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Anime/Manga » Ouran High School Host Club » Mil y una noches font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Dikana
Fiction Rated: K+ - Spanish - General/Romance - Kaoru & Hikaru - Reviews: 36 - Published: 09-22-07 - Updated: 11-24-07 - id:3798053

N/A: Buff… En fin, al menos hoy el retraso ha sido de un día, no de una semana xD La universidad empieza a apretar, y los días malos que me vienen de vez en cuando no ayudan demasiado. Menos mal que me estoy convirtiendo en un bicho a prueba de bombas, muajaja…

Bueno, quizá este cap os parezca un poco rollo, pero os aseguro que era necesario. ¿Recordáis que hace poco os dije que los secundarios tomarían el poder de Mil y una noches en un futuro cercano? Bien, pues ese momento ha llegado y es éste. Poneos cómodos para aguantar el aluvión de información sobre la subtrama de este fic. Me disculpo por adelantado, porque no tengo sentido de la mesura, je… Espero que al menos os resulte entretenido (si os sirve de consuelo, la segunda mitad del cap vuelve a la línea original xD)

¡Y hemos sobrepasado los 30 r/r! XD Estoy MUY feliz, de verdad. Por eso, este cap va dedicado a vosotras, mis queridas lectoras "veteranas", y en especial a Maca (muchísimas gracias por seguir ahí y por sacar tiempo para leer esta estupidez… y más gracias todavía por tus ánimos, porque me cayeron en el momento más indicado y sí, tienes razón, las oportunidades perdidas sólo existen para esos que no aprovechan sus segundas, terceras y cuartas oportunidades xD) a Ari, que me ha hecho hiper feliz con ese pedazo de r/r kilométrico, y a Cisco, que fue la primera en comentarme decentemente esta historia cuando era una recién llegada al fandom y que hoy me ha dado una alegría más al dejarme ese r/r de última hora. ¡Muchísimas gracias a vosotras, a las demás, y a todos los que leen pero no comentan! Quiero que sepáis que sin vosotros el ánimo para seguir adelante con este fic no seguiría tan alto.

Por último, si a ti te gustan los secundarios de Mil y una noches… éste es tu capítulo xD

¡Nos vemos abajo! ¡A leer!

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Me gustaría que Ouran Koukou Host Club me perteneciera, pero nada que ver. De hecho, me lo voy a pedir para Reyes, cada vez lo veo más claro… Si después de Navidad ya son míos los derechos, os informaré xD

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Mil y una noches

Cambio de perspectiva

- No me puedo creer que las cosas hayan llegado hasta este punto, de verdad.

Makie, de pie frente al espejo de uno de los lavabos del cuarto de baño, estaba teniendo serias dificultades para trenzarse en pelo antes de acostarse, por la violencia con la que la rabia contenida hacía que le temblaran las manos. Siempre se recogía el largo cabello en dos trenzas al irse a dormir, pero esta vez estaba a punto de desistir en su tarea. Ya era muy tarde, estaba agotada, y en el salón de su casa se había montado minutos atrás una pelea monumental que había terminado con la mitad de la familia Inokuma gritando a la otra mitad, suceso que le había destrozado los nervios. Y eso sólo porque su futuro suegro no había decidido unirse a la fiesta, porque si no aquello se habría convertido en una pequeña versión del Apocalipsis.

- Lo siento mucho, Makie-chan –Mitsukuni, que se estaba poniendo el pijama a unos pasos de ella, dándole la espalda, suspiró con cansancio y se hundió de hombros mientras se quitaba con desgana la camisa-. Quizá no debería haber ido a recoger a Ma-chan y los demás a Ouran, pero él dijo que quería que le echara una mano con unas cosas de matemáticas y… No esperaba que Tomoe-basan estuviera hoy aquí…

- La culpa no es tuya –gruñó Makie, a la que se le habían enredado los dedos en el pelo y le estaban subiendo por la garganta unas peligrosas ganas de ponerse a gritar-. Mi tía y tu padre no se llevan excesivamente bien, pero para todo lo que implique criticar cualquier cosa que hacemos parecen almas gemelas. Ahora entiendo perfectamente las cosas que me contaba hahaue sobre todo lo que chichiue y ella tuvieron que aguantar de parte de Tomoe-basan y Hotaru-basan cuando nos comprometieron. Primero no querían emparentar con los Haninozuka y ahora ponen el grito en el cielo ante la posibilidad de que haya cualquier fisura en nuestro compromiso, no van a estar contentos jamás… ¡Kuso!

Makie soltó una exclamación de frustración y se pegó un tirón de pelo a sí misma, dando por finalizada la primera trenza, que había quedado en condiciones lamentables. Mitsukuni la miró con la frente arrugada y se acercó a ella, terminando de abotonarse la camisa del pijama. Y una vez a su lado, cogió con suavidad la otra mitad de cabello negro y empezó a trenzársela él con dedos diestros.

- Arigato –musitó la mujer con un resoplido, y agachó la cabeza en un obvio intento por tranquilizarse.

Mitsukuni negó con la cabeza para quitarle importancia al asunto y compuso una expresión de suprema disculpa.

- Gomen nasai, Makie-chan. Siento que todo lo que está pasando últimamente sea por mi culpa…

Makie alzó el rostro y miró a su prometido directamente a los ojos con seriedad. Ambos se sostuvieron la mirada durante unos segundos de silencio y, finalmente, ella suspiró de nuevo.

- Deja de disculparte ya –renegó, y con una pequeña mueca le colocó bien el cuello de la camisa del pijama mientras Mitsukuni terminaba de sujetar la trenza con una goma-. Te lo he dicho mil veces, ¿de acuerdo?

- Pero, si no hubiese dicho aquello en nuestra fiesta de compromiso, no…

- Vamos a ver, Mitsukuni –atajó Makie, poniendo los ojos en blanco, harta-. ¿Acaso tienes una aventura con Ritsu a mis espaldas?

- No –contestó inmediatamente Hani.

- ¡Pues entonces! Lávate los dientes, anda –Makie se separó de él, encaminándose hacia el mismo lugar donde Mitsukuni había estado momentos antes cambiándose de ropa-. ¡Todo esto es absurdo! Yo sé que no tienes una aventura con Ritsu, tú sabes que no tienes una aventura con Ritsu… ¡y qué le importa a nadie más! –con un violento gesto, se arrancó el jersey-. ¡Tu prometida soy yo, maldita sea! ¡Si a mí no me importa la estupidez que dijiste, no tiene por qué importarle a nadie! ¡Lo que no pueden obligarnos a hacer ahora es a adecuar nuestras agendas a todo tipo de reuniones sociales para presentarnos juntos en público constantemente como si fuésemos la viva imagen de la pareja ideal! –subió de golpe una pierna al inodoro y se arremangó la larga falda para empezar a bajarse las medias a tirones-. ¿Qué pretenden? ¿Que posemos con radiantes sonrisas en todas las fotos, cogidos del brazo y acaramelados, para que quede constancia en todas partes de que nos amamos locamente? ¡Nos estamos doctorando! ¡Tenemos cosas más interesantes que hacer!

Mitsukuni prefirió no hacer comentarios y siguió cepillándose los dientes con parsimonia, apoyado en el otro lavabo del cuarto de baño. Había decidido quedarse a dormir en casa de Makie por propio consejo de ésta, porque no quería ni imaginarse la bienvenida que su querido padre le daría nada más verlo entrar por la puerta. Una sesión de intercambio de opiniones con Inokuma Tomoe siempre le ponía las pilas a Haninozuka Iemochi, y el que pagaba los platos rotos era normalmente él. Desde aquel comentario (desgraciado comentario) que se le había escapado en la fiesta de compromiso, sobre intercambiar a su prometida por la de Takashi, ambas familias se habían puesto como locas, buscando mil y una formas de subsanar aquel error garrafal para que no empezaran a correr habladurías por toda la alta sociedad japonesa. Y el resultado era aquél: machaconas advertencias y consejos por un lado y por otro que no dejaban vivir a ninguno de los dos y que no hacían más que crisparles los nervios.

Aquello ya era insoportable.

Pero, a pesar de las continuas broncas de su padre, que trataba de apretarle las tuercas constantemente cada vez que abría la boca, Mitsukuni sentía que la que se estaba llevando la peor parte era Makie. Tenía que aguantar la aplastante cháchara reprobatoria de sus tías aun sin tener la culpa de nada de lo que había ocurrido, y encima sacar la sangre fría necesaria como para defender a su prometido cada vez que ellas le ponían verde, cosa que ocurría con frecuencia. Porque Makie le defendía de los ataques, desde luego. Eso era precisamente lo que había estado haciendo aquella noche, nada más llegar de Todai: desgañitarse para intentar poner a cada cuál en su sitio y zanjar el asunto, aunque sólo fuera por un par de días. Y era una situación muy dura, sobre todo porque esta vez incluso sus padres, Kiyoko y Yukio (que normalmente no se pronunciaban nunca con respecto a ninguno de sus "problemas de pareja") estaban disgustados por lo sucedido, aunque prefirieran hacer mutis y no añadir más leña al fuego.

Y no importaba lo que Makie dijera. Mitsukuni la conocía demasiado bien desde hacía demasiado tiempo, y sabía de sobra que su estúpido comentario la había herido, por mucho que insistiera en que sabía que era una broma y no era necesario darle mayor importancia. Bastantes habladurías había tenido que aguantar ya Makie sobre sí misma a lo largo de su vida y eso siempre le había minado mucho el ánimo, no era precisamente de ese tipo de personas a las que les resbala la opinión de los demás. Y, aunque Hani estaba acostumbrado a que le perdiera la boca, no podía evitar pensar que esta vez las proporciones de su metedura de pata estaban alcanzando niveles terroríficos, precisamente porque ése no era su único problema en aquellos momentos y ninguno de los dos necesitaba preocupaciones extra que les sobrecargaran el cerebro más todavía.

- … ¡Me tiene hasta las narices que sean incapaces de comprender algo tan simple! –Makie seguía hablando, quitándose ahora la camisa con ademanes igual de bruscos-. ¡Este tipo de cosas sólo nos atañen a ti y a mí, punto! ¡No tenemos por qué aparentar nada delante de nadie! ¡Nuestro compromiso no se va a romper por esto, ni vamos a anular la boda! ¿A qué tienen miedo? ¿A que se corra la voz de que no somos una pareja feliz? ¡Creo que eso llevan diciéndolo varios años, y no es lo peor que han dicho de nosotros!

Mitsukuni alzó los ojos para mirarla a través del espejo justo en el momento en el que Makie se llevaba las manos al cierre del sujetador y se lo desabrochaba, lanzándolo de golpe al canasto de la ropa sucia donde había estado echando el resto de su vestuario. Observó por un segundo las líneas de su estrecha espalda desnuda, pero enseguida apartó la mirada otra vez y se inclinó hacia el lavabo para aclararse la boca. Cuando volvió a incorporarse momentos después, Makie ya se había puesto la camisa del pijama y estaba terminado de subirse los pantalones por debajo de la falda.

- ¡No entiendo por qué se empeñan en estar recordándonoslo todo el tiempo y dando la paliza con lo mismo sin parar! ¡No somos idiotas, ya sabemos que no estamos en una buena situación de cara a la sociedad! ¡Pero el plan que ellos sugieren es tan absurdo que levantará más sospechas todavía, como si tuviéramos que tapar algo de lo que avergonzarnos, o… o…! ¡Maldita cremallera!

Con otro gruñido de desesperación desistió definitivamente de luchar contra la falda y se echó hacia delante, apoyando la frente en la pared en un gesto de derrota, al tiempo que exhalaba un hondo suspiro.

- Voy a morir –sentenció lúgubremente-. La tensión me subirá al cerebro y entonces me explotará la cabeza. Y ya nadie tendrá que preocuparse por lo que dice la gente o deja de decir. Quizá piensen que me he suicidado para no casarme contigo. ¿Recuerdas las apuestas que hacían Kotori y las otras en Ouran por ver quién de los dos mataba antes al otro? Estúpidas entrometidas… Me revienta la gente como ellas.

Mitsukuni aguantó allí quieto mirándola tres segundos contados. Luego dejó la toalla en su sitio y avanzó hacia Makie lentamente, colocándose de nuevo a su lado para agarrar la cintura de la falda y desatascar la cremallera hasta conseguir bajarla. La prenda se deslizó sobre los pantalones del pijama, yendo a parar al suelo, pero ninguno de los dos le prestó atención. Él había aprovechado el gesto para rodear a Makie por la cintura, abrazándola y hundiendo la cara en su hombro, y ella respondió en un acto reflejo pasándole los brazos por los hombros para estrecharlo también. Ambos habían sido siempre más o menos igual de altos, por lo que nunca resultaba necesario forzar aquella postura para acoplarse el uno al otro. Era, quizá, el único gesto que conseguía calmarlos de verdad cuando las cosas se salían de control.

No dijeron nada más durante un rato. Mitsukuni se agarró a su ropa, apretando los ojos con fuerza y acurrucándose contra ella para inspirar profundamente el perfume a caramelos que la había caracterizado siempre. Para él aquello era como volver por fin a casa después de una jornada especialmente difícil. Y Makie, por su parte, apoyó la mejilla en el hombro de su compañero y se quedó así, cerrando también los ojos, aprovechando el calor que él desprendía hasta que dejó de martillearle el cerebro. Una vez recuperada la tranquilidad y normalizada su respiración, le acarició a Mitsukuni la nuca en un gesto de cariño y, tras unas palmaditas en el hombro, se separó de él suspirando.

- Creo que soy yo la que se tiene que disculpar –murmuró. Atrapó la falda con un pie para no tener que agacharse a cogerla y la echó en el canasto también-. Debí prever que esto pasaría y advertirte antes…

- Tú no tienes la culpa tampoco, Makie-chan. A chichiue no hay quién le tosa últimamente, y si Tomoe-basan le sacó el tema y se pusieron a discutir sobre ello…

- No es una casualidad que Tomoe-basan fuera a darle la lata a Ie-jisan con este asunto, Mitsukuni –la joven mujer tragó saliva, mirando hacia el suelo-. No quería decírtelo para no agobiarte más todavía, pero ella no se ha puesto así hoy por inspiración divina. Ayer estuvo hablando con Yasuchika y eso fue lo que detonó todo.

Mitsukuni se puso rígido en un dos por tres, como un animal que salta ante una alarma natural. Y Makie lo notó.

- ¿Chika-chan? –dejó escapar Hani a duras penas.

Ella asintió con la cabeza y lo miró a los ojos.

- Chika vino a casa para hablar con hahaue, seguramente para pedirle que nos apretara las tuercas todavía más, pero ella no estaba aún y estuvo hablando con Tomoe-basan en su lugar…

- Ay, no… -Mitsukuni se llevó las manos a la cabeza con cara de angustia y se alejó de su prometida en dirección a los lavabos otra vez, como si pretendiera huir.

- Chika le estuvo diciendo que esta situación no se puede sostener –Makie le siguió, afianzando un poco el tono de voz-. Le estuvo diciendo que tú y yo no hacemos nada juntos, que no se nos ve juntos en ningún lado y que la imagen que estamos dando es pésima. Le contó que todos los fines de semana te largas por ahí sin mí durante casi todo el día, y que el domingo pasado llegaste a casa de madrugada y que no estabas conmigo, así que…

- ¡Era el cumpleaños de Ishiko, Makie! –la interrumpió Mitsukuni, volviéndose de golpe hacia ella y haciendo un esfuerzo por regular el volumen y no alzar demasiado la voz-. ¡Estábamos celebrando el cumpleaños de Ishiko!

- ¡Eso yo ya lo sé! –replicó la morena, impacientándose-. ¡Pero Chika no lo sabe, y tampoco mis padres, ni los tuyos, ni nadie! Y, si yo me paso todo el día en mi casa y tú sales y vuelves de madrugada a la tuya, quizá les parezca ligeramente sospechoso…

- ¡Por eso te dije que vinieras conmigo a la fiesta!

- No me hagas responder a eso, ¿quieres?

El cuarto de baño se sumió en un silencio sepulcral en el que los dos permanecieron mirándose con la respiración agitada. Mitsukuni estaba harto de discutir y lo que menos le apetecía en un momento como ése era enzarzarse en otra disputa con Makie. Pero daba la impresión de que la suerte no estaba de su lado en los últimos tiempos…

- Tienes que decirle a Chika que nos deje en paz, Mitsukuni –sentenció Makie seriamente.

- ¡No puedo hacer eso!

- ¡Claro que puedes! ¡Y debes! ¡Es el que más bulla está metiendo en este asunto, y no tiene derecho a pagar su frustración personal con nosotros!

- ¡Ponte en su lugar! ¡Entiendo que se sienta frustrado si nosotros estamos teniendo problemas por cosas estúpidas! Le molesta que, pudiendo estar juntos, nos pasemos todo el tiempo discutiendo y dando mala imagen de nuestra relación. Opina que estamos desperdiciando nuestra suerte, y él ni siquiera tiene esa opción…

- Bueno, me parece muy honorable por su parte que se preocupe tanto por nosotros, pero ¿hace falta que te recuerde que fue el propio Chika quién te dijo hace dos semanas, delante de una media de catorce invitados, que eras el imbécil que estaba cagando nuestro compromiso sólo porque estás tan acostumbrado a mí después de 18 años que ya no me valoras en absoluto? ¿Quién está dando mala imagen de nosotros? ¿Te parece bien lo que hizo?

- ¡No!

- ¡Pues entonces dile que cierre ya la boca! ¡Tenemos suficientes problemas sin que él venga a compartir sus maravillosas impresiones con nuestros conocidos o con determinados miembros de mi familia! ¡Parece que busca a posta a aquellos que sabe que nos van a pinchar más después, y ya has visto la que se ha montado hoy!

Mitsukuni se pasó una mano por el pelo, nervioso, y se mordió el labio inferior.

- Chika-chan no está pasando por un buen momento…

- ¡Nosotros tampoco! –arremetió Makie, frunciendo el ceño-. ¡Eso no le da derecho a hacer lo que hace!

- Bueno, ¿y qué quieres que haga? ¡Dímelo! ¿Hablar con él? ¿Decirle que se calle? ¿Crees que va a hacerme el más mínimo caso? Como mucho me dirá que yo soy quién menos derecho tiene a abrir la boca, precisamente por estar cagando nuestro compromiso.

Esta vez fue Makie la que se llevó una mano a la cabeza, apretando los labios mientras buscaba una réplica a aquello. Tras un breve silencio, soltó:

- ¿Hablaste al final con Kyouya?

A Mitsukuni le cambió la cara, y algo muy frío y desagradable se le asentó en el pecho. No le gustaba el giro que estaba tomando aquella conversación.

- Claro que hablé con él –murmuró evasivo, y esquivó la mirada de Makie, retrocediendo un poco.

- ¿Y qué te dijo?

- Que lo intentará… pero que no quiere hablar con Ishiko de esto porque echaría a perder los avances de los últimos años.

Makie pareció tardar unos segundos vitales en asimilar esas palabras, pero Mitsukuni sabía de sobra que eso sólo presagiaba la reacción mayúscula que su respuesta iba a desatar.

- ¿Cómo? –gruñó ella, parpadeando.

- Makie-chan, ya me has oído…

- ¿Pero qué…? –la cara de Makie se estaba metamorfoseando a una velocidad alarmante-. ¿Pero…? ¿PERO QUÉ DEMONIOS LE PASA A ESTA GENTE?

- ¡No grites! –se asustó Mitsukuni, intentando calmarla.

- ¡A Ishiko la van a mandar a tomar por culo! –exclamó la mujer con vehemencia, furiosa-. ¿Que contarle lo que está pasando estropearía los avances de los últimos años con ella? ¿Y por eso tenemos que irnos a hacer puñetas todos los demás? ¡Qué novedad! ¡Y mientras, ella de fiesta celebrando felizmente su cumpleaños! ¡Debería celebrar el nuevo record que ha batido, ahora le está jodiendo la vida a cinco personas al mismo tiempo! ¡Pero bueno, eso da igual, total, ella se está descubriendo a sí misma y necesita su tiempo! ¡No me extraña, la verdad, si yo me mirara al espejo y encontrara tanta mierda reconcentrada en mí también necesitaría tiempo para asimilarlo…!

- ¡Makie! –la interrumpió Mitsukuni, frunciendo el ceño también-. ¡No hables así! ¡Es Kyou-chan quién lo está pasando peor, lo sabes! ¡No es fácil manejar este asunto y él tiene encima mucha más presión que nosotros, aunque parezca difícil!

- ¡Tiene presión encima, porque Ishiko es una hija de pu…!

- ¡No juzgues así a las personas! ¡Hemos hablado muchas veces de esto, y yo ya te he dicho que entiendo lo que ella hizo hace tres años! ¡Tú has crecido de forma mucho más fácil, aunque sea dentro de tu familia, que es lo importante a fin de cuentas! ¡Kiyoko-basan nunca ha intentado reconfigurarte a su voluntad como si fueras una máquina! ¡No puedes culpar a Ishiko, tú nunca has estado en una situación así!

- No, claro que no. Yo no, pero tú sí, ¿verdad?

Mitsukuni descubrió tarde que acababa de meter la pata una vez más. La expresión de Makie en esos momentos era grotesca. Se había quedado tan pálida que parecía enferma. Y él mismo sintió que también se le revolvía el estómago.

- No la estoy justificando –se apresuró a añadir.

- Ya –Makie hizo un gesto con la cabeza. Tenía la quijada rígida-. Ve a decirle eso a tu hermano, ¿te parece? Quizá Chika tenga ánimo suficiente como para romperte la cara…

Se dio la vuelta con clara intención de largarse, pero Mitsukuni la agarró por la muñeca, deteniéndola.

- No, Makie-chan, escucha…

- ¡No, escúchame tú! –ella lo fulminó con la mirada-. A ver si entiendes esto de una vez, Mitsukuni. ¡No puedes justificar a todo el mundo, ni consentir a todo el mundo sólo por entender cómo se sienten! ¡No puedes decirme a mí que me ponga en la piel de Chika y que después me ponga en piel de Ishiko! ¡Lo estás relativizando todo y eres incapaz de juzgar nada! ¡Si quieres justificar a tu hermano, no defiendas también a Ishiko, porque ella es la que tiene la culpa de que Chika se encuentre en esta situación! ¡Y si justificas a Ishiko, no le des a Chika el papel de mártir! ¡No puedes defenderlos a los dos a la vez, son excluyentes!

- Son cosas distintas…

- ¡No lo son! –a Makie estaba empezando a temblarle la voz, por el cansancio y la desgana. Quizá fue precisamente eso lo que provocó que dejara de gritar-. Entiendes que Chika se sienta frustrado y la pague con nosotros, entiendes que Ishiko le esté jodiendo la vida a Kyouya y a todos los demás, pero no entiendes que yo quiera velar por nosotros mismos. ¿Dónde está el problema? Yo… de verdad que no te entiendo, Mitsukuni…

Él no pudo contestar. Se quedó callado, mirándola con los ojos muy abiertos.

- Olvídate de ellos y piensa en nosotros, ¿quieres? –siguió Makie, apartándose el flequillo de la cara-. No le estás haciendo un favor a Chika comportándote así. No le regañas y él cree que tiene derecho a hacer lo que hace, y se larga a Karuizawa con Mizu, y se ve con ella a escondidas, hasta que hagan alguna estupidez y todo esto reviente de la forma más horrible posible…

- Ya te dije que yo…

- Sí, ya sé que lo regañaste la última vez, pero ¿de qué ha servido? Tú te pones empático con él y le compadeces, y no le pides de deje de ver a Mizu, aunque sabes que es lo que debería hacer.

- No puedo decirle eso –Mitsukuni se estaba agobiando más y más con cada palabra de su prometida, y apenas le salía la voz-. Tú… tú no les viste, Makie-chan. No has visto cómo la mira. No puedo decirle que la deje…

- Pero tampoco puedes decirle a Ishiko que deje de hacer el imbécil, ¿ne? –añadió ella, negando con la cabeza-. No puedes decirle nada a nadie y te lo tragas todo tú. Hasta Ie-jisan se huele ya lo que está pasando, ¿o acaso no te dijo que mantuvieras un ojo puesto en Chika para que no sacara los pies del tiesto? ¿Cuánto tiempo crees que tardará en enterarse Akutagawa-san? Mizu no puede fingir siempre, ni Kyouya, ni Chika. Deja de ser tan blando con él, sabes tan bien como yo que Ishiko no va a volver. Y todos los "avances" de los últimos años de Kyouya no servirán para nada, ni todas las esperanzas que les estamos dando sin querer a Chika y Mizu.

- No digas eso –a Mitsukuni le empezó a temblar también la voz-. Vamos, no hables así… Quizá Kyou-chan lo consiga y entonces todo se arregle y…

- Por favor, Mitsukuni –Makie dejó escapar una risa carente de humor-. No seas ridículo, ¿quieres? Ishiko es como una niña pequeña. No ha tenido sentido de la responsabilidad en toda su vida y no parece tener mucha prisa por madurar ahora. Bastante lo siento por Hikaru y Kaoru, que se dejan influenciar tanto por sus consejos. ¿Y encima querías que yo te acompañara a su fiesta de cumpleaños? Llevo más de dos meses sin poder siquiera mirarla a la cara. Se la habría roto a golpes nada más verla…

- No, no lo habrías hecho –él la miró con la cabeza ladeada y ojos tristes-. Tú tampoco le dirías nada a nadie. Te conozco y, por mucho que digas, tú eres la primera que no quiere que ni Chika-chan ni Kyou-chan sean infelices.

Makie levantó la vista hacia él, endureciendo el rostro, como hacía siempre que era descubierta.

- Tampoco quiero ser infeliz yo –repuso-. Pero me parece que me he quedado sola en ese asunto, ¿ne?

- Eso no es justo, Makie. No puedes pedirme que elija entre mi hermano y mi prometida…

- ¡No te estoy pidiendo eso! –le interrumpió con exasperación-. ¡Te estoy pidiendo que elijas entre hacer la vista gorda ante todas las sandeces que anda haciendo tu hermano, que no son justificables por mucho que tú te empeñes en ello, e intentar sacar a flote nuestro compromiso como sea, teniendo en cuenta que de aquí a dos años seremos marido y mujer!

Aquellas palabras cayeron sobre Mitsukuni como un mazazo en pleno rostro, dejándole mudo. No atinó a contestar. Y Makie, después de esperar una respuesta que no llegó, agrió el gesto aún más, con el cuerpo tenso, y murmuró un seco:

- Wakatta. Ya veo hasta dónde llega tu interés por nuestra relación. Menos mal que no es nada nuevo, de todas formas.

Se soltó del agarre que él aún mantenía y esta vez sí consiguió cruzar el cuarto de baño en dirección a su habitación. Hani la vio alejarse con un nudo en la garganta y una presión insoportable en el pecho. Hasta que no se pudo reprimir.

- ¡Eso no es verdad, y lo sabes! –exclamó, y su voz sonó más dolida de lo que esperaba-. ¡Y es cruel que me lo estés repitiendo cada dos por tres!

Makie se detuvo en el umbral de su dormitorio y se volvió a mirarlo de soslayo, perdida dentro de su amplio pijama y con el largo flequillo negro casi ocultándole por completo el ojo izquierdo. Mitsukuni podía distinguir sus cejas contraídas en una expresión consternada que no tenía nada que ver con el enfado.

- Sí, ya sé que no es verdad –musitó-. Igual que sé que no tienes una aventura con Ritsu, o que en realidad quieres casarte conmigo y no intercambiarme por cualquier otra –hizo una pausa, agachando un poco la cabeza y humedeciéndose los labios antes de añadir-: Hoy he conocido a Nozaki Tsukue.

El chico parpadeó, descolocado.

- ¿Eh…?

- Hoy he conocido a Nozaki Tsukue –repitió Makie más firmemente, girándose del todo hacia él y poniendo los brazos en jarras-. La amiga de Haruhi. En la biblioteca de Todai. Venía acompañándola a buscar no sé qué. Y me ha dicho que te ha preguntado un par de veces por mí y que te sugirió que me invitaras a esa heladería de Shiba para conocerla. Tú ni siquiera me lo preguntaste.

- Siempre dices que tienes mucho trabajo y que estás ocupada con el doctorado –Mitsukuni se encogió de hombros, sin comprender-. Yo no quería moles…

- Sí, estoy ocupada, y se supone que tú también deberías estarlo, y sin embargo sacas tiempo para estar con mis hermanos, para quedar con Ritsu y Takashi, para ir al cumpleaños de Ishiko y para pasar la mañana con una completa desconocida –Makie arrugó el ceño aún más, aunque parecía más cansada que otra cosa-. Ni siquiera me preguntaste si quería ir con vosotros a esa heladería. Quizá esté harta de estar ocupada y me apetezca pasar tiempo contigo. Pero estás demasiado ocupado preocupándote por Chika, por Kyouya y por sabe Dios quién más. Te vale cualquiera que no seamos nosotros dos.

Mitsukuni se quedó de piedra, clavado al suelo. Makie no apartó sus ojos de los de él.

- Nunca te haría elegir entre tu hermano y yo. Sabes de sobra que quiero a Chika como si fuese mi propio hermano y que yo también estoy preocupada por lo que está ocurriendo. Pero, si tengo que elegir entre su felicidad y la mía, prefiero esforzarme por la mía. Tú y yo ya lo pasamos bastante mal con nuestros propios problemas, no necesitamos echarnos encima los de otras cuatro personas. Yo soy la persona con la que vas a casarte y pasar el resto de tu vida. Creo que no terminas de entender muy bien lo que significa eso.

Con un suspiro, desvió la vista, negando con la cabeza, y empezó a darse medio vuelta otra vez.

- Claro que sé que lo nuestro te importa, Mitsukuni. Lo sé. Pero, si nuestra situación te preocupa tanto como te preocupa la situación de Chika y los demás, necesito que me lo demuestres de vez en cuando haciendo algo al respecto, porque si no me siento como la loca del pueblo, que va por la vida viendo sólo lo que le interesa ver, luchando por causas perdidas. Y eso es patético.

Y entró en su cuarto, cerrando la puerta y dejándole allí solo.

Mitsukuni siguió un buen rato incapaz de mover ni un pelo, de pie junto a los lavabos, con la vista fija en algún punto del suelo y los hombros hundidos. El repentino silencio le atronaba los oídos. Tenía ganas de llorar y de tirarse de los pelos, y es que sabía que Makie tenía razón. No podía defender a todos los implicados en aquel asunto, ni podía justificar sus acciones. No podía satisfacer a todo el mundo: su padre, Tomoe, Chika, Kyouya… Nadie echa piedras sobre su propio tejado, y todos y cada uno de ellos enfocaban el asunto desde sus respectivas perspectivas egoístas, velando por sus intereses sin pensar demasiado en los de los demás. Pero él no podía… simplemente era incapaz de echarle la bronca a Chika y que él lo mirara con aquella cara de derrota absoluta por no poder ser feliz. Era incapaz de apremiar a Kyouya para que presionara a Ishiko, cuando sabía que Ootori vivía en una situación insoportable de constante tensión. Y era incapaz de reprender a Ishiko… porque, si las circunstancias hubiesen sido diferentes, quizá él hubiese hecho en el pasado lo mismo que ella de encontrarse en su lugar.

Todos ellos estaban en una situación muy precaria. Un constante dualismo de tristezas y alegrías que se rompería en el momento más inesperado. Pero Mitsukuni no quería ser el que rompiera sus ilusiones… porque las suyas se habían destrozado muchos años atrás y no podía soportar que su hermano y sus amigos pasaran por lo mismo que había pasado él.

Quizá por eso el egoísmo que más le dolía en aquellos momentos era el de Makie, aunque fuese igual de justificable que los demás. Necesitaba que ella estuviera de su parte y le apoyara en sus decisiones. Necesitaba contar con ella para no sentirse tan solo a la hora de enfrentar lo que estaba pasando. Pero, después de todo lo que había ocurrido a lo largo de sus 18 años de vida compartida, también era incapaz de pedirle que comprendiera. Porque comprender implicaba sacrificarse, y recordarle el pasado, y hablar de cosas que no mencionaban desde que eran adolescentes, y eso era lo último que quería. Makie estaba harta de sacrificarse, y con razón. Pero olvidaba con frecuencia que no era la única. Él también había dejado muchas cosas atrás por ella…

Necesito que me lo demuestres de vez en cuando…

Siempre era irónico oírla decir aquello…

Hundió la cara entre las manos, apretando los labios con fuerza, y se quedó así hasta que recuperó el ánimo suficiente como para cruzar el cuarto de baño y meterse en su propia habitación, justo frente a la de Makie, cerrando también tras él.

Y, a pesar de estar agotado, muchísimo, el frío que sentía no le dejó dormir en toda la noche.

--

El primer tono del móvil despertó a Kyouya, pero no logró sacarlo del sopor del mundo de los sueños. Había sonado como algo lejano e inclasificable, imposible de identificar si era real o imaginario. El segundo tono, sin embargo, le hizo brincar en la cama, espabilándole por completo, y se apresuró a tantear a oscuras por la mesilla hasta dar con el teléfono y llevárselo rápidamente al oído.

- ¿Hai? –espetó con voz tensa, ronca por el sueño.

- Ehhh… ¿Kyouya-senpai? Soy Hikaru.

Kyouya dejó escapar el aire, relajándose. Por un segundo había creído que se trataba de su padre. Pero, pasado el momento de alivio, giró el rostro hacia la mesilla otra vez y entornó los ojos para distinguir la hora que marcaba el enorme reloj digital. Las 2:23 de la madrugada. El gruñido que dejó escapar fue lo suficientemente elocuente para su interlocutor.

- Espero que alguien haya muerto y tengas una verdadera razón de peso para llamarme a estas horas, porque si no el cadáver vas a ser tú –soltó Kyouya, en su perfecto modo Rey Demonio de Sangre Fría.

Hikaru hizo una pausa valorativa antes de atreverse a abrir la boca de nuevo.

- E-en realidad he llamado a tu móvil porque oba-san tiene apagado el suyo y no la puedo localizar. ¿Estás con ella?

- Sí.

- ¿Me la pasas?

- No –Kyouya frunció el ceño-. ¿Qué demonios ha pasado?

Hikaru volvió a quedarse en silencio durante un par de segundos. Luego dejó escapar un suspiro.

- Acabo de discutir con Kaoru –explicó con voz triste-, y quería hablar con ella un rato para contárselo. No… no sé muy bien lo que ha pasado, pero se ha puesto hecho una fiera conmigo y no sé qué hacer…

Kyouya se llevó una mano a la frente y se mordió la lengua, contando hasta diez para no reventar. "Otra vez no, por Kami…", se dijo a sí mismo con hastío.

- ¿Kyouya-senpai?

- Escucha –barbotó, sin preocuparse demasiado por regular la sequedad de su voz-, si habéis discutido te recomiendo que, antes de llamar a cualquiera para que te solucione la vida, te sientes en tu cuarto y reflexiones fríamente sobre los motivos que puede haber tenido él para mandarte a la mierda. No creo que tengas excesivos problemas para descubrirlos, suelen ser bastante comprensibles.

- P-pero…

- Ya va siendo hora de que madures y te saques tú solo las castañas del fuego, no vas a tener a nadie pegado a ti toda la vida para que te ande consolando y dando palmaditas en la espalda cada vez que la cagues. Tienes que ir aprendiendo de tus errores, y eso no se consigue buscando a gente que te dore la píldora cada dos por tres. Deja de ser tan dependiente de los demás y soluciona tus asuntos tú solo.

- ¡Yo no quiero que me solucione nada, sólo quería…!

- Mira, yo no te voy a dar un beso de buenas noches ni voy a ir a arroparte a tu casa, ¿entiendes? –Kyouya se estaba alterando. Le resultaba inconcebible que Hikaru tuviera la cara de llamarles a esas horas por una estupidez semejante. Y cabe recordar que él no era precisamente la persona con el mejor despertar del mundo-. Si quieres hablar con Ishiko y contarle tu vida, llámala el lunes y la mareas a ella. Pero te agradecería que este fin de semana nos dejaras en paz. Eso sí, creo que si tu hermano se ha puesto hecho una fiera contigo debía tener razones para ello. Sabes que a mí no me ablanda el victimismo.

- ¿Quién demonios va de víctima por…?

- Oyasumi.

- ¡Oi, matte! ¡Kyouya-sen…!

Kyouya se apartó el móvil del oído, colgó sin contemplaciones y lo lanzó con muy poca delicadeza a la mesilla, derrumbándose de golpe nuevamente sobre las almohadas con un resoplido.

Estúpido Hikaru. Había conseguido ponerle en tensión por una falsa alarma y eso le había cabreado a niveles insospechados. A saber si conseguiría ahora volverse a dormir…

Hubo movimiento en la cama, acompañado por un pequeño murmullo incomprensible, y segundos después Kyouya sintió a Ishiko acurrucarse contra él, pegándosele a la espalda al tiempo que lo envolvía lentamente con los brazos. Permaneció en silencio, cruzando los dedos por que ella no se hubiese despertado con el ruido. Pero la mujer se estiró perezosamente, bostezando, y murmuró con voz somnolienta:

- ¿Qué pasa…?

- Nada –replicó Kyouya, cansado. Prefería no dar más explicaciones, pero Ishiko era una experta en el acoso y derribo, y no tenía ganas de empezar un tira y afloja con ella a esas horas-. Era Hikaru. Parece ser que Kaoru y él se han peleado y quería dar la brasa un rato con eso. Llámale mañana o morirá del estrés.

Él sabía perfectamente cuál iba a ser la reacción de su compañera, pero eso no significó que le molestara menos el brinco que pegó Ishiko bajo las sábanas, incorporándose de golpe, totalmente despierta.

- ¿Nani? –exclamó, y soltó un resoplido de reproche-. ¡Mou, Kyouya! Hikaru no llamaría a mitad de la noche si no fuera importante, ¿por qué demonios no me lo has pasado? Tsk, kuso… ¿dónde coño he dejado mi móvil?

Kyouya puso los ojos en blanco y se cubrió la cara con una mano mientras Ishiko daba vueltas en la cama, buscando por su mesilla a oscuras.

- Lo dejaste enchufando en el comedor, cargando…

- Mou, no tengo ganas de levantarme, déjame el tuyo.

- Ni hablar.

- ¡Vamos, Kyouya! Quizá haya pasado algo grave y…

- Tranquila, no ha pasado nada grave, te lo digo yo.

- ¿Y cómo puedes saberlo? ¡Ni siquiera le has dejado hablar!

- Si hubiese pasado algo grave me lo habría dicho directamente y su tono de voz no habría sido el mismo. Sólo tenía ganas de hablar un rato, pero no se puede llamar a ninguna persona normal a las dos y media de la madrugada para hablar un rato. Seguramente se haya presentado en su casa con la "amiga" de turno y Kaoru le haya vuelto a cantar las cuarenta, eso no es nada del otro mundo. Hikaru no se va a morir por esperar hasta mañana para contarte sus penas, que aprenda al menos a respetar el espacio vital de los demás.

- Quizá eso deba decidirlo yo –replicó ella-. Dame el móvil ahora mismo.

Hizo amago de alcanzar la mesilla de Kyouya pasando por encima de él, pero el futuro médico no estaba para tonterías en esos momentos. Agarró con fuerza la muñeca de Ishiko en cuanto el brazo de ésta pasó por encima de su rostro y la empujó hacia atrás para que volviera a su sitio.

- No lo hagas, Ishiko –advirtió, mortalmente serio-. Deja de salir corriendo detrás de Hikaru cada vez que hace un puchero. Eres igual que Kaoru. Luego bien que le dices a él que se rebele y se busque una vida. Aplícate el cuento. Si le sigues cambiando los pañales de esta forma no crecerá jamás. Le conviene empezar a pensar en lo que hace.

El dormitorio de la pareja se sumió en un denso silencio. Ishiko no insistió y volvió a quedarse quieta en el acto, aunque Kyouya sabía de sobra que debía tener el ceño duramente fruncido. Apenas veía su silueta en la intensa penumbra del cuarto, le resultaba imposible distinguir su expresión, pero eso tampoco hacía falta.

- Seguro que tiene algo que ver con Tsukue-chan –murmuró la joven, más serena-. Hikaru y Kaoru están teniendo problemas por culpa de eso. Cuando hablé con Kaoru el otro día estaba muy quemado. Si las cosas han terminado reventando quiero enterarme.

- Sí, bueno, es posible que Hikaru haya conseguido llevarse a Tsukue a la cama por fin y Kaoru se haya cabreado con él porque la chica también le gusta. Eso tampoco es nuevo. Cualquiera diría que Hikaru ya debería tener aprendida la lección después de lo que pasó en Ouran hace unos años…

- No hables así –le reprendió la joven, y el mohín que componía se reflejó en su voz-. ¡Eso sería una catástrofe! No voy a poder dormir pensando en ello, déjamele llamarle, por favor…

- He dicho que no. Si las dimensiones de este asunto fueran tan terribles, Kaoru te habría llamado también –Kyouya la soltó suavemente y se reacomodó en la cama, echándose boca abajo contra las almohadas y dándole la espalda a Ishiko, en un intento de dar por finalizada la discusión-. No te preocupes tanto.

- Kaoru nunca te llamaría a ti al móvil a las dos y media de la madrugada para intentar contactar conmigo…

- Razón de más para no darle tanta importancia.

- Quizá Hikaru necesitara hablar, Kyouya…

- Pues que hable a una hora decente. Como vuelva a llamarnos a media noche para una chorrada de este calibre no respondo de mí.

Ishiko exhaló un audible suspiro.

- Eres imposible, Rey Demonio

Volvió a meterse en la cama, cubriéndose con las sábanas hasta las orejas, y se acurrucó contra él una vez más, retomando el abrazo. Kyouya sintió cómo el pecho de Ishiko se apretaba contra su espalda, y cómo la joven apoyaba una mejilla en su hombro, acoplándose a él cómodamente. Aquella calidez era muy agradable. Le tranquilizaba. Y entonces cerró los ojos de nuevo, inspirando hondo, dispuesto a retomar el sueño perdido.

- ¿Y si…? –empezó Ishiko otra vez, incapaz de dejar el asunto así.

Kyouya resopló, rindiéndose.

- Olvídalo, por favor –pidió, volviendo a cubrirse la cara con una mano-. Hikaru no necesita nada en estos momentos, salvo una cura a su amor propio. Lo único que llevaba tiempo necesitando era que Kaoru le pusiera las pilas. Si eso ha ocurrido hoy finalmente, ya no hay nada más que hacer.

Ishiko se quedó callada un momento, apretando el rostro aún más contra su hombro, como si quisiera esconderse en él.

- Nee, Kyouya… ¿Crees que las cosas entre los gemelos van a ir a peor a partir de ahora? En su momento le dije a Kaoru que debía enfrentar a Hikaru, pero quizá… quizá no fuera una buena idea. Si se enfadan y dejan de hablarse, yo…

No terminó la frase, pero no fue necesario. Kyouya se quedó mirando fijamente el reloj digital de la mesilla, frunciendo el ceño.

- No has hecho nada incorrecto –murmuró en voz muy baja-. Lo incorrecto sería ir corriendo ahora a consolar a Hikaru. No me parece una buena forma de educarle, Ishiko, ya te lo he dicho más de una vez. Le haces demasiado dependiente de los demás, sobre todo de ti, y eso no es bueno. Le consuelas siempre inmediatamente después de que meta la pata, y eso sólo consigue que él entierre el error cometido y lo olvide, en vez de pensar en lo que ha hecho. Deja al menos que por una vez reflexione él solo sobre sus acciones. Pocas veces podemos permitirnos ir por la vida con la conciencia tranquila, y eso es algo que Hikaru tiene que aprender o se llevará muchísimos palos en el futuro. Tiene que madurar de una vez.

El silencio volvió a rodearlos. Ishiko desenredó uno de sus brazos del cuerpo de su compañero y llevó la mano al hombro en el que tenía apoyada la mejilla, deslizando los dedos por la piel en una suave caricia.

- Fiel defensor de la educación espartana hasta el final, ¿ne? Ya te imagino abandonando a tus hijos en un bosque inhóspito durante un par de meses para que aprendan a sobrevivir por su cuenta y se hagan hombres

- No me gusta la gente que no es capaz de hacerse a sí misma, y lo sabes.

- Sí, lo sé. Pero tampoco es necesario que seas tan duro con los demás, cariño…

- Y no es necesario que tú seas tan blanda. Si Hikaru es incapaz de ir afrontando ya sus errores y aprender a solucionarlos por su cuenta ahora que va a cumplir 21 años, dentro de unos años más será un bueno para nada. No se puede vivir así, tan tranquilo, sin pensar en las consecuencias de tus actos. Que reflexione un poco antes de actuar. Y tú no le ayudas en absoluto pasando por alto la forma de vida que lleva.

- Maa, al final la culpa de todo será mía, claro…

- Tú eres la que se empeña en mantener ese rol de madre con ellos dos. Un papel que todavía no termino de entender, sinceramente…

- ¿Estás celoso?

- No. Yo no necesito que seas mi madre. Y yo no soy un memo. Nadie me consuela ni me resuelve los problemas, y no voy llorando por los rincones mendigando mimitos.

- Mou, Kyouya, ¿es que yo no te consuelo?

Kyouya supo que Ishiko se había arrepentido de ese comentario nada más cerrar la boca, porque la sintió tensarse junto a su cuerpo, conteniendo el aliento. Por eso no contestó, aunque una vez más las palabras sobraban.

No. Ella no le consolaba del todo, y eso era algo que ambos sabían perfectamente, como un contrato establecido por tácito acuerdo. Y no era porque él no quisiera, sino por las circunstancias en sí.

El nuevo silencio que se estableció en el cuarto fue el peor de todos. Parecía haber traído consigo una desagradable corriente de aire frío. Pero Kyouya no estaba por la labor de amargarse la noche. Aquel fin de semana era para ellos, exclusivamente. No tenían muchas oportunidades como aquélla, y no podían desaprovecharlas cada vez que se presentaban. Así que, removiéndose en la cama para cambiar de postura, se dio la vuelta, encarando a Ishiko, y la envolvió en sus brazos, estrechándola contra sí y hundiendo el rostro en su pelo negro, que parecía aún más negro en la oscuridad de la noche. Ishiko le devolvió el abrazo en el acto, aferrándose a él y escondiendo la cara en la curva de su hombro. Y así se quedaron, sin volver a hablar.

Aún sentía el cuerpo agarrotado por la tensión que le había producido la llamada ante la posibilidad de que se tratara de su padre, pero el calor del abrazo le estaba recomponiendo poco a poco. Ésa era la única forma en que Ishiko podía consolar a Kyouya sobre determinados asuntos. Esos temas que entre ellos dos eran tabú desde hacía tres años y que ambos evitaban como si el simple hecho de mencionarlos les fuera a traer mala suerte.

Kyouya pensó en Ootori Yoshio, en esos momentos circulando por algún lugar de Austria, y en sus mordaces comentarios antes de marcharse de viaje. Pensó en Mizuko y en lo apagada que estaba desde que había empezado su último año de instituto superior en Ouran, como si el nuevo curso hubiese puesto en marcha una cuenta atrás invisible que la acercaba cada vez más al abismo. Pensó en Mitsukuni y en todo lo que le había contado últimamente, añadiendo aún más leña al fuego de sus preocupaciones. Pensó en Yasuchika, y en Makie, y en lo duro que era mirarles a la cara ahora. Ishiko no podía aliviar sus preocupaciones con respecto a todo eso. Pero, por primera vez en meses, deseó con fuerza que las cosas fueran distintas… otra vez.

Cuando cerró los ojos por fin, enredando los dedos en el pelo de Ishiko, contrajo las cejas con frustración y rogó poder dejar de pensar, aunque sólo fuera por unas horas. Le había costado tantísimo conciliar el sueño…

Estúpido Hikaru…

Y que luego viniera llorando por sus problemas amorosos, producto directo de su despreocupación vital. Ojala Kaoru se hubiese ensañado a gusto soltándole a su hermano las verdades que necesitaba oír. Él, al menos, se había quedado con ganas de hacerle tragar el móvil.

--

Contra todo lo que pudiera parecer, la pelea que tuvieron los gemelos aquel jueves por la noche no fue tan trascendente como cabría esperar. Al menos en la superficie.

Al día siguiente, Kaoru se dirigió a su hermano con la misma naturalidad de siempre, como si no hubiese pasado nada, y Hikaru, que apenas había dormido y estaba de un humor terrible, no supo cómo encajar aquella nueva actitud, así que optó por enterrar el asunto también, como solía hacer con cada disputa que compartía con su gemelo, quitándole importancia.

Sin embargo, el cambio ya se había empezado a generar. Kaoru pasaba de discutir con Hikaru por el simple hecho de que había tomado la definitiva decisión de dejar de meterse en sus asuntos, ignorar sus devaneos y empezar a preocuparse por sí mismo, su vida y sus relaciones sociales con el resto del mundo. Estaba harto de estar todo el día cabreado por unas cosas u otras. No iba a salir de su boca ni un solo consejo más. No iba a pasar ni una sola noche más sin dormir por culpa de las preocupaciones. No iba a hacerse a un lado nunca más sólo por no "estorbar" a su hermano. Y, desde luego, iba a esforzarse por lo que le interesaba alcanzar.

Y en esos momentos, lo que le interesaba era Tsukue, aunque sólo fuese en un plano amistoso.

Era estúpido dejar pasar la oportunidad.

Hikaru se sorprendió de que Kaoru no siguiera enfadado el viernes por la mañana, pero no tardó mucho en comprender la política que estaba empleando ahora el menor de los dos. Lo comprendió cuando, de camino a la universidad por la mañana en el coche, Kaoru recibió una llamada sorpresa que resultó ser de Tsukue, y ambos se pusieron a hablar alegremente justo a su lado mientras él conducía. O cuando Kaoru se acopló con descaro a su plan de ir a recoger a Tsukue al trabajo aquella tarde y los tres terminaron yéndose juntos por ahí a tomar algo. O cuando Kaoru se tomó el sábado libre de sus sesiones de trabajo con Makie para pasar el día entero en la heladería de Shiba. O cuando, para rematar la semana, Kaoru y Tsukue pasaron juntos toda la mañana del domingo sin decírselo a nadie antes de unirse a los demás en Asakusa para ver las procesiones del Sanja Matsuri.

- A ver si lo he entendido –Kyouya empezó a masajearse una sien, haciendo un esfuerzo por reprimir la migraña, recostándose en la silla de la cafetería-. ¿Me estás diciendo que ahora Hikaru cree que Kaoru le está dando guerra en el tema de conquistar a Tsukue para no dejarle las cosas tan fáciles y que se lo tome en serio?

- Aa… Más o menos –asintió Tamaki-. Hikaru dice que no es la primera vez que Kaoru le pone trabas para que se tome en serio las cosas…

"Sí –pensó Kyouya distraídamente-. Lo hizo para que se tomara en serio lo de Haruhi, y ya podemos ver cuál fue el maravilloso resultado".

- Hikaru es idiota –sentenció sin piedad, cogiendo su vaso y echándole un trago al refresco-. Dudo mucho que ésa sea la intención de Kaoru. Es más lógico que Tsukue le guste por sí misma y tenga ganas de intentar suerte con ella para despegarse ya de su hermano.

- Haruhi dice lo mismo –Tamaki estaba jugueteando con su propio vaso-. Yo no estoy seguro. Pero desde luego dieron un buen espectáculo el domingo cuando estuvimos en Asakusa, con Hikaru intentando acaparar a Tsukue cada dos por tres y Kaoru repitiéndole todo el rato el célebre: "¡Déjala respirar, pulpo!".

Kyouya puso los ojos en blanco.

- Cada vez entiendo menos de qué va este asunto. Se supone que Haruhi y Kana sólo pretendían expandir un poco los horizontes de Tsukue para que no estuviera todo el día sentada mirándose el ombligo, no sabía que el plan incluía una cláusula especial que implicara conseguirle un marido.

- Maa, Kyouya… -Tamaki se hundió un poco de hombros ante la aplastante elocuencia de su mejor amigo-. Tampoco es eso. Pero Haruhi y yo pensábamos que Tsukue también podría hacerle mucho bien a los gemelos. No era ella la única que necesitaba expandir horizontes –con una pequeña sonrisa, se acodó en la mesa y apoyó la mejilla en una de sus manos-. Yo aún opino que Hikaru podría sentar la cabeza con ella y todos saldrían beneficiados.

Kyouya miró de reojo al rubio con el ceño fruncido mientras le echaba otro trago a su bebida.

- Es mejor que no intentes interferir en este asunto, Tamaki –advirtió con seriedad-. No creo que sea algo con lo que jugar. La relación que tienen Hikaru y Kaoru en los últimos años ya es lo suficientemente tensa como para que encima les presiones desde fuera…

- Yo n-no les he estado presionando en ningún momento…

- Vete a otro con ese cuento. Te estás tomando este asunto como una resurrección del Host Club y vas a todas partes con esa estúpida cara de ilusión que ponías en los viejos tiempos cada vez que uno de tus maravillosos planes te cruzaba el cerebro. No te olvides de que ya no tenemos 15 años.

Tamaki dejó escapar un gruñido ininteligible, sonrojándose al verse descubierto, y se cruzó de brazos con gesto evasivo.

- Sólo quería darle algunos consejos –murmuró enfurruñado-. No tiene ni idea de cómo tratar bien a las mujeres. Parece haberse olvidado de todo lo que le enseñé en el Host Club…

- No estoy muy seguro de que en el Host Club llegaras a enseñarle realmente algo de provecho. Además, ¿no eras tú el fiel defensor de que a la mujer que te gusta tienes que acercarte como hombre, no como host?

- ¡Son cosas distintas! Es necesaria una base mínima.

Kyouya prefirió no profundizar más en el asunto, por el bien de su salud mental.

- Maa, en cualquier caso, lo que me interesa saber es si las cosas están bien entre los gemelos después de lo del jueves.

- ¿Hum? –Tamaki parpadeó, momentáneamente perdido-. Ah, ¿te refieres a la discusión? Sí, bueno… no parece que haya tenido mayores consecuencias. Ya estuve hablando con Hikaru al respecto. Kaoru se enfadó porque él se había presentado en casa con una compañera de trabajo de Tsukue, en plan… ya sabes… y decía que es el colmo de la desfachatez.

- Y tiene razón. Creo que Kaoru está empezando a rozar el límite, y ya era hora. Ishiko estaba empeñada en llamar enseguida a Hikaru para consolarle, me alegro de que al final no lo hiciera, porque no se lo merecía. Necesita espabilarse cuanto antes.

- Qué raro que no hayas dejado que oba-san consuele a su pequeño niño…

- Ishiko no es la más indicada para educar a Hikaru –replicó Kyouya sin reparos-. Se llevan tan bien porque los dos son igual de inmaduros, y Hikaru no necesita los consejos de alguien igual de crío que él.

- Qué palabras tan duras, Kyouya…

- Es la verdad. Ishiko hace muy bien ese papel de madre que ella misma se ha buscado, porque sabe reconfortar y animar a la gente, eso no te lo niego. Pero no puede darle consejos a nadie sobre madurez y cosas por el estilo. De hecho, me preocupa que Hikaru y ella estén tan unidos, él cada vez es más dependiente y recurre a Ishiko para todo. Y no me gustaría que terminara cometiendo los mismos errores que ella, porque lo estará lamentando toda la vida.

Echó otro trago al refresco y Tamaki se lo quedó mirando en silencio durante unos segundos, pendiente de su expresión neutra. Kyouya hablaba con esa voz desapasionada que lo caracterizaba en momentos como aquél, en los que no tenía que fingir nada delante de nadie. Parecía normal. Y, aún así, su amigo se dio cuenta muy rápido de lo opacos que parecían sus ojos detrás de la gafas. Optó por la típica maniobra de acercamiento indirecto.

- Hablando de Ishiko, pensé que vendríais con nosotros a Asakusa el domingo –comentó con tono casual-. Fue muy divertido, terminamos juntándonos casi todos. Incluso vinieron Kana-san y Etsu-chan, y Tsukue, claro. Los únicos que faltaron fueron Hani-senpai y Makie-senpai, porque tenían un compromiso familiar. Luego nos encontramos por ahí a Satoshi-kun con Mamoru-kun y los demás…

- Ya, habría sido interesante –Kyouya se encogió de hombros-. Pero para una vez que mi padre pasa varios días en el extranjero y nosotros podíamos estar juntos, no teníamos ganas de reuniones sociales. Hemos pasado un fin de semana muy tranquilo. Eso si no contamos la estúpida llamada de Hikaru en mitad de la noche.

- Maa, maa –a Tamaki le rodó una gotita por la sien-. No seas tan duro con él, ya sabes cómo es…

- Pensé que era mi padre el que llamaba. Ya puedes hacerte una idea de la gracia que me hizo.

Ambos jóvenes se quedaron callados durante un instante, dejando que aquellas palabras flotaran entre ellos como una especie de gas venenoso.

- ¿Tan duro se está poniendo oji-san ahora? –musitó finalmente Tamaki.

- Hai –replicó Kyouya con sequedad, y frunció el ceño-. Organiza reuniones en la empresa y me avisa a última hora, cambia de fecha algunas conferencias, se empeña en mandar de vez en cuando un coche a mi casa para que me recoja por las mañanas y me lleve al hospital… -su mano se cerró con fuerza en torno al vaso-. Quiere pillarme por algún lado, sea como sea. Mizuko está en el último año de instituto, así que la cuenta atrás se nos ha echado encima.

- ¿Y qué dice Ishiko al respecto?

- No se lo he dicho, como comprenderás. Ella sabe que estoy estresado por culpa de mi padre, pero sólo le hablo de la presión laboral. No quiero contarle nada más, porque sería peor el remedio que la enfermedad –hizo una pausa, como si estuviera reorganizando sus ideas para expresarlas coherentemente. Y, con un suspiro, añadió-: Tamaki… ¿has hablado con Hani-senpai últimamente?

- Iie –Suou torció la boca en una pequeña mueca de incomprensión-. Si te refieres a hablar seriamente, no mucho. Pero nos encontramos también de pasada el domingo, y lo vi muy pálido. Makie-senpai tampoco parecía tener muy buen aspecto.

Kyouya apretó los labios, endureciendo el gesto.

- Eso es porque ya sabemos quién es el amigo de Mizu –soltó sin más.

Tamaki no necesitó mucho tiempo para sumar dos más dos. Agrandó los ojos, quedándose momentáneamente boquiabierto. Pero luego su expresión decayó con tristeza y apartó los ojos de su compañero, agachando la cabeza.

- Sou ka…

- Hani-senpai lo descubrió poco antes de su fiesta de compromiso y me lo dijo hace ya unas semanas –siguió explicando Kyouya.

- Creo… que este asunto acaba de volverse un poco más horrible.

El estudiante de medicina dejó escapar un resoplido que parecía un intento de risa sarcástica y se llevó una mano nuevamente a la frente, frotándose las sienes con cara de agotamiento. De repente, el jaleo típico que les rodeaba en la cafetería de la facultad parecía casi ofensivo, como si no fuera justo que el mundo siguiera girando sin tener en cuenta sus preocupaciones.

- No sé qué hacer –soltó Ootori de golpe, mirando hacia algún punto indeterminado de la mesa-. No puedo decirle a Mizu que deje de verse con él a escondidas, porque es lo mismo que hago yo. Pero son unos críos, Tamaki. Como Konoe-san e Ie-sama les pillen no quiero ni imaginar las consecuencias. Todo el esfuerzo de los últimos tres años se irá a la mierda. Esto es lo que me faltaba, como si no tuviera bastante con ocuparme de cubrir mis pasos, para tener encima que ocuparme de cubrir los de esos dos. Al menos espero que Yasuchika tenga dos dedos de frente y sepa manejar el asunto.

Tamaki no contestó inmediatamente.

- Ishiko volverá, Kyouya –murmuró al final.

Pero éste se rió con amargura.

- ¿Eso crees? Me parece que ahora mismo tengo las mismas probabilidades de que Ishiko decida volver, que las que tiene Hikaru de llevarse a Tsukue a la cama.

Y, de un trago, se terminó todo lo que le quedaba en el vaso.

--

Tsukue, obviamente, no se enteró de nada de esto: ni del pique que se había generado entre los gemelos desde aquella nefasta discusión, ni del caldo de cultivo que estaba desestabilizando por aquellos tiempos las vidas de algunos de los miembros del antiguo Host Club.

Lo único que veía ella en esos momentos era que cada vez le resultaba más cómodo interactuar con la gente de Ouran, y eso había cambiado su vida diaria en toda una serie de detalles pequeños pero decisivos. Se divirtió de lo lindo el domingo durante las fiestas del Sanja Matsuri, entre otras cosas porque fue la primera vez que pudo ver reunidos a sus nuevos amigos con Kana y Etsu, y la combinación resultó ser tremenda. Etsu se movía entre ellos ya como si les conociera de toda la vida, y la camaradería que compartía con Tamaki era fácilmente igualable por la que compartía con Hikaru o con la propia Ritsuko. Kana se pasó gran parte del día hablando con Morinozuka Takashi, sobre complicados temas de historiografía y demás aspectos de sus carreras que sonaban a chino al resto del grupo. Y Tamaki, una vez más, con sus ocurrencias y comentarios, se encargó de darle a la ocasión el toque familiar que terminó de redondear el día.

Fue realmente muy divertido. Tsukue se rió a carcajadas con Ritsu, que sabía suplir muy bien el vacío que dejaba Mitsukuni cuando faltaba a este tipo de reuniones. El encuentro con Satoshi y los hermanos Inokuma fue memorable (Ritsuko y su cuñado se llevaban terroríficamente bien y verlos juntos fue un espectáculo) Y, aunque Hani y Makie sólo se unieron a ellos muy tarde y durante un rato muy corto, Nozaki se alegró de tener la oportunidad de poder comprobar las palabras que le había dicho Kaoru días atrás sobre la forma en la que se relacionaban esos dos. Lástima que gran parte de la atención de Makie la acapararan sus propios hermanos (el pequeño Toshi, que no debía pasar de los 6 años, se colgó a ella nada más verla y ya no la volvió a soltar, y Mamoru se pasó alrededor de diez minutos incordiándola y sus disputas verbales eclipsaron todo lo demás) de modo que en realidad no vio a la menuda mujer intercambiar más de dos o tres frases con su prometido en todo el rato.

Sin embargo, el recuerdo general que se llevó a su casa por la noche fue estupendo. La sonrisa no se borró de su cara mientras iba de un lado a otro del apartamento, terminando de preparar las cosas para el día siguiente antes de acostarse, y de vez en cuando se le escapaba alguna que otra risilla recordando un determinado momento o alguna de las muchas expresiones imperdibles que habían zumbado en el grupo a lo largo del día. Era una pena que Kyouya e Ishiko no se hubiesen unido a ellos, habría sido una buena ocasión para conocer por fin a la prometida de Ootori…

- Así que nos has abandonado por una panda de ricos –bromeó con dramatismo Hitoshi aquella misma noche, cuando la llamó por teléfono para charlar un rato-. Tsukue, no te conozco…

- Cierra el pico –rió ella, pensando que la llamada de su viejo amigo le había terminado de poner la guinda a un día redondo-. Tú me has abandonado a mí por una panda de desarrapados alternativos con una moral de vida muy dudosa…

- Maa, maa, no te pases, sin ofender, ¿eh?

Al otro lado de la línea pudo oír de fondo la voz de Saho con un contundente: ¡No le hagas ni caso, Tsukue-chan, disfruta de la vida y échate un novio millonario que nos saque del arroyo! Casi se le escapó una carcajada.

- ¡Oi, deja de incitarla a la perversión! Vamos a ver, Tsu-chan, ¿qué tienen esos tipos que no tenga yo?

- Tiempo libre, entre otras cosas. Y deja de llamarme Tsu-chan si no quieres que te rompa la cara la próxima vez que te vea.

- Cuando estás de buen humor te vuelves muy agresiva. En fin, ya en serio… espera que me cambio de habitación para que Saho no se burle de mí…

- ¡Sentimentaloide! –bramó de nuevo aquella voz femenina a lo lejos-. ¡Amariconado!

Tsukue se echó a reír abiertamente al oír las réplicas diversas, a cada cuál más variopinta, con que Hitoshi obsequió a su novia tras aquel florido comentario.

- Creo que te has pasado –le puntualizó a su amigo cuando los berridos de Saho se perdieron tras el ruido de una puerta al cerrarse.

- Sí, bueno… me parece que me he quedado sin sexo hasta el mes que viene. Habrá que hacer de tripas corazón.

- Siempre te quedará la muñeca hinchable que Tadashi te regaló en tu último cumpleaños.

Hitoshi hizo una elocuente pausa antes de añadir:

- Tadashi tiene un sentido del humor siniestro. Que me regale eso, siendo mi cuñado, es medio extraño. Además, me ofendes con esa sugerencia. Yo jamás utilizaría una cosa tan horrible. En el peor de los casos me iría a un prostíbulo.

- ¡Te estoy oyendo! –la voz de Saho se oyó muy vagamente.

- De todas formas –siguió el chico, tornándose algo más serio-, sólo quiero saber si esos tipos son buena gente. ¿No son muy pesados, ni te han dado un poco de lado, ni ninguno de esos rollos de clases que tanto te asustaban antes?

La sonrisa de Tsukue se ensanchó.

- No –asintió-. Son buena gente, de verdad. Me lo he pasado muy bien hoy.

- Entonces no hay más que hablar. Me alegro por ti, Tsu-chan, necesitabas airearte un poco. Eso sí, espero que nos guardes a nosotros un hueco en tu agenda para irnos juntos al Torigoe-jinja Taisai

- Descuida, ése lo tengo reservado siempre para nosotros.

- Eso espero. No me volváis a hacer lo mismo que hoy, os lo ruego. Kana y Etsu se escapan con vosotros y a mí me dejáis solo con Tadashi y Saho, y supongo que no hará falta que te recuerde que entre esos dos el sujetavelas soy yo…

- Qué novedad…

- ¿Vendrás a la próxima macrofiesta que vamos a celebrar en Senya?

- ¿Para cuándo es?

- De aquí a tres semanas, en el primer fin de semana de junio.

- Cuenta con ello, hazme un hueco en el reparto.

- Uhhh, vendrán todo tipo de celebridades, ya te lo adelanto.

- No seas fantasma, al final sólo actuaréis Saho y tú, para variar.

- De verdad que eres terrible cuando estás de buen humor…

Y ese buen humor que ostentaba Tsukue se afianzó con el paso de los días. Haber conocido a los viejos miembros del Host Club no sólo le había traído amigos nuevos. El simple hecho de salir de su estatismo vital y ampliar horizontes también le había hecho mirar hacia el pasado de forma distinta. Aunque sonase extraño, sus viejos amigos de Hinode le parecían de repente más cercanos que en los últimos dos años. Cuando no la llamaban ellos, los llamaba ella, y el ánimo renovado que notaban en la antiguamente apagada Tsukue iluminaba sus conversaciones con una alegría que hacía tiempo que no compartían.

A ese vínculo reforzado se unió la relación que empezó a establecerse oficialmente con los gemelos. Roto por fin y de forma definitiva el hielo con Kaoru, después de aquella cena en el piso de éste, la camaradería empezó a fluir con fuerza y naturalidad entre ellos y, en unos días escasos, se hizo corriente el intercambio asiduo de mensajes o incluso las llamadas telefónicas en los días que no podían verse. La confianza que él le inspiraba pronto se traspasó a Hikaru también y Tsukue terminó olvidándose de forma inconsciente de que el mayor de los gemelos en un tiempo pasado había tratado de llevarla al huerto descaradamente y lo incluyó por defecto en su lista mental de amigos.

Aquel cambio súbito de perspectiva pilló a Hikaru desprevenido. No sabía hasta dónde llegaba la relación de Tsukue con su hermano, y en el fondo empezó a creer que la morena había bajado la guardia al fin simplemente por la simpatía que le transmitía él. Muchos de los reparos con los que la había conocido parecían haberse perdido en el olvido a lo largo de aquel mes. Tsukue no aparentaba tener problemas en estar con él o seguirle las bromas. Y, en un primer momento, eso le hizo sentir, triunfante, que había logrado su objetivo de encandilarla.

Pero los días pasaron, y mayo siguió avanzando lentamente.

Y Hikaru, que seguía yendo a ver a Tsukue al trabajo, a recogerla a la salida y llevándola a tomar algo por ahí de vez en cuando, empezó a darse cuenta de que había algo en la actitud de la chica que frenaba ese sentimiento de triunfo. La urgencia de conquistarla como si fuera un trofeo difícil se había disuelto con el paso del tiempo. Cuanto más hablaban y cuántas más cosas compartía con ella, su visión de la chica iba cambiando cada vez más. Y, a la perenne idea de que, si ahora intentaba algo, Tsukue no se negaría, empezó a superponerse la idea de que en realidad no tenía tanta prisa por intentar nada.

- A eso se le llama amistad, Hikaru –le informó contenta Ishiko medio en broma, un día en que él le explicó su propio cambio de perspectiva-. Te estás haciendo amigo de ella. Y eso me parece muy bien, si te soy sincera. De momento olvídate un poco de tu plan inicial, ¿ne?

Aquella relación derivó en un curioso círculo vicioso. Hikaru se relajó con respecto a sus perspectivas amorosas y se dedicó a explorar ese nuevo punto de vista bajo el que se había colocado Tsukue. Y ésta, al comprobar que la presión que el pelirrojo había ejercido sobre ella en los primeros tiempos se disolvía, empezó a encontrarse mucho más cómoda con él y a abrirse con más naturalidad, afianzando esa imagen de amistad que Hikaru estaba desarrollando.

Kaoru tardó un poco más en limar la desconfianza que Hikaru le inspiraba con respecto a Tsukue. No terminaba de creerse que su hermano se hubiese rendido en su objetivo de llevársela a la cama. Pero él tampoco era estúpido, y el cambio era evidente. Al final una extraña calma que no sentía desde hacía años se empezó a asentar en su estómago ante la idea de que por fin uno de sus discursos hubiese calado en Hikaru y le hubiese abierto los ojos. Y, aunque seguía prefiriendo quedar con Tsukue por su cuenta, poco a poco se formó entre los tres una especie de vínculo indeterminado y, hacia finales de mayo, no resultaba extraño encontrarse a los dos gemelos yendo juntos a recogerla al trabajo o invitándola a cenar por ahí algún que otro día.

Hikaru se alegró de que Tsukue hubiese dejado de estar a la defensiva con él y se felicitó a sí mismo por haber conseguido ganarse su confianza. Kaoru se alegró de que su hermano se hubiese rendido en sus intentos de conquistar a la chica y hubiese decidido establecer una simple y sana amistad con ella, haciéndole caso. Y Tsukue, que había comprendido que se llevaba verdaderamente bien con los dos, se alegró de poder descubrir cada día detalles nuevos que la ayudaban a establecer diferencias entre ellos y a ir creando una relación especial con cada uno por separado.

Porque ése había sido siempre el fin original, ¿no? Aprender a distinguirlos y apreciarlos como amigos por lo que eran individualmente.

Y en realidad nunca creyó que esa inocente investigación terminara trayendo las consecuencias que trajo después.

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- ¿Ehhh? –exclamó Hikaru con una mueca de disgusto-. ¿Se te acaba el contrato?

- Hai –asintió Tsukue, ajetreada con la preparación de un pedido de helados que estaba terminando mientras charlaba a trozos con Hikaru y Tamaki, asentados en la barra como de costumbre-. Es realmente problemático, la verdad. Mis jefes no me lo van a renovar, así que pierdo el trabajo de los lunes, miércoles y viernes, y eso es demasiado…

- De todas formas, no pegas nada trabajando en Shibuya –comentó el pelirrojo con desparpajo-. Siempre me he preguntado qué pintabas ahí, sinceramente. No es tu estilo…

Tsukue lo fulminó con la mirada.

- ¿Y qué hay de este sitio? –inquirió Tamaki, parpadeando-. Ahora que se acerca el verano necesitarán gente extra, ¿no?

Para ilustrar sus palabras, giró el rostro y echó un vistazo al interior de la modesta heladería. La proximidad de la época estival y el creciente calor que empezaba a invadir Tokyo provocaban que cada vez hubiese más gente en lugares como ése. Aquella tarde de martes, por ejemplo, el local estaba hasta los topes. De hecho, los antiguos hosts apenas habían podido hablar con Nozaki en todo el rato que llevaban allí.

- Maa, eso es verdad… -musitó Tsukue, arrugando la frente-. Pero Shimada-san no me ha dado muchas esperanzas. A partir de junio empieza la campaña de verano, y precisamente lo que le interesa a él es contratar a gente a jornada completa. Me ha dicho que no hay problema en que siga trabajando aquí, pero yo sólo puedo venir por las tardes, así que los que puedan trabajar el día entero tienen preferencia sobre mí.

- Ahhh, sou ka

- No creo que tengas verdaderos problemas para encontrar otro trabajo –añadió Hikaru-. Es lo que tú misma dices, con la campaña de verano hay un montón de sitios que buscan gente.

- Pero también tengo que tener en cuenta dónde esté el sitio en cuestión, no quiero tener que estar yéndome a trabajar al quinto cuerno. Shibuya me pillaba lejísimos de mi casa y siempre fue un engorro tener que estar desplazándome hasta allí. Ahora que voy a librarme de ese trabajo preferiría no volver a coger nada tan lejos. Lo mejor sería encontrar algo aquí en Minato, o en Chiyoda…

- Sigue en pie la oferta de trabajar como fotógrafa para mi madre…

- Te he dicho que no, Hikaru-san, olvídalo ya, por favor… Etsu también me ha ofrecido irme a trabajar con ella, pero prefiero morirme de inanición antes que emplearme en un café en el que las camareras van haciendo cosplay

- ¡Ohh! –Tamaki se incorporó de golpe en su asiento, con los ojos brillantes-. ¡En el Shin Himoto están buscando camarera!

Hikaru y Tsukue se volvieron hacia él con las cejas alzadas.

- ¿Sou? –Hikaru torció la boca, pensativo-. No lo sabía…

- Sí, Kyouya me lo dijo el otro día.

Hitachiin dejó escapar un gruñido, agriando el gesto. Todavía no había terminado de reconciliarse con Kyouya tras aquel célebre incidente telefónico.

- ¿Shin Himoto? –repitió Tsukue con curiosidad.

- Aa, es una izakaya a la que nosotros vamos con frecuencia –explicó Tamaki, componiendo su típica expresión experta.

- Ahhh, sou desu ka… -a Tsukue le resbaló una gotita por la sien. Aún le resultaba incomprensible que gente que podía permitirse comer en el mejor de los restaurantes de Tokyo pasara su tiempo en un bareto del populacho.

- Su horario es precisamente por la tarde, y está en el distrito de Chiyoda, así que sería perfecto para ti, Tsukue-chan…

- ¡Nee, Tsukue! –exclamó otra camarera a lo lejos-. ¡Mesa seis, mesa seis!

- ¡Haaai! –la morena se apresuró a colocar los helados que había estado preparando en una bandeja-. ¿Shin Himoto, entonces? ¿Seguro que están buscando gente, Tamaki-san?

- Claro que sí, estoy seguro. Es un sitio muy agradable, y el jefe del local es muy simpático. Llevamos años yendo allí. El único problema es que quizá tendrías que dejar este trabajo, porque me parece que buscan a gente para toda la semana. Los domingos y festivos no abren, de todas formas.

- Oi, Tono… -intentó intervenir Hikaru, no muy convencido con la sugerencia.

- Maa, aún así me interesa bastante, puede que le eche un ojo a…

- ¡Tsukue!

- ¡Ya voy, ya voy!

La muchacha no tuvo muchas oportunidades más para seguir discutiendo el tema con ellos, porque la actividad de la heladería creció hasta el punto de no permitirle apenas parar en la barra. Rato después, Tamaki y Hikaru se despidieron, el primero recordándole el nombre de la izakaya por si acaso con sonrisitas insistentes que ella no pilló, y el segundo con cara de pocos amigos, como si acabaran de cancelarle una fiesta importantísima. Y ahí quedó aparcado el asunto hasta que Tsukue llegó agotada a su casa horas después y pudo emplear la poca operatividad que le quedaba a su cerebro para retomar el hilo.

Desde que estaba viviendo en Tokyo había pasado por los trabajos más variados: dependienta en una tienda de 24 horas, chica publicitaria en unos grandes almacenes, vendedora de tickets en el zoo… Normalmente, dichos empleos le duraban un semestre, hasta que su horario académico cambiaba y tenía que adecuarse a las nuevas condiciones. Si tenía suerte, le renovaban el contrato en el semestre siguiente cambiándole el turno. Si no tenía suerte, no le quedaba otra que ponerse a buscar uno nuevo.

Sin embargo, siempre había evitado los trabajos de camarera, aunque era de los que más demanda había. Internamente, estaba convencida de que un empleo de esas características era demasiado para un universitario medio como ella que necesitara tiempo y plenas facultades mentales para estudiar, ya que estar en un bar siete horas seguidas diarias, mareándote de un lado a otro, consumía muchas energías. Su trabajo en la heladería de Shiba era lo más parecido que había tenido a aquello en los últimos dos años, y de hecho estaba empezando a dejar de gustarle ahora que el número de clientes aumentaba y la actividad se hacía más intensa. No quería ni imaginarse el ritmo que debían llevar en una izakaya.

Pero, si enfocaba el asunto desde un punto de vista objetivo, lo cierto era que una oportunidad así le venía al pelo. Estaba harta de tener tres trabajos diferentes a la semana, y tener que estar siempre corriendo de aquí para allá. Eso le quitaba más energías todavía. Un trabajo que le ocupara la semana entera en Chidoya, a una distancia razonable de la universidad y de su casa, sería como una salvación. No perdería tiempo en transportes, ni llegaría reventada al apartamento al final del día. Quizá, si le hablaba al dueño sobre su situación y le decía que era estudiante, le permitiera salir un poco antes del trabajo por la noche. Por intentarlo no perdía nada. Y tampoco es que tuviera muchas más opciones donde elegir.

Últimamente se había descuidado demasiado en el tema laboral, apenas se había acordado de que el contrato en Shibuya se le estaba acabando, debería haber empezado a buscar otro trabajo hacía semanas…

Aquella misma noche, mientras se tomaba la taza de leche con chocolate de rigor antes de acostarse, agarró una guía y buscó la dirección de aquella izakaya: 2-4-4 Yurakucho, Chiyoda-ku. Y, tras apuntársela en un papel, volvió a cerrar la guía con energía.

- ¡Youshi! –se dijo a sí misma, sonriendo-. Ya es hora de colgar otro viejo miedo en el armario, Tsukue.

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No volvió a hacer ningún movimiento hasta el jueves siguiente, cuando aprovechó su día libre de clases para coger el metro al salir de la librería y acercarse a Yurakucho desde Jimbocho. Tenía que hacer un par de transbordos en el camino y, cuando paró en la estación de Tokyo antes de hacer el último tramo del trayecto, aprovechó para pasarse por la cafetería de la estación y comer algo ligero para matar el hambre y hacer un poco de tiempo.

Le hubiese gustado no ir sola a aquella incursión, pero Haruhi y Etsu estaban perdidas por ahí (seguramente se hubiesen ido a comer a algún sitio con Tamaki y Kana) y la demás gente que podría haberla acompañado estaba en clase. Aún así, no era mala idea dar aquellos pasos por su cuenta, sin tener que depender del asesoramiento de nadie. Otro de los síntomas que estaba empezando a notar derivado de los giros que estaba dando su vida era una latente sensación de autonomía que no tenía nada que ver con la profunda soledad anterior. Era como si toda la negatividad de su independencia hubiese mutado en positivo a lo largo de las últimas semanas.

"Qué bien, la línea de Yurakucho conecta directamente con Tsukishima –iba pensando ya de nuevo en el vagón, mientras consultaba un tríptico con las líneas de metro-. No tendría que hacer trasbordo por la noche cuando vuelva a casa. Sugoi, este trabajo promete cada vez más, tengo que conseguirlo como sea…".

A Tsukue no le resultó difícil encontrar el local en cuestión. Shin Himoto era un bar de aspecto agradable construido bajo de las vías del tren, justo al lado de la estación. No parecía nada lujoso, pero tampoco tenía muy mala pinta. Junto a la puerta había un letrero con los platos especiales de la casa y los aperitivos típicos, acompañados de sus respectivos precios. Y, colgado de la entrada, el típico cartel de "Se busca empleada", bajo otro que rezaba: Horario de apertura, de 17:00 a 24:00 h. Cerramos domingos y festivos. Tsukue miró su reloj: apenas pasaban de las 3 de la tarde. Y se hundió de hombros, llamándose idiota por no haber pensado en los horarios o haber llamado por teléfono antes de presentarse allí.

Por un momento se quedó plantada ante la entrada sin saber muy bien qué hacer a continuación. No estaba lejos del parque Hibiya, pero no le apetecía en absoluto pasarse dos horas rondando por ahí sin hacer nada. Miró las ventanas, tapadas aún por las persianas echadas, igual que la puerta principal. Le resultaba imposible echar un vistazo al interior. ¿Y si echaba el currículum directamente por debajo de la puerta? Nah, eso sería muy poco profesional… No pudo evitar maldecirse a sí misma por haber dejado siempre que fuera Kana quién la llevara de aquí para allá buscando empleo, encargándose él de todo. Con un último suspiro, dispuesta ya a marcharse, hizo un intento postrero y colocó la mano sobre la barra de la puerta, empujando suavemente para tantear el terreno.

Y, para su sorpresa, dicha puerta se abrió sin más, lanzándola al interior del local y llenando el sitio con un estridente ruido de campanillas que la sobresaltó sobremanera, provocándole un amago de taquicardia.

- ¡Dai-chan! –rugió de repente una voz, al otro lado de la puerta que estaba tras la barra (un acceso que Tsukue supuso comunicaba con la cocina) sacudiendo a la chica con otro brinco asustado-. ¡La entrada! ¡Te dije que dejaras echada la llave de momento!

- Hai, hai –replicó con desgana otra voz, esta vez femenina-. Ya voy, jefe, no se altere…

La puerta interior se abrió también y ante Tsukue apareció una mujer joven que no debía ser mucho mayor que ella. Tenía el pelo negro corto peinado ligeramente a lo punk, y los ojos maquillados de oscuro. Aún llevaba puesta una chaqueta de cuero negra, señal de que posiblemente ella no hubiese llegado mucho antes que la propia Tsukue. Y la miró de arriba abajo con una expresión crítica que la obligó a cuadrarse de inmediato, avergonzada, sintiendo que empezaba a sonrojarse por su intrusión indebida en el local.

- Lo siento, encanto, pero no hemos abierto aún –informó con ese mismo aire desganado, poniendo los brazos en jarras-. Si no te importa volver más tarde…

- No, no, ehh… -Tsukue se adelantó un poco, nerviosa-. Y-yo s-sólo venía… por lo de la oferta de trabajo. El trabajo de camarera.

La mujer cambió de expresión, enderezándose y alzando las cejas con sorpresa. Tsukue tuvo la impresión de que volvía a examinarla con la mirada, pensando quizá que le tomaba el pelo.

- Oh –musitó. Sin más, retrocedió de nuevo hasta la puerta de la cocina y, abriendo una rendija, exclamó hacia el interior-. ¡Oi, Harada-san! ¡Es una chica que viene preguntando por la plaza vacante!

Desde las profundidades surgió un terrible tropel de improperios y palabrotas varias bastante agresivas que dejaron a Tsukue clavada al suelo. Por su mente pasó el comentario de Tamaki sobre lo agradable y simpático que era el jefe, y con una gotita rodando por su nuca se preguntó si no se habría equivocado de izakaya.

- ¿Quiere que me ocupe yo, entonces? –inquirió de nuevo la desconocida, dirigiéndose hacia el incorpóreo dueño.

Sólo recibió a cambio otra sarta de maldiciones, aunque pareció tratarse de una respuesta afirmativa, porque la chica cerró de nuevo y se acercó a Tsukue con tranquilidad, saliendo de detrás de la barra. Ella se fijó fugazmente en la minifalda de volantes, las medias de rejilla y las contundentes botas góticas que le llegaban a media pierna. Aquella individua le recordaba a Saho en su época de instituto, cuando había estado experimentando con una mezcla del punk y el gótico antes de pasarse definitivamente a la tendencia lolita.

- Je, je… No pongas esa cara de susto –sonrió la joven con gesto maquiavélico en son de broma-. Harada-san es un encanto. Es que ahora está hablando por teléfono con nuestros proveedores. Eso siempre le supera. ¿Has traído currículum?

- Ehh, sí… Sí, sí, lo he traído…

Tsukue salió momentáneamente de su bloqueo y se descolgó la mochila del hombro para sacar la carpeta a duras penas y empezar a rebuscar dentro con muchas dificultades. Su compañera se quedó observando sus malabarismos con los brazos cruzados y una sonrisa indulgente en la cara.

- ¿E-es es usted la copropietaria? –preguntó Tsukue, sacando por fin los folios y agitando la cabeza para apartarse el flequillo de los ojos.

La otra silbó, divertida.

- Hacía siglos que nadie me hablaba con tanto respeto… No, hija, no. Oficialmente, soy una camarera cualquiera. Extraoficialmente, soy la supervisora de personal. Sólo por orden de antigüedad, ya sabes. Aquí entre nos, espero que pronto me asciendan y me suban el sueldo. En estos momentos soy la empleada que más tiempo seguido lleva trabajando en este sitio, quitando al propio Harada-san. Hace medio año se nos fue el ayudante de cocina que había empezado el negocio con él para abrir un local por su cuenta y tuvimos que sustituirlo por otro. Y las camareras normalmente van y vienen según los semestres. Hace unas semanas se nos fue una y hemos estado hasta arriba de trabajo, así que como te imaginarás no…

Se quedó callada de golpe al mirar la cabecera del currículum que Nozaki acababa de pasarle, agrandando mucho los ojos.

- ¿N-nani? –se apresuró a interrogar Tsukue, nerviosa ante la posibilidad de haber dejado pasar algún tipo de errata catastrófica o algo semejante.

- ¿Eres Nozaki Tsukue? –soltó la joven, mirándola directamente a los ojos.

- H-hai… -contestó ella, encogiéndose un poco.

Y de repente la camarera rompió a reír estruendosamente, con cara de suprema incredulidad.

- ¡Por Kami, esto es totalmente surrealista! –exclamó, partiéndose de risa con la vista fija en los papeles. A Tsukue volvió a resbalarle una gotita por la sien-. ¡No me lo puedo creer! Aaay… -dejando escapar un suspiro, se limpió las lágrimas con cuidado de no correrse el maquillaje-. Encantada de conocerte, Tsukue-chan. Soy Fujioka Dai.

Y, sin darle tiempo a reaccionar, le pegó un fuerte apretón de manos a estilo occidental. Tsukue comprendió enseguida. El hecho de que una tropa de chicos ricos frecuentara un bar plebeyo como aquél sólo podía deberse a que en él trabajaba alguien conocido.

- ¿Eres familia de Haruhi? –inquirió entonces, sorprendida, asimilando poco a poco las dimensiones reales de aquella casualidad-. ¿De… F-Fujioka Haruhi?

- Maa… no exactamente –Dai sonrió de forma extraña-. Más bien podría decirse que su otou-san y mi okaa-san se llevan bastante bien…

Tsukue no lo pilló. Hasta donde ella sabía, el padre de Haruhi era viudo desde que ella era pequeña. ¿Había vuelto a casarse, o algo? Sin embargo, su interlocutora no le dio mucho tiempo para reflexionar sobre ello.

- De verdad, qué agradable sorpresa –siguió, entusiasmada. La cara le había cambiado por completo, de repente casi desentonaba con esa oscura estética gótica que lucía-. ¿Quién te dijo lo del empleo? Debió ser Tamaki, ¿verdad? Sólo pudo ser él, es el único que sabe que estamos buscando gente. Y fijo que Hikaru no te lo hubiese dicho aunque lo supiera. No creo que le entusiasme que empieces a trabajar aquí, pero que le den por saco, quizá le convenga. Yare, yare, no te quedes ahí, vamos a sentarnos.

Aturullada por la repentina efusividad de aquella desconocida (efusividad que le recordaba vagamente a Imaidegawa Ritsuko) Tsukue se dejó guiar mansamente hasta una de las mesas del bar, en la que ambas se sentaron frente a frente.

- Sugoi… -musitó Dai, echándole un vistazo a su currículum mientras se quitaba la chaqueta de cuero, haciendo tintinear sus múltiples hebillas. Llevaba un jersey de rejilla negro sobre una camiseta de tirantes granate que dejaba poco a la imaginación, y Tsukue volvió a sonrojarse levemente con una inevitable punzada de inferioridad. Aquella mujer tenía un cuerpo impresionante, era realmente muy atractiva-. Has hecho muchas cosas en los últimos años, ¿ne?

- Ehhh… -ella intentó reubicarse lo mejor posible-. Han sido trabajos temporales, por los estudios, ya sabe… Tengo que pagarme la universidad.

- No me llames de usted, por Kami. Con "Dai-san" basta y sobra. El sueldo que ofrecemos nosotros no es la gran maravilla, pero da para vivir. Y tenemos mucha clientela extranjera, que suele dejar propinas considerables. Harada-san dice que las propinas son una ofensa para cualquier trabajador, porque nosotros hacemos nuestro deber y no necesitamos caridad. Siempre se está quejando de que los extranjeros no saben nada de la idiosincrasia japonesa, pero qué quieres que te diga… Las propinas son dinero, y el dinero nos da de comer, así que a mí no me importa que hieran mi orgullo patrio en ese sentido. ¿Te importa que fume?

- N-no, está bien…

Después de una presentación de aquellas características y el desparpajo que destilaba su anfitriona, la joven morena no sabía muy bien qué esperarse de la entrevista de trabajo. Pero Dai volvió a sorprenderla con una profesionalidad inesperada. Nada más encenderse el cigarro, se tornó seria, analizando a conciencia su currículum con el ceño fruncido y dirigiéndole toda una serie de preguntas directas y concisas sobre su experiencia laboral, tanto en Tokyo como durante sus primeros pinitos en Hinode. Parecía una empresaria hecha y derecha, acostumbrada a hacer ese tipo de cosas cada día. Tsukue se preguntó vagamente qué edad tendría, o cuáles serían sus estudios. Si cambiara su estilo punkarra por uno más sobrio, habría sido la imagen perfecta de la típica ejecutiva agresiva.

- ¿Nunca has trabajado en turno de noche? –preguntó en un momento determinado, con gesto disconforme-. Es algo duro, así que considéralo. Si no vas a poder aguantarlo, no podremos contratarte. El horario es el que hay, y no creo que sea posible modificártelo. Todo depende de la actividad que tengamos cada día, por supuesto, pero esto siempre suele estar lleno de gente. En un principio saldrías a las 12 todos los días. Vives en Tsukishima, ¿ne? ¿Cómo te pilla la combinación de trenes?

- Bien, bien. Muy bien, la verdad. El metro de Yurakucho me lleva directamente hasta Tsukishima, y vivo muy cerca de la estación.

- Maa, eso ya es algo. Al ser novata no creo que te toque hacer caja con frecuencia, al menos en un futuro inmediato. De eso suelo encargarme siempre yo –hizo una pausa para darle una calada al cigarro-. Normalmente llego a mi casa alrededor de la 1 o las 2 casi todos los días. Esto no es tan suave como trabajar en una tienda de ropa. Eres consciente de ello, ¿ne?

- Hai –Tsukue asintió con determinación-. Fujio… D-Dai-san, en serio, este trabajo me interesa mucho. No me importa tener que trabajar duro, me esforzaré. Y si no están satisfechos conmigo, me iré. Pero necesito el trabajo, porque mi contrato en Shibuya se acaba la semana que viene y… n-necesito trabajar.

Dai alzó la vista hacia ella. La luz que entraba a través de las persianas de los ventanales le caía de lleno en la cara, y Tsukue se dio cuenta de que sus ojos no eran negros, como había creído en un principio, sino de color azul muy oscuro. Casi parecían violetas.

- Bien, me alegra que estés tan decidida. Pero ésas son las condiciones: se trabaja de lunes a sábado, de 5 a 12. Si quieres trabajar aquí, no te recomiendo que mantengas otros trabajos. Es posible que necesites dinero extra, y lo entiendo, pero no aguantarás el ritmo, y más si encima tienes que ocuparte de tus estudios. Hazme caso, porque llevo tres años trabajando aquí y he sobrevivido así durante toda la carrera.

Tsukue reflexionó por un momento. Pensó en la heladería de Shiba, y en Asahara-san y su vieja librería de segunda mano. Eran trabajos que le gustaban y que lamentaría abandonar. Pero tenía que dejar de buscar empleo bajo un patrón idílico y esforzarse en algo serio de verdad que le durara al menos todo lo que le quedaba de curso y, a ser posible, también el siguiente. Llevaba dos años a la deriva por Tokyo, sin nada fijo, sin asentarse en nada. Su manía de no echar raíces allí había convertido su vida en algo inestable y poco fiable. Estaba cansada de tener que empezar de cero cada dos por tres constantemente…

- Si me contratan, dejaré los otros empleos –cedió al final, cerrando los puños con fuerza en su regazo-. Me centraré completamente en esto para no rendir menos de lo que esperen de mí.

Dai esbozó una lenta sonrisa.

- Ésa decisión es la acertada, créeme –dejó los papeles sobre la mesa y se recostó en su asiento, llevándose de nuevo el cigarro a la boca-. Antes te dije que nuestro sueldo no es la gran cosa, pero está bastante bien. Además, tu turno empezaría a las 5 en punto, a las 4:30 como muy pronto, así que tendrías tiempo libre a primera hora de la tarde para poder hacer lo que mejor te convenga. Yo vengo aquí a las 3 porque mi horario es más amplio y se necesita gente que prepare el local antes de abrir. Harada-san es el dueño, prácticamente vive aquí. Los ayudantes de cocina llegan alrededor de las 4. Pero tu trabajo sólo consiste en servir mesas, y si no hay clientes no hay mesas que servir. Y los domingos y festivos no abrimos, algo es algo. Me parece que, con buena organización, no tendrías por qué sobrecargarte. Y vivirías de forma un poco más libre que hasta ahora, pendiente de tres trabajos a la vez, ¿no te parece? Eso no es bueno para la salud…

Tsukue le devolvió la sonrisa.

- Hai

- Youshi, pues todo arreglado –Dai aplastó los restos del cigarrillo en el cenicero-. Voy a serte sincera. Tamaki seguramente te mandó aquí porque sabía que sería yo la encargada de entrevistarte. Siendo amiga de Haruhi, ya me encargaré de hacer algún trapicheo para colocarte por delante de otras candidatas –le guiñó un ojo con complicidad-. Yo siempre he dicho que no sirve de nada tener un alto cargo si no se abusa un poco de él de vez en cuando. Y tienes más experiencia que bastantes de las chicas que se han pasado ya por aquí. Tengo que comentarlo con Harada-san, por supuesto, pero, si estás conforme, el puesto es tuyo.

- ¡H-hai! –exclamó Tsukue, incorporándose con alegría-. ¡Arigato gozaimasu!

Dai se echó a reír, agitando la mano izquierda para quitarle importancia al asunto. El sol arrancó un breve destello plateado del anillo que llevaba en el dedo anular.

- Nada, nada, será un placer tenerte aquí… En fin, ¿qué te parece empezar ahora mismo?

- ¿Eh? –Tsukue se quedó bloqueada.

- Maa… -Dai empezó a levantarse lentamente con gesto risueño-, por ser una candidata especial, podemos ofrecerte un día de prueba en nuestro local. Hoy es jueves, tendremos jaleo. Puedes quedarte a echarnos una mano y de paso catas el ambiente y el ritmo que llevamos. Si te gusta, te recibiremos con los brazos abiertos a partir de la semana que viene. Si no, todos nos ahorraremos falsas esperanzas. Tú seguirás buscando trabajo, y yo seguiré buscando camarera.

Se quedó de pie junto a la mesa, observándola desde arriba. Sonreía levemente, igual que si estuviera acordándose de un chiste que sólo conocía ella, y tenía una expresión inclasificable a medio camino entre la diversión y la ternura que le transmitía confianza en silencio. Resultaba extraño, como si pudiera ver a través de ella. Pero, a pesar de todo, Tsukue sintió que su propia sonrisa se ensanchaba, afianzando su determinación. Aquella mujer le caía bien. Y no dudó en levantarse enseguida.

- Wakatta –asintió.

- ¡Sugoi! –replicó Dai con entusiasmo, retomando aquella efusividad desbordante, y alzó los pulgares en un gesto espontáneo que a Tsukue le resultó familiar-. ¡Será divertido! No creo que las celebridades vengan hoy, así que no trabajarás bajo presión. Quizá el uniforme de Kagura-chan te quede un poco grande, pero por una noche bastará. Vamos, vamos…

Harada-san resultó ser realmente un encanto cuando Dai se lo presentó, ya en la cocina, momentos después. Era un hombre maduro, alto y muy corpulento, con barriga y calva incipiente, pero formas educadas y casi paternalistas, ahora que los proveedores habían sido momentáneamente apartados de su mente. Accedió a concederle a Tsukue un día de prueba, y, mientras iba poniendo en funcionamiento el local, se dedicó a explicarle cuál sería su labor de ahora en adelante si oficializaban el contrato.

Rato después, cuando ambas chicas estaban en los vestuarios, probándole a Tsukue el antiguo uniforme de la camarera que se había despedido semanas atrás, llegaron los ayudantes de cocina, un par de hombres jóvenes, mayores que ellas pero menores que el dueño, que recibieron a Nozaki con cordialidad y se presentaron entre bromas. Uno de ellos llevaba trabajando allí un año menos que Dai, y el otro desde hacía sólo unos meses, pero compartían ya una camaradería considerable y creaban muy buen ambiente a su alrededor.

- No te preocupes si ves que Nagai-san y Harada-san se llevan como el perro y el gato –le explicó Dai por lo bajo medio riéndose rato después, mientras en la cocina se iniciaba una discusión entre el jefe y el más joven de los cocineros-. En realidad no viven el uno sin el otro, sólo les encanta picarse. Y entre los dos martirizan a Ogata-san, que se casó el otoño pasado y está todo el día hablando de su mujer. Dicen que tiene la ñoñería típica del síndrome del recién casado…

Poco antes de las cinco de la tarde, llegaron las otras dos camareras restantes, una muchacha de 19 años y otra de 25 que resultó ser la novia del tal Nagai-san. Ellas también parecieron alegrarse de contar con una nueva compañera por fin que descongestionara un poco el trabajo y recibieron a Tsukue con calurosos saludos y bienvenidas. La más pequeña era una kogal pura y dura que hablaba por los codos y se relacionaba con una desenvoltura apabullante. Sin embargo, a pesar de su mareante parloteo, resultaba simpática y graciosa, y se encargó de romper el hielo de inmediato en cuanto fue presentada a la recién llegada. La mayor de ellas, por el contrario, era mucho más sobria y tranquila, educada y agradable sin descuidar las formas básicas.

Pero ambas se hacían cercanas a su manera y Tsukue no pudo dejar de sonreír, sintiendo que se iba acomodando cada vez más a aquel lugar.

A las cinco abrieron definitivamente y empezaron a trabajar. Dai, que atendía la barra mientras el bar no estuviera muy lleno, se encargó de mantener a Tsukue junto a ella y, según iba entrando gente, le transmitía el correspondiente informe del cliente en cuestión, si es que se trataba de un parroquiano habitual. Mientras aprendía esas nociones básicas sobre el funcionamiento diario del Shin Himoto, Nozaki pudo encargarse de observar cómo atendían las mesas las otras dos camareras, apuntando mentalmente los tecnicismos necesarios para ponerlos en práctica después.

Alrededor de las siete, el ambiente empezó a animarse más y en pocos minutos el local se llenó. Dai y Tsukue abandonaron la barra para dedicarse a servir las mesas, siendo sustituidas por el propio Harada-san. Y ahí empezó la verdadera locura: gente por todas partes, hablando y riendo a voces, espacio reducido, rutas de tránsito minúsculas entre unas zonas del bar y otras en las que las camareras casi tenían que hacer equilibrios para poder pasar, pedidos simultáneos totalmente desorganizados y un calor sofocante. De las mesas a la cocina y de la cocina a las mesas sin parar, siendo asaltada cada dos pasos por alguien que siempre tenía alguna cosa nueva que pedir.

Tsukue tardó muy poco tiempo en agobiarse, pero miraba de reojo a Dai, que estaba por completo en su salsa, riéndose con las compañeras y bromeando con los cocineros, y se recordó una vez más lo mucho que le convenía conseguir aquel trabajo.

- Anímate, Tsukue-chan –le dijo Nagai-san riendo, en uno de sus viajes a la cocina, cuando la vio pasándose una mano por la frente, resoplando-. El primer día siempre es el peor. Dos días más aquí y te preguntarás cómo has podido sobrevivir hasta ahora sin este alboroto. ¡Oi, Dai-chan! ¡Dile al viejo que le meta caña a este sitio, que las chicas necesitan energía!

- ¡Oi, jefe! –voceó de inmediato la susodicha, que estaba entrando a la cocina en ese momento-. ¡Cambia de música, que nos dormimos! ¿Todo bien, Tsukue-chan?

Al repertorio de música ambiental neutra que habían mantenido hasta el momento le siguió una revitalizante sesión de rock rápido que enseguida le puso las pilas a todo el mundo, tanto empleados como clientes, que aumentaron su producción de contaminación acústica en unos decibelios considerables.

Y Tsukue no estuvo segura de si fue por la familiar música, que se le metía en las venas, o por las dos horas que llevaba ya atendiendo las mesas, pero terminó llegando un momento en que su cuerpo se adecuó a los tortuosos espacios por los que tenía que moverse, en que su oído aprendió a captar las distintas llamadas y en que sus ojos descubrían también los mismos detalles que comentaban las otras camareras entre sí. Encontró el punto necesario para pillar las bromas de sus compañeras y reírse con ellas. El ritmo en la cocina dejó de parecerle tan estresante. Y la sonrisa que le salía sola al atender a la gente provocó que más de un parroquiano entablara una breve conversación con ella, preguntándole si era nueva y si pensaba quedarse, dándole al mismo tiempo la bienvenida.

I don't need to hide no more…
Aoku hikaru hou e nagareteku…
Going on!

Había estado en izakayas como aquélla millones de veces. Se movía constantemente en lugares de ese estilo en Hinode, cuando estaba en el instituto. Había trabajado con Hitoshi en el bar que llevaban sus tíos más de una vez, en los primeros meses que pasó en Tokyo nada más mudarse. Era estúpido tenerle miedo a un empleo como ése…

Era capaz de moverse entre aquella gente y hacer bien su trabajo, lo sabía de sobra. Ése era el ambiente que siempre le había gustado a ella en realidad, aunque pareciera extraño. Le recordaba a Kouji, y a los viejos tiempos, en los que no le daba vergüenza saltar al ritmo de la música en medio de un montón de personas, ni gritar a pleno pulmón al compás de los acordes de la guitarra eléctrica. Le recordaba la época en la que se había sentido capaz de hacer cualquier cosa, la época en la que sabía lo que era disfrutar… pero quizá siempre hubiese tenido miedo de disfrutar de la vida en Tokyo, y también hubiese dejado atrás todo aquello, junto a su sueño de estudiar fotografía, de viajar por el país con lo puesto y tantas otras cosas que había perdido por el camino.

You've got the chance now!
You've got the power!
Kidzuite so true yourself!

Sin embargo, las cosas eran diferentes ahora. La vida en Tokyo no tenía por qué ser en blanco y negro, y ella no tenía por qué seguir renunciando a las cosas que le gustaban. Tsukue no volvería a ser la misma quinceañera que había sido en Hinode, y eso lo tenía muy claro. Pero tampoco quería ser la misma veinteañera que había sido en la capital, asustada hasta de su sombra y enfurruñada con el universo sólo por no haber logrado lo que quería.

Aún no era tarde para rectificar, para recoger las riendas de su vida y enfocar las cosas desde otra perspectiva. Darle la espalda al mundo nunca había sido la solución.

Podía manejar aquel trabajo. Podía manejar lo que fuera si se lo proponía.

I show you my life now!
I show you my love now!
I show you my everything!
Yeah! Yeah!

Conforme fue avanzando la noche, el Shin Himoto se terminó de abarrotar. Tsukue no había visto nada igual en la heladería, y se rió al imaginarse la cara que pondrían Kaoru y Hikaru cuando la vieran trabajando allí, correteando de un lado a otro haciendo malabarismos con la bandeja, pendiente de no tirar las bebidas y la comida.

Haruhi y Etsu no se lo creerían… Puede que ni siquiera Kana se lo terminara de creer…

Pero seguro que Hitoshi y Tadashi montaban una fiesta. Tendría que invitarles a cenar allí algún día. Sería divertido presentarle la gente de Ouran a sus viejos amigos del instituto…

You'd better change now!
You'd better catch now!
Kawaranai so be yourself!

Tsukue no llegó a darse cuenta de su cambio de mentalidad. Tampoco se dio cuenta de que, en circunstancias normales, jamás se le habría ocurrido mezclar a Tadashi, Hitoshi y Saho con Hikaru, Kaoru y Tamaki, por ejemplo. Su vida en Tokyo nunca antes había rozado unos niveles de integración semejantes. Pero de repente le parecía una idea estupenda.

- ¿Qué tal vas, Tsukue-chan? –le preguntó Harada-san cuando se acercó a la barra para recoger el último pedido de la cocina-. Parece que ya te has aclimatado, ¿eh?

Y ella sonrió ampliamente.

- ¡Hai! –exclamó-. Hacía mucho que no venía a lugares como éste, pero cuando estaba en el instituto prácticamente vivíamos metidos en una vieja izakaya que estaba cerca de nuestra casa. Es agradable volver a este ambiente, aunque sea como camarera en vez de como cliente.

- Sou ka, sou ka… Me alegro mucho, pequeña.

I'll show you my strength now!
I'll show you my love now!
I'll show you my everything! Yeah! Yeah!

- Harada-san… -añadió, un poco vacilante-. Si está de acuerdo, realmente me gustaría trabajar para usted. Aguantaré el ritmo, se lo aseguro. Puedo demostrarle que sé trabajar duro. Me esforzaré al máximo para que no tenga queja de mí… s-si decide contratarme, claro.

Él la miró de reojo mientras llenaba un par de jarras de cerveza. Y dejó escapar una sonrisa en respuesta.

Baby, don't be afraid…

- Bienvenida al grupo, niña –contestó, plantando las cervezas sobre la bandeja que ella llevaba-. Mesa ocho.

--Fin del capítulo 5--

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Ending: Anna Tsuchiya – Lucy

Notas de Autora: ¡Kyaaa! (Dik brinca descontroladamente en su silla) A mí sí que me está poniendo las pilas Lucy, ¡esta canción es terriblemente pegadiza, no la puedo dejar de oír! En fin… Me siento como si me hubiese quitado un terrible peso de encima al terminar este cap, os lo prometo. ¿Por qué? Porque por fin el escenario de Mil y una noches se ha terminado de asentar. Ahora que la vida de Tsukue se está estabilizando y su relación con los gemelos se está desarrollando de forma normal, podemos empezar a meterle caña a la trama. ¡Ah, claro, y la subtrama también ha sido presentada! Es fundamental para la estelar aparición de Ishiko, con la que todo empieza a andar…

Weno, ¡a los r/r! xD

Charlie: ¡deja de hacer publicidad subliminal sobre tu regalo en el r/r y dime algo productivo! ;O; Y0misma, Sakura Fa Uchiha, Cygni y Ayukawa-san, como siempre, os contesto individualmente xD Chihine: ¡bienvenida, y muchísimas gracias por tu r/r! Me alegro mucho de que este fic te esté gustando, y espero volver a verte por aquí. Aún queda bastante para aclarar lo que pasó en Ouran entre los gemelos, pero básicamente es más o menos lo que tú dices, aunque con sus matices. A ver qué te parece el asunto según se vaya desarrollando. Cisco: ¡ME HAS ALEGRADO EL DÍA! Sí, ya había perdido la esperanza de que llegara tu r/r antes de subir el nuevo cap (no te preocupes por la universidad, porque te entiendo perfectamente, yo estoy por el estilo ahora…) ¡Pero has llegado, yay! XD Es genial que te guste la relación que está desarrollando Tsukue con los gemelos, yo soy una fiel defensora de que para que una relación amorosa tenga futuro es mejor empezar desde una base de amistad, y eso es más o menos lo que va a pasar aquí. Por lo menos Hikaru ya ha cambiado de punto de vista, a ver qué consecuencias acarrea ese detalle… Tienes toda la razón, la pelea entre los gemelos es un comienzo, quizá el pistoletazo de salida que pone realmente a funcionar este fic. Y sobre Makie y Mitsukuni… ¿qué puedo decir? Ya has visto la bola que les he dado en este cap. Y tendrías que ver la de cosas alternativas que tengo escritas sobre ellos XD Mitsukuni es mi personaje favorito de Ouran y por ende le tengo mucho cariño a Makie. ¿Qué te parece el personaje en sí? Y bueno, a ver qué conclusión has sacado después de este cap del problema que hay montado con Yasuchika, espero impaciente tu opinión, jijiji. Sobre Ishiko y Kyouya… ¿alguna teoría? xD

Bueno, bueno, hoy no me quiero alargar mucho con las notas, y en realidad no tengo mucho que decir. No os preocupéis por la avalancha de datos, nombres y sucesos que se mencionan en este capítulo, porque todo se irá desentrañando poco a poco según se vaya desarrollando la historia. Ahora sí que puedo decir que están todas las cartas sobre la mesa. A partir de aquí vamos a empezar a avanzar. Por último, juraría que esto ya lo he dicho, pero aunque los protagonistas principales de Mil y una noches son los gemelos y Tsukue, el nudo que hay por detrás formado con el Kyouya/Ishiko y el Mitsukuni/Makie también es vital para el fic, así que no lo perdáis de vista. De hecho, es tan vital que se merece un fic propio, pero no me entusiasma ponerme a escribir side stories como loca… Bueno, sí me entusiasma, pero no me da la vida… ;O;

Una vez más, el ending de hoy es conocido y fácilmente localizable en YouTube. Para los que sientan curiosidad: sí, es una canción de Nana, y no, no estoy obsesionada con ese anime, es simplemente que tanto Anna Tsuchiya como Olivia Lufkin me gustan mucho, y en mi opinión Nana tiene una brillante BSO. Muchas de sus canciones son aprovechables para este fic, así que ya os encontraréis con alguna más en el futuro xD

Estoy de luto por mi querida guía de Tokyo… ¡tengo que devolverla ya a la biblioteca o la multa será descomunal! De hecho, debería haberla devuelto hoy, pero… ¡no pude hacerlo! (Dik rompe a llorar desconsoladamente) ¡He descubierto que en la contraportada tiene un mapa de las líneas del metro de Tokyo! ¡UN MAPA DE LAS LÍNEAS DEL METRO! (se ha notado en este cap, ¿eh? xD La información del metro es verídica, conste que no lo hice a posta, fue una casualidad… Ah, y si algún día viajáis a Tokyo, pasaos por el Shin Himoto, que la dirección es real y el bareto existe realmente, aunque no tengo ni idea de cómo será por dentro o por fuera… lo mismo ya ni existe, porque la guía es del 2002…)

Mientras decido si fotocopiarme la guía y devolverla, o quedármela sin más hasta que algún caritativo miembro de mi familia me regale una por Navidad, intentaré seguir metiendo detalles espaciales reales en Mil y una noches. Va por vosotros, queridos lectores.

Y os voy a dejar ya para no aburriros más (ni aburrirme más a mí misma xD) Este fin de semana no habrá número de Secretos en la creación de personajes, porque la situación de Ishiko está aún brumosa y no quiero hablaros de ella todavía. Sin embargo, seguramente suba otra sorpresita al blog, así que pasaos a echar un ojo. Y sentíos libres para comentar, por supuesto.

Se acabó. Dik se pira a las 11:15 del sábado 24 de noviembre de 2007 (¡qué rabia que la LaLa de este mes no haya sacado el capítulo 57 de Ouran, mouuuu…!)

¡Pasad buena semana, y nos vemos en diciembre ya! Cuidaos muchísimo y protegeos de los fríos invernales (si estáis en el hemisferio norte, claro, si no aseguraos de usar crema protectora para tomar el sol xD) Con todo mi cariño y agradecimiento:

Dik ;)

¡Carpe diem!



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