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Chocobos
Montar un chocobo no es fácil, pero tampoco difícil.
Debes adecuarte con soltura al asiento y tratar al animal con cuidado, pero con la firmeza de un amo que quiere los mejores resultados de su subordinado.
Esa es la teoría, pero la práctica, a veces, dista mucho de la realidad.
Refia siempre trataba con dulzura a su chocobo, lo mimaba como si fuera un gatito (a pesar de su tamaño) y lo quería como compañero fiel y leal a sus instrucciones. Todos los chocobos empezaban siendo un poco reacios con ella, pero al final la amaban y aceptaban como una más. La bella sonrisa de la rubia les daba fuerza y animos para continuar el camino.
A los chocobos no les gustaba la agresividad de Luneth a la hora de tratar con ellos. Siempre acababan tirándole al suelo con fiereza por los salvajes y descuidados puntapiés que les daba.
El chocobo de Ingus era el más valiente de los cuatro. Su mirada era acerada y su cabeza siempre se alzaba alta, como la del propio jinete. Aunque fuera conciso y directo con sus órdenes siempre procuraba no herirle de ningún modo. El chocobo era su compañero, ante todo.
Arc tenía una forma curiosa de adaptarse a su chocobo. De una forma u otra aquel extraño pájaro se fue acostumbrando al toque tímido y algo torpe de las pequeñas y blancas manos del pelirrojo y los dos se acabaron encariñando mutuamente. Aunque el animal permaneciera tranquilo la mayoría de veces, cuando se trataba de entrar en batalla no se quedaba atrás de los demás.
Asi que Luneth se negó en redondo a llevar un pajarraco como ese, al final siempre acababa montado en el chocobo de Arc, abrazando al mismo por detrás de forma protectora haciendo que su rostro tomara el mismo color encendido que su suave pelo.
Refia reía, divertidísima, acariciando suavemente la cabeza de su animal.
Arc no sabia donde meterse para que no vieran que se moria de la vergüenza.
Ingus se adelantaba, no queria distraerse del camino por semejantes tonterias.
Y el chocobo de Arc miraba con el ceño fruncido al ocupante extra de su asiento, reacio a saltar para tirarle por si hacia daño a su amo y, mientras tanto Luneth sonreía con malicia apoyando la cabeza en el estrecho hombro de el mago del grupo y pensaba un placentero ``Ya te gustaría estar aquí pájaro bobo….’’
Y si Luneth no se llevaba bien con ningun chocobo, menos con el de Arc.
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