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MI GRAN BODA MUGGLE
Disclaimer: Los personajes que aparecen en la siguiente historia no son ni serán jamás de mi propiedad. Le pertenecen a Jotaká que, aunque tenga sus errorcillos, fue la creadora del maravilloso mundo de Harry Potter. Ella se enriquece, no yo. ¿Qué le vamos a hacer?
Resumen: ¡Percy y Penny se casan! Una novia histérica, un novio acojonado y dos familias totalmente opuestas. ¿Conseguirán llegar al altar, o todo terminará en desastre?
CAPÍTULO 12
Y colorín, colorado…
-Acaba de llegar una nueva lechuza de Charlie. ¿No piensas contestarle?
Percy le dio un sorbo a su taza de café y negó decididamente con la cabeza. Penny frunció el ceño y quiso regañarle –otra vez- pero terminó por tirar la carta a la basura. Ahora que Percy era un hombre casado, encontraba bastante divertido que su madre se pasara la vida hostigando a sus hermanos solteros para que sentaran cabeza y se convirtieran, según ella, en hombres responsables. George seguía sin hacerle demasiado caso, pero Ron había cedido y se echaría la soga al cuello en un par de semanas. No es que su hermano estuviera precisamente disgustado, pero sin duda Molly Weasley había tenido mucho que ver a la hora de escoger la fecha. Charlie, que seguía soltero pero que tenía una amiguita por ahí, era el que más harto estaba y al que su madre torturaba con más asiduidad.
-A él le parecía muy gracioso cuando mi madre nos atosigaba. No esperarás que demuestre piedad ahora.
-A veces eres tan malo que me das miedo –Penny sonrió y dejó una bolsita sobre la mesa. Percy sabía lo que había dentro. Desde que Lucien y Jules tuvieron a su primer hijo, Penny no compraba otra cosa –Mira que jersey más mono –Dijo con voz de idiota, mostrándole una diminuta prenda de vestir de color rojo -¿Y qué me dices del pantaloncito? Va a estar adorable.
Percy los miró sin mucho interés y pasó una página de El Profeta. No le gustaba ni un pelo la cara de suma ternura que Penny ponía cada vez que hablaba de los bebés. Se temía que hiciera una petición inadecuada y no quería tener hijitos. No de momento. Quería disfrutar de su casa en Hogsmeade durante mucho más tiempo. Era genial vivir allí, con Penny, disfrutando únicamente de la mutua compañía.
-Al menos no es otra túnica –Dijo con indiferencia –Estoy seguro de que Jules ha debido comprar otro armario para meter toda la ropa que le has comprado al bebé. Y no sé para qué, la verdad. Con lo deprisa que crece no le da tiempo a ponérsela toda.
-¡Oh, no seas así! –Penny guardó la ropita casi ofendida y se dejó caer a su lado –Steven es nuestro ahijado. Se supone que debemos hacerle regalos y ocuparnos de él. Tú deberías tener algún detalle de vez en cuando. ¿Sabes?
-¿Detalles? Le hemos comprado la cuna, la silla de paseo, un andador y un montón de juguetes que Lucien no tiene ni idea de donde meter. ¿Quieres más detalles?
-Los hombres no tenéis ni idea –Penny se cruzó de brazos, sosteniendo aún la bolsita. Durante un segundo pareció enfurruñada, pero luego sonrió y se agitó con nerviosismo –Le llevaré la ropa después de comer. ¿Quieres venir?
-¿Para pasar toda la tarde allí? No, gracias.
-Cualquiera diría que no te gusta pasar tiempo con él.
-Pero si ya paso mucho tiempo con él. Te recuerdo que anoche volvimos a casa de madrugada porque querías ayudar a Jules a bañar al crío.
Penny quería quejarse un poco más, pero Percy tenía razón. Últimamente pasaban casi todo el tiempo libre en casa de Jules y Percy había desarrollado una habilidad especial para detectar cuando el bebé estaba a punto de vomitar y apartarse de él en el acto. No podía decir que su marido no estuviera encantado con el pequeño Steven, pero es que a ella le encantaba. Los bebés eran tan, tan adorables…
-Esa cosa estuvo sonando antes –Dijo Percy un rato después, cuando ya había terminado de leer el periódico y su taza de café estaba vacía. Señaló el teléfono, un trasto muggle que podía mantener embobado a su padre durante horas y que a él le ponía de los nervios cada vez que empezaba a pitar.
-¿No lo has cogido?
-Ya sabes que prefiero las lechuzas.
Penny suspiró, dándose por vencida. Lo había intentando, pero no había manera de que Percy se acostumbra a utilizar los objetos muggles. No sabía si era porque se mostraba bastante torpe o porque simplemente no le interesaban, pero ella ya había dejado de intentar convencerle de que eran cosas prácticas que podían hacer su vida más cómoda. De todas formas él no la escuchaba. Penny descolgó el auricular y esperó para comprobar si había mensajes. Efectivamente, su hermana le había dejado uno. Al parecer quería que quedaran en Londres porque tenía algo muy interesante que contarle. Y Percy debía ir.
-Pero es domingo –Se quejó él, posando los pies descalzos sobre la mesita de centro de la sala de estar –Pensaba que nos quedaríamos todo el día en casa, haciendo el vago.
-Vamos, no seas perezoso. Anna parecía muy emocionada.
-Pero sólo estará ella. ¿Verdad? Tu padre no se nos echará encima otra vez. ¿A qué no? La última vez se mostró tan amable que… -Percy se estremeció.
Desde que sus suegros se separaran y Rebecca se fuera de viaje con su amante Robert el Jardinero, Gilbert había pasado más tiempo con sus hijas del que a Percy le hubiera gustado. Según Penny se sentía un poco solo, pero él opinaba que lo que el hombre debía hacer era buscarse una pandilla de amigotes y vivir una especie de segunda juventud. En todo caso, lejos de él. Y no es que su suegro no fuera mucho más sociable ahora, pero se notaba a la legua que seguía sin caerle bien y a Percy no le gustaba tener la sensación de que podría intentar estrangularle si se despistaba durante el tiempo suficiente.
-No lo creo. Papá suele ir a la iglesia los domingos y luego se marchará con el señor Hasting para tomar el té. Estarás a salvo, cariño. No te preocupes.
Percy entornó los ojos, pero se sintió más tranquilo.
-Aunque estoy segura de que Simon también vendrá y me pareció oír a Aaron.
-¿Aaron? ¿Qué hace Aaron con tu hermana? No lo entiendo.
-Pues no lo sé, pero últimamente pasa mucho tiempo con ellos. Creo que Simon le agrada porque le cuenta historias horripilantes, y sospecho que falsas, sobre sus años en el ejército.
-Genial –Percy se cruzó de brazos. Hasta ese tipo extraño y colgado era capaz de ganarse un poco del respeto de ese niño demonio. Lo más que Percy consiguió de él fue que le preguntara si la carta de Hogwarts que recibió en septiembre era verdadera. Por fortuna, su estancia en el colegio lo mantenía bien lejos casi todo el tiempo.
-No refunfuñes y ponte en marcha. Me gustaría llegar antes de que se haga de noche.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Percy seguía sin encontrarse del todo cómodo en el mundo muggle, pero con el tiempo se había ido acostumbrando a la situación. Estaba casado con Penny y a ella le gustaba seguir teniendo relación con sus hermanas, así que no le quedaba más remedio que acompañarla cuando iba a visitarlas o salir con ellas cuando decidían ir a cenar o a algún pub de moda. Algunas veces incluso se lo pasaba bien y tampoco es que se llevara mal con ellas. Maggie tenía la cabeza sobre los hombros, aunque lamentablemente también tenía a Aaron, y Anna era muy divertida casi siempre. De hecho, si Percy obviaba lo estrafalario de su aspecto, solía encontrarse muy cómodo con ella e incluso con Simon, que era raro, pero al menos ahora tenía un nombre y no iba colocado todo el rato.
Quedaron en un pequeño restaurante bastante cercano a El Caldero Chorreante. Algunas veces habían ido allí a desayunar y a Percy le encantaba el bacon con huevos revueltos que servían. Anna iba vestida de rosa y Simon, que se había cortado un poco el pelo y no estaba tan desgreñado como siempre, iba a juego con ella. A Percy le recordó un poco al malogrado Gilderoy Lockhart, aunque supuso que su cuñado nunca podría estar tan chiflado como su antiguo profesor.
En cuanto vio a Penny, Anna corrió hasta ella y la abrazó. Estaba tan claramente emocionada que Percy se adelantó y se sentó junto a Simon. Después, vio como las hermanas Clearwater intercambiaban unas cuantas palabras, reían, chillaban y abrían los ojos desorbitadamente.
-¿Qué pasa, Simon?
-Cotilleos.
Claro. Siempre eran cotilleos. A Percy no le pareció que se ponían tan contentas cuando hablaban de la separación de sus padres, pero sí se mostraron alegremente maliciosas cuando, varios meses después, su madre anunció que Robert el Jardinero era algo más que un amante y se lo llevó a aquel eterno viaje costeado gracias a la cuantiosa suma de dinero que Gilbert le había hecho llegar para convencerse a sí mismo de que estaban rompiendo definitivamente.
-¿A quién van a despellejar hoy?
Simon se encogió de hombros. El tipo raro tenía nombre ahora, pero seguía sin enterarse de muchas de las cosas que pasaban a su alrededor. Quizá, si hubiera querido hacerlo hubiese sido perfectamente capaz, pero le interesaban los cotilleos tan poco como a Percy los cachivaches muggles. Era un caso perdido.
-¡Hola, tío Percy!
Sintió los brazos rodear su cuello en una actitud muy poco cariñosa o amigable. Los cabellos se le erizaron y cuando giró la cabeza lo hizo con tanto miedo que le pareció estar en una pesadilla. Aaron Clearwater no había mejorado su actitud hacia él ni siquiera un poco. Ahora era incluso peor, puesto que el niño consideraba que, una vez casado con su tía, no tenía por qué ser considerado para que ella pudiera estar con ese tipo tan plasta y aburrido.
-¿Qué haces aquí?
-Yo también me alegro mucho de verte –Aaron se sentó frente a él y lo miró con esa expresión maléfica que parecía heredada de los gemelos Weasley -¿Quieres que te enseñe un par de hechizos que he aprendido en Hogwarts?
-¡No! ¡Por Merlín!
Aaron rió e intercambió una mirada con Simon que le pareció casi cómplice. El tipo raro sabía qué miembros de su casi familia eran magos y se lo había tomado con tanta tranquilidad que no habían tenido que explicarle prácticamente nada. Para él, la magia era algo tan natural como los autobuses o los burros voladores, así que no tenía sentido esperar que se pusiera nervioso o se asustara como solían hacer todos lso muggles. Aunque, claro, Simon no era un muggle como los demás. Y Aaron estaba resultando ser un mago muy poco discreto que solía sacar su varita por todas partes y apuntaba con ellas a las niñas que le gustaban, amenazándolas con hechizarlas hasta que ellas le daban un beso. A Percy eso le escandalizaba, a Penny le parecía divertido y Maggie consideraba que eran cosas de niños y que no sería nada grave hasta que Aaron no hechizara a nadie de verdad, algo que nunca ocurriría puesto que el niño conocía las consecuencias: no volver a poner un pie en Hogwarts.
-Eres un histérico, colega. El tío George tiene razón. Eres tan fácil de manipular.
Percy apretó los dientes y maldijo por lo bajo a su hermano. Se llevaba demasiado bien con Aaron y le llenaba la cabeza de ideas muy peligrosas para su salud mental.
-Ya basta. ¿Se puede saber por qué no estás con tu madre?
-¡Uhm! Mamá tenía que… ¿Cómo dijo? ¡Oh, sí! Trabajar.
Aaron no se había creído una palabra, sobre todo porque la excusa era tan burda como los intentos maternos por ocultar que salía con alguien, pero a Aaron no le importaba demasiado. No ahora. Después de todo, él estaba en Hogwarts y todo eso. Si su madre quería tener novios, pues que los tuviera y punto.
En ese momento, Penny y Anna llegaron a la mesa, aún hablando entre ellas. Al parecer, la menor de las hermanas no había podido contenerse y ya le había soltado a Penny la famosa bomba informativa.
-Hola, cuñadito.
-¿Por qué está éste aquí? –Percy señaló a Aaron, sin ocultar su molestia. Ya casi nunca lo hacía y Penny lo encontraba simplemente encantador.
-¿Qué querías que hiciera con él? ¿Matarlo?
-Pues mira. No hubiera estado nada mal.
Aaron lo fulminó con la mirada y Percy sonrió satisfecho. Era algo infantil, pero le encantaba molestar al chico.
-Dejémonos de tonterías –Penny estaba tan entusiasmada que le costaba hablar. Percy no sabía lo que le había dicho su hermana, pero era evidente que le encantaba –Aaron. Vete por ahí a hacer cualquier cosa, anda.
-No me digas que estás preñada y te alegras…
-¡Oye!
-Entonces, debe ser lo de mamá.
Aaron habló con tanta tranquilidad que los dejó pasmados a todos. Anna y Penny se miraron, sin saber si era bueno o no que el niño pareciera saber qué era lo de mamá.
-¿A qué te refieres, cariño?
-¿A qué va a ser? A lo de mamá y Charlie.
Anna y Penny se quedaron boquiabiertas, pero no tanto como Percy. ¿Mamá y Charlie? ¿Qué significaba eso exactamente?
-¿Os creéis que soy tonto? Antes vivía siempre con ella. Estoy seguro de que los amigos no se visitan tanto entre ellos como Charlie y mamá.
-Pero –Anna habló en un hilo de voz -¿No te molesta?
-¿Por qué? Al fin mamá escoge a alguien guay. ¡Un domador de dragones! ¿Podéis creerlo?
No. Percy no podía creerlo, pero tantas cosas habían cambiado en tan poco tiempo que ya no le extrañaba nada. Primero, Lucien, el eterno soltero, se casaba. Luego, él mismo se veía inmerso en una boda. Después, sus suegros se separaban, sus padres empezaban a llevarse bien con ellos y Gilbert se convertía en un hombre amable. Y, para colmo, aquello. ¿Qué era exactamente lo que se había perdido?
-No pongas esa cara, Percy –Penny le palmeó el hombro, una vez recuperada del shock que le causó que su sobrino aceptara con tanta alegría al nuevo novio de su madre –No es como si esos dos no hubiera dejado alguna pista.
-Sí- Simon sonrió con aire ausente –Eso de que echaran un… -Carraspeó y miró a Aaron, recuperando durante un instante el sentido de la responsabilidad –En vuestra boda, fue sospechoso.
-¿Qué hicieron qué?
-Ya, cariño –Penny intentó consolarlo. Sin duda, Percy debía estar bastante indignado porque alguien utilizara su boda para cosas tan poco decentes -¿Tú sabías que esos dos tenían un rollo?
-Pues claro.
-¿Y por qué no dijiste nada, imbécil? –Anna le dio un empujoncito casi cariñoso.
-Pensé que todos lo sabíais. Como yo siempre soy el último en enterarme de todo.
-Pues esta vez le ha tocado a Percy.
Penny le guiñó un ojo. Percy aún estaba bastante alucinado. No es que esas cosas le gustaran, pero al menos la gente que le rodeaba estaba feliz. Incluso él lo estaba, y eso no era poco después de todo lo que había pasado. De hecho, todo estaba tan bien que parecía el final de una bonita historia. Y eso era genial.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Y colorín, colorado, esta historia se ha acabado. Como dije, no ha sido muy larga. La he disfrutado mucho y espero que a vosotros os haya gustado. Siento que las últimas actualizaciones hayan tardado tanto, pero no he podido hacer otra cosa. Al menos ya ha terminado ;)
Muchas gracias a todos por seguir la historia. Espero que nos veamos en las siguientes que escriba.
Besos para todos
Cris Snape