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Nasirid
Author of 24 Stories

Rated: K - Spanish - Romance/Humor - Oliver W. & Katie B. - Reviews: 137 - Updated: 11-23-07 - Published: 11-02-07 - Complete - id:3870183

Disclaimer: Lo de siempre. Ni personajes, ni lugares me pertenecen... Sólo soy dueña del argumento.

Ahora sí. Hemos llegado al final

Espero que lo disfrutéis :)


Parte 6

Domingo, nueve y media de la mañana, resaca de triunfo.

Ese fue el primer pensamiento de Katie al llegar al gran salón y encontrarse con que la mesa de Gryffindor estaba completamente vacía. Había imaginado algo así al bajar de su habitación y no cruzarse con nadie en la sala común. Después de todo era comprensible, la fiesta por el triunfo había durado hasta tarde y la gente estaba aprovechando las horas del domingo que podían pasar durmiendo. Ella no¿para qué? Se había acostado pronto, después de pasar sin pena ni gloria la fiesta, y había dado mil vueltas en la cama antes de conciliar el sueño. Suspirando, se sentó y comenzó a servirse el desayuno.

No le gustaba estar sola, sobre todo en aquel momento. No podía hablar con nadie y eso le daba a su mente libre albedrío para pensar por sí misma y volver al monotema con el que vivía en los últimos tiempos: Oliver Wood.

Cogió una tostada, la untó de mantequilla y buscó la mermelada de arándanos mientras se repetía en silencio una y otra vez: piensa en algo bonito, piensa en algo bonito. Solía funcionarle cuando se hacía una herida y tenía que ver la sangre, también cuando había tenido que ver las fotos de la disección de rana que había hecho su primo Roger, muggle y estudiante de ciencias. Pero ahora no le funcionaba. No le servía para no acordarse de que tenía ganas de no hablarle más en la vida a Alicia, ni tampoco para sacar de su cabeza aquella imagen de Oliver cazado, cuando le había preguntado por qué no le decía a Alicia que ella era la chica que le gustaba.

Porque estaba celosa, muy celosa, no le quedaba más que admitirlo. Y aunque le había costado horas de sueño, un dolor punzante de cabeza y levantarse varias veces para poner bien las sábanas después de sacarlas al dar tantas vueltas, Katie había suspirado de fastidio y se había tapado la cara con las manos. Estaba celosa de una de sus mejores amigas y Katie creía que era imposible ser más patética. Celosa por alguien a quien no había prestado atención jamás, por ese chico que la sacaba de quicio y la hacía reír al mismo tiempo, el mismo compañero que compartía con ella la pasión por el quidditch, el que se marcharía del colegio en unos cuantos meses. Si es que no podía ser más oportuna.

Y pensando tanto y prestando tan poca atención a lo que hacía, derramó la copa de zumo que acababa de dejar sobre la mesa. Maldijo por lo bajo y buscó su varita para arreglar el desastre. Cuando todo estuvo en orden y levantó la mirada para buscar otra tostada se encontró al único otro Gryffindor que ocupaba la mesa.

A Katie se le quitaron de pronto las ganas de comer.

- Buenos días. – la saludó Oliver desde el otro lado de la mesa, desviando rápidamente la mirada hacia la jarra de zumo.

La chica había desviado la mirada también, sintiendo de pronto la necesidad de que alguien más ocupara aquella mesa.

- Hola. – musitó, dándole otro mordisco a la tostada.

El chico tampoco tenía demasiadas ganas de desayunar, pero pensó que quedaría bastante raro que se levantara de la mesa sólo unos minutos después de haber llegado, así que cogió el bol de cereales y se echó un poco de leche caliente. Sabía que las posibilidades de que al levantar la mirada Katie lo pillara mirando eran demasiado altas, pero Oliver no podía evitarlo. La veía de reojo moviendo las manos sobre la mesa: cogiendo otra tostada, acercándose el tarro de la mermelada, coger la copa de zumo... Y él levantaba la vista, intentando ser disimulado y no mirarla directamente. Le gustaba mirarla y ver sus ojos, que se habían convertido en un par de imanes para los suyos propios, de forma que cada vez que estaba cerca de la chica acababa buscando su mirada. Aunque ella la desviara rápidamente al notar el contacto visual, como estaba haciendo en ese mismo momento.

Oliver esbozó una sonrisa y desvió la mirada también. Aquel cosquilleo en la boca del estómago no le era ya tan desagradable.

Katie también sonreía, realmente sin saber por qué. Aquel segundo que sus ojos habían conectado con los del chico había sido como un soplo de aire fresco. Sólo había sido un segundo puesto que ambos habían retirado la mirada casi al mismo tiempo, pero ese mísero segundo la había hecho sonreír.

Y quizás el momento podría haber durado algo más, incluso alguno de los dos habría intentado abrir la boca para algo más que para comer y habrían roto el silencio de mutuo acuerdo, pero al parecer el despertador de la mitad de la casa Gryffindor había sonado hacía poco. La mesa ya no fuesu mesa y de nuevo volvieron muchos compañeros a acercarse para comentar el partido del día anterior.

Oliver estuvo tentado de pedirle a los dos chicos de quinto que se marcharan, que lo dejaran solo como había estado antes y que comentaran el partido después. Quería quedarse como había estado hacía un momento con Katie, para aclararle aquel punto sobre Alicia que aún no había podido negarle. Pero a los chicos de quinto pronto se les unieron dos más de séptimo e incluso el capitán de Ravenclaw, que había ido a felicitarle y a pedirle encarecidamente que ganaran a Slytherin. Aquello ya no era desayuno, no desde que Oliver tardó un cuarto de hora en poder tomarse una cucharada de cereales. Y las críticas y comentarios que tiempo atrás le habrían hinchado el pecho de orgullo, ahora le parecían absurdos, como si no encajaran con él.

De vez en cuando volvía su mirada hacia Katie, pero ya no se cruzaron más. Primero porque ella se afanaba en no prestarle atención y después porque aparecieron Alicia y varias chicas más y Katie dejó de estar sola.

Cuando Alicia terminó de desayunar, Katie se levantó con ella y ambas se marcharon a la sala común, con la intención de acabar los deberes que se les habían ido acumulando a lo largo de la semana. Antes de salir, la chica giró la cabeza y observó a Oliver. Estaba sentado, rodeado de gente que le comentaba jugadas del día anterior y se rascaba la oreja izquierda distraídamente, como hacía cada vez que no estaba prestando atención a algo. Katie siguió su camino, sonriendo y preguntándose cuándo había empezado a fijarse en aquellos detalles del chico.

- Esto es la gloria. – murmuraba Alicia un par de horas después, con un montón de pergaminos en las manos y la mochila colgándole al hombro.

- Hace algo más de frío, pero es mejor que estar allí dentro con todos hablando y sin poder concentrarse en terminar el dichoso ensayo. – Katie soltó su mochila en el suelo y se sentó en la silla que había al lado de la que había elegido su amiga.

Se habían tenido que ir de la sala común para poder terminar el ensayo de Encantamientos que tenían que entregar al día siguiente. Casi todo Gryffindor estaba en aquella habitación, unos intentando hacer deberes y el resto pasando el domingo sin más. Pero con tanto ruido ninguna de las dos podía concentrarse en la tarea, así que cogieron sus cosas y salieron en busca de otro lugar. Podían haberse acercado a la biblioteca, donde el ruido no les iba a molestar en absoluto, pero ninguna era muy dada a aparecer por allí si no era estrictamente necesario, así que decidieron buscar otro sitio. Y encontraron un aula un par de pisos debajo de su torre que estaba ocupada sólo por unos cuantos alumnos de Hufflepuf.

- ¿Tienes a mano los apuntes del último día de clase? Creo que no llegué a coger todo lo que dijo, porque no entiendo esto del final.

Katie rebuscó entre sus pergaminos y le dio a su amiga uno de ellos, sin mediar palabra. Alicia lo cogió y le dio las gracias, pero Katie ya estaba mirando de nuevo su ensayo y no le prestó atención. La chica frunció el ceño, preguntándose por qué su amiga de pronto estaba tan rara con ella. Porque la noche anterior cuando había subido de la fiesta se la encontró tendida en la cama, con un gesto muy serio y se acercó a preguntarle qué le pasaba. Katie simplemente la miró y se dio la vuelta en la cama, sin contestarle. Y aquella mañana la situación no estaba mejorando. Katie le hablaba, sí, pero únicamente porque le respondía a lo que ella le preguntaba, no porque iniciara una conversación por sí sola. Alicia estaba preocupada, pero no podía preguntarle qué le pasaba en la sala común, con media casa allí y los gemelos con las antenas puestas para ver si pillaban algo. Así que en parte por eso había sugerido lo de salir de allí y buscar otro lugar para terminar los deberes, para tener más “intimidad”. Pero ahora que habían llegado allí, Alicia no sabía cómo sacar el tema sin parecer una cotilla. Porque estaba casi segura que se trataba de Oliver y después de aquel episodio donde su amiga había creído que a ella le gustaba el chico, Alicia tenía cierto temor a comentarlo. Conociendo a Katie como la conocía, podía interpretar sus palabras de mil formas distintas antes de entender de verdad lo que significaban.

- Oye Kat. – comenzó lentamente, dejando la pluma a un lado. Su amiga levantó la vista del pergamino y la miró. – Estos últimos días estás un poco... ¿cómo decirlo? Estás que no eres tú.

Katie abrió los ojos por la sorpresa y sus labios se crisparon en una mueca.

- Quiero decir, que estás más callada que de costumbre. – continuó Alicia al ver que la otra chica no hablaba. – Incluso estás ... estás siendo antipática, Kat, y tú no eres así. Si te pasara algo, me lo contarías¿verdad?

- ¿Qué yo estoy cómo? – Katie desvió la mirada rápidamente y se puso a escribir de nuevo, hablando al mismo tiempo pero sin mirar a su amiga. – Sois vosotros, que estáis pensando cualquier cosa de todo lo que veis de mí. Si hablo mucho, porque no me callo; si no hablo, porque soy antipática. – hizo una pausa. – Estoy bien, no me pasa nada.

- ¿Seguro? – insistió Alicia, apartando el pergamino y apoyándose sobre la mesa. – Sabes que puedes contarme lo que sea.

- Seguro, pesada.

Alicia sabía que no era verdad, pero decidió darle un respiro antes de intentarlo otra vez.

- Es que es tan aburrido que seas así, Kat. Ya no te ríes con las bromas de los gemelos y de tanto fruncir el ceño te va a quedar una arruga permanente.

Katie dejó de escribir.

- Hace diez minutos te dije que estoy bien. No hay necesidad de repetirlo. – aseguró, con brusquedad.

- ¿Ves? Es eso mismo, Kat, mira el tono que estás usando conmigo. – señaló Alicia. – Te pasa algo. ¿No confías en mí?

Katie sabía que decir “sí, claro que confío, pero no me pasa nada” podría ser el fin de la conversación y eso le parecía una gran idea. Pero también tenía ganas de gritarle a su amiga que no, que no estaba segura de confiar en ella porque los celos la hacían pensar así. Que se sentía mal por desconfiar pero no podía evitarlo, porque ya le había dicho una vez que a ella no le gustaba Oliver pero no tenia forma de creérselo en ese momento. Y Alicia la vio dudar tanto que se sorprendió.

- ¡No confías en mí! – se quejó en voz baja, para no molestar a los demás.

- No es eso. – se excusó Katie, sintiéndose culpable y enfadada al mismo tiempo. – Pero es que...

- ¿Pero qué, Kat? No recuerdo haber hecho o dicho nada para que no confíes en mí.

- ¡Me dijiste que no le gustabas! – masculló finalmente Katie, no aguantando más. – Y es mentira, Alicia, es mentira.

- ¿Cuándo te dije yo que no le gustaba? – se extrañó la otra chica. – Te dije que él no me gusta a mí, no al revés.

- Pero le gustas, Alicia. – se obstinó Katie, cruzándose de brazos.

Alicia entonces esbozó una sonrisa de satisfacción.

- Y eso a ti te molestaría mucho¿verdad?

- ¡Claro que me molesta! – respondió Katie enseguida, sin darse cuenta de lo que estaba admitiendo.

- Porque claro, si yo le gustara a él sería un problema, porque él te gusta a ti.

Alicia ya no podía contenerse, miraba a su amiga con una sonrisa divertida y se echó a reír cuando Katie abrió los ojos de par en par y se tapó la boca con una mano.

- ¿Sabes? Podría enfadarme contigo por haber tenido que sacarte esta confesión a la fuerza y no habérmelo contado antes, estaría en mi derecho. – declaró Alicia unos minutos después.

- Pero no lo harás. – adivinó Katie.

- No, no lo haré. Porque estás en babia y no te enteras de nada y sería una lástima que encima me enfadara contigo. – suspiró y cogió de nuevo la pluma que había dejado a un lado. – Y enfadada contigo no podría decirte que estás completamente equivocada, porque yo a Oliver no le gusto para nada.

Katie abrió la boca para decir que no estaba de acuerdo, pero Alicia se le adelantó y la hizo callar con un gesto.

- Lo sé y punto. – su tono no daba opciones a una réplica.

Después de unos segundos en silencio volvieron a sus deberes. Alicia resoplaba de vez en cuando, al pensar en las cosas que se le pasaban por la cabeza a su amiga.

ooo

Al día siguiente Oliver empezó a preguntarse qué había hecho él para que todo el mundo pensara lo mismo.

Había salido de la clase de Pociones hablando con un compañero de Hufflepuf sobre el ejercicio que les había pedido Snape. Ninguno de los dos estaba muy seguro de conseguir acabarlo a tiempo y lo estaban comentando cuando un tercer chico se les unió a la conversación. Oliver, nada más verlo, se puso tenso.

Era Marc Sage, Ravenclaw. El chico al que había visto con Katie.

- Oye Wood, me han dicho que tú podrías dejarme los apuntes sobre aquel Filtro de la Muerte que vimos la semana pasada, que los tuyos son los mejores. – intervino Marc, cortando de raíz la conversación que los otros dos chicos estaban manteniendo. – Es que me harían falta completarlos para el ensayo de esta semana.

Oliver, aquel compañero amable que no dudaba en dejarte los apuntes cuando fuera necesario, se agachó no sin cierta reticencia y puso su mochila en el suelo para buscar mejor en su interior. El chico de Hufflepuf se despidió de ambos, alegando que tenía una clase al otro lado del colegio, de forma que Oliver se quedó a solas con Marc. Éste lo estaba observando desde lo alto, frunciendo el ceño y para nada entusiasmado con tener que pedirle a él, precisamente a él, aquellos apuntes. Pero los necesitaba y eran tan pocos en aquella clase, que del único que se fiaba realmente era del Gryffindor. Así que había hecho de tripas corazón y se había dirigido a él justo al salir de clase.

- Aquí los tienes. – respondió Oliver un par de minutos después, entregándole unos cuantos pergaminos con las esquinas dobladas. Su tono de voz no era para nada amistoso cuando le pidió que no tardara en devolvérselos.

- No te preocupes. – repuso el otro chico vagamente. – Los copio ahora y a la hora de la cena te busco en el comedor para devolvértelos.

Oliver estuvo a punto de decirle que vale, que estaba de acuerdo, pero de pronto una imagen de la mesa de Gryffindor le vino a la cabeza y negó, enérgicamente.

- Mejor me los das mañana, en Encantamientos. – sugirió con brusquedad.

Marc asintió sin estar demasiado convencido, pero guardó los pergaminos entre los suyos propios y se colgó la mochila al hombro. Quiso felicitarle por el partido del día anterior, pero tenía una duda... Era más bien una curiosidad que recordó en aquel momento, justo cuando Oliver se estaba colgando la mochila al hombro, listo para irse. Y el Ravenclaw no era un cotilla, ni le interesaba demasiado la vida del otro chico, pero en su cabeza aún resonaba la duda de una chica y ahora que tenía la oportunidad, quería resolverla él mismo.

- Ey Wood. – lo llamó, consiguiendo que el aludido se diera la vuelta para mirarle. – Sé que no es asunto mío pero... la chica que te gusta es Alicia Spinnet¿verdad?

Oliver parpadeó un par de veces antes de aceptar que sí, que aquello estaba pasando en realidad. Con los ojos muy abiertos y el semblante rígido, el chico se quedó mirando a Marc unos segundos y después se dio la vuelta, contestándole cuando ya estaba de espaldas a él.

- Tienes razón, no es asunto tuyo.

Y se marchó a paso rápido, dejando al otro chico con cara de circunstancias.

¿Por qué todo el mundo creía que a él le gustaba Alicia? Con la de chicas que había en el colegio, en Gryffindor¡en su clase! Y todos iban a coincidir en la misma y no podía ser casualidad. Él pensaba que no había hecho nada para dar pie a aquello, pero ya empezaba a tener serias dudas. Se acordó de Katie, que también pensaba lo mismo, y se dijo que tenía que arreglar aquello. Que una cosa era no decirle que ella era quien le gustaba y otra muy distinta era dejarla pensar que le gustaba otra chica.

A ese paso no iba a poder mirar a Alicia a la cara sin sentirse culpable de alguna forma.

ooo

Esa misma noche, después de la cena, Oliver se encontró con los gemelos Weasley mientras subían a la torre. Al principio les siguió en la conversación que estaban manteniendo acerca de Filch y aquel cuarto donde guardaba todo lo que requisaba, pero en un momento dado, Alicia y Katie se cruzaron con ellos por las escaleras.

- ¡Vais muy tarde para cenar! – les gritó Fred al pasar.

Las chicas no hicieron mucho caso y continuaron su descenso a toda velocidad. Los gemelos se echaron a reír y Oliver pensaba que era por alguna broma interna entre ambos, pero al darse la vuelta para continuar con el camino, se dio cuenta que lo estaban mirando a él.

- ¿Qué? – les espetó el chico, molesto al sentirse observado.

- Nada. – repuso George, reanudando la marcha.

- Esas caras no son de nada. – insistió Oliver.

Pero sólo obtuvo unas risitas como respuesta y eso le irritó.

- Son de algo, y ya podéis estar diciéndomelo a la cara en vez de correr a contárselo a Angelina.

Los pelirrojos se detuvieron súbitamente, se dieron la vuelta despacio y miraron al chico desde la altura que les otorgaban unos cuantos escalones. Se miraron entre ellos, primero serios y luego esbozando una sonrisa socarrona.

Oliver, recordando de pronto la conversación con Marc aquella mañana y a las dos chicas bajando las escaleras sólo unos minutos atrás, tuvo una especie de revelación.

- ¡Vosotros también pensáis que me gusta Alicia! – exclamó, sorprendido.

Los gemelos no dijeron nada, no movieron un solo músculo de su cara, sin negar ni confirmar aquello. Pero Oliver, impaciente y algo alterado, sacó sus propias conclusiones.

- Lo pensáis. – confirmó, en un tono más bajo.

Tampoco recibió respuesta entonces.

Cansado de esperar que alguno de los dos hiciera algo más a parte de mirarle con aquella superioridad que lo estaba poniendo nervioso, Oliver arrancó a andar de nuevo, dejando atrás a sus compañeros.

Unos segundos después, la voz de George sonó a sus espaldas, aunque él no se diera la vuelta para verlo hablar.

- Nosotros no hemos dicho nada, aunque por el bien del equipo, y de la salud mental de algunos de sus integrantes, esperamos que no sea ella quien te guste.

Oliver continuó caminando, deseando llegar a su cama y no cruzarse con nadie más. Dejó escapar un suspiro. Aquella confusión tenía que acabarse, pero estaba claro que si no lo hacía él, no se acabaría nunca.

Cuando cruzó el retrato y entró en la sala común, los gemelos le seguían los talones y el chico lo sabía, pero no dijo nada y fue directamente a su habitación. Ni siquiera respondió a la muda pregunta de los ojos de Angelina, con la que se cruzó al pie de las escaleras que conducían a las habitaciones.

La chica esperó que Oliver desapareciera tras una puerta para darse la vuelta y encarar a los dos Weasley.

- ¿Y bien? – les preguntó en voz baja.

- ¿Bien qué? – Fred se sentó en uno de los sillones cercanos. – Por una vez...

- Y sin que sirva de precedente. – acotó George.

- Nosotros no tenemos nada que ver con la cara de capitán enfurruñado que trae Oliver esta noche. – terminó Fred.

- ¿No le habéis dicho que...

- No ha hecho falta, Angelina. – respondió Fred sin dejar terminar a la chica. – Nos cruzamos con las chicas y no nos ha dado tiempo a decirle nada.

- Está comprobado. – le anunció el otro gemelo. – Cree que todos pensamos que le gusta Alicia.

- Y alguna de nuestras fuentes nos han confirmado que no sólo cree que nosotros pensamos que le gusta Alicia; sabe que hay alguien más que lo piensa.

Angelina se dio la vuelta para mirar a George. El chico tenía una sonrisa maliciosa cuando se inclinó hacia delante para ver mejor a los otros dos.

- Y no adivinarías quién es.

La chica miró a uno y a otro, luego disfrutó de aquel momento en que ellos pensaban que tenían el poder del conocimiento, se hizo la que no sabía nada y cuando George estaba abriendo la boca para hablar, Angelina esbozó una sonrisa pícara.

- Marc Sage, séptimo curso de Ravenclaw. – respondió la chica cruzándose de brazos y guardando en su memoria las caras atónitas que tenía repetidas frente a ella. – No sois los únicos con fuentes en este colegio.

- La cuestión es... – prosiguió Angelina unos segundos después. – Podemos esperar a que Oliver haga algo al respecto o podemos hacerlo nosotros.

Los gemelos se miraron entre sí y luego miraron a la chica. Quizás podían darle un margen de tiempo a Oliver.

ooo

El siguiente lunes al atardecer acabaron el primero de los últimos entrenamientos que Oliver dirigiría al equipo de Gryffindor. Había pasado sólo una semana desde el último partido y aún faltaban unas cuantas más para el siguiente, pero el chico quería tenerlo todo controlado. Además, había tenido que adelantar aquel primer entrenamiento por una razón bien distinta, aunque jamás lo habría admitido.

Había intentado hablar con Katie durante los últimos siete días. Porque todo el mundo pensaba que a él le gustaba Alicia y en realidad eso le importaba poco, lo realmente importante era que Katie lo pensaba también y a ella tenía que aclarárselo. Pero por unas cosas u otras, nunca había tenido posibilidad de decírselo. Primero le había costado bastante acercarse a ella con intención de no hablar de quidditch; superada esa primera prueba, Oliver se tuvo que enfrentar al hecho de que la chica esquivara las conversaciones en las que tuviera que usar más de dos monosílabos seguidos. Luego estaban los dichosos horarios, que habían vuelto loco al chico antes de encontrar una hora libre que ella también tuviera. El sábado por la mañana, cuando Katie abandonó la sala común nada más sentarse él al lado de ella y de Alicia, Oliver se dio por vencido.

Si todo aquello le fallaba, tendría que usar el poder que le otorgaba su insignia de capitán.

El equipo se sorprendió al saber que tenían entrenamiento, pues normalmente Oliver dejaba un margen de semana y media o dos semanas antes de empezar a preparar el siguiente partido. Pero nadie se atrevió a quejarse, en parte porque sabían que era su última oportunidad de conseguir la copa y en parte también porque Oliver estaba muy susceptible los últimos días. Así que entrenaron durante algo más de una hora, todos pendientes en exceso de que su capitán hiciera algo. Pero no pasó nada. No dijo nada fuera de lo normal, no gritó, no discutió con nadie, ni siquiera regañó a Fred por intentar colarle una bludger por los aros de gol como si fuera una quaffle.

Y todos cruzaron miradas con todos, preguntándose si alguno de los demás sabía qué le pasaba a Oliver aquella tarde.

Acabaron el entrenamiento sin novedades y mientras iban hacia los vestuarios, Angelina, Alicia y los gemelos se quedaron algo rezagados para comentar lo que no había sucedido. Harry, que iba cerca de ellos, estaba atento a lo que decían, aunque mantuvo su boca cerrada y la mirada al frente, haciendo como que no escuchaba nada. Después le pareció más interesante ver cómo a pocos metros de él, Oliver estaba hablándole a Katie con gesto serio.

Entraron en los vestuarios y casi todos fueron directos al armario para guardar las escobas y así poder volver al castillo. Pero Oliver se había llevado a Katie a un lado y le estaba indicando algo sobre su famosa pizarra. Parecía una estrategia que, por la cara que estaba poniendo ella, no terminaba de gustar a Katie.

Harry terminó de guardar su escoba y se sentó en el banco atándose los cordones de los zapatos, giró la cabeza un poco y observó la escena. Tosió ligeramente y nadie le hizo caso. Tosió una segunda vez y al momento los ojos de Angelina, Alicia y los gemelos estaban sobre él. Harry sonrió interiormente y repitió el movimiento de cabeza, indicándole a los demás hacia dónde debían mirar.

- Pero no entiendo por qué quieres que haga un pase ahí, si es más fácil y más rápido colar la quaffle si hago una finta y disparo. – decía Katie, de pie frente a la pizarra que Oliver le estaba señalando. – Marcaremos más rápido si no tengo que pasarle la pelota a las chicas. Ese pase lo puede interceptar perfectamente cualquiera de los cazadores de Slytherin.

- Porque haces muchas fintas y eso es lo que ellos van a estar esperando. – respondió Oliver sin alzar la voz.

- ¿Eso es una crítica? – preguntó la chica, hostil.

- Eso es que haces muchas fintas, Katie, nada más.

Angelina y Alicia cruzaron una mirada en ese momento y esbozaron una sonrisa. Oliver había dicho Katie, no Bell.

- ¡Entonces es una crítica! – se oía quejarse a la chica.

En ese momento Harry terminó con su el cordón que supuestamente tenía suelto y se levantó. De fondo se escuchaban las voces de Katie y Oliver, discutiendo acerca del número de fintas que la chica solía hacer. Harry les observó un momento y luego se dio la vuelta hacia sus otros compañeros.

- ¿No deberíamos irnos? – le preguntó el moreno en voz baja a Alicia, que estaba justo delante de él.

La chica le miró sorprendida, pero asintió. Cuando entre ambos consiguieron sacar a los gemelos y a Angelina de los vestuarios, Alicia se acercó a Harry, le pasó un brazo por los hombros y le dijo algo al oído.

- Vas mejorando Harry, vas mejorando.

El moreno simplemente se encogió de hombros y siguió caminando.

Y mientras el resto del equipo abandonaba los terrenos del colegio para entrar en el castillo, Oliver y Katie seguían ajenos en su particular conversación. Sólo cuando la chica se volvió con intención de preguntarle a Angelina si era cierto que hacía tantas fintas, se percataron que los habían dejado solos en los vestuarios.

- Da igual, ya se lo preguntaremos después. – repuso la chica con el mismo tono hostil de antes. – Pero creo que con esa estrategia te vas a equivocar, no deberíamos desperdiciar tiempo. Es lo que se supone que debemos hacer¿no? Marcar todo lo que podamos y estar siempre por delante hasta que Harry coja la snitch.

- Sí, es lo que se supone que hay que hacer. – respondió Oliver vagamente, recorriendo con la mirada todos los rincones de la habitación. Tras comprobar que no había nadie de verdad, devolvió su atención a la chica. – Pero Flint nos tiene muy estudiados a todos, así que creo que estaría bien cambiar un poco para despistarlos.

La chica frunció el ceño y puso cara de no estar de acuerdo, pero en el fondo ya no sabía si estaba conforme o no con lo que él quería hacer en el próximo partido. Lo único de lo que estaba segura era de que mataría al que hubiera tenido la idea de dejarlos allí solos. Ahora no se le ocurría ninguna excusa decente y lógica para salir de allí, corriendo, como tenía pensado.

- Katie¿estás bien? – la voz de él hizo que la chica se volviera bruscamente y le prestara atención.

- Sí, no es... no es nada. – respondió de forma distraída, echándole un último vistazo a la puerta. ¡Qué lejos le parecía en aquel momento!

Oliver respiró hondo y decidió que, o hablaba en aquel momento, o la chica saldría corriendo cuando menos se lo esperara.

- Esto...sobre lo que hablamos la otra noche... – empezó, con lentitud. – Yo quería...

- ¿La otra noche? – le interrumpió ella, aparentando una serenidad que en realidad no sentía. ¿Por qué tendría que sacar el tema justo en aquel momento? Necesitaba una puerta más cerca. Ya.

- La noche antes del partido. – le recordó Oliver, un tanto confuso puesto que había esperado que ella lo recordara. Había sido la última vez que habían cruzado más de dos frases en la última semana.

Katie se dio la vuelta totalmente, quedando frente al chico. Su voz suplicaba interiormente que Oliver no fuera a hablarle de Alicia. Pero aquel no parecía ser su día.

- Quería hablarte sobre aquello que me dijiste sobre Alicia.

En aquel instante Katie se preguntó para qué pensaba ella en nada. Antes pensaba, antes sacaba él el dichoso tema de Alicia.

Oliver se detuvo, mirando a la chica y esperando que ella dijera algo, una acotación, una pregunta, una queja del tipo “no-me-importa-tu-vida”... Pero no llegó. Ella le estaba mirando a la cara pero no a los ojos, lo cual él agradecía en cierta forma. Aún así, pensó que quizás la chica no recordaba la conversación, no sería tan descabellado. Que él no pudiera borrar de su memoria cada una de las veces que habían hablado no significaba que ella tuviera que hacer lo mismo.

- ¿Recuerdas lo que hablamos?

Katie resopló, ligeramente indignada a todas la vueltas que él estaba dando para pedirle lo que estaba segura iba a pedirle. Cansada de esperar ese “ir al grano” que no llegaba, ella misma decidió adelantarse.

- Sí, claro que me acuerdo. – respondió, ahora sí mirándole a los ojos durante un segundo. Luego desvió un poco la vista y continuó. – Y desde ya te digo que no te voy a ayudar con Alicia. Siento ser tan brusca, pero con ella lo tienes difícil.

- ¿Difícil? – repitió Oliver, entre sorprendido y desconcertado. – No era eso lo que...

- Sí, ya. – Katie volvió a interrumpirle, esta vez dando un paso hacia delante y alejándose un poco del chico. – Tu forma de pedirlo seguro que no habría sido tan directa, pero en el fondo es lo que querías decirme. Te gusta Alicia, lo sé, pero no te esfuerces porque el sentimiento no es mutuo.

Él se quedó anonadado, no sólo por lo que la chica le estaba contando, por la película tan grande que se había montado en unos segundos ella sola, sino también por lo brusca que sonaba. Era casi cruel. De haber sido Alicia la chica que le gustaba, Oliver estaba seguro que habría salido desmoralizado de allí.

Katie quería salir corriendo de aquel lugar, pero sus piernas no le respondían y al mismo tiempo una voz en su cabeza le estaba reprendiendo por ser tan brusca, por pisotear las ilusiones del chico. Al final consiguió dar un par de pasos y fue la voz de él quien la detuvo.

- ¿Por qué demonios piensas que te pediría algo así? – se notaba molesto de nuevo. – Además, no sé la manía que os ha dado a todos por que a mí me guste Alicia.

Katie se giró un poco y observaba al chico con los ojos entrecerrados, desconfiada.

- No es que no pudiera gustarme, Alicia es una gran chica. – se apresuró a añadir Oliver, malinterpretando la mirada hosca de la chica. – Pero no sé por qué todos piensan que me gusta.

- ¿No dices nada? – preguntó él de nuevo, viendo que Katie no tenía muchas intenciones de hablar.

- ¿No te gusta Alicia entonces? – cuestionó Katie con recelo.

- No.

- Pero... ¡¿cómo que no?! – exclamó la chica de pronto. – Es decir... – Katie miró a uno y otro lado y se sintió muy estúpida de repente. Ahora sí que iba a salir de allí corriendo. – En fin, que no te gusta, vale. Asunto aclarado. Me ... me voy a ... a ... a terminar los deberes. Sí, eso, los deberes.

Y titubeando, consiguió formar aquella frase sin sentido y salió a toda prisa de la habitación.

Oliver permaneció un minuto allí de pie, solo, en medio de un vestuario casi a oscuras y preguntándose por qué ella se había ido corriendo. Otra vez. Había vuelto a no dejarle terminar.

ooo

Katie caminaba lo más deprisa que sus piernas le permitían para dejar atrás el campo de quidditch y llegar cuanto antes a su habitación. Tenía ganas de que se la tragara la tierra. ¿Cómo se le había ocurrido decirle a Oliver que ella no le ayudaría con Alicia? No le había dejado hablar y explicarse y él ahora estaría pensando que estaba loca, o algo peor.

Aún así, Katie no pudo evitar pensar en algo positivo, lo único positivo que podía sacar de aquella conversación. A Oliver no le gustaba Alicia. Al menos podría tomarse aquello como un pequeño consuelo.

Estaba pensando en ello tan ensimismada que no escuchó los pasos de alguien a sus espaldas, alguien que venía corriendo, alguien que susurraba su nombre. Alguien que llamó su atención cogiéndola por un brazo.

- Como te vuelvas a ir dejándome con la palabra en la boca, te paralizo.

Allí estaba Oliver, con una sonrisa titubeante y la mano aún sujetando el brazo derecho de la chica. Katie había abierto los ojos de par en par, totalmente descolocada por el súbito arrebato del chico; arrebato que no estaba muy segura de comprender.

- Si la otra noche no te hubieras ido corriendo te habría dicho que no, que no me gusta Alicia. – se explicó él, soltándola del brazo. Sabía que decirlo todo de golpe sería más fácil, pero necesitó abrir la boca varias veces hasta que consiguió producir sonido alguno. – Seguramente te habrías ido corriendo de todas maneras, pero por lo menos te hubieras ido sabiendo quién es la chica. La de verdad.

- No es necesario que me lo cuentes. – murmuró Katie, sintiendo que se le hacía un nudo en el estómago. No le era una sensación desconocida. – Quiero decir, no soy una cotilla como Angelina o los gemelos, no necesito saberlo.

Él dio un paso adelante.

- Te lo voy a decir de todas maneras.

- Ah¿sí¿Por qué? – a Katie apenas se la oía, su voz era menos que un murmullo. Ya no sabía qué decir, él estaba cerca, demasiado cerca.

Oliver dio otro paso y, entornando los ojos para no ver si ella salía corriendo, susurró.

- Porque no es Alicia, eres tú.

El silencio que siguió a aquella confesión era tan ensordecedor que no resultaba natural. Oliver terminó de abrir los ojos y le hizo un gesto a la chica dándole a entender que ya podía hablar. Pero Katie, que tenía la boca entreabierta pero no decía nada, se estaba repitiendo en silencio lo que acababa de oír. Una vez, otra y otra más. Y le seguía sonando tan raro que no sabía catalogar muy bien los sentimientos que estaban luchando dentro de ella. El nudo en el estómago había desaparecido por arte de magia, se sentía más aliviada, como si se hubiera quitado un peso de encima, pero algo no terminaba de encajar. Él era Oliver, Oliver Wood, el alumno de séptimo curso de Gryffindor que era atractivo y que no se daba cuenta de ello, el que tenía un sentido del humor un tanto oculto pero divertido. Él era aquel chico que no se enteraba de cuándo estaban intentando ligar con él.

No podía ser que ahora fuera él quien estuviera ligando. Imposible, simple y llanamente. Aquel tipo de confesiones no estaba en su repertorio de frases, un repertorio que Katie se jactaba de conocer bastante bien. Y por eso, después de unos segundos que al chico le parecieron casi horas, a ella le dio por reaccionar.

Rió. Una gran carcajada como las que solían provocarle alguna de las bromas de los gemelos. Cerraba los ojos de forma instintiva, por eso no podía ver la cara que se le había quedado a él. Indescifrable.

Oliver había esperado muchos tipos de reacciones: que saliera corriendo, que sonriera de medio lado y le dijera que el sentimiento no era mutuo, incluso había imaginado una escena donde ella le pedía disculpas por no sentir lo mismo y le pedía que fuesen amigos, sólo amigos. Todo muy trágico, pero en un ser ligeramente pesimista como era él, la escena de Katie sonriendo sonrojada y admitiendo que él también le gustaba había ocupado muy poco espacio en su mente. No era la que tenía mayor probabilidades de suceder.

Pero¿que se riera como si le acabara de contar un chiste? Eso sí que no lo había planeado.

Sin embargo, a Katie no le duró demasiado el episodio divertido. No tuvo más que abrir los ojos y ver la cara del chico cuando se dio cuenta que era verdad. No era una broma, una venganza por lo cruel que había sido unos minutos antes. Era verdad. Ahora sí quería que la tierra se la tragara, pero enseguida.

- No pensé que te resultaría tan divertido. – dijo él, con un rictus serio y las manos metidas en los bolsillos. A la chica le recordó a cuando daba los discursos antes de cada partido.

Abrió la boca, todo rastro de sonrisa eliminado por completo, pero no fue capaz de hablar. Sabía que una disculpa se hacía necesaria, pero el nudo anteriormente alojado en su estómago había decidido mudarse a su garganta e incluso le estaba costando trabajo tragar. Cerró los ojos, respiró profundamente y por fin un sonido salió de sus labios.

- No quería reírme, es que no pensaba que fuera en serio. – se disculpó, abriendo finalmente los ojos, primero uno y luego otro, con cierto temor.

El chico no dijo nada, únicamente enarcó la ceja derecha y esperó. Ella resopló.

- Es que... tiene su gracia. Tú que nunca te enteras de nada y que ahora de repente... pues, eso, que de repente admitas que sientas algo.

- No vas por buen camino. – le advirtió Oliver con tono pausado.

- Bueno, no esperarás que no desvaríe o que no me vaya por las ramas cuando en menos de diez minutos descubro que mis celos por Alicia eran estúpidamente infundados (y gracias a los cuales he pasado días interminables) y que el capitán de mi equipo de quidditch, el serio y siempre crítico Wood, siente algo parecido a lo que yo siento. No es algo que se vea todos los días, sinceramente. – la chica habló con rapidez, gesticulando con las manos y esperando que él notara el matiz de lo que estaba diciendo, pues no se creía capaz de hacer una confesión en toda regla.

Y por primera vez en toda la tarde, Oliver sonrió, sin titubeos, sin medias tintas. Sonrió abiertamente, de verdad. Katie sintió que las rodillas le temblaban al verle con aquella sonrisa, parecida a la que lucía cuando ganaban un partido pero más intensa, más íntima. Y no pudo evitar sonreír ella también, como una boba, pero sin apartar la mirada y con el corazón latiéndole tan fuerte que creía poder escucharlo.

Momentos después no recordarían quién fue el primero en acercarse, o quien cerró antes los ojos, pero estaban en mitad del campo de quidditch, con el sol escondido tras las montañas y sus cuerpos estaban tan juntos que a lo lejos nadie podría distinguir dónde acababa Oliver y dónde empezaba Katie. Las manos del chico la sujetaban fuertemente por la cintura, como si tuviera miedo de que ella pudiera escabullirse y salir corriendo. Lo que Oliver averiguaría algo más tarde era que Katie no había pensado en ningún momento en escapar. Había desechado la idea en cuanto alcanzó a acariciar el pelo de la nuca de él, justo un momento antes de que sus labios se fundieran en un beso intenso, tierno y que duraría más de lo que ambos habían imaginado en sus más ocultos deseos.


Ligeramente más extenso que los capítulos anteriores, aquí he marcado el punto y final del fic. No sé qué os habrá parecido, si era como lo imaginabais o si es una reverenda estupidez de final xD A mí me gusta y aunque podría continuar muchos capítulos, con más enredos y demás, así era como lo imaginaba yo esta vez. La primera incursión en esta pareja que, después de seis capítulos, he tenido que ponerla en mi lista de favoritas.

He de admitir que iba a hacer un epílogo (me cuesta no seguir escribiendo de ellos!) pero a medida que lo he ido avanzando me pegaba menos... Y es porque, como ya he dicho antes, ya tenía una idea para el final del fic y todo lo que escribo a partir de ahí, no me gusta como queda. Así que definitivamente, aquí nos quedamos. Espero que hayáis disfrutado leyendo. Yo no me voy a cansar de dar las gracias por todos vuestros comentarios, así que GRACIAS! Por todo, porque no esperaba el apoyo que he tenido desde el principio, porque no creía que me divertiría tanto y... porque sinceramente, creía difícil que Oliver pudiera llegar a gustarme más de lo que ya me gustaba. Gracias a vosotros, a quienes leéis en silencio y no decís ni mú, a quienes leen desde el principio y me lo han hecho saber, a quienes lean cuando pase un tiempo y sobre todo, gracias especialmente a todos y cada uno de los que me habéis dejado esos ochenta y tantos reviews... qué fuerte! No creí que llegaría ni a los veinte xD

Y quizás cualquier día me dé por volver a hacer un fic de ellos... Mientras tanto, un gracias y un abrazo especial para:

Dry, Sara, Biank, Sig (Dubhesigrid), Nedia, Yasmini, Iamalonefordanny-19, , Nyissa, Ceciss, Sonylee, galletaa, RociRadcliffe, est-potter, MTBlack, Nathy2691, lalapotter, noe, Caperucita Roja, Heredrha, Lalwens, Alex Potter Malfoy, marta, Lyneth y Earwen Neruda.

Un beso enorme y ¡hasta la próxima!

Nasirid

Y si después de esta perorata (xD) os quedan ganas de darle al GO, me daréis una alegría :)



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