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Earwen Neruda
Author of 22 Stories

Rated: T - Spanish - General - Lily Evans P. & James P. - Reviews: 211 - Updated: 01-05-09 - Published: 11-05-07 - id:3875630

Quien mal anda, mal acaba

(O todo lo contrario)

No sabe cuando perdió el norte.

Se pregunta en qué momento exacto se le reblandeció el cerebro, la hora, el minuto y el segundo en que –después de seis años que se dicen rápido y pasan más rápido aún- dejó de prestar atención a su razón, su conciencia y en fin, al mundo en general para estar ahí.

Y no es que le importe dar un paseo por los terrenos un día cualquiera (aunque sea lluvioso, como ése, y el viento apenas le deje avanzar) con una persona cualquiera, pero no hace falta decir que ése no es un día normal y, desde luego, la persona que camina a su lado es de todo menos cualquiera.

- Por aquí, Evans.

La voz de James (serpenteante, caliente, casi líquida) sorprende a Lily más de lo que está dispuesta a admitir –y no confesará nunca-. Y no tiene nada que ver con que la piel se le haya erizado y (no lo ve, pero esas cosas se notan) las mejillas se le hayan coloreado, sino más bien con el silencio inusual, sobretodo en él, que reina desde que han traspasado las puertas del castillo.

Sus manos chocan accidentalmente con las de él, de vez en cuando sus caderas también se tocan, y James le mira, pero sigue sin decir nada.

Hay algo en sus ojos, algo que la asusta y le fascina al mismo tiempo. El algo que la ha hecho aceptar cuando él ha dicho en la sala común “Ven, Evans” y Lily sabe perfectamente que tendría que haberle gritado que ella no es un perro al que pueda darle órdenes y que tiene cosas mucho más importantes que hacer que seguirle donde quiera que vaya (como meter la cabeza en una olla de sopa hirviendo y dejarla ahí hasta que sus ideas se hayan aclarado), pero todo lo que le sale en ese momento es un “sí”que sabe que no olvidará nunca.

James se para en seco y ella choca contra su espalda. Se siente ridícula, comportándose como una colegiala estúpida frente a él. Y sinceramente, es una completa gilipollez porque ¿qué razones tiene para estar nerviosa?

Ninguna.

Porque no le asusta la tensión que flota en el aire, ni la mandíbula tensa de él ni nada que tenga que ver con que la haya visto con Severus, en la biblioteca.

No le asusta.

Porque James Potter (por muy popular y Merodeador que sea) no tiene ningún derecho a enfadarse, ni a hacerla sentir como si hubiera hecho algo rastrero e indecente viéndose con su amigo (porque pueden ser amigos a pesar del escudo de la serpiente en su túnica, y es algo que está cansada de repetir), como si fuera algo malo. Como si tuviera derecho a decirle qué debe y qué no debe hacer cuando ni siquiera pueden llamarse amigos, ellos dos.

Tarda unos segundos en darse cuenta de que el Sauce Boxeador ya no mueve frenéticamente sus ramas. Y curiosa como es, le encantaría poder preguntar –porque le pone de los nervios saber que hay cientos, miles de cosas que James ha descubierto ya y ella aún no conoce- cómo lo ha conseguido, pero él se ha sentado sobre la hierva mojada del suelo y se ha deslizado por una especie de tobogán, cayendo con un ruido sordo donde quiera que lleve el otro lado.

Sea lo que sea es ilegal, seguro. Pero la palabra ilegal no suena tan prohibida en su cabeza cuando piensa en la perspectiva de volver a Hogwarts sin él, así que se arremanga la camisa blanca por pura costumbre, porque el viento helado casi le cuartea la piel de los codos ahora descubiertos, coloca un mechón pelirrojo que se escapa de la coleta tras su oreja y se deja caer por el mismo hueco por el que el del pelo negro ha desaparecido momentos antes.

- ¿Qué es…? – intenta preguntar una vez sus posaderas han ido a dar poco delicadamente contra el duro suelo, pero la voz se le quiebra cuando James la coge bruscamente del brazo y la levanta.

Está cerca.

- Hazme un favor. No hables.

Muy cerca. Tan cerca que ella ni siquiera es capaz de enfadarse (ni un poco) por el tono cortante que ha utilizado antes de darse media vuelta y seguir caminando en la oscuridad del angosto pasillo en el que están ahora.

Está enfadado”, piensa para sí.

Entonces llegan hasta una puerta, y él la abre de una patada ante la imposibilidad de hacerlo de otra manera porque parece cerrada a cal y canto.

Muy enfadado” y algo se encoge dentro de ella lo suficiente como para hacerle daño.

La habitación es diminuta y sólo tiene un escritorio a punto de venirse abajo, dos sillas (cada una en una punta, de madera) y una ventana que no aporta luz alguna.

Y Lily es una de esas chicas que suelen fijarse en los pequeños detalles, pero no va a engañarse, los ojos furibundos de James opacan todo lo demás.

Traga saliva (no demasiado ruidosamente, no quiere que él la oiga) y se repite que “sigue siendo el mismo gilipollas de siempre” en su fuero interno, como si fuera una oración.

Pero a juzgar por lo estrangulada que suena su voz cuando por fin habla, no le sirve de mucho.

- No he hecho nada malo.

- Evans, hazte un favor. Cállate.

Es como un golpe que ella aguanta estoicamente, lo duro de su mirada. Se apoya en el escritorio porque de lo contrario, está segura, se caerá.

- Severus no es una mala persona. – sabe que el nombre de él no ha pasado desapercibido para James, pero continúa- Y no tienes derecho a…

- Se acabó.

Cuando lo dice, ella tiene miedo. Miedo porque no sabe a ciencia cierta lo que ese se acabó significa.

¿Se acabaron las insinuaciones¿las declaraciones de amor en el Gran Comedor¿Las bromas, los “cásate conmigo”,“eres la futura madre de mis treinta hijos”?

¿Es eso?

Le tiemblan las rodillas. No sabe si está preparada para que eso acabe.

- Que le jodan, a ese imbécil de Quejicus. – la voz de James es ronca y se cuela progresivamente en su oído mientras avanza hacia ella mirándola fijamente a los ojos- Yo ya no puedo más.

Se abalanza sobre ella, prácticamente.

Y normalmente a Lily le importaría que los dos terminen sobre el escritorio lleno de polvo, pero ahora le traes sin cuidado. Por muchas razones distintas (porque el pecho de James está caliente bajo su camiseta, porque sus manos de buscador están frías sobre la suya. Porque su lengua arde dentro de su boca y más abajo algo palpita y se dilata), pero sobretodo porque ese Evans que tan mal sonaba se ha convertido en miles de “Lily, Lily, Lily” susurrados por todas partes, desde el final de la mandíbula hasta el principio de sus pechos.

- Supongo que al final he caído. – murmura ella, a pesar de todo con humor entre beso y beso.

- No. – contesta él, y lo hace tan bajito que ella no atina a afirmar si de verdad lo ha dicho o se lo ha imaginado. – He caído yo.

Las manos de él se cuelan por debajo de su falda.

Las de Lily despeinan su ya de por si rebelde pelo negro.


Sólo una fatídica palabra: exámenes.
Una intenta ser más o menos puntual y conservar su dignidad, pero la geometría y los enlaces iónicos le sorben el seso y se olvida hasta de respirar (y ya de actualizar sus historias a tiempo ni hablamos).

Así que básicamente, esto es una disculpa pública por no haber contestado a vuestros mensajes. Imaginaros que me arrodillo y os beso los pies, porque quedará un poco raro si lo hago aquí sola, en casa. Igual mis padres terminan por convencerse de que estoy más para allá que para acá y me mandan a San Mungo. Ah, no, calla, que no saben lo que es.
(Es la triste, triste vida de la fangirl, vivir en la incomprensión. Aw)

Pero no divago más. Muchísimas gracias a todas vosotras;Sra. DanversLittle PaNdOra,sonylee, Yasmini, Luna712, GinNyLu, MarauderDesire, Angeles Radcliffe, McMafis, Sortilegios Weasley, MTBlack, La Innombrable y aLieNa.

Cada vez falta menos para Navidad. Y para el puente de diciembre. ¿No estáis de buen humor? Porque yo estoy RADIANTE.
Besos en polvo para todos,

Earwen Neruda



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