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Author of 33 Stories |
Hola de nuevo!
Aquí traigo la penúltima de las viñetas de esta historia. Es lo más cerca que he estado nunca de terminar algún relato, así que estoy bastante emocionada, jejeje.
No estoy del todo contenta de cómo ha quedado, pero teniendo en cuenta que lo escribí en clase, mientras me hablaban de Hungría y sus revoluciones...tampoco está tan mal, supongo.
Miles de gracias a todo el que se pase por aquí, y recordad que cualquier cosa que reconozcáis, pertecenece a JK. Rowling.
Manual de un buen soldado.
6. Consagración.
Todo buen soldado debe entender su labor en el campo de batalla como algo vital para el bien de sus compañeros.
Aún sentía el doloroso recuerdo de la victoria y cómo lo había conseguido. No había escapado de Gringotts, ni de las fauces de un temible dragón. Ni siquiera mantenía clandestinamente un programa de radio. Simplemente, estaba en Hogwarts, en su colegio, deambulando por los pasillos y tratando de sobrevivir a todo lo que estaba pasando.
Pero entonces¿por qué era tan importante¿Por qué sentía miradas de apoyo entre sus compañeros? Un simple saludo era el disfraz de aquellos gestos, que le ayudaban a seguir su camino. No pueden sospechar de que no saludemos, es pura educación, había dicho Dean. Y era cierto.
Por eso entendía que gesto a gesto, iba alzándose con un arma mucho más poderosa que todas las maldiciones que los Mortífagos fueran capaces de lanzarles. Pero la victoria era algo que resultaba caro de conseguir. Unos días atrás se habían visto obligados a fabricar una versión casera de varias pociones curativas y regeneradoras. Había sido una gran suerte que el pequeño Garrett y dos de sus compañeros hubieran sido castigados por el profesor Snape en su despacho, y que hubieran podido sacar los ingredientes apropiados, aprovechando un descuido.
La Sala de Menesteres se había convertido en una improvisada enfermería, donde varios de los alumnos mayores hacían las veces de medimagos. Sí, la victoria era cara, pero Neville caminaba con decisión hacia ella, sin importarle nada más.
Habían ganado una pequeña batalla. Tenían tratamiento para las heridas causadas por el uso de maldiciones y torturas varias, cada vez más fuertes y desproporcionadas. Cuando Fiona Bickle acudió llorosa a Dean Thomas pidiéndole ayuda porque no podía mover el brazo, éste la llevó a un lugar seguro para ella.
- Dean, por favor, necesito que alguien me cure¡no quiero esconderme! –decía mientras se sujetaba el brazo como podía.
Habían llegado ya a la puerta secreta, aquella que nadie además de ellos conocía. Y la sorpresa de Fiona fue mayúscula al encontrarse ante una estancia, aparecida de la nada y rodeada de muchos de sus compañeros.
- Allí está Neville, vete a hablar con él.- Cuando se quiso dar cuenta, Dean había desaparecido de su lado, y estaba atendiendo unas magulladuras.
Quizás su pierna no volviera a ser lo mismo, quizás caminara renqueando durante un buen tiempo. Neville se estaba curando a sí mismo con lo último que quedaba de una solución reparadora cuando llegó ante él Fiona. La conocía, iba a su mismo curso en Hufflepuff, incluso había hablado un par de veces con ella.
Sin dudarlo un momento, le cedió su sitio amablemente, preocupándose por el brazo, que realmente, tenía mala pinta. Estuvo un buen rato consolándola y cuando acabó, se ocupó de sus heridas, sanándolas con la poción que había estado a punto de echarse a sí mismo.
Ahora que Fiona descansaba en la cama, él estaba sentado de nuevo en aquella ventana que parecía relajarle. Miró hacia adentro, y vio ilusiones y esperanzas. Puestas en él, y en ganar la guerra. Que todo volviera a ser como antes. Vio alzar la mano a Dean y a Seamus, cada uno desde una punta de la sala, con el dedo pulgar hacia arriba, dándole ánimos. Vio a Garrett y sus amigos ayudando a otros alumnos de primer curso. Vio a Fiona descansar apaciblemente en la cama.
Estaban en el camino correcto, lo presentía. A pesar de los miedos y los golpes, ellos seguirían hacia delante, en el camino de la victoria, que por más cara que resultara, estaba cerca.
Y entonces Neville se permitió el lujo de sonreír. Inmerso en una guerra, con los mortífagos campando por Hogwarts, con la pierna demasiado herida como para caminar con normalidad. Pero definitivamente contento. Orgulloso de sí mismo. Y todo porque sus compañeros le saludaban por los pasillos y Fiona reposaba en la cama.
El dolor nunca tuvo menos sentido que en aquella sala.