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Antes que nada quiero pedir disculpas a mis lectores por tanta demora. Muchos problemas han pasado, pero ahora lo iré actualizando cada dos semanas si me es posible. Gracias por la comprensión y todos sus review! Gracias a ellos es que sigo escribiendo mis mierdas XD
Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son del señor Masashi Kishimoto. Ahora Itachi y Deidara son otro tema XD
Nota del capítulo: En compensación al GRAN retraso de este fic, les traje 14 páginas!! No pueden quejarse ahora! En este capi hay ItaDei, un poco PeinKonan y PeinDei. Una cosa mas, no vengan en el review pidiendo SasoDei o TobiDei, son parejas que ODIO y por ningún motivo las pondré, este fic es exclusivamente ItaDei ¿ok?
Agradecimientos: Les agradezco enormemente a mis nuevas betas Kaz-san/Ibaia (mi mascota! ¬) y Uchiha-shei (mi perri cute!¬) por tomarse el tiempo y la santa paciencia corrigiéndome este intento de fanfic. Siéntanse ultrajadas y apapachadas por mi pervert persona!¬ kukukuku
Ai no Bijutsu
By Tabe-chan
Misión II: Acercamiento.
- Mm... Nada mal, nada mal... - Musitaba Kisame, observando al rubio de arriba abajo mientras caminaba en círculos alrededor de él.
- ¡Claro! Si fui yo quien lo confeccionó – alegó orgulloso Kakuzu, poniendo ambas manos en su cintura.
Aparte de sus grandes habilidades financieras, éste presumía también de buen costurero. Según él no había mejor diseño para las túnicas de Akatsuki que sus grandes obras maestras. Una túnica negra de pies a cabeza, decorada con majestuosas nubes rojas. En uno de sus hombros llevaba una cinta métrica de color amarillo patito y en su rostro lucía unas pequeñas gafas.
Sasori permanecía en silencio en uno de los costados de la pequeña habitación, observando con desgana la pequeña transformación que comenzaba a tomar su ahora reciente compañero. Itachi no era la excepción y al igual que sus otros camaradas miraba indiferente la escena. O quizás no tan indiferente.
- Bueno... tengo que admitir que le sienta muy bien el negro – musitó con una sonrisa el hombre azulado, no despegando su vista del rubio; que por cierto ya estaba comenzando a ponerse nervioso con todas aquellas miradas escrutadoras posadas sobre él -. Aunque... Creo que le queda un poco grande, ¿no?
Todos los presentes se miraron entre si. En el medio de la pequeña habitación se encontraba de pie Deidara, luciendo su nueva túnica como miembro oficial de Akatsuki. Solo que un pequeño detalle se podía ver en él: éste, se observaba algo hastiado las mangas de su túnica, que por cierto le quedaban un tanto largas. Alzó sus manos mostrándole a Kakuzu lo largas que estas le quedaban.
- Esto me va grande ¡un!- comenzó a remangarse los extremos de éstas, dejando al descubierto sus bocas –ellas también tienen que respirar ¡un!
Ambas bocas comenzaron a abrirse relamiéndose sus blancos dientes con sus lenguas. Un pequeño hilillo de baba resbalaba por una de éstas. Kakuzu observaba horrorizado esas bocas, sacándose al instante las pequeñas gafas que llevaba y haciendo una mueca de asco.
Todos se habían quedado en silencio y una pequeña gota resbalaba por sus sienes.
- ¡Mierda!- Kakuzu comenzó a repartir miradas de odio a sus compañeros, echándoles en cara la pequeña, em… ¿falta de información? A lo que los demás le respondieron con una encogida de hombros, o simplemente unas pequeñas risitas cómplices - ¡No pienso arreglarlo, que les quede claro!- le hizo señas a Deidara para que se quitara la túnica, lo cual el rubio acató comenzando a sacarse la susodicha.- Pensé que de algo nos serviría la túnica de Orochimaru, pero veo que ni para eso nos sirve – con furia tiro la capa nubada encima de la cama-, además la tela está cara a estas alturas y no pienso comprar una nueva
- Y, ¿Entonces que hago?-
Kakuzu centró su vista en la inerte figura del Uchiha.
- ¡¡Tú!!- alzó su mano señalándolo con su dedo índice, todos se sobresaltaron ante la inesperada reacción del avaricioso hombre. Girando sus vistas ahora al moreno - ¡¡Tú!!- volvió a repetir denotando un todo autoritario. En un súbito movimiento tiro del brazo a Deidara, colocándolo justo a escasos centímetros del Uchiha. – Ustedes tienen casi la misma estatura y la misma complexión - Todos se acercaron para poder corroborarlo con sus propios ojos.
Itachi lo miró a los ojos intensamente, penetrando aquellas hermosos y confusos orbes azules. ¡Dios! ¿Por qué tenía que mirarlo así? Odiaba tanto esos malditos ojos, esos ojos que por causas inexplicables iban ganándole terreno poco a poco. Aquellos ojos que misteriosamente, también iban hundiéndolo en su completa oscuridad
Esa oscuridad que tarde o temprano iba a terminar atrayéndolo. Frunciendo el entrecejo molesto, giró su rostro hacia uno de los costados, tratando de perder el contacto visual.
- Ya está todo arreglado- espetó Kakuzu agarrando la túnica tirada en la cama, para sacarse las gafas a continuación, guardándolas en su correspondiente estuche. Los demás integrantes lo miraron confusos -. Itachi le dará una de sus túnicas de repuesto, seguro que le queda como anillo al dedo- asentía con la cabeza, haciendo movimientos sugestivos con las manos.
Itachi cerró tranquilamente sus ojos, comenzando a dirigir sus pasos hacia la puerta de la habitación. Deidara observó cabizbajo cada uno de sus elegantes pasos, hasta que se percató de que la mirada del Uchiha se volvía a centrar en sus ojos azules. Enmudeció al instante al verse descubierto, dedicándole una mirada de odio.
El Uchiha le hizo un movimiento con la cabeza dándole a entender de que lo siguiera. Dicho todo esto salió de la habitación.
Deidara titubeo en un momento, mirando a Kisame a su lado, que extrañamente le esbozó una sonrisa de oreja a oreja y procedió a pegarle un tremendo manotazo en la espalda. Ocasionando así que el artista casi se fuera de narices al suelo. Hábilmente se reincorporó para alcanzar al moreno, no sin antes dedicarle una mirada de odio a Kisame.
Al salir pudo ver a lo lejos del pasillo la figura del Uchiha. Comenzó a acelerar sus pasos para poder alcanzarlo hasta que por fin lo logró. El corto camino transcurrió en completo y absoluto silencio, con furtivas miradas comenzó a observar su cabello. Era lacio y desprendía un brillo deslumbrante, aparte de un leve aroma a lavanda.
Si bien estaban caminando a tan solo dos metros de distancia, la gran humedad que había en aquellos caminos bajo tierra, hacía que el aroma corporal del moreno sobresaliera como si fuera uno de los mejores perfumes. Deidara no pudo evitar inspirar profundamente aquel aroma.
El Uchiha se había detenido frente a una de las tantas puertas. Antes de que Itachi pudiera abrirla el artista pudo notar un símbolo en ella. Un abanico. Abrió la puerta pesadamente, pasando él primero a su cuarto. Sin prestarle la menor atención a Deidara, comenzó a despojarse de su túnica. El rubio cerró lentamente la puerta a sus espaldas.
Silencio.
Levantó su vista disimuladamente a la fuerte espalda del moreno, llevándose aun más sorpresa al ver que bajo esa oscura túnica ocultaba una larga cabellera amarrada a una coleta. Su vista se perdió ahora en sus brazos, éstos eran fuertes y lucían vigorosos. Le llamó mucho la atención un pequeño tatuaje que llevaba en su hombro izquierdo (el tatuaje del ANBU Xd). Sus ojos cayeron involuntariamente a su prieto y redondo trasero.
El Uchiha había levantado su mano izquierda, señalándole con su dedo índice el susodicho armario.
- Sí ¡un! – murmuró con voz entrecortada.
El movimiento de Itachi lo había sacado de su propio estado de aturdimiento y acelerado, corrió hasta el pequeño y alargado placar para buscar su nueva túnica. El moreno había comenzado a quitarse su camiseta negra de red, tirándola por encima de la cama y agarrando una musculosa blanca que también había encima de ésta.
Deidara lo observó con el rabillo del ojo. Ésta le marcaba perfectamente su atractivo y formado abdomen, resaltando su fina cintura y aun más, su trasero. Demasiada tensión. Deidara se estaba poniendo nervioso, no solo por estar buscando en innumerables cantidad de cajas embaladas, si no que Itachi no se había tomado el trabajo de ayudarlo... o en el mejor de los casos dársela él que era el único que sabía en donde estaba. El rubio comenzó a enojarse de sobremanera al sentir que el Uchiha se recostaba en la cama y comenzaba a leer un libro, o al menos eso pudo percibir él. Podía oír como este pasaba las hojas.
Sin aguantar un minuto más de tensión y silencio, el ojiazul explotó.
- Al menos me podrías decir en cual de todas estas cajas está, ¡un! – su carácter estaba volviendo hacer de las suyas, pero le fue imposible detener el arrebato. Odiaba la forma de actuar que tenía Itachi
Itachi por su parte seguía leyendo, como si la pregunta del rubio nunca le hubiera llegado.
- ¡¡Maldito!! ¿Por qué me ignora? - empezó a revolver las cajas con algo de violencia. El sonido del pasar de las páginas lo desesperaba aun más de lo que estaba – ¿Cómo un maldito libro capta su atención más que yo? ¿Cómo? - casi de un fuerte manotazo abrió la ultima caja que le faltaba por revisar, hallando así lo que tanto había estado buscando.
- Uf - un suspiro agotado salió de sus carnosos labios.
Se puso de pie agarrando entre sus brazos su, ahora, nueva túnica, saliendo del pequeño placar con un tremendo portazo. Se quedó parado en el medio del cuarto, mirando fijamente a la cara del Uchiha. Frunció el entrecejo al ver que el moreno no había despegado la vista del endemoniado libro y lo que mas le irritaba es que mantenía la misma expresión irritable que tanto odiaba.
- Yo te voy a explotar esa maldita cara de nada que tienes... - balbuceó el artista, mirándolo de reojocon ira contenida.
Un incomodísimo silencio se apoderó de la pequeña habitación. Itachi dejó el libro encima de la mesita de noche que había al lado de su cama y con pesadez se reincorporó, (coma) para quedar parado a escasos centímetros de la cara del rubio. Deidara no se acobardó ante la acción del moreno, es más lo había hecho a propósito para llamar su atención y, ¿para que mentir? También por puro placer.
Sus miradas se cruzaron nuevamente. Esta vez no despegaría su vista de aquellos ojos, le haría frente como fuera. No perdería esta vez.
- Haber… ¿Qué quieres de mí? – preguntó Itachi en un tono de voz ida, mucho más tranquila de lo que habitualmente él solía hablar.
La profundidad de sus ojos negros lo absorbía sin compasión, perdiendo la compostura en cada una de las palabras que pronunciaba.
- ¿Que qué es lo que quiero? Un, ¿¡qué qué quiero!? – la pregunta del Uchiha le había hecho muchísima gracia, ahogando una risa burlona - ¡No! Yo no busco nada de ti, solo me irritas ¡un! ¡Tú cara de nada me irrita! ¡¡Todo en ti me irrita!!- ahora sí, su corta compostura había explotado, comenzando a gritar con furia reprimida.
Itachi no despegó su mirada de la del rubio, se limitaba a escucharlo sin decir una sola palabra, sin cambiar en lo más mínimo su inexpresivo rostro.
Silencio.
Lentamente fue articulando palabra...
- Te irrita tanto por que fueron estos ojos - sus palabras eran duras, frívolas, pero Deidara sabía que el fondo, todo eso era verdad – los que te humillaron.
Los ojos de Deidara destilaban ira, odio, desprecio, frustración. Sus manos fueron a parar al cuello de la capa de Itachi, tirando de él con fuerza desmedida. Esa fue la primera vez que tubo tan cerca de él, de esos malditos ojos que tanto odiaba. Notando todos los músculos de su cuerpo en tensión, fue soltando su agarre lentamente.
- Esa cara no te favorece, un - le dijo con un brillo en sus ojos que nunca creyó poseer -. Si sonrieras más seguido te verías aun más atractivo… - su mirada se tornó fría, bueno, fue fría hasta que advirtió la revelación que inconcientemente se le había escapado de los labios.
Ahora su rostro se torno bochornosamente rojo, pero aun más le sorprendió lo que vio en esos momentos: los ojos de Itachi se habían abierto de la sorpresa y su cuerpo se había tensado de sobremanera; y un leve color rosado adornó sus blancas y finas mejillas.
- No era eso lo que quería decir... - antes de que pudiera arreglar su grandiosa metida de pata, los brazos del moreno ya se habían encargado de hacer el resto; empujándolo hacia fuera de la habitación y cerrándola estruendosamente a sus espaldas.
Silencio.
Solo el sonido del abanico al caer al suelo se pudo oír en los oscuros pasillos. Con rabia se había girado nuevamente hacia la puerta. Estaba dispuesto a abrirla nuevamente y atinarle un buen puñetazo en su fino rostro, pero algo lo hizo desistir de ello. Una leve sonrisa adornó sus labios. Al menos consiguió sacar una reacción nueva a aquel bastardo... y eso ya era mucho para él.
Extenuado, volteó para regresar a su habitación pero titubeó al hacerlo. Volvió a su posición anterior, mirando el pequeño abanico quebrado frente a sus pies. Se acuclilló apoyando una de sus rodillas en el suelo, agarrando los diminutos trozos de esparcidos por todo el suelo.
Observó los pequeños trozos en silencio, hasta que una idea se le cruzó por la mente. Llevó una de sus manos a su bolsita y comenzó a crear un pequeño abanico de arcilla más lindo que el que tenía Itachi antes. Éste tenía hendiduras por el medio, separando las dos partes de diferente color de la marca Uchiha. A diferencia del otro, que simplemente era liso y una línea mal hecha separaba estos lados. Lo coloco lentamente en la puerta. Una encantadora sonrisa adornó su rostro de oreja a oreja. Era una gran obra de arte, sí señor.
Ahora sí, sin más que hacer dio media vuelta y echó a correr a su habitación y el silencio volvió a reinar los oscuros y húmedos pasillos. La puerta se fue abriendo muy lentamente, dejando ver una revuelta cabeza morena asomarse por esta. Mantenía el entrecejo ligeramente fruncido y una mueca algo malhumorada adornaba su rostro.
Observó los pasillos, por los que el rubio se había ido, y cuando vio que el área estaba despejada de rubios pesados (¬¬ pobre Deidara, como si los morenos de apellido “Uchiha” no lo fueran a veces Xd) clavó desinteresadamente su mirada al nuevo adorno que colgaba en su puerta. No pudo evitar curvar una diminuta sonrisa, el rubio había conseguido sacarle los colores y lo peor de todo: hacerle actuar como un niño pequeño. Esa sería una noche muy larga para él, seguramente no podría dormir.
Mientras tanto el artista caminaba por los largos pasillos, estaba algo perdido. Comenzó a observar todas las puertas. Estas adornaban diferentes símbolos en ella, la de Itachi era un abanico, por ejemplo. En una de ellas había un signo de ryus, seguramente era de Kakuzu, pensó en sus adentros ahogando una risita en lo bajo. Ahora dirigió su vista a la de al lado, donde un pequeño tiburoncito colgaba graciosamente de ésta.
- Ésta es de Kisame-dono, un - dijo seguro y conciso, manteniendo una sonrisa de oreja a oreja.
Siguió observando hasta dar con una que tenía un pequeño muñequito de madera. Curvó aun más su sonrisa al adivinar de quien era esta habitación, Sasori-dono. Tenía que admitir que se había pasado un poco con Sasori, a él no le hubiera gustado que menospreciaran su grandioso arte y seguramente habría estallado ante la primera provocación.
Si quería llevarse bien con su nuevo compañero tenía al menos que pedirle una disculpa. A su modo, pero disculpa al fin y al cabo. Siguió caminando un poco más alejado. En el fondo había tres puertas mas, una tenía el símbolo de lo que parecía ser una pequeña planta con dientes. Ya se imaginaba a quien pertenecería. Miró a la que había a su lado, ésta estaba adornaba con una hermosa flor de color azul.
En el fondo del pasillo se hallaba una puerta de color obsidiana, esta estaba justo en frente de las dos paredes, dando por terminado el largo pasillo. Permanecía en penumbra y Deidara creía saber de quien era. Desprendía un aire siniestro y aterrador, por lo que no dudó que pertenecía al líder.
Ahora el tema era donde estaba la suya. Comenzó a revisar unas habitaciones vacías que había en el otro extremo, casi antes de doblar a otro largo pasillo, hasta que por fin dio con la suya. Entró a su cuarto con pesadez, estaba muy cansado. Todo lo acontecido en los últimos dos días lo había agotado muchísimo. Se sentía sucio, quería darse una refrescante ducha puesto que hacía dos días que venían caminando bajo un agobiante sol (bueno, poco caminaría él, montado en su ave Xdd ¬¬).
Largó un suspiro prolongado y con algo de cansancio se dirigió a su pequeña cama. Tiró la túnica en ella para a continuación tirarse él encima. El silencio y la tranquilidad reinaban en la habitación. Se quedó unos minutos tendido. Inconscientemente aspiró el aroma de la túnica, pero su aroma no se encontraba en ella. Frunció el ceño bastante molesto al darse cuenta de que, involuntariamente, el Uchiha volvía a ocupar gran parte de su confundida mente. Maldito Itachi. Movió la cabeza negando frenéticamente. Éste era su momento de relajación absoluta y lo que menos quería era pensar en ese maldito bastardo. Se reincorporó en la cama.
Observó nuevamente la túnica, mordiéndose el labio inferior con rabia. Y pensar que él usaría la misma túnica que seguramente el moreno habría usado en infinidad de ocasiones.
Molesto se puso de pie y agarró una muda de ropa suelta para estar y dirigió sus pasos hacia la puerta del cuarto. Tenía que averiguar donde se encontraba el baño. Antes de poder dar un solo paso más una voz demandante y tremendamente gruesa se caló hasta lo más profundo de sus tímpanos, causándole una desagradable sensación de inquietud.
- Me gustaría vértela puesta- siseaba Pein a sus espaldas casi en su oído, mientras que con sus manos le extendía la túnica por detrás casi rodeando su cuerpo.
El rubio se tensó exageradamente y una respiración acelerada había comenzado a salir débilmente de su boca. Ese hombre definitivamente era alguien a quien temer, no lo había oído entrar en su cuarto. Lentamente se fue dando la vuelta, quedando ahora de frente a la imponente figura de su líder.
Si hubiera sido otro no le habría hecho caso, no sabía por que, pero la voz de ese hombre sonaba autoritaria y controlaba cada uno de sus movimientos. Desvió su vista hacia otro lado, mientras hacía caso a lo que el hombre le había ordenado. Deidara había comenzado a ponérsela, aunque no pudo evitar hacer movimientos torpes, estaba nervioso.
- Tranquilo... - susurró tranquilamente mientras levantaba las manos para ayudar a un nervioso Deidara. Pero esa acción por parte de Pein lo tenso aun más - No me como a la gente... Ese es Zetsu... - balbuceó este a escasos centímetros de su rostro mientras que acomodaba el cuello de la túnica del rubio con dedicación.
El silencio era horrible, se podían oír hasta los acelerados latidos de su corazón. Tragó saliva dificultosamente intentando desviar la mirada. No podía evitar posarla en las fuertes manos de Pein que, en ese momento, abrochaban cuidadosamente su túnica. Lentamente Deidara articuló palabra.
- Líder… ¿Cuál…?- intentaba mirarlo a los ojos pero definitivamente sin éxito.
La tensión que había en esos momentos en la habitación era notablemente visible, tanto así que si uno tuviera un kunai en sus manos lo cortaría fácilmente. Sus nervios fueron en aumento al ver que no recibía respuesta por parte de él. Pero eso no duró mucho.
- Mis intenciones no tienen que importarte...- fue la única respuesta que recibió del mayor.
Deidara no se esperó esa clase de respuesta. Abriendo sus ojos por la sorpresa, giró su rostro hacia uno de los costados. ¿Cómo demonios sabía él lo que le iba a preguntar? Eso lo tensó aun más. ¿Acaso leería la mente de las personas? Su cuerpo se tensó aun más, quedando rígido enfrente de aquel imponente hombre.
- Tranquilo, Deidara… Mis intenciones no son para nada relevantes - le susurró despacio mientras apartaba su largo cabello – Necesito de tu extraordinario poder… Tu arte me es muy útil.
Pein era alguien calculador, estudiaba meticulosamente cada uno de sus puntos fuertes y débiles. Sabía que con sus palabras podría tenerlo agarrado a sus pies, solo era cuestión de un poco de ataque psicológico.
Deidara ahora lo observó maravillado, era la primera vez que alguien le decía eso. Al fin sus habilidades eran reconocidas. Una leve sonrisa sicótica adorno sus labios.
Pein sonrió satisfecho.
-Tú me brindarás tu arte y con el tiempo… Yo llegaré a mi objetivo- le susurró insinuantemente a escasos centímetros de su rostro.
- ¡Un!- fue lo único que fue capaz de murmurar mientras asentía con la cabeza.
Sin más, se giró para darle la espalda y dirigirse a la puerta.
- Cuento contigo - fue lo último que escuchó salir de sus labios en aquel día, para justo después desaparecer de la habitación.
Una mueca orgullosa decoró su ahora firme rostro. No lo decepcionaría.
Itachi lo miraba con una mueca indiferente, bueno sería indiferente hasta ver que al parecer Kisame miraba el pequeño adorno colgado en su puerta, con ganas de largarse a carcajadas. Fue ahí cuando le importó una mierda la nariz de su compañero, cerrando la puerta estruendosamente frente su cara.
- Bueno, bueno- se apresuro a meter medio cuerpo para evitar que la cerrara –. Es que me pareció… un lindo detalle- le sonrió el hombre azulado mostrándole un pequeño bento a su compañero, para que le dejara entrar.
Con aire indiferente, Itachi le abrió la puerta, arrebatándole de las manos el objeto, para milésimas de segundos después intentar arrancarle las manos, cerrándole la puerta otra vez.
- ¡¡Ey, ey!!
Cansado de forcejear, dejó que su compañero entrara para sentarse en la cama y empezar a comer.
Kisame cerró la puerta a sus espaldas, apoyándose en esta, mientras miraba al moreno de reojo. Este lucía sin su túnica, mostrando una camisa en cuello de pico con red en este y unos pantalones flojos de color azul marino
- Me pregunto, ¿en que piensas?
En el fondo Kisame conocía muy bien a Itachi, y aunque éste no le dijera muchas cosas, el azulado había aprendido a sacar conclusiones y teorías de acuerdo a su comportamiento.
Itachi siguió comiendo tranquilamente, no le dio importancia a las palabras de su compañero.
- A mí me parece muy lindo el adorno - sonrió nervioso. Yo también quiero uno de arcilla, ¡vamos! No seas tan frío con él. Le ha puesto empeño al símbolo Uchiha… Te ha hecho un regalo.
Kisame observó detenidamente la reacción de Itachi, intentando sacar algo de su retorcida mente, aunque fue en vano. El Uchiha mantenía el mismo semblante de siempre, era imposible…
- En fin- suspiró hondo y comenzó a rascarse la nuca incesantemente-. Parece que Pein tiene nueva misión para nosotros- Itachi lo miró interesado-. Sí. Y algo me dice que el crío estará implicado también- el semblante del Uchiha se volvió inexpresivo, dejó a un lado el bento que le había traído su compañero antes.
- Y, ¿cómo lo sabes?– fueron las únicas palabras del moreno, en tono frío y conciso.
- No estoy seguro del todo, pero oí decir algo referido a un contratista de la boca de Zetsu.
Itachi cerró los ojos, largando un suspiro. Suspiro que a ojos de Kisame parecía de alivio. Mordaz, el hombre pez se apresuro a continuar.
- Aún no nos toca ir a por el Kyuubi, faltan miembros y no creo que el líder se arriesgue. Sería algo suicida ir a por el Jinchuuriki en la condición en la que estamos.
Itachi miró hacia el suelo pensativo, perdiendo la vista en él.
- Bueno… solo vine a informarte de eso– Kisame se separó de la puerta, agarrando el picaporte para salir de la habitación-. Pein ha dicho que nos reunamos en el frente a primera hora de la mañana, no lo olvides- Haciéndole una seña con la mano, salió de la habitación.
Silencio.
Itachi clavó su mirada desinteresadamente sobre el placar, donde momentos antes el artista revolvía histérico, buscando la túnica. Con total tranquilidad apagó la luz de su mesita de noche, recostándose con ropa y todo sobre la cama. Cerró sus ojos con una calma exasperante.
- Otra noche de insomnio… - fue lo único que pronunció antes de perderse en sus pensamientos.
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Entró en su habitación despojándose de su túnica, para lentamente dejarla encima de una de las mesas a su lado. La tenue luz que alumbraba la estancia bajo tierra le daba un aire escalofriante y poderoso. Comenzó a caminar elegantemente como era lo normal en él, acechando cual predador, la figura que yacía tendida sobre su cama.
- Parece que te fue fácil esta vez- fueron las únicas y frívolas palabras de la mujer de Akatsuki, en un tono afable muy mal disimulado.
- Me gusta cuando te pones celosa…- Dijo el pelinaranja echándose sobre ella, cubriendo con su fuerte cuerpo el menudo de la mujer, agarrotando fuertemente el cuello de la peligrosa kunoichi.
Konan miraba el techo con la misma expresión de antes, parecía que los besos de Pein no le causaban ninguna reacción.
- ¿Celosa dices? - le largó ariscamente sin dejar de apartar su vista del interesante techo - ¿De una más de tus incontables marionetas?
Pein curvo una peculiar sonrisa, mientras que colaba su lengua por el oído de su amante y confidente, susurrándole demandante.
- ¿Crees que puedo hacer algo con él en cinco minutos?- Le dijo en tono de burla, bajando con su lengua hasta su cuello.
- Con cinco te alcanza y hasta te sobra, sabes bien que es así- con violencia agarró el mentón de Pein, mirando con fiereza a esos orbes grisáceos, dándole a entender que con ella no iban esa clase de jueguitos.
La mirada desafiante de la mujer no intimidó a Pein quien, curvando una sonrisa prepotente, coló una de sus manos por debajo de la ropa de ella para jugar descaradamente con uno de sus pezones. A Pein le divertía mucho esa situación, contraatacándole el desafío.
- El artista es estúpido y débil de mente, o eres tú… Que sabes enredarlos. Dime eso Pein. ¿O es que tienes un encanto especial?- le soltó Konan, satisfecha por la brusquedad que tenían las manos de Pein para hacer las cosas.
- No, no es estúpido pero fue fácil controlarlo. Su mente es débil… Podré jugar con él a mi entero gusto- Pein la miró curvando una sonrisa seductora de medio lado, susurrándole al oído-. Lo del encanto, tú deberías saberlo bien, ¿no?- a pesar de haber escuchado la gran modestia de parte de su compañero, esta lucía el mismo semblante serio y tranquilo de siempre.
- Te conozco bien, Konan,se que te molesta verme cerca de él basta con verte la cara para ver como te mueres de celos- ella no le devolvió respuesta alguna-. ¿No tienes palabras para con tu dios? Muy bien… así me gusta.
Pein sonrió triunfante. Él siempre tenía razón y quien lo contradijera pagaría caras las consecuencias. Él era un dios benévolo, pero en ocasiones no había absolución alguna.
- Te haré pedirme clemencia entonces…
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La tarde había pasado rápido, tanta charla y gente nueva agobió a Deidara que, con pesadez, buscaba el único baño disponible.
Abrumado por el largo día que había tenido, se metió en el baño que había en la cueva. Asomó su cabeza para inspeccionar el pequeño y precario lugar. Cerrando la puerta a sus espaldas. No era para nada espacioso y acogedor, todo lo contrario, las paredes parecían desprender agua de la cantidad de humedad que había, así como un fuerte olor nauseabundo, aunque el lugar era bastante higiénico para su sorpresa. Constaba de una pequeña ducha/bañera al final. A su lado un pequeño lavadero con espejo enfrente y por su puesto, un inodoro.
Buscó con la mirada algún pequeño lugar donde colocar su ropa limpia, hallando al lado del inodoro un pequeño cesto para ropa.
Comenzó a despojarse de su vestimenta, para al rato soltarse el cabello en una melena rubia salvaje. Abrió el grifo, para al segundo introducirse en la tibia agua.
- Ah, joder– ahogó en un débil gemido placentero.
Podía sentir como las húmedas gotas caían por todo su moreno pecho, bajando gráciles por su formado abdomen, para no tardar mucho en llegar hasta sus fuertes piernas. Levantó su rostro, dejando que el agua lo espabilara un poco de aquel estado de parsimonia en el cual había caído.
Inconscientemente, los ojos de Itachi le vinieron a la mente.
Abrió sus ojos de repente, sacudiendo la cabeza con violencia, intentando quitarse de su cabeza al Uchiha. Con el ceño ligeramente fruncido llevó una de sus manos al grifo, dándole al máximo al agua fría. Sabía que era estúpido, pero era un auto-castigo que se había impuesto por pensar en esos malditos ojos. Apoyó sus antebrazos contra los azulejos, dejando que el frío líquido castigase despiadadamente su cuerpo.
Gran error, ya que el agua fría duró el resto de su ducha.
Al salir de baño, se dirigió hasta su cuarto. Iba a abrir la puerta, pero un sonido proveniente desde el frente donde horas antes estaba el ídolo de piedra, lo hizo dirigir sus pasos hasta el lugar.
Se sorprendió al ver la figura de Sasori, mirándolo de reojo y con su cara de mala leche de siempre. Bien, él había decidido pedirle una pequeña disculpa a su compañero y viendo que no había nadie más en el lugar aprovechó esa gran oportunidad.
- ¡Un! Dono- el artista dio unos pasos, quedando a tres metros frente al marionetista-, yo quería hablar con usted un… sobre lo que le dije esta tarde - cruzó furtivamente su mirada con la de Sasori, desviándola a uno de los costados para a continuación rascarse su húmedo cabello con nerviosismo.
- Entiendo un… Se que me he comportado algo prepotente- el rubio se había cruzado de brazos, mostrando un gesto seguro y orgulloso – pero no le estoy dando la razón, dono, un… Yo sigo sosteniendo lo que le dije.
Sasori arqueó una ceja, molesto, o al menos eso pudo percibir Deidara ya que la poca luz que apenas iluminaba la estancia procedía de las pequeñas y gastadas velas que alumbraban los oscuros pasillos.
En esos momentos se podía percibir una fuerte tensión en el lugar. Deidara no era muy paciente, por lo que se apresuró a romper aquella tediosa situación.
- Aunque yo solo no he tenido la culpa dono, usted fue quien me provocó al decir que mis hermosas esculturas no eran arte, un. Yo solo me defendí- asintió con la cabeza, mientras seguía de brazos cruzados –. En todo caso es usted dono, el que no aguanta una broma un.
El sonido de la lluvia y las olas chocando contra las húmedas paredes de piedra era lo único que se podía oír en esos momentos. Comenzó a ponerse de mal humor. El horrible silencio pedía a gritos al artista el querer hacer su grandioso arte explosivo. Lo detuvo el hecho de que las paredes eran inestables, y cualquier explosión tiraría abajo toda aquella cueva por completo.
A Sasori parecía no convencerle su extraña disculpa, por lo que optó por endurecer su mirada hacia el rubio. Deidara notó las intenciones del marionetista, por lo que dedujo que con él, tendría que ir al grano.
- Gomen- había dicho en un tono de voz bajito, lo suficientemente alto para que Sasori lo escuchara.
¡Mierda! Se había rebajado a tal humillación y lo que menos quería en esos momentos era oír la risa prepotente de su compañero por ello. Algo le decía que no tardaría mucho en llegar, aunque no fue así.
- Patético…
Una voz desconocida proveniente de los pasillos que comunicaban las habitaciones lo hicieron girarse dando un bote.
¡Mierda! Habían oído todo y ahora se burlarían de él. Frunciendo el ceño con ira se apresuro a defenderse. Esperad, ¿voz desconocida?
Inmediatamente el artista se había puesto en posición de ataque. Había entrado un intruso y en esos momentos no contaba con su arcilla, ni siquiera llevaba un kunai consigo como para defenderse adecuadamente.
- ¿Como has hecho para entrar al lugar, un? Está protegido con sellos especiales, ¡un! Es imposible que hayas podido entrar solo- horas antes Zetsu se había encargado de ponerlo al tanto de las costumbres del lugar, salidas secretas, y por supuesto, la única forma de entrar al escondite.
Al ver que no obtenía respuesta gruñó molesto. De todas formas no era cuestión de tirarse a pelear, estaba en desventaja y no se arriesgaría a correr riesgos innecesarios.
- Además de crío, patético- murmuró el intruso entre carcajadas.
Mordiéndose el labio inferior con rabia, Deidara centró su vista en una sombra de tamaño mediano tirando a pequeño que permanecía estática frente a él.
La figura de un joven de pelo rojo, hermoso y de complexión pequeña y delgada comenzó a caminar con elegancia, hasta quedar justo al lado de Sasori. Tenía los ojos del mismo color que su cabello, un rojo tan intenso que competiría con el Sharingan de Itachi. Su rostro era el de un niño, y su piel parecía de la más fina porcelana.
El artista apretó sus puños con fiereza, siguiéndolo con la mirada a cada paso que daba.
- ¿Disculpa? Y, ¿qué te hace pensar que yo te la daría?- el tono de voz del pelirrojo sacó de quicio al rubio, que dio un paso para adelante, para segundos después, retroceder el mismo.
Apretó los dientes con fuerza, intentando reprimir las enormes ganas de tirársele encima y arrearle un buen número de golpes.
- Estaba ablando con Sasori-dono un, piérdete pedazo de mierda- los ojos del pelirrojo lo miraban meticulosamente, cada reacción, cada movimiento, le gustaba provocarlo.
Cerró sus ojos con pesadez, largando un suspiro en un tono medio burlón. Deidara pudo ver como dirigía una de sus manos, a la cabeza del marionetista. Esa acción por parte del desconocido lo sobresaltó. Estaba a punto de llamar a sus camaradas, pero la voz del pelirrojo lo hizo volverse a su posición inicial.
- Oh sí, lo haré - le dirigió una sonrisa frívola pero a la vez orgullosa-. Una vez haya terminado de arreglar un par de cosas dentro de Hiruko.
- ¿Eh?- el artista observaba alucinado como el pelirrojo, con un movimiento rápido, desmantelaba frente a sus ojos, el cuerpo de lo que se suponía, era su compañero Sasori.
Se sorprendió de sobremanera al ver que el pelirrojo habría el caparazón de Sasori. Mostrándole que lo que él había conocido no era más que una marioneta. En su rostro se dibujo una mueca algo rara. De rabia había pasado a sorpresa, de ésta a humillación, saltando a una de furia.
- Pero… ¿Pero que mierda? - Deidara centró sus ojos azules ahora en los rasgados y hermosos del pelirrojo – Me… Me quieres decir que…- el rubio lo había señalado acusatoriamente - ¿¿Me quieres decir que tú eres Sasori??- gritó.
El artista palideció al instante, no por la sorpresa ni mucho menos, si no por el hecho de haber estado hablando durante quince minutos con una marioneta. Se había rebajado a pedirle unas disculpas a un muñeco. Una cosa era segura, si eso salía de la boca del pelirrojo, definitivamente haría arte con él.
El pelirrojo le respondió con una sonrisa burlona de medio lado.
- Sí, yo soy Sasori… Akasuna no Sasori
El grito de frustración de Deidara se pudo oír por toda la base.
CONTINUARÁ...
Bueno, espero que la demora haya valido la pena XD, si no es así acepto amenazas de muerte, tomatazos y demás, lo entenderé T.V
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