|
Author of 12 Stories |
• D E L I C I A S • N O C T U R N A S •
• B R U J A •
Por alguna loca razón; sentía que controlaba todo. Cuando le contó esta teoría a Matt solo consiguió un par de carcajadas y un ‹‹¿Qué clase de idiotez es esa?››. Pero no era ninguna idiotez, Near controlaba a las personas, estaba seguro. Tan seguro como que el chocolate es necesario y dulce. Tan seguro como de que Matt era un idiota.
Y ahora nada le había pegado tanto a su joven orgullo de doce años que la burla de quien era su perro. Iba a demostrarle que era cierto. Qué Near era una bruja llena de cosas raras y muñecos vudú. Porque un chico tan superdotado como él no estaba en edad de pavear con esos juguetes, esos muñecos no eran comunes y corrientes.
-Son muñecos malditos Matt, porque Near es una bruja –le dijo serio el viernes en la noche, se habían propuesto entrar a su cuarto en la noche para pescarlo en plena "brujería". Aunque a Matt ya empezaba a preocuparle de verdad esa manía tan rara. Contaba con que el viernes Mello se diese cuenta de que era mentira.
¿Por qué Mello creía esto? Mello es un chico inteligente, no va a inventar ridiculeces para auto-humillarse, estaba basado en pruebas. Todo lo que esa mancha blanca quería mágicamente se hacía, se lo concedían/permitían, y de la nada esos muñecos, esos juguetes sospechosos. Tal vez el resto podía tragarse la mentira, pero él no. Y pronto Matt, tampoco.
No había cenado, estaba algo ansioso y temeroso, caminaba al rededor de la habitación esperando que el resto de los inútiles se fueran a dormir, según una niña que pasaba por allí; Near tampoco fue a cenar.
‹‹Seguro sabe que voy a verlo –pensó mordiéndose el labio inferior con tal fuerza que llegó a sangrar- pero no me importa. Si le quito sus cosas de bruja dejará se saber que pienso, dejará de ser el primero de este lugar.›› Porque cuando estaba con esa mancha blanca era como estar desnudo, una mente de libro abierto sin saber como cerrarse, y le jodía mucho eso.
Las nueve y media, escuchó los pasos de Matt acercándose de apoco. Lento, Near lo hacía caminar lento.
-Estofado con ensalada Mello –se frotó el estómago lleno y se recostó sobre la cama del rubio cerrando los ojos- ¿por qué no quisiste cenar? Después andas diciendo que la comida es una mierda y que se yo.
-¡No me interesa la comida! –.reprochó enojado, llevándose las manos a las caderas- hay que esperar hasta las once, ahí duermen todos como troncos.
-¿Y qué hacemos hasta una hora y media? pensaba en sacar la DS y ponerse a jugar lo que quedaba de tiempo, pero el rubio ya no toleraba eso. Quería atención de parte de su mascota. Quien sirve a dos amos termina aborreciendo al otro. No estaba dispuesto a que un mugroso aparato le quitara lo que es suyo.
-No se, charlemos –dijo por decir.
-Eso o podríamos hacer algo mejor –propuso con una mirada extraña. Como si acabase de enterarse de algo estupendo o shockeante. Sus mejillas estaban con un leve tinte rosado tirando a rojo, sonrió con malicia- besémonos Mello.
-¿Qué? –se quedó atónito… pero no horrorizado, no esperaba una propuestas así, menos de un chico, menos de Matt, menos en ese momento.- ¿Besarnos¿Qué clase de pasatiempo es ese Matt?
-No se… se me ocurrió y te lo dije ¿qué ves de malo? -. Es verdad ¿qué tiene de malo? Eran chicos claro pero… eso solo, lo demás no era nada del otro mundo, no irían presos ni nada. ¿Entonces?
-Está bien Matt: bésame –ordenó acercándose a su rostro, hasta quedar a pocos milímetros de su boca, los alientos se iba rozando hasta que solo pudo sentir la textura de su boca tocando la suya. Iba tornándose húmedo y la lengua del pelirrojo entró para juguetear. Raro.
Pero agradable.
Sigamos.
Y si, siguieron, se besaron, se tocaron, ambas cosas. Liberando quizás las ganas contenidas desde hace tiempo. Las manos de Matt tenían arte. El sabor de Mello era único y excéntrico. Los minutos corrían a velocidad luz. ¿Por qué era que empezaron a besarse?
-¡Near! –dijo de repente, apartándolo con brusquedad.
-¿Aun quieres ir? ó su reloj de pulsera- vamos –se puso de pie y se acomodó un poco el cabello revuelto.
El pasillo estaba a oscuras y en silencio, Mello andaba con tranquilidad; miles de veces fue en esas situaciones a la cocina, el baño o cualquier otro lugar, Matt estaba pegado a él por miedo a tropezar, que Roger se despertara y que todo se estropeara, sabía que Mello no se lo iba a perdonar.
“Habitación 23: Near”
Entraron.
Pero no vieron calderas, ni un gato negro, ni una escoba.
Solo vieron la evidencia más clara que cualquier otra cosa en el mundo.
Mello miró triunfante a Matt que no sabía donde esconderse de la vergüenza de la derrota.
Observaron todo unos minutos en silencio hasta que se hicieron las once y media, se dieron la vuelta y regresaron al cuarto del menor a continuar con el ritual que la bruja impuso.
Porque lo que había en la habitación era a un niño albino, dormido sobre la alfombra, rodeado de sus juguetes, de sus muñecos.
Y casualmente en la mano derecha apretaba con fuerza una figurita rubia y otra de cabello rojizo. Estaban pegadas, y si se fijaban bien sus caritas se tocaban del todo, como un beso.
-Te lo dije tonto –rectificó el rubio- es una bruja que juega al vudú.
-Es una bruja pervertida.