|
Author of 16 Stories |
N. de A: ¡Gomen Nasaiiiiiii! Este capítulo se suponía que era el regalo de Navidad, así que imaginad la cantidad de contratiempos que he tenido por el camino. Espero que disfrutéis de la historia, porque yo me lo he pasado bomba escribiendo esta parte, son todo disparos y persecuciones en coche, aunque también hay tiempo para las moñadas.
Agradezco cada mensaje, mail o PM que me mandáis, animan un montón, y os puedo asegurar que terminaré el fic.
De extra, os regalo dos cosillas, mucha gente me dijo que basta de tanto Opening y que hiciera algún ending, así que hice dos XD. El primero es de mi propia manufactura, el otro es el ending Mezane tuneado (ese en el que salían fanarts).
Besotes y ja ne!
DÍA DE LOCOS
El monótono silencio del aula sólo era roto por el ruido de los bolígrafos contra el papel, los ocasionales crujidos de las sillas cuando sus ocupantes intentaban en vano conseguir una posición más cómoda, o por los gruñidos de frustración existencial de los alumnos según avanzaban en la lectura de las preguntas del examen. Tras casi dos horas allí encerrado, Naruto revisó su hoja en busca de aberrantes faltas ortográficas, todavía no terminaba de dominar el japonés escrito y no quería suspender por cometer un atentado contra la lengua japonesa.
-HAS ESCRITO MAL CIRUGÍA EN ESE PÁRRAFO, TE FALTA UN TRAZO -.
-Ya lo he visto, no soy lerdo -.
-LA PRÓXIMA VEZ TE AYUDA TU MADRE CON EL CASO PRÁCTICO, TENGO MÁS DE NUEVE MIL AÑOS DE EXISTENCIA A MIS ESPALDAS COMO PARA PONERME AHORA A ESTUDIAR PSICOLOGÍA POR HOBBIE -.
-No te lo he pedido, dijiste que lo haces porque te aburrías -.
-DIJE QUE ERA “PARA DISTRAERME”, ASÍ NO TENGO QUE ESCUCHARTE CUANDO TU NEURONA SE DESCONECTA Y TE PONES A PENSAR EN APAREARTE CON EL UCHIHA -.
-¡Yo no hago eso ttebayo! -.
-ENTONCES ¿LO DE DARTE DE CABEZAZOS CONTRA LA MESA ES POR DIVERSIÓN? -.
-¡Vete a la mierda, maldito zorro! -.
-JEJEJEJEJE -.
Fue el último de los alumnos en levantarse para dejar su examen sobre la mesa del profesor, ocupada por el temible Mori Ibiki.
-¿Qué tal ha ido? – preguntó él, con una inesperada sonrisa.
-Creo que no demasiado mal, aunque la parte del estrés postraumático aplicado a personas con síndrome de Estocolmo fue horrible -.
-Ya me gustaría que la mitad de mis alumnos demostrasen la mitad de interés que tú en la asignatura… hace tiempo que no tengo un ayudante en condiciones, ¿qué te parecería trabajar como becario en el departamento? -.
-¿Para eso no debería entregar una solicitud o algo? -.
-Nadie se ve capaz de trabajar bajo mi supervisión, así que la plaza siempre queda vacante; si lo quieres el puesto es tuyo, aunque no se cobra demasiado -.
-Sí, claro que lo quiero – asintió Naruto – Le vendrá mejor a mi currículo que mis trabajos esporádicos como modelo -.
-Entonces pasa por mi despacho cuando acabes tus otros exámenes, iré preparando el papeleo -.
-Muchas gracias, estaré allí a eso de las cinco -.
Ibiki observó con una sonrisa divertida al joven que se alejó corriendo por el pasillo, sin duda era alguien sorprendente. Sacó un móvil de su bolsillo y marcó un número, aguardó que contestaran mientras terminaba de meter las hojas de examen en una carpeta.
-¿Ibiki? -.
-Ya he hecho lo que querías, tendré más controlado al chico a partir de ahora -.
-Avísame de cualquier actividad sospechosa en torno a él, incluso si ves que empieza a comportarse de forma extraña -.
-Se supone que estoy retirado, no senil, a diferencia de otros por lo que parece -.
-Déjalo, mi hija tiene más gracia que tú burlándose de mi edad -.
-He estado indagando por mi cuenta, dado que tú no querías cederme más información de la necesaria; así que el proyecto Foxfire, hum, curioso -.
-No deberías comentar ese tipo de cosas por teléfono, podrían localizarte sólo con una palabra -.
-Yo cuidaré del chico, tú termina con lo que sea que estés liado -.
-Gracias -.
-Ya me lo cobraré -.
Cerró el teléfono y lo guardó. Salió del aula con la carpeta de exámenes bajo el brazo, el mismo aire severo e intransigente, el temible profesor Ibiki.
OooO
Odiaba su trabajo, sobre todo en momentos como ése. El torneo de la copa del mundo de Go había tenido a Tokyo de sede y, como gran evento cultural, casi todos los embajadores se habían visto arrastrados a intervenir de una u otra manera. Akari vio como sin previo aviso se convertía en mediadora del embajador chino y coreano que no hacían otra cosa que lanzarse los trastos a la cabeza con mucha elegancia y unos eufemismos a cada cual más ingenioso. Si alguna vez conseguía algo parecido remotamente a una jubilación tranquila, se convertiría en criadora de hortensias o quizás en conductora de vehículos expedicionarios en la Antártida para no tener que tratar casi con seres humanos.
-Señora, lamento la intrusión, la requieren al teléfono -.
Akari le puso ojitos al guardaespaldas que acababa de rescatarla. Disculpándose repetidas veces, dejó que aquellos idiotas se matasen verbalmente.
-No sabes como te agradezco que me hayas sacado de ahí -.
-Lo sé, señora, pero no es del todo una mentira, su hijo mayor ha telefoneado -.
Fueron a uno de los pequeños despachos disponibles en el gran pabellón dónde se celebraba la final del Torneo de Go, otro de los guardaespaldas esperaba allí entreteniendo a alguien al otro lado de la línea. Akari tomó el auricular.
-John, ¿qué tal en Washington? -.
-Muy bien, por una vez creo que se han currado la elección de profesores para un Máster, alucinarías con las cosas que estamos aprendiendo sobre estrategias político-económicas a nivel mundial -.
-¿Y qué hay tan importante para que gastes el dinero estúpidamente en una llamada internacional? -.
-El conferenciante invitado hoy para tratar el tema del impacto de las grandes multinacionales es un tal Robert Pain de Rain Tecnologys-.
Akari sintió náuseas.
-Ni se te ocurra ir, ¿entendido? -.
-Me suspenderán si no acudo, además somos un montón de público y es muy improbable que me vea -.
-¡John! – le chilló al auricular.
-Tendré cuidado, mamá -.
-Si te notas en peligro sal corriendo de esa sala, ¡y olvídate de volver a EEUU! -.
-Imaginé que dirías algo así – la voz sonaba a sonrisa. - Tengo que dejarte o llegaré tarde, la conferencia es a primera hora -.
-Un beso, mi niño -.
-Bye, mami -.
Los pitidos le anunciaron que John ya había colgado.
-Ains, estos críos acabarán conmigo – suspiró Akari.
Se levantó y fue a componer su aspecto frente a un espejo que decoraba la estancia. Frunció el ceño, ya le tocaba teñirse otra vez si no quería que la gente reparase en las milimétricas raíces rojizas de su melena. Ir constantemente disfrazada era un engorro, pero si alguna cadena de televisión decidía sacar su imagen no resultaría tan evidente su verdadera identidad.
El sonido del móvil la sacó de sus cavilaciones.
-¿Diga? -.
-Akari, ¿qué tal? -.
-¿Papá? ¿Ocurre algo? -.
-¿Por qué lo dices? -.
-Porque nunca me llamas si no tienes algo en mente que sobrepase el desearme buenos días -.
-¿Te importaría pasar a recogernos? – la voz sonaba incluso un poquito apurada.
-¿Recogeros? -.
-Sí, a mi supervisor editorial y a mí, hemos sufrido un “pequeño percance”, es una historia muy larga, pero fundamentalmente es que estarás en peligro mientras no te encierres a cal y canto en casa, creo que van a pasar cosas muy feas durante el resto de la tarde -.
-¿Dónde estáis? -.
-En Sugamo, te esperamos junto al templo budista; ah, y verás, lleva bastante gasolina -.
-¿Por qué? -.
-Hay que recoger también a Tsunade en el Hospital -.
-¿Qué? -.
-La llamé para que fuera a tu casa a refugiarse, pero resulta que no ha podido acceder al parking del hospital -.
-Sorpréndeme -.
-Han sufrido un repentino incendio -.
-Ya… esperadme, creo que puedo llegar en una hora si los semáforos son benévolos conmigo -.
-Deberías hacer que tus guardaespaldas… -.
-¡No me des lecciones, viejo! ¡Te recuerdo que no soy una novata en este tipo de situaciones, así que cierra la boca y siéntate a esperar a que llegue la caballería! -.
-Sí, señora -.
-Más te vale que esa respuesta no haya ido en plan gracioso o llegarás a Okinawa de la patada que te voy a dar -.
Colgó para no prorrogar el diálogo de besugos. Respiró hondo, endureció su expresión y salió del cuarto.
-Chicos – llamó a los dos guardaespaldas.- Hay una emergencia, necesito que usemos el subterfugio cinco -.
Los dos hombres se miraron.
-A piedra, papel o tijera -.
-Una ronda -.
Akari arqueó una ceja mientras aquellos dos decidían algo del modo más infantil que había visto en su vida. Uno sonrió y el otro maldijo.
-Estamos listos -.
Fueron directamente al aparcamiento del pabellón, sin ocultarse pero sin ostentaciones, allí fue dónde crearon el subterfugio. Uno de los guardaespaldas le dejó a Akari sus grandes gafas de sol y la gabardina junto con las llaves del BMW, a cambio se echó sobre los hombros el llamativo abrigo de paño rojo y se puso las estilosas gafas de la embajadora junto a una peluca de largo pelo negro que sacaron del maletero. El efecto en ambos era bastante ridículo.
-Bien -. El que no iba disfrazado se aclaro la garganta para no acabar a carcajadas a costa de su compañero – Nosotros iremos en el Subaru. Me esconderé en el asiento de atrás para que no me vean -.
-Perfecto, pero antes ayúdame a sacar el maniquí y ponerlo en el asiento del copiloto -.
-¿Quiere que la recojamos más tarde? -.
-No, id a mi casa y entonces podéis abandonar el ardid -.
-Es nuestra obligación protegerla y nos lo pone muy difícil -.
-Tranquilos, estaré bien -.
Cada cual fue a su coche y salieron juntos del aparcamiento. A mitad de camino, en un cruce de vías muy complejo, Subaru y BMW tomaron caminos diferentes a toda velocidad.
OooO
Jiraiya dejó el móvil sobre su escritorio con un gesto de acritud, ¿por qué a todo el mundo le había dado por ser creativo últimamente? En el caso de Ibiki tampoco era extraño, siempre le gustaba tener entre manos toda la información antes de empezar a trabajar, por eso resultaba una persona tan confiable.
El timbre del pequeño apartamento le sacó de sus cavilaciones. Frunció el ceño. No esperaba visita, más que nada porque nadie sabía de la existencia de su pequeña guarida en el tranquilo barrio de Sugamo, paraíso de la tercera edad. Sacó una pistola con silenciador del escritorio y la llevó camuflada en la mano gracias a las largas mangas de su yukata.
-¿Quién? – preguntó sin acercarse mucho a la puerta.
-¿Jiraiya-sensei? -.
Aquella voz… Jiraiya abrió la puerta con la misma cara de genuina sorpresa que el joven de pelo gris plantado en el destartalado rellanillo.
-Kakashi, ¿cómo has dado con este lugar? -.
-Es una historia muy larga, ¿te importaría si entro? -.
-No sé si… -.
-Me parece que acierto si digo que no es un simple jubilado metido a escritor erótico y que tengo información que puede ser interesante -.
-Ah, está bien, pasa -.
Ocuparon unos grandes cojines en el suelo, junto a una vieja mesa baja. Jiraiya sacó cerveza para los dos y unas patatas fritas de bolsa, aprovechando para dejar la pistola bajo un mueble de la cocina.
-Perdona que no te ofrezca nada más, no suelo pasar muy a menudo por aquí -.
-No hay problema – sonrió Kakashi.
-¿Y bien? ¿Cómo has sabido de la existencia de mi… segunda casa? -.
-Por mi padre o, más bien, por los datos de su ordenador -.
-Creo que debes empezar por el principio –. Jiraiya se apoyó contra la pared, cerveza en mano.
-Nuestra familia nunca ha sido lo que se dice normal, pero hay detalles que exceden las típicas riñas o distanciamientos. Llevo investigando a mis padres desde hace algunos años, casi se convirtió en un hobbie, pero me lo planteé más en serio a raíz de la aparición de Naruto -.
-¿Naruto? -.
-Un amigo de mi hermano, o algo así, y es como si a su paso fuese activando cosas que han permanecido ocultas, desencadenó la caída de Orochimaru y volvió más frecuentes los contactos de mi padre con la sede de Akatsuki en Nueva York -.
-¿Akatsuki tiene su sede en Nueva York? -. Jiraiya frunció el ceño.
-Sí, poca gente lo sabe porque realizan sus actividades a través de otras empresas, así evitan que su nombre sea en exceso conocido -. Kakashi sacó algunos papeles – Sobre todo se mueven bajo la tapadera de Rain Technologys, una red de investigadores y fabricantes de aparatos de alta tecnología que han extendido sus tentáculos a proyectos militares de alto secreto -.
El violento golpe de la botella contra la mesa sobresaltó lo suficiente a Kakashi como para estar a punto de derramar la suya.
-¡Voy a matarles! – bramó Jiraiya.
-¿Qué? – parpadeó el más joven.
-Nada, termina tu historia y después te aclararé algunas cosas -.
-No hay mucho más, excepto que mi padre ha desaparecido -.
-¿En qué sentido? -.
-En el más completo sentido de la palabra, su casa ahora está a nombre mío y de mi hermano Sasuke, no quedan ni rastro de sus cosas y, lo que es más raro, su despacho en Akatsuki Abogados ha sido desmantelado; es como si nunca hubiera vivido en Tokyo -.
-Se están movilizando, demonios -.
-Bien, ahora te toca a ti, ¿de qué va todo esto? – inquirió Kakashi, serio.
-Te contaré lo imprescindible, ¿de acuerdo?, el que poseyeses demasiada información te pondría en peligro – replicó Jiraiya con idéntica seriedad – Era un agente gubernamental encubierto, lo que comúnmente se denomina espía, he realizado todo tipo de trabajos para los servicios de inteligencia militares de EEUU. Me jubilé forzosamente hace quince años, cuando estropeé un proyecto ultrasecreto dirigido por mi hijo Robert, el padre de Naruto -.
Kakashi se limitó a guardar un silencio cargado de sorpresa.
-Akari y los críos se vieron inmiscuidos, les ayudé a huir sin un paradero concreto y luego yo mismo me exilié a Japón, estuve once años sin ver a mi familia y, ahora que les he recuperado, vuelven a estar bajo amenaza -.
-No lo entiendo, ¿por qué perseguir a tres civiles sin relación con el proyecto? -.
-No necesitas saberlo -.
-Eso no es cierto, mi hermano ahora vive en casa de tu hija, si su familia corre peligro entonces Sasuke también, tengo derecho a conocer los riesgos – replicó Kakashi.
-Saca a tu hermano de esa casa, porque no pienso contarte nada más – zanjó Jiraiya.
El peligris sonrió con un aire despistado que sabía demasiado a maquinación.
-Ah, es una lástima, porque pensaba facilitarte el acceso a los datos del ordenador de mi padre -.
-¿¡Qué!? -.
-Le hice una copia al disco duro, pero muchos de los datos están blindados por varias claves y cifrados, seguro que conoces a alguien que pueda ayudarnos -.
-Puedes ser muy exasperante, muchacho, y tampoco pareces ser el típico supervisor editorial -.
-Eso es porque… -.
(Bang Bagk de Rammstein)
Violentos golpes sacudieron sin piedad la frágil puerta de entrada. Uno; Jiraiya volcó la mesa. Dos; retiró un falso panel dejando ver cuatro pistolas de distintos calibres. Tres; le entregó un par a Kakashi y le ordenó con una sola mirada que se preparase para lo peor. Cuatro; la madera de la puerta se hizo añicos.
-“Cariño, ya estoy en casa” – resonó alegre una voz masculina, que a Kakashi se le hizo familiar y no precisamente por su mala imitación de Jack Nicholson.
-¿Tienes que hacer el idiota en cada trabajo? -.
-Sólo disfruto con lo que hago, sacrificar infieles es lo que me hace feliz al contrario que otros materialistas a los que no quiero señalar -.
-Vamos, ya discutiremos luego de ciertos desfalcos tuyos a las finanzas del bufete -.
-Hai, hai -.
Terminaron de apartar los restos de puerta y entraron al estrecho pasillo del apartamento, desatando una ráfaga de disparos a modo de comité de bienvenida. Jiraiya había saltado del salón a la cocina con tres objetivos: identificar a los asaltantes, demostrarles que aquello no iba a ser fácil y permitir que Kakashi les pudiera sorprender desde otro ángulo. Vio a dos hombres trajeados y con gabardina negra, el de cabello platino cayó al suelo y el otro se metió en el baño justo antes de ser alcanzado.
-¡Joder con el puto viejo! -.
-Te está bien empleado, Hidan -.
-¡Vete a la mierda, Kakuzu! -.
-Ya termino yo esto -.
Salió del baño al tiempo que empuñaba una recortada.
-¡Mierda! – gruñó Jiraiya, apartándose antes que el primer disparo volase media pared por los aires – Cabezas explosivas -.
-Enfréntate a lo inevitable, Jiraiya, sal y muere rápido -.
-¡No te lo pondré tan fácil! -.
Kakuzu se asomó a la cocina y volvió a parapetarse fuera esquivando otra andanada de disparos, por eso no vio la sombra que surgió de la otra habitación y le plantó varios disparos a bocajarro en la espalda.
-¡Kakuzu! -.
Hidan había conseguido incorporarse y portaba una kodachi. Gritando como un poseso se lanzó contra Kakashi que apenas tuvo tiempo de recuperarse, apuntar y disparar hasta cinco veces antes que aquel energúmeno colisionara contra él derribándole. La pistola se le escapó de la mano a un lugar indeterminado, sólo podía concentrarse en evitar que aquella reluciente cuchilla bajase hasta su cuello, notando sobre su cara la sangre que escapaba de la sonriente boca del maniático inmune a las balas.
Jiraiya salió de su escondite para defender a su joven supervisor, sin percatarse que el cadáver del suelo no era tan cadáver después de todo, y su pierna topó contra algo que soltó una violenta descarga eléctrica por todo su cuerpo. Gritó de dolor y cayó hacia atrás, sobre el suelo de la cocina al borde mismo de la inconsciencia.
-Debimos comprobar que no tenías compañía, error de aficionados -. Kakuzu, tras retirarle las armas, se alzó sobre Jiraiya sujetando una manguera que partía de su espalda – Creo que podremos empezar el incendio contigo, estropea un poco los cuerpos pero ya os reconocerán por los moldes dentales -.
El anciano sonrió más dolorido de lo que había estado en mucho tiempo.
-Creo que paso -.
Extendió la mano y alcanzó la pistola que escondiese a la llegada de Kakashi, en un rápido movimiento efectúo un único tiro justo a la frente de su atacante; él le miró con genuina cara de sorpresa antes de desplomarse de manera definitiva. Jiraiya respiró un par de veces y, sacando fuerza de dónde apenas quedaba, se arrastró hacia el pasillo; localizó a Hidan y Kakashi forcejeando, ambos llenos de pequeños cortes por la constante lucha de hacerse con el dominio de la kodachi sin ser fileteado en el proceso. Como no se fiaba de sí mismo, cogió la pistola y la lanzó contra la cabeza plateada; le alcanzó de refilón, pero fue suficiente distracción para que Kakashi le diera la vuelta a la cuchilla y la clavara en el cuello de su agresor. Durante unos instantes el peligris hubo de sujetar a Hidan, hasta que éste dejó de luchar, entonces se lo sacó de encima de un empujón.
-¿Estás bien? – preguntó Jiraiya, mareado.
-No… no estoy bien, pero sigo vivo… supongo que es lo importante -.
-Dúchate con la ropa puesta – aconsejó el ex espía, sentándose contra la pared – Tenemos que irnos, la policía no tardará en llegar -.
Kakashi obedeció al instante y no se demoró más de un minuto bajo la ducha. Cuando salió empapado, Jiraiya había conseguido ponerse en pie y recogía algunas cosas del escritorio del salón.
-Coge el lanzallamas que lleva nuestro amigo a la espalda y pégale fuego a la casa, no debemos dejar ningún rastro de nuestra presencia -.
-¿Y las armas? -.
-Déjalas, el fuego borrará las huellas; una vez usas un arma para matar a alguien no es recomendable conservarla porque pueden seguirte la pista -.
La casa ardió con rapidez. Bajaron un trecho de calle y se sentaron en un banco hasta que terminaron de pasar todos los coches de policía y bomberos, luego siguieron andando hasta encontrar un pequeño restaurante en el que tomar algo que les devolviera las fuerzas. Jiraiya sacó el móvil, mientras Kakashi se arrebujaba en el abrigo e ingería como un desesperado sopa de miso hirviendo.
-¿A quién llamas? – inquirió el peligris.
-A una amiga, necesitamos un sitio tranquilo al que ir y ella también está relacionada con este asunto, debo advertirla -. Un par de tonos más y descolgaron - ¿Tsunade? -.
-¿Jiraiya? ¿Qué haces llamando a mi despacho? -.
-Tienes el móvil apagado -.
-Porque estoy a punto de ir a quirófano, ¿qué ocurre? -.
-Cancela la operación o pásasela a alguno de tus sirvientes, las niñas y tú debéis poneos a salvo lo antes posible -.
-¿De qué me estás hablando? – inquirió la enérgica voz de la mujer por el auricular - ¿Qué demonios has hecho? -.
-Nada, los de Akatsuki están limpiando Tokyo de elementos no deseados; ve a casa de Akari, nos vemos allí -.
-De acuerdo -.
Jiraiya colgó con un suspiro y echó un trago de sake, notando como el alcohol templaba un poco sus nervios.
-¿Matsuya Tsunade? – preguntó Kakashi.
-Sí, la misma, ¿por? -.
-Es que empieza a parecer una especie de conspiración a gran escala entre todos los padres que conocemos -.
-Eso parece – sonrió Jiraiya - ¿Además de la dirección de mi guarida, había alguna otra que encontrases en el ordenador de tu padre? -.
-Sí, tenía una lista, su “guarida” era la primera por eso vine aquí en primer lugar -. Sacó un papel del abrigo y se lo entregó.
-Tsunade, un par de amigos… esto parecen almacenes… hum, es una lista de tareas de limpieza, no sólo de personas sino también de lugares -.
-También está mi casa y la de tu familia, pero escribió unas letras extrañas al lado de cada una -.
-En el código militar significan que tu casa ya ha sido limpiada y que la de mi hija es un objetivo imposible de alcanzar sin comprometer la seguridad de la operación, je, parece que tu padre tampoco es un exitoso abogado guaperas -.
Kakashi se recostó en la silla.
-Lo sé, mi hermano no se acuerda porque era muy pequeño, pero yo sí me percataba que mi padre no trabajaba de forma normal, a veces faltaba semanas en casa e hizo que mi madre se cansara de la situación y nos abandonara; pidió nuestra custodia, pero como fue ella la que se marchó el juez nos obligó a permanecer con mi padre, fue cuando Sasuke empezó a hacer barbaridades… el día que conocimos a tía Hannah -.
-¿Tía Hannah? -.
-Es la mujer del hermano de mi padre, a él no le hemos visto nunca. El caso es que vino, habló con nuestro querido papá y las cosas se torcieron aún más; Akatsuki Abogados dio un gran salto a raíz de un caso de corrupción gubernamental e Itachi se convirtió en el centro de atención de los medios, mi hermano se fugó de casa y no conseguí dar con él hasta casi tres meses después cuando ya no había manera de apartarle de las garras de ese Orochimaru -. Kakashi sonrió con amargura – La verdad es que parece que llego tarde a todo y no sólo a las citas con mis escritores. Ni te imaginas lo que agradecí la aparición de Naruto, porque consiguió en meses lo que yo no pude lograr en años -.
-No era la primera vez que disparabas, ¿verdad? – inquirió Jiraiya.
-Voy con regularidad a prácticas de tiro, defensa personal y artes marciales; nunca dejé de intentar ayudar a mi hermano y esa gentuza me dio más de un susto, así que decidí protegerme por si acaso -.
-Bien, ahora será mejor que llame a mi hija y que venga a buscarnos antes que tú te pilles una buena pulmonía -.
-¡Achúuuus!... Tarde -.
OooO
(Die, die my Darling de Metallica)
El asistente contemplaba anonadado como su despampanante jefa trotaba de un lado a otro del despacho recogiendo cosas mientras ladraba una serie de órdenes.
-Estaré ausente el resto del día, haz que Yamamoto y Takaya revisen el tablón y organicen los turnos de quirófano de mañana, pásale mi intervención a Hiroyama y… -.
-Tsunade-sama, podremos sobrevivir sin usted durante un día, no se preocupe -.
-¡Eso espero o rodarán cabezas! -.
El joven doctor abrió la puerta y dejó pasar a la jefa del hospital, se despidió con una somera reverencia que ella ni siquiera vio, pensando que aquella mujer estaba más cerca de ser una valkiria que una reputada médico.
Nadie se interpuso en el camino de la imponente rubia, ni siquiera aquellos que ignoraban de quién se trataba, porque de sólo ver la expresión enrabietada se quitaban de en medio temiendo que les arrollara sin piedad alguna. Tsunade subió al ascensor, del que huyó todo el mundo, y bajo hasta la planta del sótano donde se encontraba el aparcamiento privado del hospital. Corrió hasta su coche y las prisas hicieron que se le cayeran las llaves al suelo cuando intentaba abrir la puerta, maldijo y se agachó para recogerlas. De repente, la ventanilla estalló salpicando cristales y la carrocería crujió por encima de su cabeza. No pensó, por instinto se arrojó hacia un lado protegiendo su cuerpo con una columna que también se vio acribillada a silenciosos balazos.
-Así que queréis guerra – musitó para sí.
Tomó el móvil pero no daba señal.
-Inhibidores de frecuencia, pero que listos -.
Sacó del bolso una pistola, una preciosa nueve milímetros de filigrana dorada, y un par de cargadores que se metió en el escote, se tapó la llamativa cabeza rubia con la chaqueta azul oscuro, luego se colgó el bolso a la espalda usando las dos asas como si fueran los tirantes de una mochila.
-Menos mal que me dio por vestir pantalones hoy en vez de falda – se animó mentalmente en cuanto empezó a arrastrarse por el suelo hasta parapetarse tras otro vehículo.
Muy despacio se asomó lo imprescindible por encima de la línea del maletero; sólo vio el típico parking de luz tenue y silencio casi absoluto. Ahora que lo pensaba, ¿por qué no entraba ni salía nadie? No tenía muy lejos la puerta de acceso al hospital, si conseguía volver al interior estaría a salvo. Respiró hondo y volvió a moverse con el cuerpo lo más pegado al suelo que podía sin hacer ruido, alerta a cualquier movimiento.
Llegó a tres metros de la salida, el resto era campo abierto. Se incorporó y echó una carrera, alcanzó el tirador pero la puerta estaba bloqueada. Más disparos directos a su cabeza, regresó casi de un salto a la protección de los coches notando la sangre que se deslizaba desde su sien izquierda, por suerte había conseguido que el francotirador calculase mal por un par de milímetros al no quedarse inmóvil ni medio segundo. Alzó los ojos y vio uno de esos espejos cóncavos que ayudan a salir del aparcamiento sin comerse columnas u otros coches; en el reflejo se apercibía una figura oscura al fondo, en una posición desde dónde controlaba todas las salidas de su presa. Tsunade sonrió de manera ominosa.
Volvió a rastras sobre sus pasos, zigzagueando entre los coches hasta un sitio concreto, la columna un poco escorada a la izquierda del escondite de su francotirador. La adrenalina recorría cada rincón de su cuerpo con la misma intensidad que un cabreo monumental, le quitó el seguro a la pistola, la sujetó con ambas manos y salió a mitad del pasillo disparando directamente a aquel hombre, saboreando la satisfacción de ver como le alcanzaba un par de veces antes de agotar el cargador y que él huyera por la rampa de salida.
Tsunade tiró el cargador vacío y puso uno nuevo, preparada para un segundo asalto. Sus ojos azules se abrieron desmesuradamente al descubrir la idea de segundo asalto que tenía aquel tipejo: una granada. Giró sobre sus pies calzados con tacones y corrió todo lo que pudo, la explosión la pilló a medio camino del otro acceso al hospital, por suerte fue de baja intensidad, por desgracia los coches empezaron a arder y explotar. Empujó la puerta y ésta sí cedió, permitiéndole el paso al recibidor de los ascensores y dejar atrás un infierno de fuego. Disgustada, observó el reflejo que le devolvía la pared acristalada, sucia, magullada, pálida, manchada de sangre, entonces los aspersores contra incendios saltaron y terminaron por rematarla.
-¡¡¡Aaaaaaaaaagh!!! -.
OooO
(Inmortal de Savia)
Recluido del mundo en aquel pequeño piso durante más de un mes le tenía al borde del colapso. No hablaba con nadie, sus guardianes se limitaban a dirigirle miradas de asco y ocasionalmente a ladrarle órdenes y no le permitían tener televisión o radio, sólo después de protestar encarecidamente durante dos días le trajeron algunos libros. Lo había perdido todo por culpa de un crío y aquel que le había alzado hasta su posición ahora le abandonaba, pudo verle entre el público asistente a la redada en el aeropuerto y su burlón gesto de despedida. Lo único que restaba era aguardar el juicio y una pena de cárcel que jamás le permitiría volver a pisar la calle, aunque era más que probable que no llegara con vida. Ah, pero fue realmente divertido mientras duró.
-Orochimaru, hora de irnos -.
Conocedor de la rutina, Orochimaru se incorporó elegantemente del sillón y estiró ambas manos hacia el policía para que le colocase las esposas. Esa mañana, tras entregarle un sobrio traje de ejecutivo, le habían informado que la vista para el juicio sería al día siguiente y debía asistir como principal imputado, así que le trasladarían durante la noche hasta el juzgado para evitar posibles percances.
-Ah, Konbawa Sarutobi-sensei – sonrió viperino al hombre mayor – El jefe del Departamento Antivicio se digna a ocuparse de sus trapo sucios en persona. ¿Acaso vienes a contemplar la caída de tu mejor alumno? -.
-Vengo para custodiar a un criminal – fue la seca replica del otro – Vamos -.
Cuatro policías vestidos de paisano rodearon la alta figura de cabello negro y salieron del piso para tomar el ascensor. Sarutobi llamó por radio.
-Anko, ¿habéis asegurado el perímetro? -.
-Hasta el último rincón, no hay francotiradores ni vehículos sospechosos por los alrededores -.
-Aún así no os relajéis -.
-Sí, señor -.
-Lo sabes, ¿verdad? -. La maliciosa sonrisa de Orochimaru se amplió – Mi existencia representa un riesgo demasiado grande para ciertas personas, ellos se encargarán de quitarme de en medio antes que vuestra estúpida justicia pueda llegar a tocarme -.
-No ocurrirá tal cosa – aseguró Sarutobi.
-Me cuesta reconocerlo pero son demasiado poderosos, siempre he sabido que moriría tarde o temprano porque no hay forma de escapar de sus garras, puede que durante un tiempo te permitan disfrutar de la sensación de libertad y que pienses que les has eludido, entonces regresarán a reclamar lo que es suyo -.
-Puedes ahorrarte los numeritos melodramáticos -.
-Recuerda dos cosas cuando yo no esté, proteged al hijo de la embajadora estadounidense y que toda respuesta se halla en Nueva York -.
Salieron del ascensor y Sarutobi se giró a mirar interrogante al hombre demacrado y, aún así, irónicamente orgulloso al que escoltaban.
-¿Qué tiene que ver ese chico en todo esto? -.
-Él es igual que yo, un elemento discordante en sus perfectos planes, sólo nos diferencia que él les resulta más útil vivo -.
-Señor -. Anko acababa de abrir la puerta del portal – Vía libre -.
-Hablaremos cuando lleguemos al juzgado -.
-Quizás… aún así, fue un placer jugar contigo tan larga partida, sensei -.
La pequeña comitiva empezó a descender el corto tramo de escaleras que separaban la entrada al edificio de la calle, el profundo rugido de un motor a plena potencia desgarró la tranquilidad de la noche, la moto roja frenó en seco ante los policías y su conductor alzó una pistola sin dar tiempo a nadie para reaccionar, la sucesión de disparos hizo eco en aquellas estrechas callejuelas y se mezcló con el bramido del motor cuando el vehículo se esfumó tan rápido como apareció. Anko se presionó la herida del muslo que no dejaba de sangrar y alzó la mirada para comprobar las bajas, descubriendo a Orochimaru tumbado desmadejado sobre las escaleras con el rostro empapado por la sangre que escapaba de un certero balazo en medio de su frente, y al jefe Sarutobi a su lado contemplándole horrorizado, inconsciente de sus propias heridas.
-Señor, Sarutobi-san -. Anko usó su propia gabardina para hacer un torpe torniquete y se medio arrastró medio cojeó hasta su jefe – Señor, déjeme ver su estómago, ¿dónde le han dado? -.
-Me lo advirtió y no le hice caso – desvarió él - Debí escucharle… nunca lo hice… -.
-Oh, dios… ¡avisad a una ambulancia, joder! -. La joven inspectora se quitó la chaqueta, quedando en mangas de camisa en esa fría noche de primeros de Marzo que jamás olvidaría, y la presionó con toda su fuerza contra el costado del veterano agente, notando como la tela se empapaba y el cálido líquido empezaba a escurrir entre sus manos. - ¡Una ambulancia! -.
OooO
-No preguntes -.
Akari arqueó una ceja al contemplar el desastrado aspecto de su mejor amiga.
-Pareces salida de la Jungla de Cristal – bromeó.
-No vas muy desencaminada, he tenido que liarme a tiros con un capullo en el aparcamiento, como no le ha gustado que le devolviera lo suyo me ha tirado una granada de mano -. Tsunade arrugó el entrecejo, amenazante.
-En mi caso vale, pero ¿tú desde cuando perteneces a algún grupo de fuerzas especiales? -.
-Habré trabajado sólo como científica, pero cuando lo haces para el gobierno de EEUU más te vale aprender unos cuantos trucos si quieres seguir de una pieza -.
Juntas abandonaron el hospital atestado de bomberos y policías.
-¿Quién es tu amigo? – cuestionó la rubia, señalando al maniquí que ocupaba el puesto de copiloto.
-Forma parte de la estratagema para escaparme de la gente que ha arruinado tus, hum, cien mil yenes en estética – la embajadora abrió el maletero – Ayúdame a guardarlo, ya no lo necesitamos -.
-Te juro que si algún día vuelvo a cruzarme con ese tío le vuelvo eunuco sin bisturí -.
-Me parece lo justo -.
-¿Y el viejo verde? -.
-Ahora vamos a buscarlo, me dijo lo del incendio y decidí venir primero a rescatarte a ti -.
-¿Qué está pasando? -. Tsunade le quitó la gabardina al maniquí y se la enfundó ella antes de entrar al coche, su chaqueta estaba más cerca de ser un trapo de deshollinador que una joya de Carolina Herrera.
-Jiraiya conoce los detalles pero, por las cosas que están sucediendo, puedo aventurar que se trata de mi querido ex marido y sus perros -. Akari salió a la vía con un brusco giro – La radio está dando aviso de incendios en distintos puntos de la ciudad, también hay unos cuantos muertos más de lo habitual en una capital con menos de un uno por ciento de criminalidad -.
-Suena a limpieza -.
-Lo es, por eso debemos recoger al viejo lo antes posible y parapetarnos en mi casa hasta que la tormenta amaine -. Pisó el acelerador, zigzagueando sin titubear entre la marabunta de vehículos - ¿Has avisado a tus hijas? -.
-Llamé a las niñas en cuanto colgué a Jiraiya, deben estar a punto de llegar a tu casa – respondió Tsunade, en absoluto preocupada por ir a más de ciento veinte – Como les ocurra algo malo a ellas, entonces sí que me cojo un avión a Nueva York. ¿Y Naruto? -.
-Sasuke me ha dicho que ya estaba en casa, con los exámenes no se queda a entrenar y llega relativamente pronto. Quién me preocupa son Sai y Yamato, no consigo contactar con ellos -.
-Tranquila, Yamato no es ningún aficionado -.
-Nuestros enemigos tampoco -.
-Si yo me he defendido, ellos no tendrán problemas – sonrió Tsunade.
Fueron todo el camino escuchando la radio, las noticias de cómo se extendían los asaltos en almacenes portuarios, una explosión en Ootemachi, un coche cayendo misteriosamente al río desde el puente. Akari redujo la velocidad al entrar a las estrechas callecitas de Sugamo, se dirigió al templo donde encontraron a dos personas sentados al pie de las escaleras.
-Has tardado tres horas – gruñó Jiraiya, entrando al vehículo.
-Pasé primero a por Tsunade -.
-Ya, pero el pobre Kakashi está a punto de sufrir una hipotermia -.
-No te preocupes ¡achús! -.
-¿Ves? -.
Akari se quitó la gabardina y se la pasó al joven de cabello gris.
-Toma, subiré un poco la calefacción por ahí atrás -.
-Gracias, tuve que mojarme un poco y todavía hace algo de fresco para secarse al aire – sonrió Kakashi.
-Seguro que es una historia apasionante – dijo Tsunade, ofreciéndole un par de pastillas – Esto evitará que acabes con una pulmonía -.
-Hay agua en la neverita – informó Akari, arrancando de nuevo el coche.
-¿Nada de alcohol? – gimoteó Jiraiya – Por kamisama, hija, ¿qué clase de vehículo diplomático es éste que no llevas ni siquiera una botella de sake? -.
-Uno en el que la embajadora no bebe, además, de llevar algo sería whisky -.
-¿Os importa centraros? ¿Jiraiya, qué ha sucedido? – intervino la rubia doctora.
-Resumiendo, Akatsuki es una filial de Rain Tecnologys y fue creado con dos objetivos, acabar con el cabo suelto que representaba Orochimaru y, segundo, localizar a Naruto. Ahora que han concluido la misión, eliminan sus rastros para evitar que las autoridades obtengan pruebas que conduzcan a los auténticos responsables de la organización – señaló a Kakashi con un gesto de la cabeza – Podré deciros más en cuanto descifremos los datos que aquí, mi querido supervisor y amigo, le hurtó a su padre del ordenador -.
-¿Qué ha sido de tu padre? – preguntó la embajadora sin alterar su tono calmado.
-Ha desaparecido como si nunca hubiera existido, dejó todo a nombre mío y de mi hermano -.
-A estas alturas es probable que ya esté en EEUU – opinó Jiraiya – Tienes un ojo estupendo para los hombres, primero Robert y luego Itachi -.
-Sí, la próxima vez saldré con un fontanero en lugar de tíos trajeados con éxito -.
-No creo que los italianos bajitos, gordos y con bigote sean tu tipo, hija -.
-¡Papá! – protestó Akari, riendo a su pesar.
-Parece que sois viejos amigos – comentó Kakashi con la entonación de aquel que espera educadamente a que le aclaren sus dudas.
-Algo así – farfulló Tsunade
-Cuéntaselo Akari, el chico ya sabe bastante como para no espantarse por el resto -.
-Bueno, no sé qué te habrá contado el viejo… Jiraiya es el padre de mi ex marido, el tal Robert, los tres trabajábamos en distintos departamentos gubernamentales relacionados con el contraespionaje; todo fue muy bonito hasta que Robert decidió mezclar la familia con el trabajo, cogí a mis hijos y huí, de eso hace quince años – explicó ella sucintamente – Tsunade también andaba por medio y nos ayudó en la huida -.
-Sabía la mayor parte por Jiraiya – asintió Kakashi, para nada sorprendido – ¿El proyecto que dirigía su ex marido se llamaba Foxfire? -.
-¿Cómo sabes eso? – saltó el anciano, agarrando de la pechera al joven y sacudiéndole sin compasión.
-No me dio tiempo a decírtelo antes, entre los archivos cifrados hay uno que se llama así, “Foxfire Proyect” – consiguió decir a trompicones.
-Sé que no soy una agente de campo como vosotros, pero ¿no creéis que Itachi no debería tener esa información si sólo es un sicario a las órdenes de Robert? – juzgó Tsunade.
-Mi padre no trabaja para Robert – corrigió Kakashi – Su jefe inmediato es su hermano Uchida Tobias, aunque la que siempre contactaba a mi padre era tía Hannah, su esposa -.
-No sé quién es – reconoció Jiraiya, respondiendo a la pregunta no formulada por las dos mujeres – Puede que sea un nombre falso, hablaré con Ibiki a ver si desempolvamos unos cuantos de nuestros viejos contactos para averiguar algo más -.
-Hazlo rápido – gruñó Akari -, con Robert sé más o menos a qué atenerme, pero si añadimos un factor externo no estoy tan segura de poder proteger a Naruto -.
-¿Naruto? – se extrañó Kakashi.
-Mi nieto es el objetivo, ya lo dije antes -.
-¿Por qué? ¿Qué tiene de especial? -.
-No necesitas saberlo – le espetaron tres voces diferentes.
-Mantenerme en la ignorancia no va a resultaros de utilidad – protestó el de cabello gris.
-Ya veremos – sonrió Jiraiya.
-Tenemos problemas -.
Aquellas dos simples palabras pusieron en tensión a todos los ocupantes del vehículo.
(Maniac versión de los Firewind)
-Define “problemas” – pidió Tsunade.
-Un coche lleva un buen rato siguiéndonos -.
-¿Estás segura? -.
-¿Alguien conduciría por las atestadas calles de Tokyo a más de ciento cincuenta con un Mercedes de importación sólo por hobbie? -.
-No hay por qué ser sarcástica -.
Akari volvió a echar un ojo al retrovisor.
-Estoy a punto de coger el desvío – informó en tono serio -, os recomiendo que abrochéis bien vuestros cinturones y os agarréis, esta parte del trayecto promete ser movidita -.
-¿Llevas algún arma en el coche? – preguntó Jiraiya.
-Creo que mis guardaespaldas llevan algo en el doble fondo del maletero, sírvete -.
-Ya voy yo –. Kakashi sacó el respaldo de su sitio y se arrastró dentro - ¡Aaah! -.
-¿¡Kakashi!? -.
-No es nada… Akari-san, sería interesante que me avisara de la presencia de otro amigo aquí atrás, por un momento pensé que me había dado de bruces con un cadáver -.
La embajadora y Tsunade rieron al recordar al maniquí.
-¿Cuál es el chiste? -.
-Luego te lo explicamos, ahora ayuda al chico con el armamento -.
Unos cuantos ruidos de forcejeo después, un despeinado Kakashi volvió a su asiento tras sacar dos rifles y tres pistolas.
-Es todo -.
-Preparaos – advirtió Akari, dando un volantazo para entrar al desvío en el último momento; fue en vano, el otro vehículo les siguió sin problemas. – Empieza lo divertido -.
Ahora conducían por una carretera secundaria, bien asfaltada pero solitaria a esas horas de la noche. El perseguidor aceleró peligrosamente hasta golpearles por detrás.
-¡Demonios! -.
-¡Pisa a fondo! – gritó Tsunade.
Akari no la cuestionó, apretó el pedal al máximo, el coche rugió y salieron despedidos a toda velocidad justo a tiempo de evitar a otro Mercedes negro que surgió de la derecha.
-¡Cabrón! -.
-¡Akari, deja de maldecir y céntrate! – gruñó Jiraiya, cargando como podía el rifle.
Ella asintió. Aferrando con fuerza el volante, esbozó una sonrisa perversa. Una rápida combinación de caja de cambios, freno y acelerador le permitió hacer derrapar el BMW en la siguiente curva, golpeando con fuerza al vehículo recién aparecido. Kakashi y Jiraiya rebotaron por toda la parte de atrás del coche. No necesitaba pensar, las evasiones en cualquier tipo de cacharro con volante eran su especialidad cuando trabajaba en EEUU.
-Un kilómetro y dispara -.
-¡Roger! – rió el viejo, después del traqueteo en plan montaña rusa.
-¡Dejad de hacer el cafre! – les chilló Tsunade - ¡Esto no es un juego! -.
-Apunta a las ruedas -. Jiraiya daba algunos consejos a Kakashi – Procura enredar tus piernas en el cinturón para que te sujete y no salgas despedido por accidente. Cuidado con el retroceso, esto no son los juguetes con los que te han enseñado a disparar -.
El joven de pelo gris obedeció e imitó la forma de prepararse de su improvisado maestro.
-¡Ahora! -.
Bajaron las ventanillas y se asomaron. El primer disparo casi saca fuera del coche a Kakashi, ¡caramba con el retroceso!, con el segundo dio al parachoques.
-¡Volved dentro! -.
-¿Qué pasaaaaaaa!? -.
Akari dio un volantazo a izquierda y se salió de la carretera para evitar el árbol caído, metió segunda y pisó a fondo haciendo saltar piedras y tierra en todas direcciones. Volvió al asfalto y recuperó velocidad, sexta y a fondo, aunque casi se salen de nuevo por los golpes de sus perseguidores. La luneta posterior emitió un ruido atronador, cubriéndose de grietas pero sin llegar a reventar.
-Nos están disparando – dijo la conductora.
-¿Con un bazooka? – cuestionó Tsunade.
-Tiene que serlo para arañar siquiera este tanque -.
Uno de los Mercedes volvió a embestirles por la derecha mientras el otro les achuchaba desde atrás. La luneta posterior reventó, Kakashi y Jiraiya se tiraron de lado sobre el asiento cubriéndose la cabeza con los brazos en un acto reflejo. Akari miró por el retrovisor, el tío que les iba a la zaga portaba algo a caballo entre un bazooka y un rifle de asalto, por suerte parecía que sólo podía hacer un disparo por vez y luego debía recargar mientras conducía, por eso todavía no les había borrado del mapa.
-¡Ya casi estamos! – exclamó la doctora - ¡Veo los edificios! -.
Sus asesinos en potencia también se apercibieron de la cercanía del lugar donde perderían a su presa, así que arreciaron sus ataques, las acometidas de los vehículos se hicieron tan violentas que casi sacan al BMW de la carretera de más de una ocasión, pero la pericia de Akari al volante consiguió mantenerles de una pieza.
Desde la lejana verja, dos coches de policía repararon en lo que se les venía encima y decidieron salir en ayuda del que a todas luces era el vehículo escolta de la embajadora estadounidense. Tarde. Por el retrovisor vio como aquel tío sacaba de nuevo el temible armatoste y disparaba, la explosión fue ensordecedora, el BMW perdió todo contacto con la carretera, salió volando por los aires dando una serie de vueltas de campana hasta detenerse contra la caseta de vigilancia de los edificios Konoha. Los cazadores dieron media vuelta y huyeron de los policías sin tiempo para cerciorarse de haber cumplido su objetivo.
OooO
No era una mala noche. Cielo despejado, últimos retazos del sol desvaneciéndose, apenas un poco de fresco en uno de los primeros días de Primavera. En el parque donde había decidido esperar, algunos cerezos empezaban a abrir los delicados capullos rosas y blancos, suspiró, era una pena perderse su último sakura senzen pero en cuanto acabase el trabajo debía tomar un avión. Observó a las patrullas de policía limpiando discretamente la zona de vehículos y personas sospechosas, tres manzanas a la redonda en el barrio de Yaseda. El móvil vibró dentro de su cazadora de motorista, contestó de mala gana.
-¿Qué tal vas por ahí? ¿Aburrido? -.
-Siguen con el acordonamiento de la zona, no sé que temen más, un intento de rescate o de asesinato -.
-Por aquí nos lo estamos pasando muy bien, Hidan, Kazuzu y Zetsu la han cagado, yo también pero un poco menos -.
-Explícate -.
-Conseguí hacer volcar al coche de la embajadora, no sé si habré matado a alguno porque no pude quedarme a comprobarlo por culpa de la policía que esperaba junto a la urbanización, me ha costado horrores quitármelos de encima -.
-No debiste permitir que llegaran tan lejos -.
-Lo sé, pero esa tía conduce como una loca -.
-La subestimaste, no es ninguna madre al volante de un mini, te enfrentabas a una ex agente de la CIA armada con un BMW antitanques -.
-Espero que al menos tú cumplas con la misión o nos caerá una buena -.
-… -.
-Vale, no he dicho nada -.
-Ten el avión a punto para despegar -.
No esperó la respuesta, desconectó el móvil y lo guardó. Tranquilo, se enfundó el casco y revisó la pistola sujeta sobre el depósito, asegurándose que no se soltara antes de tiempo o se enganchase cuando la necesitara. Un reloj dio la hora en algún punto de la plaza. Arrancó la moto y salió lanzado a toda velocidad hacia el centro del cordón policial, nadie le detuvo, nadie pudo reaccionar, en un instante estaba frente a las escaleras del edificio con una pistola en la mano y apuntando al monstruo que había convertido la vida de su hijo pequeño en una pesadilla. Aquello era trabajo, sí, pero también una satisfacción personal, sobre todo cuando aquellos ojos oscuros expresaron reconocimiento, miedo y una cierta irónica aceptación. Le disparó una sola vez justo al centro de la cabeza, porque aquello era un ajusticiamiento y no una venganza. Luego vació el cargador de manera metódica contra el grupo de policías buscando herir, no matar; durante un tiempo estarían más preocupados por ellos mismos que por perseguirle. Tiró a un lado el arma y volvió a acelerar al máximo, callejeando hasta perderse entre la maraña de vehículos de una de las concurridas vías principales; todavía no estaba a salvo, debía cruzar medio Tokyo para llegar al aeropuerto de Narita. La moto le daba ventaja al poder avanzar sin problemas en los atascos y, aunque ilegal, aprovechó para atajar a través de la zona peatonal del parque Ueno.
Abandonó su querida Kawasaki Ninja junto a la ropa de motorista a las afueras del aeropuerto, convertido en un respetable hombre de negocios entró en la terminal y fue directamente a las pistas privadas. Enseñó sus credenciales y una simpática señorita le guió hasta la puerta correcta, deseándole un feliz vuelo. Cruzó hasta el jet privado escuchando los ruidos de los motores de los aviones que aterrizaban y despegaban por todo el aeropuerto, era ensordecedor.
-Siempre puntual -. Un sonriente Kisame le esperaba arriba de la escalerilla.
Ignorando el comentario, subió al aparato y ocupó uno de los confortables asientos mientras su compañero iba a dar algunas instrucciones al piloto.
-¿Y los demás? -.
Kisame ocupó el butacón de enfrente y abrió una neverita de la que sacó algunos de los dulces favoritos de su viejo camarada.
-Zetsu va por libre, ya lo sabes, además anda demasiado ofuscado porque la rubia le ha pateado el culo – rió alegre – Hidan y Kazuzu ahora se parecen más a una barbacoa que a seres humanos, Zetsu recuperó los cadáveres dentro de su manía por no dejar restos para las autoridades, ya sabes, dijo que nos los mandaría por correo -.
El pequeño jet recorrió la pista y alzó el vuelo con ligereza, ahora tenían más de diez horas de vuelo por delante. Contempló el mar de luces de Tokyo, la belleza de la ciudad anclada entre el mar y el monte Fuji, y supo que una importante parte de sí mismo la echaría de menos.
-¿Itachi, ocurre algo? -.
-Necesito dormir, es todo – replicó con la misma indiferencia que mostraba ante todo.
-No eres el único, el último mes ha sido de locos -.
-¿Ha quedado todo atado? -.
-Prácticamente -. Kisame se encogió de hombros – Excepto por los objetivos que han escapado -.
-Ya enviaremos a alguien si resultan molestos -. Itachi se arrellanó en su asiento y cerró los ojos, dando por finalizada la conversación.
-Si te sirve de algo, yo también la echaré de menos -.
-¿A qué te refieres? – musitó el más joven.
-A nuestra vida en Tokyo, ha sido divertido jugar a ser un chico bueno durante todos estos años, si no fuera porque es imposible huir de la organización hasta me plantearía retirarme y seguir con la abogacía -.
Itachi se concedió una pequeña sonrisa ante el comentario de su compañero.
-¡Eh, no te rías! – protestó Kisame, propinándole un amistoso golpe en el brazo – Sé que tú opinas algo por el estilo -.
-Te equivocas -. Los opacos ojos negros se abrieron de golpe.
-Ya, ya, tú no eres humano -.
-Algo así – la sonrisa se tornó algo macabra – Nunca fui humano, ni abogado, ni esposo, ni padre, ni amigo, ni siquiera asesino… soy un ejecutor, seré aquello que me ordenen ser, es inútil que busques algo más donde no lo hay -.
Era una de las frases más largas que había oído pronunciar a Itachi y, posiblemente, la más estremecedora. Siempre fue consciente que aquel muchacho de aspecto demasiado serio para sus veinte años era especial, diferente a cualquier otra persona con la que había trabajado, llegando a pensar que le conocía lo suficiente para considerarle su amigo y, aún así, Itachi todavía podía sorprenderle.
-Anda, duerme un poco, señor “no humano” – replicó Kisame en son de broma.
Itachi asintió y volvió a reacomodarse en el butacón, quitándose la chaqueta y reclinando el respaldo para estar más cómodo. No se durmió, fue a caer inconsciente casi al instante.
-Menos mal que no es humano – suspiró Kisame, preparándose él también para soportar el largo viaje en avión.
OooO
Sasuke terminó de tomar sus medicamentos y regresó al sillón del salón. Llevaba casi un mes en la casa Kishimoto y ya se conocía la programación de la televisión de memoria, si seguía a ese ritmo acabaría por volverse loco. Claro que tenía visitas con regularidad, Sakura, Suigetsu y Karin aparecían por allí casi todos los días y, después del primer encuentro, procuraban llamar a Sasuke antes de ir para evitar otra pelea de gatas rabiosas. Karin parecía poseer un don especial para sacar lo peor de la gente, quizás debiera presentársela a Sai y que formasen un club de tocanarices; y, es que, Sai era un puñetero incordio que no hacía más que escapar de la custodia de Yamato para ir a ver a Naruto y tocarle a él mucho más que la moral. Oh, y por si todo eso no fuera suficiente, encima el rubio se pasaba las mañanas en la universidad y las tardes encerrado a cal y canto en su cuarto con la escusa de los exámenes finales, así no había quién entablara una conversación decente, a ese paso su única esperanza residiría en el juicio contra Orochimaru al que debían acudir en un par de días. El sonido de la puerta al abrirse le sacó de sus lúgubres cavilaciones.
-Estoy en casa -.
-Okaeri nasai -.
-Naruto alzó los ojos de las deportivas que estaba mudando por las zapatillas de casa y sonrió al Uchida.
-¿Qué tal? -.
-Pareces contento – comentó Sasuke.
-Me han dado un puesto de becario en el departamento de Psicología, ¿a que es genial? -.
-Supongo, ¿no te quitará tiempo para los exámenes? -.
-Para nada, Ibiki-sensei dice que no hace falta que haga demasiado hasta que acabe de examinarme, que ya habrá tiempo para explotarme laboralmente -.
-No tienes el siguiente examen hasta dentro de tres días, ¿verdad? -.
-Te sabes mejor mi calendario que yo – gruñó en son de broma Naruto - ¿Por qué lo dices? -.
-NBA, pensé que te gustaría ver el partido de los Nicks -. Sasuke pareció pensárselo un momento antes de continuar – Tu madre ha llamado para decir que llegaría tarde, que tenía que recoger a alguien, así que podríamos pedir una pizza y verlo en el salón -.
El rubio notó la tensión que acumulaba el otro chico, no tanto por algo físico, ya que seguía manteniendo la misma cara de palo, sino por la forma de hablar al casi pedirle que cenase con él. Sonrió. La verdad es que tenía muy abandonado al Uchida, se había refugiado en los exámenes para no tener que pensar en el lío de sentimientos que seguía provocándole el bastardo.
-Me parece una idea estupenda – acabó contestando.
-Dúchate, yo me encargo de lo demás – replicó Sasuke.
-Yo quiero una pizza para carnívoros que lleve de todo -.
-Lo sé de sobra -. El moreno agrió el rostro – Sigue siendo la cosa más asquerosa para comer que he visto en mi vida -.
Naruto asintió alegre y fue a soltar la mochila en su cuarto. Lo mejor que uno podía desear después de un día agotador era un chapuzón en agua caliente y cena con abuso de grasas e hidratos de carbono. Silbando, tomó la toalla y entró al baño; no se demoró mucho, el hambre pudo más que la reconfortante agua hirviendo de la bañera. Salió con la toalla anudada a la cintura justo cuando Sasuke emergía de su habitación terminando de ponerse una sudadera, ambos se miraron sin atinar a reaccionar.
-¿Y ese colgante? – preguntó el moreno, intentando salvar el incómodo momento.
-Un regalo, es una especie de amuleto – respondió Naruto, intentando no parecer cohibido ante la mirada azabache.
-¿Del autista? -.
-No, de Neji, tiene que ver con las energías y el chakra -.
Sasuke agarró el colgante para verlo más de cerca y lo notó cálido, seguramente por el agua caliente en la que había estado sumergido junto a su portador, además su interior parecía resplandecer.
-¿Qué tipo de piedra es? -.
-No lo sé, me recuerda al cuarzo aunque sea azul – mintió Naruto, a sabiendas que la explicación de chakra cristalizado no sería bien recibida.
-¿Seguro que te la regalo Neji? -.
-Sí, pelmazo, se supone que estabiliza mi energía -.
-Es una fruslería, pero si te apetece creer en ello… -. Sasuke se encogió de hombros.
-Si sólo quieres incordiar, vete a pedir las pizzas y deja que me vista de una maldita vez – gruñó Naruto, quitándole el colgante de la mano.
-Ya las he pedido y en el salón esperan cervezas y patatas fritas – gruñó él, siempre le molestaba que pusieran en duda su eficiencia.
-Pues espérame en el salón -.
Naruto no le dio tiempo de continuar la discusión, entró en su cuarto y cerró de un portazo, aunque la voz de Sasuke aún podía llegar hasta él a través de la madera.
-¿Te has vuelto a saltar la merienda? -.
-¿Qué? -. El rubio tiró su chándal favorito, naranja y negro, encima de la cama y empezó a seleccionar camiseta.
-Cuando no comes despierta tu mal genio -.
-Mira quién fue a hablar, el tío que no es persona hasta una hora después de desayunar -.
-Tampoco es que tú seas un derroche de coherencia por la mañana -.
-Al menos no necesito tres despertadores cuando madrugo -. Naruto se enfundó una camiseta de manga larga negra, sin poder evitar sonreír un poco por la tonta pero divertida discusión con el bastardo.
No hubo respuesta al otro lado de la puerta.
-¿Sasuke? -.
-Pensaba… -. Nuevo silencio – Te espero en el salón -.
Apenas había dado un paso cuando la puerta se abrió casi con violencia sobresaltándole y clavándole en el sitio al mismo tiempo; Naruto le miraba preocupado, con esa expresión tan suya de niño que cree haber hecho algo malo pero no sabe exactamente qué, y sus ojos reflejando el brillo del cristal azul que resaltaba sobre el fondo negro de la camiseta, lo que sumado al despeinado cabello rubio y el chándal naranja conformaba una imagen demasiado familiar para Sasuke, un deja vú que generaba una creciente ansiedad en la boca de su estómago. Un par de pasos le dejaron frente a frente con un desconcertado rubio, mudo e inmóvil ante aquella repentina cercanía. El Uchida frunció el ceño, deseaba tanto tocar el cuerpo ante él que las manos le dolían y acabó por cerrarlas en sendos puños de pura frustración. La tensión en torno a ellos dos era tan intensa que hasta les costaba respirar, una burbuja de emociones demasiado profundas incapaces de ser expresadas en voz alta. Y, de repente, sonó el timbre. Sasuke apoyó un brazo en la pared y escondió el rostro contra él, su trastornado cerebro sólo podía pensar en crear una asociación en contra del uso del timbre o en arrojar una maldición a Graham Bell y su familia. La reacción de Naruto se limitó a una pequeña risa nerviosa mientras escapaba del arrinconamiento del moreno e iba a abrir.
-¿Sakura-chan? -.
Sasuke dejó de recrearse en su venganza contra los fabricantes de timbres y arqueó una ceja extrañado, ¿qué se le había perdido a Sakura en casa de los Kishimoto a las casi nueve de la noche? Naruto miraba la cámara de seguridad con idéntica sorpresa.
-Sí, sí, ya abro – añadió el rubio, en respuesta a algo que la muchacha de cabello rosa le dijera por el telefonillo.
-¿Qué hace Sakura aquí? – cuestionó Sasuke.
-Ni idea ttebayo -.
Quedaron silenciosos en el pasillo, esperando que su amiga llegara hasta el apartamento.
-Yo… -.
Naruto se giró interrogante hacia el Uchida, parecía confuso por la forma en que evadía el contacto visual.
-Lo de antes… no quería molestarte -.
-No me molestó – replicó instantáneamente el rubio, enrojeciendo al percatarse de lo bocazas que acababa de ser nada más los ojos negros se clavaron en él. Por eso había evitado a Sasuke durante todo el mes, porque se veía incapaz de comportarse con normalidad sin meter la pata y terminar revelando que sus sentimientos hacia él seguían, no sólo intactos, sino creciendo día a día.
Los golpes en la puerta de entrada salvaron a Naruto de ser sometido a interrogatorio. La vergüenza fue sustituida por la curiosidad cuando encontró en el rellano de la escalera a Sakura acompañada de Shizune, Ino y Tenten cargadas con maletas.
-Mi casa no es un hotel aunque empiece a parecerlo – comentó divertido, al tiempo que dejaba entrar a las cuatro hermanas.
-No bromees Naruto, esto es serio – le regañó Sakura – Nuestra madre nos llamó para ordenarnos que hiciéramos las maletas y viniéramos a tu casa porque en la nuestra corríamos peligro -.
-¿Peligro? -. El semblante del rubio se oscureció, no podía ser que fuera por lo que él pensaba, seguramente la vieja Tsunade también acumularía deudas de juego en esta vida y se habría metido con los yakuzas, sí, eso era más probable a que intentasen hacerles daño por su culpa – Dejad vuestras cosas en el rincón del perchero, cuando llegue mi madre ya veremos qué hacemos -.
-Naruto-kun, ¿podemos poner el canal de noticias? Quizás digan algo – intervino Shizune.
-Sí, claro, pasad al salón -.
-¿Habéis cenado? – interrogó Sasuke.
-No hemos tenido tiempo, mi madre llamó a eso de las siete – explicó Sakura.
-Llamaré a la pizzería, por si pueden ampliar el pedido -.
-Arigato – sonrió ella.
Todos se instalaron en el salón, desperdigados por los sillones o sobre la alfombra con grandes cojines. Shizune se dedicaba a cambiar entre los tres canales de televisión en los que había encontrado noticias, atenta a cualquier información sobre su familia. Naruto hablaba con las otras tres hermanas, mientras Sasuke observaba todo desde una de las sillas sin demasiadas ganas de conversar después que le arruinaran su plan de esa noche.
-Noticia de ultima hora, noticia de ultima hora -.
Se hizo el silencio para prestar atención a la televisión, al presentador que miraba la pantallita de su ordenador.
-Nuestros corresponsales han conseguido ampliar información de los recientes sucesos de los que hemos estado informándoles toda la tarde. Los incendios en el puerto, Ootemachi y el Hospital Matsuya ya han sido completamente apagados… -.
-Eso no suena a accidente – musitó Ino.
-Calla y escucha – la regañó Sakura, preocupada por la madre de ambas.
-…sin heridos, fuentes policiales aseguran que la directora del hospital ayudó con la evacuación de la zona afectada y reorganizó todo el sistema de urgencias para que lo trasladaran a la segunda planta. Hemos intentado entrevistar a Matsuya Tsunade-san pero varios de sus colaboradores aseguran que abandonó el lugar hace unas horas y que ignoran su paradero -.
-Al menos sabemos que está a salvo – apuntó Tenten.
-¿Pero dónde? – renegó Shizune.
-Con Akari-san – respondió Sasuke.
-¿Con mi madre? ¿Y tú cómo sabes eso? –. Naruto le miraba inquieto.
-Si recuerdas te dije que tu madre había llamado, literalmente me dijo que debía recoger a alguien a quién se le había complicado el día, también quiso asegurarse que estabas en casa y que te disuadiera si pretendías ir a algún lado -. Sasuke le observó con aparente indiferencia – Parece que quién haya provocado los incendios querría hacer lo mismo contigo -.
Naruto devolvió su atención a la pantalla, notando estrangulada la boca del estómago.
-Esperen un momento -. Los presentadores se llevaron una mano al pinganillo de la oreja, algo les estaban comunicando desde la central de noticias – Señoras y señores espectadores, nos acaban de informar de un tiroteo en Yaseda. Los datos todavía son confusos, pero parece que han herido al principal imputado del caso Hidden Village. Nuestra gente está intentando conseguir más detalles… -.
-¿Orochimaru? ¿Han disparado a Orochimaru? – parpadeó Naruto - ¿No se suponía que estaba en la cárcel? -.
-Dobe, lo llevaron a un piso celda para custodiarlo, no podían tenerle con presos normales y arriesgarse a que alguno le matara por encargo – gruñó Sasuke.
-Para lo que ha servido – apuntó Tenten.
-Es una noche de locos – suspiró Ino - ¿Qué más puede pasar? -.
Siguieron cambiando de canal, todos se hacían eco de los incendios, el tiroteo y otra serie de muertes por la ciudad, y ninguno poseía respuesta a la pregunta de quienes eran los responsables de aquel caos. Un móvil empezó a sonar en el pasillo, Sakura se levantó fue por el aparato que se había olvidado en el abrigo.
-Ah, hola Shikamaru – dijo ella, regresando al salón – Sí… lo sé, estamos en casa de Naruto viendo las noticias… ni idea, creemos que su madre ha ido a buscar a la mía… -.
El teléfono del rubio también sonó, pero él lo llevaba en el pantalón. No le sorprendió demasiado el nombre que se veía en la pantallita.
-Hola Neji -.
-¿Estáis bien? -.
-Se supone que sí, aunque nos faltan dos madres -.
-Parece que las cosas han empezado a moverse -.
-Yo no diría tanto, puede ser coincidencia que… -.
-Naruto, céntrate, recuerda como sucedieron las cosas en nuestra anterior vida, la muerte de Orochimaru fue como un pistoletazo de salida -.
-Pero esta vez el culpable no es el mismo, ya lo sabes -.
Sasuke, el único que prestaba atención a Naruto, parecía intrigado por los comentarios tan extraños que se sucedían.
-Eso puede ser un punto a nuestro favor, no te lo discuto, has recuperado a Sasuke y alterado la repetición del karma, pero no todo es igual de alentador, recuerda a Pain -.
Pain. Naruto tuvo que respirar hondo para hacer frente al asedio de imágenes que sacudieron su mente, claro que recordaba a Pain, aún podía sentir como cada fibra de su ser se estremecía de ira y odio contra el hombre que había matado a algunas de las personas que más amaba en el mundo, pero otra parte de sí mismo estaba a punto de echarse a gritar de puro terror.
-Neji, espero que no estés en lo cierto… ya hablaremos -.
-De acuerdo, avísame cuando tu madre regrese a casa, y Hinata te envía saludos -.
-Salúdala de mi parte también, dewa Neji -.
Cerró el móvil con un suspiro, encontrando a Sakura delante de sus narices con expresión agónica.
-Neji cree que todo ha empezado de nuevo, ¿verdad? – inquirió asustada.
-¿Eh? – parpadeó Naruto.
-Vi tu expediente médico y el pergamino -.
-¿¡Eeeeh!? -.
-¿De qué habláis? – curioseó Ino.
-Nada que te importe, es entre Naruto y yo -. Sakura sujetó a su amigo del brazo ejerciendo más fuerza de la necesaria – Contesta -.
-Sí, cree que está relacionado – reconoció él - ¿Y tú desde cuando lo sabes? -.
-Poco antes que le dieran el alta a Sasuke-kun -.
-¿Por qué no me lo dijiste? -.
-No surgió el tema -.
-¡Eh, escuchad! – les llamó la atención Shizune.
En la televisión una presentadora anunciaba que tenían las imágenes de seguridad del banco colindante al piso franco donde se había producido el tiroteo. La calidad del video no era muy buena, pero permitía ver a un grupo policial escoltando una alta figura de largo cabello negro fuera del edificio, entonces aparecía una moto de gran cilindrada y su ocupante acribillaba a balazos a toda la comitiva sin dejar reaccionar a nadie. El violento ruido hizo a todos volverse hacia Sasuke, se había incorporado haciendo caer la silla al suelo y su rostro mostraba genuina y clara estupefacción.
-¿Sasuke-kun? -.
-Ey, teme, ¿estás bien? -.
En el recibidor se escuchó ruido de llaves, una puerta abriéndose y voces de adultos. Naruto, tras echar una ojeada al trastornado Uchida, fue a recibir a su madre, la única con llaves a parte de él, y al resto de la comitiva que resonaba en el pasillo. Se quedó de piedra nada más llegar al recibidor, allí estaban Jiraiya, Kakashi, Tsunade y Akari, todos terriblemente contusionados aunque ninguno parecía al borde de la muerte. Su madre sujetaba su chaqueta de punto contra un lado de su cabeza, la tela verde teñida de rojo arrancó un escalofrío a Naruto.
-¿Hijo? -.
El rubio respiró hondo y se obligó a relajar la expresión desencajada de su rostro, el aspecto ensangrentado de su madre había traído con fuerza a su memoria una noche olvidada hacía años en Nueva York.
-¿¡Se puede saber qué os ha pasado!? -.
Sasuke y las chicas aparecieron tras Naruto para ver por qué gritaba de esa manera, con el consiguiente resultado de cuatro hermanas rodeando a su madre exigiendo explicaciones.
-A ver, calma, no os pongáis histéricas – protestó Tsunade, que se sujetaba el brazo derecho.
-¿Qué ha ocurrido? – fue la tranquila pregunta de Sasuke a Kakashi.
-Nos atacaron a un par de manzanas de aquí – resumió él con gesto dolorido – Creo que tengo moratones en partes de mi cuerpo que no sabía ni que existían, definitivamente esta mañana no debí salir de casa -.
-Menos mal que se me ocurrió llevar el tanque en vez del coche de paseo – suspiró Akari.
-Cierto, en el otro habríamos acabado como sardinas en lata cuando volcamos – se carcajeó Jiraiya, torciendo el gesto de dolor – Lástima de BMW -.
-¿Y vosotros sois adultos? – cuestionó Shizune.
-Veamos, hay un botiquín bastante completo en la cocina, quien quiera también puede darse una ducha aunque no creo tener ropa de recambio muy elegante que digamos -.
-No te preocupes Akari, cualquier cosa servirá – dijo Jiraiya.
-Me voy a la ducha, si alguien intenta pasar que se prepare para salir volando hasta el hospital – advirtió Tsunade, clavando sus ojos particularmente en cierto viejo pervertido de los alrededores.
-Mamá -. Naruto se plantó al lado de Akari con una seriedad impropia en él – Se sincera, esto es por lo de Orochimaru o… - calló al no querer siquiera mentar la otra posibilidad.
-Ha sido Robert – reconoció ella, sombría.
Naruto se quedó blanco mientras la tormenta de recuerdos volvía a castigar su pobre mente. Sin decir una palabra, esquivó a todos los que bloqueaban el pasillo y se encerró en su habitación. Apoyado contra la puerta, intentaba respirar pausadamente y frenar el estado de shock, luchar contra el más atávico y absoluto terror producido por un hombre que nunca sonreía, por un joven con los ojos de espirales grises anegados en lágrimas rebosantes de odio y dolor. Resbaló hasta el suelo sujetándose la cabeza, intentando soportar la sobrecarga de escenas pintadas a sangre y fuego en sus recuerdos.
-¡Naruto, Naruto! -.
La voz de su madre consiguió sacarle del estado de bloqueo mental.
-Abre, tenemos que hablar -.
-Déjame – alcanzó a decir con voz débil.
-No, no voy a dejarte, no cometeré el mismo error que hace doce años -.
El tono desesperado de Akari le devolvió un poco más a la realidad.
-Yo tampoco, por eso necesito estar solo… tranquila -.
-Como quieras, cariño, estaré ahí si me necesitas… te quiero -.
-Yo también mamá, yo también -.
Akari cedió sin insistir más, ya hablarían cuando todo y todos se calmasen un poco. Para entonces en el pasillo sólo quedaba Sasuke atendiendo al repartidor de pizzas, tuvo que dejar las cinco cajas en el suelo para poder pagarle. Quizás aquel chico apenas llevase un mes en su casa, pero había aprendido a interpretar sus gestos y estado de ánimo en ese tiempo como buena madre que era.
-Tú tampoco estás bien – dijo Akari nada más el Uchida cerró la puerta.
-Usted tiene peor aspecto que yo, vaya a ducharse, mientras vigilaré a Jiraiya-san y al cafre de mi hermano -.
Amenazando de muerte a la manada de tigres que pretendía hacerse con las pizzas, Sasuke se encargó de poner la mesa con ayuda de Ino y Sakura. Tsunade y Akari se unieron a ellos con aspecto más presentable a pesar de los rasguños y moratones producidos por el accidente. Aprovechando el bullicio, Sasuke tomó un par de trozos de pizza en un plato y una lata de cerveza para llevárselos a cierto rubio. Pateó descuidadamente la puerta, nadie abrió ni contestó, así que siguió dando golpes hasta que apareció el mosqueado inquilino de la habitación.
-¿Se puede saber que cojones quieres? -.
-Pizza y cerveza -. Sasuke le endosó cada cosa en una mano antes que el otro alcanzase a protestar – Come o mi hermano vendrá a por los restos -.
La expresión de Naruto mudó de molesta a contrita, haciendo más evidente para su interlocutor el que había estado llorando hasta hacía un momento. Tras dudar un par de segundos, el rubio decidió regresar al interior del cuarto sin cerrar la puerta en una muda invitación para que Sasuke le siguiera. Silenciosos, cada uno ocupó un espacio lejos del otro, Naruto se hizo hueco en su escritorio mientras Sasuke se tumbaba en la cama con los brazos cruzados tras la cabeza y los ojos cerrados.
-¿Tienes sueño? -.
Hasta Naruto reconocía que la pregunta era una estupidez, pero necesitaba hablar con Sasuke como siempre o en ese silencio volverían los recuerdos y acabaría llorando delante del moreno, algo total y absolutamente humillante.
-No especialmente – musitó el Uchida.
-¿Entonces? -.
-Creía que te ponías nervioso si otros te miraban comer -.
El rubio sonrió al pensar en la primera vez que pisó la casa de Sasuke, parecía que había trascurrido una eternidad desde aquel día, una eternidad de apenas seis meses.
-¿Qué te ha pasado antes? -.
Sasuke miró a Naruto arqueando una ceja sin comprender.
-Cuando han puesto lo de Orochimaru en la tele -.
-Ya… te lo cuento si tú me explicas qué demonios ocurre con tu familia y eso del numerito de Sakura -.
-¿A qué te refieres? – inquirió el rubio con un aire inocente que no engañaría a nadie.
-Vuestra huida de EEUU y todas las cosas raras que pasan a tu alrededor, sé que hay mucho más de lo que parece y no porque me lo insinuara Sai -.
-Es… complicado -.
-Sé que no confías mucho en mí y... -.
-Alto, alto, ¿de dónde te has sacado eso? -.
-Sería lo lógico después del daño que te he causado – apuntó Sasuke, incorporándose hasta quedar sentado al borde de la cama.
-Al principio quería matarte – reconoció Naruto – Después le di muchas vueltas y acabé por darme cuenta que lo hiciste para protegerme -.
La sorpresa traspasó las barreras de Sasuke y se reflejó en su cara.
-Ya te lo dije en el hospital, no puedes ser tan hijo de puta cuando te jugaste el cuello por una amiga -.
-Dobe… eres demasiado… -.
-¿Estúpido? -.
-Bueno – corrigió el Uchida. – Entonces, si confías en mí, ¿por qué no me lo explicas? -.
-Porque jamás me creerías – sonrió levemente Naruto.
-Si no lo intentas nunca lo sabremos -.
“Si no lo intentas”. Quizás era el momento apropiado de hablar con Sasuke, revelarle todo cuanto sucedió y había estado sucediendo en torno a ellos dos, el karma que les vinculaba más allá de la muerte. ¿Y si pensaba que estaba loco? ¿y si se reía?
-ARRIESGATE MOCOSO, O ¿ACASO UZUMAKI NARUTO SE HA VUELTO UN COBARDE? -.
-Primero me cuentas tú lo de la tele y después prometo que me explayaré con mi historia – decidió tras sentir aquellas palabras reverberando en su interior.
-El hombre del tiroteo era mi padre, te toca -.
-¿¡Qué!? -. Naruto se levantó tan rápido que casi tira el plato al suelo - ¿Cómo que ese tío era Itachi? ¿Y cómo lo sabes si llevaba casco? -.
-Por la moto, una Kawasaki Ninja con un motivo de aspas a ambos lados de la carrocería, igual que en la parte posterior del casco, créeme, era mi padre -.
-Todo sigue ocurriendo igual, es una maldita pesadilla ttebayo -. El rubio apuró la cerveza de un trago en un intento por calmarse
-Eh, dobe, cumple lo prometido -.
-Veamos, te haré una versión concentrada para empezar – tomó aire y saltó al vacío – Hace miles de años tú y yo éramos ninjas, ya por entonces eras un capullo redomado y te mataron por cumplir una venganza sin sentido, yo me sentí culpable y pedí otra oportunidad para salvarte y me hicieron caso, quizás porque era y soy el portador de Kyuubi, el zorro demonio de nueve colas -.
Sasuke se pasó una mano por los ojos intentando aceptar semejante sinsentido, Naruto no podía haber enumerado tantas fantasías seguidas en una misma frase.
-¿Y eso qué tiene que ver con vuestra huída de EEUU? -.
-Cuando tenía seis años fui con mi madre a Center Square a ver el árbol de Navidad, al ir a coger un taxi de regreso a casa unos tipejos arrastraron a mi madre a un callejón para ya te puedes imaginar qué intenciones, sólo recuerdo retazos… mis manos llenas de sangre, el olor metálico, el vestido verde de mi madre desgarrado y manchado de rojo, la oscuridad de la sala de espera de un hospital -. Naruto se iba poniendo progresivamente gris – Los ojos de mi padre cuando nos encontró -.
-¿Mataste a esos hombres con seis años? – parpadeó Sasuke, incrédulo.
-Fue Kyuubi, lo hizo para protegernos a los dos, aunque yo no lo sabía -. Se llevó una mano al estómago – Nunca me enteré muy bien, pero sospecho que mi padre dejó de verme como su hijo para convertirme en un producto de venta al gobierno, empezaron a hacerme pruebas y cada vez pasaba menos tiempo en casa como un niño normal, fue cuando mi madre nos cogió a mi hermano y a mí y huimos de Nueva York. Estuvimos – se detuvo a calcular mentalmente -, unos diez años dando vueltas por EEUU, sobreviviendo como podíamos sin contactar con amigos o conocidos por miedo a que nos localizasen, después de todo mi padre trabajaba para la CIA y yo me había convertido en una de esas cosas de seguridad nacional. – Sonrió con amargura – Incluso intenté suicidarme un par de veces agobiado por las pesadillas y el eterno peregrinar pero Kyuubi no me lo permitió, nunca enfermo y mis heridas cicatrizan con muchísima rapidez, por eso sobreviví al atropello por parte de tu padre, a eso se refería Sakura con lo de que había visto mi expediente médico. Siempre creí que era algún tipo de bicho raro hasta el día del accidente, cuando hablé por primera vez con Kyuubi y me explicó todo el tema del karma y la misión de salvarte, tardé un montón en aceptar su existencia, pensé que me había quedado trastornado del golpe, jeje, pero todo terminó por ir encajando a medida que conocía a todo el grupo de gente que ahora nos rodea, sobre todo a raíz de tropezarme contigo de manera reiterada. Bueno, y eso es más o menos todo, supongo que tienes un montón de preguntas o pensarás que estoy como una cabra -.
-Es bastante surrealista – reconoció Sasuke, pensativo.
-¿POR QUÉ NO LE HABLAS DEL COLGANTE O LE LLEVAS A CASA DE NEJI PARA QUE VEA EL PERGAMINO? -.
-Porque quiero ver si es capaz de creer en mí sin pruebas, necesito saber si puede llegar a abrirse a mí hasta ese punto -.
-PIDES DEMASIADO, MOCOSO -.
-Posiblemente, pero sólo deseo que lo acepte desde el corazón, que recupere la capacidad de confiar sin trabas -.
Naruto cogió el plato con la lata y se los tendió a Sasuke.
-¿Te importa llevarlo a la cocina? No me apetece ver a nadie – le sonrió de manera sincera, aliviado por no tener que mentir más ante el Uchida.
-Necesito pensar – dijo Sasuke, casi a modo de disculpa.
-No hay problema -.
Justo antes de salir de la habitación el moreno se giró con gesto interrogante.
-¿Alguien más lo sabe? -.
-Neji, él se lo contó a Hinata y también a Lee, yo se lo dije a Sai el día que le conociste, y estábamos pensando informar al resto del grupo, aunque Neji parece que no pudo esperar a que yo estuviera de acuerdo para irle con el cuento a Sakura. Los adultos creo que están todos al tanto, excepto quizás Kakashi -.
-¿Te creyeron al instante? -.
-Neji lo averiguó por su cuenta y ya sabes lo místico y racional al tiempo que es, Hinata y Lee aceptaron su palabra, parece que Sakura también; por otro lado Sai me sorprendió, dijo que no tenía motivo para dudar de mi historia porque yo no tenía razones para mentirle y mucho menos inventándome algo tan absurdo -. Naruto se encogió de hombros – Tengo amigos raros, ¿qué le voy a hacer? -.
-¿Empezaste a salir conmigo sólo por salvarme, por romper un estúpido ciclo kármico? -. Sasuke frunció el ceño, ensombreciendo su expresión hasta cotas insospechadas.
-Al principio sí – reconoció el rubio sin reparo – Pero tú empezaste a salir conmigo sólo para follarme, así que estamos en paz -.
Incapaz de argumentar en contra de aquella incuestionable verdad, el Uchida decidió abandonar la habitación y poner un poco en orden su cabeza, realmente complicado cuando no paraban de acumularse acontecimientos que desestabilizaban su otrora ordenado mundo. Naruto iba a cerrar la puerta cuando ambos escucharon las voces procedentes del comedor, aquello era una acalorada discusión en toda regla.
-Deberías venir – opinó Sasuke.
-No sé… -.
-Si se matan unos a otros será por tu culpa -.
-¡No me presiones! -.
Refunfuñando, Naruto enfiló pasillo adelante con el moreno pisándole los talones. No fue muy difícil dilucidar los bandos: adultos a un lado, jóvenes al otro, incluyendo en este último a Shizune y Kakashi. En medio de aquel galimatías, Naruto creyó averiguar de qué iba aquella batalla verbal, unos querían información y los otros no pensaban soltar prenda. Consciente que su escaso nivel de paciencia no aguantaría mucho más, se llevó dos dedos a la boca y emitió un fuerte y prolongado silbido que silenció a todos los presentes.
-Mejor – asintió pagado de sí mismo – Ahora mamá, ¿te importaría contarles a todos lo que realmente pasa? -.
-Pero hijo… -.
-Nada, quiero que lo sepan, total, Sakura anda medio enterada y a Sasuke se lo acabo de contar – sonrió casi con diversión – Además hay partes que yo también tengo algo confusas -.
-¿Estás seguro? -.
-Cuéntalo todo, desde el principio -.