo –le dijo con tono duro, mirándola por encima del hombro con la cabeza ladeada.
–Oh –ella perdió su determinación–. Esta b-bien, Sasuke-kun… lamento haberte retrazado –replicó con un hilo de voz.
–Hn –gruñó el moreno. Y sin mirar atrás siguió de largo, dejándola preocupada y confundida.
Llegó la noche. La temperatura no bajaba, parecía que estaba dentro de un horno. Sasuke no había podido dejar de pensar en el toque aterciopelado de la piel de la muchacha. No podía dormir, recreando en su mente el contacto una y otra vez, como una película. Ya no podía seguir reprimiéndose. Las hormonas recorrían sus venas, llevándole hasta el mismísimo infierno. Estaba ciego de deseo por ella, así que se guió por sus instintos y salió de su casa en búsqueda de aquello, lo único, que podría saciar su sed.
Sakura…
Gracias por leer.
Att.
Scarlete