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AN: Espero que os guste este capítulo.
Tenía razón, le dolió lo que dijo pero tenía razón. Le habían tenido que dar una paliza para sentir una mínima parte de lo que Louie había sentido.
Siguió con la silla de ruedas, aunque estaba seguro de no necesitarla, hasta su habitación, donde se sentó en la cama con la vista fija en la ventana.
Sabía que había sido duro con Tony, que no se merecía las palabras que había dicho, pero no pudo evitarlo, le salieron del alma, al fin y al cabo sus dos hermanos habían estado en coma por las palizas que Tanglewood les había dado, aunque Tony había tenido más suerte.
Por eso Danny se preguntaba si era su culpa, si había hecho algo mal, si tenía mala suerte o simplemente estaba maldito y nadie a su alrededor estaba a salvo de salir herido.
No sabía que pensar. Estaba cansado, cansado de pelear contra un pasado que siempre volvía, hiciese lo que hiciese.
Por su fallo, su maldito fallo, Louie pagó. Le dolía cada vez que lo pensaba. Louie fue quién le salvó, pero a un precio muy alto. Su vida.
¿Y Tony? Tony parecía diferente, no se metía en líos. Aunque no fuese un ‘Messer’ totalmente era parte de su familia, incluso su padre, aunque no del todo, le aceptó.
Por supuesto no era lo mismo. Su padre se había empeñado en hacer una distinción. Para él eran Louie, Danny y ‘el otro’.
Tony nunca le guardó rencor, después de todo no era su verdadero padre. Tampoco tuvo mucha relación con Tony, pero sí la suficiente como para sentirse cómodo a su alrededor.
Para él, Danny había sido más un padre que su propio padrastro. Y el equipo, el resto de su familia ya que pasaba muchas tardes en el laboratorio. En su tiempo libre iba para aprender, él también quería ser un CSI, algo que a Danny, aunque no lo dijese, le llenaba de orgullo.
Danny quería creer que no era su culpa, que fue Tanglewood, pero en el fondo se sentía responsable por todo. Se había llevado a Tony a su propia casa no solo por sus padres, como le dijo a Lindsay, sino por Tanglewood. Sabía que estaban pendientes de Tony, no estaba seguro del por qué, pero lo sabía, se imaginaba que algo así pasaría y pasó. Le dieron una paliza ¿y por qué? Porque querían que pagara todo lo que sus hermanos habían hecho. En especial él, fue él quien no siguió a Sonny, fue él quien plantó cara a Tanglewood. Louie fue solo un peón en el juego de Sonny, aunque se rebeló y por ello se ganó una paliza. Una paliza que le llevó a la muerte.
Danny estaba sumido en sus pensamientos cuando oyó entrar a alguien. Inmediatamente se volvió para ver el rostro preocupado de Lindsay.
- Sabes que lo siente, ¿verdad?
- Sí, pero no sé porqué. Al fin y al cabo tiene razón. Ellos se han llevado la peor parte. Mira cómo acabó Louie y Tony… - no pudo continuar, solo de pensarlo se le saltaban las lágrimas.
Lindsay se sentó a su lado y le cogió la mano.
- No es tu culpa y lo sabes, lo has hecho lo mejor que has podido…
- Pues no ha sido suficiente – la cortó él.
- Sabes que no es verdad, no te culpes, tienes que estar ahí para Tony, él está confuso, se acaba de despertar y bueno, le hemos presionado y por eso ha dicho lo que ha dicho. Él te necesita allí.
Danny apretó su mano y dijo:
- ¿Sabes? Eres la única persona con la que puedo hablar así, con la que no tengo miedo de lo que pensará, no sé, es algo extraño, nunca me había pasado, aunque claro, no es que hable de mis sentimientos con las personas… ¿ves? Ya he hablado demasiado…
Después de esto los dos se quedaron mirando mutuamente. Multitud de pensamientos pasaban por sus mentes, pero al menos uno en común. Rozar los labios de la persona que tenían enfrente. Tocar esos anhelados labios. Dejar que la emoción de los acontecimientos les traspasase y les tocase muy dentro. Donde ninguna otra persona había podido llegar.
Sin saber quién había hecho el primer movimiento, sus labios se acercaron, cada vez más cerca, a punto de conseguir la meta deseada…
Cuando de repente Stella irrumpió en la habitación.
- Danny… - empezó, pero se calló al ver la escena que tenía delante. Danny y Lindsay estaban muy cerca, tanto que podían sentir el aliento del otro – Ehh… siento interrumpir, pero Tony quiere verte ahora.
Con toda su fuerza de voluntad, Danny rompió el contacto visual y contestó:
- Bien, ya voy.
Se levantó pero al momento tuvo que volver a sentarse, mareado. En un acto reflejo, Lindsay le había agarrado por miedo a que se cayese.
- ¿Estás bien? – preguntó ella.
- Sí, solo que me he levantado un poco deprisa.
Con la ayuda de Stella y a pesar de sus protestas, Lindsay fue capaz de poner a Danny en la silla de ruedas.
Los tres se dirigieron a la habitación de Tony, donde el resto estaba esperando. Nada más entrar en la habitación, Tony habló:
- Lo siento Danny, de verdad, lo siento muchísimo, no quería decirlo, en serio, no era mi intención, de verdad, créeme…
- Está bien – le cortó Danny. Tony se quedó sorprendido y por eso añadió – sé que no querías decirlo, yo tampoco, no debía haberte dicho esas cosas y lo siento, es que… bueno, estaba asustado de lo que podía haberte pasado…
Una vez que se habían disculpado la habitación cayó en un cómodo silencio.
- Nosotros vamos a buscar a Vinnie Sassone – empezó Flack.
- Vinnie ¿Sassone? – preguntó Danny.
- Sí, el hermano pequeño de Sonny, estaba metido en todo esto – confirmó Mac.
- Genial… - murmuró Danny mientras se acomodaba en la silla.
- Os mantendremos informados – dijo Stella.
Poco después de irse ellos tres, Danny dijo:
- Voy a mi habitación, necesito descansar un poco.
- Te acompaño – respondió Lindsay.
Los dos salieron de allí dejando a un divertido Hawkes y un confuso Tony.
Cuando llegaron allí Danny se metió inmediatamente en la cama. Lindsay le observó unos instantes antes de imitarle.
- ¿Por qué? – preguntó él.
Lindsay sabía lo que quería decir. Le preguntaba por Sonny. Por qué había hecho todo eso. ¿Venganza? Era lo más probable, y si no podía llegar hasta Danny, cogería lo que éste más quería. Tony.
- No lo sé Danny. Ojalá tuviese todas las respuestas, pero no las tengo.
- Lo sé. Aún así no lo entiendo. ¿Por qué tiene que hacer esto? ¿No se da cuenta de que ya está acabado?
- Le mueve la venganza. No piensa en nada más, pero tú sabes que no vamos a dejar que pase nada. Estamos aquí para vosotros dos. Estoy aquí para ti.
- Gracias… por todo. Ya te he dicho que nunca antes me había pasado esto. No sé cómo decirlo, pero quiero que lo sepas.
- No hace falta que me des las gracias. No voy a ir a ningún sitio, solo aquí. Contigo…
AN: ¿Qué os parece? Hacédmelo saber por favor!!