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Author of 24 Stories |
Disclaimer: Nada que pueda ser reconocido es mío ;)
La historia sin comienzo
Pánico.
A que los colores desaparecieran por completo, a que ella no tuviera la paciencia que él necesitaba, a que perdiera las ganas de echarle en cara todas y cada una de sus palabras.
Y ya no era miedo, era más. Era la sensación de que te arrancaban la voz, la escondían en algún lugar de tu cuerpo y no eras capaz de encontrarla a tiempo. Eran los pensamientos frenéticos, imparables; las imágenes que habían sido y las que seguramente no serían. Era sentir que el aire se le escapaba demasiado rápido de sus pulmones, de que cada bocanada sería la última.
Era la implacable certeza de que aquel sería el final, su final.
Porque había sido un punto y aparte. Y por una vez ella había decidido dejar que fuera él quien siguiera.
Porque si no era él, no sería ella. No entonces, no después de luchar durante tanto tiempo, de sentirse agotada, de dar un paso hacia delante y diez hacia atrás.
No. Ella había bajado los brazos.
Remus lo sabía, lo había notado, incluso su piel había podido sentirlo. Un escalofrío había recorrido su espalda en el momento que ella le soltó, cuando dejó de gritarle, cuando se dio la vuelta y abandonó la enfermería sin mirar atrás.
Se había rendido.
Y él podía entenderlo, porque una parte de su ser se alegraba de que ella lo hubiera hecho. No tendrían que luchar más, ninguno de los dos. Y creyó que significaría la tranquilidad de su vida anterior. La existencia gris que había sido antes de que ella apareciera en escena.
Pero su otra mitad, la que hubiera querido alargar la mano y atrapar a Tonks en un abrazo, estaba a punto de romperse. Como una fina capa de hielo, que se resquebraja con un golpe simple y certero.
Porque aquella mitad quería que ella siguiera discutiéndole, que siguiera agarrándole de la túnica, echándole en cara lo mal que estaba haciéndolo todo. Quería oír su voz, aunque fueran sus gritos desesperados; quería sentir sus ojos clavados en los suyos propios, exigiéndoles una verdad que sólo ellos eran capaz de explicar.
Y de repente, sus dos mitades se esfumaron.
No hubo más lucha interior, sólo silencio. El silencio abrumador que se oye antes de la tempestad. La clase de silencio que precedería a su caída final.
Y las voces de todos los que se hallaban en la enfermería perdieron volumen, no escuchaba nada más que las últimas palabras de Tonks. El reproche, el suspiro ahogado al bajar la mirada.
La puerta al cerrarse tras ella.
Cuando Remus salió del castillo, una voz en su interior le reñía. Porque iba a aparecerse en una casa que no era la suya, iba a decir las palabras que no había dicho nunca y esa voz, susurrante y cargada de reproche, le recordaba lo mucho que se había arrepentido la última vez. Aquella única ocasión en que se había dejado guiar por el corazón y no por la razón.
La que había sido la noche más larga de su vida, la mañana más miserable... El peor día de su existencia.
Y desde entonces no había sido capaz de volver al gris anterior, aquel en el que no estaba ella. Pero tampoco se había quedado en el mundo de luz y las sonrisas vivas.
Desde aquella mañana su mundo había sido una cárcel. Dolorosa, porque era oscura cuando ya había vivido en la luz; y fría, cuando ya se había olvidado de cómo era la soledad.
El recuerdo de lo que habían tenido, de la felicidad que había sido sólo suya durante unos pocos días, le atormentaba. Como le atormentaba su rendición.
Porque Tonks había luchado siempre, desde el principio, desde aquella mirada que le confirmó que sus sentimientos no estaban solos. Ella había sido en todo momento la que le ponía a prueba, la que le gritaba, le reprochaba y le hacía sentir miserable. La que no dejaba de intentar ser feliz, por muchos obstáculos que él fuera poniéndole en el camino.
Por eso sabía que el día que ella se diera por vencida, sería el final.
Si no luchaba ella, no luchaba nadie.
Y la historia quedaría inconclusa y el tiempo borraría sus miradas.
Y en el fondo, más allá de sus miedos, él quería tener su mirada cada día. Empezar la historia que con tanto esfuerzo había querido terminar.
Pero en el instante decisivo dudó. A menos de un metro de la puerta, la que ocultaría el infierno o el paraíso, Remus Lupin dudó.
Todos sus miedos volvieron de golpe; el pánico a perderla antes de poder siquiera alcanzarla. Y los nudillos que tocarían la puerta se quedaron a medio camino, congelados como la respiración de él. Sintiendo de pronto el pánico sobre la valentía, sobre la sensación cálida de coraje.
Y el instante duró años, o eso le pareció a él. Porque fue como despertar, como quitarse telarañas de encima. Y la calidez volvió a su cuerpo.
Y los nudillos estaban llamando a la puerta.
Para siempre quedaría en su memoria el rostro de ella. Los ojos enrojecidos, fulminándole con rabia y dolor, queriéndole pegar en aquel mismo momento. Sus labios, fruncidos en un rictus feroz, que no era más que la máscara del llanto triste y desgarrado de un minuto atrás.
Remus se dijo que aquella imagen no podría repetirse de nuevo.
Y la mitad que horas antes había querido abrazarla, se adueñó de su cuerpo. Y sus manos, cansadas y pálidas, se aferraron a la espalda de ella, haciendo realidad el abrazo que tantas veces había rememorado.
No había marcha atrás. Tampoco es que la quisiera.
La puerta se cerró.
Y la historia que había terminado sin empezar, tuvo un nuevo comienzo.
- Fin -
N/A: No es su verdadero final, no el que les tocó, pero sí es el que a mí me gusta recordar. Porque echo de menos aquel intervalo entre la enfermería y el funeral de Dumbledore en el sexto libro. Así es como yo lo imagino. No iré más allá, porque las mentiras tienen siempre su final y las de Remus terminan aquí.
Gracias infinitas por leer, por regalarme esos maravillosos comentarios, por las recomendaciones y por los halagos. Por acompañarme, al fin y al cabo. A Staten Tonks, Piper Lupin, MTBlack, Siriela, Lucy Diamonds, Diluz, CerezaPiel...
Y unas gracias especiales para Biank, Sara, Nott, Dry y Sig. :D
El final va por vosotras, espero que esté a la altura.
Gracias.
Nasirid