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AureaAspen
Author of 29 Stories

Rated: M - Spanish - Romance/General - Reviews: 8 - Updated: 09-27-07 - Published: 09-17-07 - id:3789143

ENTREMESES

3 – Si es que se quiere cambiar.

Hay veces que cuando Draco Malfoy pasa por el lado de Harry Potter se pregunta porqué. ¿Por qué tiene que meterse con él? ¿De qué sirve? ¿Acaso beneficia a alguien? Draco ha llegado a la conclusión de que no.

Desde que era pequeño le han enseñado como debe comportarse. Que debe decir a cada momento. A quien le conviene caerle bien. Y a quien tiene que despreciar. Durante toda la vida, desde que tiene uso de razón, ha seguido esas reglas sin desviarse lo más mínimo. Creyendo que son las verdaderas, creyendo que con ellas alcanzaría algo. Cualquier cosa que, cuando llegara el momento, necesitara.

Pero no ha sido así. A pesar de que ha continuado las instrucciones que le instruyeron desde pequeño. A pesar de que no estuviera de acuerdo con algunas. A pesar de que… no le hicieran feliz. Él las ha mantenido, porque pensaba que era lo correcto. Porque creía que era lo que debía hacer. Lo que se esperaba de él. Ahora ya no está tan seguro.

Pero han tenido que pasar cosas. Muchas cosas para que Draco Malfoy se diera cuanta de sólo unas cuantas.

Draco aún recuerda aquel día en el que le tocaba ronda en la torre de astronomía. Después de que El-que-No-Debe-Ser-Nombrado fuera derrotado por Potter y de nuevo se hubiera reinstaurado el curso en Hogwarts. Pansy se había escaqueado y le había tocado hacer la vigilancia a él sólo. Caminaba a lo largo del pasillo pensativo, cuando escuchó ruidos en la parte alta de la torre. De modo que subió hasta arriba y lo que encontró le desconcertó.

Allí estaba Potter, intentando montar un telescopio para ver, supuso Draco, las estrellas. Lo cierto es que el moreno no estaba montando bien el aparato, cada vez que intentaba colocar las piezas, éstas se caían al suelo y se desmontaba de nuevo. A la cuarta vez que le ocurrió, estando él delante, no pudo evitar reírse.

— ¡Malfoy! ¿Qué haces aquí?

— La pregunta es: ¿Qué haces tú aquí? Deberías estar durmiendo en tu torre— Draco se acercó a al Gryffindor y miró las diferentes partes del instrumento desperdigadas por el suelo. Luego desvió la mirada al chico—. ¿Y bien?

— Estoy terminando un trabajo de astronomía. Para… para… ¡la profesora Vector! ¡Sí eso es!—exclamó el chico rápidamente.

Draco negó con la cabeza y dijo:

— Tú no das astronomía Potter. Y es profesora Vector y da aritmácia. Sinistra es la de astronomía— sonrió Draco con burla.

Draco vio como Harry ponía una mueca y asentía con resignación.

— Muy bien, Malfoy. Me has pillado. Estoy terminando el trabajo de Neville. Ponme la detención que quieras y luego déjame seguir trabajando.

Draco puso los ojos en blanco y le apuntó con la varita. Harry le miró con horror en el rostro.

— ¿Qué pretendes?

— Si estuvieras en la clase de astronomía, sabrías que para montar un telescopio mágico se necesita un hechizo— Entonces murmuró unas palabras y el telescopio se montó sólo, demostrando lo que afirmaba.

Harry se rascó la cabeza.

— Ya veo— asintió. Al punto le miró a través de sus gafas—. Supongo que debo darte las gracias.

Malfoy se hincó de hombros y se acercó a la barandilla. Harry tomó eso como vía libre para continuar. Mientras miraba las estrellas, Draco pensó. Y decidió arriesgarse a preguntar su duda.

— Potter.

Éste le miró expectante.

— ¿Puede alguien cambiar de parecer? ¿Puede alguien, de la noche a la mañana, tener otro concepto de la vida? ¿Amanecer completamente diferente? ¿Con otro punto de vista?

Draco miró con sus ojos grises a los verdes de Harry y esperó su respuesta. El moreno, sorprendido, lo pensó unos instantes. Y finalmente, respondió:

— Sin duda, la respuesta es sí— Desvió su mirada a las estrellas—. Yo creo que si alguien desea cambiar, puede hacerlo. Más tarde o más temprano, nunca se hace deshora para cambiar.

Draco asintió, estaba de acuerdo. Por fin lo estaba. Allí se acabaron sus dudas.

Desde ese día, las discusiones fueron remitiendo. Hasta que se quedaron en alguna mueca de disgusto o una mala cara o alguna frase crítica. Nada quedaba ya de las famosas peleas que habían caracterizado la rivalidad Malfoy-Potter.

Ahora, mientras le ve venir hacia él, Draco piensa en darle la vuelta a la hoja. En escribir un nuevo apartado de su vida, empezando por Potter. Piensa lo que puede decir o en saludarle o dar un asentimiento de cabeza. No hace nada de eso. Aún no.

Cuando Harry se cruza con él, Draco choca intencionadamente. Sus respectivos libros y hojas y plumas caen. Esparciéndose por el suelo. Harry se agacha de inmediato, susurrando lo que suena como “¡Mierda!”. Draco se le queda mirando y lentamente él también se agacha. Una vez lo han recogido todo en silencio, ambos se ponen en pie y se quedan mirando. El rubio es el primero en hablar:

— Ten más cuidado la próxima vez, Potter.

Gracias por todo, Potter”.

Palabras arrastradas, deje sarcástico, pero ni un pequeño tono de insulto en la voz. El moreno se echa a reír y le mira alzando las cejas.

— Lo tendré.

No hay de qué”.

— Vigila tus espaldas.

A partir de ahora te dejaré en paz”.

— Si tu me lo dices lo haré.

Eso estará bien”.

— Que esto no vuelva a pasar.

No quiero que vuelvas a salvarme, otra vez”.

El Gryffindor se le queda mirando y a la vez que sonríe, dice:

— Eso, no te lo puedo asegurar.

Eso, sólo depende de ti”.

Ambos sonríen. Que extraña conversación para decir “gracias”. Menos mal que ambos hablan el mismo idioma.


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