|
Author of 27 Stories |
VEINTINUEVE MENSAJES EN UNA BOTELLA
DISCLAIMER: Desmond desgraciadamente no me pertenece. Forma parte de la serie de televisión “Perdidos” y, en cualquier caso, él sería de Penny. ¿De verdad es necesario repetir esto siempre?
RESUMEN: Desmond está perdido en una isla desierta y ha encontrado una forma de no perder la razón: escribirle cartas a Penny y meterlas en botellas de cristal que nunca lanza al mar.
FANDOM: Perdidos (Lost)
PERSONAJE: Desmond David Hume
PALABRAS: 472
DÉCIMA LEY DE MURPHY
“La manera más rápida de encontrar algo es empezar a buscar otra cosa”
Querida Penny:
Tener en tus manos todo el tiempo del mundo puede ser algo que, a simple vista, resulte atrayente, pero puedo dar fe de que no es bueno en absoluto. Porque tener en tus manos todo el tiempo del mundo supone que no existen muchas cosas que uno pueda hacer y, en mi caso, me da por pensar. Y pensar, se mire por donde se mire, no es algo bueno cuando se está encerrado en un búnker misterioso.
Hoy hubiera sido el cumpleaños de mi padre. En este momento, su muerte no es para mí otra cosa que un pantallazo en negro, pero existen recuerdos de él que permanecen muy frescos en su memoria. Recuerdo su aspecto fibroso, su pelo oscuro y eternamente peinado hacia atrás y su voz grave y potente. Lo recuerdo los domingos por las mañanas, en la puerta de casa, examinándonos a mis hermanos y a mí para asegurase de que teníamos un aspecto decente y llevarnos a la iglesia. Y lo recuerdo hablando de Amor. Así, con mayúsculas.
El Amor que sentía por su Dios –nuestro Dios-. El Amor por sus padres, hermanos y amigos. El Amor por mi madre y por nosotros. Él solía decir que, aunque pudiera no ir muy acorde con nuestra fe, era éste último amor el más importante de todos, el más intenso. El que le mantenía en pie.
Desde niño aprendí a valorarlo como muy pocos chicos de mi edad lo hacían. Y soñaba con tener las cosas que mi padre tenía. Una familia, una esposa, hijos. Quería encontrar el Amor y realmente me pareció que estaba ante mí antes de que tú aparecieras.
Iba a casarme. Ya sabes, con esa mujer de la que nunca te hablo y por la que tú nunca preguntas. Realmente pienso que la quería. La conocía desde siempre, estuvimos juntos en muchos momentos importantes y de verdad que pensé que ella era la elegida, mi media naranja. Pero un día, no sé cómo ni por qué, comprendí que mis sentimientos por ella no eran tan fuertes como pensaba y creí que había estado buscando el Amor equivocado.
Creo que por eso quise ser fraile. Creí que era mi fe en Dios –El Dios de mi padre- la que me haría feliz, pero aquello sólo fue un camino que me guió hacia lo que realmente estaba buscando. El Amor. A ti.
Supongo que debo agradecerme a mí mismo el haber tomado esa estúpida decisión. Porque si nunca hubiera decidido no casarme, si no hubiese ido al monasterio y me hubiese emborrachado y hubiera dicho cientos de tonterías que ni siquiera puedo recordar, nunca te habría ayudado a cargar unas botellas de vino y ni me hubiera enamorado de ti.
Quizá tampoco habría terminado atrapado en este sitio, pero eso es totalmente secundario. ¿No te parece?