Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search
: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Inuyasha » Vieille Ville

-Jane.Camui-
Author of 6 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Humor - Inuyasha & Kagome - Reviews: 79 - Updated: 05-04-08 - Published: 10-29-07 - id:3862986

Algunos personajes pertenecen a Rumiko Takahashi

Vieille Ville

Capítulo Seis: En el Hospital.

Por

Inuyasha no logró llegar a comprender la extraña sensación de insatisfacción que le quemaba el pecho como si hubiese prendido una antorcha dentro de él. Le dolía terriblemente el recordar la mirada de Kagome y mucho más el adivinar sus pensamientos. Sabía el desagrado que la azabache sentía. Casi podía palparse. Pero lo que más le inquietaba era el sentir lástima hacia la chica que iba a ser su “víctima de deseo”.

Podía ver como sus “ilusiones” de pasar una noche con Kagome se ibas quebrando junto con el recuerdo de ella, sentada y con pequeñas lágrimas recorriendo sus sonrojadas mejillas. Y descubrió, muy a su pesar, que no se creía capaz de aguantar mucho tiempo que la sensación de amargura.

Al llegar a su automóvil, se detuvo unos segundos mirando la imponente casona. No había podido decirle a Kagome que admiraba su gusto decorativo, ni mucho menos deleitarse con su tortuosa conversación, mientras se entretenía con la torpeza de la chica. No… definitivamente había escogido el camino equivocado con ella. Al descubrir sus pensamientos se molestó terriblemente consigo mismo. Trató de convencerse de que los sentimientos de insatisfacción en su pecho no eran más que por el ver alejada su posibilidad de tener sexo con la azabache. “Maldita conciencia”.

No había alcanzado a abrir la puerta de su automóvil cuando una llama telefónica le cortó la respiración, sobresaltándolo. Levantó una ceja de incredulidad. “Contrólate hombre” se dijo a si mismo, soltando una risa que pretendía ser indiferente.

Antes de contestar su celular, que sonaba y vibraba dentro del bolsillo de su exclusivo pantalón de tela, vio la figura de Kagome en la ventana. Cruzada de brazos parecía querer matarlo con la mirada y, de hecho, lo habría logrado si las miradas asesinaran. Quizá estaba esperando el momento en que estuviera desprevenido para tirarle una piedra. Pensó en eso mientras sacaba el aparato. Era la clase de cosas infantiles que esperaría de la azabache y pasando por alto todo lo que se habría tratado de persuadirse, aquella imagen le gustó.

Kagome, dentro de la casa, fue la única testigo de lo que Inuyasha hacía. No estaba muy segura por qué se había levantad y seguido. Lo único que tenía claro eran las miles y miles de ideas que surgían dentro de ella junto con el sentimiento de venganza. En un comienzo pensó que se trataba de sus ganas de alcanzarlo, quitarle el documento, romperlo y tirarle los fragmentos en el rostro. “Sí, aquello es muy tentador” pensó. Pero al recordar lo que conseguiría con un arrebato como aquel, prefirió suspirar y contenerse apretando los puños. Se posó junto a la ventana, observando la forma del imponente hombre. Por un segundo se sintió seducida por sus masculinos movimientos, perdiéndose en los deseos que le motivaban, pero sólo bastó ver su rostro para sentir la misma furia que segundos antes la había embargado. Se paró allí, tratando de decidir que hacer.

“Estás perdida, ya le has firmado el maldito documento” Le regañó dentro de su cabeza una voz que mucho se parecía a la de su hermana. Más molesta que antes, corrió la cortina.

Inuyasha miró la pantalla tintineando mientras el nombre “Casa” relucía ante la azulina luz del celular. Dudó un momento, no estaba muy seguro de querer hablar con Sango. Su paciencia no podría soportar una voz de reproche nuevamente. “Estas mujeres se dedican a cuestionar cada

maldita cosa que hago” susurró tentado de cerrar con fuerza el aparato. Finalmente, decidió contestar.

-¿Aló?-preguntó molesto. Había fruncido el entrecejo y estaba esperando escuchar la voz llena de recriminación de su hermana. Para su sorpresa, la voz que le respondió no era la de Sango.

-Señor Taisho-Dijo débilmente un llorosa mujer. No la pudo reconocer al instante, pero cuando escuchó un pequeño sollozo de sufrimiento supo que estaba ante la cocinera de la casa.

-¿Qué pasó?-Preguntó preocupado.

Kagome, aún junto la ventana pero sin poder verlo, escuchó su voz a través del cristal. Se sentía furiosa y mucho más teniendo que escuchar su voz.

-Ha ocurrido una desgracia mi señor-sollozó la mujer apenas pudiendo darse a entender.

-¿Dónde está Sango?-preguntó en primer lugar.

-Yo llegaba recién a la casa…-lloraba la mujer al otro lado del teléfono-subí hasta su habitación para ver si ella quería cenar algo…

Kagome estaba a punto de abrir la ventana para gritarle que se fuera a hablar a otra parte cuando la voz de Inuyasha la inmovilizó. Escuchó un sonido sordo. Inuyasha había dejado caer ruidosamente su portafolio. La azabache corrió la cortina. A pesar de la escasa luz, Kagome notó la frente fruncida de Inuyasha y su mirada inquieta. Se acercó un poco más hasta topar con el vidrio. Notaba a la perfección los cambios en el rostro del hombre. Desde una perturbada mirada hasta llegar al desconsuelo. Estaba segura de poder notar como la mano que sostenía el celular junto a su oído tiritaba.

Y no se había equivocado.

El cuerpo de Inuyasha se había tensado y la mano que sostenía el celular cerró con fuerza en el aparato, casi pudiendo triturarlo.

-¡¿Dónde está Sango?!-repitió el ojidorado elevando el volumen de su voz y pasando por alto toda la explicación de la alterada mujer.

Kagome, alarmada por la voz de Inuyasha, abrió con rapidez la ventana que produjo un chirrido. Ahora, la voz de Inuyasha le llegaba mucho más clara.

-¿Llamaron a la ambulancia?-esperó un momento-¿A qué Hospital llevaran a Sango?

Kagome se quedó sin aire. Todo lo rápido que pudo y tratando de no derribar nada a su paso llegó junto a la puerta principal. La abrió con estruendo sin detenerse cuando la puerta impactó contra la mesita adjunta y tiraba un recipiente lleno de rosas. No habían pasado cinco segundos cuando una sobresaltada Kagome llegara junto al destrozado Inuyasha que le exigía a su cocinera una explicación de por qué razón nadie había estado en casa.

-¡¿Qué pasó?!-preguntó afectada. Pudo ver el brillo en el dorado de sus ojos. Sabía lo que aquello significaba. Lágrimas. Algo malo había pasado y lo que fuera tenía que ver con su hermana-¡¿Qué le pasó a Sango?!-exclamó-¡responde!

Inuyasha no respondió. Cerró su celular con brusquedad. Abrió la puerta de su automóvil y tiró su portafolio al asiendo del copiloto.

-¡¿Qué pasó?!-repitió Kagome. Detuvo a Inuyasha con todas sus fuerzas evitando que este entrara en el automóvil.

-¡¡Quítate Higurashi!!-ordenó Inuyasha fuera de sí.

-¡¿Qué pasó con Sango?!-preguntó poniéndose firme.

-¡Suéltame!-rugió Inuyasha empujando a Kagome. Estaba desesperado.

-¡¿Qué le pasó a Sango?!-preguntó peleando con sus manos contra las de él. Inuyasha levantó una mano como queriendo darle una bofetada.

Su mirada fue de aborrecimiento. Una mirada que hubiese detenido su corazón en otra circunstancias. Capaz de atajarla y hacerla a un lado, pero no ahora… no ahora cuando sabía que algo no estaba yendo bien. Sabía que su retenimiento era tonto. Que esta haciendo que él perdiera tiempo valioso, pero si algo le había pasado a Sango ella necesitaba saberlo... cualquier cosa que pudiese hacer por ella... cualquier cosa...

La tomó con brusquedad de un brazo, haciéndole daño. Logró zafarse de las manos de Kagome y la empujó con fuerza, haciendo la que la menuda azabache se tambaleara antes de poder agarrarse de las ramas de un árbol. Inuyasha la miró con su pecho subiendo y bajando a una gran velocidad.

-Maldito...-susurró Kagome llena de ira-¡¿qué le pasó a Sango?!

-Se tomó una caja de somníferos-exclamó lleno de impotencia el pelinegro.

Se tapó la boca con las manos conteniendo un grito. Trató de decir algo pero no encontró palabra alguna. La mujer dejó volar su imaginación, pensando en la castaña que había conocido solo días anteriores. El corazón se le encogió dolorosamente… y aún peor, el recuerdo de la muerte de su madre se presentó tan inevitablemente como las lágrimas en sus ojos. Inuyasha, frente a ella, entró en su vehículo con lentitud. Había utilizado demasiada energía peleando con la azabache.

-Iré contigo-exclamó temblorosa.

Inuyasha no alcanzó a contestar cuando la puerta de copiloto se abrió. Tiró el portafolio en los asientos de atrás y se sentó junto a él, cerrando la puerta con suavidad, pues se sentía débil y mareada. No sólo le sentaba mal la noticia, si no que gracias a ella miles y miles de recuerdos acudían a su mente dolorosamente.

-¡No!-se negó Inuyasha. Creía saber las razones de la preocupación de la azabache y nada tenían que ver con el interés humano.

-Quiero saber de ella-dijo Kagome-quiero saber si se pondrá bien, si puedo ayudarla.

-¡¿Sólo quieres saber si tu maldita campaña tiene rostro o no?!-vociferó girándose hacia ella.

Kagome incapaz de contenerse, levantó la mano para darle una bofetada, pero Inuyasha entendió lo que se proponía y le agarró la mano en el aire. Le apretó la muñeca con fuerza, pero ella no mostró expresión alguna de dolor. Le mantuvo la mirada, desafiante.

-¿Cómo te atreves?-susurró Kagome temblando de rabia-Imbécil. No eres más que un intento de persona. ¡No tienes corazón!

-Sal de mi auto-dijo Inuyasha con los dientes apretados. Soltó la mano de la chica con brusquedad.

-¿Por qué pierdes tu maldito tiempo peleando conmigo? ¿No deberías estar ya a medio camino?

Inuyasha miró el reloj digital incorporado junto al espejo retrovisor. “Hace rato que está en el hospital” pensó. El tiempo corría demasiado rápido, ella tenía razón. Ya no podía perder más tiempo.

Fulminó a Kagome con la mirada, puso la llave al vehículo y emprendió la marcha a una gran velocidad. La castaña pareció sorprendida de lo rápido que había logrado convencerlo.

Kagome ni siquiera notó lo peligrosa que resultaba la carrera. No fue consciente de las luces rojas que el ojidorado se pasó y lo cerca que estuvieron de protagonizar un funesto accidente. Estaba sumida en lo más profundo de sus pensamientos. Apretando las manos en su pecho, moviéndolas con nerviosismo. Cerró los ojos tratando de nivelas su respiración, pero aquello solo sirvió para hacer más intensos los recuerdos que llegaban a su memoria.

-Pero si él no es ni tan guapo como para compararse con Kei.

-Estás loca?!-río una pelirroja-Es un bombon! ¿Verdad Kagome?

-Ay! No sé chicas…-dijo pensativamente una muchacha tirada sobre la cama de su amiga mirando el techo-Podríamos decir que… ambos son muy lindo…

-Te gustan los dos?!-coreado sus compañeras.

-No me creía que fueras así Kagome!!-se burló la que estaba más cerca.

-De todas formas Testu es mucho más inteligente que Kei-continuó hablando Kagome sin hacer caso a la burla de su amiga-En los últimos exámenes realmente se lució. Sacó diez en casi todo!

-Si, es verdad-reconoció Eri-pero tienes que admitir que Kei es mucho más encantador-dijo soltando un enamorado suspiro.

-De todas formas, es Kagome la que debe elegir-apuntó Arimi

-Gracias-dijo incorporándose la azabache sorprendida por las palabras de su amiga. Generalmente las tres insistían en inmiscuirse en todo.

-Pero eso no nos impide ayudarte-inquirió resueltamente Yura. ¿Cómo luchar contra ellas tres?. Desde que los dos chicos más apuestos de su clase le habían pedido ser su pareja para el baile de fin de año que sus amigas la interrogaban constantemente para conseguir de Kagome alguna declaración, pero la azabache se resistía. La verdad era que ni ella sabía que hacer.

Kagome soltó un suspiro de cansancio. Lo único que le detuvo para protestar cuando Arimi le puso una foto de ambos chicos frente, fue la puerta que se abrió de imprevisto de improviso. La madre de Eri parecía altamente apenada. Las cuatro chicas se fijaron en ella en la espera de cualquier mala noticia. Para sorpresa de todas, los ojos de la mujer se posaron sobre los chocolates de Kagome.

-Ha llamado tu hermano Kagome-dijo con una voz cargada de pena-será mejor que vayas a casa…

Kagome no necesitó escucharlo dos veces. Sabía de qué se trataba todo aquello. Se levantó botando un vaso y tomó su mochila. “Algo le había pasado a su madre”. Finalmente... aquel día que tanto había temido, llegó”.

-Kagome?!-Dijo Inuyasha con fuerza. Kagome parpadeó. Miró hacia todos lados. Habían llegado.

-Lo siento-se disculpó con rapidez.

Le costó seguir el paso de Inuyasha, que caminaba a gran velocidad por el pasillo corriendo a todo aquello que se interpusiera en su camino. Kagome, en otro momento, se habría detenido a pedir disculpas, pero estaba tan angustiada como el ojidorado. Llegó a la unidad de emergencias abriendo las puertas de par en par. Todos le miraron con ojos llenos de reprobación, pero al ojidorado no le importó. Se acercó al mostrado principal junto con Kagome quien respiraba de forma alterada. Le parecía un sueño lejano el pensar que hacia solo una semana había estado allí luego del accidente.

-Busco a Sango Taisho-dijo con una voz mucho más ronca de lo normal.

La enfermera de turno miró la hoja delante de ella, buscando el apellido de la cantante. La encontró en el último lugar. Acababa de llegar.

-Está en una intervención-dijo constatando la información en una pizarra lejos de ella-¿Es usted pariente de ella?-Inuyasha pareció molesto por la pregunta.

-¡Su hermano!-respondió con rapidez la azabache deteniendo cualquier impulso por parte de ojidorado.

-Esta en una desintoxicación-informó la enfermera-el médico que la trata podrá darles mayores detalles en cuanto termine. Por ahora, sólo le puedo pedir que espere.

Inuyasha estaba furioso. Parecía dispuesto a golpear la mesa, con tal de conseguir un poco más de información. Y estaba apunto de hacerlo cuando Kagome lo agarró del brazo.

-Vamos a sentarnos-le ordenó-Gracias-dijo sonriendo tristemente a la enfermera.

El ojidorado fulminó a la enfermera, quien se estremeció visiblemente. Kagome sabía lo que significa esa mirada. Puro desprecio, cargado con una cuota de amenaza. Tratando de evitar que Inuyasha perdiera el control, lo guió, con mucha dificultad, hasta la sala de espera.

-Siéntate…-le dijo sin mirarlo a los ojos-te traeré un café.

-No quiero-sentenció Inuyasha fríamente. Pero se sentó.

-Te hará bien, por último un té…

-¡¡Dije no quiero!!-exclamó el hombre perdiendo la paciencia.

Kagome se heló bajo la fría voz, pero finalmente asistió con la cabeza y tomó asiento junto a él, tímidamente pues su potencia la había eclipsado. No lo podía culpar. Estaba preocupado. Su hermana estaba siendo intervenida pues se había tragado quien sabe cuantas pastillas. Aunque quisiera ser agradable, no podría. Y ¿Por qué había hecho eso Sango?, ¿Quería acabar con su vida?, ¿Por qué?. Ahora que lo pensaba, Sango había tenido una mirada triste, una mirada melancólica que se perdía por segundos cuando se hablaba de algún tema trivial.

Y frunció el entrecejo. Miró de reojos a Inuyasha y volvió a fijar su vista en la figura que acaba de entrar disimuladamente. Kagome lo conocía. ¡¿Cómo no?!. Era Shintao Youji, él periodista estrella de un programa farandulero que pasaba el canal seis. ¡Ese maldito paparazzi!. Tenía que hacer algo y no iba a desestimar a nadie. Ese hombre era capaz de cualquier cosa con tal de conseguir una buena toma. Estaba segura. Muchas veces lo había visto en las fiestas del canal. Era un hombre despreciable y sin corazón. Dispuesto a cualquier cosa.

-Iré por una bebida-dijo apresuradamente levantándose-no te muevas de aquí, Taisho.

Inuyasha gruñó en señal de respuesta. Quizá ni siquiera le había escuchado. Mejor así. Que siguiera pensando en sus problemas mientras ella se ocupaba de sacar a ese asqueroso parásito de allí. Sacó el celular mientras buscaba un lugar seguro para llamar a su hermano. Se ocultó casi detrás de unas plantas artificiales, sin perder de vista al periodista, que miraba hacia todos lados.

-¿Aló?-dijo una voz al otro lado de la línea.

-¡Miroku! Llama a tu maldito periodista Youji y dile que se vaya inmediatamente del Saint Hospital!-exigió sin captar que era muy probable que su hermano no entendiera nada.

-¿Está… enfermo?-preguntó Miroku lentamente.

-¡¡No!! Es que…-¿Se lo decía?, Después de todo él también era periodista. Abogado y periodista. Quizá consideraba que Shintao hacía bien. Que era su deber estar allí, buscando y rebuscando la desgracia. Aunque, por otro lado, podía apelar a la parte sensible de su hermano… sí, eso sería mejor-Escucha, la hermana de Inuyasha Taisho, Sango, tuvo un… “accidente” y esa noticia no debe salir al descubierto. Eso agravaría mi situación con Taisho-dijo con rabia.

-Sango… Sango Taisho…-Miroku parecía pensarlo. La voz de su hermana le llegó de fondo.

-¡¿Qué?!-preguntó histérica-Estás con Kikyo?! No! No le…

-Sí, Sango tuvo un accidente-decía Miroku sin tomar atención a Kagome-Está en el hospital…

-Digas…-terminó derrotada la azabache. La exclamación de Kikyo no le extrañó.

-¡¿Qué pasó?!-preguntó Kikyo luego de quitarle el celular a su hermano.

-Dile a Miroku que por ningún motivo esa noticia debe salir al aire!-dijo finalizando la conversación. Cortó lo más rápido que pudo.

Salió de detrás de la planta, tratando de localizar al periodista. Allí estaba, parado junto a las enfermeras, quizá con la esperanza de escuchar alguna información con respecto a Sango. No habían pasado ni diez segundos cuando el celular del hombre comenzó a sonar. Lo contestó rápidamente. Aunque Kagome no escuchaba la conversación, sonrió con satisfacción cuando la frente del sujeto se arrugó, molesto. De seguro Miroku le estaba exigiendo que saliera del hospital. Tentada de escuchar la conversación, se acercó para simular que preguntaba algo a la enfermera de turno.

-Pero señor Higurashi-decía el periodista-es una gran…

Se interrumpió. Lo vio apretar la mano, molesto. Dios, como adoraba a su hermano en ese momento. El periodista cortó la comunicación sin despedirse. Estaba furioso y por un segundo Kagome sintió el impulso de llamar a los guardias para que lo sacaran. Ella conocía a los hombres de su calaña.

-Maldito…-dijo el hombre fastidiado-Esa mierda…

Kagome se indignó al punto de olvidar que él no debía verla. Se giró irascible, dispuesta a darle la cara al idiota que acababa de insultar a su hermano. Pero el hombre se marchaba, salía del hospital pasando a llevar a unas cuentas enfermeras que avanzaban por el pasillo. Ella iba a tener una agradable conversación con su hermano. “maldito sin sentimientos” pensó apretando los dientes.

-Al menos se fue-dijo en un susurro.

Volvió junto a Inuyasha. Se había levantado y se paseaba, sin descanso, de un lado para el otro, como un león enjaulado. Con las manos en los bolsillos, mirando asesinamente a quien osara cruzarse por su camino, pisando con fuerza. Sin ser capaz de reprocharle nada, se sentó junto a la chaqueta del hombre, con la esperanza de que todo saliera bien… y esperaron.

Diez minutos, treinta, cincuenta… una hora y media.

-¿Señor Taisho?-preguntó el médico que acababa de salir del pabellón.

Kagome se levantó al tiempo que Inuyasha estrechaba la mano del hombre. ¿Por qué los médicos siempre tienen que tener esa cara de pena?

o.o.o.o

-¡Tenemos que ir inmediatamente!-exclamó Kikyo corriendo hacia el hall de entrada.

-¡Por favor, dime que estás bromeando!-dijo cansadamente Miroku, pasándose las manos por el rostro.

-¡Es Taisho!-respondió la pelinegra como si aquello explicara la cuestión-además, Hoyo, su representante acaba de llamarme hace un momento. Sango aceptó ser la figura de la nueva temporada.

-¿Es broma?-preguntó Miroku dejando su vaso de whisky en la mesita-Dime por favor, que no eres tan inhumana como para pensar en eso ahora.

-No es inhumanidad-contradijo Kikyo herida-pero te recuerdo que Kagome me ha puesto en un punto crítico. Esto no estaría pasando si ella fuera un poco menos impulsiva. Sé que suena un poco…-lo pensó durante un momento-feo-Miroku alzó una ceja-de acuerdo, inhumano!-aceptó haciendo un gesto con la mano para restarle importancia-pero tengo un contrato que cumplir con los proveedores, con las multinacionales tiendas y ya sabes el jaleo que se arma cuando te pasas aunque sea dos días…

-Supongo que tienes razón-comprendió Miroku fríamente-pero estamos hablando del bienestar físico y mental de una persona. Realmente me duele que te limites a pensar en ella como un producto.

-Lamento mucho lo que sea que le haya pasado! Pero mi prioridad en este momento no es preocuparme sobre los andares de una niña, para eso ya tengo a Kagome que me saca bastante de mis casillas. Quiero terminar con ese problema de la marca. ¿Sabes hace cuanto que no me ocupo de los asuntos de Spring?-preguntó como si aquello fuera suficiente.

-Lo siento muchísimo!-dijo Miroku, pasándole un brazo por los hombros a su hermana-pero me temo que por mucho que me convenzan tus razones, no voy a permitir que vayas junto a

Kagome-y la obligó a volver al living-esa chica, Sango, necesita descansar y tu solo irías para hacer algo inadecuado.

-Sabías que Hoyo, su agente, me llamó hace pocos minutos para informarme precisamente eso..-dijo la chica con evidente pena-que ella había aceptado ser el rostro de Sweet!-repitió como última esperanza. Miroku asistió, pero no desistió.

o.o.o.o

Corría mucho viento y por mucho que se rozara los brazos, no lograba entrar en calor. Era inútil. El clima se había vuelto contra ella. Durante la tarde había lucido un día precioso, con un cálido sol que la abrazaba, pero ahora, cuando se acercaba a la media noche, el frío y la humedad se hicieron tan presentes que ella lamentó no haber llevado consigo una chaqueta. Volvió a pasarse las manos una y otras vez por los brazos. Veía el vapor salir de su boca, que producía su respiración, mientras su cuerpo tiritaba levemente. Tenía que llegar pronto a casa, de lo contrario, terminaría en la habitación conjunta a la de Sango, con una terrible neumonía.

Caminó hasta la salida de aquel gran hospital, apurando el paso con la intención de tomar el primer taxi que se cruzara en su camino. Miró a ambos lados de la calle. Nada. Ni un mísero auto. Soltó la respiración que retenía con molestia. Claro, su vida no iba a estar completamente arruinada si no existía una complicación extra. ¿Cuántos kilómetros iba a tener que caminar antes de encontrar un maldito taxi?.

Resignada ante su mala suerte, Kagome pretendía emprender la marcha, pero se detuvo al sentir que algo le ponían en los hombros. Se giró con brusquedad, instintivamente y se quedó boquiabierta al ver a cierto hombre de ojos dorados.

-¿Qué haces aquí?-preguntó a duras penas.

El hombre se encogió de hombros.

-Te llevaré a casa-dijo con una voz que Kagome jamás le había escuchado. No era ni arrogante, ni fría.

Durante un segundo se perdió en sus pensamientos, inducida por esos grandes ojos que tanto mal le causaban. Pero no pudo evitar recordar lo que había pasado minutos antes de que le llamaran por celular para avisarle que Sango acababa de sufrir un gran accidente. Él le había quitado el viñedo sin ningún arrepentimiento. Le había tendido una trampa.

-No, gracias-respondió Kagome y, aunque no lo quería hacer, se quitó la chaqueta que Inuyasha le había posado-iré sola.

-¿Estás loca o qué?-preguntó el ojidorado rehusando aceptar la chaqueta-¡hace frío! Estás congelándote.

-¿Sabes?-dijo ella tratando de controlar el tiritar de sus dientes-¡lo prefiero así!

Y se giró sobre sus zapatillas, dándole la espalda. Sabía que era una reacción infantil, pero su orgullo ya estaba lo suficientemente herido como para permitirse aquel gesto de generosidad de él. “Pero Dios que está helado” pensó apretando la mano para contener los tiritones de su cuerpo.

-Por favor-pidió Inuyasha que la estaba siguiendo-no seas necia, Higurashi.

-¡¿Necia?!-preguntó la chica exasperada-necio sería compartir el mismo automóvil contigo!

-No te importó…-comenzó Inuyasha, pero ella lo detuvo alzando la mano. Impidiendo que siguiera.

-Tu hermana estaba corriendo peligro!-dijo molesta-Era obvio que me subiría!

-De eso se trata-dijo Inuyasha. Kagome se fijó en su rostro. Era evidente que algo le estaba atormentando. Quizá quería decir “Gracias” pero su naturaleza salvaje e sanguinaria le impedía no atragantarse con ese simple gesto de amabilidad.

-No importa…-dijo Kagome encogiéndose de hombros-Aunque no lo creas, Sango me preocupa.

-¡¡No la conoces!!

-Y eso no dice nada!-dijo comenzando a caminar nuevamente. Quería alejarse de él, pues las mezclas de sentimientos la estaban mareando. Se dividía entre la furia y el atontamiento. Solo vasta echarle una ojeada para saber que todo se le daba vueltas cuando él le hablaba. Pero la furia que la invadía de solo recordar lo que le había hecho hacia pocas horas, la motivaba a abalanzarse sobre él para dejarle sin cabello.

-No quiero hacer esto, Higurashi… pero me estás obligando-le dijo Inuyasha en todo de advertencia.

-De qué dem…! ¡No! ¡Idiota! Suéltame-gritó agudamente, moviendo los brazos y las piernas, queriendo que él la dejara sobre el suelo.

Inuyasha la había puesto sobre su hombro con una facilidad alarmante, casi doblándola en dos. Forcejeó contra él utilizando toda su fuerza, pero Inuyasha la trasladó sin inmutarse por los golpes e insultos. Algunas personas que iban hacia sus automóviles, los miraron con curiosidad, pero a ella no le importó. Estaba demasiado concentrada golpeando la espalda de aquel gigante bruto.

Antes de que ella pudiera impedirlo, ya habían llegado junto al automóvil de Inuyasha. La dejó junto a la puerta del copiloto, con brusquedad.

-¡¡Maldito!!-gritó Kagome frenética.

-¡¿Te dije que suelo tener todo lo que quiero, deseo y anhelo?!-preguntó Inuyasha. Sus ojos parecían fuego, llenos de enojo.

-¡¿Y te dije que a mi me da igual?! Esto no te lo permitiré, Taisho.

-Sólo te llevaré a casa ¡no seas tan infantil, maldita sea!

-¡Infantil tu abuela!-exclamó cuando una anciana pasaba y la miraba frunciendo el entrecejo-¡Me iré sola!

-No!

-Si!

-Acaso quieres que te roben?!-pregunto-Ese camino es solitario, podría aparecer cualquiera.

Y aunque la perspectiva de un asalto o de algo peor la asustaban y tomaba por sorpresa, negó con la cabeza con decisión.

-Lo prefiero!-volvió a decir-realmente prefiero eso que pasar un momento más contigo! Si antes lo hice fue netamente por Sango.

-Podrían hacerte cualquier cosa-Kagome supo que se refería a los supuestos delincuentes que podría en su camino. Inuyasha acercándose amenazadoramente hacia ella. Kagome se alejó, golpeándose la espalda contra el auto-eso también lo prefieres?

Su mirada la perturbó tanto como la nueva proximidad. Hubiese querido alejarlo, pero estaba demasiado ocupada tratando de regular su respiración. Rehusó mirarlo a los ojos, sabiendo que si lo hacía, pondría una cara cercana a la estupidez.

Él le alzó el rostro, obligándola a fijar la vista en sus dorados ojos.

-Responde!-exigió con su voz seductora.

-¿Qué cosa…?-preguntó Kagome con las mejillas sonrojadas. Ya no sabía de qué estaba hablando. Ni le importaba, pues el sólo tacto de su piel la hacía sentir bien.

-Quieres que te violen acaso?-preguntó alzando la voz y bajando la mano con brusquedad.

-Qué?!-dijo Kagome saliendo de su ensimismamiento-No!!-respondió alejándolo con enojo.

-Entonces, sube al maldito auto!!-susurró Inuyasha sin paciencia.

Kagome sabía que era una batalla perdida, pues él la obligaría aunque la tuviera que amordazar. A regañadientes, abrió la puerta del copiloto y entró cerrando de con un gran portazo. Inuyasha soltó un suspiro de cansancio y antes de emprender la marcha hacia el otro haciendo, se pasó la mano por la cara, en un gesto de extenuación. Cuando ocupó el lugar del piloto, Kagome se había cruzado de brazos, refunfuñada.

-¡No es necesario que me hables!-dijo molesta.

Inuyasha no respondió, ni hizo nada. Kagome cambió su expresión molesta, por una de desconcierto. El rostro del hombre era demasiado para soportarlo. Parecía consternado.

-Oye…-dijo Kagome girándose hacia él.

-¡Cállate!-le ordenó con brusquedad-¡Mantén tu boca cerrada!

-¡¿Disculpa?!-preguntó Kagome indignada-¡¿Qué demonios te estás creyendo?!

-¡¡Por qué sigues hablando?!-rugió Inuyasha-¿acaso no te dije que te callaras?

Kagome hizo ademán de salir del auto, pero la fuerte mano de Inuyasha la detuvo. Ella se giró casi resoplando de indignación. Quería gritarle, abofetearlo, decirle que era una persona asquerosa, pero temía originar un ataque de ira que no podría soportar.

-Estoy tratando de hacer algo!-dijo él.

-¡Si piensas que el automóvil se moverá solo, te vas a llevar una tremenda desilusión!

-Quiero darte las gracias ya!!-gritó frustrado. Kagome dejó de forcejear y en eso Inuyasha la soltó. Se quedó quieta, procesando sus palabras.

-De nada…-dijo finalmente creyendo que era lo oportuno.

-Nada de “De nada”-contradijo Inuyasha furioso-nadie hace las cosas sin alguna intención, y aunque tú digas que no es por mi hermana y su trabajo en Sweet, si tiene que ver con el viñedo.

Kagome consideró oportuno mantener la boca cerrada y, por primera vez, le iba a hacer caso a su instinto. Inuyasha agradeció que ella no hablara, pues temía arrepentirse de lo que estaba a poco de decir. Por el rabillo del ojo contempló a la quieta Kagome. Tenía el cabello desordenado y las mejillas sonrojadas. Sus labios entreabiertos lo distrajo solo una fracción de segundo. Desvió la vista, mirando hacia el auto de adelante.

-Quiero romper el contrato que te he hecho firmar, como muestra de mi agradecimiento-dijo él exprimiendo el puño.

-¿Qué?-dijo Kagome mirándolo con brusquedad.

-Sí…-asistió el hombre apretando los dientes-No sé por qué lo hiciste, no sé por qué me acompañaste, pero lo has hecho y aunque no lo creas has sido de mucha ayuda.

-Si, claro…-dijo Kagome de forma irónica.

-Si no fuera por ti, habría gritado y golpeado a alguna enfermera.

Kagome movió la boca hacia un lado, consciente de que eso era verdad. El nerviosismo que había sentido Inuyasha había sido tal, que incluso ella se sintió asustada en algún momento. Por eso había decidido sacar al periodista de allí con tanto cuidado. Aunque él no le agradara, no tenía porque ser víctima de la ira de Inuyasha. Estaba segura de que de haber sabido de ese hombre, se habría empeñado en sacarlo él mismo.

Inuyasha buscó algo en el asiento trasero. Su portafolio. Sacó el documento y se lo tendió a la mujer al tiempo que volvía a poner el portafolio atrás.

-Rómpelo-susurró antes de soltar un suspiro.

-¿Estás seguro?-preguntó Kagome dudando antes de tomar los papeles. Inuyasha la miró con una ceja alzada.

-¿Quieres que lo haga cumplir, acaso?-farfulló sin paciencia.

-¡No, no!-respondió apresuradamente la castaña tomando por fin los documentos. Los miró con los ojos como plato. Estaba a punto de acabar con su pesadilla ¿o No?

-No me dejarás tranquila nunca ¿verdad?-preguntó apretando los documentos en su mano.

-No…-respondió Inuyasha con sinceridad-Esas tierras son mías.

-Así que… esto no sería más que una especie de tregua momentánea…-susurró Kagome dejando los papeles sobre su falda.

-Podría llamársele así.

Entonces, a la mañana siguiente, la batalla continuaría. No se había acabado la pesadilla, seguía en ella y no terminaría hasta que cediera. ¿Qué diferencia había entre hacerlo ahora o después?. Volvió a contemplar el documento. Inuyasha estaba proponiendo un trato en el cual sus

trabajares saldrían muy beneficiados. ¿No era mejor aceptarlo y acabar con ello lo antes posible? Sí, era lo mejor. Aunque no le agradara la idea…

-Ten-dijo finalmente devolviéndole los papeles.

-¿Qué haces?-preguntó el hombre sorprendido.

-Rechazo tu oferta de tregua. La batalla se acaba aquí, Inuyasha.

o.o.o.o

No me odien! Lo sé, demoré muuchísimo!

Realmente lo siento mucho.

Agradezco Infinitamente los R.R. del capítulo anterior.

Nuevamente, disculpas!



Return to Top