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Anteriormente:
Le dijo “Luka, necesito ayuda”
Él solamente la siguió observando y tomó su mano… apretó su mano como ese día en que nació Joe y sintió que sabía lo que venía, ya lo había sospechado.
Capítulo III: Casa sin Hogar
Luka no podía creer lo que había hecho Abby, aunque ya había tenido indicios de tal situación.
Como fue que esa mujer, que el reconocía por su fuerza y que había llevado su enfermedad tan bien hasta ahora, se había convertido en una mentirosa, una adultera, algo que él por sus creencias católicas y lo que había vivido hasta el día de hoy, no toleraría.
No fue hasta que estuvo con sus maletas sobre el auto cuando se dio cuenta de que la había desalojado.
Cuando tuvo sus maletas sobre el auto, besó a su esposa superficialmente, pero pudo sentir el sabor de sus lágrimas que secó con sus dedos antes de despedirse.
Esperó unos minutos, mientras las gotas de lluvia caían sobre su oscura cabellera y corrían a sus labios que trataron de formular unas últimas palabras.
Luka respiró profundamente mientras la vio alejarse. A pesar de lo mucho que la amaba, su hijo no podía crecer viendo a su madre así.
No solo había dejado a su hijo al cuidado del una persona inexperta, sino que se arriesgo a caer nuevamente en esa enfermedad que la había asechado por años.
Aunque su “pequeña” aventura con Kevin, habría sido producto del alcohol, era lo que lo hería más.
Estuvo unos minutos en la lluvia, como esperando que su cuerpo reaccionara, pero no sucedió nada. En una hora debía salir camino a Croacia y no estaba seguro de si debía viajar o no ir.
Mientras tanto, su mujer avanzó unas cuadras, para parar cerca del hospital y llorar… llorar hasta no poder más.
“Como arruiné esto... mi familia, mi hijo… Luka… tantos años en esto, y destruirlo de un segundo a otro…”
Miles de pensamientos, la agobiaban y no segura de que hacer, se dirigió a aquel parque donde descansaba, aquel parque cerca del Lago Michigan que la tranquilizaba tanto, como ese día en que le dijo a Luka lo que quería para su vida: tener ese hijo.
Pensó durante horas todo lo que habían pasado, y que en realidad, esto había sido el colmo de sus boberías que en su corazón ella sabía no lo había cometido por una falta de amor…
“Luka me ama… ” Se decía a sí misma
“.. Y yo a él” y luego rompía en lagrimas.
En su cabeza nuevamente surgían esos momentos con su marido,
“No quiero que todo sea definido por esta situación en particular” le dijo hace exactamente un año atrás.
-“Podemos superar esto” - Cuando ni siquiera sabía que realmente su hijo estaba en el vientre de Abby.
“hiciste lo que tenías que hacer, aun así, eso no significa que no podamos estar juntos.”
Había cometido probablemente, el error más grande de su vida… ni siquiera ella podría perdonarlo si hubiera sido de la otra manera.
Cuando ya se había calmado, retomó nuevamente su rumbo… bueno, a donde su auto la llevara, ya que todavía no sabía qué hacer… pensó por un momento volver a casa, pero Luka ya se habría ido, no tenía razones para volver.
Durmió en el auto. Su viaje terminó media hora después de alejarse del lago, la noche anterior, Cuando se situó en una calle cercana a su departamento.
Despertó a la mañana siguiente, con el sonido del tren. El sol no alumbraba como los otros días, parecía que la lluvia no cesaría nunca, y aunque no hacía frio, sentía como si un viento la rodeara.
Luka y Joe ya habían partido, probablemente ya estarían en Croacia, pero no se atrevió a llamar, le tenía mucho miedo a la respuesta de Luka, aunque a pesar que después de todo lo sucedido, se mostró como siempre: como un caballero, claro que esta vez, tuvo que tomar el rol del protector, algo que ocurría solamente cuando consideraba que los que ama están en peligro.
A Luka parecía importarle poco lo que sucediera con Abby durante su viaje; en su interior la extrañaba, pero ante su familia mostraba una cara de tranquilidad, tan tranquila que fue le fue difícil notar a Niko lo que le sucedía.
Le explicó a su hermano que era porque debía trabajar.
Pero hasta donde él había escuchado Abby estaba anotada para el viaje, por lo que encontró que la situación además de extraña, tenía que ser por algo más que trabajo.
Bajaron las maletas a un camión más o menos antiguo, embarrado del color tierra claro de las calles de Zagreb, simplemente el lugar no había cambiado desde su niñez, y aunque hace un par de semanas ya había estado allí, ahora se dio cuenta de cosas que no había notado antes, como las flores de los balcones de esas antiguas casas al borde de la playa, y las paredes de piedra que rodeaban la ciudad que esta vez, parecía menos arcaicas y se tornaban de colores gracias a los grafitis que aunque no era una novedad en el sureste de Europa, en su tiempo no existían o probablemente no había visto.
Ya camino a Split, los bosques de hoja caduca, decoraban su viaje y fascinaban al pequeño Joe, mientras deseaba que su esposa hubiera estado allí para apreciarlo.
Las horas de viaje parecían acortarse cada vez más, hasta que a las 5 de la tarde, llegaron a la casa donde había crecido.
Casi nada había cambiado, pero los pequeños detalles parecían ver extraordinarios. Su casa, de un color blanco invierno, tenía tejas nuevas, que destacaban en medio de arboles con pocas hojas, dejando ver en el fondo el muelle que da al Mar Adriático, donde muchas veces pescó junto a su padre y hermano.
Al llegar, una mujer los recibió con mucho cariño. Parecía ser una mujer de no menos de 50 años, de cabellos oscuros, que a la luz daban la impresión de ser morados. Su piel tersa, era blanca como la arena que cubría las playas de Croacia, y tenía un gran parecido a su madre.
Resultaba ser la hermana de la Sra. Kovac, que desde el fallecimiento de esta había acompañado a Josip Kovac en su enfermedad.