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Festividades a través del tiempo
por
Sakura
#09. Navidad
Hola chicos, les aviso que este capítulo tiene en un párrafo un pequeño spoiler del manga (del tomo 47), les aviso por si no quieren adelantarse… los dejo con la lectura : )
Esclarecimientos
La jovencita de mirada chocolate desenroscó la tapa del shampoo para luego colocar un poco en el hueco de la palma de su mano. El perfume a jazmines invadió el amplio y vaporoso cuarto de baño. Sentada sobre un pequeño banquito masajeó concienzudamente su cuero cabelludo hasta las puntas de sus cabellos azabaches. Realmente había sido una excelente excusa para poner en orden sus pensamientos.
Inuyasha a solas con ella y había escapado. Ahora seguramente él estaba preguntándose por qué demonios había decidido tomar un baño faltando menos de una hora para Navidad sin probar un bocado de la cena de Noche Buena y, principalmente, sin darle una explicación dejándolo completamente solo en la sala.
Aquellos cabellos plateados enmarcando su varonil rostro, esa expresión decidida en sus facciones y sus manos tomándola de la cintura para evitar que intentara escaparse, habían sido el principal factor de su miedo. Después de compartir un año de aventuras en búsqueda de la Shikon no tama, tantas situaciones que los unían y hacían crecer cada vez más su amor por él y un cierto temor de estar engañándose la hicieron desistir. Si continuaba pensaría que podía ser para siempre ¿él estaría tomándolo de la misma forma?.
Después de todo ya no había ningún impedimento… como consecuencia de una de las batallas con Naraku, Kikyo terminó por desaparecer de la faz de la tierra, destruyéndose incluso su cuerpo construido con barro por la bruja Urasue.
El agua fría que se arrojó con un pequeño balde de metal ocasionó un pequeño escalofrío que recorrió todo su cuerpo. Confiaba en él, no podía dudar de sus sentimientos. Era seguro que lo que estaba haciendo era por amor. Siempre había sido sincero. Tomando una toalla envolvió su cabello en esta procurando no dejar escapar ningún mechón.
Sonriendo abiertamente se puso de pie para probar el agua de la tina con sus dedos. Estaba deliciosa, la temperatura era perfecta. Con cuidado metió un pie para luego colocar el otro. Quizás no sería tan malo dejar de pensar y, simplemente, dejarse llevar por sus sentimientos…
Flash Back
Sus respiración acompasada rozaba su rostro, prácticamente tenía sus labios pegados a los suyos. De un impulso Kagome retrocedió un par de pasos, bastante shockeada por la situación.
—¿Qué sucede, onna? ¿por qué te alejas? —preguntó Inuyasha avanzando un paso mirándola curioso.
—Yo… no sé que decir, nosotros… nunca antes… tú sabes —murmuró con un hilo de voz bastante sonrojada. "Nunca lo vi tan seguro de sí… ¿acaso habrá olvidado a Kikyo completamente?" pensó intentando comprender aquella intensa mirada.
—Eso no importa… —respondió con una media sonrisa. —Yo quiero… ¿tú no? —preguntó decidido. —No es necesario pensarlo tanto…
Asintiendo con el rostro aún muy ruborizado la muchacha acarició el rostro del medio demonio. —Solo si cierras los ojos… —respondió regalándole una traviesa sonrisa.
Frunciendo levemente el ceño el hanyou avanzó otro paso. —¿Para qué?
Kagome continuó con la misma expresión. —Solo un poco… ¿ne? Sería más fácil para mí… —respondió convincentemente.
El joven de mirada dorada asintió mientras posicionaba sus manos en la cintura de la muchacha para atraerla más hacia él, sonriendo radiante cerró los párpados esperando por aquel deseado beso.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de la muchacha de cabellos azabaches, habría arrojado cualquier autocontrol a los mil demonios si no fuera por aquel miedo que la invadía. Su fuerte figura tomándola de manera posesiva, aquel aroma a bosque que solo él tenía, incluso podía jurar que sentía los latidos de su corazón al mismo ritmo que el suyo.
Usando toda la fuerza de sacerdotisa que podía tener, colocó sus manos en el torso del muchacho para empujarlo con todas sus fuerzas. Ante la distracción, el cuerpo del hanyou cedió retrocediendo un par de pasos, bastante extrañado la miró intentando buscar una explicación.
La muchacha respiró contando hasta diez para pensar en una excusa. Después de algunos segundos sonrió abiertamente. —¡Creo que es mejor tomar un baño! Estuve toda la tarde con mamá cocinando… ¡regreso en un instante para que cenemos! —exclamó con toda la normalidad del mundo como si no hubiese sucedido nada segundos atrás.
Rápidamente corrió hacia las escaleras desapareciendo del lugar dejando a un Inuyasha bastante confundido.
Fin del Flash Back
Bastante sonrojada Kagome se sumergió hasta la nariz disfrutando de la calidez del agua. Tal vez no necesitaba pensarlo tanto, ahora solamente le restaba cambiarse con algún atuendo bonito para Inuyasha y bajar a cenar, estaba segura que su madre no volvería hasta muy tarde, la conocía perfectamente. Sería el momento adecuado para terminar de una vez por todas con todas sus dudas e indecisiones.
Sonriente se levantó de la tina cubriéndose el cuerpo con una toalla, algunas gotas escurrieron por su cuerpo mientras una expresión soñadora se formaba en su rostro.
Sengoku Jidai...
Shippo giró su trompo una vez más llamando la atención de la pequeña gatita-demonio. —Oe, Kirara… ¿crees que el perro tonto haya logrado besar a Kagome? —sonrió pícaramente.
El animalito maulló poco convincente. Inuyasha realmente era muy lento.
—Estoy seguro que es una buena oportunidad… hace tiempo que lo veo pensativo por las noches mirando a Kagome dormir en su saco… —sonrió Miroku apareciendo en la entrada de la cabaña de Kaede. —…, o cuando ella no está, se lo ve muy nostálgico… creo que es hora que desate sus instintos de youkai… ¿no crees Kirara? —sonrió libidinosamente juntando sus manos.
La gatita miró hacia un costado ignorando al humano, rápidamente se dirigió a la salida a buscar a su ama.
—¿De qué hablas, Miroku? No entiendo eso de los instintos… —preguntó Shippo haciendo girar su juguete inocentemente.
—En unos años más me encargaré de explicarte… y no solamente sucede con los youkais, también con los seres humanos y cualquier criatura… —espetó reflexivamente el muchacho de ojos azules mirando seriamente al pequeñín.
En ese segundo el hiraikotsu de Sango chocó estruendosamente sobre la cabeza del monje pervertido. —¡Baka! ¿Cómo le dices esas cosas a un niño? ¡Ni siquiera deberías mencionárselas! —se quejó la taijiya tomando al niño entre sus brazos.
—¡Yo no iba a decirle nada! Además… estoy seguro que Inuyasha está en época de… bueno, tú sabes… —sonrió ruborizándose.
—¡Shimatta! Cállate de una vez… —exclamó Sango amenazándolo con su arma. —Mejor me iré con Shippo y Kirara a jugar afuera, quédate con tus pensamientos depravados… —refunfuñó desapareciendo de la morada.
—¿Y por qué a mí no me invitó a jugar? —se quejó para sí mismo el muchacho suspirando resignado. "Lo mejor será esperar a que olvide esto… después le demostraré que mis juegos son mejores y más divertidos…" sonrió ilusionado mientras sus ojos brillaban intensamente.
Quince minutos después…
Inuyasha miró aburrido los objetos que lo rodeaban mientras esperaba a Kagome. Realmente no entendía a las mujeres, ella había accedido, faltaba una milésima para poder besarla y acabar con cualquier duda que pudiera hacerla desistir.
Sus pequeñas orejitas se movieron al escuchar los pasos de la joven de cabellos azabaches. Totalmente hipnotizado la vio aparecer, un perfume a rosas invadió toda la sala. Se veía preciosa. Había escogido un vestido sencillo color blanco hasta las rodillas con un lazo rosa que se ajustaba a su cintura, sus largos cabellos oscuros caían como cascadas cubriendo por completo su espalda. Lentamente, paso por paso, descendió las escaleras dejando el delicado aroma expandirse en cada rincón. Sin poder evitarlo sintió arder sus mejillas ante la preciosa sonrisa que le estaba dedicando.
—Es hora de cenar… ya casi es Navidad… —susurró suavemente tomando de una de las manos al hanyou que parecía intentar reaccionar pero solo se limitó a asentir siendo guiado por la jovencita hasta la cocina.
Una vez en el lugar ambos se sentaron en completo silencio. La muchacha encendió las velas sonriendo pícaramente. —Preparé todo para ti con mamá… espero que te guste —sonrió dejando de lado cualquier timidez, después de todo no había lugar para ello luego de tantos momentos compartidos.
—Se ve delicioso —respondió Inuyasha intentando ignorar por algunos minutos aquella sensación que lo abrasaba por dentro y lo obligaba a intentar abalanzarse sobre la jovencita. —¿Segura que puede comerse? —sonrió burlón cooperando para crear un clima agradable según él.
—¡Inuyasha! —bufó la muchacha lanzándole una mirada asesina. —Solo pruébalo, estoy segura que será la mejor comida que hayas probado en tu vida… —sonrió sin ningún tipo de modestia, después de todo en el colegio siempre la habían halagado por su culinaria.
Riendo divertido por la expresión de la joven probó uno de los panes de carne. Realmente eran una delicia. —No están tan mal… —opinó terminando de devorarse el primero para luego servirse de los otros platillos.
La chica sonrió entusiasmada al ver el muchacho comer con avidez. En otra ocasión tal vez se habría molestado por su forma de expresarse, pero parecía que estaba disfrutando de su comida. —¿Viste? ¡Estaba segura que te gustarían… —comentó tomando un poco de refresco de su vaso.
Distraída miró el reloj que estaba a un lado del aparador, en ese segundo la aguja más fina indicó que ya era medianoche. Poniéndose de pie se dirigió al hanyou.
—¡Feliz Navidad, Inuyasha! —exclamó entusiasmada mirándolo fijamente.
El medio demonio olvidó la cena para observar a la jovencita a su lado. Siempre acompañándolo en todo momento, deseando su felicidad y aceptando todos sus defectos y virtudes. Ella a su vez era la persona más delicada en el mundo que deseaba proteger hasta que el último destello de sus energías desapareciese por completo. Pero, a su vez, era la mujer más fuerte que hubiese pisado la tierra, su decisión para enfrentar enemigos mil veces superiores en fuerza a ella pero lastimosamente inferiores en comparación a su poder espiritual y corazón.
Sus preciosos sentimientos, los más puros que pudiese conocer y que solo los mantenía guardados para él.
Repentinamente se levantó de la mesa para lanzarse a la muchacha intempestivamente y estrecharla entre sus brazos, en un intento de demostrarle que él correspondía a aquellos sentimientos de la misma forma, con la misma intensidad. Tal vez no era un ser tan puro y prodigioso como ella, pero haría todo lo que estuviese a su alcance para alcanzarla y brindarle toda la felicidad que ella merecía.
—Feliz Navidad… Kagome —susurró luego de unos segundos con un hilo de voz aunque lo suficientemente alto para que la joven sacerdotisa pudiera oírlo correspondiendo su abrazo, dejando que el silencio hablara más fuerte que cualquier palabra inútil. Dejando que los latidos de sus corazones y la calidez de sus cuerpos sinceraran aquellos dulces sentimientos.
Continuará.
Notas de la autora:
Una vez más les agradezco por su apoyo y por leer mi humilde fanfic : )
¿Inuyasha no es la criatura más dulce de este mundo?
Déjenme su review para saber si les gustó… cualquier comentario, duda o sugerencia no duden en escribirme…
Besos, hasta la próxima semana.
Sakura.
Glosario:
Shikon no tama: perla de Shikon. Fue destruida por la inexperiencia de Kagome en el uso de arco y flechas a los pocos días de conocer a Inuyasha. Si se completara, puede cumplir el deseo del que la posea.
Kikyou: para mis lectores del blog que desconocen la historia de Inuyasha, ella fue el primer amor de Inuyasha que murió en manos de Naraku, el malo de la historia. Kagome es la reencarnación de esta sacerdotisa.
Urasue: bruja que resucitó a Kikyou a través de un hechizo reconstruyéndola con sus huesos y barro. También utilizó las almas de Kagome.
Onna: mujer.
Hanyou: medio demonio.
Kirara: mascota de Sango, tiene dos apariencias, la de una inocente criaturita parecida a un gato y otra más poderosa que puede volar y atacar youkais.
Youkai: demonio.
Hiraikotsu: arma de Sango, es un boomerang que tiene casi el tamaño de un humano fabricado con huesos de demonio.
Taijiya: cazadora de demonios.
Baka: idiota, tonto, estúpido.
Shimatta: Maldición.
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