|
Author of 24 Stories |
Distancia
La mayoría de las personas se merecen la una a la otra.
-¿Podrías dejar de hacer tantas preguntas? –se volvió hacia ella, visiblemente irritado. Estaba cansado y ella no parecía ser capaz de parar de acosarlo con preguntas. Más inmediatamente, se arrepintió de haberle gritado.
El labio inferior le temblaba violentamente aunque estaba mordiéndoselo, en un vano intento por controlarse. Los ojos se le aguaban sin poder evitarlo y comenzó a respirar con dificultades.
-¡No puedo! –exclamó antes de irrumpir en sollozos. Las lágrimas brotaban incesantes de sus ojos, habían sido contenidas tanto tiempo que ahora que podían salir eran imparables-. ¿Sabes por qué? –insistió-. Porque hace siete meses y veintitrés días que no te veía, que ni siquiera tenía noticias tuyas y de un día a otro chocas conmigo en plena calle, sonriente, pero pálido y delgado –él abrió la boca para protestara, ella no puede quejarse mucho, está en condiciones muy similares. Sin embargo antes de que sea capaz de colocar en orden sus ideas, hacerlas parecer un argumento razonable, ella vuelve a hablar-. Me urge saber que ha pasado contigo, cuánto has cambiado y qué tal está el clima. Ya sabes que soy una cotorra envasada.
Una carcajada quedó ahogada en su garganta, como siempre, le dio un motivo para reír. Mas se mantiene serio, porque a pesar de que una sonrisa apareció en su rostro, las lágrimas aún resbalaban por su barbilla hasta caer sobre la mesa donde apoyaba los codos, sosteniéndose la cabeza con las manos.
-Te tratas a ti mismo como una bestia y eres tan humano como yo o el idiota que está cruzando la calle –esconde la cara entre sus manos, soltando una risa nerviosa e histérica-. Es horrible tenerte a mi lado pero saberte tan lejos.
El aire se enrarece, la tensión puede palparse con lo dedos. Una vez más la culpa cae sobre sus hombros y Remus cree que su corazón dejó de latir. Las piernas no le aguantan, tiemblan y no le queda otra que desplomarse en la silla más cercana, quedando frente a ella, que ya no llora, o por lo menos no se la oye sollozar, porque aún tiene el rostro oculto.
¿Es qué acaso no puede hacer nada bien? La lastima estando lejos y parece hacerle más daño cuando está cerca. Desconcertado y atribulado, se peina el cabello salpicado de gris con los dedos.
No quiere verla así. Había creído que sería más fácil desaparecer del mapa por un tiempo para que el “amor” se desvaneciera pero acaba de encontrarse con las secuencias de su acto tan infantil y precipitado. Quiere consolarla pero presiente que será inútil porque terminará de hacerlo, se marchará y la destrozará de nuevo.
Los msegundos pasan y se vuelven minutos y los minutos terminan volviéndose una hora. Una hora en la que permanecieron examinando con esmerada atención la superficie de la mesa.
Cada uno sentado en un extremo, pensando en el otro, haciéndose de un peso ridículo pero que se rehusaban a dejar caer.
Se sentían culpables de la desdicha del otro y aunque no lo eran, era más fácil creerlo que aclarar las cosas. No se deshacían de ese peso que les oprimía el corazón, el que los aplastaba y los hacía miserables.
Es que era tan difícil.
Paso un rato más y uno de ellos enfrentó al otro. Le obligó a mirarlo a los ojos. Encontrando dolor, angustia, miseria pero también amor, escondido, siendo reprimido pero ahí, sobreviviendo.
Se refleja lo mismo en la mirada de los dos. Los ojos son el espejo del alma y sus almas están cautivas de los mismo problemas, so el espejo perfecto, se reflejan el uno al otro.
Se reconocen y una sombra de sonrisa aparece. Hay una distancia enorme entre ellos, no son los treinta y cinco centímetros de la mesa. Ésta es descomunal, 1215 km, 1342 quizás. Más sonríen, apenas, pero sonrisa es sonrisa, porque se aseguran que es sólo es cuestión de tiempo para vencerla.
N/A: Lo que yo quería era traer más de una viñeta, pero no me fue posible, mil perdones por ello.
Espero que esta pequeña y sencilla les haya gustado.
¡Feliz día de los Enamorados para todos! (Solos y acompañados, porque no tiene nada que ver, aunque sea una vez en la vida todos nos hemos enamorado.)
(Muchas gracias a Ocean Lady, por su rr... algún día seguiré por tu profile. Tus historias valen la pena ser leídas pero hay que dedicarle su tiempo P )