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Bueno, aquí un fic corto y un poco rarito.
Derechos de autor: Los escenarios, personajes, derechos e izquierdos de Zatch Bell pertenecen a Raiku Makoto. Kohaku es un personaje de mi creación. Así como su mamodo, que aunque ella la llame Kai, se llama Kaizô. Este nombre lo saqué del manga Bleach. Tiene el mismo origen que el de Kon: la expresión japonesa kaizôkonpaku, que significa “alma modificada”.
Mi enemiga preferida
(I hate everything about you)
Por Kohaku no Kokoro
Capítulo 1.
Mansión Belmont.
Sonó el timbre. Brago frunció el ceño. Odiaba ese ruido, era estridente.
Sherry, en cambio, ni se inmutó, así que el mamodo siguió despotricando mentalmente contra el timbre. Hasta que entró Albert seguido por una chica que aparentaba tener unos veintipocos años. Entonces Sherry sí levantó la vista.
La desconocida tenía el pelo rubio y negro, gafas de sol de espejo, pantalones ajustados, T-shirt y una cazadora dos o tres tallas mayor, todo en negro, y un crucifijo a modo de colgante. Y tan desconocida no debía de ser, porque Sherry le sonrió con bastante confianza y hasta se puso de pie para saludarla.
—¡Ku…!
—Kohaku —cortó.
—… ¡Kohaku! Cuánto tiempo sin verte —Sherry saludó—. ¿Qué es de tu vida? ¿Por qué ahora te llamas Kohaku?
—Poca cosa y porque me gusta.
—Qué habladora —ironizó Brago.
—Qué educado —devolvió ella—. Sherry, tengo que pedirte ayuda.
—¿Ayuda? ¿Por qué?
Kohaku sacó un libro burdeos de su mochila. Un libro de conjuros. El libro de un mamodo. Brago sintió la tentación de quitárselo y quemarlo, pero había oído que las personas reservadas, cuando se enfadaban, podían ser muy molestas, y no tenía ganas de aguantar a nadie gritándole.
—Algún imbécil se ha llevado a mi mamodo.
Ése fue el resumen que Kohaku hizo de la situación.
—… ¿Y? —replicó Brago.
La humana rara se encogió de hombros.
—Obvio. Necesito ayuda para recuperarla. No voy a ir yo sola.
—Lástima. ¿Por qué no?
—Brago —advirtió Sherry—. Vale ya.
—Pues ya imagino que tú no estarás en las mismas, pero el ataque más efectivo que puedo hacer yo es tirar una piedra.
Brago pensó que los humanos eran patéticos, pero al ver la mirada de advertencia de Sherry, obvió el comentario. La “señorita Belmont”, que era tan “educada, fina y cortés” (tres formas de decir lo mismo), había adquirido la molesta costumbre de pegarle con su propio libro de conjuros en la cabeza cada vez que hacía algo que a ella no le gustaba, y eso dolía. Unas veces más que otras, pero dolía.
Aunque Brago no estuviera dispuesto a admitirlo.
—Como sea. No pienso ir.
—¿Ah, no? ¿Y por qué? —Sherry preguntó con un tono de voz muy suavecito.
Maldición, era su tono de “como contestes alguna inconveniencia, te doy con el libro”. El problema principal en aquellos casos es que Brago aún no estaba seguro de qué le parecía una inconveniencia a Sherry y qué no.
Bah, ¡viva el riesgo!
—No le debo nada. Ni siquiera la conozco.
—Pues mira por dónde, yo sí que le debo algo —replicó Sherry, por supuesto sin dignarse a explicarle el qué—. Así que lo siento por ti. —Se dirigió a Kohaku—. Te ayudaremos.
Bueno, al menos no le había pegado con el libro.
Entonces Kohaku sacó de su mochila una cosa pequeña y rectangular que Brago no identificó hasta que Sherry captó su mirada de NEN (No Entiendo Nada) y le explicó que se trataba de una PDA. Lo que no le dijo fue qué significaba PDA.
Por lo visto, en esa cosa tan pequeña cabía toda la información que la humana de las gafas de sol había recabado acerca de dónde estaba su mamodo, por qué se lo había llevado algún imbécil y la identidad de dicho imbécil.
Kohaku no dijo casi nada. Se limitó a enseñarle la información a Sherry, que se manejaba de maravilla con la PDA. Brago miró por encima del hombro de la rubia, más porque se aburría que por otra cosa.
—Hay algo que no entiendo. Si sabes que lo han hecho para atraerte, ¿por qué vas? —preguntó la chica.
—Para saber por qué quieren atraerme —respondió con sencillez.
—Probablemente por dinero —Sherry dijo para sí misma.
Pero Brago negó con la cabeza.
—Ya se lo habrían pedido.
No es que supiera mucho de humanos, no se había molestado en aprender su psicología, pero aquello tenía lógica.
—Cierto —Kohaku concedió.
—¿Entonces?
—Dos posibilidades. O hay otro mamodo de por medio, o alguien quiere verla muerta —Brago analizó.
—Qué ánimos me das —comentó Kohaku con sorna.
—Lo siento, pero no lo entiendo. ¿Por qué iba nadie a querer matar a una persona que sólo se dedica a poner voces y escribir cosas raras? —Sherry preguntó.
—No me pidas que desentrañe la mente de un idiota —Kohaku dramatizó.
Sin cambiar de expresión facial, por chocante que parezca.
—Las mentes de los idiotas no son tan difíciles de desentrañar, son a prueba de tontos. Fíjate en Folgore —replicó Brago.
Kohaku hizo un gesto que podía ser una sonrisa.
Aunque también podía no serlo.
—Es inútil hacer algo a prueba de tontos, porque los tontos son muy ingeniosos —citó.
—Bueno, vamos —Sherry se puso en pie—. Cuanto antes vayamos, antes volveremos.
Brago lanzó un resoplido.
—Y si no vamos, ni te cuento…
Y recibió el golpe que se había ahorrado antes. Por bocazas.
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Sede en París de la empresa TradurNet.
El edificio en el que, según la PDA de Kohaku, estaba el mamodo de la misma, era altísimo. Debía de tener lo menos treinta pisos.
Y no era una exageración. Porque Brago nunca exageraba.
En realidad, y también según la PDA de Kohaku, ese edificio constaba sólo de veinte pisos, pero Brago obvió hábilmente esa información.
Miraron la puerta. A cada lado había un sujeto con pinta de guardia de seguridad. Ambos de la subespecie “eslabón perdido”, pensó la escritora al ver las caras que tenían.
—¿Qué son? ¿Personas o gorilas? —preguntó Sherry.
—Buena pregunta. Vamos a averiguarlo —respondió Kohaku con sarcasmo.
Aunque al principio no lo pareció, porque agarró y se acercó a ellos. La verdad, no le fue muy útil. Los miró mal, se quejó y hasta le metió un empujón a uno, pero no se movió del sitio y además no la dejaron entrar.
—O nos cargamos a los seguratas, o subimos trepando por el muro —sintetizó al volver con los otros dos.
No necesitaron ni mirarse.
—Nos cargamos a los seguratas —contestaron al unísono.
Así que volvieron a acercarse los tres. Uno de los simios… de los guardias, perdón, miró a Brago con desconfianza y el otro abrió la boca, probablemente para echarlos, pero eso no lo supieron nunca, porque el mamodo se ocupó de cerrarle la boca y, de paso, dejársela sin dientes de un puñetazo. El otro parecía dispuesto a plantarle cara, el incauto. Hasta que Brago se volvió hacia él.
—Ten cuidado con la puerta —le advirtió Kohaku—. Que es de cristal. Si la rompes, tenemos que pagarla.
Él no le dio una respuesta verbal, pero la humana rara supo interpretar el hecho de que el segundo guardia de seguridad atravesara la mencionada puerta de cristal como un “¿a mí qué me importa?”. Sí, la sutileza era la principal característica de Brago.
Sherry le sacudió con el libro.
—Pareces idiota. ¡Ahora va a venir todo el edificio a ver qué pasó!
—Pero nosotros ya no estaremos aquí —respondió Brago pasando por encima del segurata tirado en el suelo y de los trozos de cristal que completaban el cuadro.
Literalmente por encima, porque los pisó como si nada. A Kohaku pareció hacerle gracia aquello, y no sólo pisó al guardia de la misma manera, sino que además dio un saltito sobre sus costillas.
Sonó un pequeño crujido.
—Huy.
Se bajó y correteó hasta alcanzar al mamodo.
—¿Le has roto algo? —Brago preguntó con aparente desinterés.
—Quizá. ¿Y tú?
—Seguro.
Y le dedicó una sonrisa malvada.
—“Vaya dos que se han ido a juntar…” —pensó Sherry bordeando el cuerpo caído en el suelo.
Kohaku empezó a abrir puertas a derecha e izquierda.
—¿Kai…? No. A ver aquí. ¿Kai…? Tampoco.
—¿Tú crees que la van a tener en un sitio así, sin seguridad? —preguntó Sherry cáusticamente.
—No, por eso abro las puertas, para ver si están cerradas.
—Bah. Si son idiotas, pueden —respondió Brago al mismo tiempo.
—¿Eh, qué? —la medio rubia recapituló—. Nah, lo dudo. Son idiotas, no tontos.
—Eso no tiene sentido.
—Pues claro que no. ¿Kai…? —abrió otra puerta—. No —volvió a cerrarla.
Pero en esa ocasión había alguien dentro.
—¡Eh! ¿Quién es usted?
Kohaku volvió a abrir la puerta.
—Aquí soy yo quien hace las preguntas. ¿Dónde está mi mamodo?
—¿Qué mamodo? —preguntó el tipo haciéndose el loco.
—Menudo idiota —Brago lo noqueó.
Sherry le estampó el libro en la cabeza (y van tres).
—¡Eh! ¡Eso ha dolido!
Sí, esta vez había sido lo bastante fuerte como para que la mirara mal.
—Mejor. ¿Por qué no piensas un poco? ¡Ahora ya no va a poder decirnos nada!
Kohaku miró al humano inconsciente con expresión sombría. Entonces reparó en el ordenador.
—A ver si viene aquí
Se sentó y empezó a teclear.
—Dominio… No, perdón, fichero… Windows\Temp. ¿Cómo pueden no tener nada en el Temp? Aficionados…
—¿Qué hace? —preguntó Brago en voz baja.
—Buscar —respondió Sherry.
—Maldito MS-DOS. ¡Ya no me acuerdo de cómo se usa! ¡Anticuados! ¡¿Por qué no traería a mi hermana?! —exclamó Kohaku. En ese momento, el ordenador se reinició—. Arj. —Le metió una patada—. Sigamos buscando por el método analógico.
—¿Método analógico? —repitió Sherry burlona.
—Sí. Patearnos el edificio.
Así que siguieron buscando por el método analógico. Es decir, Kohaku abriendo puertas y más puertas, Brago eliminando obstrucciones (o sea, noqueando a la gente que aparecía) y Sherry comprobando que no viniera nadie por detrás.
—Esto parece un videojuego —comentó.
—Qué pena que no se ganen puntos por abrir puertas —replicó Kohaku—. ¿Kai…? Eh, ésta está cerrada.
—Hazte a un lado —Brago la apartó de un empujón y la dejó sentada en el suelo.
Acto seguido le metió una patada a la puerta y también la dejó en el suelo, aunque no sentada. Kohaku se puso en pie, lo miró mal y entró en la sala.
—¿Kai…?
—¿A qué vienes? ¡Hasta un idiota se daría cuenta de que esto es una trampa!
La humana se encogió de hombros.
—Curiosidad.
Los otros dos entraron también, sólo que se molestaron en encender la luz. Y vieron, encadenada a la pared, como en las películas, a una mamodo muy baja, con piel literalmente blanca, cabello castaño, orejas de gato y cara de mal humor que miraba a Kohaku como si estuviera loca.
Cosa no muy alejada de la realidad, en opinión de Brago.
El mamodo oscuro abrió unos ojos como platos, para luego entornarlos con fiereza.
—¡Tú!
La desconocida desvió la mirada hacia él.
—Me cago en tus muelas. ¡Te has escapado del manicomio! —fue su saludo.
—Si hubiera sabido que era para verte a ti, me habría quedado —Brago respondió con frialdad.
Sherry y Kohaku se miraron.
—¿Y esto? —la medio rubia preguntó.
—Ni idea. Creo que nos hemos perdido algún capítulo.
Y los otros dos seguían a lo suyo:
—Encima que vengo a salvarte la vida. ¡Desagradecida!
—¡No te pedí ayuda! ¡Por mí puedes largarte por donde has venido, o mejor aún, por la ventana!
—¡Por la ventana vas a ir tú como sigas gritándome!
—¿Y tú qué, estás susurrando? ¡Anda ya! ¡Que te jodan, Brago!
—Vamos a ver… ¿Y si nos largamos de aquí y continuáis con el reencuentro en otro momento más adecuado? —sugirió Sherry.
—De eso nada. El que entra aquí ya no sale.
TBC
PDA: Personal Digital Assistant, o sea, asistente digital personal. Lo que es una agenda electrónica, vaya. Aunque ha evolucionado y casi es como un ordenador portátil en miniatura.
Sí, Kohaku se dedica al doblaje y a escribir absurdeces. Alguien como ella, que suele decir cosas sin sentido (vid. “son idiotas, no tontos” para confirmar), tenía que escribirlas también.
“Es inútil hacer algo a prueba de tontos, porque los tontos son muy ingeniosos”. Es uno de los principales postulados de la ley de Murphy. Junto con los siguientes:
-“Si algo puede salir mal, saldrá mal”
-“Nada es tan fácil como parece”
-“Todo lleva más tiempo del que usted piensa”
Por supuesto, la empresa TradurNet me la inventé. Lo de Tradur me salió por Pladur. Que no tiene nada que ver, pero bueno…
MS-DOS: Microsoft-Disc Operating System. Que ya es más viejo que la raspa. Yo no es que no me acuerde de cómo se usa, es que debí de aprenderme cuatro comandos contados. Uno de ellos, el de “exit”.
Sugerencias, felicitaciones, tomatazos, tirones de pelos o palmaditas en la espalda en reviews. Éstos estarán contestados en otro review que me dejaré a mí misma.
Saludos. Se despide Kohaku no Kokoro.
Segunda sacerdotisa leickrista. Anti-Human-Love Goddess. Ex aprendiz padawan de Itnuzi Desli. Presidenta y fundadora del club de fans de Jesse James Dalton alias Yeye. Gran friki según el test de frikismo “FrikiTest”. Diosa inspiradora de Annell Maycov. CEP de William Moseley. Fan número 3 de Jun Aiza. Voz gemela de Bill Kaulitz. Ángel defensor de Tokio Hotel. Loca obsesiva germanocantante. Diosa suprema del panteón frikista. Maestra Sith de VcKBiLl y KittyStorm. Colombiana honoraria.