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0Psique
Author of 18 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Angst - Light Y. & Misa A. - Reviews: 15 - Published: 11-27-07 - Complete - id:3915404

Hola a todos nuevamente. Vuelvo con un fic largo tiempo meditado y largo tiempo trabajado: un LightxMisa. Pese a que mi OTP es y será el LightxL, el canon de Death Note es simplemente genial, terriblemente triste y no menos hermoso. Quería reflejar una panorámica de los sentimientos de Misa hacia Light, dejando algunos aspectos bastante claros y otros más a criterio del lector. Elegí un momento ficticio pero no del todo impensable: el adiós de Misa a su novio.

Poco más que añadir... espero que os guste este pequeño aporte a un Fandom no muy concurrido, cuando se lo merece con creces. Abajo tenéis un par de aclaraciones que me parecieron oportunas señalar.

Dedicado a mi querida amiga Elena (Luna del Moral) por su santa paciencia aguantándome con mis obsesiones y porque sé que adora el LightxMisa. Tú sabes que a mí también me encanta... pero qué le vamos a hacer, me dio fuerte con una pareja sin sentido... espero que te parezca IC en lo posible y que lo disfrutes.

También dedicado, cómo no, a mi Esther (Harazyn) porque ella también apoya a ultranza el canon de DN. Ojalá no te decepcione. Ya sabes¡deseando cosplayarme contigo de Light y Misa para someter a todas las fangirls!

Un beso.

Y muchas gracias


DE PROFUNDIS

Sed eligo quod video
Collum iugo prebeo
Ad iugum tamen suave transeo…

Aquello no podía tratarse más que de una pesadilla.
Sencillamente, no podía ser real.
Era mentira.

Misa… Misa, despierta… despierta de una vez…”

¿Adónde la han traído¿es que no saben que ella tiene que quedarse en el hotel para esperar a Light? Le prometió que vendría… si él llega y Misa no está se enfadará mucho… ¿por qué no quieren entenderlo?
Matsuda no cesa de llorar y, moqueando tratando de dominar la voz quebrada, murmura lo que parece ser una disculpa tras otra. ¿Qué les sucede¿qué está pasando aquí? Los rostros hieráticos e insoportablemente serios de sus compañeros la asustan. Intercambian miradas significativas que ella no es capaz de captar y balbucean tímidamente unas palabras.

Misa… Misa, por favor, despierta…”

- Misa-san… Light-kun ha muerto.

Mentira.
Menuda idiotez.
Ella se había puesto su vestido más bonito; el que a Light más le gustaba y que reservaba para las ocasiones especiales. Aferra nerviosamente los encajes de la falda, con la mirada posada en los zapatos negros de tacón, que parecen haberse apuntalado en el suelo. Siente que el traje pesa horriblemente. Las rodillas flaquean; las piernas ceden y ella no hace nada por evitarlo.
No podía ser cierto… ella se había puesto su vestido más bonito… ¿qué lógica tenía aquello? Light le había dicho que vendría a recogerla al hotel, ella se arreglaba con sus mejores galas, le esperaba y él venía. Era así de simple.
Light no podía estar muerto.
Esas cosas se presienten, no ocurren en el momento más inesperado. Y menos tratándose de su Light.

-Mentira.

Alza la mirada. Sus pupilas dilatadas, cuyo destello permanente de alegría ha desaparecido por completo, quedando dolientemente opacas como si el ámbar del iris se hubiera cubierto de polvo ceniciento, se clavan acusadoramente en cada uno de los agentes.

- Misa quiere ver a Light. – solicita en un tono que consigue paralizar a los presentes.

Lo que siguió fue una sarta de explicaciones sin sentido, hasta contradictorias en detalles; llenas de lagunas insostenibles. Light-kun era Kira, decían. Algo acerca de darle sepultura en secreto. Todo era mentira, así que no tenía por qué prestar la más mínima atención. Los sonidos llegaban lejanos, amortiguados, carentes de significado.
Sus níveas manos siguen jugueteando frenéticamente con los primorosos bordados de su vestido. Se alisa la falda mecánicamente una y otra vez, con la mirada perdida en su horizonte interior.

-Misa quiere ver a Light.- es lo único que acierta a pronunciar tras el discurso.

Fue entonces cuando la llevaron a aquella habitación.
El frío se apodera de ella, calándola hasta los huesos, nada más traspasar el umbral de la entrada. Ni siquiera sabe de donde ha sacado el coraje para llegar hasta allí.
Aizawa musita algo, pero no alcanza a escucharlo.
Y, de repente, se encuentra sola en la estancia.
Silencio. Frío y silencio.

- Light…

Reposado en un jergón improvisado, Amane Misa le vio por fin.
Y durante unos segundos no puede hacer más que mirarle, hasta que finalmente consigue sacar fuerzas de flaqueza y acercarse.
Mentira… era mentira…

Se recuesta junto a él y yergue levemente su cuerpo. ¿No está más delgado? Oh… ¿acaso no había comido lo suficiente durante el cautiverio de Misa? Pobre… sí, era cierto, había perdido algo de peso. Seguro que a causa del estrés y el cansancio acumulado por culpa de ese odioso Kira… se le veía siempre tan exhausto…
Decide tantear tímidamente bajo la chaqueta descubriendo la tela chamuscada, aún con el resquemor ardiente de la pólvora que la ha atravesado; ve los agujeros de bala y, ebria de muda rabia hacia todo lo creado, busca los vestigios de escarlata. Uno… dos… tres disparos. Muñeca, hombro y costado.
Misa rezó porque no le hubieran dolido mucho…

Era incapaz de imaginarle agonizando, gimiendo su desgracia, retorciéndose en tierra mientras le acribillan, suplicando por un soplo más de vida… sencillamente, la idea de que el corazón de Light dejara de palpitar le parecía tan inconcebible como injuriosa.
Creía firmemente que cuando el corazón de Light se detuviera, todo, absolutamente todo, pausaría su existencia.
El batir de las alas de los pájaros congelado en las alturas, el borboteo de las fuentes callejeras cristalizado como una lámpara de araña, las hojas de los árboles petrificadas en su viaje a las raíces, como un otoño interrumpido; los viandantes condenados a una actividad ya lejos empezada y jamás terminada. En medio de ese gran teatro del mundo ella sería la única persona consciente y libre. Y no tendría miedo. Light vendría a buscarla. Él vendría. Vería su esbelta figura caminar con paso firme y mentón en alto, siempre tan guapo, siempre tan irresistible con su desenvuelto donaire, atravesando el interminable escenario. Todo a su alrededor es gris, grotesco, absurdo… malvado. Su dios vuelve. Él es la Luz.

Todo lo domina, todo lo mantiene.
Todo lo inspira, todo lo aviva.
Todo lo enardece, todo lo ensalza.
Él alumbra con su Luz la luz del Sol y de las estrellas, acudiendo en ayuda de las más altas luces.

Y allí hallaría a su pequeña discípula, su incondicional y fiel Amane Misa.
Amar a Kira era transfigurarse en la suma sacerdotisa del culto mistérico que su dios propugnaba, amar se confundía con servir; amar se confundía con dejarse pisotear. En lo más profundo de su corazón, Misa era consciente de ese estado, mas jamás hizo intento alguno de revelarse, pues bien sabía que arrojándose a los pies de su Benefactor estaría al lado de quien en realidad más adoraba.

Misa no amaba a Kira.
Respeto y deuda eran las palabras más definitorias de sus sentimientos hacia aquel insólito ser.
Él le había tendido su mano obrando su Justicia cuando su fe en la misma estaba a punto de desvanecerse.
Por encima de todo, él había sido la llave que abrió las puertas de su unión con Light.
Pero no por ello debía considerarse una fanática, desde luego que no.
Poco le importaban a ella las utopías kiranianas, poco le importaban los sueños de una sociedad en paz donde el Mal no fuera más que un lejano recuerdo de la condición humana ahora redimida, poco le importaba a ella ser la reina de un mundo despótico donde el miedo fuera el acicate del más falso orden… poco le importaba a ella que Kira alcanzara su máximo anhelo.

¿Estarían juntos Misa y Light¿necesitaría Light de Misa por siempre?
Dímelo, mi cielo…

Cuando tengas a tus enemigos y a la Humanidad entera subyugada bajo tu hegemonía¿seguirás queriendo a Misa?

No, Misa no amaba a Kira…
Misa amaba a Light Yagami.
Misa amaba al joven que la abrazaba, la besaba y le hacía el amor por las noches. El chico que le decía que la quería y que la querría hasta el fin de sus días, pasara lo que pasara.
Tus ojos son el tesoro del Nuevo Mundo, Misa… jamás olvides eso. Tus ojos me pertenecen. Tus ojos son mis ojos… mi tesoro más preciado.” Declamaba en su oído solemnemente mientras la hacía suya.
Era un bonito sueño pensar que el sentimiento demencial de posesión y rendición no eran más que una invención suya y que tras todos aquellos juegos de amor no dormía sino el más sincero de los afectos… y Misa siempre fue muy soñadora.
Ya se lo repitieron hasta la saciedad sus padres y su hermana:
Misa-chan, baja de las nubes.”
Misa-chan¿perderás alguna vez la inocencia y comprenderás la verdadera naturaleza de las personas?”
Algún día la realidad te partirá el corazón en dos, Misa-chan.”

Ella lo comprendía perfectamente. No era estúpida. Pero tratándose de Light, cualquier sombra de raciocinio y sentido común se esfumaba de inmediato, quedando sólo el puro sentimiento del amor en su alma.
Por eso no le hubiera importado cualquier tipo de abuso.
Que le pegara, que le insultara, que la humillara y usara hasta no ser más que una marioneta de trapo mutilada que sólo quedara arrojar a la basura.
Ya había tenido que soportar los celos de hiel y fuego por culpa de Takada y las demás mujeres con las que Yagami mantuvo estrecho contacto. Incluso llegó a sentir celos del desgreñado de Ryuuzaki, encadenado día sí y noche también a su chico con sólo Dios sabe qué intenciones mientras ella estaba enclaustrada.
De haber sido partícipe de la situación, ante la estampa de Deesis que protagonizaban Kira, Kiomi y Mikami Teru se hubiera preguntado qué papel jugaba ahora en la función. Cuando le había dejado de ser útil y por qué.
Pero ella le seguía amando. Ante cualquier afrenta, ella le hubiera seguido amando.
En su voluntaria inconciencia, Amane vivía feliz.

Misa amaba al vestigio de ser humano que quedaba tras la quimera sin escrúpulos en la que se había convertido Yagami: más allá del ente; su olor, su sabor, su tacto… todo lo que latía en aquel mortal disfrazado de semidiós con alma de diablo. Pero la pequeña esclava pareció olvidar que todo lo que más idolatraba de su Señor eran sus irremisibles ataduras a la Tierra: la misma carne podía descomponerse, el mismo olor podía pudrirse, el mismo sabor podía corromperse. Light Yagami no pudo burlar a la Muerte.

En la helada camilla de aquella suerte de patético velatorio, Misa apretaba su cuerpo con los restos hechos trizas de su novio.

Su voz desafía al sepulcral silencio de la sala y, lenta, muy lentamente, sus labios comienzan a entonar una triste canción. No recuerda donde la aprendió. Ni siquiera comprende el significado de la letra en su plenitud, pero el canto fluye…

When the moon on a cloud cast night
shine above the tree tops' height
You sang me of some distant past
That made my heart beat strong and fast
Now I know I'm home at last

Manos temblorosas acarician los mechones entintados de sangre reseca. Su pelo sigue tan suave y tan brillante como otrora solía, tan lleno de todos los hermosos y cálidos matices ocres y cobrizos que sólo un atardecer es capaz de emular…entrelaza sus dedos de niña con los cabellos, procurando no tironearle, pues no quiere lastimarle… lo tiene un poco enredado, cosa que desconcierta a la jovencita; tan insólito se le antoja. Con extrema dulzura, le peina sin más ayuda que sus dígitos.

You offered me an eagle's wing
That to the sun I might soar and sing
And if I heard the owl's cry
Into the forest I would fly
And in its darkness find you by.

Su rostro conserva, cuales huellas del imperdonable crimen, los surcos sin agua del sudor y las lágrimas, derramados lastimosamente en sus bellas facciones, entremezclados con el granate apagado de su propia sangre. Es verdad. Huele a sudor, a lágrimas y a sangre. Y a algo que finalmente consigue identificar con el perfume del mar, detalle incomprensible para ella. Pero también huele al jabón que Misa se preocupaba por tener siempre disponible en su cuarto de baño, a la colonia que en su cumpleaños y en Navidades era uno de sus regalos incondicionales, al suavizante con aroma a hierbas con el que lavaba su ropa desde que comenzaron a vivir juntos. Olía a Light, con esa fragancia incomparable, mezcla de masculinidad y frescura; fragancia que reconocería hasta en el Fin del mundo como la de su novio, impregnando sus dedos y las sábanas de su lecho por toda la eternidad.

And so our love's not a simple thing
Nor our truths unwavering
But like the moon's pull on the tide
Our fingers touch our hearts collide
I'll be a moon's breath from your side

Sus labios redibujan sus perfiles de arcángel, aquellos contornos tan pacientemente memorizados en tierna devoción, aquellos rasgos tan elegantes y gallardos, sin que ningún banal defecto a tan maravilloso canon pudiera concebirse. Tan sólo cabía admirarle, como una hermosa divinidad escapada de algún mito griego, como una criatura celestial relegada al infame mundo de los humanos.

I'll be a moon's breath from your side…

Besa el arco recto de la nariz, besa los pómulos altos, besa la altiva frente, besa la viril curvatura de la manzana de Adán de su cuello, besa la sensible piel de la intimidad escondida tras sus orejas, besa los rasgados ojos, cerrados a la fuerza, sintiendo el cosquilleante aleteo de las pestañas bajo la tibieza de su aliento; besa el rictus de las cejas, besa las comisuras como el témpano de su boca entreabierta.

I'll be a moon's breath from your side…

Y besa sus labios.

Terriblemente secos, llenos de las llagas carmesíes que, a mordiscos de desesperación ante la idea de sucumbir a su Sino, le han arrebatado su sedosa y sensual apariencia. Mas su saliva poco a poco calma el dolor imaginario de las heridas, entibiándolas hasta casi volver a sentir aquellos húmedos labios que le robaron la cordura desde el primer día.
El beso no es correspondido. Su boca de ensueño no se aferra violentamente a la suya, devolviéndole el gesto con urgencia enfermiza, apremiando al descontrol de sus jadeos con el más ínfimo roce de sus sabias manos por su silueta. Los labios de su amado, como ahogados en una inaudible queja, fríos como los ventanales en los días de lluvia, inertes como los marmóreos de una patética escultura clásica, no responden a sus caricias.

-¡Light!

Fue entonces cuando Misa rompió a llorar.

El terror se apoderó de ella de la forma más horrible que cabía imaginar. Un vacío sin principio ni final sustituyó lo que antes llenaba su alma, dejándola con un sentimiento de abandono que la hacía verse completamente perdida en sus propios recuerdos, en su propia historia, en su propia conciencia de sí misma. Perdió la noción normal de las cosas, los colores desaparecieron; ya no había luz para teñir de vida las naturalezas muertas que le circundaban, ya no tenía ningún sentido la realidad a la que pertenecía.
Miró a su alrededor presa del pánico.
Light se había ido, llevándose el espíritu de su sierva consigo. Y el Destino seguía siendo tan tirano como para cometer la crueldad de permitirle a la cárcel de su cuerpo seguir respirando en un mundo sin aire. Sin beber del licor de los labios de Light, sin alimentarse del terciopelo de su carne… ¿cómo iba Misa a sobrevivir?

Rememora el timbre de su voz, su cadencia al hablar, su peculiar entonación al matizar cada sentimiento… en su mente resuenan sus palabras en paredes lisas e interminables, en un eco que amalgama todas y cada una de las dedicaciones de su dios, como Sagradas Escrituras recitadas solemnemente en un púlpito inexistente donde no hay más fiel auditorio que ella misma, hechizada por el universo de promesas y esperanza que emana de los labios del mártir.

Su pequeña esclava, desvalida y sin amo que guiara sus pasos, sólo podía llorar la partida de su Redentor. No era un llanto grandilocuente ni melodramático, ni lleno de aspavientos como el de una plañidera… era un llanto tan quedo que parecía que podría permanecer así, murmurante letanía a la caída de su Salvador; hasta el día del Juicio Final, en amenazador recuerdo a todos los mortales del pecado cometido. Pareciendo un animalito lastimado, con miedo a tan siquiera quejarse, Misa abrazaba el cuerpo destrozado de Light buscando transmitirle un poco de calor con el que devolverle la vida.

Tenía que volver a abrir los ojos. Tenía que volver a mirarla.
Podía gritarle, podía denigrarla, podía forzarla. Nada de eso podía herirla.
Podría resucitar para cobrarse su insignificante vida como reclamo, bajando él de nuevo al mundo.
Oh¿por qué no hacía eso?
Misa no es importante. Misa no es nadie.
Misa es Light.
Donde Light vaya, ahí debe estar Misa.
¿Por qué no te la has llevado contigo, Light¿qué ha hecho Misa mal para que quisieras desprenderte de su abrazo?
Tenía que vivir… Light tenía que vivir…

¿Qué te han hecho, mi amor¿quién ha podido hacerte algo así? Casi no te reconozco. ¿De verdad eres tú, Light? Quería pensar que nada de aquello era cierto; que no era más que un terrible error, la más insultante de las equivocaciones, una broma de pésimo gusto para asustarla.
¿Cómo osan decir que tú eres Kira, vida mía? No es verdad, no es verdad… tú no eres Kira…
Él, que tanto había luchado por atraparlo, él, el más ferviente y entregado enemigo de ese asesino…
¿Por qué son tan crueles con Misa?
Yo… yo quiero pensar que volverás a mi habitación esta noche tal y cómo me juraste…

Ahogada en el llanto, oiría como si del más maravilloso sonido de esperanza se tratase, el pestillo de la puerta al abrirse; y vería, como si de un bello ángel traspasando las puertas del Cielo se tratara, su silueta entrando en la estancia. Y allí la encontraría, hecha un mar de lágrimas sobre la cama, en desconsolada plegaria por su muerte.
¡Qué tonta eres, Misa¿por qué lloras?” inquiriría, con aire cansado mientras, abatido por los extenuantes quehaceres de la jornada, se dejaría caer junto a ella, despojándose de su chaqueta y aflojándose el nudo de la está tan feliz…
Me dijeron que habías muerto, Light…” conseguiría a duras penas gimotear, abrazada a su pecho.
No digas bobadas, Misa” le reprendería, mientras sus finas manos pasean por los cabellos empapados de la sal que derraman sus ojos melados. “Te dije que me esperaras. Te prometí que vendría”.
¿Qué tonta, verdad…? Es sólo que Misa se ha puesto nerviosa. La han engañado contándole te habían cosido a tiros y que únicamente quedaba de ti un despojo sanguinolento desgarrado por los suelos.
Ya… ya dejo de llorar… no quiero se pesada. Misa sabe que eso a Light le molesta mucho. Es sólo que Misa se ha asustado… ¿me perdonas? No podía creer que te habías ido para siempre… lo siento… ya paro… no te enfades, Light… te quiero.

Entonces un tierno recuerdo se despereza en su mente: el recuerdo de su primera vez.
Misa no recuerda las noches salvajes en donde Kira la embestía hasta hacerle sangrar, ordenándole que le gritara quien era su amo y señor, mordiéndola, arañándola y carcajeándose a pleno pulmón de su magnificencia mientras su muñequita se rompía más y más a cada acometida. Su preciosa muñequita. Siempre rota. Siempre remendada.
Aquellas noches de tortura, que no eran más que una atroz reafirmación del ego de Kira y de su poder inamovible sobre su sirvienta, fueron borradas sin dejar estela alguna a su paso.
Lo que Amane recordó fue la vez que Yagami Light le hizo el amor.

Y qué importancia tenía que Light la mirara sin verla, que la escuchara sin oírla, que la acariciara sin sentirla.
Qué importancia tenía que el Amor fuera un manipulador juego vacío para aquel Anticristo.

Está bien. Seré tu novio.”
Misa, vivamos juntos.”
Tienes que esperar, Misa. Cuando el caso se solucione, nos casaremos y no habrá traba alguna en nuestra felicidad¿comprendes?”
Todo esto lo hago por nuestra felicidad.”
“… yo también te amo, Misa.”

Las horas pasan.
Pero el reloj de Misa hace mucho que se detuvo.
Las horas siguen pasando…
Hasta que la incertidumbre se hace insoportable y Aizawa junto con el resto del equipo entran en la habitación, temerosos, pues todos en su fuero interno saben que pueden encontrarse con cualquier cosa.
Nadie se ha molestado en encender una lámpara, pese a que hace ya mucho que la noche se ha cernido sobre ellos.
Tan sólo iluminada tenuemente por el frío brillo de las bombillas de neón del pasillo, descubren a Misa abrazada a su novio como si una noche más compartiendo cama se tratase.
Los ojos cerrados, desbordados de lágrimas. Sus manos, aferradas desesperadamente a la chaqueta de Light. Sus labios, besando las congeladas mejillas.

Un murmullo sesga el mutismo. Una melodía.
Con la voz entrecortada y gimiente, clamando a los Cielos para que la muerte le sobreviniera y la reuniera con su ángel de Luz, Misa susurraba una y otra vez su canción de cuna.

Lasciate ogni Speranza

“Abandonad toda Esperanza”

Dante a las Puertas del Infierno. La Divina Comedia.

FIN


-“Pero yo escojo lo que veo/ y al yugo someto mi cuello/ rindiéndome al dulce yugo.”
In trutina. Carmina Burana.

- Deesis: representación iconográfica empleada desde el arte bizantino con Cristo flanqueado por María y San Juan Evangelista. Imagino que se entenderá el paralelismo que he querido emular.



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