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¡Hola!
Aquí traigo la segunda parte, que no me he olvidado de vosotras :D (Muchas gracias por los reviews!!!!)
Es un poco menos cómica, pero con Draco Malfoy no se pueden hacer muchas risas XD Y por primera vez, aparece su auténtica mujer, Astoria Malfoy (sí sí, esa mujer que tiene nombre de hotel)
A ver qué os parece… a mí me parece que es muy largo¿no? xD
- ¿Voy bien o demasiado exagerada?
- Cariño, vas perfecta. A la casa de los Malfoy no se puede ir de colorines.
- Pero es que… el papá me lo regaló con toda su buena intención. Y encima no me lo puedo poner. Me da mucha rabia.
- Rose, yo también pienso que el vestido rojo que te regaló tu padre es mucho más bonito que el que llevas puesto, pero no quiero ni ver la cara del mismísimo Draco Malfoy si entras a su casa con ese potencial de colorido. Te digo yo que el negro es lo mejor para estas ocasiones.
- Pero si parece que vaya a un velatorio.
- Cada familia tiene sus leyes, Rose – Suena el timbre.
- Ay Merlín, que Scorpius ya está aquí.
- Pues tu padre lo entretendrá un rato hasta que estés lista.
- ¿Cómo¿Practicando budú con su cuerpo?
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Ya estaba frente a la casa del horror. Un pequeño adosado ubicado en medio de cientos de casas que a Scorpius le parecían iguales. Sólo se podía distinguir por el número: 365. Y había tenido que caminar desde el principio de la calle hasta la casa de Rose, porque no se podía aparecer así como si nada en medio de un barrio muggle. Respiró hondo y resguardó su cabeza en la bufanda. Avanzó hasta quedar frente a la puerta de la casa. Miró por las ventanas intentando ver a su salvación: Rose. Pero no veía nada, tan solo el frondoso árbol de Navidad, que, desde que Scorpius había pisado la casa, Ronald Weasley se había esmerado en que pareciera el árbol de Navidad del Ministro de Magia. Tenía tantas bolas de colores que las ramas del pobre árbol se iban cayendo hacia abajo, tapando la montaña de regalos que habitaban bajo él.
Con un último suspiro, su fino dedo se interpuso entre él y el timbre. Si no fuera porque estaban a cinco grados, Scorpius estaría sudando a gota gorda. En un último arrebato, tocó el timbre, y un estruendo ruido le devolvió el gesto.
Miró a sus pies rápidamente con miedo a encontrarse cara a cara con el cabeza de la familia. Pasaron diez segundos cuando empezó a oír un taconeo que bajaba las escaleras. Scorpius suspiró tranquilo: que él supiera, Ronald Weasley no usaba tacones.
Hermione abrió la puerta de inmediato, y unos enormes ojos grises le devolvieron la mirada.
- Buenas noches señora Weasley – dijo Scorpius con total amabilidad.
- Buenas noches Scorpius - y se adelantó para darle dos besos. Después, Scorpius sacó una caja envuelta con papel de regalo de su túnica y se la entregó a Hermione – No tenías por qué haberte molestado.
- Sólo es un pequeño detalle, Señora Weasley – dijo con su mejor sonrisa. Avanzó y se quedó quieto en el umbral de la casa. - ¿Rose…?
- Aún se está cambiando, pero no tardará. ¿Por qué no esperas en el salón? – Scorpius asintió y se dirigió hacia la chimenea del pequeño comedor. Visualizó una mesilla con fotos encima, y se acercó para verlas mejor. Eran fotos desde la infancia de Rose y Hugo hasta ese momento, porque en una de ellas aparecía Rose con su insignia de Prefecta. También había fotos de Hermione, y de él, de Ronald Weasley, con toda su familia pelirroja.
- ¿Pasando el rato? – preguntó una voz seca a sus espaldas. Scorpius se giró tan bruscamente que casi tira al suelo los marcos de fotos.
Sí, ahí estaba, su competidor. O, más bien dicho, el padre de su novia. No sabía ni qué decirle, o siquiera si debía decirle algo. Tal vez el silencio y una buena sonrisa serían suficientes.
- ¿Y dónde se supone que vais? – Scorpius balbuceó intentando buscar las palabras apropiadas, pero estaba demasiado nervioso. Por Merlín, su padre nunca le había dicho que Ronald Weasley era tan maquiavélico. Al contrario, siempre que se refería a él, de su boca solo salían dos palabras: comadreja y pobretón. Y, desde luego, el Ronald Weasley que tenía frente a él no concordaba con esos dos adjetivos.
- B-bueno, mis padres tienen preparada una cena en casa para… en fin, irá Rose y… a modo de… digamos, presentación…
- Escúchame bien Malfoy – amenazó Ronald alzando un dedo – Voy a ser tu mayor pesadilla, como tu padre lo fue conmigo. Voy a perseguirte, voy a saber cualquiera de tus movimientos, así que ten cuidado conmigo. ¿Te ha quedado claro?
Scorpius tenía miedo hasta de tragar saliva. Por Merlín, Ron Weasley imponía, y bastante.
- Sí, s-sí señor Weasley, totalmente claro – susurró Scorpius mirando temblorosamente los ojos azules del Weasley.
Fue entonces cuando Rose apareció por la puerta, luciendo el vestido negro que había elegido. Su padre le miró con reproche, al darse cuenta de que no se había puesto el vestido que él mismo le había regalado. Scorpius veía como si seguía mirando así a Rose, el Señor Weasley no tardaría en estamparle un puñetazo en la cara. Así que intento fijar la vista hacia otro lado, bajando el color de sus mejillas.
- Hola papá, Scorpius – saludó a ambos Rose. – Bueno, papá, Scorpius ya te lo ha explicado todo¿no? Así que no hay más que hablar, nos vamos – anticipó la joven cogiendo el brazo del joven Malfoy, quien intentaba despedirse cordialmente de su suegro para no dar tan mala impresión.
- Rose, espera, ven un momento por favor – dijo Ronald. Rose fue hacia su padre a duras penas, imaginándose qué le iba a decir. Estando un Malfoy en la misma habitación, era más que evidente.
- Papá, no empieces con el discursito¿vale? – le replicó.
- Solo quiero que me hagas un favor. Sí en la cena, Draco Malfoy se pasa de la raya, recuérdale que…
Los ojos de Rose se abrieron estrepitosamente a la vez que hablaba su padre.
- ¡Papá¿Por qué no me habías dicho eso antes? – preguntó asustada Rose. Ron no podía parar de reír, de sólo recordar la situación.
- Tú hazme caso.
Así que despidiéndose de Hermione y de Ron, Scorpius y Rose salieron de la casa con muy mala cara. Nada más salir por la puerta, Scorpius no se pudo aguantar y le estampó un profundo beso a su novia. Rose intentó librarse de él, y hasta que no le mordió la lengua no lo consiguió.
- Pod favor¿quiedes matarme? – intentó decir Scorpius.
- De verdad Scorpius, no se si te has dado cuenta de la casa por la que acabas de salir. Seguro que mi padre tiene miles de sortilegios weasley merodeando por aquí, y tú solo haces que besarme para empeorar las cosas – exclamó Rose mientras caminaba por la acera - ¿Quieres darte prisa? – volvió a gritar al ver a Scorpius a tres metros por detrás de ella.
- Rose, tranquilízate. Estás un poco… - Rose alzó una mano.
- Cierra el pico Malfoy. Y ahora, vayamos a tu casa, cenemos a gusto, y olvidemos todo este asunto. ¿Quién se inventaría eso de visitar a los padres del novio? Por Merlín
- No lo se, pero te juro que yo no he sido. Y ahora, relajémonos –cogió el brazo de Rose – y disfrutemos de la velada que nos espera en mi casa. – Rose alzó una ceja.
- ¿Velada o velatorio?
Scorpius arrastró a su novia por la calle hasta llegar al final de la avenida. Se agachó y cogió lo que parecía ser una lata de refresco sucia.
- Puaj, Scorpius, podías haber cogido algo más… adecuado – admitió apartando su negro vestido de esa porquería.
- Es lo que hay – dijo simplemente. Y ambos tocaron el traslador a la vez, y tras dar varias vueltas sobre la nada, cayeron en un amplio césped que estaba húmedo por el regadío.
Rose se levantó de inmediato, quitando la suciedad de su vestido.
- De verdad, si llega limpio hasta las doce, será un milagro.
Scorpius se había parado a ver como la gran mansión Malfoy se alzaba ante ellos, imponente, como una gran mole de ladrillos perfectos, que desde luego no invitaba a entrar. Rose se había parado a contar la cantidad de ventanas que había. Iba por la veinte cuando Scorpius le cogió de la mano.
- Allá vamos.
- Allá vamos – repitió más bajito Rose. Avanzaron sobre un pequeño camino de piedras que conducía hacia la gran puerta de la casa. Debía medir el doble que ellos. No tenía nada de parecido aquella lujosa mansión con la humilde casa de los Weasley Granger.
- Vale, Scorpius, vuelve a hacerme un croquis de tu familia – dijo rápidamente Rose al ver que cada vez estaban más cerca de la puerta central.
- Rose, no es necesario – Pero ella le golpeó en el hombro – Vale, de acuerdo. Mi padre, Draco Malfoy. No hagas ningún comentario sobre mis abuelos, sus padres. Le resulta doloroso recordarlo, ya me entiendes por qué – Rose asintió – Y sobre su trabajo… no le gusta demasiado recordar que trabaja en el ministerio, así que si sale el tema de conversación, mejor no opines. Mi padre es muy cerrado. Respecto a mi madre, Astoria Malfoy, no trabaja. Así que ya sabes, ni se lo preguntes. Le amarga quedarse todo el día en casa, pero mi padre lo prefiere así. Y no se si estará mi tía, Dapnhe. Si está, que esperemos por el bien de todos que no sea así, intenta no hablar demasiado con ella, ya sabes es anti-magos que tienen padres muggles. Pero si no se lo dices, a lo mejor te trata bien. Pero es mejor que no le hables.
Rose se quedó estática. ¿De qué iba a hablar entonces?
- Vale, me parece que vas a hablar tu solo. Porque no pienso hablar del Hogwarts de los años noventa para que tu padre empiece a recriminar a mis padres y la fiesta acabe en desgracia – admitió. Scorpius sonrió.
- Mi padre ha cambiado – Pero cambió sus palabras al ver la mirada de odio de Rose – un poco, vale, pero no es tan persuasivo como antes. Bueno, al menos hasta ayer lo era.
Las puertas se abrieron a su paso, sin tener que tocarlas. Rose se arrimó aún más a Scorpius, sintiéndose un poco protegida ante tanta… ¿majestuosidad? Y era de lo más incómodo, porque en el pasillo solo se oía el taconeo de Rose, aunque ella hacia lo imposible para evitar el ruido. Lo peor de todo es que sentía que había alguien que les estaba siguiendo. Un criado o algo parecido. Rose no se atrevió a girarse. Miró temblorosa a Scorpius, y el mundo se le vino abajo cuando vio al imponente y magnífico Draco Malfoy esperando bajo las escaleras, con un elegante esmoquin.
Y Rose sintió pequeña, porque bajo la mirada autoritaria de Draco Malfoy se encontraba su esposa, Astoria Malfoy. Una elegantísima mujer, algo más baja que su marido, pero con un porte señorial. Vestía un sencillo pero ejemplar traje gris oscuro, que nada desentonaba con la habitación. Estaba envuelta en joyas: colgantes, anillos, pulseras, etc Propio de una auténtica Malfoy. Su cabello rubio, aunque algo más oscuro que el de Scorpius, estaba bien sujeto por un excelente peinado que, Rose estaba segura, le habría costado horas en hacerlo. Bajó la mirada insegura, mirando su humilde vestido y tocando con insistencia su medio-pelirrojo cabello. Ella había tardado media hora en arreglarse. Pronto se asustó ante la idea de que hubiera sido estúpida al pensar que de esa forma podría impresionar a los Malfoy. Tuvo unas ganas tremendas de dar vuelta atrás.
Pero el potente brazo de Scorpius no se lo permitía.
- Padre, madre, os presento a Rose – dijo seriamente Scorpius.
- Un-un enorme placer – tartamudeó Rose. Astoria avanzó hacia ella y le dio dos besos.
- Encantada de tenerte en casa – Su esposo analizó a la joven de arriba abajo y le estrechó la mano. Era poco caballeroso, pero lo prefería así. Rose sonrió lo mejor que pudo. Sin previo aviso, el matrimonio comenzó a subir aquellas grandes escaleras.
- Lo estás haciendo bien – murmuró Scorpius para alentarla. Ella le miró de nuevo. Y subieron las escaleras, finas, imperiales, con la barandilla fabricada con el más puro cristal. Le intimidaba todo aquello. No estaba acostumbrada a tanto lujo, y eso que solo llevaba cinco minutos en la casa. Y era porque su hogar era de lo más sencillo, al estilo Weasley, con los calcetines de su hermano Hugo desparramados por la casa, con los chillidos de su madre retumbando por la casa y con las viejas historias que contaba su padre todos los sábados por la tarde.
Pero en esa casa todo era distinto. No veía en Draco, Scorpius y Astoria la típica relación de familia que ella tenía. Se trataban como meros conocidos; ni un saludo, ni un beso, una muestra de afecto, nada. Se preguntó si siempre era así o si se comportaban de esa forma porque estaba ella delante.
Pronto llegaron al comedor, que a simple vista era del mismo tamaño que el de Hogwarts, pero con una sola mesa, alargada, y con cuatro sillas barnizadas en oro.
Rose se quedó observando la inmensidad de la sala. Los grandes cuadros de los antepasados de los Malfoy, los tapices, la exquisita decoración, las plantas tan bien podadas, los muebles. Hasta la alfombra que estaba pisando estaba en armonía con la habitación.
Draco Malfoy miró a Rose y por la expresión de asombro de la chica, quiso hacer un comentario. Pero su hijo enseguida adivinó sus pensamientos y el dirigió una mirada de reproche. Su padre alzó los hombros divertido.
Cuatro sirvientes bien vestidos, tanto que parecía que iban a asistir a la cena, aparecieron por la puerta contraria y cada uno se colocó en una de las sillas de la mesa. Pero Rose ya se había adelantado y ella misma se sentó sin la ayuda de ningún sirviente que le apartara la silla. Toda la vida lo había hecho así, y no iba a cambiar por mucho que se encontrara en la casa de los Malfoy.
- Esta cena me va a gustar – murmuró Draco al cuello de su camisa.
- ¿Decías algo padre? – indagó Scorpius al ver su sonrisa.
- Que la cena os va a encantar. De hecho, por recomendación de tu madre, he contratado a unos cocineros españoles excelentes – admitió mientras apartaba los flecos de su esmoquin para poder sentarse con más comodidad. Cogió la mano de su esposa.
- Así que Rose Weasley – cortó Astoria.
- Sí señora – respondió dulcemente. Si quería ganarse a Draco Malfoy, primero tenía que caerle bien a su mujer.
- Cuéntanos algo sobre ti – continuó.
- Pues, estudio el mismo curso que Scorpius, pero…
- Es de Gryffindor – intervino Scorpius. Astoria torció el gesto mientras sorbía vino de su copa. Draco se limitó a sonreír de nuevo.
- Y, bueno, en los TIMOS saqué nueve extraordinarios.
- Vaya – murmuró Astoria mirando con reproche a su hijo, que solo había sacado tres.
- Como su madre – musitó Draco.
- Debe saber, señor Malfoy, que mi madre sacó ocho extraordinarios ya que el profesor que impartía pociones no era del todo… factible.
- Bueno – cortó Scorpius – madre, es la mejor bruja de séptimo, y es premio anual.
- Como su madre – repitió Draco otra vez. Rose frunció el ceño molesta.
- Mi madre no cursó séptimo curso en Hogwarts¿sabe? Perdón, que usted tampoco lo hizo – Draco le miró perplejo. Nadie en su sano juicio se atrevería a batirle, y ahí estaba esa mocosa, la pequeña Granger, igual de insolente que su madre, chuleándole como si fuera un igual. Oh, pero la noche era muy larga, y él se encargaría de que Rose lo tuviera en cuenta.
- ¿Y tienes hermanos, Rose? – preguntó amablemente Astoria.
- Sí, un hermano pequeño, Hugo
- Me extraña que no se llame Fred, ya sabes, su trágica muerte en la batalla final – explicó Draco. Rose cortó con fuerza un trozo de pavo que se había servido como primer plato.
- Señor Malfoy, no llegué a conocer a mi tío Fred Weasley, pero tenga en cuenta que le aprecio por todo lo que hizo en su vida. Y ya tengo un primo que se llama Fred, descuide – djio furiosa. Scorpius veía muy negra la situación. Rose tenía razón: su padre no había cambiado.
- Padre¿podríamos hablar de otra cosa? – propuso Scorpius. Draco se llevó un trozo de pavo a la boca. Tocó una campanita y un sirviente le rellenó el vaso de vino.
- Hijo, verás, me gustaría saber de mis antiguos compañeros, tales como el gran Harry Potter – dijo ironizando.
- Papá, basta – le susurró. Él alzó las cejas y eso fue suficiente para que, muy a su pesar, Scorpius cerrara la boca. Pero Rose no se sintió intimidada ni lo más mínimo por la altanería de Malfoy. Ella era un hueso duro de roer.
- Mi tío Harry es un gran auror del Ministerio. Usted lo debería de saber.
- Así que está casado con Ginebra Weasley. Lo suponía – admitió mirando a Astoria – Cariño, ya verás qué cosa tan curiosa. ¿Cómo se llaman los pequeños Potter? – Rose no supo si contestar o no. Era una pregunta bastante personal. Pero no se dio por vencida. Se acomodó en su silla.
- James, Lily y Albus Severus – en ese instante Draco soltó una carcajada que retumbó por todo el salón.
- Astoria¿lo has oído? Albus Severus, por favor, qué cutre.
- Padre por favor – le insistió Scorpius que empezaba a hartarse de la situación.
Pero Rose ni se inmutó.
- Que yo sepa, señor Malfoy, toda la dinastía Malfoy ha tenido nombres de constelaciones: Orion, Bellatrix… Draco. Debía de reírse de sus palabras antes de decir algo – y alzó una ceja.
- Jovencita, estás sobrepasando el límite de mi paciencia – dijo Draco cabreado alzando una mano en señal de advertencia. Nadie se burlaba de su familia y menos en su presencia.
- ¡Ha empezado usted! Yo he venido a esta casa con toda mi buena intención como la novia de su hijo, su propio hijo. Podía haber mostrado un poco más de interés por su vida sentimental - exclamó Rose levantándose de golpe haciendo temblar la mesa - ¿Y sabe una cosa? Su hijo me dijo que había cambiado, pero ya veo que no es así – recalcó apoyando las manos sobre la mesa de mármol.
- Rose querida, siéntate – dijo Astoria con intención de persuadirla. Draco Malfoy, por otra parte, se había quedado mirando a la nada, al vacío. “Su hijo me dijo que había cambiado” se repetía en su mente una y otra vez. ¿Era eso cierto?
- ¿Sabes padre? Me avergüenzo de ti – admitió Scorpius sin ningún tipo de remordimiento. Draco le miró fijamente. Jamás se le habría ocurrido decirle eso a su padre, cara a cara. Le habría lanzado unas maldiciones y se habría arrepentido de todo. Pero su propio hijo le había dicho eso, y por la expresión de Scorpius, no parecía que se iba a arrepentir. ¡Sangre de su sangre¿Qué había hecho la Weasley en el futuro proyecto de un perfecto Malfoy?
- ¿Y sabe una cosa más? – exclamó Rose tan alto que hasta los sirvientes se giraron para observar el espectáculo: nadie, jamás, se había atrevido a hablarse así a Draco Malfoy, pero el caso es que él tampoco hacía nada por impedirlo. “Si Malfoy se pasa de la raya, recuérdale que…” Había dicho su padre. Cuanta razón tenía. Malfoy se pasaba siempre de la raya – Hace muchos años, mi madre, Hermione Granger – dijo orgullosa y recalcando el Granger – tuvo que pegarle un puñetazo – Astoria soltó un grito – para hacerle bajar del cielo tan pomposo en el que se encontraba – y fulminó a su “suegro” con su mirada. Pero Draco se había entretenido mirando su reluciente copa de plata. - ¿Y sabe otra cosa más? Hay una palabra que no e vendría mal que añadiera a su vocabulario, porque veo que no la practica mucho.
- Rose – comenzó Scorpius – Tranquilízate.
- ¡No quiero, Scorpius! Tengo mi orgullo, y un alto cargo del ministerio no me lo va a arrebatar en una estúpida cena – matizó mientras se quitaba la servilleta que se había puesto para no mancharse y la golpeaba con fuerza sobre la mesa. Pero parecía que a Draco Malfoy le daba igual todo.
Rose avanzó hacia la puerta por donde habían entrado y salió para dirigirse a ninguna parte, pero antes, volvió a hablarle al señor Malfoy, que ahora se entonctraba de espaldas a ella, por lo que solo veía su cabellera.
- Esa palabra se llama respeto.
Y sin más, salió andando a paso ligero por el amplio pasillo, aunque no sabía ni donde se encontraba ni por donde se salía al exterior. Cualquier sitio era mejor que aquel horrible sillón.
Scorpius no supo si levantarse o no. Si lo hacía, su padre se enfadaría aún más con él. Pero¡qué demonios! Tenía 17 años, ya era hora de ponerse en contra de su padre alguna vez. Se levantó de golpe.
- Ya lo has conseguido papá. Era lo que pretendías¿verdad?
- Hijo – musitó Astoria.
- Madre, lo siento. Pero si papá no logra reaccionar no es mi culpa. Sí, papá, la amo, la quiero¿hay algo de malo¿Incumplo alguna norma? Me importa un comino su sangre, sus padres os su familia. Me voy a casar con quien me de la gana, y tú no me lo vas a impedir – Entonces Draco si que le miró furioso.
- Hijo, tranquilízate – intentó Astoria.
- No madre, ya estoy harto. Estoy harto de las normas, las reglas y del estúpido apellido. Vosotros os casasteis por amor. Porque, que yo recuerde, papá, tú estabas comprometido con Pansy Parkinson y…
- No te burles de los muertos – atajó Draco secamente.
- ¿Desde cuándo te importa eso? Te has burlado del tío de Rose en su cara, no veo por qué no puedo hacer lo mismo.
- ¡Porque eres un Malfoy! – explotó Draco levantándose también – Y un Malfoy tiene sus obligaciones y deberes.
- Muy bien, pues se acabó. Dejaré de ser un Malfoy – Astoria estuvo a punto de desmayarse.
- Tú serás lo que yo diga – le amenazó su padre.
- Soy mayor de edad, puedo hacer lo que me de en gana – dijo Scorpius, y caminó para ir por donde Rose había ido. Al pasar por al lado de su padre, este le cogió por el hombro, impidiéndole continuar.
- Padre, por favor – musitó.
- No me hagas las cosas más difíciles – susurró Draco.
- ¡Ya basta! – Exclamó Astoria – Os estáis comportando como un par de niños. Miraos¡sois dos hombres! Y esto sobretodo lo digo por ti, Draco. Si Scorpius quiere continuar saliendo con esa chica, que lo haga. Tú no vas a estar en Hogwarts vigilándole día si y noche también. Y si mi memoria no me falla, tú también te revelaste contra tu padre.
- ¿Es eso cierto? – preguntó asombrado Scorpius. Los sirvientes comenzaron a retirar la fría cena. Draco apretó con insistencia el hombro de su hijo y después lo soltó de golpe.
- Sí – dijo solamente.
- Por Merlín papá¡escúchate¡Estás amargando mi futuro! – exclamó Scorpius. Su padre volvió a sentarse de nuevo, apoyando la cabeza en su mano. Se veía cansado. No quería admitir que su hijo tenía razón, pero la tenía. – No sabes lo mucho que me ha costado poder… estar en una habitación con Ronald Weasley sin necesidad de matarnos el uno al otro. Pensé que contigo iba a ser más fácil. Pero ya veo que no.
Dejó a sus padres de lado y caminó hacia la puerta principal. Pero algo la cerró. Se giró y vio a su padre levantado con la varita en la mano y con los ojos… ¿rojos? No, era imposible.
- Yo… - se quedó sin palabras – Solo… tráela de vuelta a casa. Seguro que se ha perdido por los pasillos – comentó Draco mirando a su mujer y sonriendo. Astoria le cogió el rostro y le besó, suavemente, pero suficiente como para interpretarlo como un “gracias”
Scorpius corrió hacia sus padres y les abrazó bruscamente. Que él recordara, esa había sido una de las pocas veces en que había abrazado así a sus padres, transmitiendo tantos sentimientos. Draco pasó una mano por la espalda de su hijo, y tras darle varios golpes, le apartó suavemente.
Scorpius sonrió de nuevo y salió en busca de su futuro. Un futuro que vestía un traje negro, tenía el pelo medio pelirrojo y respondía al nombre de Rose.
- ¿Ves como no ha sido tan difícil? – comentó Astoria cuando él se hubo ido.
- A ver si me dices lo mismo cuando conozcas a Ronald Weasley y a su señora.
¡Por Merlín!
No sabéis lo que me ha costado ponerle un final. No sabía por donde salir XD Espero que os haya gustado como ha quedado, así como en suspense. No se si haré otra parte, como la cena de toda la familia o un encontronazo en algún lugar. Pero yo, no prometo nada :-)
Os deseo un muy feliz año, que los Reyes os dejen montañas de regalos bajo el árbol y que 2008 venga con muchas alegrías EN su brazo.
Muchos besos navideños,
SilianMo0Re
PD¿os convence Astoria? xD